Hoy me he dado una buena vuelta por Malmö, por sus parques, que son muchos y bien bonitos. En esta época del año, un día como el de hoy con 25 grados a la sombra y un cielo azul esplendoroso, es como vivir una experiencia paradisiaca. Vamos, que, el paraíso, tendrá muchas dificultades para mejorarla. “Si has visto Malmö, has visto el mundo” (Haur du sitt Malmö, haur du sitt varden), el eslogan que lanzó el diario Sydsvenskan en el año 2000, con motivo de la inauguración del puente que une Dinamarca con Suecia, muestra el orgullo que sienten los habitantes de esta mediana ciudad del norte de Europa por ser una ciudad acogedora y verdaderamente cosmopolita.
Justamente por eso, por ser cosmopolita ha tenido el honor de ser atacada por nadie más y nadie menos que el mismísimo Trump, que en febrero de 2017, durante un mitin en Florida y siendo presidente de EEUU, afirmó que había ocurrido “algo anoche en Suecia”, vinculándolo con ataques terroristas o una crisis de inmigración. Dijo: “Mirad lo que está ocurriendo en Alemania, mirad lo que pasó anoche en Suecia… Suecia, ¿quién lo creería? Cogieron a un gran número (de inmigrantes) y están teniendo problemas como nunca imaginaron posibles”
Este comentario causó perplejidad en Suecia, ya que no hubo ningún ataque terrorista ni incidente grave la noche anterior. El ex primer ministro sueco Carl Bildt respondió en Twitter:
“¿Suecia? ¿Ataque terrorista? ¿En qué habrá estado fumando?”
Pues, aunque parezca mentira, muchos americanos se creen esos bulos. Lo peor es que también hay algunos suecos, y no pocos, que se lo creen y piden “mano dura” contra esos “terroristas”, que para muchos es lo mismo que gente que aparenta tener raíces árabes, porque el enemigo identificable es ese al que se puede cosificar, recortando su libertad de movimiento, controlándolo en sus guetos, con cámaras, policías, autoridades sociales.
Muy pocos medios trabajan realmente para desenmascarar esos bulos. Malmö es una ciudad tranquila, moderna, bien cuidada. Un día caluroso, como hoy, muestra todas las delicias de una ciudad litoral, con sus playas, sus parques, cientos de lugares de asueto y descanso. Pero, hasta en el paraíso hay manchas. La violencia existe, aunque no es visible ni tangible, está ahí, concentrada en algunos barrios, como Rosengård, Nydala, Hermodsdal, Lindängen och Södra Sofielund la violencia en forma de explosiones y asesinatos con arma de fuego son sorprendentemente comunes. ¿Qué es lo que está fallando en esta apacible ciudad?
Las causas son múltiples y complejas. No hay una sola explicación, pero los factores estructurales, sociales y económicos se entrelazan de forma significativa. Malmö es una ciudad muy diversa, con más del 40 % de su población nacida en el extranjero o con padres inmigrantes. No es la causa principal, ni mucho menos, pero debemos tenerlo en cuenta cuando analizamos por qué puede ser interesante presentarla como ejemplo de sociedad fallida por alguien como Trump, que quiere echarle la culpa de todos los problemas de su sociedad a la población extranjera, o los Democratas Suecos (Sverigedemokraterna), la ultraderecha sueca, que apunta a la población extranjera como la causa de la decadencia del idealizado modelo sueco.
En un análisis de las causas del aumento de la violencia en Malmö debe entrar el conocer que en esos barrios, las tasas de desempleo, los bajos niveles educativos y la dependencia de subsidios sociales son muy altos. Esta concentración de vulnerabilidad en ciertas zonas genera entornos de exclusión social, en los que el crimen se arraiga fácilmente, como forma de salida de esa espiral de miseria comparativa.
La escuela, que en teoría debería nivelar la situación social de la población no autóctona, no ha estado funcionando como tal. Como ejemplo, en Rosengård, más del 60 % de los jóvenes no alcanza los niveles educativos básicos al salir de la escuela obligatoria (grundskolan). Esto es un gran problema, yo diría que el mayor de todos, pues la escuela debería darles a todos una buena base para entrar en la sociedad sueca con un mínimo de cualificaciones necesarias para emprender el camino a la integración. Alumnos que han nacido en Suecia pero que no dominan el idioma lo suficiente para desenvolverse en los estudios primarios, quedan a la merced de bandas armadas que les ofrecen dinero y artículos de lujo, a cambio de su lealtad y de ponerse al servicio de las bandas para cometer crímenes de toda clase, especialmente crímenes de sangre, explosiones, asesinatos por contrato y todo tipo de delitos referentes a la posesión y almacenamiento de droga y armas. Jóvenes de hasta 12 o 13 años cometen actos criminales y no pueden ser sancionados, ya que no llegan a la edad de responsabilidad penal, que por el momento está en los 15 años. En estos barrios vulnerables, grupos criminales se han ido arraigando con el tiempo y se dedican al tráfico de drogas, control de territorios, extorsión a comercios etc. Les resulta muy fácil reclutar, porque ofrecen estatus, ingresos y pertenencia a jóvenes excluidos del sistema formal.
