Al fin llegó el domingo, el día del señor y para los romanos y en las lenguas germánicas, el día del sol. Hoy es un domingo especial, pues conmemora la resurrección de Cristo, su definitiva victoria sobre la muerte.  Esa victoria es clave para el cristianismo, es a la vez, una prueba veraz de la divinidad del carpintero predicador y una esperanza para sus seguidores de entonces y de ahora.

Podemos imaginar lo que habría sido de la doctrina de Jesús si hubiésemos encontrado sus restos mortales. La gran desilusión que caería sobre los fieles. Sería algo parecido a lo que les sucedió a tantos y tantos seguidores de mesías con minúscula que han pretendido hablar en nombre del creador. Desde que los profetas prometieron la llegade de un Mesías salvador, han sido muchos los que han pretendido serlo y algunos de ellos pudieron juntar miles de seguidores. Pongamos por caso a Teudas, un judío que prometía milagros pero cuyo trazo histórico resulta un tanto difícil de seguir por varias razones, y es un buen ejemplo de cómo las fuentes antiguas pueden generar confusión más que certeza.

En primer lugar, el problema principal es cronológico. Teudas aparece mencionado en dos fuentes importantes: por un lado, en los Hechos de los Apóstoles del Nuevo Testamento, y por otro en el historiador judío Flavio Josefo. El conflicto surge porque en Hechos se menciona a Teudas como si hubiese vivido antes de otros movimientos del siglo I, mientras que Josefo lo sitúa claramente hacia el año 44 d.C., bajo el procurador romano Cuspio Fado. Es decir, las cronologías no encajan, lo que hace pensar a los historiadores que hay un error, una confusión o incluso la existencia de más de un personaje con ese nombre.

En segundo lugar, está el problema de la naturaleza de su movimiento. No está claro si Teudas se proclamó explícitamente Mesías o si fue visto así por sus seguidores. Lo que sabemos, según Josefo, es que prometía el acto milagroso de dividir el río Jordán, lo cual lo sitúa más en la tradición de los profetas carismáticos que en la de los mesías políticos. Esto hace difícil clasificarlo: ¿era un líder mesiánico, un profeta apocalíptico o simplemente un agitador religioso?

La dificultad histórica la comparte con el propio Jesucristo porque lo que sabemos de él está filtrado por fuentes de naturaleza religiosa y no por crónicas neutrales. La primera dificultad es la de las fuentes. Los principales testimonios sobre Jesús son los evangelios, escritos varias décadas después de su muerte, dentro de comunidades creyentes que ya lo consideraban el Mesías. Esto significa que no son biografías en sentido moderno, sino textos de fe, con intención teológica, lo que obliga al historiador a separar, con cautela, lo histórico de lo interpretado.

La segunda dificultad es la escasez de referencias externas. Fuera del ámbito cristiano, apenas contamos con menciones breves en autores como Flavio Josefo o Tácito, y estas son tardías, indirectas y, en el caso de Josefo, probablemente retocadas por copistas cristianos. Es decir, no tenemos un testimonio contemporáneo independiente y detallado.

La tercera dificultad es la reinterpretación posterior. La figura de Jesús fue rápidamente elaborada por sus seguidores y pasó de ser un predicador judío en Galilea a ser el Cristo universal del cristianismo. Este proceso teológico, que culmina en textos como los evangelios y en la expansión del cristianismo, hace que el Jesús histórico quede parcialmente oculto tras el Jesús de la fe.

Hay también una cuarta dificultad que es el contexto mesiánico de la época. En el siglo I había múltiples predicadores, profetas y líderes carismáticos en Judea[1], lo que obliga a preguntarse qué tenía Jesús de específico y cómo fue percibido en su tiempo, como profeta, reformador religioso, líder apocalíptico o aspirante mesiánico. Las respuestas dependen de la interpretación de las fuentes.

Pasando el tiempo, los judíos que no aclamaron a Jesucristo como Mesías tuvieron muchos candidatos. A Simón bar Kojba, (Hijo de la Estrella) se le vincula con la idea de Mesías, en un punto donde historia, teología y propaganda se entrecruzan. No sabemos con certeza si Bar Kojba se proclamó a sí mismo Mesías. Las fuentes no lo dicen de forma directa. Lo que sí sabemos es que fue reconocido como tal por una autoridad religiosa de gran peso, el rabino Rabí Akiva, quien lo interpretó como el “rey Mesías”. Esto ya introduce un problema: ¿es él quien lo afirma o quien es reconocido como tal por otros?  Pensemos que el mismo Jesucristo no reconoce abiertamente ser el Mesías de forma directa y constante, sino que lo sugiere, lo acepta en círculos cercanos y lo expresa simbólicamente, dejando abierta la interpretación. Esto es precisamente lo que ha generado, desde entonces, una de las grandes divisiones de la historia: para unos, es el Mesías; para otros, nunca lo afirmó de manera suficiente ni en los términos esperados.

