Esperando las elecciones del 13 de septiembre aquí en Suecia, desde mi posición en una caseta de mi partido, Liberalerna, como ya sabéis, me paso los días hablando de política. Las conversaciones llevan a menudo a discutir sobre la inmigración, primero desde una perspectiva sueca, pero inevitablemente también desde una perspectiva europea y global.
En esas conversaciones aparecen una y otra vez las mismas preguntas: ¿por qué emigra la gente?, ¿qué es lo que la empuja a abandonar su país?, ¿qué es lo que la atrae hacia Europa?, ¿hasta dónde puede y debe llegar la capacidad de acogida de nuestras sociedades? Y, sobre todo, ¿cómo podemos conciliar el derecho de las personas a buscar una vida mejor con la necesidad de que los Estados mantengan el control de sus fronteras y de que la inmigración pueda ser integrada?
Hoy he leído un artículo que mi amigo Víctor acaba de escribir sobre el problema de Ceuta. Me parece que plantea algunas cuestiones fundamentales, pero también que deja fuera una parte importante del problema. Por eso he pensado que lo mejor sería contestarle aquí, en mi blog, ya que el tema toca muchas de las cuestiones que suelo discutir en este espacio.
En tu artículo, escribes, con toda la razón, que Europa no puede convertirse en una fortaleza aislada del resto del mundo. Pero de ahí no se sigue que cuanto más permeables sean sus fronteras, mejor funcionará el proyecto europeo. Yo me paso los días, durante estas últimas semanas, explicando a los que quieren oír y pasan por nuestra caseta del partido, la posición de nuestro partido frente a la inmigración, y la política que queremos seguir en Suecia. En parte, Suecia ha sido también una de las “puertas de Europa” por donde han entrado cientos de miles de inmigrantes de todas las categorías, entre los que yo, lógicamente, me encuentro. Yo suelo decirles que para entender el fenómeno migratorio conviene empezar por algo bastante más elemental, preguntarse simplemente por qué migra la gente.
Aquí, les suelo decir, que la teoría clásica de los factores push & pull nos ofrece una buena herramienta para hacerlo. Los factores push, como bien conoces, son aquellos que empujan a una persona a abandonar su lugar de origen, ya sea pobreza, desempleo, falta de perspectivas, guerras, inseguridad, persecución, corrupción, estados débiles, ausencia de servicios públicos o, simplemente, la expectativa de que sus hijos podrán tendrán un futuro mucho peor que en otro lugar. Los factores pull, en cambio, son los que atraen hacia otro país, posibilidades de empleo, salarios más altos, seguridad, educación, sanidad, Estado de derecho, libertad, estabilidad política y redes familiares o comunitarias ya establecidas.
Europa posee una extraordinaria capacidad de atracción precisamente porque ha conseguido construir sociedades relativamente seguras, prósperas, libres y con amplios sistemas de protección social, aunque siempre algo defectuosas. Es absurdo considerar esa atracción como un problema moral. Al contrario, pienso yo, que una persona de un país pobre quiera vivir en una sociedad europea constituye, en cierto sentido, el reconocimiento del éxito de la sociedad europea.
Pero hay una segunda conclusión que no podemos ignorar, y es que, si los factores pull son extraordinariamente fuertes y los factores push siguen siendo enormes, los movimientos migratorios tenderán a aumentar. Al llegar aquí, algunos me pregunta si a mí personalmente y a mi partido nos parece que Suecia debería admitir más migrantes y yo les respondo que nuestra puerta deberá siempre estar abierta, pero que nosotros (Suecia) debemos conservar la llave.
No basta con decir que Europa debe mantener sus fronteras abiertas porque Europa se ha enriquecido históricamente gracias a los intercambios. Una cosa es defender la circulación de personas, mercancías, capitales e ideas como principio general y otra muy diferente es sostener que una sociedad política puede prescindir de toda regulación sobre quién entra, en qué número, por qué vías y con qué derechos y obligaciones.
El comercio internacional no funciona sin reglas. Tampoco funciona así la libre circulación dentro de la propia Unión Europea. ¿Por qué habría de ser diferente con la inmigración procedente del exterior? Además, hay que distinguir entre fenómenos diferentes. Una persona que huye de una guerra, alguien perseguido políticamente, un trabajador que busca empleo y una persona que se desplaza porque quiere reunirse con su familia pueden tener razones perfectamente comprensibles para emigrar, pero no constituyen exactamente el mismo fenómeno jurídico ni político. El derecho de asilo y la política migratoria son cuestiones relacionadas, pero no idénticas. La verdadera cuestión, por tanto, no es elegir entre una Europa abierta y una Europa fortaleza. Es mucho más complicada, pues se trata de ¿cómo gestionar los factores push y pull de manera que la inmigración sea compatible con la capacidad de integración de las sociedades europeas?