Estos barrios fueron construidos durante “el Programa del millón” (Miljonprogrammet) en la década desde 1965 a 1975, un programa estatal para construir rápidamente un millón de viviendas. Estos barrios, a los que llegaron los inmigrantes de la época expansiva, pues eran relativamente económicos, tienen infraestructura envejecida, mala planificación urbana y falta de espacios comunes seguros. El diseño urbano ha contribuido a la creación de zonas cerradas y aisladas, lo que favorece el anonimato y dificulta la vigilancia comunitaria o policial.
Los residentes no criminales, la mayoría, perciben a la policía como distante, ineficaz o incluso discriminatoria. La desconfianza mutua entre comunidades y fuerzas de seguridad reduce la eficacia de las intervenciones y la disposición a colaborar. La policía ha sido acusada de perfiles étnicos y parcialidad, algo que aumenta la tensión hasta el punto de extenderse el rechazo a las autoridades, a los cuerpos de protección civil, ambulancias, bomberos etc. que frecuentemente son atacados durante sus actuaciones en esas zonas, lo que les lleva a veces a no asistir a llamadas de auxilio, por miedo de ser atacados.
Los servicios sociales, escuelas, organizaciones civiles y actores públicos no han logrado cooperar eficazmente ni intervenir a tiempo. Niños en riesgo desde edades muy tempranas, no siempre reciben apoyo antes de entrar en contacto con redes criminales. La falta de presencia estatal proactiva permite que los grupos delictivos ganen influencia. A esto se suman estructuras tribales que algunos grupos étnicos traen consigo formando sociedades paralelas, con sus propios códigos de actuación y sanción que difieren totalmente de los que reinan en la sociedad sueca.
A todo esto, se suma la estigmatización de esos barrios, que han sido retratados en los medios como zonas de conflicto o “no-go zones”, algo que Suecia niega oficialmente. Imagen que refuerza la autoexclusión y la desconfianza, y afecta las inversiones, el empleo y la integración social. ¿Cómo se puede solucionar este conjunto de problemas?
Mi partido, El Partido Liberal sueco (Liberalerna), propone una serie de medidas firmes y estructurales para combatir la criminalidad en los barrios vulnerables, centradas en dos ejes principales, que son la seguridad y la educación. Nuestro enfoque se basa en la idea de que Suecia necesita tanto más policía como más escuela.
Nuestras propuestas comienzan con la prevención, obligando a padres de menores delincuentes a participar en programas de apoyo parental, y en casos graves, aplicar sanciones económicas si no colaboran. Ampliar el control y la intervención social desde edad temprana, en especial, fortalecer los servicios sociales en escuelas y barrios. Colocación obligatoria de menores en entornos seguros si se comprueba que están en riesgo, reforzando el uso de la ley LVU, la ley de cuidados obligatorios para menores.
La escuela debe estar en el centro de atención. Escuela obligatoria desde los 3 años, hoy es desde los 6, para integrar antes a niños en riesgo. Escuelas especiales para niños en riesgo, con grupos pequeños, disciplina reforzada, y más personal cualificado. Sueco obligatorio desde temprana edad para los hijos de inmigrantes con bajo dominio del idioma. Sanciones contra padres que no aseguran la escolarización de sus hijos.
Proponemos un plan nacional para desmantelar las zonas vulnerables en un plazo de 10 años y recuperar el control estatal del espacio público, com más cámaras de vigilancia, iluminación, y presencia activa de autoridades. Prohibición de escuelas religiosas nuevas, con el argumento de que algunas fomentan aislamiento social y son caldo de cultivo para la radicalización. La libertad no existe donde las bandas mandan. Para que todos los niños puedan elegir su camino, debemos liberar a los barrios del crimen.
Y yo sigo mi paseo por los tranquilos parques de Malmö, porque la violencia no está extendida, sino vive enquistada en esos barrios marginales, donde no hay nada que atraiga nuestra curiosidad. Podemos decir que son ciudades paralelas. Una de ellas, atractiva y bella, la otra caótica y destartalada. En números generales, el 13% de los habitantes de Malmö viven en esos barrios marginales y vulnerables. En toda Suecia es el 5%, por tanto, Malmö está muy por encima de esa media.
Trump y los que piensan como él, saben utilizar estas cifras para estigmatizar a la población inmigrante, especialmente a la musulmana, como un problema. Esta posición racista obvia que la inmensa mayoría de la población de esos barrios no ha cometido ningún crimen, pero son igualmente estigmatizados. Aquí, la prensa y los medios de comunicación podrían ayudar a desmitificar, ofreciendo datos concretos.
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