Se avecinan las elecciones de septiembre y todos los partidos se lanzan a la calle a explicar su política para captar votos. Representando al partido liberal, iba yo el otro día llamando a las puertas para dar a conocer la política de mi partido a los habitantes de un barrio céntrico de Lund, con casas bajas centenarias, guardadas por hermosas puertas de madera labrada, marcadas por los años y la intemperie, y habitadas por gente, en su mayoría mayor. Muchas de estas viviendas particulares mostraban placas de bronce que nos hacían saber que en ellas habían vivido en otros tiempos artistas o escritores, en su día famosos, hoy ya casi olvidados.
Uno de los escritores, por suerte nada olvidado, que había vivido algún tiempo en distintos edificios era, según rezaban las placas, el famoso August Strindberg, que en alguna de ellas había escrito una des sus obras más conocidas, Inferno. Yo, que siempre tengo entre manos algún proyecto literario que tenga algo que ver con Lund, me imaginé que habría por ahí muchos relatos olvidados, escritos por gente como Strindberg, sobre nuestra ciudad. Me puse, claro está, manos a la obra en cuanto pude y empecé a encontrar cosas interesantes, para el que se siente como un nexo cultural entre La Piel de Toro y Moder Svea. Me dispuse, por tanto, a buscar relatos sobre Lund escritos por viajeros extranjeros, de paso por la ciudad. Conocía ya algunos, pero tenía ganas de encontrar algo escondido. Es esa curiosidad que me ha llevado a pasar buena parte de mi vida en archivos y bibliotecas.
No tuve que buscar mucho para encontrar un relato de una visita a Lund de un incansable viajero español, nada más y nada menos que el famoso Miguel Delibes, que en su “Dos viajes en automóvil, Suecia y Países Bajos”, Plaza & Janés, 1982[1], nos relata sus impresiones de una forma muy acertada, con matices, claro. En la primera parte, “Suecia”, se incluyen seis crónicas, escritas en Sedano, Burgos, en 1980: “La naturaleza sueca”, “En tinieblas”, “Aislamiento y automatización”, “Espejo del mundo”, “La convivencia sueca” y “Lo español en Suecia”. El viaje a Suecia se realizó en el verano de 1979, cuando Delibes fue invitado a dar conferencias en universidades suecas, Lund entre otras. Delibes vino en automóvil, porque como él mismo dice: “El viaje en automóvil, con varios conductores que se turnen, es para mí el medio ideal de viajar. En coche he visitado Praga, he llegado a Yugoslavia y he subido casi, casi, hasta el casquete polar. De acuerdo, el avión es más rápido, pero elimina de entrada la transición, y viajar es ir cambiando paulatinamente de paisaje y paisanaje, interponiendo vistas entre nuestro punto de partida y el de destino; en cualquier caso, un proceso: Saber de dónde venimos e ir desvelando gradualmente adónde vamos.”
Yo le doy naturalmente la razón a Delibes, porque también he hecho miles de kilómetros por toda Europa y parte de África, en automóvil, y aún hoy, sigue siendo la mejor forma de viajar, si se quiere conocer los lugares que se visitan. En aquellos tiempos, sin navegadores digitales, se viajaba con mapas arrugados y el contacto con la gente de los países que se iban visitando era obligatorio. Cuantas amistades habré yo hecho con gente a la que les pregunté el camino a un hotel o un lugar de interés, museo, cascada etc.
“Al llegar a Lund” -escribe Delibes- “los accesos por carretera a la ciudad estaban cerrados a causa de una marcha antinuclear”. Este detalle me ayuda a ubicar el día y casi la hora de su llegada. Venía, seguramente de Helsingborg, y conducía por la E6 – E20. Se da el caso que ese día yo me vi también afectado por esa marcha, porque yo conducía por ese tramo de vuelta a Lund, de una visita a Råå, un pueblecito costero al norte de Helsingborg. El problema es que, tras tantos años, es difícil recordar exactamente el día que fue. No obstante, revisando cronologías del movimiento antinuclear en Escania y registros vinculados a la prensa regional, la manifestación que encaja mejor con lo que describe Miguel Delibes es la gran marcha Lund–Barsebäck del domingo 30 de septiembre de 1979.
