Ayer tuve la ocasión de volver a un lugar muy querido por mí. Ahora, en verano, el lugar atrae a miles, ya, un millón de visitantes tuvo el año pasado. El lugar a que me refiero no es otro que Ale stenar (las piedras de Ale), junto al pueblecito de pescadores Kåseberga, un lugar en la costa a doce kilómetros al este de la ciudad de Ystad, de la que ya he hablado anteriormente. un lugar que desde que lo descubrí, siempre me ha atraído. Esta vez lo hemos visitado mi compañera y yo para encontrarnos con su hermano y sus sobrinos, que están pasando unos días en este fascinante lugar, a un paso de la colina que lleva al lugar en que se encuentra el monumento. Como a mi cuñado Pelle, le encanta la historia, comenzamos a hablar sobre lo que se sabe sobre este monumento, y yo, claro está me dispuse a contestarle mientras la familia disfrutaba de la playa.
El nombre del pequeño pueblecito pesquero es Kåseberga, que quiere decir la colina de la hoguera. Un “kåsa es una especie de contenedor de metal que se usa para sostener un manojo de leña o unos troncos, para con ellos hacer una hoguera. Berga viene de la palabra “berg” que se puede traducir como montaña, pero también como colina o promontorio. El nombre Kåseberga indica que esta colina, situada en una especie de pequeña península que se adentra en el Mar Báltico, se le ha dado el uso de ser el lugar donde, de noche, se mantenía una lumbre, a modo de faro, para guiar a los navegantes.
Ales stenar es, como dije antes, uno de esos lugares a los que siempre vuelvo, aunque no siempre sea físicamente. He paseado por aquel promontorio sobre el Báltico muchas veces y nunca he sentido que estuviera simplemente contemplando un monumento prehistórico. Allí coinciden el paisaje, la historia y el tiempo de una forma difícil de explicar. El viento que llega del mar, el horizonte abierto y el gran barco de piedra, el propio monumento, que parece haber quedado anclado para siempre en la cima de la colina, invitan a pensar en quienes lo levantaron hace más de mil años, pero también en nosotros, que seguimos haciéndonos las mismas preguntas sobre la vida, la muerte y la memoria.
Como historiador, me fascina porque Ales stenar recuerda que el pasado nunca está completamente resuelto. Cada generación ha intentado interpretarlo de una manera distinta, ya sea como tumba, calendario, observatorio solar, monumento conmemorativo… Como amante de la naturaleza, porque pocos lugares de Escania reúnen con tanta armonía el paisaje y la obra humana. Y como persona, porque allí encuentro algo que resulta cada vez más escaso en nuestro tiempo, silencio. Un silencio que obliga a mirar el mar, escuchar el viento y aceptar que la historia siempre es más grande que nosotros. Eso del silencio, no es lo que he experimentado hoy, precisamente, un día soleado y caluroso de julio, para eso es preciso venir en invierno.
He venido aquí muchas veces, acompañado de estudiantes y de colegas extranjeros, a los que he querido mostrar lo mejor de Escania, y todos esperan que yo les interprete el significado de este monumento. Yo trato siempre de ser franco y decirles sin rodeos que nadie lo sabe. Se quedan siempre un poco decepcionados, y me veo obligado a contarles toda la historia, aunque sea un poco larga. Si tenéis ganas conocer a fondo lo que se sabe y lo que no se sabe de este lugar y de su historia, podéis concederme algunos minutos, y os lo explicaré.
El nombre aparece documentado por primera vez en 1624 con la forma Als Stene, aunque este es el único testimonio antiguo conocido de esa denominación. Durante los siglos XVIII y XIX, el monumento fue conocido habitualmente como Heds stenar, tal como reflejan diversos mapas y documentos de la época (en 1704 aparece escrito Heesteena, y más tarde Hedestenar). El nombre actual, Ales stenar, fue recuperado por el arqueólogo Nils Gustaf Bruzelius[1] en su descripción del monumento publicada en 1873[2], y desde entonces se fue imponiendo de forma gradual tanto en la literatura científica como en el uso común.
