Ayer me desperté dispuesto a escribir algo sobre los 250 años de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos por el Segundo Congreso Continental el 4 de julio de 1776. No es el nacimiento en si de la nación norteamericana, porque entre la declaración y la independencia tuvo lugar una larga guerra, que muy bien podría haber terminado en fracaso, si no se hubiesen juntado una considerable cantidad de circunstancias favorables en ese momento.

Recopilo para mí y para aquel que quiera recordar algo de sus estudios de historia, algunos datos sobre el origen de la revuelta que consiguió separar a las colonias americanas de su metrópoli, y las ideas, intereses y coyunturas que juntas dieron forma a la revolución que comenzó en Filadelfia un 4 de julio, hace 250 años.  

Primero iremos al inicio de la presencia anglosajona en America.  Los primeros intentos ingleses de llegar a América fueron exploratorios y surgieron a raíz de ser conocido el viaje de Colón y comenzar la carrera por la colonización del nuevo continente.  Ya en 1497, bajo Enrique VII, el navegante italiano al servicio inglés Giovanni Caboto, llegó a las costas de Terranova y América del Norte. Este viaje dio a Inglaterra en teoría, base para una reclamación sobre parte del territorio norteamericano, aunque sin ocupación efectiva. Durante el siglo XVI, Inglaterra estaba más centrada en Europa y los conflictos con España y Francia, que en colonizar ultramar.

Fue primero con Elisabeth I, cuando finalmente, Inglaterra entra en competencia directa con el imperio español, intentando establecer bases en América del Norte como parte de la lucha geopolítica contra España. El ejemplo más famoso es la colonia de Roanoke, fundada en 1585 que desapareció misteriosamente cinco años más tarde.

Figuras como Sir Walter Raleigh impulsaron estas iniciativas, pero aún no había una base para una colonización estable, aunque el objetivo era claro, primeramente, como parte de la estrategia contra España y, en segundo lugar, el posible acceso a recursos y rutas comerciales.

El punto de partida real de la presencia anglosajona permanente vino a ser la colonia de Jamestown, fundada por la Compañía de Virginia, que era una empresa semiprivada con apoyo de la corona inglesa, cuyas características clave eran el comercio y la especulación en oro. El 14 de mayo de 1607, unos 100 colonos ingleses establecieron el asentamiento en una isla del río James, ubicación que fue un error estratégico importante, ya que era una zona pantanosa, con presencia de mosquitos y enfermedades, agua salobre en ciertos periodos y poco adecuada para la agricultura. La colonia dependía en gran manera del apoyo indígena. A pesar de todo eso y de una gran mortalidad inicial, logró casi milagrosamente sobrevivir y se convirtió en el núcleo de la colonia Virginia.

Los colonos pasaron hambre y todo tipo de calamidades, especialmente durante los primeros años, y consiguieron sobrevivir en parte por la buena gestión de un líder que surgió durante el proceso de fundación, el mítico John Smith, que no era inicialmente el líder absoluto, sino uno de los miembros del consejo colonial, pero que a finales de 1607 y durante 1608, tras conflictos internos, crisis de disciplina y alta mortalidad, asumió un papel dominante. Desde 1608, Smith se convirtió en la figura central de gobierno de la colonia y consiguió mantener viva la débil colonia con medidas estrictas, control del reparto de recursos y su famosa regla de “El que no trabaja, no come”[1]. Pero su liderazgo fue muy corto, ya que en 1609 resultó herido por la fortuita explosión de un pequeño polvorín y regresó a Inglaterra.

Casi todos los colonos fueron desertando y a punto estuvo la colonia de desaparecer, si no hubiese llegado una nueva expedición inglesa encabezada por Thomas West, Lord De la Warr, que traía consigo nuevos colonos, suministros y ordenes de mantener la colonia a toda costa.

A partir de 1610, Jamestown se convierte en una colonia estable y se impone disciplina militar, se reorganiza la producción agrícola y se refuerzan las defensas. Jamestown deja de ser una colonia improvisada y se convierte en un asentamiento permanente. La primera colonia anglosajona sobrevivió por tanto gracias a una constante reorganización y apoyo externo.

Solo dos mujeres acompañaron a sus hombres hacia la nueva colonia en el primer viaje, pero en 1620 la compañía empezó a tratar de enviar a más mujeres a la colonia para asegurarse la estabilidad de esta. En 1621, cincuenta y seis mujeres inglesas procedentes de buenas familias cruzaron el Atlántico en respuesta a la ya formada Compañía de Virginia de Londres, que solicitaba criadas “jóvenes y vírgenes” para convertirse en esposas de los colonos de su nueva colonia en Virginia. Aunque se les prometió la libre elección de marido, en realidad estaban siendo entregadas en matrimonio a cambio de un precio de 150 libras de las mejores hojas de tabaco.

