Viendo los partidos de fútbol de la pasada Copa del Mundo, se puede ver a los equipos de los países participantes formados antes del partido, entonando las estrofas de sus himnos nacionales, coreados por los aficionados paisanos en las gradas. Unos cantan de viva voz y se ve que se saben el texto de memoria, otros tararean y algunos mueven la boca para dar el pego. Bueno, no todos los equipos lo hacen, porque los chicos del equipo español permanecen callados mientras todos escuchamos una marcha militar.

Antigua sí que es, nuestra marcha nacional, documentada por primera vez en 1761 en el Libro de la Ordenanza de los Toques Militares de la Infantería Española, donde figura con el nombre de Marcha Granadera. A pesar de muchos intentos, no se consiguió nunca componer un himno o darle una letra a la marcha que pudiera ser aceptada. Así lo describe el padre Nemesio Otaño:

“La Marcha Granadera fue considerada como marcha española por excelencia, a raíz de la guer,ra de la Independencia y en virtud de varios decretos del Ministerio de la Guerra, que intentaban proscribir el uso de otras marchas, algunas de ellas tomadas de los mismos invasores. No aparece, que yo sepa, ningún decreto, durante el siglo XIX, que la fije como Marcha Oficial, Real o Nacional, aunque la costumbre así la impuso) . Desde luego, jamás se intentó, de hecho, transformarla en Himno.

España no ha tenido un Himno oficial, salvo el de Riego, en los períodos revolucionarios. El General Prim quiso, en 1870, dar a la Nación un Himno, abriendo para ello un gran concurso al que se presentaron cerca de 500 obras, cuya lista puede verse en las colecciones de la Gaceta de Madrid. Los originales se conservan en el Alcázar de Segovia. El Jurado declaró desierto el concurso y aconsejó a Prim la adopción de la antigua Marcha Granadera. En 1937, S. E. el jefe del Estado, Generalísimo Franco, declaró por decreto Himno Nacional, la antigua Marcha Granadera. Es la primera vez que se habla, oficialmente, de Himno Nacional; pero el decreto no ha determinado cual es la forma que, como Himno, ha de revestir esta Marcha, ni concreta la exacta versión antigua, ni señala el texto que, como Himno, ha de llevar.

La razón es obvia. En aquel momento no estaban dilucidadas suficientemente las condiciones históricas y estéticas de la Marcha en cuestión. Por lo tanto, se dejó correr la versión vulgar popularizada, que continúa siendo marcha y no himno. Las diversas aplicaciones literarias que sobre la música de la Marcha Granadera se han hecho, adolecen de un grave defecto, prescindiendo de su mayor o menor acierto poético o ideológico; que no se adaptan a una versión musical concreta y menos a la auténtica, anotada en 1769, cuando no descomponen la estructura rítmica y melódica de la veneranda Marcha.”[1]

Pero, mira por dónde, el himno más antiguo de una nación europea tiene que ver con España. Sí, con España, porque se trata del himno los Países Bajos, el “Wilhelmus”, que fue compuesto entre 1568 y 1572, durante la rebelión de las Provincias Unidas contra Felipe II de España. Está dedicado a Guillermo de Orange y es, por tanto, más de dos siglos anterior a La Marsellesa y también anterior a la Marcha Real española.

Los que escuchan a la escuadra neerlandesa cantar su himno identifican estas palabras, si es que conocen el idioma, claro:

Wilhelmus van Nassouwe

ben ik, van Duitsen bloed;

den vaderland getrouwe

blijf ik tot in den dood.

Een Prinse van Oranje

ben ik, vrij onverveerd,

den Koning van Hispanje

heb ik altijd geëerd.

Para el que no lo comprenda, se lo traducimos:

Yo soy Guillermo de Nassau,

de sangre germánica;

fiel a la patria

permaneceré hasta la muerte.

Príncipe de Orange soy,

libre y sin temor;

al Rey de España

siempre he honrado.

¿Cómo puede el himno nacional neerlandés decir “siempre he honrado al Rey de España”?

La explicación es que, cuando se escribió la canción, Guillermo de Orange todavía se presentaba como un noble leal que protestaba contra los abusos del gobierno español en los Países Bajos, especialmente los del duque de Alba. No defendía inicialmente una independencia completa, sino el respeto a los privilegios tradicionales de las provincias. Por eso el himno refleja una etapa temprana de la revuelta, cuando aún se intentaba justificar la resistencia sin negar formalmente la lealtad al rey. Por tanto, el equipo naranja, canta “al Rey de España siempre he honrado”.