Aquí puedes leer la primera versión del entonces amanuense del museo de la historia de Lund traducida al español:
“ Uno de los alineamientos de piedras en forma de barco más notables de Escania, me atrevería casi a decir de toda Suecia, es el llamado «Tumba de Urban» o «Hedestenar», situado junto al pueblo pesquero de Kåseberga, en el distrito de Ingelstad. Está compuesto por treinta y ocho piedras, de las cuales las que forman la proa y la popa alcanzan una altura de unos nueve codos, y mide ciento seis codos de longitud por treinta y ocho de anchura.
A la izquierda se encuentra otro alineamiento menor, de treinta y tres codos de largo y diez de ancho, formado por ocho piedras. Todavía permanecen en pie un par de piedras pertenecientes a otro similar situado al lado opuesto. Ambos alineamientos menores orientan sus proas hacia la del mayor, de modo que parece como si se hubiera querido representar un gran drakkar al que dos embarcaciones más pequeñas estuvieran amarradas por la proa.
Según las antiguas tradiciones, era costumbre unir las naves entre sí durante el combate, y quizá con esta disposición del monumento se pretendió representar que el guerrero allí sepultado había sido comandante de tres barcos y había caído en una batalla librada de esa manera.
Difícilmente podría encontrarse un lugar de enterramiento más apropiado para un célebre vikingo. Por tres de sus lados la vista no alcanza más que el cielo y las extensas arenas, sobre las que únicamente sobrevuelan el cuervo y el águila, fieles compañeros del vikingo, evocando las victorias alcanzadas. Por el cuarto lado ruge el oleaje del mar contra el alto y escarpado acantilado, cuya base intenta socavar sin descanso. Desde lo alto de la proa de su barco de piedra, el vikingo contemplaba el mar, saludando a sus antiguos hermanos de armas y regocijándose con el estruendo de las espadas y el sonido de los cuernos de guerra.”
Fijaros bien que este señor, que describe el lugar, tras haberlo contemplado detalladamente dice que, al lado del barco central había restos de otras dos formaciones de piedra, de las cuales algunas todavía estaban en pie. De esto no se dice nada ni se informa a los que vienen a ver el monumento, algo que a mi me parece un poco raro. Parece como si hubiese interés en conservar una especie de misticismo sobre el lugar, dando a entender que puede haber sido una especie de calendario para predecir el momento justo del solsticio, en lugar de aceptar que se trata de un monumento dedicado a un líder vikingo. A esto me referiré más adelante.
Ahora vamos a seguir a Nils Gustaf Bruzelius que desde su primer libro en que nombra el monumento había desarrollado sus teorías sobre el monumento. Aquí le encontramos ya como director del instituto de Ystad. En un libro publicado en Ystad en 1876 por la editorial de J. A. Ljunggren, titulado La vida campesina en el distrito de Ingelstad, en Escania (Allmogelifvet i Ingelstads härad i Skåne), escribe Bruzelius lo siguiente sobre el barco de piedra de Kåseberga:
«Cerca del mar, junto al pueblo de Kåseberga, sobre una cresta de arena, se encuentra un monumento prehistórico de extraordinarias dimensiones, formado originalmente por una alineación de piedras con forma de barco de más de cien codos de longitud, compuesta por cuarenta y ocho piedras y flanqueada por un barco menor a cada lado. Este monumento es conocido por los campesinos como “la tumba de Urban” o “las piedras de Ale” (Ales stenar).
En la actualidad solo permanecen el barco central y uno de los barcos laterales, pero cuando el autor visitó el lugar por primera vez, hace casi treinta años, el propietario de la finca, un anciano campesino, le contó que en su juventud el segundo barco también se conservaba intacto. Añadió asimismo que un héroe del mar llamado Ale tenía su sepultura en el barco central y que durante la noche se oían allí grandes estruendos, de modo que nadie se atrevía a pasar por el lugar una vez caía la oscuridad.
