Como cuarta entrada dentro del tema de “Spain is different” que comencé el otro día quiero usar la reseña de un libro interesantísimo como fuente para quien estudia la Guerra dels Segadors. Se trata de la crónica de Miquel Parets, un maestro curtidor de Barcelona que escribió una extensa relación de los acontecimientos que vivió o conoció de primera mano entre 1626 y 1660. La obra fue editada en el siglo XIX por Celestino Pujol y Camps dentro del Memorial Histórico Español[1]. Esta crónica debe ser valorada para el conocimiento de Barcelona en las fechas que abarca, tan alto como se suele considerar el diario de Samuel Pepys para Londres en el periodo que abarca, desde 1660 a 1669[2].
Me interesa todo lo referente al relato de los meses previos al Corpus de Sangre, el 7 de junio de 1640, episodio que desencadenó la rebelión catalana contra la Monarquía Hispánica. Es un texto extraordinariamente valioso porque ofrece la visión de un contemporáneo catalán favorable a las instituciones del Principado pero que tampoco deja de criticar los excesos de los amotinados.
Parets presenta el conflicto como consecuencia directa de los abusos del ejército real alojado en Cataluña tras la campaña de Salses, donde el ejército español, junto con contingentes catalanes, combatió a los franceses que lo habían invadido. Este ejército, en su mayoría foráneo se dedicó, según Parets, a saqueos, incendios de iglesias, violaciones y requisas. Todo esto cometido por soldados castellanos e italianos alojados en pueblos catalanes.
Parets Justifica en parte la reacción popular, aunque muestra horror ante la violencia posterior y retrata el asesinato del virrey, el conde de Santa Coloma, como una tragedia política y moral e insiste repetidamente en que los dirigentes municipales y eclesiásticos intentaron contener a los segadores:
“Noticiosos los conselleres de lo que se iba obrando, y recelando del mal rostro de las cosas lamentables sucesos, repetían pregones, pena de la vida, que las cofradías y oficios acudiesen á casa de la Ciudad armados, para repartirlos en sus puestos y poner custodia á donde convendría; pero como á la plebe (siempre amiga de novedades y revoluciones) le complacía lo que los segadores obraban, y aun deseaban hiciesen más, ninguno obedecía, á cuia vista los conselleres, con sus gramallas, se resolvieron á salir en busca de los segadores, y llegando á casa de D. Grao Guardiola, sólo toparon el estrago en la hoguera y la noticia de que el tumulto estaba en casa el de Fernandina.”
Lo más interesante para un historiador es que Parets no escribe como un propagandista moderno. Por ejemplo, condena con dureza los abusos de la soldadesca real, pero también describe cómo los segadores quemaron casas, asesinaron personas y terminaron desbordando a las autoridades de Barcelona. El resultado es un relato mucho más matizado que las lecturas nacionalistas posteriores, tanto españolas como catalanas.
Hay que leerlo, sin embargo, con espíritu crítico. Parets no fue un observador neutral, eso está claro. Escribió desde la perspectiva de un ciudadano de Barcelona profundamente afectado por los acontecimientos. Muchas cifras, número de soldados, muertos, etc., están probablemente exageradas, algo muy frecuente en las crónicas del siglo XVII y no desconocido en la actualidad. Además, algunas escenas le llegaron por rumores o testimonios indirectos. Por ello los historiadores suelen contrastarlo con documentos oficiales, correspondencia diplomática y otras crónicas contemporáneas.
Desde el punto de vista historiográfico, el texto es especialmente importante porque contradice la imagen simplista de una rebelión planificada por las élites catalanas. Lo que aparece en sus páginas es más bien una combinación explosiva de guerra contra Francia, presión fiscal y militar de la Monarquía y abusos de tropas mal pagadas. Parets refleja también el temor de las autoridades catalanas a perder sus privilegios y sus miedos ante verse inmersos en una auténtica revuelta campesina y popular que terminó escapando al control de todos.