En el Reino Unido no se molestaron nunca en legalizar de manera formal el uso de un himno, pero God Save the King, se empezó a usar en 1745 y se sigue usando como himno nacional. En la versión que se canta actualmente, normalmente solo se canta la primera estrofa:

God save our gracious King,

Long live our noble King,

God save the King!

Send him victorious,

Happy and glorious,

Long to reign over us,

God save the King!

En español:

Dios salve a nuestro bondadoso Rey,

larga vida a nuestro noble Rey,

Dios salve al Rey.

Hazlo victorioso,

feliz y glorioso,

para que reine mucho tiempo sobre nosotros.

Dios salve al Rey.

Hay una segunda estrofa que a veces se canta, y que resulta bastante más belicosa:

O Lord our God, arise,

Scatter his enemies,

And make them fall!

Confound their politics,

Frustrate their knavish tricks,

On Thee our hopes we fix,

God save us all!

Es decir: “Oh Señor, Dios nuestro, levántate, dispersa a sus enemigos y hazlos caer; confunde sus políticas, frustra sus perversas artimañas…”

En el caso alemán la relación con el himno es especialmente interesante porque la historia alemana del siglo XX obligó a separar el himno de determinados símbolos y significados políticos. La melodía de “Das Deutschlandlied” fue compuesta por Joseph Haydn en 1797.

La letra la escribió August Heinrich Hoffmann von Fallersleben en 1841, y la primera estrofa comienza con el famoso “Deutschland, Deutschland über alles” (Alemania, Alemania por encima de todo), que no significaba originalmente supremacía alemana en el sentido nazi, sino que expresaba el deseo de una Alemania unificada, en una época en que estaba dividida en numerosos Estados.

Sin embargo, los nazis utilizaron intensamente esa primera estrofa y la asociaron a su nacionalismo expansionista. Después de 1945, la primera estrofa quedó políticamente desacreditada. En la actual República Federal de Alemania, solo se considera himno nacional la tercera estrofa, que comienza: “Einigkeit und Recht und Freiheit” (Unidad, justicia y libertad), aunque se sigue cantando “Deutschland, Deutschland über alles” en ocasiones deportivas y populares:

Deutschland, Deutschland über alles,

über alles in der Welt,

wenn es stets zu Schutz und Trutze

brüderlich zusammenhält…

En español:

Alemania, Alemania por encima de todo,

por encima de todo en el mundo,

cuando se mantiene siempre unida,

fraternalmente, para la defensa y el ataque…

Otro caso interesante de himnos reciclados es sin duda el de Rusia. La melodía del himno actual es la de “Gimn Sovetskogo Soyuza”, estrenado en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial. La música fue compuesta por Aleksandr Aleksándrov y la letra original por Serguéi Mijalkov y Gabriel El-Registan. Tras la desaparición de la URSS en 1991, Rusia adoptó otra melodía, la llamada “Canción Patriótica” de Mijaíl Glinka, pero sin letra, aunque la experiencia no terminó de convencer. Asi que, en 2000, ya con Vladímir Putin, Rusia recuperó la antigua melodía soviética de Aleksándrov. La letra fue nuevamente escrita por Serguéi Mijalkov, que había sido también uno de los autores de la versión soviética. La nueva letra eliminó las referencias explícitas a Lenin, al Partido Comunista y a la Unión Soviética.

El resultado es una situación bastante paradójica, porque, la Rusia actual canta prácticamente la misma música que cantaban los ciudadanos soviéticos, aunque con una letra adaptada al nuevo Estado. Para muchos rusos, la música no representa necesariamente el comunismo, está asociada a la victoria soviética sobre la Alemania nazi, al sacrificio de la guerra y a una época de gran potencia rusa. Pero para otros, resulta difícil separar la melodía de Stalin y de la dictadura soviética. Su recuperación por Putin fue interpretada por sus críticos como uno de los símbolos de la voluntad de recuperar elementos del pasado soviético y de la idea de Rusia como gran potencia.

La letra actual comienza:

Россия — священная наша держава,

Россия — любимая наша страна.

Es decir:

Rusia es nuestra sagrada potencia,

Rusia es nuestro amado país.