En su Informe a Ole Worm (Indberetning til Ole Worm), el sacerdote Niels Ipsen[3] menciona asimismo la tradición con estas palabras:
«En los campos de Valleberga, junto al poblado pesquero de Kåseberga, a un cuarto de milla al oeste del arrecife llamado Sandhammaren, se encuentran las piedras conocidas como Ales stenar. Los campesinos de la comarca cuentan una antigua tradición según la cual Ale se propuso construir un puerto al pie del monte sobre el que se alzan estas piedras, en el valle situado entre las colinas del norte y del sur. También dicen que pensaba abrir el canal de entrada y salida para sus barcos a través de las dos brechas existentes en las colinas meridionales, junto al mar, conocidas como Kåsebergs skår y Lynde skår.»[4]
Dos tradiciones populares diferentes identifican el monumento con la tumba de un héroe legendario llamado Ale. Una tradición recogida por Bruzelius y un relato aún más antiguo, transmitido por el sacerdote Niels Ipsen en el siglo XVII a Ole Worm, según el cual Ale no estaba enterrado allí, sino que habría intentado construir un puerto bajo la colina de Kåseberga. Estas leyendas demuestran que el nombre Ales stenar existía en la tradición oral mucho antes de que Bruzelius lo popularizara en la literatura arqueológica, aunque durante los siglos XVIII y XIX el nombre más habitual en documentos y mapas siguiera siendo Heds stenar.
Existen también dibujos que muestran el estado del monumento. La representación detallada más antigua de Ales stenar fue realizada en 1777 por el dibujante de antigüedades Carl Gustaf Gottfried Hilfeling durante su viaje por Escania. No solo muestra la gran construcción pétrea en forma de barco, sino también los restos de dos embarcaciones de piedra más pequeñas situadas a ambos lados, que posteriormente desaparecieron. La imagen que se reproduce con frecuencia en la literatura es una copia de principios del siglo XIX basada en el dibujo original de Hilfeling.
Bueno, pues lo que tenemos aquí para intentar explicar la historia del monumento son versiones escritas desde 1650 , replicadas unas cuantas veces en el siglo XIX y un dibujo de 1777. Ahora vamos a ver lo que dicen los arqueólogos, ya que el monumento ha sido estudiado bastantes veces, y en una de ellas a finales de 1988, he presenciado los trabajos. Ales stenar ha sido objeto de unas 30 intervenciones arqueológicas principales entre finales de los años ochenta y comienzos del siglo XXI, sobre todo dentro del proyecto dirigido por Märta Strömberg, además de estudios posteriores de carácter complementario.
Cuando yo visité las excavaciones, fue durante un proyecto interdisciplinario llamado “Ale stenar y la colina de Kåseberga” que tuvo lugar entre 1987 y 2005, dirigido inicialmente por la arqueóloga de la Universidad de Lund Märta Strömberg y continuado posteriormente por Bengt Söderberg. En ese periodo se realizaron numerosas intervenciones arqueológicas sobre la propia formación de piedras y sus alrededores.
Una recopilación reciente de la documentación de esas investigaciones, publicada por la Universidad de Lund en 2024[5], reúne todo el material procedente de las investigaciones arqueológicas de Ales stenar, como diarios de campo, dibujos, listas de hallazgos y documentación de excavaciones. La cifra que suele citarse es de aproximadamente 30 investigaciones arqueológicas realizadas por Märta Strömberg entre 1989 y 2004 en relación con Ales stenar. Además, hay una investigación arqueológica de prueba en 2012 cerca del monumento, realizada por UV Syd (Riksantikvarieämbetet), relacionada con un posible monumento funerario cercano.[6]
Lo interesante es que, a pesar de ese número relativamente elevado de investigaciones, los resultados han sido bastante modestos en cuanto a hallazgos: no se encontró una tumba monumental bajo el barco de piedra ni un ajuar rico que resolviera definitivamente su función; la datación se ha basado sobre todo en análisis de carbón vegetal mediante carbono 14, que sitúan la construcción en torno al periodo 500–1000 de nuestra era, por tanto, todo lo más, una antigüedad de 1500 años y eso nos dejaría en la época Vendel, precursora de la era vikinga.
Al no tener pruebas contundentes, se abren las posibilidades de dar suelta a la imaginación y uno que verdaderamente se ha dedicado a dar una versión personal ha sido el homeópata y arqueólogo aficionado, Bob G. Lind[7], que se dedica a guiar a turistas en Ale stenar y que ha lanzado la teoría de que el monumento es en realidad un calendario construido para predecir el solsticio. Las interpretaciones de Lind no han contado con ningún respaldo dentro de la comunidad científica; sin embargo, su persistente enfrentamiento con el mundo académico establecido ha atraído la atención de los medios, haciendo que sus hipótesis hayan alcanzado una gran difusión.