Por eso, leyendo a Parets, entiendo mejor por qué el Corpus de Sangre fue simultáneamente una revuelta social, una crisis política y el inicio de una guerra de secesión. Como fuente histórica, diría que es de las más valiosas para estudiar la Cataluña de 1640, comparable en importancia a las cartas de Pau Claris o a la correspondencia de los ministros de Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares. Lo que la hace especial es que no habla desde la corte ni desde los despachos, sino desde las calles de Barcelona.
La situación bélica en la frontera con Francia era extrema. El ejercito español, ocupado en tantas acciones, necesitaba de levas en Cataluña para hacer frente a los ataques de las tropas francesas, que amenazaban el norte de Cataluña. La Generalitat, con su presidente a la cabeza, trataba de minimizar los gastos, pero era imposible permanecer de brazos cruzados. Leamos cómo el mismo Pau Claris lo formula en carta a Francesc de Tamarit[3], delegado del brazo militar de la Generalitat:
Carta autógrafa de Pau Claris a Francisco de Tamarit
“Il·lustríssim i Excel·lentíssim Senyor:
Per entendre la necessitat que hi ha en aqueix exèrcit de socorros i falta de gent, continuant lo servei fem a sa magestat (Déu lo guarde), havem manat publicar noves crides proposant premis i acusant penes ab comminació de la execució d’elles als soldats desertors de nostres banderes, a ocasió de les quals se’n manifesten alguns i altres se van assentant de nou.
Tots aquests pensem enviar aquesta setmana entrant ab tota pressa, i no cessarem d’allistar tots los que podrem, assegurant a Vostra Excel·lència que en esta matèria, així per nostres persones com per medi d’altres que ens podem ajudar, obram tot lo que podem sens reparar en gasto, no obstant l’extremitat d’aquesta casa, que és més de la que representam.
Guarde nostre Senyor a Vostra Excel·lència i li done llarga vida i pròspers successos, com per aquests sos majors servidors és desitjat.
Barcelona, a X de desembre de MDCXXXIX. Lo Canonge Pau Claris”
La participación catalana fue percibida en Madrid como tardía e insuficiente y se ordenó la prisión de Tamarit. Pau Claris se apresuró a enviar una embajada a Madrid con la instrucción de conseguir la libertad de Tamarit, explicando la situación en Cataluña:
“Representarán los dits com esta captura ha causat notable afflictió á tot lo Principat, per quant nos pot pensar causa que la hage occasionada, per esser Francesch de Tamarit persona principal, bon christiá, recto, pacifich y molt puntual en las cosas de son offici, y en las del servey de sa maj. y que conforme los privilegis, usos y costums del General, los Deputats de Cathalunya durant son trienni no poden ser empatxats en lo exercici de sa administratió y instarán sa llibertat antes de embaragarse en altres negocis.
Que dit Tamarit acudí al servey de sa maj. en lo camp de Salges, com a coronell de la gent de guerra de la Deputatió, y que alli posa sa vida en perill per al servey de sa maj.* y estigué fins que la plaga fouch rendida, donant satisfactió de sa persona, y acudint ab tota puntualitat á las cosas del servey de sa maj.
…
Que ni ell ni sos condeputats y oydors, directo ni indirectament an impedits los alotjarnents en Cathalunya deis soldats de sa maj.fc, y sin fa queixa que per part de la Deputa ció se han enviat alguns papers per lo Principat pera que los provincials negasen los aloj aments, se ha rebut engany, y se ha mal informat lo Real animo de sa maj., perqué las diligentias que los Deputats han fetas en alguns llochs que los soldats se eran alojats, ó passats de transit, sois son estados en orde aques rebessen informations, com se acostuma, de las compositions y excessos han fets los soldats, y gent de guerra en los llochs que han estat alojats, que com per las generáis constitutions de Cathalunya estos excessos sien nous vectigals, teñen los Deputats obligatió de opposarsi y demanar la revocatió, y saber si son en lo cas que las constitutions disposen han acostumat sempre, de manar rebrer estas informations y en virtud dellas donant ne copia al Loctinent de sa maj., se demana la revocatió.