Encaja este relato en la cronología del movimiento antinuclear sueco de 1979-1980, muy intenso tras el accidente de Three Mile Island, en marzo de 1979 y el debate nacional que llevó al referéndum nuclear sueco de 1980. Durante 1979 hubo numerosas marchas locales en ciudades universitarias como Lund, con cortes de carretera y manifestaciones pacíficas, pero ese del 30 de septiembre fue sonado.
Esta experiencia le sirve a Delibes para tratar de comprender la idiosincrasia del sueco medio y del sistema político, algo que explica magistralmente en un párrafo: “Están lejos de la quimera, son pragmáticos. Así, paso a paso, van consiguiendo cosas que sirven, objetivos útiles, aspiraciones que se reflejan en la vida cotidiana: tal la semana de cinco días o, hablando de conquistas más recientes, el precio de la gasolina a 36 ó 37 pesetas, una de las más baratas de Europa. ¿Que ahora la socialdemocracia ha sido derrotada? Bueno, paciencia, otra vez será. Nadie, creo yo, osará desmontar el tinglado, la estructura, que tan buenos resultados les ha dado. Suecia será siempre un país serio y bien administrado; un país consciente, pacífico y laborioso, porque los suecos lo son. Éste, y no otro, es su secreto. Una política de solidaridad en los políticos y una actitud racional en el pueblo (en la marcha antinuclear de Lund nadie exigía la destrucción inmediata de las plantas existentes, sino, civilizadamente, un límite de años a su funcionamiento; es decir, aceptar la energía atómica como puente hacia otras formas de energía) pueden, evidentemente, hacer milagros.”
Aquí Delibes supo anticipar sabiamente que, a pesar de que las derechas, primero entre 1976 y 1982 y mas tarde de 2006 a 2014, en suma 14 años de poder gubernamental, nadie oso nunca desmantelar de verdad “el tinglado, la estructura, que tan buenos resultados les ha dado. Los moderados dieron en llamarse “El nuevo partido de los trabajadores” (det nya arbetarpartiet) Era una forma de decir que defendían el modelo sueco de bienestar, pero reformado y querían ser vistos como un partido cercano a la gente que trabaja, no solo a empresarios. Apostaban por empleo, incentivos al trabajo y responsabilidad fiscal, en lugar de recortes drásticos al Estado del bienestar. En relación con el modelo sueco no decían que estaban en contra del modelo, sino que querían modernizarlo y hacerlo sostenible, insistiendo en que el bienestar debía basarse en que más gente trabajara
Fue una estrategia clave para atraer votantes tradicionales de la socialdemocracia y suavizar la imagen más liberal clásica del partido. Es más, el gobierno de derechas presidido por Reinfeldt perdió el poder por pedir a los suecos que “abriesen sus corazones” (Öppna era hjärtan!) ante la ola de inmigración que culminó en 2015. Promovía aquel gobierno de derechas una generosa política de acogida, que llevaba el sello de la socialdemocracia. Esa política continuista le costó el poder a Reinfeldt y llevó al partido antiinmigración Sverigedemokraterna a dar el gran salto, pasando del 5,7% de los votos en 2010 al 12,9 en las elecciones de septiembre de 2014. Delibes escribe de pronto y como en passant: “No es admisible que una inmigración, por masiva que sea, al integrarse en un pueblo estable, modifique sustancialmente su manera de ser.” Me hubiera gustado poder preguntarle si podía desarrollar ese pensamiento, que sin duda sería adoptado por Sverigedemokraterna, Vox y Aliança Catalana.
