Siendo como soy liberal de devoción y pertenencia, quiero escribir algo hoy sobre un liberal catalán, que, por aquellas cosas de la vida, vino a dar el pistoletazo de salida al movimiento cultural y político que llamamos la Renaixença. Al que me refiero no es otro que Bonaventura Carles Aribau, nacido en Barcelona en 1798, en el seno de una familia bastante modesta de comerciantes. Aribau recibió una formación muy amplia, estudiando literatura, ciencias y economía en instituciones vinculadas a la Junta de Comercio. Desde joven destacó por sus inquietudes intelectuales y participó en la vida cultural barcelonesa. En 1817 publicó Ensayos poéticos[1], escrito en castellano, la lengua que utilizó en la inmensa mayoría de su producción literaria.
Políticamente fue un liberal. Durante el Trienio Liberal (1820-1823) colaboró en la prensa constitucional y llegó a escribir un himno titulado Libertad, libertad sacrosanta, que desgraciadamente no he podido encontrar hasta ahora. También participó en la fundación de la Sociedad Filosófica de Barcelona[2], uno de los centros de difusión de las nuevas ideas liberales y científicas.
Un aspecto menos conocido de Aribau es su papel como difusor del Romanticismo. En 1823 fundó junto a otros intelectuales la revista El Europeo, una publicación que acercó a España las corrientes románticas procedentes de Francia, Alemania e Inglaterra. Gracias a esta revista, autores como Walter Scott, Byron o Chateaubriand comenzaron a ser conocidos en los círculos intelectuales españoles. Desgraciadamente sólo una copia completa ha sobrevivido y su reproducción ha sido siempre parcial.[3]
En 1826 se trasladó a Madrid para trabajar al servicio del banquero catalán Gaspar de Remisa, una figura muy interesante para entender tanto la ascensión de la burguesía catalana en la España liberal como la trayectoria de Bonaventura Carles Aribau. Nacido en Sant Hipòlit de Voltregà en 1784, procedía de una familia de recursos modestos, pero hizo una fortuna extraordinariamente rápida en Barcelona y terminó convirtiéndose en uno de los grandes financieros de la España de Isabel II.
Remisa comenzó dedicándose al comercio de productos alimenticios y durante la Guerra de la Independencia supo desenvolverse en un contexto extraordinariamente complicado. En 1812 ya era un importante asentista, es decir, un empresario que contrataba con las autoridades el suministro de determinados productos a las tropas, y contribuyendo al abastecimiento de Barcelona. Después de la guerra consolidó su fortuna mediante contratos públicos y negocios comerciales.
El gran salto de Remisa a las grandes finanzas, se produjo en los años veinte. En 1823 fundó con su primo Josep Casals i Remisa la Banca Casals y Remisa, aportando él la mayor parte del capital. Poco después se trasladó a Madrid y entró directamente en el corazón de las finanzas del Estado. En 1826 fue nombrado director del Tesoro Real, cargo que ocupó hasta 1833. Desde esa posición se convirtió en uno de los financieros más influyentes de la España de Fernando VII y tras la muerte de este, de Isabel II.
Y aquí aparece Aribau. En 1826, cuando Remisa se instaló en Madrid, incorporó a su círculo al joven Bonaventura Carles Aribau, que pasó a ocuparse de los negocios de su casa. Aribau trabajó para él durante años y se convirtió en uno de sus colaboradores de confianza. Aribau desarrolló una brillante carrera como economista y alto funcionario del Estado en Madrid. Llegó a ser director general del Tesoro, director de Aduanas, responsable de la Casa de Moneda y secretario de la Intendencia de la Casa Real. Su carrera demuestra que estaba plenamente integrado en la construcción del Estado liberal español.
La relación entre Remisa y Aribau llegaría a tener una consecuencia cultural extraordinaria, casi se podría decir, por casualidad. A finales de 1832 redactó en Madrid un poema en catalán para felicitar a su patrón, Gaspar de Remisa. Publicado en 1833 en el periódico El Vapor con el título “La Pàtria”[4], el texto expresaba la nostalgia por Cataluña y exaltaba la lengua catalana como elemento esencial de la patria. Muy pronto fue interpretado como el punto de partida de la Renaixença.
