Cuando trato de comentar la política actual, me doy cuenta de que es imposible saber nada sobre lo que está ocurriendo. Siendo como soy agente y paciente, corro el riesgo de analizar lo que está ocurriendo según mi propia ideología, imprimiendo un sesgo que critico en otros. De lo que está pasando sabemos poco, de lo que vendrá no sabemos nada, aunque pretendamos siempre hacer nuestras predicciones partiendo de modelos que consideramos infalibles, pero que no lo son. Eso deberíamos saberlo de sobra, pero caemos en la tentación de creer en nuestros modelos, y así nos van las cosas.
Lo que si deberíamos saber con certeza es lo que ha pasado. Deberíamos, digo, porque parece que esto tampoco lo sabemos, aunque yo, tengo la convicción de que podemos averiguarlo, si de verdad nos lo proponemos. Decía Leopold von Ranke hace dos siglos que el propósito del historiador debería ser “contar la historia tal como realmente sucedió”[1] sin tratar de juzgar el pasado, y sin pretender instruir al presente para beneficio de los tiempos futuros.
Hoy me lanzo a la labor de escribir la historia como yo la comprendo. Por necesidad será una tarea ardua y necesitaré vuestra ayuda para no abandonar la senda. Vosotros me avisaréis cuando vaya saliéndome del camino trazado. Gritad si empiezo a juzgar o, lo que aún sería peor, a atribuirme el derecho a analizar los hechos del pasado a la luz de nuestra sociedad. Entre lo mas horrendo que se puede hacer al narrar la historia es caer en anacronismos.
Pero, dicho esto, no quiero decir que el conocimiento de la historia no sea importante para comprender nuestro tiempo. Al contrario, es absolutamente necesario conocer la historia si no se quiere navegar a ciegas por el mundo. Debemos conocer el punto de partida, y nuestro deber es fijar un rumbo y lanzarnos al océano en dirección a…, ya, ¿en dirección a qué? Con la idea de una historia lineal o escatológica aceptaríamos, en términos generales, concebir la historia como un proceso con un inicio, un desarrollo y un fin, dotado de sentido, dirección y de un destino último. Esa es la manera en que estamos acostumbrados a describir la historia en occidente, con un principio y un fin. Es simplemente la idea judeocristiana que también comparte el islam.
Esta historia linear no precisa ya de un dios, porque, con la Ilustración, Dios desaparece del centro del relato, pero la estructura escatológica permanece. El fin ya no es el Juicio Final, sino el progreso indefinido de Condorcet[2], la razón realizada y el Espíritu absoluto de Hegel[3] o la sociedad sin clases de Marx[4].
Pero la historia se ha concebido también como circular, una forma de entender el tiempo histórico muy distinta de la idea de progreso lineal. Según esta concepción, la historia no avanza hacia una meta final, sino que se repite, siguiendo ciclos más o menos regulares en los que las sociedades nacen, crecen, se corrompen y desaparecen, para dar paso a otras que recorren el mismo camino.
Esta visión tiene su origen en la Antigüedad clásica. En el mundo griego, el tiempo no se concebía como un movimiento linear o ascendente, sino como un retorno constante. Las estaciones, los ciclos agrícolas y el movimiento de los astros reforzaban la idea de que todo vuelve. En este marco, la historia humana también obedecía a ritmos recurrentes. Heródoto ya sugiere que la prosperidad engendra exceso y que el exceso conduce a la caída. Tucídides, más sobrio, no habla de ciclos políticos formales, pero sí afirma que los acontecimientos volverán a repetirse “mientras la naturaleza humana sea la misma”.
Una teoría sobre la historia circular que me viene a la cabeza, viendo el actual estado de las cosas en la actualidad, es la teoría llamada anaciclosis de Polibio[5], teoría que trata de describir una sucesión cíclica de regímenes políticos. Polibio identifica seis etapas que se suceden cada vez que un régimen se degenera o entra en crisis: monarquía, tiranía, aristocracia, oligarquía, democracia y oclocracia. Estos regímenes políticos se suceden cíclicamente y la monarquía degenera en tiranía; la tiranía es derrocada por una aristocracia; esta se corrompe en oligarquía; el pueblo impone la democracia; la democracia degenera en oclocracia o gobierno de la muchedumbre, y el caos abre de nuevo el camino a un poder fuerte. No hay progreso definitivo, solo equilibrios temporales.
