A mis compañeros de partido les digo desde hace ya muchos años que, en política, la música, los himnos, es algo que hay que tomar en serio. Me miran, así un poco condescendientes, y siguen con sus cosas, pero yo sé, que sin música no hay política que cuaje. Eso lo sabía o lo intuyó Philippe-Frédéric de Dietrich[1], primer alcalde constitucional de Estrasburgo, y por eso organizó una reunión en su casa, durante la cual, pidió al joven capitán de ingenieros Claude Joseph Rouget de Lisle que compusiera una canción patriótica para animar a los soldados franceses que iban a combatir. Esto ocurrió durante la noche del 25 al 26 de abril de 1792. Rouget de Lisle, que debía ser muy musical y productivo, escribió el “Chant de guerre pour l’Armée du Rhin” el que después sería conocido como “La Marsellesa”.

Después de la Revolución Francesa, La Marsellesa quedó vinculada a la idea de soberanía popular, ciudadanía y lucha contra la tiranía. Por eso fue recuperada por distintos movimientos revolucionarios del siglo XIX, incluidos sectores obreros. Durante las revoluciones de 1830 y 1848, La Marsellesa volvió a sonar en las calles como símbolo de insurrección popular. Para muchos trabajadores representaba la defensa de la libertad, la lucha contra la monarquía y los privilegios y la idea de que el pueblo podía cambiar el orden político. Durante la Comuna de París,1871, La Marsellesa fue cantada por los revolucionarios parisinos y su uso se internacionalizó, a la vez que lo hacía el movimiento obrero.

Otro himno, “La Internacional”, escrita en 1871 por Eugène Pottier y musicalizada en 1888 por Pierre De Geyter, sustituyo a la Marsellesa en ámbitos socialistas. Por tanto, no voy muy desencaminado cuando desearía que tuviésemos un himno propio. Sin ir más lejos, un partido populista, antecesor de los Demócratas Suecos, Ny Demokrati[2] (Nueva Democracia), que logró entrar en el parlamento sueco, acompañaba sus mítines con una canción muy pegadiza y fácil de cantar, aquí traducido al castellano:

Häng med, häng med! (Ven con nosotros)[3]

Ven con nosotros, ven con nosotros, ahora venimos en marcha

Aquí llegamos nosotros, los que odiamos todo paternalismo y tutela.

Ven con nosotros, ven con nosotros, luchamos y peleamos,

porque tenemos fuerza, aquí debajo de nuestro zueco.

Ahora nos reunimos para la rebelión y la lucha,

toda Suecia da un gran salto hacia adelante.

Contra la burocracia y el Estado protector que todo lo controla,

por impuestos más bajos y un IVA reducido en los alimentos.

Ven con nosotros, ven con nosotros, ahora venimos en marcha

Aquí llegamos nosotros, los que odiamos todo paternalismo y tutela.

Ven con nosotros, ven con nosotros, luchamos y peleamos,

porque tenemos fuerza, aquí debajo de nuestro zueco.

Avanzamos con toda nuestra fuerza, con las compuertas abiertas,

vamos a provocar un gran terremoto.

Quitad las prohibiciones y dejad libre al ser humano,

los elefantes bailarán al ritmo de nuestra melodía.

Aquí llega el equipo sueco, un conjunto

que lucha por un régimen popular,

que respira alegría y aire más limpio.

Lo que hace falta es el simple sentido común.

Ven con nosotros, ven con nosotros, ahora venimos en marcha

Aquí llegamos nosotros, los que odiamos todo paternalismo y tutela.

Ven con nosotros, ven con nosotros, luchamos y peleamos,

porque tenemos fuerza, aquí debajo de nuestro zueco.

Oye, conde, lo importante no son los grandes ingresos, sino los pequeños gastos.

¡Por todos los demonios, Karlsson, cuando la economía aprieta, ENTONCES AVANZAMOS CON TODA NUESTRA FUERZA!

Ven con nosotros, ven con nosotros, ahora venimos en marcha

Aquí llegamos nosotros, los que odiamos todo paternalismo y tutela.

Ven con nosotros, ven con nosotros, luchamos y peleamos,

porque tenemos fuerza, aquí debajo de nuestro zueco.

“Häng med” no pretendía crear una identidad histórica nacional, sino movilizar a un electorado descontento mediante una canción de campaña moderna, más cercana al jingle político que al himno revolucionario, pero funcionó.