…
Que si en la provincia han succehit alguns excessos, no es ha culpa deis Deputats, sino com los soldats se desmandaren y feyen notables insolentias y vexations, los provincials poch avesats a sufrirlas, nols donaren ab tanta gana, lo que altrament los hagueren franquejat, que per a quest respecte es estat forcos ais Deputats acudir á sa obligatió de son offici acudir asa Ex.ia per lo remey, per los medis acostumats, ab los quals sempre los Deputats en semblants occasions an alcansada la revocatió, de las quals ne te copias auctenticas lo Pare Bernardino de Manllen, his pot tambó venrer en una copia auctentica de la sententia que seis dona, que fou publicada instant lo sindich de la vila de Perpinyá, en lo any 1553.
Representarán á sa maj.* lo gran servey que ha fet la Provincia de Cathalunya en armar dotze mil homens a son sou, y assanyaladament la Deputatió, que per sustentar la gent allistada de son tercio, gasta passats de setanta mil escuts donant sou excesiu per que fes lo servey de sa maj.*
{Dietario del trienio de 1639 á 41, parte 3.a, fol. 358.)
Sabemos ya las causas del descontento, o sea la presencia de soldados alojados entre campesinos y ciudadanos, con las consiguientes incomodidades y gastos que esto representaba. Los ciudadanos mercaderes y artesanos echaban de menos el comercio con Francia, prohibido por Madrid, mientras los delegados y consejeros de la Generalitat y el Consell de Cent, veían menguadas sus atribuciones. Así llegamos al 7 de junio de 1640.
Así describe Parets los convulsivos inicios de los hechos que llevaron al Corpus de Sangre y la revuelta catalana:
“Recuperado Salsas, reformados los tercios provinciales, así de Cataluña, Aragón, Valencia y demás reinos, y retirándose la gente a la quietud de sus casas, se pasó a alojar por el Principado el resto del ejército real, que debía ser de diez a once mil hombres entre infantería y caballería; en cuyo repartimiento se procedió con tal desorden y tiranía, como lo dirán los sucesos futuros de que se dará cuenta en este capítulo, que, a caminar con igualdad y proporción, no fuera de ningún daño, ni de tan irreparable ruina para España como se ha visto.
Hallábase Cataluña en lo más alto de su felicidad, así por lo poblado, rico y opulento, como por lo belicoso de sus naturales, tanto que pasaba no sólo a ser envidia de los demás reinos y naciones, sino a que los ministros mal intencionados y poco experimentados de la fineza y lealtad catalana, impresionasen en el real ánimo algunos temores y recelos de poca firmeza en la innata fidelidad de los pechos catalanes; con cuyas torcidas y siniestras informaciones, motivaron al Rey que, con las milicias que habían quedado, se oprimiese el orgullo de los pueblos y se minorase su opulencia, y así, siguiendo este rumbo, alojaron en los lugares con tal exorbitancia, y sobre numerosidad a las casas, que en el lugar de cincuenta vecinos echaban a cuatro y quinientos soldados, y a este tono en las demás villas y lugares; y si venían los pueblos a quejarse, en vez de alivio se les cargaba más de milicia, y si se replicaba, se prendía a los síndicos. En Vila Nueva de Gichós (Sitges), porque cerraron las puertas al alojamiento, a ocasión de ser cuadruplicado al número de las casas, mandó enviar el Virrey al pie de dos mil hombres, y entrando con violencia la villa, la saquearon, obrando la soldadesca insolencias, sin perdonar la honestidad de muchas doncellas, ni el sagrado de las iglesias; abrieron las bodegas, y de la malvasía y vino hacían regar las calles. Las mieses verdes las segaban para dar a los caballos de esta villa; pasaron a otras, multando, matando, robando y cometiendo insultos y violencias en mujeres.”
Parets nos da una narración de los sucesos de 1640, el llamado Corpus de Sangre, que fue el estallido social que desencadenó la ruptura entre la Generalitat de Cataluña y la monarquía de Felipe IV, dando paso a la Guerra de los Segadores (1640-1652). El autor describe los acontecimientos desde una perspectiva claramente favorable a las instituciones catalanas y muy crítica con la actuación de las tropas reales y de algunos funcionarios de la Corona, pero también muestra una condena moral de la violencia popular y un desprecio por la plebe de la ciudad que aprovecha los actos para saquear y robar.
