En un día como hoy, lo único que siento es desilusión. Sí, una sensación, como de haber sido traicionado por alguien muy amado por mí. Todo ha sido muy rápido; ocurrió mientras me encontraba en un acto de apoyo a la ciudad ucraniana de Rivne, nuestra nueva ciudad-hermana. El acto empezó a la misma hora en que nuestro partido daba una rueda de prensa en Estocolmo para dar a conocer nuestra posición ante las perspectivas de un nuevo gobierno conservador a partir de las elecciones de septiembre.

Entré en el partido liberal inspirado por el entonces alcalde Philip Sandberg y por la energía positiva que él irradiaba. Los liberales se presentaban como un partido liberal dentro de la política sueca, con un fuerte énfasis en el conocimiento, la libertad del individuo y la cooperación internacional. El partido intentaba reconectar con su perfil tradicional como el partido de la formación y destacaba especialmente las cuestiones educativas: más orden en las aulas, altas exigencias de conocimiento, un papel fuerte del profesor y una apuesta decidida por la escuela como base tanto de la libertad individual como del desarrollo futuro de Suecia.

Al mismo tiempo, el partido quería presentarse como un defensor de los valores liberales como la democracia, el estado de derecho, la libertad de expresión y los derechos individuales, tanto en Suecia como a nivel internacional. En la política de integración, los Liberales intentaban formular una línea en la que la acogida se combinara con exigencias, donde el trabajo, la educación y el conocimiento del idioma se consideraban claves para una sociedad que funcionara bien. El partido también subrayaba su fuerte perfil internacional y su apoyo a la Unión Europea, considerada un proyecto importante para la paz, el comercio y la cooperación entre los países europeos. Precisamente la internacionalización siempre ha sido algo que me ha interesado, y fue como responsable de internacionalización del instituto Vipan como conocí por primera vez a Philip, en Knutsalen, en una presentación que hice a petición del ayuntamiento de Lund, para representantes de las 290 comunas suecas.

El hecho de que nuestro partido formara parte de un gobierno que necesitaba el apoyo de los Sverigedemokraterna, un partido con un pasado neonazi, para su existencia ya fue de por sí una tensión para mí y muchas veces hizo difícil mi trabajo durante las campañas y el puerta a puerta. Siempre podía decir que “nunca nos sentaríamos en un gobierno ni apoyaríamos uno en el que participaran los Demócratas de Suecia”. Aquí en Lund tenemos los liberales un gran apoyo, más de 17 % de los votos, y muchos se preguntan cómo podemos estar en un gobierno que necesita el apoyo de un partido abiertamente antiliberla para gobernar.

Ahora se produce un nuevo giro dramático, cuando el partido ha decidido literalmente “abrazar” a los Sverigedemokraterna mediante un acuerdo de cooperación en el que SD sería bienvenido en el gobierno después de las elecciones. Será difícil explicarlo a nuestros votantes liberales en Lund. La verdad es que no sé que decirles. Sigo siendo liberal y fiel a mi partido, sobre todo a sus ideas fundacionales, y continuaré trabajando por nuestra asociación local, pero hay que ver con claridad que nuestros votantes en Lund, en caso de que todavía piensen darnos su voto, estarán interesados en saber qué hemos logrado en las comisiones y juntas, así como las propuestas que hemos presentado y que han sido rechazadas por la mayoría gobernante formada por los socialistas (Socialdemokraterna) y los moderados (Moderaterna), con el apoyo de demócratas cristianos (Kristdemokraterna) y comunistas Vänsterpartiet. Debemos dar cuenta de ello, del mismo modo que también deberíamos explicar qué reformas queremos llevar a cabo si volviéramos a obtener el poder en la ciudad.

Mi actual labor política en el Consejo de Educación de la ciudad la considero como un deber cívico, una forma de servicio público al que todos deberíamos estar dispuestos a contribuir si contamos con la confianza de nuestros vecinos. Participar en estas tareas no es solo una responsabilidad institucional, sino también una manera de devolver a la comunidad parte de lo que hemos recibido de ella, trabajando por el bien común y por el futuro de nuestros hijos y de nuestra sociedad. Yo estaré allí, realizando mi función con tanto empeño como siempre, hasta el fin de este mandato y, si los ciudadanos lo permiten, seguiré a partir de septiembre. Sigo siendo liberal, porque ser liberal no es algo que uno se ponga y se quite como una camiseta: es una forma de ser y no depende de un partido. Tengo la convicción de que la mayoría de los miembros de nuestra asociación local piensan como yo, así que, seguiré haciendo campañas y llamando a las puertas para pedir el voto para nuestro partido en nuestra ciudad.