Otra figura interesante fue Según los Padres de la Iglesia primitiva como Orígenes y otras fuentes patrísticas fue Dositheus el Samaritano que afirmó ser el Cristo o el profeta prometido en Deuteronomio 18:15. Orígenes compara a Dositheus con personajes como Theudas o Judas el Galileo, quienes también tenían pretensiones mesiánicas o carismáticas en el siglo I. Sus discípulos afirmaban que nunca murió y que todavía vivía, lo que se parece a algunas tradiciones exaltadas sobre líderes espirituales y, por tanto, igualaría el gran milagro de Cristo que celebramos hoy.

Posiblemente el más famoso “falso Mesías” de la historia judía post-bíblica sea Shabbetai Tzvi, nacido en 1626 en Esmirna, que se proclamó Mesías en 1665 y atrajo seguidores por toda Europa y Medio Oriente.  Su predicación surgió en un contexto de gran sufrimiento y expectativas mesiánicas entre los judíos, marcado por persecuciones en Europa oriental y una fuerte influencia de la cábala. Muchos estaban emocionalmente preparados para creer en un redentor pronto. Busqué, sin encontrar, trazos históricos de su actividad cundo visité Izmir hace unos años, porque sin duda hay muchas connotaciones sefardíes en esta figura, entre otras la influencia de la cábala. En 1666 Shabbetai Tzvi fue arrestado por las autoridades otomanas y llevado ante el sultán. Ante la elección de muerte o conversión al Islam, eligió convertirse al Islam, adoptando el nombre Aziz Mehmed Effendi, pero ni así renegaron de él sus seguidores más fervorosos que quisieron ver la conversión como parte del plan mesiánico, una señal esotérica dentro del misticismo cabalístico. Entre los más fanáticos se encontraba Nathan de Gaza, autoproclamado profeta que apoyó a Shabbetai Tzvi, afirmando que era el Mesías, y organizó la esperanza mesiánica global.

Heredero de Shabbetai Tzv, Jacob Frank, judío nacido en Polonia en 1726, es uno de los casos más fascinantes de pretendido Mesías posterior al propio Shabbetai Tzvi, y representa un ejemplo extremo de reinterpretación mesiánica dentro de la diáspora judía europea. Frank Se proclamó Mesías, inspirándose en las enseñanzas y el legado del sabbateanismo de Shabbetai Tzvi. Fundó el movimiento conocido como frankismo, considerado herético tanto por el judaísmo rabínico como por el cristianismo tradicional. Frank promovia una interpretación radical de la cabalá y del sabbateanismo y creía que la salvación implicaba transgredir las normas tradicionales y desafiar las leyes religiosas. Su movimiento combinaba misticismo, religiosidad esotérica y prácticas comunitarias secretas, incluyendo rituales que se consideraban escandalosos para la moral judía y cristiana de la época. Afirmaba que él era la reencarnación del Mesías Shabbetai Tzvi o su continuación espiritual, y que su llegada marcaba un nuevo ciclo de redención, pero, para proteger a su comunidad y consolidar su influencia, Frank se convirtió al cristianismo católico en 1759 en la ciudad de Breslau la actual Wrocław.

Ya más cercano a nuestros días tenemos la figura de Menachem Mendel Schneerson, nacido en Nicolaev, ahora Ucrania, que es un caso moderno muy diferente de los clásicos pretendidos Mesías históricos, pero algunos de sus seguidores llegaron a considerarlo tal, aunque él nunca se proclamó Mesías públicamente. Fue el séptimo Rebe de la dinastía jasídica Chabad-Lubavitch, una de las ramas más influyentes del judaísmo jasídico. Llegó a la posición de liderazgo en 1951 y la mantuvo hasta su muerte en 1994. Schneerson era un líder carismático y estudioso profundo de la Torá y la Cábala, lo que le dio una autoridad espiritual enorme. Sus seguidores más devotos creían que él era el Mesías esperado, debido a su liderazgo carismático y milagros atribuidos por testimonios de la comunidad, y, sobre todo por sus enseñanzas sobre la redención y el fortalecimiento de la identidad judía y por señales mesiánicas interpretadas en eventos históricos y sociales, como la propia creación del Estado de Israel, según algunos rabinos.

