A partir de mi entrada de ayer, y de los comentarios recibidos, me propongo hoy intentar hilvanar las ideas de Spinoza con su Deus sive Natura (De la ética) con la de Hobbes, expresada en su obra Leviatán. A esto me lleva entre otras cosas la invitación de mi amiga Nuria a visitar un coloquio en YouTube[1] entre José Luis Crespo y Ernesto Castro sobre si hay vida después de la muerte. En esta interesante conversación, se comparan Thomas Hobbes y Baruch Spinoza y su concepto de Dios. A mí, desde la filosofía, la religión y la historia, me parece que lo primero que hay que tener en cuenta es el contexto en que estas obras aparecen. Leviatán sale de la imprenta de Andrew Crooke, en 1651, en un contexto político muy especial, donde Hobbes sentía una sensación de descomposición total del cuerpo político, viendo cómo las disputas religiosas y políticas destruían la estabilidad social y podían conducir a una guerra permanente de todos contra todos. De hecho, Thomas Hobbes había vivido de cerca la violencia de las guerras civiles inglesas 1642-1651, el conflicto entre el Parlamento y la monarquía, las luchas religiosas entre anglicanos, puritanos y católicos, y finalmente la ejecución del rey Carlos I de Inglaterra en 1649, un acontecimiento traumático para toda Europa. Por primera vez un monarca era juzgado y decapitado públicamente por sus propios súbditos. De ahí nace la idea central del Leviatán: los seres humanos, movidos por el miedo, el deseo y la competencia, necesitan construir una autoridad soberana fuerte capaz de imponer paz y seguridad.
El contexto religioso también es decisivo. Europa acababa de atravesar décadas de guerras de religión, incluyendo la Guerra de los Treinta Años, 1618-1648. Hobbes pensaba que las interpretaciones religiosas rivales alimentaban el conflicto político. Por eso en Leviatán intenta someter la religión al poder civil, porque, según él, el soberano debía controlar también la interpretación pública de la religión para garantizar la paz. En Hobbes, Dios sigue conservando un carácter tradicional, aunque reinterpretado racionalmente. Hobbes no niega la existencia de Dios ni rompe abiertamente con el cristianismo. De hecho, intenta integrar religión y política dentro de un sistema de orden civil. Para él, el gran problema humano es el caos, porque, sin autoridad común, los hombres viven en una guerra de todos contra todos. La religión debe quedar subordinada al Estado para evitar fanatismos y conflictos. Dios existe, pero el acceso humano a Él es limitado; lo importante no es especular metafísicamente sobre su esencia, sino impedir que las interpretaciones religiosas destruyan la paz civil.
A Spinoza le tocó vivir una época con una Europa profundamente convulsionada por guerras religiosas, crisis políticas y el nacimiento de la ciencia moderna, que vivía el derrumbe de las viejas certezas medievales y la búsqueda de un nuevo fundamento racional para comprender al ser humano. Nació, en el seno de una familia sefardí, en la joven República holandesa, uno de los lugares más dinámicos y relativamente tolerantes de Europa, porque Holanda era entonces un centro de comercio, imprenta, libertad intelectual y circulación de ideas científicas, donde convivían, aunque no sin tensiones, judíos sefardíes, protestantes de distintas corrientes, comerciantes y pensadores racionalistas.
Pero esa tolerancia tenía límites. Spinoza fue expulsado en 1656 de la comunidad judía portuguesa de Ámsterdam mediante un durísimo herem o excomunión, por sus ideas heterodoxas sobre Dios, el alma y la Biblia. Desde entonces vivió casi aislado, ganándose la vida como pulidor de lentes y escribiendo sus obras principales al margen de universidades e instituciones religiosas. La Ética fue redactada aproximadamente entre 1661 y 1675, aunque no se publicó hasta después de su muerte en 1677, porque sus amigos temían, y con razón, las consecuencias políticas y religiosas de su contenido. El libro era explosivo, ya que identificaba a Dios con la naturaleza, negaba el libre albedrío tradicional, rechazaba la idea de milagro y sometía las emociones humanas a una explicación racional y causal.
Spinoza conocía bien la obra de Hobbes y compartía con él varias intuiciones fundamentales. Tanto él como Hobbes rechazaban las explicaciones teológicas tradicionales y ambos intentaron construir una ciencia racional del ser humano. Veían, cada uno desde su perspectiva, las pasiones humanas como fuerzas naturales y entendían la política desde la necesidad y no desde ideales abstractos.