La importancia de La Pàtria radica en que estableció una idea que sería central durante todo el siglo XIX: la identificación entre lengua y patria. Aribau escribió desde Madrid evocando las montañas, los paisajes y la lengua de Cataluña, convirtiendo el catalán en vehículo de una literatura romántica moderna. El poema tuvo una enorme repercusión y fue repetidamente reeditado. Pero, Aribau no fue un nacionalista catalán en el sentido político que tendría el catalanismo décadas después. De hecho, pasó gran parte de su vida en Madrid, escribió casi toda su obra en castellano y ocupó altos cargos en la administración española. Más que un precursor del catalanismo político, fue un romántico que contribuyó a dignificar la lengua catalana y a despertar el interés por la cultura propia. El catalanismo político surgiría más tarde, aprovechando la labor cultural iniciada por él y por otros escritores de la Renaixença.
Además de La Pàtria, dejó una huella importante en la cultura española como fundador, junto al editor Rivadeneyra, de la colección Biblioteca de Autores Españoles, una de las grandes empresas editoriales del siglo XIX, que recuperó y difundió los clásicos de la literatura española. También escribió estudios sobre Cervantes, Moratín y la novela española de los Siglos de Oro. Pero la posteridad lo recordó sobre todo por aquellos versos escritos en catalán desde Madrid que inauguraron una nueva etapa en la historia cultural catalana. Por eso suele decirse que, aunque no creó por sí solo la Renaixença, ningún otro autor simboliza mejor su nacimiento que Bonaventura Carles Aribau.
La Renaixença había empezado a rodar y ya no pararía hasta convertirse en un movimiento multitudinario entre la burguesía catalana. El hombre que da continuidad a la iniciativa de Aribau es Joaquim Rubió i Ors (1818-1899), conocido como Lo Gaiter del Llobregat, quien, a partir de 1839 empezó a publicar poemas en catalán en el Diario de Barcelona. En 1841 los reunió bajo el título Lo Gaiter del Llobregat[5]. Aquí Rubió ya no utiliza el catalán simplemente porque sea una lengua apropiada para expresar nostalgia o sentimientos personales, sino que defiende deliberadamente la recuperación de la literatura catalana.
A partir de ahí, en los años siguientes la Renaixença consiste en recuperar la historia, estudiar la lengua, recopilar canciones populares, reconstruir la literatura medieval y crear un público lector en catalán. La Enciclopèdia Catalana sitúa precisamente hacia 1850 la conciencia de que se está formando un auténtico movimiento reivindicativo que aún no había recibido su nombre propio. El movimiento continuaría con Manuel Milà i Fontanals[6], filólogo y estudioso de la literatura medieval y de la poesía popular, Antoni de Bofarull[7], historiador y escritor, interesado especialmente por la recuperación del pasado medieval catalán y Víctor Balaguer[8], escritor e historiador, mucho más próximo al liberalismo progresista.
El gran salto se produce en 1859, cuando se restauran en Barcelona los Jocs Florals, inspirados en los antiguos certámenes medievales. El primer certamen se celebró el primer domingo de mayo de 1859 en la Sala de Cent del Ayuntamiento de Barcelona. La iniciativa reunió a buena parte de los intelectuales que llevaban dos décadas trabajando por la recuperación de la literatura catalana. Los Jocs tuvieron una importancia enorme porque proporcionaron una institución pública y prestigiosa dedicada a la literatura catalana.
La palabra catalana “Renaixença” existía naturalmente antes del siglo XIX con el sentido general de “renacimiento”, pero el uso de “Renaixença” como nombre de un movimiento cultural catalán es bastante posterior a Aribau. Él nunca utilizó el término en ese sentido. La pista documental más clara nos lleva a 1871, cuando apareció en Barcelona la revista La Renaixensa[9], fundada por jóvenes intelectuales entre los que estaban Pere Aldavert, Àngel Guimerà y Francesc Matheu. El primer número salió el 1 de febrero de 1871 y llevaba el subtítulo Periòdic de literatura, ciències i arts. La propia Biblioteca de Catalunya confirma que la revista se creó en 1871 y que inicialmente pretendía ser una publicación literaria, científica y artística, sin adscripción política. Lo que podemos afirmar documentalmente es que el término empezó a utilizarse como denominación del movimiento alrededor de 1871, y que la revista La Renaixensa contribuyó decisivamente a convertirlo en su nombre.