Fue una política consciente y organizada, aunque no siempre centralizada ni uniforme. En el caso de las colonias inglesas del siglo XVII, especialmente Virginia, hubo momentos en los que la exportación de mujeres se convirtió en una estrategia deliberada para estabilizar la sociedad colonial, como también lo fue en el caso de las colonias francesas, la primera Quebec fundada en 1608 en por Samuel de Champlain, y que culminó con el envío de las llamadas “Filles du Roi”, un programa de colonización en la Nueva Francia en el que se enviaron mujeres solteras desde Francia, sobre todo Normandía, entre 1663 y 1673 para contribuir a la creación de una población estable y asentada. La iniciativa fue financiada por la corona francesa y se convirtió en uno de los proyectos de poblamiento más importantes de la historia colonial temprana de América del Norte. Regresaré más adelante a la cuestión de las mujeres en la colonización de América porque considero que es muy importante conocer este rasgo diferencial respecto a las colonias españolas y portuguesas.

En unas pocas décadas Jamestown demostró que Inglaterra podía mantener asentamientos permanentes en América. Tras consolidarse la colonia de Virginia, se introdujo la economía del tabaco y se organizó una representación local con la fundación en 1619 de la llamada House of Burgesses. Este será el modelo de gestión de las colonias inglesas en America, con fuerte autonomía local, bajo cartas reales y compañías privadas.

Un año más tarde, El Mayflower llegó a la costa de América del Norte. fue el 9 de noviembre de 1620 según el calendario juliano usado entonces en Inglaterra que equivale al 19 de noviembre de 1620 en el calendario gregoriano actual. En el barco viajaban Alrededor de 102 colonos, hombres, mujeres y niños, además de la tripulación del barco formada por 25–30 personas. Su destino era la colonia de Virginia, pero tormentas marinas los llevaron a Cape Cod en la actual Massachusetts, en la costa de Plymouth. Familias enteras, a diferencia del caso de Virginia, viajaban con los colonos 30 mujeres con 25 niños y adolescentes.

Los que llegaron a Cape Cod en 1620 eran procedentes en su mayoría de zonas del este y centro de Inglaterra como Nottinghamshire, Lincolnshire, Yorkshire o Londres. Eran artesanos, campesinos o comerciantes. Tenían en común el ser separatistas puritanos ingleses que creían que la Iglesia de Inglaterra no se había reformado lo suficiente tras el protestantismo, y por tanto, querían separarse completamente de la iglesia oficial. Buscaban crear comunidades religiosas “puras”. Habían emigrado a Leiden, en los países bajos, buscando libertad religiosa, pero encontraron dificultades económicas, trabajos duros y mal pagados y además sentían miedo a perder su identidad inglesa, especialmente en cuanto a los hijos. Sentían temor a la asimilación cultural, como muchos inmigrantes sienten hoy en sus países de acogida.

De esas necesidades surgió el proyecto de fundar una nueva comunidad en América y decidieron, contratar el May Flower, que pertenecía a un armador inglés entre los Merchant Adventurers y armadores de Londres. Era un barco mercante utilizado normalmente para transporte y comercio.

Es difícil calcular el coste del viaje del Mayflower, pero historiadores estiman que la operación completa costó aproximadamente entre 1.500 y 2.000 libras de la época. Mucho dinero si se tiene en cuenta que un trabajador a cuenta ajena podía ganar 10 libras al año.

El proyecto fue financiado por dos grupos principales, los inversores de Londres, que aportaban la mayor parte del capital y esperaban beneficios a medio plazo en forma de madera, pescado, pieles y expansión comercial, y los colonos o “pilgrims” que tenían pocos recursos, pero aportaban trabajo, organización comunitaria y parte del esfuerzo inicial.  Los beneficios de la colonia serían compartidos y durante 7 años, todo iría a una “caja común” para luego repartir tierras y ganancias. Los colonos eran, en la práctica, trabajadores endeudados del proyecto

En teoría el plan era comercial, pero en la práctica ocurrió que las ganancias no llegaban y los beneficios para los inversores tampoco, por tanto, se derrumbó el sistema comercial y lo que quedó, fue, a partir de 1630, una comunidad, semi-autónoma de supervivencia. Los inversores abandonaron el proyecto o vendieron sus derechos, los colonos comenzaron a trabajar para sí mismos y se repartieron tierras individuales, convirtiendo a Plymouth en una sociedad de pequeños propietarios agrícolas. Un proyecto pensado para generar beneficios económicos terminó creando una de las primeras sociedades basadas en propiedad individual, autogobierno y comunidad religiosa, el embrión, por así decirlo, de lo que serían los Estados Unidos.