Bueno pues, dicho esto, vamos a seguir con el tema de “Spain is different”, donde nos quedamos ayer, en Cataluña. La cosa es que, la revuelta llamada De los Segadores, esos doce años de guerras y asedios, que para Pierre Vilar fue una crisis social y política de la Monarquía Hispánica, una revuelta campesina provocada por los alojamientos militares, las cargas fiscales y los abusos de las tropas, fue posteriormente asumida y transformada por las instituciones catalanas en una crisis política contra la monarquía de Felipe IV. Los resultados para los catalanes en general y la burguesía barcelonense en particular fueron altamente nocivos:

“La producción debió de verse igualmente afectada. Pese a los acuerdos firmados con motivo de la aceptación de la soberanía francesa, los mercados del vecino país no se abrieron fácilmente, mientras que, por el contrario, «drogas» y textiles franceses invadían más que nunca las tiendas catalanas; pese al alza de los precios nominales, pese a las prohibiciones de 1644 (apenas aplicadas, por lo demás, hasta 1650), los artesanos barceloneses podían quejarse de ser progresivamente eliminados por una competencia extranjera que beneficiaba sólo a algunos comerciantes. Cosa curiosa: los consellers, en 1650, atribuían la evasión de oro y plata, el alza de los precios y la miseria, no a la inflación, sino a la importación creciente de productos extranjeros. En esto se basó muy particularmente la propaganda de los catalanes que se mantuvieron fieles al rey de España: la unión con Francia había sido un error económico; cabe pensar que el argumento hacía mella.”[4]

Dos siglos después, las consecuencias de la Guerra dels Segadors, habían sido olvidadas y, con la distancia en el tiempo, las reticencias contra los violentos jornaleros parece que ya no existían. Corrientes nacionalistas, despertadas por las guerras napoleónicas y basadas en la idea de “la nación” como el ente cultural y político del que emana el estado, llegaron a Cataluña, despertando lo que se dio en llamar la Renaixença.

Si buscamos las raíces más profundas de este movimiento cultural llegamos hasta el momento en que se crea el término folklore por el arqueólogo británico William John Thoms, quien el día 22 de agosto de 1846 publicó en la revista The Ateneum una carta en la que proponía este nuevo concepto en su significado etimológico de “saber del pueblo” o “sabiduría popular”.

En su carta, Thoms, que firmaba con el seudónimo de Ambrose Merton, animaba a recoger y coleccionar aquellos conocimientos que se iban perdiendo: “los usos, las costumbres, las supersticiones, las baladas, los proverbios, etc., de los tiempos antiguos”[5]. Además, la recopilación de los datos debía realizarse entre las “clases incultas de las naciones civilizadas”. Probablemente, estas dos características, el interés por las manifestaciones tradicionales y, en concreto, aquellas de las que son portadoras las clases populares, se convirtieron en las dos constantes más significativas de la historia del folklore, desde sus inicios hasta la actualidad.

Con la difusión de los conceptos Volkskunde y Volkslehre (sabiduría popular), y términos posteriores como traditions populaires, demopsicología[6], etc., comenzó a revidase la concepción de “pueblo”.  Desde la óptica romántica, el papel y el significado de las lenguas autóctonas pasaban a ocupar un lugar central y se revalorizaban los derechos forales y consuetudinarios, lo que hacía surgir un creciente interés, hacia la historia, la literatura oral y la poesía popular.

Herder desempeñó un papel fundamental en la primera etapa de los estudios folklóricos con sus Volkslieder (1778-1779), en los que otorgó a la lengua materna un valor esencial, al considerarla el reflejo del espíritu de una nación y el espacio donde cada pueblo conserva y transmite su sabiduría colectiva y su experiencia histórica ancestral. Esta valoración de la cultura popular explica que los primeros estudios folklóricos dirigieran su atención hacia la recuperación de los cantos y baladas conservados por transmisión oral. La obra pionera de Herder, los Volkslieder (1778-1779), abrió el camino a otras recopilaciones europeas, entre las que destacan los Minstrelsy of the Scottish Border (1802-1803) de Walter Scott y trabajos semejantes desarrollados en Italia y Francia.

En España, Agustín Durán publicó su libro Romancero General en 1843[7] y, seguidos, diez años más tarde de la Observaciones sobre la poesía popular con muestras de romances inéditos de Manuel Milà i Fontanals[8]. Ambos ejemplos representan los intereses románticos, filológicos y folklóricos tal como se estaban desarrollando en el Estado español a mediados del siglo XIX.