Recuerdo como si fuera ayer, hoy que estoy en el lugar de los hechos, un día en que yo estaba explicando a mis estudiantes la intrigante historia, desconocida y por tanto fascinante, de este monumento, cuando apareció Lind con un grupo de turistas y empezó a dar aire a sus teorías con uno de sus libros en la mano. Yo había terminado mi presentación y me quedé junto a algunos de mis estudiantes a escuchar sus razones. Lo bueno del caso es que yo había presentado el monumento como algo hasta el momento inmerso en la niebla de la duda y había mencionado todas las teorías, incluidas las de Lind y una propia.
Antes de terminar, quiero dar un repaso a la historia del interés sobre este monumento. ¿Por qué atrae ca curiosidad de los estudiosos suecos a partir del siglo XVII? Yo creo que tiene que ver con el dato de que Suecia, a partir de la Guerra de los Treinta Años, se convierte en un gran poder en el norte de Europa. Entonces surge la necesidad de construir una historia que estuviese a la altura de la posición del país. En este contexto, el erudito sueco Olaus Rudbeck, defendió en el siglo XVII una de las teorías más ambiciosas de la historia intelectual sueca: que Suecia, y especialmente la región de Uppland alrededor de Uppsala, era la verdadera Atlántida descrita por Platón.
Su obra principal fue Atlantica sive Manheim, vera Japheti posterorum sedes (Atland eller Manheim, publicada entre 1679 y 1702)[8]. En ella sostenía que, la Atlántida de Platón no era un mito, sino un recuerdo histórico deformado y que la isla descrita por Platón correspondía a Suecia. La antigua ciudad de Uppsala habría sido la capital de aquel reino primigenio y los antiguos suecos serían descendientes de Jafet, hijo de Noé, y por tanto parte de la genealogía bíblica de los pueblos europeos.
Según Rudbeck, muchos elementos de la mitología griega, incluida la figura de Hércules, tendrían su origen en Escandinavia. Rudbeck utilizó argumentos de muy diversa naturaleza, lingüísticos, históricos, geográficos, mitológicos e incluso comparaciones entre paisajes. Por ejemplo, interpretó que las grandes montañas y aguas de Escandinavia podían corresponder a la descripción platónica de la Atlántida. Sin embargo, ya en el siglo XVIII sus ideas fueron consideradas poco fiables por la mayoría de los historiadores. La comunidad científica actual no acepta la identificación entre Atlántida y Suecia, aunque Atlantica sigue siendo una obra fascinante por mostrar cómo en la Edad Moderna la historia, la mitología y la construcción de identidades nacionales estaban estrechamente relacionadas. Hay un interesante paralelismo con debates actuales sobre lugares como Ales stenar, porque, en ambos casos aparecen interpretaciones que intentan conectar monumentos antiguos con grandes relatos históricos, pero que reciben distintos grados de aceptación según las pruebas arqueológicas disponibles.
La teoría de Rudbeck tuvo un contexto político claro dado que la Suecia del siglo XVII se había convertido en una gran potencia europea tras las guerras de Gustavo Adolfo y sus sucesores, y existía un fuerte interés por demostrar la antigüedad y grandeza del pasado sueco. La obra de Rudbeck encajaba con el llamado goticismo, una corriente intelectual que buscaba las raíces gloriosas de los suecos en los antiguos godos. La comunidad científica actual no acepta la identificación entre Atlántida y Suecia, aunque Atlantica sigue siendo una obra fascinante por mostrar cómo en la Edad Moderna la historia, la mitología y la construcción de identidades nacionales estaban estrechamente relacionadas.
Durante el siglo XIX, especialmente durante el Romanticismo, la imagen del vikingo se convirtió en un símbolo nacional. La creación en 1811 de la Liga Gótica (Götiska Förbundet) jugó un papel importante en el interés de todo lo referente a los vikingos, ya que sus miembros celebraban la antigua cultura nórdica, la mitología y las sagas. En este proceso tuvo un papel fundamental Esaias Tegnér, obispo, poeta y profesor de griego en la Universidad de Lund. Su obra Frithiofs saga[9], publicada en 1825, basada libremente en una antigua saga islandesa, convirtió al héroe vikingo en un personaje romántico, valiente, independiente, amante de la libertad y dotado de un fuerte sentido del honor. Esta imagen fue exportada a Alemania, que en aquel tiempo estaba formando una identidad propia a la que le venía muy bien la herencia nórdica. Esta obra puede decirse que fue el primer libro sueco que alcanzó un gran público fuera de su país y fue traducida a decenas de lenguas.
