¡Lo que es la vida! El año pasado, me encontré sin querer, fortuitamente y como quien no quiere la cosa, con una feria del pensionista en L´Hospitalet de Llobregat. Me pareció una buenísima idea, un lugar donde se reúnen todas las actividades que se le puede ofrecer a la gente madura, los ricos en años, como nos llamamos aquí en Suecia, a los que hemos llegado a esa edad en que nos dan unas flores y nos mandan a casa de aquel lugar en que hemos pasado más de media vida.
Todo no termina con la jubilación, al contrario, porque hay cosas que comienzan en el momento en que disponemos de todo nuestro tiempo. Yo me apresuré a comunicar a todos mis conocidos de lo que allí vi y sobre todo a Tove Klette, nuestra Grand Old Lady, que maneja el grupo de Liberala seniorer, los liberales jubilados. No sabía que en Malmö se hacía un festival de las mismas características desde hacía tres años.
Hoy he participado en el festival “Seniorfestivalen” de forma activa, en el stand de los liberales, repartiendo información y semillas de nuestra flor, la flor que simboliza nuestro partido, el aciano. Entre sonrisas y palabras de apoyo, la mayoría de los visitantes que se aproximan a nuestro stand, muestran su simpatía y nos desean buena suerte. Se nota que la táctica de nuestro partido ha sido buena y creo que tenemos razones para sentirnos optimistas ante las elecciones de septiembre.
La Seniorfestivalen de Malmö es, ante todo, una celebración de la vida activa al llegar a la vejez, un espacio donde la edad no se concibe como retirada sino como una etapa fértil de curiosidad, aprendizaje y sociabilidad. Se trata de una feria pública que reúne durante unos días, habitualmente en el recinto de la Malmömässan, como es el caso hoy, a miles de personas mayores de 65 años que desean seguir explorando el mundo, ya sea a través de viajes, nuevas actividades, conocimientos prácticos o simplemente el encuentro con otros.
La idea central del evento es sencilla pero muy poderosa: ofrecer, bajo un mismo techo, una síntesis de todo aquello que puede enriquecer la vida cotidiana de los mayores. Allí se encuentran expositores de ámbitos muy diversos, salud, tecnología, vivienda, economía, cultura o turismo, junto a especialistas dispuestos a orientar, aconsejar y dialogar directamente con los visitantes. Este contacto directo, casi artesanal, entre experiencia y necesidad, convierte la feria en algo más que un escaparate, la transforma en una forma de acompañamiento vital.
Pero la Seniorfestivalen no es solo un lugar de información, sino también de experiencia. El visitante puede asistir a conferencias sobre temas tan variados como el bienestar físico, la economía personal o las relaciones humanas o participar en actividades prácticas, desde ejercicios suaves hasta demostraciones tecnológicas, o dejarse llevar por un programa escénico que incluye música, danza y entrevistas. Todo ello configura un ambiente en el que el aprendizaje se mezcla con el entretenimiento, y donde el conocimiento no se impone, sino que se ofrece con ligereza.
Hay además un elemento esencial que atraviesa toda la propuesta, la comunidad, el sentirse acompañado. La Seniorfestivalen funciona como un punto de encuentro donde las personas no solo consumen información, sino que se reconocen mutuamente en una misma etapa de la vida. Hoy me he dado cuenta que es muy importante reconocerse en los otros.En ese sentido, la feria responde a una transformación cultural profunda, la del envejecimiento entendido no como declive, sino como continuidad activa, como una prolongación del deseo de vivir con sentido, autonomía y apertura.




Leave a Reply