A mi entender hay que actuar en los dos extremos. En el lado push, Europa puede contribuir a reducir las causas que expulsan a las personas de sus países de origen, fomentando el desarrollo económico, la educación, la estabilidad institucional, la cooperación, la prevención de conflictos y la creación de oportunidades en los países de origen. No se trata de una fantasía según la cual la ayuda al desarrollo eliminará la emigración. De hecho, durante las primeras fases del desarrollo económico la movilidad puede incluso aumentar, porque más personas adquieren los recursos necesarios para emigrar. Pero a largo plazo, una sociedad con más prosperidad, seguridad y oportunidades ofrece menos razones para emigrar por necesidad.
En el lado pull, Europa tiene que reconocer una realidad igualmente evidente, que son obvias, ya que sus propias condiciones de vida generan demanda migratoria. No es una anomalía. Es exactamente lo que predice el modelo. Cuanto mayor sea la diferencia entre las oportunidades existentes en Europa y las existentes en los países de origen, mayor será la presión migratoria.
Por eso una política migratoria seria debería combinar fronteras controladas con vías legales de entrada, una política de asilo eficaz y rápida, inmigración laboral vinculada a las necesidades reales del mercado de trabajo y una política mucho más exigente de integración lingüística, educativa y laboral. La inmigración no sustituye a una política demográfica, ni la población inmigrante se integra por generación espontánea.
Europa necesita trabajadores, pero también necesita ciudadanos capaces de participar en unas sociedades complejas. Necesita médicos, ingenieros, investigadores, cuidadores, trabajadores industriales y empresarios, pero necesita igualmente escuelas capaces de integrar a los hijos de los inmigrantes y sociedades capaces de transmitir sus principios democráticos.
Unos Estados Unidos de Europa deberían, si llegasen a ser realidad, tomarse más en serio la cuestión de las fronteras exteriores. Una comunidad política no puede tener una política exterior, una política de defensa, una moneda común y un mercado interior, pero dejar una cuestión tan decisiva como la inmigración fundamentalmente fragmentada entre los Estados miembros. Si Europa quiere ser una unión política, necesita una política migratoria europea.
Eso significa fronteras exteriores comunes, procedimientos comunes de asilo, acuerdos comunes con los países de origen y tránsito, una distribución razonable de responsabilidades entre los Estados miembros y, sobre todo, una política europea de integración. La alternativa no es una Europa abierta frente a una Europa cerrada. La verdadera alternativa es una Europa políticamente capaz de decidir o una Europa incapaz de decidir. A eso me refiero con lo de guardar la llave.
También resulta discutible, a mi modo de pensar, presentar toda defensa de un mayor control migratorio como una consecuencia del nacionalismo o de la ultraderecha. Se puede defender una inmigración generosa y al mismo tiempo sostener que las fronteras deben estar controladas. Se puede defender el derecho de asilo y exigir que las solicitudes se tramiten con rapidez. Se puede reconocer la enorme aportación económica y cultural de la inmigración y, simultáneamente, exigir que quien llega aprenda la lengua, trabaje cuando pueda hacerlo y respete las leyes y las normas democráticas del país de acogida.
De hecho, la ausencia de una política migratoria eficaz puede terminar fortaleciendo precisamente a las fuerzas populistas que tú temes en tu artículo. Cuando los ciudadanos perciben que los gobiernos han perdido el control de las fronteras o que la inmigración no está siendo gestionada, la reacción puede ser mucho más radical que si existe una política ordenada, previsible y legítima. El error, creo yo, está en plantear la cuestión como una elección entre humanidad y control. No existe tal contradicción.
Europa debe conservar aquello que hace que millones de personas quieran vivir en ella, la libertad, la seguridad, la democracia, la educación, la prosperidad y el Estado de derecho. Pero precisamente porque esos bienes son valiosos, debe tener capacidad para protegerlos. El modelo push & pull nos recuerda que las migraciones no se producen solamente porque alguien empuja desde fuera, sino también porque algo atrae desde dentro. Europa es uno de los mayores polos de atracción del planeta porque ha construido sociedades extraordinariamente deseables. Eso no es motivo para avergonzarse, pero tampoco es motivo para pensar que las fronteras han dejado de existir. Lo que Europa necesita es exactamente aquello que tú reclamas en el último párrafo: más Europa. Una Europa capaz de proteger sus fronteras sin renunciar al asilo, capaz de seleccionar y ordenar la inmigración laboral, capaz de integrar a quienes llegan, capaz de combatir las causas que generan migraciones forzadas y capaz, sobre todo, de decidir democráticamente cuánta inmigración puede integrar y de qué manera. Gracias como siempre por compartir.

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