Curiosamente, mi padre me visitó en esas fechas. Pasó dos meses conmigo y me comentaba todo lo que iba viendo desde una perspectiva que se aproximaba mucho a la de Delibes, casi coetáneo suyo. Imagino como Delibes y mi propio padre fueron descubriendo como bastantes cosas de las que habían descubierto en Lund en 1979 se incorporaban a la vida cotidiana de España poco a poco. El progreso va en olas, desde el centro a la periferia. Suecia, en aquellos entonces, estaba en el epicentro del progreso tecnológico y social, mientras España se encontraba aún en la periferia, recién salida de una larga dictadura, con muchos sueños por delante. Aunque ni mi padre ni Delibes se dieron cuenta, Suecia había comenzado un largo camino de retrocesos que ya en 1979, se dejaban notar, al menos para los que conocimos en punto más alto de sus logros económicos y sociales. Así explica Delibes su asombro ante el autoservicio en Suecia:
“En Lund, mi primera etapa en Suecia, estuve alojado en el hotel Lundia, un hotel magnífico, moderno, con aire acondicionado, televisión en color en todas las habitaciones, decoración fastuosa, y sin embargo faltaban unas manos que se hicieran cargo del equipaje e, incluso en el comedor, a la hora del desayuno, uno debía servirse por sí mismo si no quería ayunar. Otro tanto me aconteció ante la primera estación de gasolina donde pretendí repostar. Allí no había personal, únicamente diez o doce surtidores. Observé a mi alrededor y advertí que cabía optar entre dos posibilidades: meter billetes nuevecitos de diez coronas por una ranura y servirme el carburante correspondiente, o apretar un botón, dar vueltas a una llave metálica, llenar el depósito y entrar luego a pagar en la estación donde un empleado —generalmente mujer— atendía a los precios que iban apareciendo en una pantalla minúscula, precedidos del número del poste correspondiente. Esta economía de personal, explicable en un pueblo poco poblado, obliga a adoptar resoluciones increíbles y a llevar la técnica del envase a extremos exagerados.”
Recuerdo yo el autoservicio de la Puerta del Sol de Madrid, que ya funcionaba en los 60, pero que posiblemente era el único o uno de los pocos que había en España. Delibes ve esta proliferación del autoservicio en Suecia como una consecuencia de la baja tasa de paro, que en 1979 se situaba en Suecia aproximadamente en torno a 1,5 % – 2 % de la población activa, mientras que en España, la situación había empeorado visiblemente desde los últimos años del franquismo, cuando el paro era relativamente bajo en las estadísticas oficiales, pero que tras la crisis del petróleo de 1973 y la reconversión industrial, el desempleo empezó a subir con fuerza. En 1977–1979 España entra en una fase de ajuste económico y aumento del paro registrado y a principios de los años 80 la situación empeora rápidamente hasta llegar 11 % en 1980 y a más del 20 % de la población activa, a mediados de los 80.
Delibes no pudo descubrir los problemas de fondo de la sociedad sueca de 1979 en su corta estancia en el país, los que estábamos aquí empezábamos a darnos cuenta. En 1979, Suecia seguía siendo una de las sociedades más estables y ricas del mundo, pero debajo de esa imagen de “modelo sueco” ya empezaban a aparecer varios problemas estructurales que después se harían más visibles en los años 80 y 90. El modelo sueco era un modelo económico que empezaba a tensarse, justamente porque se basaba en el pleno empleo, fuertes sindicatos, gran sector público, salarios relativamente igualados.
Pero justo cuando Delibes nos visita, a finales de los 70, empezaron a aparecer tensiones por causa de la relativa baja productividad en algunos sectores industriales tradicionales (siderurgia, astilleros, minería) y la pérdida de competitividad internacional frente a Alemania, Japón y emergentes. El modelo tenía una alta dependencia de grandes empresas exportadoras como Volvo, Saab o Ericsson.
El país aún funcionaba bien, como pudo ver Delibes, pero el modelo empezaba a volverse caro de sostener por culpa de la inflación y conflictos salariales con una presión constante de los sindicatos para subir salarios, lo que originaba una “espiral salarios-precios”. El llamado “modelo Rehn-Meidner” (solidaridad salarial + control macroeconómico) empezaba a mostrar límites. Suecia había construido un Estado del bienestar muy amplio: sanidad universal, educación gratuita, seguros sociales generosos. En 1979 esto no significaba aún una crisis, pero sí había debate sobre impuestos muy altos, la pobre eficiencia del sector público en relación con su coste y una creciente y al parecer, una imparable burocratización.