Y termina:

Славься, Отечество наше свободное,

Братских народов союз вековой…

Gloria a ti, patria nuestra libre,

unión secular de pueblos hermanos…

La palabra «libre» resulta especialmente significativa, teniendo en cuenta la historia política de la Rusia contemporánea. En definitiva, el himno ruso es casi lo contrario del español: España conserva una melodía tradicional pero carece de letra oficial; Rusia conserva una melodía directamente vinculada al Estado soviético, pero le ha cambiado la letra para convertirla en el himno de la Federación Rusa. Y hay un paralelismo muy interesante con Alemania, porque ambos países decidieron conservar elementos musicales de un régimen anterior extremadamente controvertido, pero modificaron su significado mediante la letra y el contexto político. Alemania construyó su identidad democrática mediante una cierta distancia respecto a su pasado, mientras que Rusia ha construido buena parte de su identidad contemporánea mediante la recuperación selectiva de su pasado soviético.

Y me voy a un himno que escuché por primera vez en este campeonato del mundo de fútbol. El himno de un país joven que fue la gran revelación de este último campeonato: Cabo Verde. Lo más llamativo fue que no perdió ninguno de sus tres partidos de la fase de grupos: empató los tres y terminó segundo del grupo H, por detrás de España. Después cayó ante Argentina por 3-2 en la prórroga, en dieciseisavos de final. Para un país de poco más de medio millón de habitantes y que nunca había jugado un Mundial, llegar a la segunda ronda y llevar a Argentina hasta la prórroga fue un resultado extraordinario. Además, su portero Vozinha, con 40 años, se convirtió en una de las revelaciones del torneo y llegó incluso a formar parte del once ideal del Mundial elegido por los aficionados.

El himno nacional de Cabo Verde que oímos en los campeonatos se llama “Cântico da Liberdade” (Cántico de la Libertad) y fue compuesto por Adalberto Higino Tavares Silva y adoptado como himno nacional en 1996, sustituyendo al antiguo himno compartido con Guinea-Bisáu.

Su letra gira, como no,  alrededor de la libertad, la unidad y la construcción de una nación:

Canta, irmão

Canta, meu irmão

Porque a liberdade

É uma bênção…                      

Nós somos irmãos

Nós somos iguais

En español:

Canta, hermano,

canta, mi hermano,

porque la libertad

es una bendición…

Somos hermanos,

somos iguales.

Cabo Verde se independizó en 1975, y el Cântico da Liberdade refleja precisamente la ruptura con el pasado colonial y la afirmación de una comunidad nacional nueva.

Lo más interesante de los himnos, a mi parecer, es que, aunque duren apenas un par de minutos, son pequeñas cápsulas de historia. Unos hablan de reyes, otros de guerras, otros de revoluciones y otros de libertad. Algunos han sobrevivido cambiando de letra, otros han tenido que renunciar a alguna de sus estrofas y otros, como el español, ni siquiera han encontrado una letra que todos estén dispuestos a cantar.

Mientras yo veía a los jugadores de Cabo Verde cantar con entusiasmo su Cântico da Liberdade, pensé que no es lo mismo escuchar un himno que cantarlo. Cuando un equipo entero canta las palabras que sus compatriotas repiten en las gradas, está diciendo quiénes son, o al menos quiénes quieren ser.

Los caboverdianos cantaban que son hermanos, que son iguales y que la libertad es una bendición. Los alemanes cantan “unidad, justicia y libertad”. Los neerlandeses siguen cantando que Guillermo de Orange siempre honró al Rey de España. Los rusos cantan una melodía nacida en la Unión Soviética con una letra nueva. Los británicos piden a Dios que salve al Rey y que les ayude a “dispersar a sus enemigos y los haga caer; que confunda sus políticas, y frustre sus perversas artimañas…” Y, mientras tanto, los españoles permanecemos en silencio mientras suena una marcha militar. Quizá algún día encontremos las palabras. Pero, el problema español no es que el himno no tenga letra, sino que, probablemente ninguna letra conseguiría que todos los españoles cantaran juntos. Cataluña hace visible ese problema de una manera particularmente clara, porque allí existen dos himnos nacionales con significados contrapuestos: La Marcha Real y Els Segadors.


[1] https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/catalogo_imagenes/imagen.do?path=146185&posicion=2&registrardownload=1