El origen inmediato de la crisis estaba en la presencia del ejército real en Cataluña durante la guerra contra Francia. La Monarquía Hispánica, dirigida por el conde-duque de Olivares, había intentado aplicar la Unión de Armas, es decir, que todos los territorios de la Monarquía Hispánica contribuyeran con hombres y dinero a la defensa común. Me viene a la cabeza la figura de Trump pidiendo el 5%, bueno, sigo. Cataluña, con sus propias leyes y privilegios, los llamados fueros o constituciones catalanas, se resistió a asumir una carga militar que consideraba contraria a sus derechos. La situación empeoró porque las tropas reales fueron alojadas en pueblos catalanes, donde los campesinos debían proporcionar comida, alojamiento y recursos a unos soldados que muchas veces actuaban con violencia y abusos, algo común en todas partes, en aquellos tiempos. No hay más que recordar las experiencias del pueblo alemán durante la Guerra de los Treinta Años, actual en aquel momento.
Parets describe cómo el malestar campesino había llegado a un punto de ruptura. No era todavía una revolución nacional organizada, sino una protesta social contra los abusos de los alojamientos militares, las levas y las cargas económicas. El Vallés y el Ampurdán aparecen porque fueron algunas de las zonas más castigadas por el paso y alojamiento de tropas. Los campesinos los llamados segadores, muchos de ellos trabajadores temporeros que acudían a Barcelona durante la cosecha, llegaron a la ciudad armados, algo habitual en una sociedad donde portar armas no era excepcional. Sin embargo, aquel año la tensión era mucho mayor.
El incidente que, según Parets, desencadena la explosión ocurre cerca de Santa María del Mar: un criado del alguacil Monrodón intenta registrar a un segador y acaba apuñalándolo. La noticia llega al grupo de segadores reunidos en la Rambla y actúa como chispa sobre un ambiente ya cargado. El grito, “Visca la terra y muiran los traidors”, es importante porque expresa una mezcla de protesta social y lenguaje político. “La tierra” aquí significa tanto Cataluña como territorio, como la comunidad política catalana, sus leyes y sus costumbres. “Los traidores” son vistos como aquellos funcionarios y colaboradores que, a juicio de los sublevados, habían permitido los abusos del poder real.
Aquí aparece un elemento muy interesante: la intervención de la Iglesia. Los frailes de San Francisco intentan detener la violencia utilizando los símbolos religiosos más sagrados: primero un gran Cristo y después el Santísimo Sacramento, lo que muestra la enorme autoridad moral que la Iglesia tenía en la sociedad del siglo XVII, pues era era una institución religiosa, pero también un actor político y social capaz de mediar entre el poder y la población.
Parets presenta a los religiosos como pacificadores. La escena simbólica es cuando los segadores quieren incendiar el palacio del virrey, pero los frailes colocan el Cristo sobre la leña que servirá para el fuego. La imagen representa el intento de enfrentar la violencia política mediante la autoridad espiritual. Después aparecen los diputados de la Generalitat, los consellers de Barcelona y tres obispos, el de Barcelona, el de Vic y el de Urgel. Su papel es fundamental, ya que representan las instituciones catalanas y tratan de impedir que el levantamiento escape completamente a su control.
Los consellers, que eran los magistrados municipales de Barcelona, equivalentes a un gobierno urbano, mientras la Generalitat estaba representada por los diputados. Ambos intentan convencer a los segadores diciéndoles que una acción de ese tipo perjudicaría a Cataluña: “era perderse todos y perder a Cataluña con esta acción”.
Esta frase es muy significativa. Las élites catalanas compartían muchas de las quejas contra la Corona, pero no querían una explosión popular incontrolable. Querían defender las leyes catalanas y negociar con el rey, no una revolución social, pero el texto muestra la dificultad de las autoridades para controlar a la multitud. El asesinato accidental de otro segador provoca una nueva explosión de ira. Los manifestantes creen que el disparo viene del palacio del virrey y gritan: “cremaulos” (quemadlos).
