La mañana del 7 de febrero de 2026 amanece gris en Lund. Minúsculos copos de nieve vuelan y se arremolinan en el frío viento y flagelan las mejillas. En Stortorget, la Plaza Mayor, estamos los liberales con nuestra mesa de campaña, una bicicleta convertida en reclamo con banderines, folletos, sirviendo café e intentando atraer miradas entre el flujo constante de transeúntes que cruzan la plaza camino de las tiendas abiertas.
A pocos metros, un partido local despliega sus carteles: proponen enterrar las vías del tren en un túnel bajo la ciudad, devolver la superficie a los peatones, rediseñar la ciudad como si fuese un plano todavía por terminar. Y en mitad de la plaza, en un remolque estacionado, una gran pancarta muestra el rostro de un hombre con turbante; tras una rápida búsqueda en Google descubrimos que se trata de Mirza Ghulam Ahmad. Bajo el retrato, un mensaje contundente: «El Mesías ha llegado». En esta esquina de Escania, la historia religiosa del subcontinente indio se asoma inesperadamente a la mañana nevada.
Unos cincuenta metros más allá, un pequeño grupo de ancianos sostiene otra pancarta, esta vez pidiendo el boicot a Israel, mientras banderas palestinas ondean con rigidez bajo el frío. Y muy cerca de nuestra bicicleta, un grupo reducido, envuelto en una gran bandera ucraniana, solicita ayuda económica para comprar agregados de calefacción que muestran al público como prueba concreta de la urgencia que los ha traído hasta aquí.
Son las doce del mediodía. Los viandantes pasan en oleadas: algunos miran con curiosidad distraída, otros continúan sin detenerse; pocos se acercan, menos aún entablan conversación, pero siempre hay alguien que se queda unos minutos, pregunta, escucha, discute. La nieve sigue cayendo. El viento entrelaza nuestras banderas como si quisiera mezclarlas todas en una sola tela improvisada, y el frío araña las mejillas obligándonos a movernos de un lado a otro, casi como si siguiéramos una coreografía aprendida.
Nada extraordinario sucede, y sin embargo todo ocurre al mismo tiempo: ideas, creencias, conflictos lejanos, proyectos municipales, solidaridades internacionales. En medio del invierno, la plaza funciona como un pequeño parlamento al aire libre. Esto, al fin y al cabo, no es otra cosa que el día a día de la democracia.

Leave a Reply