Estos ejemplos muestran cómo, a mediados del siglo XIX, en el Estado español se extendía un nuevo interés por las manifestaciones de la cultura popular desde una perspectiva romántica, filológica y folklórica. En Cataluña, sin embargo, este fenómeno adquirió unas características propias dentro de un contexto cultural, político e ideológico más amplio: la Renaixença, el movimiento de recuperación de la lengua, la literatura y la memoria histórica catalana que marcó buena parte de la segunda mitad del siglo XIX.

Fue en este ambiente cuando la cultura popular dejó de ser considerada simplemente como un conjunto de tradiciones antiguas para convertirse en una fuente de identidad colectiva. La recopilación de canciones, romances y leyendas populares adquirió un nuevo significado, pues en ellas se buscaban las huellas del pasado histórico y del supuesto “espíritu del pueblo”. En este proceso destacó especialmente Manuel Milà i Fontanals uno de los grandes filólogos españoles del siglo XIX, profesor de la Universidad de Barcelona y maestro de varias generaciones de intelectuales vinculados a la Renaixença.

Milà i Fontanals desempeñó un papel fundamental en la recuperación de la poesía y las canciones tradicionales catalanas. En 1882 publicó en su obra Romancerillo catalán. Canciones tradicionales una versión de esta composición, recogida de la tradición oral, permitiendo que un canto que había sobrevivido durante generaciones llegara hasta la época contemporánea y pudiera convertirse posteriormente en uno de los símbolos más importantes de Cataluña.

Su relación con “Els Segadors” es decisiva, aunque él no escribió el himno, recogió y publicó en 1882 una versión de la antigua canción popular sobre la Guerra dels Segadors en su obra Romancerillo catalán. Canciones tradicionales. En esa recopilación se conservó un texto que hasta entonces había sobrevivido principalmente por transmisión oral.

“Ai, ditxosa Catalunya,

qui t’ha vista rica i plena!

Ara el rei nostre senyor

declarada ens té la guerra.

Lo gran comte d’Olivar

sempre li burxa l’orella.”[9]

El camino de “Els Segadors” hasta convertirse en el himno de Cataluña fue un proceso de recuperación, adaptación y reinterpretación propio del contexto de la Renaixença. La antigua canción popular vinculada a la Guerra dels Segadors había sobrevivido durante generaciones gracias a la transmisión oral, pero fue la labor de recopiladores como Manuel Milà i Fontanals la que permitió fijarla por escrito y darle una nueva proyección cultural.

Posteriormente, en 1892, el músico y compositor Francesc Alió realizó una adaptación musical de aquella canción popular recogida por Milà. Su versión apareció en un momento en que el interés por la lengua, la historia y las tradiciones catalanas estaba estrechamente ligado al movimiento de la Renaixença y al crecimiento del catalanismo cultural y político. Alió convirtió una antigua canción de memoria histórica en una pieza musical susceptible de ser interpretada públicamente como símbolo colectivo.

El paso decisivo llegó en 1899, cuando la Unió Catalanista convocó un concurso para dotar al movimiento catalanista de nuevos símbolos. Emili Guanyavents presentó una nueva letra para “Els Segadors”, basada en la antigua canción popular pero adaptada a la sensibilidad política de finales del siglo XIX. La nueva versión abandonaba el carácter narrativo de la canción del siglo XVII y transformaba la memoria de la revuelta contra Felipe IV en un canto de afirmación colectiva y de reivindicación de las libertades catalanas.

Así, “Els Segadors” fue adquiriendo un significado político con el paso del tiempo. Primero fue una canción popular sobre los acontecimientos de la Guerra dels Segadors, después, una pieza recuperada por los estudiosos del folklore y finalmente, con la música de Francesc Alió y la letra de Emili Guanyavents, se convirtió en un símbolo del catalanismo de finales del siglo XIX. En 1931, con la proclamación de la Generalitat republicana, fue reconocido como himno oficial de Cataluña, y tras la recuperación de la autonomía en 1979 volvió a ser declarado himno oficial por la Generalitat, ya en 1993.

Els Segadors, himno oficial de Cataluña:

Catalunya triomfant,

tornarà a ser rica i plena.

Endarrere aquesta gent

tan ufana i tan superba.

Bon cop de falç!

Bon cop de falç, defensors de la terra!

Bon cop de falç!

Ara és hora, segadors.

Ara és hora d’estar alerta.

Per quan vingui un altre juny,

esmolem ben bé les eines.

Bon cop de falç!

Bon cop de falç, defensors de la terra!

Bon cop de falç!

Que tremoli l’enemic

en veient la nostra ensenya:

com fem caure espigues d’or,

quan convé seguem cadenes.