En las siguientes décadas, la arqueología comenzó a despuntar como una disciplina académica. Los primeros pasos se habían dado ya en el siglo XVII, durante la época se Suecia como gran potencia, cuando surgió un fuerte interés por demostrar la antigüedad y grandeza del reino sueco. Se comenzaron a estudiar monumentos antiguos, piedras rúnicas, túmulos y tradiciones nórdicas, aunque todavía se mezclaba la investigación con leyendas y relatos bíblicos. Los grandes túmulos de Gamla Uppsala fueron interpretados entonces como monumentos de los antiguos reyes suecos mencionados en las sagas.
Un paso decisivo llegó en 1666, cuando el rey Carlos XI creó el cargo de riksantikvarie (anticuario nacional) y se organizó la protección y estudio de los monumentos antiguos. Poco después, en 1667, se fundó el Antikvitetskollegium, una institución dedicada a recoger información sobre ruinas, piedras rúnicas, tumbas y objetos antiguos. Fue una de las primeras organizaciones estatales de este tipo en Europa.
El interés por los restos vikingos creció enormemente durante el siglo XIX. Entre 1830 y 1840 aumentaron las colecciones arqueológicas nacionales y comenzó una recopilación sistemática de objetos antiguos. Entre las décadas de 1860 y 1880 se realizaron grandes excavaciones de túmulos y cementerios, impulsadas por una creciente fascinación por el pasado nórdico. En 1880, el descubrimiento y excavación del barco funerario de Oseberg, en Noruega, entonces unida a Suecia, tuvo un enorme impacto en toda Escandinavia y reforzó el interés por la cultura vikinga. A finales del siglo XIX comenzaron también en Suecia las excavaciones de grandes cementerios de época vikinga.
Referente a la antigua Uppsala el interés arqueológico comenzó también en el siglo XIX. En 1846, el túmulo occidental (Västhögen) fue excavado bajo la dirección de Bror Emil Hildebrand, uno de los fundadores de la arqueología sueca moderna, y en 1874 se excavó el túmulo oriental (Östhögen). Estas investigaciones demostraron que los grandes montículos eran tumbas monumentales de la época de Vendel[10] y no necesariamente las sepulturas de los reyes legendarios mencionados en las sagas nórdicas. Los hallazgos incluyeron restos de cremaciones, armas, fragmentos de cascos, objetos de bronce y hierro, restos de animales y otros elementos de prestigio que indicaban la existencia de una élite poderosa.
En este contexto, lugares como Birka, el gran centro comercial vikingo del lago Mälaren, fueron fundamentales. Su excavación sistemática desde la década de 1870 por el arqueólogo Hjalmar Stolpe transformó la imagen romántica del vikingo como simple guerrero y saqueador en una visión histórica más compleja, la de una sociedad con comercio internacional, artesanía especializada, redes políticas y una cultura material avanzada. La arqueología comenzaba así a sustituir la antigua imagen legendaria del vikingo por el estudio científico de las sociedades nórdicas de la Edad del Hierro y la época vikinga.
Regresando a Ale stenar, parece que el interés por su existencia y conservación toma impulso a partir de las excavaciones de Uppsala y Birka. De pronto se descubre que en Escania hay algo que vale la pena estudiar y conservar, pero parece ser que fue nada fácil conseguir que las instituciones y las autoridades llegara a actuar. En realidad es ya llegando a la época de la primera guerra mundial, cuando una ola patriótica fomenta la identidad nacional, que se empieza a pedir una intervención para salvar el monumento. El primero que intervino fue el artículo publicado en Sydsvenska Dagbladet el 16 de agosto de 1916 bajo el título ”La tumba de Urban en Kåseberga:
” Sobre una de las colinas situadas justo al lado de la pequeña y pintoresca aldea pesquera de Kåseberga, en el lejano sureste de Escania, se encuentra un monumento prehistórico de un interés extraordinario: una alineación de piedras en forma de barco de dimensiones excepcionalmente grandes. La gente la llama Ales- o Hebestenen, y en ocasiones también “la tumba de Urban”.