Todo este proceso que trato de describir arriba, tiene como principal impulso político un proceso mucho más amplio. España está pasando del Antiguo Régimen al Estado liberal, en medio de guerras civiles, revoluciones, pronunciamientos militares, cambios de Constitución y una profunda transformación económica y social. La Renaixença se desarrolla dentro de ese proceso, no al margen de él. Todo comienza con la muerte de Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833, un mes y cinco días tras la publicación de “La Patria” de Aribau, en “El Vapor”.
A la muerte del monarca, España todavía no es un Estado liberal consolidado. Durante su reinado había habido tres etapas muy diferentes: el absolutismo de 1814-1820, el Trienio Liberal de 1820-1823 y la Década Ominosa de 1823-1833. La muerte del rey abrió una crisis sucesoria. Su hija Isabel, todavía una niña, heredó el trono bajo la regencia de su madre, María Cristina, pero, el hermano del rey, Carlos María Isidro, no aceptó la sucesión, dando lugar a la Primera Guerra Carlista (1833-1840). El conflicto es al mismo tiempo dinástico, político y social: los carlistas defienden la monarquía tradicional, la religión y los fueros; los isabelinos necesitan apoyarse progresivamente en los liberales. María Cristina no se hace liberal por convicción inicial, pero necesita a los liberales para salvar el trono de su hija.
Durante la regencia, 1833-1843 se intentó construir el Estado liberal y se produjo una transformación extraordinaria, desmantelando progresivamente las estructuras del Antiguo Régimen, suprimiendo instituciones señoriales, desamortizando parte de los bienes de la Iglesia, y reorganizando la Administración, para intentar crear un mercado nacional.
En 1836-1837, la desamortización de Mendizábal y la Constitución de 1837 representaron momentos fundamentales de esa transformación. La nueva España se fue organizando alrededor de conceptos como Constitución, ciudadanía, propiedad, igualdad jurídica y soberanía nacional.
Pero el proceso fue tremendamente conflictivo. Los liberales se dividieron fundamentalmente entre moderados y progresistas. Los primeros querían un liberalismo más restringido y ordenado, los segundos pretenden ampliar las libertades y la participación política.
La primera guerra carlista termina en 1840 con el Convenio de Vergara, aunque el carlismo no desaparece. Y entonces aparece otro personaje decisivo: el general Espartero. Entre 1840 y 1843 ejerce como regente. Su gobierno termina también de forma conflictiva y en 1843 Isabel II es declarada mayor de edad con solo 13 años.
Seguirá la Década Moderada, entre 1844-1854, un comienzo de la etapa de consolidación del Estado liberal. Dominaron durante una década los moderados, y se aprobó en 1845 una nueva constitución que fortalecía enormemente la administración central.
Es la España de Narváez, de la centralización administrativa, de la creación de instituciones estatales más eficaces y de la consolidación de un nuevo sistema político basado en la monarquía constitucional. También se creó la Guardia Civil en 1844, se reorganiza la Hacienda, se impulsa la construcción de carreteras y ferrocarriles y comienza a desarrollarse un mercado nacional más integrado. Interesante también, aunque posterior fue la creación de la peseta, que formaba parte del proyecto nacional, crear un mercado español integrado y modernizar las instituciones económicas del nuevo Estado liberal. Además, la peseta se diseñó dentro de la Unión Monetaria Latina, siguiendo el patrón monetario francés.
Mientras en Barcelona algunos intelectuales comienzan a reivindicar la literatura catalana, la burguesía catalana participa activamente en la construcción económica del nuevo Estado español.
Remisa es un magnífico ejemplo: un empresario catalán que se traslada a Madrid, entra en las finanzas de la Corona y se convierte en uno de los grandes hombres de negocios del Estado. Aribau trabaja para él y posteriormente desarrolla su propia carrera administrativa. Por tanto, debemos comprender que, Renaixença y construcción del Estado liberal español estaban ocurriendo simultáneamente.
