Gracias, María Luisa. Creo que planteas una cuestión importante y no quiero esquivarla. Sí, existe una tensión evidente entre la tradición liberal que yo describía y el hecho de que Liberalerna haya entrado en un acuerdo de gobierno con Moderaterna y Kristdemokraterna, apoyado parlamentariamente por Sverigedemokraterna. Entiendo perfectamente que a muchos liberales les resulte difícil aceptar esa situación. A mí tampoco me parece una cuestión menor.

Pero creo que hay que distinguir dos cosas: una cosa es con quién se llega a un acuerdo parlamentario y otra qué ideas y qué política concreta defendemos los Liberales. Yo sigo siendo liberal precisamente porque no considero que los derechos, la libertad individual, la igualdad ante la ley o el Estado de derecho dependan de quién vote a favor o en contra de una determinada propuesta. Y tampoco creo que un partido deje de ser liberal simplemente porque vote junto a otro partido en determinadas cuestiones.

Ahora bien, eso no significa que SD sea un partido como cualquier otro. Sus posiciones nacionalistas y algunas de sus concepciones sobre nación, inmigración y pertenencia son, a mi juicio, difíciles de conciliar con el universalismo liberal. Yo no las comparto. Para mí, la dignidad y los derechos de una persona no dependen de su origen, de su religión ni de que sus padres hayan nacido en Suecia. Mi libertad termina donde comienza la libertad del otro, y esa regla vale para todos.

La verdadera pregunta, por tanto, es qué hace Liberalerna cuando tiene que gobernar en esta situación. Y aquí creo que podemos discutir políticamente sobre decisiones concretas sin convertir automáticamente toda colaboración parlamentaria en una identidad común. Desde 2022 Liberalerna ha defendido, entre otras cosas, una política de integración mucho más exigente: aprender sueco, conocer la sociedad sueca, estudiar, trabajar y poder mantenerse por uno mismo. También ha impulsado mayores exigencias para la ciudadanía y medidas contra la segregación, la opresión por motivos de honor y los llamados paralellsamhällen, las sociedades paralelas.

¿Es eso una política contra los inmigrantes? Yo diría justamente lo contrario. Es una política que parte de la idea de que una persona que llega a Suecia debe tener la oportunidad real de convertirse en independiente y participar plenamente en la sociedad. La libertad no consiste solamente en tener derechos escritos en un papel; también exige tener los conocimientos, la lengua, la educación y las posibilidades económicas para poder ejercerlos.

Y aquí creo que aparece una diferencia importante entre SD y Liberalerna. SD tiende a plantear la cuestión desde la pertenencia nacional: quién pertenece realmente a «nosotros». El liberalismo debería plantearla desde el individuo: qué derechos tiene esa persona y qué responsabilidades debe asumir para vivir en una sociedad libre. Yo puedo aceptar que necesitamos reglas claras para la inmigración y exigencias mucho mayores para la integración sin aceptar que una persona de origen extranjero sea menos sueca, menos libre o tenga menos derechos que otra.

Por eso tampoco creo que la solución sea una política “pluricultural” entendida como que cada grupo pueda vivir eternamente según sus propias normas. Eso tampoco es liberal. Una sociedad liberal necesita una cultura política común: democracia, libertad de expresión, igualdad entre mujeres y hombres, igualdad ante la ley, libertad religiosa y también libertad para no tener ninguna religión. Dentro de ese marco común puede existir una enorme diversidad cultural.

Y precisamente aquí es donde entiendo tu preocupación. Si Liberalerna algún día tuviera que aceptar políticas de SD que vulnerasen esos principios, entonces yo mismo tendría que preguntarme dónde está el límite de la colaboración. Para mí ese límite existe. No se puede negociar la igualdad ante la ley, los derechos fundamentales o la libertad individual. Por eso nuestra discusión, en el fondo, no es solamente sobre inmigración ni sobre SD. Es sobre una cuestión mucho más profunda: ¿puede un partido liberal colaborar con un partido nacionalista sin convertirse en nacionalista?

Mi respuesta es que sí, pero solamente mientras conserve su propia brújula liberal y sea capaz de decir “no” cuando se crucen determinadas líneas. Y precisamente por eso creo que debemos juzgar a Liberalerna no solamente por quién vota junto a quién, sino también por las políticas que defiende y por aquello que está dispuesto a defender cuando realmente importa.

Y respecto a Ceuta, creo que ahí tenemos todavía otra cuestión interesante. Podemos discutir las causas de la inmigración, quién gana con ella, qué intereses económicos y políticos existen detrás y cuáles son los límites de la capacidad de integración de una sociedad. Pero una cosa es preguntarnos cómo organizar una inmigración sostenible y otra muy distinta convertir al inmigrante en el enemigo. Esa frontera, para mí, sigue siendo fundamentalmente liberal.