Tengo en la mano cuatro sellos cubanos. El coleccionar, cambiar, estudiar y comentar sellos era parte de mi vida durante unos años de mi niñez y juventud. No he sido un gran coleccionista ni he tenido en posesión ninguna raridad que destacara por su valor económico, pero he aprendido mucho de mis sellos. Estos que tengo en la mano, conmemoran la “calma solar” de 1965. Tenía yo entonces 13 años y leía que el sol estaba en calma.
El año 1965 es interesante porque coincidió con una época de gran interés científico, especialmente en lo referente a la astronomía, ya que comenzaba la exploración espacial y los científicos necesitaban comprender mejor la actividad solar para proteger satélites y astronautas. Las observaciones de esa época ayudaron a construir las series modernas de actividad solar.[1] En España mirábamos al cielo con cierta ilusión, porque vivíamos los efectos del Plan de Estabilización de 1959 y del crecimiento económico de los años sesenta. Había futuro, tras un triste pasado. Se aceleraba la industrialización, aumentaban las migraciones del campo a la ciudad y muchos españoles empezaban a experimentar una mejora del nivel de vida, con más viviendas, más electrodomésticos, más automóviles y más consumo. Era la España del 600, del turismo extranjero, que empezaba a llegar masivamente a la costa, y de una nueva clase media que comenzaba a formarse. Ese crecimiento convivía con grandes desigualdades y con una falta de libertades políticas, que yo, por aquel entonces, aún no había descubierto, porque todavía me faltaban unos años para entrar en la universidad.
Para los que sí habían entrado ya en la universidad, como alguno de mis vecinos y primos, 1965 fue un año especialmente importante. El movimiento estudiantil crecía y reclamaba mayor libertad intelectual y política. Empezaron a ser importantes las protestas universitarias hasta el punto de provocar una respuesta represiva del régimen. Muchos destacados catedráticos fueron expulsados de sus cátedras por apoyar las movilizaciones estudiantiles, los conocidos José Luis López Aranguren, uno de los grandes intelectuales españoles del siglo XX, Enrique Tierno Galván, futuro alcalde de Madrid y Agustín García Calvo y Santiago Moreno Díaz, este último, falangista, entre muchos otros. Yo, que vivía en el mismo inmueble en el que La Falange tenía su biblioteca, sentía que algo pasaba, pero no sabía qué.
Ahora sí sé que lo que estaba pasando era que, en ese año, Franco reorganizó su gobierno llenando su gobierno con los llamados tecnócratas, muchos vinculados al Opus Dei, como Juan José Espinosa San Martín, ministro de Hacienda y Laureano López Rodó, ministro sin Cartera y comisario del Plan de Desarrollo, que estaban ganando influencia frente a sectores más tradicionales del régimen. La prioridad era consolidar el crecimiento económico y modernizar la administración, pero sin abrir un camino democrático. Aunque la dictadura mantenía el control político, la sociedad era ya muy diferente de la de los años cuarenta. Se notaba en que más jóvenes estudiaban, más españoles viajaban, llegaban influencias culturales del extranjero, la televisión empezaba a transformar la vida cotidiana y en que aparecían nuevas formas de música, moda y costumbres. Eso de la música tiene gran importancia y no es extraño que el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, se la conceda, sobre todo a la música popular, no solo como entretenimiento, sino como parte de la identidad nacional, la cohesión social y el desarrollo económico. Burnham procede de Manchester, una ciudad cuya identidad está profundamente ligada a la música popular. Ha hablado en numerosas ocasiones de la influencia que tuvieron grupos como Oasis, The Smiths, New Order, Elbow o The Courteeners en la reconstrucción del orgullo de una ciudad golpeada por la desindustrialización de los años ochenta. Para él, la música no es un lujo cultural, sino una forma de regeneración urbana y de autoestima colectiva.
Aunque parezca que me desvío del tema de los sellos de Cuba, estoy en ello. La música fue importante para nosotros, para mí especialmente, la que venía de Liverpool. Yo recuerdo perfectamente La película de los Beatles A Hard Day’s Night, que se estrenó en España con el título ¡Qué noche la de aquel día!, en Madrid en septiembre de 1964, poco después de su estreno mundial en Londres el 6 de julio de 1964. Yo la vi en noviembre, y recuerdo la sensación que tuve, que significó un antes y un después para mí.
Para muchos jóvenes españoles, ver a los Beatles en pantalla fue una experiencia casi revolucionaria. Aquella película no era solamente un musical, pues mostraba una juventud con humor, espontaneidad, ironía y una forma de relacionarse con la autoridad muy diferente de la cultura oficial española de la época. Richard Lester la rodó con un estilo casi documental, captando la energía de la “beatlemanía” y alejándose de los musicales tradicionales. De hecho, el grupo visitó Madrid y Barcelona en julio de 1965, durante su gira europea, y la película formaba parte de la imagen de modernidad y juventud que representaban.
Y ahora, Cuba. ¿Qué pasaba en Cuba el año de la calma solar? Pues, para Cuba, 1965 fue un año decisivo. La revolución había triunfado seis años antes y el país estaba dejando atrás la etapa más improvisada para consolidar un sistema socialista de partido único. Si 1959 fue el año de la revolución y 1961 el de la invasión de Bahía de Cochinos, 1965 fue el año de la institucionalización del régimen de Fidel Castro.