Maryland nació cuando el rey inglés concedió un territorio a un noble católico, Cecil Calvert, Lord Baltimore, que recibió la carta colonial en 1632. El objetivo oficial era crear una colonia estable en la costa atlántica como un refugio para católicos ingleses en un país mayoritariamente protestante. Maryland se convirtió rápidamente en una colonia del sur con economía agrícola para el cultivo del tabaco, igual que Virginia, con grandes propiedades rurales, trabajo intensivo y dependencia creciente de mano de obra no libre, primero sirvientes y luego esclavos africanos.

Voy a aclarar esto de los sirvientes, porque es muy interesante para comprender la historia de los Estados Unidos. El sistema de “indentured servants” (sirvientes por contrato) fue una forma de trabajo muy común en las colonias inglesas de América durante los siglos XVII y principios del XVIII, especialmente en zonas como Virginia y Maryland y consistía en que una persona aceptaba trabajar durante un periodo determinado, normalmente entre cuatro y siete años,  a cambio de que otra persona o compañía pagara su viaje desde Europa a América, ya que cruzar el Atlántico era caro y no estaba al alcance de los más pobres.

Durante ese tiempo, el sirviente estaba obligado a trabajar para un amo, generalmente un colono o plantador, sin recibir salario, aunque el amo debía proporcionarle comida, alojamiento y condiciones básicas de vida. El contrato podía ser vendido o transferido, lo que hacía que el trabajador tuviera muy poco control sobre su situación. Sin embargo, al finalizar el periodo de servicio, la persona obtenía la libertad y, en muchos casos, recibía una pequeña compensación como ropa, herramientas o incluso tierras para empezar una nueva vida como colono independiente.

La mayoría de estos sirvientes procedían de Inglaterra, Irlanda, Escocia y Alemania, y eran sobre todo campesinos pobres, artesanos sin trabajo o jóvenes sin herencia. Este sistema fue fundamental para el crecimiento inicial de las colonias inglesas, ya que proporcionó mano de obra barata en una época en la que todavía era difícil atraer colonos libres. Seguramente estarás pensando que este sistema se parece mucho al que hoy se sigue practicando por mafias, que importan trabajadores de países pobres a los mercados europeos, a cambio de contraer una deuda con los inversores que, en la práctica, les convierte en esclavos laborales o sexuales.

Maryland desarrolló una estructura social típica del sur colonial con grandes terratenientes pertenecientes a la élite católica y protestante y pequeños agricultores libres. Esto creó una sociedad mucho más desigual que en Nueva Inglaterra, que, desde el principio, originaba tensiones entre católicos fundadores y protestantes llegados después, conflictos políticos sobre el control de la colonia y episodios de violencia y cambios de poder

Con el tiempo, los protestantes pasaron a ser mayoría y se formó un tipo de sociedad típica del sur colonial, la religión como motivo de migración, la economía de plantación basada en el tabaco, dependiente del trabajo forzado de esclavos y contratados y una fuerte desigualdad social.

Entre 1642 y 1660, Inglaterra estuvo agitada por un conflicto político-religioso, la guerra civil inglesa, y por tanto, prácticamente aislada de lo que ocurría en las colonias y viceversa. Tras la Restauración de la monarquía inglesa con Carlos II, Inglaterra quería reforzar su control colonial y competir con Holanda y Francia reorganizando territorios mal definidos. Esto explica la toma de Nueva Ámsterdam, la moderna New York, y la creación de nuevas colonias intermedias.

Con la conquista de Nueva Ámsterdam 1664, capital de la colonia holandesa de Nueva Holanda, un centro comercial muy activo en el río Hudson comienza la colonización estatal de America por parte de Inglaterra. Los neerlandeses se rindieron sin gran resistencia y la colonia pasó a llamarse Nueva York, en honor al Duque de York, futuro Jacobo II. Nueva York se convirtió en un gran puerto comercial y un punto estratégico entre Nueva Inglaterra y el sur. Una colonia muy diversa habitada por holandeses, ingleses, alemanes, etc. una de las colonias más cosmopolitas desde el inicio.