La influencia de la nueva ciencia moderna es decisiva en ambos. Hobbes admiraba el mecanicismo de Galileo Galilei y Spinoza admiraba el rigor geométrico de las matemáticas. Por eso la Ética está escrita “more geometrico”, es decir, según el método geométrico, con definiciones, axiomas, proposiciones y demostraciones, como si quisiera construir una física del alma humana y de Dios.
Pero, entre estos dos pensadores, hay diferencias profundas. Hobbes parte del miedo y del conflicto, y su visión del ser humano está dominada por la inseguridad y la competencia, lo que le lleva a justificar un soberano fuerte capaz de imponer orden. Para Hobbes, la política nace del temor a la destrucción mutua.
Spinoza, en cambio, aunque también reconoce el poder de las pasiones y los conflictos, no construye su filosofía desde el miedo sino desde la integración del individuo en la totalidad de la naturaleza. Mientras Hobbes piensa sobre todo en cómo evitar el caos político, Spinoza intenta comprender cómo puede el ser humano alcanzar una forma superior de libertad interior mediante el conocimiento. También se diferencian radicalmente en su idea de Dios, porque, el Dios de Hobbes sigue siendo compatible con cierto horizonte cristiano y con la trascendencia, mientras que el de Spinoza se identifica completamente con la sustancia infinita del universo, el “Deus sive Natura”. Podríamos decir que Hobbes seculariza el Estado, mientras Spinoza seculariza la metafísica.
En el fondo, tanto Hobbes como Spinoza respondían, cada cual, a su manera, a la misma crisis histórica, que se podría expresar con una pregunta: ¿cómo pensar el mundo después del derrumbe de la autoridad religiosa tradicional? Pero mientras Hobbes encuentra la salvación en el poder político, Spinoza la busca en la comprensión racional de la necesidad universal.
La influencia de Thomas Hobbes y Baruch Spinoza sigue siendo enorme en el pensamiento contemporáneo, aunque de maneras muy distintas. Podría decirse que Hobbes continúa vivo sobre todo en la filosofía política y en la teoría del poder, mientras que Spinoza reaparece constantemente en reflexiones sobre la naturaleza, el cuerpo, la libertad, los afectos y la totalidad del ser.
En la tradición de Hobbes encontramos pensadores preocupados por el orden político, el conflicto y la fragilidad de la convivencia humana. Un ejemplo es el jurista y politólogo Carl Schmitt que retomó la idea hobbesiana del Estado fuerte y de la política como respuesta al conflicto permanente. Schmitt veía en Hobbes al gran pensador de la soberanía moderna y su crítica a la democracia parlamentaria, el liberalismo y el cosmopolitismo le llevó a ser un fiel seguidor del nazismo.
También John Rawls[2], desde posiciones democráticas y liberales, hereda indirectamente de Hobbes la idea del contrato social como fundamento racional del orden político. Y en cierto modo, autores contemporáneos como Michel Foucault dialogan críticamente con Hobbes cuando analizan cómo el poder organiza y disciplina las sociedades modernas. Incluso muchas teorías actuales sobre seguridad, vigilancia y Estado tienen un trasfondo hobbesiano: la idea de que el miedo al caos lleva a aceptar formas crecientes de control político.
La influencia de Spinoza en pensadores actuales es también innegablemente muy importante. Durante mucho tiempo fue considerado un pensador marginal o peligroso, pero, sin embargo, en el siglo XX y XXI ha sido redescubierto intensamente. Por ejemplo, Gilles Deleuze[3] convirtió a Spinoza en uno de los centros de su filosofía. Veía en él al pensador de la potencia de la vida, del cuerpo y de los afectos, frente a las filosofías basadas en la culpa o la trascendencia.
También Antonio Negri reinterpretó a Spinoza políticamente, viendo en su idea de la multitud una alternativa democrática al poder centralizado del Estado moderno. Para Negri, Spinoza es el gran filósofo de la cooperación y de la creatividad colectiva[4].
