¿Tu verdad? No, la Verdad,

y ven conmigo a buscarla.

La tuya, guárdatela.

Así escribe Antonio Machado en Proverbios y Cantares y, estas palabras me dan mucho que pensar, porque ayer, en la fiesta de graduación del hijo de una amiga, entré en conversación con la abuela del graduado, sobre cosas así de sencillas como la verdad y la credibilidad de los medios. Ella desde su perspectiva progresista de izquierdas y yo desde mi enfoque social-liberal, nos pusimos de acuerdo en que los medios de comunicación tradicionales no son de fiar. Tenemos nuestras razones para desconfiar. Acompáñame en un pequeño paseo por la historia y te explicaré.

La razón de ser del periodismo en sus comienzos fue, ante todo, transmitir información de interés público. Surgió como una necesidad social ligada al comercio, la política, las guerras y la administración de los Estados. Antes de la aparición de los periódicos impresos, las noticias circulaban mediante cartas, pregoneros, viajeros y mercaderes. “Darle tres cuartos al pregonero” es una expresión antigua que significa hacer pública una cosa que debería permanecer reservada, contarla a todo el mundo o divulgar indiscretamente un asunto privado. En las ciudades comerciales de la Europa renacentista, especialmente en Venecia, Amberes y Augsburgo, los comerciantes necesitaban saber qué ocurría en otros lugares, ya fueran precios, cosechas, conflictos, rutas marítimas o cambios políticos. La información tenía un valor económico directo.

En la antigua Roma existían las Acta Diurna[1], creadas en tiempos de Julio César hacia el año 59 a. C. que eran tablones públicos donde se anunciaban decisiones oficiales, acontecimientos políticos y noticias de interés general. Con la invención de la imprenta en el siglo XV, comenzó a ser posible difundir noticias de manera más amplia. Ya a comienzos del siglo XVII comienzan a salir publicaciones periódicas como Relation aller Fürnemmen und gedenckwürdigen Historien[2], publicado en 1605 en la ciudad de Estrasburgo y Courante uyt Italien, Duytslandt, &c.[3], publicado en Ámsterdam, considerado el primer periódico en formato similar al actual. Les siguieron La Gazette[4], publicada en París en 1631, Oxford Gazette 1655[5], que poco después pasó a llamarse The London Gazette y aún se publica.

El periódico más antiguo de España del que se tiene constancia es la Gaceta de Madrid, fundada en 1661[6] durante el reinado de Felipe IV. Antes de la Gaceta circulaban las llamadas relaciones de sucesos, hojas impresas que informaban sobre batallas, coronaciones, naufragios, milagros o acontecimientos extraordinarios. No eran periódicas, pero constituyen un antecedente importante del periodismo español.

Suecia posee uno de los periódicos más antiguos del mundo que aún existen. Se trata de Ordinari Post Tijdender,[7] fundado en 1645 en Estocolmo durante el reinado de Cristina de Suecia. Desde 2007 continúa publicándose en formato digital bajo la responsabilidad de la Bolagsverket y la Post- och Inrikes Tidningar.

La función principal de estas publicaciones periódicas no era opinar, sino informar sobre acontecimientos, guerras, decisiones de los gobernantes, movimientos comerciales y sucesos extraordinarios.

Mientras que en España y en otros países, la prensa temprana estuvo muy vinculada a la monarquía y al control de la información por parte del Estado, en Suecia se produjo un desarrollo particularmente importante de la libertad de prensa. En 1766, el parlamento sueco aprobó la Ley de Libertad de Prensa de 1766, considerada la primera ley del mundo que garantizaba tanto la libertad de prensa como el acceso público a documentos oficiales.

El gran cambio ocurrió durante la Ilustración en el siglo XVII. Fue entonces cuando empezaron a aparecer publicaciones que ya no solo informaban, sino que discutían ideas. Posiblemente fueron The Tatler[8] publicado en 1709, seguido por The Spectator[9], los que introdujeron un nuevo tipo de periodismo que constaba de tres innovaciones fundamentales: la voz del autor, con la aparición de una opinión identificable en la que ya no se ofrecen solo hechos sino también interpretación, la vida cotidiana como tema central, incorporando las modas, el comportamiento social y la ética personal, y el lector como ciudadano crítico, al que no se busca únicamente informar, sino también formar criterio.