Ese año, el 3 de octubre de 1965, Fidel Castro anunció la creación oficial del Partido Comunista de Cuba, presentó su primer Comité Central y leyó públicamente la carta de despedida de Ernesto “Che” Guevara, que había abandonado Cuba para impulsar la revolución en otros países. Ese mismo día también se anunció la creación del periódico Granma, que desde entonces es el órgano oficial del Partido Comunista. Continuaba también el proceso de nacionalización y planificación centralizada iniciado en 1959. El Estado controlaba prácticamente toda la economía, mientras se reforzaba la dependencia del comercio con la Unión Soviética.
La gran campaña de alfabetización de 1961 ya había transformado el país. En 1965 continuaba la expansión de la educación gratuita y del sistema nacional de salud, dos de las principales prioridades del nuevo gobierno. Al mismo tiempo, aumentaba el control ideológico sobre la enseñanza, la universidad y los medios de comunicación. A todos los jóvenes estudiantes cubanos no les hacía gracia cortar caña y participar en la alfabetización del campo, pero se aguantaban o trataban de marcharse, como lo hicieron miles de cubanos que seguían abandonando la isla.
Precisamente en 1965 comenzaron los llamados Vuelos de la Libertad, organizados entre Cuba y Estados Unidos para facilitar la salida de familiares de exiliados. Durante varios años permitieron emigrar a cientos de miles de cubanos. Cuba era uno de los principales escenarios de la Guerra Fría. Tres años después de la crisis de los misiles, seguía siendo el principal aliado soviético en América Latina. Mientras tanto, Fidel Castro impulsaba el apoyo a movimientos revolucionarios en África y América Latina, convencido de que la revolución cubana debía extenderse a otros continentes.
Para la mayoría de los cubanos, 1965 debió ser una mezcla de entusiasmo y sacrificio. Había pleno empleo garantizado por el Estado, aunque fuera precario, la educación y la sanidad eran gratuitas y mantenían un estándar muy alto, comparado con otros países latinoamericanos. En la sociedad existía un fuerte espíritu movilizador y de participación revolucionaria. Pero también comenzaban a sentirse las carencias materiales, el racionamiento de muchos productos y un control político cada vez mayor sobre la sociedad.
Y, volviendo a la calma solar, y ese sol que nos abrasa. ¿Había gente que pensaba en un cambio climático en 1965? Mucho antes de 1965, el químico sueco Svante Arrhenius calculó que aumentar el dióxido de carbono en la atmósfera elevaría la temperatura de la Tierra. Publicó sus cálculos en 1896. Curiosamente, Arrhenius veía ese calentamiento con cierto optimismo, pensando que podría hacer más habitables las regiones frías del planeta. El ingeniero británico Guy Stewart Callendar recopiló mediciones de temperatura y defendió en 1938, que el uso de combustibles fósiles ya estaba calentando el planeta. En aquella época muchos científicos seguían siendo escépticos.
Un momento decisivo llegó cuando Charles David Keeling comenzó a medir de forma continua el CO₂ atmosférico en el observatorio de Mauna Loa en Hawái. Nació así la famosa curva de Keeling, que mostraba claramente que la concentración de CO₂ aumentaba año tras año. Precisamente en 1965 ocurrió un hecho histórico poco conocido. El Comité Asesor Científico del presidente Lyndon B. Johnson entregó un informe titulado Restoring the Quality of Our Environment[2]. En él advertía que la quema de carbón, petróleo y gas estaba aumentando el CO₂ atmosférico y que ello podría provocar cambios climáticos significativos durante las décadas siguientes. Fue la primera vez que un gobierno recibió una advertencia oficial de ese nivel. El informe señalaba que el ser humano estaba realizando un “gran experimento geofísico” al alterar la composición de la atmósfera. Ese mismo año, el propio presidente Johnson mencionó públicamente el problema en un discurso, algo extraordinario para la época.[3]
El ciudadano medio, tanto en España como en Cuba, Francia o Estados Unidos, apenas había oído hablar del calentamiento global. Las preocupaciones ambientales de los años sesenta eran otras y más visibles, como la contaminación del aire en las ciudades, recuerdo el olor y el color de la contaminación, que manchaba las fachadas de hollín, como también nuestros pulmones, los pesticidas como el DDT, tras la publicación de Primavera silenciosa en 1962[4] de Rachel Carson, la contaminación de ríos y mares, los peces muertos y el olor que despedían los ríos que cruzaban las ciudades. Y, sobre todo, nos preocupaban las pruebas nucleares. Pero el sol, ese año, estaba en calma. Abajo se me ve ya influenciado por los escarabajos, en 1966.
[1] https://ntrs.nasa.gov/citations/19750024923?utm_source=chatgpt.com
[2] https://nsarchive.gwu.edu/document/31937-document-2-white-house-report-restoring-quality-our-environment-report-environmental
[3] https://www.lbjlibrary.org/object/text/special-message-congress-conservation-restoration-natural-beauty-02-08-1965
[4] https://archive.org/details/fp_Silent_Spring-Rachel_Carson-1962/page/n15/mode/2up


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