Dos años más tarde se fundó New Jersey, poco después de la toma de Nueva York, pero, el nuevo territorio se separó administrativamente de Nueva York y se entregó a los propietarios ingleses, Lord Berkeley y Sir George Carteret. En New Jersey había una fuerte presencia de pequeños agricultores sin una capital dominante clara, una colonia agrícola de tamaño medio con una diversidad religiosa creciente

En 1681 se fundó Pennsylvania, cuando William Penn recibió el territorio como pago de una deuda del rey Carlos II. La ideología cuáquera de La Sociedad de Amigos, ideología de Penn, defendía la igualdad espiritual, el rechazo de jerarquías religiosas rígidas, el pacifismo y la tolerancia religiosa. Pennsylvania se convirtió en un experimento social, donde Penn creó una colonia planificada con amplia libertad religiosa y un gobierno relativamente participativo. Además, Penn intentaba tener un trato más justo hacia los pueblos indígenas, comparado con otras colonias. Filadelfia se convirtió rápidamente en la ciudad más importante de las colonias, lugar donde más tarde se escribiría la Declaración de Independencia.   

Pennsylvania fue clave en la formación de una sociedad civil americana basada en la libertad porque, desde su fundación en 1681 por William Penn, se organizó sobre principios muy distintos a los de la mayoría de las colonias inglesas. Penn, que era cuáquero, pertenecía a un grupo religioso perseguido en Inglaterra por su rechazo a la jerarquía eclesiástica y su defensa de la tolerancia, y quiso crear en América una sociedad donde la libertad de conciencia fuera real. Por eso, Pennsylvania ofreció desde el inicio una amplia libertad religiosa a distintos grupos protestantes e incluso cierta tolerancia hacia otras confesiones, lo que atrajo a cuáqueros, luteranos, menonitas, reformados alemanes y otros inmigrantes.

A diferencia de colonias más jerárquicas, su vida política también fue relativamente participativa, con asambleas representativas activas y una menor dominación de élites hereditarias, lo que fomentó una cultura de debate, negociación y desconfianza hacia el poder excesivo. Además, recibió una inmigración muy diversa, lo que impidió la formación de una identidad única dominante y obligó a desarrollar formas de convivencia basadas en el acuerdo más que en la imposición.

En el plano económico, predominaban los pequeños propietarios agrícolas y artesanos, especialmente alrededor de Filadelfia, lo que creó una sociedad más igualitaria en términos relativos que las colonias de plantación del sur. Todo esto convirtió a Pennsylvania en un espacio donde la libertad religiosa, la propiedad independiente y la participación política se combinaban de manera práctica.

La ciudad de Filadelfia se transformó así en un centro de imprentas, importantísimas para el comercio e intercambio de ideas ilustradas. En conjunto, Pennsylvania funcionó como un laboratorio social donde se demostró que una comunidad plural, sin una religión oficial estricta y basada en pequeños propietarios y gobierno representativo, podía sostenerse sin una autoridad coercitiva fuerte, lo que contribuyó de manera decisiva a la idea de una sociedad civil americana fundada en la libertad y el consentimiento. Aquí están las bases de lo que tres cuartos de siglo más adelante, se convertiría en el nacimiento de una nueva nación.

En 1682 se fundó Delaware, originalmente parte de la región controlada por Suecia y luego Holanda, pasa a manos inglesas con Nueva York y se separó para quedar vinculada a Pennsylvania. Esta pequeña colonia nació con una población diversa compuesta de ingleses, suecos y neerlandeses.

Aunque Carolina fue fundada 1663, su estructura no estuvo completa hasta 1712. La colonia inicial fue concebida inicialmente como una gran concesión territorial a un grupo de nobles, los Lords Propietors, pero su tamaño y diversidad la hicieron difícil de gobernar. Carolina era demasiado extensa y heterogénea, con el norte dominado por pequeños agricultores y un comercio local, y el sur con sus grandes plantaciones y puertos importantes

La última colonia británica en América del Norte es Georgia cuya fundación impulsada por James Oglethorpe, se realizó 1732, por razones de defensa, como colonia frontera contra el imperio español en Florida.  Oglethorpe intentó un experimento diferente, limitando las grandes plantaciones y prohibiendo inicialmente la esclavitud. Él quería fomentar pequeños agricultores libres y acoger deudores británicos, una idea reformista dentro del sistema colonial. Pero con el tiempo, las restricciones se relajaron y se permitió la esclavitud y, las plantaciones, fueron tomando las mismas características que las de Carolina del Sur.

Así, llegando a la segunda mitad del siglo XVIII la población de las colonias británicas en América del Norte era de aproximadamente de 1,2 millones para en 1774 pasar a 2,1 a 2,5 millones de habitantes, según las fuentes existentes, se dobló la población en 25 años. Alrededor de medio millón de aquellos americanos eran esclavos.  

El conflicto

El conflicto que llevó a la secesión de las colonias británicas en América, la declaración de independencia de 1776, y la consiguiente guerra, fue una crisis política progresiva entre dos formas de entender el imperio.