Tuve la ocasión de más o menos por esas fechas, en La Casa del Pueblo de Lund, sita a dos pasos de la facultad de historia, hacerle unas cuantas preguntas a uno de los artífices del modelo sueco Rudolf Meidner. Mi pregunta, al menos la pregunta que recuerdo le hice y que él me contestó de mal talante era: “El modelo sueco parece necesitar de un crecimiento constante. ¿Podemos dar por muerto el modelo cuando lleguemos a un crecimiento cero?
Por suerte anoté su respuesta en uno de mis cuadernos y la encontré hoy: ““El problema no es la ausencia de crecimiento, sino la incapacidad de la economía para reorganizar el trabajo de forma justa. Si no hay crecimiento, el Estado debe intensificar la redistribución del trabajo y la inversión pública. El modelo no depende del crecimiento infinito, sino de la voluntad política de transformar la estructura productiva.” – Meidner, como socialdemócrata de izquierdas, era un gran crítico del capitalismo tradicional y llegó a proponer los “fondos de asalariados” (löntagarfonder), precisamente para evitar que el poder del capital frenara esa transformación. Estos fondos se concibieron por parte de los empresarios como una forma velada de traspasar paulatinamente la propiedad de las empresas a los trabajadores e impulsó la actividad política del capital, causa de la derrota política de la socialdemocracia. A Meidner no le caí bien, allí, en uno de los templos de la socialdemocracia, aunque, entre muchos correligionarios suyos empezaba a emerger la pregunta: ¿hasta dónde puede crecer el Estado sin perder dinamismo económico?
Para el que no conozca la figura de Rudolf Meidner, puedo decir, que fue uno de los muchos judíos alemanes que tuvieron que emigrar a partir de la toma de poder de los nazis en Alemania o, en el caso de Meidner, tras comenzar la segunda guerra mundial. Muchos venían de Alemania, de Austria previa al nazismo o de la Europa central en crisis y traían una lección clave, que las democracias pueden colapsar si no gestionan la desigualdad y el desempleo.
Otro de los judíos importantes para el desarrollo de la socialdemocracia fue Bruno Kreisky nacido en Viena en el seno de una familia judía de clase media y formado como jurista en la Universidad de Viena, en un ambiente intelectual marcado por el auge del socialismo democrático austríaco. Desde joven se vinculó al movimiento socialista, lo que le llevó a ser perseguido tras la prohibición del partido en 1934 y, más tarde, a convertirse en víctima directa del clima político que desembocó en la anexión de Austria por la Alemania nazi en 1938. Como judío y socialista, tuvo que huir del país. Tras un periodo de exilio, una parte decisiva de su vida transcurrió en Suecia, donde se refugió durante la Segunda Guerra Mundial. Hablaba perfectamente el sueco.
Aquí vivió entre 1939 y 1946 aproximadamente, integrándose en redes de exiliados políticos centroeuropeos y estableciendo contacto con el entorno de la socialdemocracia sueca. Ese contacto fue fundamental: Suecia no solo le ofreció seguridad, sino también un laboratorio político en funcionamiento. En esos años pudo observar de primera mano el desarrollo del Estado del bienestar sueco, el papel central de los sindicatos y la cooperación entre Estado y mercado que caracterizaba al modelo socialdemócrata nórdico. Esta experiencia influyó profundamente en su visión posterior de la política, especialmente en su convicción de que el socialismo democrático debía construirse mediante reformas graduales, estabilidad institucional y amplios consensos sociales, más que a través de rupturas revolucionarias.
Tras la guerra regresó a Austria en 1946, incorporándose al servicio diplomático y luego a la política activa dentro del SPÖ (Partido Socialdemócrata de Austria). Su carrera culminó cuando fue canciller entre 1970 y 1983, periodo en el que impulsó una de las expansiones más significativas del Estado del bienestar austríaco. Siempre bienvenido a Suecia, se le veía a menudo en los telediarios.