Desde un punto de vista histórico y sociológico se puede analizar también al Islam como un movimiento con características mesiánicas, como una reinvención religiosa y política con un líder carismático que promueve redención, reforma y salvación colectiva. Muhammad, nacido en la Meca en 570, dijo recibir revelaciones que afirmaban que Dios lo eligió como último profeta, con un mensaje redentor y normativo, para reformar la sociedad, moral y religiosa de Arabia. Su liderazgo combinaba lo espiritual con lo político y militar, algo que recuerda a la función mesiánica de líderes como Bar Kojba, pero con alcance universal, no limitado a un pueblo concreto ni a una etnia, como en el caso judío.

En el islam, Jesús es considerado uno de los grandes profetas, junto a Moisés, Abraham y Muhammad, aunque no se le considera hijo de Dios ni parte de la Trinidad, ya que el monoteísmo absoluto o tawhid es central en el islam. La misión de Jesucristo fue guiar a los hijos de Israel y traer un mensaje de Dios, Allah, correcto y justo, reafirmando la ley de Moisés. Es importante destacar que, según el Islam, Jesús nació de María, Maryam, de manera virginal, sin intervención de un padre humano, como señal milagrosa de Dios.

El Corán relata su nacimiento como un signo de poder divino, pero no como divinidad de Jesús. Jesús realizó milagros por mandato de Dios: curar enfermos, devolver la vista a los ciegos, incluso resucitar muertos, aunque sus milagros no provienen de él mismo, sino que son atribuidos a la voluntad de Dios, reforzando que es un mensajero, no un ser divino.

Según el Islam, Jesús no murió crucificado. Corán, An Nísa 4:157 dice que los judíos no lo mataron ni crucificaron; Dios lo elevó hacia Él[2] y se dice que Jesús será devuelto al final de los tiempos para cumplir su rol en la escatología islámica, que es derrotar al falso mesías, Al-Masih ad-Dajjal y establecer justicia y paz antes del Día del Juicio. La inmortalidad de Jesús es, para el Islam, un acto divino de preservación para proteger al profeta, en este caso Jesús, que ha de cumplir una misión futura, a la vez que sirve como un símbolo de esperanza y justicia para la humanidad.

Es lo que celebramos hoy, la inmortalidad de Cristo, su victoria sobre la muerte, la gran esperanza de todos. Y, recuerdo, mientras camino por mi ciudad y veo a mi paso lo que queda de una sinagoga[3], varias iglesias y una mezquita, esta última alojada en una nave industrial, que hay tanto lo que nos une y tan poco lo que nos diferencia, que deberíamos considerarnos hermanos. Hoy celebramos la resurrección del Señor, un recordatorio eterno de que la luz siempre vence a la oscuridad, que la vida triunfa sobre la muerte y que la esperanza nunca se extingue. Que este día nos inspire a renacer en bondad, fe y amor, a renovar nuestras fuerzas para superar obstáculos y a vivir con un corazón abierto, generoso y agradecido. Que la alegría de este día nos acompañe siempre y nos motive a ser luz en la vida de quienes nos rodean, recordando que cada acto de amor y de fe es una pequeña resurrección en nuestro mundo. ¡Feliz Pascua, amigos! Que la esperanza y la alegría de este día se queden en nuestro corazón.


[1] Además de figuras ya mencionadas como Teudas o El Egipcio, podemos señalar otros personajes relevantes como Juan el Bautista, una figura clave, contemporáneo de Jesús, que predicaba en el desierto llamando al arrepentimiento y anunciando la inminente llegada del juicio de Dios. No se proclamó Mesías, pero actuaba como profeta escatológico, y su influencia fue muy grande. Otro personaje es Simón de Perea, antiguo esclavo de Herodes que, tras la muerte de este, se proclamó rey y lideró una revuelta contra Roma. También encontramos a Atronges, un pastor que, junto a sus hermanos, encabezó una insurrección y se hizo coronar rey. Su movimiento refleja claramente la aspiración a restaurar una monarquía judía independiente. Otro caso interesante es Judas el Galileo, fundador de un movimiento que rechazaba el dominio romano y el pago de impuestos, defendiendo que solo Dios era rey de Israel.

[2] “Y por haber dicho: Nosotros matamos al Ungido, hijo de Maryam, mensajero de Allah. Pero, aunque así lo creyeron, no lo mataron ni lo crucificaron. Y los que discrepan sobre él, tienen dudas y no tienen ningún conocimiento de lo que pasó, sólo siguen conjeturas. Pues con toda certeza que no lo mataron. –

Sino que Allah lo elevó hacia Sí, Allah es Poderoso y Sabio.”

[3] La última se derribo en 1979, cuando había menos de diez hombres judíos practicantes, que es el mínimo que se necesita para el culto. Los judíos de Lund van a la sinagoga de Malmö.