En esencia, se trataba de si el Parlamento británico tenía derecho a gobernar y gravar a las colonias, o si debían las colonias gobernarse a sí mismas. El slogan “no taxation without representation” representa muy bien las causas del problema. Tras la Guerra de los Siete Años, Gran Bretaña quedó con una enorme deuda. El gobierno decidió que las colonias debían contribuir a los costes del imperio mediante impuestos como el Stamp Act (1765), impuestos sobre té, papel, vidrio, etc. y medidas comerciales restrictivas. El problema era que los colonos no tenían representación en el Parlamento británico y por eso respondieron oponiéndose a las nuevas reformas tributarias: “Sin representación no hay impuestos”

La posición británica era que el Parlamento era soberano en todo el imperio y por tanto, las colonias estaban subordinadas y podían ser gobernadas y gravadas desde Londres. Pero, según los colonos, solo las asambleas locales podían imponer impuestos internos. Los colonos eran súbditos con derechos ingleses. Para ellos, la representación era esencial para la legitimidad política. Gran Bretaña quería financiar su imperio, mientras las colonias americanas defendían su economía local. Especialmente importante era el control del comercio del té y los monopolios de la Compañía de las Indias Orientales que infringían restricciones al comercio colonial

El conflicto se intensificó con medidas como el Tea Act (1773), que desembocó en el llamado Boston Tea Party, cuando los colonos destruyeron cargamentos de té en protesta contra el impuesto, lo que marcó un punto de no retorno y una escalada hacia el conflicto armado.  En respuesta, Londres impuso las llamadas “Coercive Acts” (o Intolerable Acts) que incluían el cierre del puerto de Boston, la ocupación militar y la reducción del autogobierno de Massachusetts, transformando la crisis política en una crisis de ocupación.

Minutemen

La independencia americana fue el resultado de una combinación muy concreta de factores militares, geográficos, políticos y internacionales. El Imperio británico era más fuerte en papel, pero tenía desventajas decisivas en una guerra larga a distancia.

Cuando estalla la guerra (1775), tras Lexington y Concord, el conflicto no es equilibrado porque Gran Bretaña disponía de un ejército profesional y disciplinado y la marina más poderosa del mundo. Gran Bretaña era un Imperio global con recursos enormes. Las colonias americanas disponían de milicias locales (minutemen) y mucho menos dinero y armas que Londres, pero tenía la ventaja clave del territorio con distancias enormes, bosques y ríos, caminos difíciles.

Los minutemen fueron milicias coloniales de las Trece Colonias británicas en América del Norte, formadas en el siglo XVIII como una fuerza de civiles armados capaces de movilizarse rápidamente en caso de conflicto, de ahí su nombre, que significa que podían estar listos “en un minuto”. Eran una versión más entrenada y preparada de las milicias locales tradicionales, compuestas por agricultores, artesanos y vecinos que asumían la defensa de sus comunidades sin pertenecer a un ejército profesional.

Su organización fue especialmente importante en colonias como Massachusetts, donde la tensión con Gran Bretaña aumentó rápidamente por los impuestos, las restricciones comerciales y la presencia de tropas británicas. Los minutemen se entrenaban con frecuencia, guardaban armas en depósitos locales y elegían a sus propios oficiales, lo que reflejaba una estructura muy descentralizada y comunitaria.

Su papel histórico decisivo se produjo en abril de 1775, durante las Batallas de Lexington y Concord, cuando tropas británicas salieron de Boston para confiscar armas coloniales. Los minutemen fueron alertados rápidamente por mensajeros y se enfrentaron a los soldados británicos, dando lugar a los primeros disparos de la guerra de independencia de Estados Unidos. Este episodio marcó el inicio del conflicto armado entre las colonias y el Imperio británico.

Más allá de su función militar, los minutemen simbolizaban una idea política importante: la defensa de la comunidad por ciudadanos libres, sin depender de un ejército permanente del rey. Representaban así el ideal de autogobierno y la creciente desconfianza hacia la autoridad imperial británica, convirtiéndose en un símbolo del nacimiento de la resistencia americana. La especial relación que los norteamericanos siguen teniendo con las armas, tiene su origen en la necesidad de defender las libertades con las armas en la mano. La Segunda Enmienda de 179,  en su texto original dice:

“Siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas no será infringido.”

La ayuda prestada por Francia y España

Emboscadas y guerras de desgaste hacían que, aunque los británicos ganaban batallas, perdían tiempo, dinero y control territorial. Los americanos no necesitaban “derrotar” completamente a los británicos. Su estrategia fue evitar batallas decisivas al inicio y mantener la resistencia para prolongar el conflicto. El objetivo político era hacer que la guerra se volviera demasiado costosa para Gran Bretaña.

