Hoy he salido a las cinco de la mañana. He ido andando hasta la ciudad, porque teníamos una actividad planificada con el partido, una campaña para visibilizar el día internacional de la mujer. Yo iba solo, bien abrigado, pisando un suelo escarchado en el que brillaban miles de diminutos diamantes a la luz amarillenta de las farolas. No había tráfico y en las casas que iba encontrando por el camino, aún no se podían ver signos de vida. La ciudad dormía.

Este día tiene una importancia que desgraciadamente, mucha gente ignora. El 8 de marzo se celebra como el Día Internacional de la Mujer en conmemoración de las luchas históricas de las mujeres por la igualdad de género y los derechos laborales. La fecha tiene sus raíces en eventos que ocurrieron a principios del siglo XX. En 1908, un grupo de mujeres trabajadoras textiles marchó por las calles de Nueva York para protestar por las condiciones laborales inhumanas y exigir mejores salarios, reducción de la jornada laboral y el derecho al voto. Esta protesta dio lugar a la creación del primer “Día Nacional de la Mujer” en Estados Unidos el 28 de febrero de 1909. Luego, en 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, la líder socialista alemana Clara Zetkin propuso la idea de establecer un día internacional dedicado a las reivindicaciones de las mujeres. La propuesta fue aprobada y el primer Día Internacional de la Mujer se celebró el 19 de marzo de 1911 en varios países europeos.

Sin embargo, en 1913, se decidió que el Día Internacional de la Mujer se celebraría el 8 de marzo, en conmemoración de una huelga de mujeres trabajadoras en San Petersburgo (entonces Petrogrado), Rusia, que tuvo lugar el 8 de marzo de 1917 (según el calendario juliano utilizado en Rusia en ese momento, que corresponde al 23 de febrero en el calendario gregoriano). Esta huelga fue uno de los eventos desencadenantes de la Revolución Rusa. Desde entonces, el 8 de marzo se ha convertido en un día para reconocer y celebrar los logros de las mujeres en todo el mundo, así como para continuar luchando por la igualdad de género, los derechos de las mujeres y el empoderamiento femenino. Pero, me he dado cuenta que, aquí en Suecia, las mujeres no le dan gran importancia a este día. Quizás será porque aquí se ha logrado alcanzar un alto nivel de igualdad, aunque, en realidad queda mucho por hacer, aquí también. Las mujeres suecas siguen cobrando menos que los hombres por el mismo trabajo y siguen llevando mayoritariamente la responsabilidad del hogar y de la educación y cuidado de los hijos. En los trabajos peor pagados, la limpieza, los servicios, encontramos sobre todo mujeres.

La lucha por los derechos de las mujeres es algo palpable en otros lugares del mundo. Me viene a la cabeza Afganistán, aunque no es el único país donde las mujeres carecen de derechos y viven bajo explotación, pero es el caso más fragante. Además, llama la atención con que facilidad hemos olvidado este conflicto y sobre todo la situación en que viven más de 20 millones de mujeres en ese país. Hoy, a las dos de la tarde, participaré en una conferencia en la que estarán dos mujeres afganas, que participarán desde su país, conectadas a la red. Ya os contaré. Ahora voy a seguir con mis recuerdos de Cerdeña, porque parece que os interesa.

Acabo de regresar de la conferencia. ¡Dios mío, qué mala suerte, nacer como mujer en Afganistán! En agosto de 2021, nada mas llegar al poder los talibanes, decidieron implementar su ideología misógina, y lo hicieron con 23 decretos que, significaban un retroceso para las mujeres hasta llevarlas a la edad media o peor aún. Lo primero era sacarlas de la vida pública, trabajo, estudios, deportes, transportes y hasta parques. Recluidas en casa, sin poder salir si no lo hacen acompañadas de un varón de la familia. Pero, por suerte, los talibanes no cerraron el saco de forma efectiva. Aquí viene bien el refrán de que “cuando Dios cierra una puerta, siempre abre una ventana”, porque los talibanes dejaron una ventana abierta, internet. Por tanto, las mujeres que tienen la suerte de tener padres y hermanos comprensivos, pueden cursar estudios en universidades extranjeras por internet. Se trata solo de un dos o tres por ciento de las mujeres afganas, pero es mejor que nada y las que estudian, a su vez, imparten clases a niñas que, al haber llegado a la pubertad, están vetadas de las escuelas. De esta manera se alcanza un mayor número de mujeres y niñas que pueden cursar algún tipo de estudios superiores, de forma clandestina, pero algo es algo. Hemos olvidado Afganistán. Hemos dejado 21 millones de mujeres tiradas, abandonadas a su suerte. Algo hay que hacer. Yo doy como consejo a todas las universidades, que abran sus universidades a cursos on line o creen cursos dirigidos a las mujeres afganas. Salgo de la conferencia lleno de rabia. Pienso en mis hijas y no puedo dejar de sentir vergüenza ajena por los hombres afganos. No por todos, claro, que hay mucha gente buena en Afganistán, también entre los hombres. También recuerdo una amiga y compañera mía en la institución de historia, Jasmin Aimaq, nacida en Afganistán en 1965 en un clima de modernidad, fue al liceo francés y, al llegar los ayatolas al poder, se exilió con su familia a Estados Unidos, para llegar a Suecia y estudiar historia y acabó doctorándose en Lund. Ahora está en la UCLA y es una catedrática muy respetada. Cuando veo a estas chicas afganas, pienso en ella. ¡Ayudemos a las mujeres afganas! Algunas fotos de la conferencia de hoy.