A partir de mi primer texto sobre la operación llevada a cabo por los Estados Unidos contra el gobierno de Venezuela, llevándose al presidente y a su mujer prisioneros, he tenido algunos diálogos con mis lectores, sobre la magnitud de esta acción y si se podría comprender como un primer paso para imponer la Pax Americana por todo el continente, una preocupación completamente comprensible. En este caso, la operación parece haber sido iniciada a partir de una orden de busca y captura del Maduro y su mujer para, al parecer ser juzgados en Nueva York, acusados de estar detrás de la exportación de drogas desde Venezuela a los Estados Unidos y “la posesión ilícita de armas”, una operación que se asemeja bastante a la detención de Noriega en 1989.

Conviene recordar que muchos países y organismos, incluida la ONU, criticaron la intervención estadounidense como una violación del derecho internacional. La Asamblea General de la ONU aprobó resoluciones que declaraban la invasión de Panamá como una acción contraria a la Carta de Naciones Unidas, ya que implicaba el uso de la fuerza contra un Estado soberano sin autorización del Consejo de Seguridad.

Washington argumentó que la intervención era necesaria para proteger la vida de ciudadanos estadounidenses en Panamá, garantizar la seguridad del Canal y restaurar el orden democrático. También se invocó implícitamente la lógica del Corolario Roosevelt, es decir, la idea de que Estados Unidos podía intervenir en casos de desorden que afectaran la estabilidad regional o sus propios intereses.

La mayoría de los países latinoamericanos se mostraron críticos, aunque con matices. Algunos gobiernos hablaron de soberanía violada y expresaron preocupación por un precedente peligroso, que la potencia estadounidense se arrogara el derecho de intervenir en cualquier país del hemisferio. Otros, sobre todo aquellos con gobiernos cercanos a Washington, adoptaron una postura más prudente o ambivalente.

La prensa europea y latinoamericana subrayó el carácter unilateral y militar de la acción, con términos como “invasión” y “ocupación”. Muchos columnistas coincidían en que, aunque Noriega fuese un dictador y narcotraficante, la forma de actuar de Estados Unidos debilitaba la legitimidad de su propia posición moral en la región.

En general, la detención de Noriega consolidó la percepción de que Estados Unidos podía intervenir en cualquier país del hemisferio bajo criterios estratégicos, legales o morales, pero a costa de generar tensiones diplomáticas y críticas por violar la soberanía de un Estado. Fue un ejemplo moderno de cómo el espíritu de la Doctrina Monroe, en su versión más intervencionista, todavía se aplicaba con contundencia y no pasó nada.

Tras la detención de Manuel Noriega el 3 de enero de 1990 (coincidencias de la vida), Panamá entró en una fase de transición política y reconstrucción institucional que se puede resumir de esta manera: Noriega era el jefe del Estado panameño de facto desde comienzos de la década de 1980, y su captura puso fin al control militar directo. Esto permitió la restauración de un gobierno civil. Guillermo Endara, elegido presidente en las elecciones de mayo de 1989 (cuya legitimidad había sido boicoteada por Noriega, otra coincidencia), pudo finalmente asumir el poder plenamente gracias a la intervención estadounidense. Aquí se acaban todas las coincidencias, porque Venezuela no es Panamá y el control de las instituciones está más generalizado allí por el régimen bolivariano.

En Panamá se reinstauró el sistema político democrático con elecciones, partidos políticos activos y el restablecimiento de poderes legislativo y judicial. La presencia de tropas estadounidenses ayudó a garantizar el orden mientras el país se adaptaba a la nueva realidad. La cuestión es si los Estados Unidos planifican una ocupación a gran escala de Venezuela, una operación de mucho más calado que la llevada acabo en Panamá, por su tamaño y por las diferencias en cuanto a organización y potencia militar, entre otras cosas la numerosa milicia armada bolivariana.

Noriega fue extraditado a Estados Unidos y juzgado por delitos de narcotráfico, lavado de dinero y crimen organizado, lo que tuvo un fuerte impacto simbólico, Panamá cerraba así un capítulo de dictadura y corrupción militar con la rendición de su líder más controvertido.

La intervención dejó un país con infraestructura dañada y cierta inestabilidad temporal, pero la ocupación de las fuerzas estadounidenses también permitió garantizar la seguridad en puntos estratégicos, sobre todo en torno al Canal de Panamá, que seguía siendo vital para el comercio internacional.

La acción consolidó la idea de que Estados Unidos podía intervenir unilateralmente cuando considerara que sus intereses estratégicos estaban amenazados, reforzando el legado práctico del Corolario Roosevelt y de la Doctrina Monroe en la política hemisférica moderna. ¿Quién recuerda hoy a Noriega?

El antiguo mandatario panameño fue condenado a 40 años de prisión, aunque la sentencia se redujo posteriormente a 30 años por buena conducta y apelaciones. La acusación se centró en su papel como intermediario del narcotráfico, permitiendo el tránsito de drogas hacia Estados Unidos y lavando grandes cantidades de dinero a través de bancos estadounidenses.

Posteriormente, Panamá solicitó su extradición y en 1995, Estados Unidos lo entregó a las autoridades panameñas, donde fue juzgado y condenado por la muerte de opositores durante su régimen militar. Cumplió condena allí hasta 2007.

Tras su liberación en Panamá por razones de salud y edad avanzada, Noriega fue extraditado a Francia para cumplir una condena por lavado de dinero relacionada con fondos que había trasladado desde Panamá hacia bancos franceses. Permaneció preso allí hasta 2011, cuando su salud se deterioró gravemente. A su regreso, Noriega llegó al aeropuerto en silla de ruedas, rodeado de seguridad, y fue trasladado directamente a la prisión de El Renacer para cumplir su condena de 60 años por homicidios, corrupción y otros crímenes del régimen de los años 80[1]. Manuel Noriega falleció el 29 de mayo de 2017 en Panamá, tras sufrir complicaciones médicas derivadas de un cáncer de cerebro y de diversas enfermedades crónicas. Lo que ocurrirá con Maduro está aún por ver. Los efectos de la crítica internacional a la intervención de Estados Unidos pasaron sin dejar huella. La vida pasa.


[1] https://www.emol.com/noticias/internacional/2011/12/11/516569/el-ex-dictador-manuel-noriega-extraditado-de-francia-a-panama.html?utm_source=chatgpt.com