La leyenda cuenta que allí yace enterrado un rey del mar llamado Ale. El nombre de tumba de Urban lo habría recibido, por otra parte, porque un abad llamado Urban, siguiendo su propio deseo expresado en vida, fue enterrado en este lugar, debido a su gran y abierta vista hacia el mar y hacia la salida del sol. En una de las piedras, que actualmente está caída, se dice que también estaba grabado el nombre de Urban. Sin embargo, esa cara de la piedra se encuentra ahora orientada hacia abajo.
Originalmente, la alineación de piedras debió de estar formada por un gran barco longitudinal y dos barcos laterales más pequeños, uno a cada lado. Según la tradición, en el interior de los barcos también habría habido una pavimentación de piedras. Sin embargo, actualmente no queda ningún rastro visible de ella; si realmente existió, una gruesa capa de tierra y musgo la ha cubierto por completo.
Y los dos barcos laterales han desaparecido: con el paso del tiempo sus piedras fueron partidas y transportadas para ser utilizadas en construcciones. Ahora solo queda el barco principal, un resto que todavía produce una impresión verdaderamente imponente. Pero cada año los arados avanzan más y más dentro de su superficie; varios de sus enormes bloques también han sido volados y retirados, y un gran número de piedras yacen derribadas en su interior. Me parece que las autoridades competentes tendrían aquí motivos para intervenir lo antes posible, con el fin de salvar al menos este antiguo monumento de una destrucción mayor; y es esto lo que me ha llevado a escribir estas líneas.
Una cerca alrededor de la alineación de piedras me parece, por tanto, algo muy necesario. Pero aún podría hacerse más, y aquí me permito dirigir un llamamiento a todos aquellos que se interesan por la conservación del patrimonio histórico y de los antiguos monumentos de nuestra tierra escaniana.
Bajo una dirección experta debería llevarse a cabo una limpieza del barco y las piedras derribadas deberían volver a levantarse y colocarse en su lugar original. En estos días se gastan grandes sumas de dinero en tantas otras cosas; ¿no sería posible entonces reunir la pequeña cantidad que esto llegaría a costar? El orgulloso y hermoso monumento antiguo situado en aquella colina junto al Eystresalt (Östersjön, el mar Báltico) merece ese esfuerzo.
Borrby, 13 de agosto de 1916
Theodor Thufvesson”[11]
Este Theodor era entonces ya un conocido poeta, educado en la universidad de Lund, en historia del arte y quedó empleado como amanuense en el museo Kulturen de Lund dos años más tarde. Parece que el artículo surtió efecto porque, un mes mas tarde, el 15 de septiembre de 1916, se podía leer en Sydsvenska la siguiente noticia:
“En el barco de piedra situado en la punta suroeste de las colinas de Kåseberga, un monumento de la época vikinga que, por su naturaleza, es uno de los restos prehistóricos más singulares de Suecia, trabaja desde hace un par de semanas un equipo de ocho hombres encargado de levantar de nuevo las piedras que, por la acción del tiempo o de las personas, habían permanecido derribadas durante siglos. La cuestión de salvar la alineación de piedras de una destrucción total ha recibido en los últimos tiempos una atención cada vez mayor.
Desde hace varios años, entre otros, la Asociación de Monumentos Antiguos de Ystad se ha interesado por el barco de piedra de Kåseberga, pero debido a razones económicas la asociación no había podido tomar medidas más efectivas para su conservación.
El actual trabajo de restauración está siendo financiado por el director de empresa G. Sture Kemner, de Ystad, quien en la última reunión de la asociación de monumentos antiguos se ofreció a hacer levantar de nuevo las piedras, un deseo largamente acariciado por todos los amantes del patrimonio histórico. Después de obtenerse el permiso del anticuario nacional, se inició inmediatamente la tarea siguiendo las instrucciones del docente Otto Rydbeck, de Lund, quien había visitado Kåseberga recientemente.
En la fundición de Ystad se está construyendo actualmente un gran muelle de piedra y, con la ayuda de los trabajadores allí empleados, acostumbrados a manejar grandes pesos, es como el director Kemner está haciendo levantar ahora las “piedras de Ale” (Ale stenar) en la punta de Kåseberga, con su libre vista sobre el antiguo “Eystrasalt” (el mar Báltico), el lugar más hermoso para el último descanso de un rey del mar.