La violencia deja de dirigirse solamente contra soldados o funcionarios concretos y pasa a convertirse en una persecución contra todo lo identificado con el poder castellano o real. Después del intento fallido contra el palacio del virrey, los segadores atacan las casas de personajes concretos: el doctor Balart y Grao Guardiola. Esto es muy importante porque muestra que no fue simplemente una revuelta “contra Castilla” en sentido abstracto, sino también una revuelta contra individuos catalanes considerados responsables de abusos.
Balart, juez de la Real Audiencia, y Guardiola, maestro racional, un alto funcionario municipal encargado de asuntos financieros, aparecen como símbolos de una administración considerada corrupta. Parets justifica parcialmente la violencia diciendo que habían cometido abusos durante las operaciones militares de Salses, en el Rosellón, donde los campesinos habían sufrido requisiciones y cargas.
La quema de sus bienes tiene un componente de venganza social. El texto insiste en que los segadores no roban, sino que destruyen: “sin que nadie tocase a nada”, aunque probablemente esta afirmación pertenece a la visión justificadora del cronista. En realidad, sabemos que durante el Corpus de Sangre hubo saqueos, asesinatos y violencia contra personas vinculadas al aparato real.
El episodio del Santísimo Sacramento es especialmente revelador porque los segadores justifican su violencia utilizando también argumentos religiosos, en la boca de Parets: “ellos volvían por la fe, pues quemando las iglesias y sacramentos los castellanos, y pudiéndolo remediar no lo hacían”. Aquí aparece una lógica propia de la época, la defensa de la patria y la defensa de la religión estaban profundamente mezcladas. Los rebeldes no se veían a sí mismos como enemigos de la Iglesia, sino como defensores de una comunidad católica supuestamente amenazada.
Yo identifico en el texto tres fuerzas enfrentadas. Por una parte, la monarquía de Felipe IV y sus funcionarios, que intentaban imponer una política militar y fiscal más centralizada dentro de una monarquía compuesta por distintos territorios. En contra de esta política, las instituciones catalanas (Generalitat y Consell de Cent), que compartían el rechazo a los abusos militares y defendían las leyes propias de Cataluña, pero temían la violencia popular y buscaban mantener el orden. Y, por último, la población campesina y urbana movilizada, especialmente los segadores, que transformaron el malestar acumulado en una explosión violenta contra soldados y funcionarios.
La Iglesia, por su parte, aparece como mediadora, los obispos y religiosos no lideran la rebelión, sino que intentan frenarla. Pero también es cierto que muchos sectores eclesiásticos catalanes compartían el malestar contra las políticas de Olivares y simpatizaban con la defensa de las constituciones catalanas.
El Corpus de Sangre fue, por tanto, un momento en que una protesta contra los abusos militares se convirtió en una crisis política de gran alcance, la ruptura entre Cataluña y la Monarquía Hispánica, la entrada de Cataluña bajo la protección de Francia durante unos años y una de las mayores crisis internas de la España del siglo XVII.
Para terminar este relato, quiero apuntar algo en el texto que resulta muy actual, la proliferación de bulos malintencionados. Así nos dice Parets:
“no es de admirar esta y otras inventivas, porque corrieron aquellos días tantas pataratas y embustes, que no es creíble, ni aquí es bien se haga mención, así por su muchedumbre como por su poco ó ningún fundamento.”
Parets está aludiendo a la proliferación de rumores que contribuyeron a crear un clima de indignación y violencia. Es una observación muy interesante porque muestra que incluso algunos contemporáneos eran conscientes de la importancia de la guerra de rumores en la movilización popular. En el contexto de la revuelta catalana de 1640, esos bulos podían tener varias funciones, como presentar a los soldados reales como responsables de todo tipo de abusos, difundir noticias alarmistas sobre supuestas afrentas a la religión, a los fueros o a la población y convertir agravios concretos en una sensación colectiva de amenaza.