George Washington logró mantener unido un ejército muy desigual, evitando la descomposición militar y dar continuidad política a la rebelión, Pero, el factor decisivo fue la ayuda internacional. Sin ayuda externa, la independencia hubiera sido muy difícil, por no decir imposible.

Francia entró oficialmente en la guerra en 1778 proporcionando tropas, dinero y armas, especialmente su marina. España atacó posiciones británicas en el Caribe y de esta manera, debilitó la capacidad global británica. El punto de inflexión, sin duda, fue el control del mar, porque Gran Bretaña dependía de su flota.

Sin control absoluto del mar, Gran Bretaña no podía reforzar ni abastecer eficazmente sus tropas en América. El momento decisivo se produjo en Yorktown (1781), donde, tropas americanas apoyadas por el ejército francés rodearon a los británicos mientras la marina francesa bloqueó la evacuación, forzando la rendición británica en el terreno. Pero, lo que los americanos deberían recordar, es que, la victoria de Yorktown no habría sido posible sin la financiación de España, que contribuyó no solo con la sangre de sus soldados, sino con la plata de Cuba y la recolectada en Nueva España (hoy México, Salvador, Guatemala, Honduras y Costa Rica) con la aportación que hicieron indios, mestizos, criollos y españoles, en lo que fue una contribución excepcional de los hispanos a la derrota de Inglaterra y a la independencia de los Estados Unidos, fácil de olvidar, parece hoy pero, ahí está la historia para el que la quiera conocer. El historiador José Manuel Guerrero Acosta profundiza en esta olvidad cuestión.[2]

Aunque la guerra continuó formalmente un tiempo, Gran Bretaña ya no podía sostener el conflicto y firmó en 1783 el reconocimiento de la independencia en el llamado Tratado de París. Pero, lo que se celebró ayer fue la Declaración de Independencia La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América (The unanimous Declaration of the thirteen united States of America), un documento redactado por el segundo Congreso Continental, en la Cámara Estatal de Pensilvania, ahora Salón de la Independencia, en la ciudad de Filadelfia el 4 de julio de 1776, que proclamó que las Trece Colonias norteamericanas, entonces en guerra con el Reino de Gran Bretaña, se autodefinían como trece nuevos Estados soberanos e independientes y no reconocían el dominio británico. Para no cansar, ya que todos conocemos el contenido de este documento, me conformo con citar algunos párrafos:

“Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los lazos políticos que lo han unido a otro…” Aquí parecen los colonos americanos considerarse ya como un pueblo definido, que durante un tiempo ha permanecido unido a otro. No contemplan una sedición, sino más bien un divorcio.

“Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales, que su Creador los dota de ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.” Aquí parece que los padres de la nación americana, olvidaron completamente la existencia de medio millón de africanos, traídos y mantenidos como esclavos en las colonias. Tampoco se refiere a las mujeres, como bien dice “los hombres” y no los humanos. Pero, hay que reconocer que La Declaración de Independencia, redactada en su mayor parte por Thomas Jefferson, incluía un párrafo demoledor contra la esclavitud, que fue borrado tras intensos debates.

Jefferson había escrito en su borrador una acusación directa contra el rey Jorge III: lo culpaba de haber impuesto la esclavitud a las colonias y de fomentar el comercio de seres humanos. El pasaje denunciaba con dureza la “crueldad execrable” de la trata: Jefferson pintaba la esclavitud como una imposición británica, contraria a la dignidad humana y a la libertad que proclamaban los colonos. Era un texto incómodo y a la vez visionario, pero no totalmente honesto, ya que el propio Jefferson era esclavista.

“Ha librado una cruel guerra contra la propia naturaleza humana, violando sus más sagrados derechos a la vida y a la libertad en las personas de un pueblo lejano que nunca le había ofendido, capturándolas y llevándolas a la esclavitud en otro hemisferio, o condenándolas a una muerte miserable durante el transporte. Este infame comercio, oprobio de los poderes infieles, constituye la guerra del rey cristiano de Gran Bretaña. Decidido a mantener abierto un mercado donde los hombres puedan ser comprados y vendidos, ha prostituido su prerrogativa vetando todos los intentos legislativos de prohibir o restringir este execrable comercio; y para que este cúmulo de horrores no carezca de un hecho distintivo, ahora mismo está incitando a esas mismas personas a levantarse en armas contra nosotros y a conquistar la libertad de la que las había privado, asesinando a aquellos sobre quienes también la había impuesto; pagando así con crímenes cometidos contra las libertades de un pueblo los crímenes que había cometido contra las vidas de otro.”[3]

La explicación que da el propio Jefferson en su autobiografía es que: “La cláusula que condenaba la esclavización de los habitantes de África fue suprimida por consideración hacia Carolina del Sur y Georgia, que nunca habían intentado restringir la importación de esclavos y, por el contrario, deseaban que continuara. Nuestros hermanos del Norte tampoco mostraron mucho interés en mantener esa condena, pues algunos de ellos habían participado de manera considerable en el transporte de esclavos para otros.” Esto lo explica todo, ¿verdad?