Es evidente que se trata de un trabajo considerable el necesario para devolver a posición vertical estos enormes bloques de piedra; algunos de ellos tienen más de nueve varas de longitud y pesan 12.000 kg. Uno no puede sino admirar la energía que debieron desarrollar los antiguos vikingos al transportar y levantar estos bloques de piedra, un trabajo que incluso con los métodos actuales resulta pesado y lento.
¡Qué esfuerzo y qué duro trabajo debieron soportar los constructores del barco de piedra para llevar los bloques hasta lo alto de la colina! La fotografía anterior, tomada durante los trabajos que se están realizando actualmente, ofrece una buena impresión de las enormes dimensiones de las piedras.
Es de esperar que el terreno en el que se encuentra el barco de piedra, y que actualmente se utiliza como campo de cultivo, sea pronto declarado zona protegida y sea cercado, garantizando así su conservación. Hasta ahora todavía no se han encontrado hallazgos dentro de la alineación de piedras.
En relación con lo anterior puede resultar interesante reproducir el siguiente fragmento, tomado de un libro publicado en 1876 por la editorial J. A. Ljunggren de Ystad, escrito por Nils G. Bruzelius y titulado “Allmogelifvet i Ingelstads härad i Skåne” (La vida del campesinado en la comarca de Ingelstad, en Escania).
Sobre el barco de piedra de Kåseberga se dice allí:
“Cerca del mar, junto al pueblo de Kåseberga, se encuentra sobre una loma de arena un monumento antiguo de extraordinaria importancia, compuesto originalmente por una alineación de piedras en forma de barco de más de cien varas de longitud, formada por 48 piedras, con un barco más pequeño a cada lado. Este monumento es llamado por la población campesina ‘la tumba de Urban’ o ‘las piedras de Ale’.
Actualmente solo permanecen el barco central y uno de los barcos laterales, pero cuando el autor visitó por primera vez el lugar, hace casi treinta años, el propietario, un viejo campesino, contó que en su juventud también el otro barco se encontraba intacto. Añadió asimismo que un héroe del mar llamado Ale tenía su tumba en el barco central y que durante las noches se escuchaban allí muchos ruidos y estrépitos, de modo que nadie se atrevía a pasar por aquel lugar después de que oscurecía”.
En su “Informe a Ole Worm”, el sacerdote Niels Ipsön menciona también este lugar y escribe, entre otras cosas:
“En el campo de Wallebierg, junto a Kåseberga, a una cuarta parte de milla del arrecife llamado Sandhammer, hacia el oeste, se encuentran las piedras llamadas las piedras de Ale. Los campesinos de allí dicen que existe una antigua tradición según la cual Ale había decidido construir un puerto debajo de esta montaña, donde se encuentran las piedras, en el valle situado entre las montañas del sur y del norte; y que quería hacer la entrada y salida de sus barcos por los dos pasos existentes en las montañas del sur, junto al mar, llamados Kåseberga Skår y Lynde Skår.”[12]
A partir de esa restauración 1916, se han vertido muchas especulaciones sobre la función que ha podido tener Ale stenar. El prestigioso historiador Dick Harrison llega hasta el extremo de considerar que el monumento, tal y como lo podemos ver hoy, es una construcción hecha por el historiador Oscar Montelius mientras ayudaba a los operarios a levantar y transportar las piedras, algo que el antes citado Bob G Lind, naturalmente niega. Pero, la realidad es que, en 1916 había solo 40 piedras en el lugar y ahora hay 59. También es importante el dato que antiguamente había otros dos barcos menores flanqueando al mayor, los cuales han desaparecido.
Lo que los arqueólogos han encontrado en Ales stenar ha sido, en realidad, muy escaso. En el interior de la alineación de piedras únicamente se han hallado algunos fragmentos de carbón vegetal de haya, datados mediante radiocarbono en el siglo X de nuestra era, así como unos pocos fragmentos óseos no identificables depositados de forma secundaria en una sencilla vasija de barro que conservaba restos de alimentos adheridos a su interior. Se considera que esta vasija fue probablemente depositada en el monumento durante los siglos VI o VII de nuestra era, por tanto, algo anteriores a la época vikinga, en la llamada época Vendel.
