Una vez al mes, nos reunimos los once miembros del consejo de enseñanza de Lund. Somos tres liberales, entre los que me encuentro, dos socialdemócratas, dos moderados (derecha), una representante del partido de los verdes, un representante de los cristianodemócratas, uno de la izquierda y uno de los demócratas suecos. El partido del centro no tiene representación en la mesa, pero participa en las discusiones, ya que tiene un suplente, y los suplentes, que también son once, tienen voz pero no derecho al voto. Por esas cosas raras de la política, los moderados, cristianodemócratas y la izquierda apoyan siempre o casi siempre todo lo que viene de los socialdemócratas, cunado llega la hora de las votaciones y, por tanto, nos dejan a los liberales arrinconados, con los votos del partido verde y, en ocasiones, sin que haya un acuerdo formal, de los demócratas suecos.
Para el que no lo sepa, nosotros en Barn- och skolnämnden (consejo o junta de enseñanza) del municipio de Lund somos el órgano político responsable de la educación infantil, la clase preescolar, la escuela primaria y los servicios de ocio escolar (fritidshem) dentro del municipio. Tenemos 16 000 niños de 2 a 16 años y 3 500 profesores, personal auxiliar y administradores, con un presupuesto de 3 000 millones de coronas suecas, más o menos 300 millones de euros.
En la práctica, en la junta establecemos los marcos generales de funcionamiento de las escuelas de Lund: cómo se distribuyen los recursos económicos, cuáles son los objetivos de la educación y qué decisiones importantes deben tomarse sobre la organización del sistema escolar. También se encarga de cuestiones como la asignación de plazas escolares, el transporte escolar y distintas medidas de apoyo para los alumnos. Somos el nivel político que decide la orientación y las reglas generales, mientras que la administración y los directores se ocupan de que las escuelas funcionen en la vida cotidiana.
Os explico todo esto para que os pongáis en la situación en la que me encontré en nuestra última reunión. Uno de los puntos a tratar fue el último pronóstico de natalidad y a eso dedico hoy esta entrada. Resulta que, desde principios de este siglo, se han ido haciendo pronósticos que, uno tras otro, han demostrado equivocarse, por la sencilla razón que plas mujeres de esta ciudad parecen como si se hubieran puesto de acuerdo para concebir menos hijos de los previstos por nuestros estadísticos. Parece una broma, pero es una cosa muy seria, al menos para los que tenemos que hacer un presupuesto basado en cifras y para muchos profesores y diferente personal cuyo trabajo depende de que haya niños a los que enseñar.
Para que os hagáis una idea de nuestros problemas, las mujeres de Lund, solo producen 1,12 niños por cabeza, por así decir. ¿Qué pasa aquí? ¿No hemos construido un sistema ideal para tener hijos? Porque, la verdad, se puede decir que Suecia es un país especialmente favorable para tener hijos porque aquí se combinan varios factores que, juntos, reducen el coste económico y la carga personal de la crianza.
En primer lugar, el sistema de permisos parentales es muy generoso, 480 días pagados, lo que permite que ambos padres puedan estar mucho tiempo con el niño en los primeros años sin perder el empleo ni el ingreso de forma drástica. Tener hijos no implica abandonar la vida laboral, algo que en otros países sí supone un gran sacrificio.
Además, el Estado ofrece un fuerte apoyo económico y servicios públicos de alta calidad. La educación es gratuita, la sanidad es universal y las guarderías están subvencionadas, de modo que el gasto directo de criar a un hijo es mucho más bajo y predecible que en muchos otros países. Súmese a eso una cultura laboral flexible y una alta igualdad entre hombres y mujeres en el reparto del trabajo doméstico y del cuidado, lo que debería facilitar la conciliación de la vida familiar y profesional.
En general, el sistema de bienestar sueco debería generar una sensación de seguridad, sabiendo que existe una red sólida de protección social que reduce la incertidumbre sobre el futuro de los niños, desde la atención médica hasta la educación y el apoyo en caso de dificultades económicas. Aun así, no nacen niños. ¿Por qué? También, tocaría pensar, dirá seguramente alguno, si no podría ser bueno, esto de que nazcan menos niños. A menos niños, menos gastos, ¿verdad?
