Hoy estamos a 28 de junio de 2025. Lo escribo aquí, porque hay cosas que ocurren que parece como si hubiera que recordar la fecha en que estamos, en la misma época en que se utiliza la edición génica ultra selectiva para corregir mutaciones en humanos, inmunoterapias avanzadas contra el cáncer, la fusión nuclear es cada vez más viable y se empiezan a desarrollar reactores solares para convertir CO₂ en combustibles sostenibles, en esta misma época, hay gente que se dedica con todo su poder, todos sus conocimientos y todos sus recursos, a destruir vidas y haciendas, demoliendo ciudades enteras, con sus bibliotecas, laboratorios, universidades, hospitales, escuelas etc.
Podríamos pensar que se trata de seres diferentes, orcos maléficos, extraterrestres, diferentes a nosotros. Pero, no, no son orcos ni alienígenas, son gente normal, que ha jugado al escondite con sus amigos, ha aprendido a leer con la ayuda de algunos cuentos edificantes, ha ido a la escuela y estudiado algo de ética y filosofía, en la mayoría de los casos, claro. Hombres, sobre todo hombres, y algunas mujeres, muchos de ellos bastante jóvenes, aunque los más poderosos por el momento están ya en la tercera edad. Gente normal, podríamos decir, sí, pero gente que está dispuesta a dar ordenes de destrucción sin vacilar. Gente que cree que puede solucionar conflictos con ayuda de las armas de destrucción, al coste de muchas vidas de propios y ajenos.
Y, no es que la resolución de conflictos sea algo en lo que nadie haya pensado hasta ahora, no, porque la historia está llena de buenos propósitos y de teorías sobre la resolución de conflictos. En nuestra cultura tenemos por ejemplo la Ecechiria, que en griego antiguo significa armisticio o tregua. No es la solución de un conflicto, pero es un concepto de pausa para discernir como llegar a su solución. Los griegos lo usaban entre otras cosas para proclamar la tregua olímpica y el que osaba romperlo, encontraba consecuencias muy negativas, como bien pudieron experimentar en su día los reyes de Macedonia y Esparta. Pierre de Coubertin intento soplar vida en la Ecechiria para proponer la celebración de las olimpiadas en Berlín en 1916, en medio de la primera guerra mundial, las del 1912 se celebraron en Estocolmo y las de 1916 se deberían haber celebrado en Berlín. Coubertin no consiguió la tregua, y las olimpiadas se celebraron, como sabéis, en la capital alemana veinte años después.
En la India, Ashoka el Grande, concibió la paz budista (India, siglo III a.C., tras la sangrienta guerra de Kalinga. Ashoka abrazó el budismo y promovió la ética compasiva del Dhamma. Los principios del Dhamma eran en primer lugar la no violencia (ahimsa), que conocemos de la actividad de Gandhi, la promoción activa de la no violencia hacia humanos y animales. En segundo lugar, la tolerancia religiosa, con respeto y protección de todas las creencias. El respeto es central, y el tercer principio es el respeto filial a los padres, maestros y mayores. En cuarto lugar, asumir la moderación y humildad, rechazando los lujos excesivos y la arrogancia, algo con lo que el señor Bezos parece no estar muy de acuerdo. El quinto principio es el de la justicia y compasión, y el emperador nombro “oficiales del Dhamma” para ayudar a los más vulnerables, viudas, ancianos, presos, etc. el sexto principio es la propia base: la educación moral, fomentando los valores éticos en toda la sociedad. El séptimo y último, que muchos políticos modernos deberían estudiar, es el de la buena administración: una guía de gobierno justo y cuidadoso. Ashoka hizo grabar estos principios en edictos tallados en roca y pilares por todo su imperio y hoy se conservan más de 30 de ellos, en idiomas que los pueblos locales entendían. La paz duró tanto como el resto de su reinado, unos 30 años, desde el 261 a.C. hasta la muerte de Ashoka en el 232 a.C. Después de su muerte, sus herederos no tuvieron la suficiente perseverancia para mantener la paz.
La paz se mantuvo mientras el poder renunció a la expansión militar: Ashoka abandonó toda política de conquista tras Kalinga. En lugar de ejércitos, envió emisarios religiosos, diplomáticos y éticos a otras regiones. Fomentando un intercambio pacifico. Aunque no completamente exento de conflictos, su imperio vivió un período de calma y administración ética sin precedentes.
Es muy posible que Ashoka, además de ser influenciado por el budismo, lo fuera por la escuela Mohista, fundada en China por Mozi o Mo Tzu[1] en el siglo V a.C. Los mohistas rechazaban el belicismo, y defendían la paz universal y el amor imparcial.