Quiero señalar otro párrafo importante a mi entender, porque muestra la continuidad de las ideas que surgieron ya en el siglo XVI, sobre el origen del poder:

“Que para garantizar estos derechos se instituyen gobiernos entre los hombres, que derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados…” Importante este paso: “el consentimiento de los gobernados”, no por la Gracia de Dios, sino por el consentimiento de los gobernados. Todo el poder emana del pueblo, el súbdito se convierte en ciudadano, sin todavía nombrarlo como tal.

Más sobre el papel de España en la emancipación de las colonias británicas en América

España apoyó la independencia de los Estados Unidos principalmente por razones geopolíticas. En el siglo XVIII, España y Gran Bretaña eran rivales imperiales en todo el mundo, en el Caribe, en América del Norte y en el Mediterráneo. Por eso, cuando estalló la guerra entre las colonias americanas y Gran Bretaña en 1775, España vio la oportunidad de debilitar a su enemigo histórico sin necesidad de entrar inicialmente como aliada directa de los insurgentes.

Esta situación cambió en 1779, cuando España, bajo el gobierno de Carlos III, entró en guerra contra Gran Bretaña como aliada de Francia, dentro del sistema de pactos borbónicos. A partir de ese momento, la ayuda española fue decisiva, aunque no siempre coordinada directamente con los líderes estadounidenses. La figura más importante fue Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, quien organizó campañas militares desde el Mississippi y logró expulsar a los británicos de posiciones clave como Baton Rouge, Mobile y Pensacola, asegurando así el control español del Golfo de México y debilitando el flanco sur británico.

Además, la marina española operó en el Caribe y en el Atlántico, atacando bases británicas, interrumpiendo rutas comerciales y obligando a Inglaterra a dispersar sus fuerzas en varios frentes. Esta presión global fue fundamental para reducir la capacidad británica de concentrarse en la guerra en Norteamérica. También hubo cierta colaboración indirecta a través del comercio y el uso de puertos como Nueva Orleans, lo que ayudó a los colonos americanos a mantener suministros.

Sin embargo, España no reconocía inicialmente la independencia de Estados Unidos como objetivo propio, porque también temía el ejemplo de una rebelión colonial que pudiera extenderse a sus propios territorios en América. Solo más tarde aceptó la existencia del nuevo Estado, y entonces comenzaron nuevas tensiones, ya que España seguía controlando territorios estratégicos como Florida y Luisiana, lo que dio lugar a conflictos posteriores.

Cuando las barbas del vecino veas pelar…

Y llegaron las noticias sobre la revolución americana a Europa en el bagaje de combatientes de la contienda americana. Uno de ellos Lafayette, otro su amigo, el sueco Axel von Fersen. La noticia de la declaración había llegado a Londres durante la segunda semana de agosto de 1776 a bordo del barco correo Mercury, que transportaba importante correspondencia del general William Howe dirigida a Lord George Germain, fechada los días 7 y 8 de julio en State Island.

La London Gazette, órgano oficial de la Corona británica, fue el primer periódico en dar la noticia en su edición del sábado 10 de agosto. En un breve extracto de una carta de Howe, de apenas dieciséis palabras y ciento seis caracteres, que recuerda por su concisión a un mensaje de las actuales redes sociales, se leía: “Se me ha informado de que el Congreso Continental ha declarado a las Colonias Unidas Estados libres e independientes.”

Más tarde ese mismo día, el periódico London Evening-Post publicó su propia versión de la noticia de última hora:

“Se ha recibido información de que el Congreso resolvió proclamar la independencia el 4 de julio y ha declarado formalmente la guerra a Gran Bretaña.”

La misma nota apareció también en la edición del martes 13 de agosto del London Chronicle y, finalmente, el miércoles, el Morning Chronicle and London Advertiser informaba de que:

“Copias de las declaraciones de guerra de los provinciales se encuentran ya en la ciudad y se dice que están redactadas en los términos más enérgicos.”

Este fue el primer conocimiento oficial que tuvo el gobierno y la opinión pública británica de que las Trece Colonias habían dado un paso irreversible: ya no reclamaban únicamente la restitución de sus derechos como súbditos de la Corona, sino que se proclamaban Estados libres e independientes, iniciando formalmente una guerra por su separación del Imperio británico.