Otra figura importante del exilio alemán fue Willy Brandt, un socialdemócrata que tuvo un papel central en la política europea del siglo XX. Nació en Lübeck en 1913 y desde joven se vinculó al movimiento socialista. Tras la llegada del nazismo en 1933 tuvo que exiliarse, viviendo primero en Noruega y después, tras la ocupación alemana, en Suecia durante toda la Segunda Guerra Mundial. Aquí trabajó como periodista y mantuvo contactos con redes de exiliados y la socialdemocracia nórdica, experiencia que influyó en su visión de una política democrática y socialmente avanzada.
Tras la guerra regresó a Alemania en 1946 y reconstruyó su carrera dentro del SPD. Fue alcalde de Berlín Occidental, ministro de Exteriores y finalmente canciller de la República Federal de Alemania entre 1969 y 1974. Como canciller impulsó la “Ostpolitik”, una política de acercamiento a Europa del Este durante la Guerra Fría, por la que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1971. Dimitió en 1974 tras el escándalo de la infiltración del espía Günter Guillaume en su entorno cercano, aunque él no estaba implicado directamente. Murió en 1992 dejando una fuerte huella en la socialdemocracia europea y en la política de reconciliación de posguerra.
Todos estos socialdemócratas europeos pertenecían al circulo político más cercano de Olof Palme que, en el ámbito personal, tenía un amigo judío exiliado en Suecia, Harry Schein, austriaco como Kreisky, que estudió economía e Suecia y se movió inicialmente en el mundo académico y financiero, pero que pronto se orientó hacia el ámbito cultural. Se convirtió en una figura influyente dentro del debate público sueco, combinando economía, crítica cultural y política cultural. Tenía un estilo provocador, cosmopolita y muy conectado con las élites intelectuales de Estocolmo y llegó a ser nombrado director del Instituto Sueco del Cine (Svenska Filminstitutet), cargo que ocupó entre 1963 y 1970. Desde allí tuvo una influencia decisiva en la política cinematográfica sueca, impulsando una etapa de fuerte modernización del cine del país, apoyando a directores como Ingmar Bergman y promoviendo una visión del cine como parte de la política cultural del Estado del bienestar.
No sé si Delibes estaba al corriente de las raíces modernas de la socialdemocracia sueca, la conexión centroeuropea, supongo que sí, aunque no escribe nada de eso en su libro. Descubrió, eso sí, la problemática que se avecinaba con una crisis demográfica todavía lejana en España. Así escribe: “La limitación de la natalidad no sólo está extendida en el país, sino que es muy extremada. Leo en diversos papeles que la pareja sueca, a lo sumo, se desdobla dos veces. Un hijo o dos es lo habitual, sin olvidar las parejas deliberadamente estériles que cada vez son más. Esta actitud, de cara al mundo, está justificada: de puertas adentro (en un país de ocho millones para más de 400.000 kilómetros cuadrados) es egoísta y peligrosa. Si de cada dos suecos sale uno y medio, puntualizan las estadísticas, la raza no va a perdurar mucho tiempo; se irá reduciendo mientras se amplía el número de inmigrantes, hasta desaparecer del todo. Por este camino, Suecia acabará por ser un país pacíficamente colonizado. De esto se dan cuenta perfecta los sociólogos, pero nadie parece decidido a cargar con el mochuelo de llenarse de hijos para que la raza sobreviva hasta el año 3000. Cada uno mira para sí y los resultados son éstos.” – Hoy se daría cuenta de que esa crisis ha llegado también a España.
Yo a Delibes no tuve la ocasión de conocerle en Lund. Al que sí conocí, ese mismo año, fue al escritor Manuel Vázquez Montalbán que estuvo aquí en Lund invitado por el entorno universitario y círculos culturales vinculados a estudios hispánicos y a la izquierda intelectual sueca. No fue una estancia larga, sino una visita para conferencias y encuentros literarios de los que guardo un buen recuerdo, desde nuestras discusiones bajo diferentes puntos de vista, pero siempre cordiales. Dejo aquí esta relación de viajeros que pretendo ir completando, porque hace hoy muy buen tiempo y tengo ganas de salir a caminar por el bosque. Mañana será otro día y verá el tuerto los espárragos.
[1] https://www.scribd.com/document/388707425/Dos-viajes-en-automovil-Suecia-y-Paises-Bajos-Delibes-Miguel-pdf?utm_source=chatgpt.com
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