La frase tiene además un cierto tono de distanciamiento crítico, porque Parets no niega necesariamente que hubiera abusos, pero advierte que junto a los hechos circularon muchas falsedades que inflamaron los ánimos. Es una observación muy próxima a lo que hoy llamaríamos propaganda o construcción de una atmósfera emocional previa a una movilización colectiva. Recomiendo la lectura de Parets.[4]
Es interesante ver como las diferentes clases en las ciudades, nobles, burgueses y menestrales, consideraban la acción de los segadores como una amenaza y al acecho de cualquier movimiento sospechoso, los ciudadanos cerraban las puertas. Así sucede en Barcelona, Girona, Vic, Lleida, Cervera, Balaguer, Manresa y otras ciudades del país. En la propia Barcelona, después de los cinco días de anarquía que siguieron a la muerte del virrey, los segadores abandonan definitivamente la ciudad gracias a un bulo que difundió el Conseller en Cap el 11 de junio, diciéndoles que Girona estaba en peligro de ser atacada por los tercios y que era necesario acudir a defenderla. Poca solidaridad mostraban con Girona, podríamos decir, apoyándonos en Dietari del Consell de Cent de Barcelona.
Saltémonos algunos acontecimientos para llegar al 16 de enero 1641, cuando el presidente de la Generalitat, Pau Claris i Casademunt, proponía proclamar la Primera República Catalana[5]. Al día siguiente, el 17 de enero de 1641, día en que ocurrió la proclamación de una República Catalana. Ese día, la Junta de Braços reunida en Barcelona acordó reconocer una república bajo la protección de Francia. La principal fuente contemporánea es el Dietari de la Generalitat[6], que recoge los acuerdos de aquellos días. En el Dietario se puede leer:
“En aquest mateix die, en la tarda, los senyors deputats ecclesiàstich (el president Pau Claris) y militar, y oÿdors militars y real (…), juntaren los brassos generals (…) als quals fonch, parlant lo senyor deputat ecclesiàstich, feta la proposició següent: Lo senyor de Plesis Besanson ha fet ostensió dels poders que lo rey christianíssim (referit a Lluís XIII de França) li ha donats (…) que desija fer a esta província per sa conservació, en los quals (…) admètrela de baix de sa protecció, ab (…) son govern a forma de república ab los pactes y condicions que entre la província y a sa magestat christianíssima se ajustaran”.
Duró poco la República Catalana porque el 23 de enero de 1641, la amenaza militar hispánica obligó al presidente Claris a dejar en suspenso el proyecto republicano y a nombrar al rey francés conde de Barcelona. Cataluña se convirtió en un dominio directo de la casa real francesa, que actuaría separadamente como reyes de Francia, del Bearne, copincipes de Andorra y como condes de Barcelona. Ahora bien, si nos preguntamos referimos a los objetivos inmediatos de la Generalitat de Pau Claris tras el 23 de enero de 1641, la respuesta es que sí obtuvo un éxito importante a corto plazo. La proclamación de la soberanía de Luis XIII de Francia como conde de Barcelona permitió asegurar la ayuda militar francesa frente al avance de las tropas de Felipe IV. Apenas tres días después, el 26 de enero de 1641, las fuerzas franco-catalanas derrotaron al ejército del marqués de Los Vélez en la batalla de Montjuïc, obligándolo a retirarse y salvando Barcelona de una ocupación que parecía inminente.
Sin embargo, a medio y largo plazo la situación fue mucho más complicada. Cataluña evitó la reconquista inmediata por parte de la Monarquía Hispánica, pero la guerra continuó durante más de una década hasta 1652. La presencia militar francesa generó también descontento entre los catalanes, debido a los impuestos, los alojamientos de tropas y abusos similares a los que inicialmente habían provocado la revuelta contra las tropas hispánicas. La Generalitat perdió buena parte de su capacidad de decisión, ya que Cataluña quedó muy dependiente de Francia.