Durante el Bienio Progresista, 1854-1856, el sistema moderado entró en crisis y en 1854 un pronunciamiento militar, la llamada Vicalvarada, abrió un nuevo periodo. Espartero vuelve al poder, acompañado esta vez por el general O’Donnell. Fueron dos años intensivos de reformas, intentando ampliar el sistema liberal, se apruebó la Ley General de Ferrocarriles de 1855 y se impulsó una nueva desamortización, la de Madoz, que afectó a bienes municipales.
Es además una época de gran transformación económica. Cataluña se está industrializando rápidamente y Barcelona se convertía en uno de los principales centros industriales de España. Esto es importante para comprender la evolución de la Renaixença: la recuperación cultural catalana coincide con la aparición de una burguesía industrial catalana cada vez más poderosa y una incipiente clase media, procedente en gran manera del campo, en la que más adelante, calaría las tendencias nacionalistas.
Y esa burguesía tan dinámica tenía intereses económicos muy concretos, especialmente el proteccionismo frente al librecambismo. Mientras, la Cataluña cantada por Aribau estaba profundamente dividida en medio de unas luchas con carácter de guerra civil, las Guerra Carlistas. Campesinos del interior se pusieron del lado de los carlistas por varias razones. Una razón fundamental fue la religión. La desamortización, la supresión de órdenes religiosas y las políticas anticlericales de algunos gobiernos liberales hicieron que sectores católicos catalanes vieran el liberalismo como una amenaza.
Pero había además una cuestión territorial, porque los carlistas defendían el mantenimiento de los fueros y derechos tradicionales. En Cataluña, después de la derrota de 1714, los antiguos sistemas institucionales habían sido abolidos por Felipe V, por lo que el carlismo catalán no podía identificarse exactamente con la defensa de unas instituciones propias que todavía existieran, como sucedía en las provincias vascas. Sin embargo, sí podía aprovechar el rechazo rural a la centralización y uniformización administrativa del nuevo Estado liberal.
La Primera Guerra Carlista (1833-1840) fue especialmente dura en Cataluña. Los carlistas utilizaron una guerra de guerrillas y consiguieron controlar temporalmente amplias zonas rurales como Berguedà, uno de los grandes núcleos del carlismo catalán, especialmente alrededor de Berga y las zonas montañosas. Osona, tuvo también una importante actividad carlista en el interior de la provincia de Barcelona. Las áreas rurales del interior, Bages, también tuvieron presencia de partidas carlistas. En Anoia y Segarra hubo corredores y zonas rurales donde actuaron partidas. En las montañas de Solsonès, había una fuerte implantación carlista, así como en el Alt Urgell y zonas del Pirineo, ya que las montañas ofrecían excelentes condiciones para la guerra de guerrillas. En Tarragona, la Conca de Barberà y zonas interiores, también fueron escenario de actividad carlista. Entre sus principales jefes estuvieron Ramon Cabrera, aunque su principal escenario de actuación fue el Maestrazgo, y diferentes comandantes carlistas catalanes.
Barcelona, por el contrario, permaneció en manos liberales y fue uno de los grandes centros del liberalismo español. La guerra terminó en 1840 con la derrota carlista, aunque el movimiento no desapareció y volvió a resurgir aprovechando la crisis del reinado de Isabel II en 1846, pero terminó con una victoria gubernamental. Esta segunda Guerra Carlista tuvo especial importancia en Cataluña. Y resurgió por tercera vez durante el Sexenio Democrático (1872-1876) y los primeros años de la Restauración, aunque esta vez también resultó en la derrota definitiva del carlismo como alternativa militar al Estado liberal.
Para mí que la revolución de 1868 cambia radicalmente el escenario. La caída de Isabel II y su exilio abre una etapa de enorme libertad política, con el sufragio universal masculino, la formación de nuevos partidos, el republicanismo y federalismo organizado, una prensa política y asociaciones de todo tipo.
En Cataluña tiene especial importancia el republicanismo federal. De ahí saldrá una figura fundamental, Valentí Almirall. Almirall es precisamente el puente entre el federalismo republicano y el catalanismo político. En 1879, Almirall fundó el Diari Català[10], periódico íntegramente en catalán. En el primer número del 4 de mayo de 1879, leemos la intención que hay bajo la fundación del periódico:
“PROSPECTE.