En ciudades como Londres, los cafés eran centros de debate donde se leían estos textos y allí se formaba una nueva cultura basada en la lectura colectiva de prensa, la discusión de ideas y el nacimiento de la opinión pública moderna. Los periódicos contribuyeron de forma decisiva a la formación de los partidos políticos, porque transformaron opiniones dispersas en corrientes de pensamiento públicas y estables, ayudaron a crear identidades políticas compartidas entre los lectores y difundieron de manera continua ideas, programas y críticas. En ese proceso, la prensa actuó como un espacio de articulación ideológica donde distintos grupos comenzaron a reconocerse y organizarse, lo que favoreció la aparición de los partidos modernos como estructuras políticas con base social y proyección pública.

Pero, el concepto de imparcialidad que muchos echamos de menos, no estaba allí al principio. En realidad, la idea de periódicos completamente imparciales no ha existido en sentido absoluto, aunque sí ha habido intentos de acercarse a ese ideal. En los primeros siglos del periodismo, los periódicos no se concebían como neutrales, sino como instrumentos de información política, comercial o incluso ideológica, y muchos estaban vinculados a gobiernos, facciones o partidos.

La noción de imparcialidad surge más tarde, sobre todo a finales del siglo XIX y durante el siglo XX, con el desarrollo de grandes diarios de masas y agencias de noticias, cuando se establece la separación entre información y opinión y se profesionaliza la redacción periodística. Sin embargo, incluso en ese modelo, la selección de noticias, las fuentes utilizadas y el enfoque de los hechos introducen siempre algún grado de interpretación. Por ello, la imparcialidad en el periodismo se entiende más como un ideal profesional que como una realidad plena.

Volviendo a nuestra conversación de ayer, referente a la credibilidad de los medios, los dos, cada uno desde nuestra perspectiva, sentíamos que los medios tradicionales no eran de fiar. La verdad es que no se con que lo comparamos. Hablamos de El País[10], que “ya no es lo que era” y de otros medios, como la televisión o la radio. Sentimos que no nos informan de lo que ocurre en el mundo, que nos ocultan cosas, que mienten, sencillamente. Pero, pensándolo bien: ¿Quién no oculta lo que no le conviene que se conozca? ¿Quién no exagera los defectos del contrario?

Creo que estamos obligados a aceptar que toda información lleva un sesgo político; aunque se quiera presentar como imparcial. El gran riesgo para el debate es que solamente busquemos los medios que opinan como nosotros, porque, de esa manera matamos el debate, imposibilitamos el consenso y asfixiamos el entendimiento necesario para construir un mundo mejor. Con el tiempo, con la edad y el paso de los años, que, a lo mejor, me da cierta perspectiva, empiezo a pensar que lo importante es que la sociedad progrese. La confrontación no sirve para el progreso, lo imposibilita. Sí, yo también me considero progresista, porque desearía que la sociedad avanzase hacia la abolición de la pobreza, la paz mundial y la seguridad de todos. Yo creo que hay que escuchar a todos, también a los que no piensan como nosotros, porque la verdad, no es la tuya ni la mía y hay que ir de la mano a buscarla.


[1] https://www.nationalgeographic.fr/histoire/culture-generale-acta-diurna-le-premier-quotidien-de-histoire-etait-romain

[2] https://www.deutsche-digitale-bibliothek.de/item/IIAVYRMFQEYCAG2YFOKGKFXMCUFMDMC7

[3] https://archive.org/details/courante-uyt-italien-duytslandt-c.-1618-11-15

[4] https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/cb32780022t/date&rk=21459;2

[5] https://www.loc.gov/item/sn2002058162/

[6] https://www.oldnews.com/en/newspapers/spain/madrid/madrid/gaceta-de-madrid

[7] https://sveperlit.kb.se/1/1_1.htm

[8] https://www.gutenberg.org/cache/epub/13645/pg13645-images.html

[9] https://www.gutenberg.org/files/9334/9334-h/9334-h.htm

[10]