Finalmente, en 1652, Barcelona capituló ante las tropas de Felipe IV y Cataluña volvió a integrarse en la Monarquía Hispánica, aunque conservando la mayor parte de sus constituciones y fueros. Además, el desenlace territorial fue negativo ya que, en el contexto del tratado de los Pirineos de 1659, la Monarquía francesa obtuvo el Rosellón y parte de la Cerdaña, territorios que hasta entonces formaban parte del Principado de Cataluña, con la segunda ciudad catalana, Perpignan. Por tanto, la decisión del 23 de enero de 1641 fue un éxito militar y político inmediato para la Generalitat, pero no logró asegurar una independencia duradera ni evitar que Cataluña acabara convertida en escenario y moneda de cambio de la rivalidad entre Francia y España.
En el Dietari de la generalitat del 3 de octubre de 1652 podemos finalmente leer: “En aquest mat(e)ix die, lo excel·lentíssim se nyor mariscal de La Motte, virrey y capità General, entre las onse y dotse de mitgdie, envià un trompeta al excel·lentíssim senyor marquès de //216v // Mortara, general del exèrcit del rey de Espanya que, quinse mesos corria, que tenia sitiada la present ciutat, fent-li a saber, com ell estave prompte y aparellat en rendir la present ciutat, precehint emperò los pactes honrrosos que una plassa con Barcelona, que es lo cap de tota la província mereix, y que, axí ell, per sa part, enviaria en renas al excel·lentíssim señor comte de Meranvila, francès, son tinent gene ral, y per part de la present ciutat enviaria lo senyor Francesc Puigjaner, donsell, y que, axí, en igual correspondència, enviàs en renas dos personas de calitat, per a què entrassen en la plassa en lo entratant que se anirian ajustant los pactes y capitulacions.”
También podemos leer en el mismo dietario sobre el alivio experimentado por los barceloneses, tras largos meses de asedio y penurias:
“Aquesta nova causà tanta alegria als cathalans, que no·s pot imaginar, perquè havia molts diez que no·s menyava pa, sinó erbas, hi·s morian algunas personas per los carrers de fam, y tothom desijava remediar-se de una desdixa tant gran, y que consideraven que la ciutat se rendia a un rey cathòlich, qui ere llegítim pare dels cathalans, y que confiaven trobar ab ell la clamència que, com a rey tant sanct, tindria a sos fills, y que, axí, valia més morir en sas mans, com a cristians, que no de fam, desesperats, y axí, tothom deia «viva Espanya». Los de la part de Fransa feien unas caras quant sentian cridar «viva Spanya», que agueren volgut que tots los ciutadans moriscen súbitament, y ells, ja no gosaven anar ab lo cap alt, plens de malencolia y ràbia. Déu nos ajudarà.”[7]
[1] https://archive.org/details/delosmuchossuces20pare/page/n7/mode/2up
[2] https://archive.org/details/diaryofsamuelpep01pepy/page/n7/mode/2up
[3] Francesc Tamarit que en 1638 había sido elegido como delegado del brazo militar de la Generalitat a la vez que el canónigo Pau Claris como diputado eclesiástico y Josep Miquel Quintana, como diputado real. Tamarit, celoso defensor de las libertades catalanas, elevó una enérgica protesta al rey por la prohibición, a causa del estado de guerra, del comercio con Francia, contraria a los intereses comerciales catalanes.
[4] https://archive.org/details/delosmuchossuces20pare/page/n7/mode/2up
[5] Aquella propuesta se produjo pocos días antes de que las tropas franco-catalanas se enfrentaran a las hispánicas en Martorell del 21 al 23 de enero. Aquella batalla se saldó con la retirada catalana a la margen izquierda del Llobregat y el avance de los Tercios de Castilla hasta Sants. El 26 de enero, los ejércitos de uno y otro bando se enfrentarían nuevamente en Montjuïc y, en aquella ocasión, las tropas franco-catalanas causarían una monumental derrota al ejército hispánico.
[6] https://studylib.es/doc/9041223/dietari-vol-05?p=5
[7] https://www.inh.cat/data/files/files/201403180843287720.pdf