Lo DIARI CATALÀ surt á la vida plé d’esperanças y abrigant la seguretat de ser ben rebut dels catalans.
Son títol diu ben clar que serà escrit en català. Serà la primera publicació diària que usarà exclusivament la nostra llengua.
Y no sols serà escrit en català, sinó que parlarà tan català com sápiga: y no sols parlarà tan català com sápiga, sinó que procurarà pensar y obrar á la catalana.
Per desgràcia, lo desenrotllo de la història pàtria en los darrers sigles, nos ha voltat d’influencias que ’ns lligaren los brassos y desnaturalisan lo nostre geni característich. Per això, principalment, fa molt temps que, (dolorós es confessar-ho), si no fem com los granchs, y en compte de caminar endavant anem endarrera, estem per lo menos deturats en lo mateix punt, veyent com los altres nos atrapan y nos passen al davant. Per això Catalunya que per sa cultura y activitat havia estat al costat de ’ls pobles que portaban á Europa la bandera de la civilisació, es avuy un grupo de provincias pobres de una nació més pobre encara.
Però per fortuna lo esperit català no ha mort, per més que dormi, y si aquelles influencias han modificat lo nostre caràcter, no ’ns han pas dominat del tot. Embrassan, sí, los nostres moviments, però al menos pera pod’m encara moure’ns. Ja fá algun temps que habem probat de fer-ho, y d’aquí ha sigut lo renaixement del catalanisme.
En aquest renaixement ve á pendre lloch lo DIARI CATALÀ.”
En 1880 organiza el Primer Congrés Catalanista, intentando reunir a las distintas corrientes catalanistas y en 1882 se funda el Centre Català, que se convierte en la primera asociación política catalanista organizada. La reivindicación catalana dejó de ser exclusivamente literaria y comienzó a convertirse en política, aunque todavía no podemos hablar de un movimiento exclusivamente burgués ni de nacionalismo independentista. Almirall procede del republicanismo federal y defiende un particularismo catalán dentro de España, no la independencia.
Primer paso político
El Centre Català, dirigido por Almirall, consiguió reunir a políticos, intelectuales y representantes de los principales intereses económicos catalanes en la Llotja de Barcelona el 11 de enero de 1885, impulsada por el Centre Català y por diversas entidades económicas, culturales y profesionales catalanas para presentar al rey Alfonso XII el Memorial de Greuges (Memoria en defensa de los intereses morales y materiales de Cataluña)[11]. El Memorial fue presentado al rey Alfonso XII en Madrid el 10 de marzo de 1885[12]. Este fue un momento extraordinariamente importante porque por primera vez confluyen de forma visible el catalanismo cultural y político con las élites económicas catalanas. El Memorial fue el primer acto en que colaboraron políticos e intelectuales catalanistas con representantes de la economía catalana y en el se comienza a vislumbrar, entre otras cosas, la España de las autonomías. Veamos las razones que exponía:
“Lo que nosotros deseamos, Señor, es que en España se implante un sistema regional adecuado a las condiciones actuales de ella y parecido a alguno de los que se siguen en los gloriosísimos Imperios de Austria-Hungría y Alemania, y en el Reino Unido de la Gran Bretaña, sistema ya seguido en España en los días de nuestra grandeza.”
…
“Lo deseamos no sólo para Cataluña, sino para todas las provincias de España; y si en nombre de Cataluña hablamos, es porque somos catalanes y porque en estos momentos sentimos como nunca los males que el centralismo nos causa.”
“Señor, se nos arrebató nuestro sistema administrativo, que hoy encuentran bueno e imitan naciones cultas de Europa, para ser substituido, primero por el sistema castellano, y hoy por una copia imperfecta y viciosa del sistema francés.”
…
“No podemos usar nuestra lengua más que en nuestros hogares y en conversaciones familiares: desterrada de las escuelas, lo ha sido más tarde de la contratación pública y también de los tribunales, en los cuales muchas veces, y por muy ilustrados que sean, ni los jueces entienden a los testigos y procesados, ni éstos entienden a los jueces.”