No me negaréis que esta teoría da que pensar, viendo lo que estamos viendo a diario en España y en muchos otros lugares del mundo. Como podemos comprobar, y como es lógico, no todos nos encontramos en la misma posición en esta anaciclosis. En teoría, podríamos, nosotros, los afortunados que vivimos en democracia, evitar la degeneración de nuestra forma de gobierno que tanto nos orgullece. Digo en teoría porque con la degeneración política es como con la putrefacción, se puede retrasar hasta cierto tiempo, pero no se puede evitar eternamente, si no se congela a −273,15 °C, el 0 K, pero a esa temperatura no hay a penas vida[6].
Así que, aquí estoy yo, queriendo encontrar una explicación lógica para el paso de la historia y me veo obligado, por las pruebas que voy encontrando, a aceptar que quizás, la explicación escatológica y linear no nos sirve del todo. Con estos cientos de miles de años de desarrollo linear, deberíamos haber llegado más lejos. Al menos en las sociedades que pretendemos haber alcanzado la democracia plena o casi plena. Pero, mirando a nuestro alrededor, constatamos que, a pesar de haber llegado a la luna y alcanzado un nivel de conocimiento de la naturaleza que nos rodea que nos permite analizar desde la física cuántica a la prevención de volcanes, no hemos pasado, a nivel humano, de la forma de actuar de nuestros congéneres en la edad de piedra.
No, de verdad. ¿Cómo es posible que países tan técnicamente desarrollados como Israel, Rusia o Estados Unidos, por nombrar algunos que se autodenominan “democráticos” sigan tratando de resolver sus relaciones internacionales a bombazos? Lo de Israel, en cierto modo es casi comprensible, por la rabia del oso atacado por las avispas, la rabia y la vergüenza del chico grande en el recreo que recibe una pedrada de un párvulo. Es la rabia de Goliat al ser humillado por David, eso lo saben en Israel mejor que nadie.
Pues sí, creo que la existencia de la guerra en nuestros días nos muestra claramente que estamos atados a esta noria eterna de la anaciclosis. Además, todo este proceso bélico se presta produce en los involucrados un proceso de descomposición, reconocible en el grado de corrupción que se encuentra en cada uno de los estados del gobierno, dentro de dicha anaciclosis. Porque, eso está claro, es la corrupción la que hace que cada estado de gobierno degenere y provoque la descomposición que da paso a una nueva forma de gobierno y así sucesivamente.
Me doy cuenta de que yo he tratado de demostrar muchas veces que, quien piensa circular, se engaña, porque podemos mostrar muchos indicadores de progreso. Yo suelo citar al catedrático sueco Rosling y su Gapminder[7] , una herramienta estadística que muestra en cifras el desarrollo linear de la humanidad de una forma ascendente: mayor esperanza de vida, mayor alfabetización, menos hambre, menos pobreza…Pero, pero, al mismo tiempo, ese movimiento circular que hace que todavía tengamos mujeres sometidas, guerras truculentas, esclavitud y despotismo, en medio de toda esta pretendida bonanza. No sé, no sé. A lo mejor me equivoco. ¿Qué os parece a vosotros? Yo me propongo, desde hoy, repasar la historia para ver si Polibio tenía razón o si lo hemos superado. Se os parece interesante, seguidme en mi aventura y, no olvidéis, por favor, advertirme si me salgo del camino.
[1] Geschichten der romanischen und germanischen Völker von 1494 bis 1535, 1824 https://archive.org/details/geschichtenderro00rank/page/n3/mode/2up
” Man hat der Historie das Amt, die Vergangenheit zu richten, die Mitwelt zum Nutzen zukünftiger Jahre zu belehren, beigemessen. So hoher Ämter unterwindet sich gegenwärtiger Versuch nicht: er will bloß sagen, wie es eigentlich gewesen.”
[2] Esquisse d’un tableau historique des progrès de l’esprit humain, 1793-94
[3] Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. https://archive.org/details/3.-hegel-lecciones-sobre-filosfia-de-la-historia-universal-de-hegel-comprimido
[4] Manifiesto comunista, 1848 https://archive.org/details/karl-marx-manifiesto-comunista/page/n29/mode/2up
[5] Polibio 200-120 A.C. Historia, libro VI https://archive.org/details/polibio-u-o-historias-libros-v-xv/mode/2up
[6] Según la mecánica cuántica, incluso en 0 K persiste una pequeña agitación inevitable llamada energía del punto cero. Por tanto, el movimiento nunca desaparece por completo. La tercera ley de la termodinámica establece además que es imposible alcanzar el cero absoluto mediante un número finito de procesos físicos. Se puede aproximar cada vez más, pero nunca llegar exactamente a él.
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