Bon cop de falç!

Bon cop de falç, defensors de la terra!

Bon cop de falç!

Los Segadores (traducción al castellano)

Cataluña triunfante,

volverá a ser rica y plena.

¡Atrás esta gente

tan ufana y tan soberbia!

¡Buen golpe de hoz!

¡Buen golpe de hoz, defensores de la tierra!

¡Buen golpe de hoz!

Ahora es hora, segadores.

Ahora es hora de estar alerta.

Para cuando venga otro junio,

afilemos bien las herramientas.

¡Buen golpe de hoz!

¡Buen golpe de hoz, defensores de la tierra!

¡Buen golpe de hoz!

Que tiemble el enemigo

al ver nuestra enseña:

como hacemos caer espigas de oro,

cuando conviene segamos cadenas.

¡Buen golpe de hoz!

¡Buen golpe de hoz, defensores de la tierra!

¡Buen golpe de hoz!


[1] En 1793, durante la fase más radical de la Revolución (el Terror), el hombre que impulsó el himno revolucionario acabó siendo víctima de la propia Revolución. De Dietrich fue acusado de moderantismo y de traición. Fue detenido, juzgado por el Tribunal Revolucionario y guillotinado en París el 29 de diciembre de 1793.

[2] Ny Demokrati fue un partido político sueco que apareció de forma espectacular en 1991 y que entró en el Parlamento sueco (Riksdagen) ese mismo año. Fue un fenómeno político muy particular, una mezcla de populismo liberal, crítica al Estado del bienestar, reducción de impuestos y rechazo de la burocracia, con una forma de comunicación muy poco tradicional para la política sueca de la época. Decían que defendían el sentido común frente a la burocracia y exigían una política migratoria más restrictiva que la de los partidos establecidos en Suecia. El partido fue fundado y liderado por un conde, Ian Wachmeister, y un productor discográfico, Bert Karlsson.

[3] https://www.youtube.com/watch?v=rzXYMstw920

[4] https://arxiujosepserradell.cat/wp-content/uploads/2025/02/Catalu%C3%B1a-en-la-Espa%C3%B1a-moderna_-Volumen-I-Pierre-Vilar-2018-lineasdesaparecidas-9788491990406-e996cdf04397248b2f2fd50fe85fd41b-Anna%E2%80%99s-Archive.pdf

[5] o one who has made the manners, customs, observances, superstitions, ballads,

proverbs, &c., of the olden time his study, but must have arrived at two

conclusions:—the first, how much that is curious and interesting in these matters is

now entirely lost-the second, how much may yet be rescued by timely exertion.

What Hone endeavoured to do in his ‘Every-Day Book,’ &c., the Athenæum, by its

wider circulation, may accomplish ten times more effectually—gather together the

infinite number of minute facts, illustrative of the subject I have mentioned, which

are scattered over the memories of its thousands of readers, and preserve them in its

pages, until some James Grimm shall arise who shall do for the Mythology of the

British Islands the good service which that profound antiquary and philologist has

accomplished for the Mythology of Germany. The present century has scarcely

produced a more remarkable book, imperfect as its learned author confesses it to be,

than the second edition of the ‘Deutsche Mythologie:’ and, what is it?—a mass of

minute facts, many of which, when separately considered, appear trifling and

insignificant,—but, when taken in connexion with the system into which his master

mind has woven them, assume a value that he who first recorded them never

dreamed of attributing to them.

How many such facts would one word from you evoke, from the north and from

the south—from John o’ Groat’s to the Land’s End! How many readers would be

glad to show their gratitude for the novelties which you, from week to week,

communicate to them, by forwarding to you some record of old Time—some

recollection of a now neglected custom—some fading legend, local tradition, or

fragmentary ballad!

Nor would such communications be of service to the English antiquary alone. The

connexion between the Folk-Lore of England (remember I claim the honour of

introducing the epithet Folk-Lore, as Disraeli does of introducing Father-Land, into

the literature of this country) and that of Germany is so intimate that such

communications will probably serve to enrich some future edition of Grimm’s

Mythology.

[6] Literalmente significa “estudio del alma del pueblo” o “psicología del pueblo”, un concepto relacionado con la idea alemana de Volksgeist (espíritu del pueblo), desarrollada por pensadores como Johann Gottfried Herder.

[7] https://archive.org/details/romancerogenera06durgoog/page/n9/mode/2up

[8] https://archive.org/details/observacionesso00fontgoog/page/n11/mode/2up

[9] https://archive.org/details/romancerillocata00mily/page/n9/mode/2up