…
” Y como si todo esto no fuera bastante, hace tiempo que viene amenazándose, y hoy se intenta con empeño destruir, o cuando menos adulterar, nuestro derecho civil, base indeleble de la robusta y moral organización de la familia catalana y de nuestra propiedad, que va aumentando y creciendo a medida que unas generaciones suceden a otras generaciones.”
…
“A fuerza de trabajo y privaciones sin cuento, nuestros industriales han creado una industria española que en cuarenta años ha progresado y alcanzado altísimo nivel. Esta industria viene siendo atacada de raíz de algunos años a esta parte, y últimamente lo ha sido y lo es por medio del tratado con Francia y del proyecto de modus vivendi con Inglaterra.”
La organización del estado, el sistema administrativo, la defensa de la propia lengua, la conservación del derecho catalán y el proteccionismo, son los temas principales del documento presentado al rey. Y todo esto ocurre en un momento en que Barcelona vivía una actividad febril, impulsada por un proyecto en el que todos los intereses catalanes estaban involucrados de alguna manera, liderados por su alcalde Francesc Rius i Taulet, un político liberal monárquico que veía la modernización de Barcelona como una forma de fortalecer tanto la ciudad como España.
El 11 de marzo de 1885, un día después de que se entregara el Memorial en Madrid, el empresario Eugenio Serrano de Casanova presentó formalmente al Ayuntamiento de Barcelona una propuesta para organizar una Exposición Internacional en la ciudad. Solicitaba utilizar gratuitamente unos 200.000 m² de terrenos municipales, en el parque de la Ciudadela. El proyecto preveía inicialmente celebrarla entre septiembre de 1887 y abril de 1888.
Pero el proyecto original fracasó. Las obras avanzaron muy lentamente y en abril de 1887 Serrano tuvo que renunciar a la concesión. Entonces el Ayuntamiento, bajo el alcalde Francesc Rius i Taulet, asumió directamente la organización y transformó el proyecto en la Exposición Universal de Barcelona de 1888.
La exposición permitió mostrar al mundo una Barcelona industrial, moderna y cosmopolita. Una realidad que reforzaba uno de los argumentos fundamentales del catalanismo: Cataluña constituía una comunidad con una personalidad económica, cultural e histórica propia.
La Exposición Universal de Barcelona
La Exposición Universal de Barcelona de 1888 fue uno de los grandes acontecimientos de la Barcelona de finales del siglo XIX y un momento clave tanto para la modernización de la ciudad como para el desarrollo del catalanismo.
Se celebró entre el 8 de abril y el 9 de diciembre de 1888, en los terrenos de la antigua Ciudadela, una zona que había quedado marcada por la represión borbónica posterior a 1714. El principal impulsor político fue Francesc Rius i Taulet, alcalde de Barcelona. La exposición pretendía mostrar la modernización industrial, económica y cultural de Barcelona y de España. Participaron numerosos países y se exhibieron productos industriales, maquinaria, avances científicos, obras de arte y novedades tecnológicas.
Uno de los símbolos más importantes fue el Arco de Triunfo, construido como entrada monumental al recinto. También se urbanizó buena parte de la zona de la Ciudadela y se creó el actual Parque de la Ciudadela.
Su importancia para el catalanismo
La exposición resulta especialmente interesante porque se produjo en un momento en que el catalanismo estaba pasando del ámbito cultural al político. En 1885, tres años antes, se había presentado a Alfonso XII el Memorial de Greuges, que defendía los intereses económicos, jurídicos y políticos de Cataluña. En 1886, Valentí Almirall había publicado Lo Catalanisme. Y en 1892 se aprobarían las Bases de Manresa.
La exposición dejó una profunda huella urbana. La antigua Ciudadela militar se transformó en un espacio público y Barcelona reforzó su imagen como ciudad industrial, moderna y cosmopolita. Además, en el contexto del catalanismo, ayudó a consolidar la idea de que Barcelona y Cataluña tenían una personalidad económica y cultural propia, una idea que durante las décadas siguientes adquiriría una dimensión política cada vez más definida.