Cuando pensamos en los grandes nombres del pacifismo, solemos mirar hacia Occidente: Sócrates, Jesús, Tolstói, Gandhi, Bertrand Russell… Pero hubo también, mucho antes, en la antigua China, un pensador que se atrevió a levantar la voz contra la guerra en una época feroz de conflictos continuos. Su nombre fue Mozi, y su legado, olvidado fuera del mundo sinológico, es uno de los más radicales y modernos intentos por pensar una sociedad ética, práctica y pacífica.
Mozi vivió en el siglo V a.C., durante el llamado Período de los Estados Combatientes, una era en que los reinos de China se enfrentaban en luchas constantes por el poder. Era un tiempo de militarización, fortificaciones, espionaje y destrucción masiva, muy parecido a lo que vivimos hoy. En ese escenario, Mozi, probablemente de origen humilde y formación artesanal, elaboró una filosofía que fue tan audaz como coherente: oponerse activamente a la guerra, denunciar la injusticia y proponer un nuevo orden social basado en el amor universal. La escuela fundada por Mozi, conocida como mohismo, se caracteriza por una serie de principios que anticipan muchas ideas que solo siglos más tarde reaparecerían en Occidente:
Mozi afirmaba que la raíz de los conflictos era el favoritismo, amamos a nuestra familia, clan o país, pero ignoramos a los demás. En lugar de ello, proponía un amor universal, imparcial, sin jerarquías, porque si todos se amaran mutuamente como a sí mismos, no habría guerras, ni hurtos, ni odio”. No se trataba de sentimentalismo, sino de una ética racional de la coexistencia que también conocemos del cristianismo, en las palabras de Jesús, según Mateo 5:43-48: “43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”
La escuela de Mozi se basa en principios que pueden considerarse modernos. El primero es el amor imparcial, pues, según Mozi la raíz de los conflictos era el favoritismo: amamos a nuestra familia, clan o país, pero ignoramos a los demás. En lugar de ello, proponía un amor universal, imparcial, sin jerarquías. No se trataba de sentimentalismo, sino de una ética racional de la coexistencia.
Mozi habla claro: la guerra de conquista es un crimen. Consideraba a los reyes que emprendían guerras por ambición aún peores que los ladrones comunes. Calculaba, con detalle, el coste humano, económico y moral de cada conflicto. Su pensamiento fue pionero en deslegitimar éticamente la guerra como instrumento político.
Aunque defendía la paz, Mozi también formó a sus discípulos en ingeniería militar defensiva, ayudando a ciudades pequeñas a protegerse de ataques. Este pacifismo “técnico”, basado en la protección de los débiles, revela un pensamiento realista, no ingenuo.
Para Mozi el buen gobierno debía estar basado en el mérito. Se oponía a los ritos fastuosos, las castas y los linajes. Para Mozi, el buen gobierno debía basarse en la eficacia, la justicia y la ayuda a los pobres, no en ceremonias vacías ni privilegios heredados. El mohismo era profundamente igualitario y anticlerical.
Tras la unificación de China bajo la dinastía Qin (221 a.C.), el mohismo fue perseguido y casi desapareció, mientras el confucianismo se convirtió en doctrina oficial. Sin embargo, su influencia no se borró del todo e inspiró a generaciones posteriores de pensadores técnicos, reformistas y críticos del autoritarismo. En la China moderna, donde algunos intelectuales vieron en Mozi un modelo de racionalismo ético y utilidad social, ha sido redescubierto. Esperemos que sirva de algo. Sus ideas sobre el pacifismo basado en la lógica y la responsabilidad colectiva anticipan debates contemporáneos sobre desarme, justicia global y gobernanza moral.
El pensamiento de Mozi nos recuerda que la paz no necesita religión ni utopías, sino ética, coherencia y razón práctica. Fue un pacifista sin templos, sin mitos, sin dogmas. Solo tenía argumentos y una profunda fe en que el sufrimiento humano no es inevitable, sino que nace de la injusticia, la avaricia y el desprecio por el otro. Tal vez por eso su voz resuena todavía hoy, 2500 años después, con una fuerza serena y luminosa. A Trump, a Netanyahu, a Xi Jinping, a Rutte y también a Sánchez y a Kristersson, les recomiendo la lectura de los pensamientos de Mozi, aprovechando las vacaciones.
[1] https://archive.org/details/motzubasicwritings/page/n21/mode/2up
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