Albert Einstein, aunque no filósofo profesional, expresó una profunda afinidad con el “Dios de Spinoza”, es decir, con la idea de una racionalidad cósmica impersonal identificada con la naturaleza misma. Einstein escribe en una carta a Eduard Büsching, 25 de octubre de 1929,[5]: “Nosotros, los seguidores de Spinoza, vemos a nuestro Dios en el maravilloso orden y regularidad de todo lo que existe, y en su alma tal como se revela en el hombre y en el animal.” Pero, en la misma carta continua Einstein expresando su respeto por los que creen en la existencia de un dios personal: “Es una cuestión distinta si debe combatirse la creencia en un Dios personal. Freud apoyó esta postura en su última publicación. Yo mismo nunca emprendería una tarea semejante. Porque una creencia así me parece ligada a la falta de una visión trascendental de la vida, y dudo que pueda ofrecerse con éxito a la mayoría de la humanidad un medio más elevado para satisfacer sus necesidades metafísicas.” Y es que a Einstein no le preocupaba que se le considerase como religioso, más bien, él se jactaba de serlo, como cuando le contestó a un incrédulo Kerr, que le preguntó si era religioso: “Sí, se puede llamar así. Intenta penetrar con nuestros medios limitados los secretos de la naturaleza y descubrirás que, detrás de todas las concatenaciones discernibles, permanece algo sutil, intangible e inexplicable. La veneración por esa fuerza que está más allá de todo lo que podemos comprender es mi religión. En ese sentido, en efecto, soy religioso.”[6]
Entre Hobbes y Spinoza está la cosa. Spinoza y su “Deus sive Natura” está presente en la ecología profunda, la filosofía ambiental, las neurociencias, el monismo y las teorías de la interdependencia. Spinoza aparece constantemente porque ofrece una visión no fragmentada del ser humano y la naturaleza. El deseo spinoziano de reconciliación con el orden profundo de la naturaleza está vivo, pero, también lo está el temor hobbesiano al caos, Del temor hobbesiano al caos, esa idea de que, sin una autoridad fuerte, la vida social se degrada hacia la inseguridad y la violencia, se derivan hoy varias tendencias muy visibles en la política, la tecnología y la cultura contemporánea. La intuición de Thomas Hobbes sigue funcionando como un “trasfondo invisible” de muchas decisiones modernas, aunque ya no se cite explícitamente.
Hoy me quedo aquí, pensando en las palabras de Einstein sobre lo que la ciencia nos puede explicar del misterio de nuestra existencia, porque Einstein estuvo profundamente influido por la tesis de Spinoza de un determinismo sin restricciones y por la creencia en la existencia de una inteligencia superior que se manifiesta en la armonía y la belleza de la naturaleza. En cualquier caso, estas fueron las interpretaciones que Einstein dio a la Proposición 29 de la primera parte de la Ética de Spinoza: “In rerum natura nullum datur contingens, sed omnia ex necessitate divinae naturae determinata sunt ad certo modo existendum, et corporandum”[7] (En la naturaleza de las cosas no se da nada contingente, sino que todas las cosas están determinadas por la necesidad de la naturaleza divina para existir y actuar de un modo determinado), y a la expresión “divina natura” o “deus sive natura”, respectivamente. El determinismo sin restricciones, argumentaba Einstein, no admite un “Dios que recompensa y castiga a los objetos de su creación y cuyos propósitos están modelados según los nuestros”.
Y, aquí me hayo yo, entre el temor hobbesiano al caos y la serenidad spinoziana de la necesidad, me juego mi forma de estar en el mundo. Entre la necesidad de orden y la intuición de una totalidad que no se deja fragmentar, sigo pensando, porque, en ese esfuerzo de comprensión se me abre una forma humilde y profunda de habitar la realidad. Porque no se trata para mí de resolver definitivamente la tensión entre Hobbes y Spinoza, sino de aprender a vivir dentro de ella, allí donde el miedo a la disolución y la confianza en la unidad del ser se cruzan sin llegar nunca a cancelarse del todo. De la ciencia no espero mucho más que me guíe para comprender la realidad.
Me quedo con esta cita de Spinoza: “Deum unicum, hoc est in rerum natura non nisi unam substantiam dari.” (Dios es uno; por lo tanto, en la naturaleza de las cosas no hay más que una sola sustancia; Ética, corolario 1 de la proposición 14, parte 1).
[1] https://www.youtube.com/watch?v=pBSEQHi0I3g&t=5s
[2] John Rawls está influido mucho más directamente por Immanuel Kant que por Thomas Hobbes. De hecho, Rawls suele considerarse una especie de reconstrucción contemporánea del liberalismo moral kantiano, pero la preocupación por la funcionalidad del estado me lleva a esta comparación indirecta.
[3] https://archive.org/details/gilles-deleuze-spinoza-practical-philosophy/mode/2up
[4]https://books.google.se/books?id=oyWtAgAAQBAJ&printsec=frontcover&hl=sv&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
[5] https://www.academia.edu/45106014/Einstein_and_Religion_physics_and_theolo
[6] https://www.academia.edu/45106014/Einstein_and_Religion_physics_and_theolo
[7] https://archive.org/details/ethica00unkngoog/page/n32/mode/2up
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