Lo que había detrás
Ahora queda por explicar de dónde procedía el capital que financió esta profunda transformación de Barcelona, qué papel desempeñó la inmigración en la formación de su nueva sociedad industrial y cómo influyó la política internacional en todo este proceso. Solo teniendo en cuenta estos tres elementos podemos comprender plenamente el desarrollo del catalanismo y la realidad de la Cataluña moderna dentro del Estado español.
El capital
La industrialización catalana no fue simplemente el resultado de la iniciativa de unos empresarios locales. Desde el siglo XVIII, Cataluña había desarrollado una importante actividad comercial vinculada al Mediterráneo y, progresivamente, al comercio americano. Durante el siglo XIX, una parte de las fortunas acumuladas por comerciantes y empresarios catalanes en Cuba y Puerto Rico regresó a Cataluña y fue reinvertida en industrias, empresas, bancos, ferrocarriles y, de manera muy visible, en la transformación urbana de Barcelona. La historiografía ha estudiado especialmente el papel de los llamados indianos y de los capitales antillanos en la construcción de la Cataluña burguesa.
Pero el dinero por sí solo no explica la transformación. La industrialización creó una enorme demanda de trabajadores. Barcelona, Sabadell, Terrassa y otras ciudades industriales recibieron miles de personas procedentes del mundo rural, mientras las fábricas de vapor y las colonias industriales modificaban profundamente la estructura social catalana. Surgieron así, al mismo tiempo, una poderosa burguesía industrial y una numerosa clase obrera, dos grupos sociales que protagonizarían buena parte de los conflictos políticos y sociales de la Cataluña contemporánea.
A esta transformación interna hay que añadir la dimensión internacional. Cataluña estaba estrechamente vinculada a los mercados atlánticos y mediterráneos, mientras que la política económica de la monarquía española, especialmente el debate entre proteccionismo y librecambismo, afectaba directamente a los intereses de la industria catalana. La defensa del mercado español frente a la competencia extranjera se convirtió en una de las grandes reivindicaciones de la burguesía catalana y acabaría formando parte de las demandas expresadas en el Memorial de Greuges de 1885.
De este modo, el catalanismo surgió en una sociedad que se había transformado radicalmente, una Cataluña industrial, urbanizada, con una burguesía económicamente poderosa, una clase obrera numerosa, una cultura propia revitalizada por la Renaixença y unos intereses económicos que no siempre coincidían con las decisiones tomadas desde Madrid. La cuestión que se planteaba entonces era inevitable: ¿cómo debía encajar esta Cataluña económicamente avanzada, socialmente diferenciada y culturalmente consciente de su personalidad propia dentro del Estado español? Es en torno a esa pregunta donde el catalanismo comenzó a convertirse, durante las últimas décadas del siglo XIX, en un movimiento político. Y me quedo aquí, hoy, a la espera de los acontecimientos que precipitarían el desastre de 1898. Continuará.
[1] https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=10630416
[2] https://upcommons.upc.edu/server/api/core/bitstreams/e56d4639-bbaf-4b6d-a5f5-d2beedbd0ae9/content
[3] https://arca.bnc.cat/arcabib_pro/ca/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1341315
[4] https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/80/El_Vapor%2C_A%C3%B1o_1%2C_no._068_%2824_agosto_1833%29.pdf?utm_source=ca.wikisource.org&utm_campaign=index&utm_content=original
[5] https://archive.org/details/logayterdelllobr03rubiuoft/page/n27/mode/2up
[6] https://archive.org/details/obrascompletasd02goog/page/n12/mode/2up
[7] https://archive.org/details/historiacrticac04bofagoog/page/n4/mode/2up
[8] https://archive.org/details/obras2324bala/page/n7/mode/2up
[9] https://arca.bnc.cat/arcabib_pro/ca/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1344301
[10] https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1003514629
[11] https://books.google.se/books/about/Memoria_en_defensa_de_los_intereses_mora.html?hl=es&id=AnA2AAAAMAAJ&redir_esc=y
[12] Alfonso XII murió pocos meses después, el 25 de noviembre de 1885, por lo que el Memorial no llegó a producir consecuencias políticas inmediatas.