Fuera de la formación de piedra, la arqueóloga Märta Strömberg encontró además algunos insignificantes restos de carbón procedentes de abedul, avellano y roble, datados igualmente entre los siglos VI y VII de nuestra era.
En conjunto, estos hallazgos son muy limitados y sugieren que Ales stenar ya se encontraba abandonado durante la parte final de la Edad del Hierro, siendo utilizado únicamente de forma esporádica para pequeños depósitos o actividades aisladas, más que como un lugar de uso continuado.
Ales stenar ha sido, durante más de tres siglos, un espejo en el que cada época ha proyectado sus propias ideas sobre el pasado. Los eruditos del siglo XVII vieron en él el escenario de antiguas leyendas; el romanticismo del siglo XIX lo convirtió en un símbolo del esplendor vikingo; los restauradores de 1916 lucharon por salvar un monumento que se desmoronaba lentamente entre los campos de cultivo; y la arqueología moderna ha tratado de desentrañar su historia a partir de las escasas evidencias materiales conservadas. Paradójicamente, después de decenas de investigaciones arqueológicas, los hallazgos siguen siendo muy limitados: algunos fragmentos de carbón, unos pocos restos óseos y una sencilla vasija de barro constituyen casi todo el legado recuperado del interior del monumento. Lejos de resolver todos los enigmas, estas investigaciones han demostrado que Ales stenar sigue siendo un lugar donde las certezas son pocas y las preguntas abundan. Quizá esa sea precisamente su mayor riqueza: no solo la imponente silueta de sus piedras frente al mar Báltico, sino también su capacidad para recordarnos que la historia no siempre ofrece respuestas definitivas y que el conocimiento avanza, muchas veces, desmontando viejas certezas para plantear nuevos interrogantes.
Hoy, más de un siglo después de aquella restauración de 1916, Ales stenar continúa desafiando a arqueólogos, historiadores y visitantes. Las leyendas del rey Ale, los sueños nacionalistas del romanticismo y las teorías más extravagantes han ido sucediéndose alrededor de estas piedras, mientras la arqueología, mucho más prudente, apenas ha podido extraer de su interior unos pocos vestigios. Quizá esa sea la mejor lección que deja este monumento, las piedras hablan, pero lo hacen en voz muy baja y hay que saber escucharlas. Y cuando el pasado guarda silencio, lo más sensato es escuchar con atención, distinguir entre la evidencia y el deseo, y aceptar que algunos de los mayores monumentos de la historia siguen conservando parte de su misterio. Yo seguiré subiendo a la cima de la colina, miraré hacia el mar desde el corazón del eternamente anclado barco y navegaré en mi fantasía, como tantos lo siguen haciendo desde que se construyó, cualquiera sabe cuándo y por qué.

[1] https://archive.org/details/svenskafornlemni00bruz/svenskafornlemni00bruz/page/n1/mode/2up
[2] En su primer trabajo, en 1853 seguía llamando al monumento por el antiguo nombre de Urbans Graf o Hedestenar.
[3] 1650-talet, och Skåne var fortfarande dansk, då prästen Niels Ipsen beskriver platsen i sin rapport till den danske antikvarien Ole Worm (Indberetning til Ole Worm), där han återger den lokala sägnen om Ale. Någon illustration finns dock inte bevarad.
[4] https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=inu.30000118500820&seq=9
[5] https://www.historiskamuseet.lu.se/paul-eklov-pettersson/publikation/7c366738-3bd8-4f87-914c-1aca773bc306
[6] https://pub.raa.se/dokumentation/eed491b1-e29a-4b16-a0bf-170aeab21160/original
[7] https://www.alesstenar.com/sv/Restaureringen1916.pdf
[8] https://schriftgut.sh/viewer/image/PPN192010142X/478/
[9] https://archive.org/details/frithiofssaga00tegniala/page/xvi/mode/2up
[10] Aproximadamente entre 550 y 800 de nuestra era, más o menos de la misma época que Ale stenar.
[11] https://tidningar.kb.se/vdvghslmsv38tdvv/part/1/page/5?q=Sydsvenska%20dagbladet
[12] https://tidningar.kb.se/j2j468v5g78f8rf8/part/1/page/6?q=Sydsvenska%20dagbladet





