Me quedé a medias ayer, con eso de que era el día de la madre, me vi envuelto en muchas actividades, muy agradables para mí y para las madres y abuelas que fueron objeto de los agasajos, pero, parece que la posibilidad de ser el centro de atención, al menos por un día, de toda la familia, no les debe compensar a la mayoría de las jóvenes de hoy. Y, esta mañana, antes de reanudar la escritura de esta entrada, pude leer en La Vanguardia, que el problema de la fertilidad es también algo serio en España en general y en Cataluña en particular. Leo:
“ La natalidad sigue bajando. Sobre todo, entre el colectivo indígena que se reduce a la vez que la población general aumenta por la llegada de extranjeros buscando oportunidades o las cualidades amables de nuestro país: buen clima, economía asequible y buenas conexiones para viajar. Esta situación es una tendencia consolidada.
El caso de Barcelona es un claro ejemplo. Según los últimos datos conocidos este fin de semana, la capital catalana ha registrado el mínimo histórico en nacimientos. A pesar de ello, la población supera holgadamente los 1,7 millones de habitantes gracias a la llegada de extranjeros que ya suponen el 26,6% de la población, una cifra récord. En algunos distritos, como Ciutat Vella, son mayoría.”[1]
Y es que Enric Sierra en su artículo avisa que la cuestión demográfica va a tener mucha relevancia en el futuro de la política. Eso se ve venir, aunque uno no sea de los que todo el tiempo hablan de la “sustitución” pensando en el pretendidamente malévolo relevo de los autóctonos para conseguir una población más dócil y agradecida. La cosa es que, si no nacen niños y la inmigración continua de la misma manera que hasta ahora, la sustitución es solo cosa de tiempo. Lo interesante aquí es saber si eso es bueno, malo o regular.
Yo aquí me mojo y digo como lo siento, me da igual. Sí, para mi no es un problema que haya menos suecos, catalanes o vascos, con ocho apellidos o más de sus respectivas raíces históricas. Lo importante es que sea buena gente y estén dispuestos a avenirse a la democracia de nuestros países, sin importar la procedencia, el color, las creencias o preferencias eróticas. Cada cual que se lo busque como quiera. Pero, el problema es que, los inmigrantes también se acoplan a la norma de procreación, a poco se han instalado en el nuevo país. Y, todos, autóctonos como nuevos ciudadanos, envejecemos sin asegurarnos un reemplazo generacional. ¿Quién nos va a cuidar, cuando estemos decrépitos? ¿Quién se va a encargar de las actividades cruciales para toda sociedad?
Cuestión difícil, que no se soluciona con medidas económicas, como bien vemos en el caso de Suecia. No basta con tener trabajo, una casa y regulaciones que favorezcan la maternidad, porque hay una dimensión cultural más difícil de medir. En buena parte de Europa se ha ido debilitando la idea de que formar una familia deba ser una continuidad natural de la vida adulta. Hoy el individuo tiene más libertad, algo en sí valioso, pero también más incertidumbre y más presión por construir primero una vida completamente definida. Quizá ayudaría que la sociedad volviera a transmitir que tener hijos no exige una vida perfecta, y que la maternidad y la paternidad no son el final de la autonomía personal sino una forma distinta de proyecto y de vínculo. Por tanto, para aumentar la fertilidad en Suecia y España haría falta combinar seguridad material, vivienda, trabajo, servicios públicos, con un entorno cultural donde tener hijos sea percibido como posible, compartido y socialmente valioso. Pero, ¿quién es el padre o abuelo que se atreve a darle a sus hijas o nietas una muñeca tradicional, de esas que son como bebés y que lloran y se hacen pipí, un carrito, una cunita etc.? Me gustaría saber vuestra opinión.
[1] https://www.lavanguardia.com/opinion/20260601/11552301/inmigracion-impactara-elecciones.html
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