Lo que ocurrió a continuación lo sabemos de sobra. Una nueva revolución, la francesa, inspirada a todas luces en la americana, la época napoleónica y el nacimiento de un nuevo orden mundial. Pero, todo eso lo trataremos en otras entradas. Ahora, quiero simplemente volver a la cuestión de las mujeres en las colonias. Como vimos anteriormente, los ingleses y los franceses se preocuparon de enviar mujeres para ayudar a colonizar las nuevas tierras. Fue una estrategia completamente distinta de la que practicaron los españoles. Miremos las causas y las consecuencias.

Para los españole, la llamada conquista fue inicialmente una empresa militar. Los primeros viajes de Cristóbal Colón, Hernán Cortés o Francisco Pizarro estaban formados sobre todo por soldados, marineros y aventureros. El objetivo era explorar, conquistar y obtener riquezas, no fundar comunidades familiares de inmediato.

La Corona fomentó después en cierta manera la emigración femenina. A partir del siglo XVI, las autoridades comprendieron que era necesario crear una sociedad estable. Se concedieron algunas licencias para que viajaran esposas e hijas, e incluso se financiaron viajes de mujeres solteras para que contrajeran matrimonio en América. Muchas mujeres castellanas, extremeñas, andaluzas y canarias emigraron durante los siglos XVI y XVII.

Pero, al contrario que ocurrió en las colonias inglesas o francesas, el mestizaje fue aceptado desde muy temprano. Debido a la escasez inicial de mujeres españolas, muchos conquistadores establecieron relaciones con mujeres indígenas. De esas uniones nació una amplia población mestiza. Aunque existían diferencias legales y sociales, la monarquía española reconoció jurídicamente a muchos hijos mestizos, algo muy distinto de lo que ocurrió en las colonias inglesas o francesas.

Y así llegamos inevitablemente a la cuestión del trato que España, respective Francia e Inglaterra, dieron a los indígenas. En el caso español, la conquista comenzó como una empresa militar encabezada por figuras como Hernán Cortés y Francisco Pizarro, pero muy pronto se transformó en un sistema imperial organizado. Los indígenas fueron considerados formalmente vasallos del rey, se impulsó su evangelización y se desarrolló un marco legal como las Leyes de Indias que, al menos en teoría, buscaban regular su protección. En la práctica hubo explotación, guerras, epidemias devastadoras y sistemas laborales como la encomienda o la mita, pero también una integración relativamente alta, con mestizaje amplio entre españoles, indígenas y africanos.

En cambio, en las colonias inglesas de lugares como Virginia o Nueva Inglaterra, el modelo fue distinto desde el inicio. La colonización se basó en asentamientos agrícolas de familias europeas que tendieron a ocupar el territorio, y los pueblos indígenas fueron vistos en general como externos al sistema colonial. Esto generó menos mezcla cultural y biológica y más bien un proceso de desplazamiento progresivo e incluso de expulsión y aniquilación de las poblaciones indígenas mediante conflictos, tratados desiguales y expansión territorial.

El modelo francés en Nueva Francia fue intermedio. La presencia europea era menor y la economía dependía mucho del comercio de pieles, lo que obligó a establecer alianzas con diferentes pueblos indígenas. Hubo cooperación militar y comercial, e incluso algo de mestizaje, aunque en menor escala que en el mundo hispano. En general, los franceses tendieron más a la alianza y el intercambio que a la sustitución demográfica.

En conjunto, puede decirse que España buscó integrar a los indígenas dentro de un sistema jerárquico imperial con fuerte mestizaje, Inglaterra tendió a la separación y el desplazamiento, y Francia apostó más por la cooperación estratégica basada en el comercio. Sin embargo, en los tres casos hay que admitir que hubo violencia, desigualdad y profundas transformaciones para las sociedades indígenas, aunque con lógicas coloniales diferentes.


[1] No se la inventó el, sino que proviene de la biblia, donde la formulación más conocida aparece en la Segunda Epístola a los Tesalonicenses, atribuida al apóstol Pablo de Tarso. En 2 Tesalonicenses 3:10 se lee:

“Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.” En la puerta del asilo de los pobres y ancianos de Lund, se podía leer hasta bien entrado el siglo XX esta frase, grabada en la piedra del portal de la institución, que hoy se conserva en Kulturen. Lenin, también la uso en su tratado El Estado y la Revolución.

[2] https://www.unveilingmemories.com/es/events/yorktown-spanish-money-for-a-decisive-victory/

[3] Rough Draft of the Declaration of Independence. Library of Congress.

España y la Independencia de los Estados Unidos – Real Academia de la Historia