A mí me ocurre frecuentemente que, alguien, con cualquier tipo de referencia, me despierta recuerdos literarios. Supongo que os pasará a vosotros también, pero yo os voy a contar algo que me pasó ayer, por si tenéis ganas de leerlo. Mi amiga Vicky me manda a veces desde su paradisiaco jardín algún saludo electrónico, a veces acompañado de un muñequito o una figura alegórica a lo que quiere decir. Esto de las comunicaciones modernas es fantástico, porque en un periquete, nos saltamos 2000 kilómetros como el que no cree la cosa. Bueno, pues ayer me envió un saludo que decía así: “La risa no tiene tiempo, la imaginación no tiene edad y los sueños son para siempre” y esto acompañado por la figura de una niña sonriente que corre por un paraje florido y soleado.

Yo sonreí y me apresuré a contestar: “y los sueños, sueños son”, que fue lo que primero se me vino a la cabeza. Y seguí: “…pues estamos

en mundo tan singular,

que el vivir sólo es soñar;

y la experiencia me enseña

que el hombre que vive, sueña

lo que es, hasta despertar.

Me había metido sin saber, en mis recuerdos de la obra de Calderón de la Barca, “La vida es sueño”, que se nos quedó clavada a casi todos los escolares de mis tiempos. Vicky, que también lo recordaba, se apresuró a contestar: “Sueña el rico con riqueza…” y ya estábamos metidos de lleno en la obra, o en nuestros recuerdos de ella, y proseguí automáticamente: “…que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende;

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.”

 Y ahí termino nuestro saludo matinal y yo seguí con mis cosas y Vicky con las suyas, y el día me trajo muchísimas actividades, sorpresas, impresiones y, al fin llegó la noche y con ella los sueños, y esta mañana me he levantado con ganas de escribir sobre los sueños y sobre Calderón y su obra, y veo que se me están amontonando las relaciones y conexiones con otras obras y, en fin, me pongo a escribir. ¡Allá va eso!

Soñar, qué gran lujo el poder soñar. Mi suegra me dice que ella no sueña, aunque yo no me lo creo. Soñar es vivir mil vidas, retorcer las posibilidades, anticipar sucesos, revivir experiencias. Hasta a mi querido gato le deseo muchos sueños, cuando le veo tumbado a mis pies. “La vida es sueño, y los sueños, sueños son.” – decía Calderón, por boca de Sigismundo, el príncipe encerrado por su padre, para prevenir una profecía. En su encierro, Sigismundo creía que la libertad era actuar según sus impulsos, hacer lo que se le antojaba en el instante, y vive una crisis de identidad.

La psicología contemporánea considera que la identidad personal se construye a partir de recuerdos estables, relaciones sociales y experiencias coherentes. Segismundo carece de todo eso. Vive en una permanente incertidumbre sobre sí mismo y sobre el mundo, de ahí que piense que vive sumergido en un sueño. Aquí, creo que Sigismundo está acompañado de millones de seres, que también, estoy seguro, alguna vez se habrán hecho la pregunta de si la vida que viven será real o si será solo un sueño, del que habrán de despertar.

Una película de Alejandra Amenabar, “Abre los ojos”, que luego tuvo un remake americano en “Vanilla Sky”, por cierto, las dos películas, con Penélope Cruz en el primer papel femenino, tiene muchos nexos con la obra de Calderón. Ambas obras giran alrededor de la misma pregunta fundamental: ¿Cómo sabemos que lo que estamos viviendo es real? En La vida es sueño, Segismundo despierta unas veces en una torre y otras en un palacio. No sabe qué es verdad y qué es sueño. Esa incertidumbre le obliga a replantearse quién es y cómo debe actuar.

En “Abre los ojos”, César vive una experiencia parecida. Tras un accidente, la frontera entre realidad, sueño, recuerdo y fantasía se vuelve cada vez más confusa. Como espectadores espectador compartimos su desconcierto porque tampoco sabemos qué parte de lo que estamos viendo pertenece al mundo real y cuál es una construcción mental. No se puede negar que hay paralelismos muy claros, como que Segismundo y César son personajes que dudan de la realidad que los rodea y que ambos viven una especie de despertar continuo. Cuando descubren que sus certezas eran falsas, los dos tienen que reconstruir su identidad y, en ambas historias, aparece la pregunta filosófica sobre si la vida que creemos vivir podría ser una ilusión. Yo mismo me he hecho esta pregunta muchas veces, no sé si vosotros también lo habréis hecho, seguro que algunos sí ¿verdad, que sí?

Pero tanto Calderón como Amenábar juegan con la paradoja de que abrir los ojos no garantiza siempre encontrar la realidad. A veces, cuando creemos haber despertado, descubrimos que seguimos dentro de otro sueño. Desde un punto de vista psicológico, estas dos obras exploran la fragilidad de la conciencia humana. Desde un punto de vista filosófico, ambas se acercan a una pregunta clásica que ya preocupaba a pensadores como René Descartes, coetáneo de Calderón: si los sueños pueden parecer tan reales, ¿cómo podemos estar completamente seguros de que estamos despiertos? Los dos creadores, cada uno en su tiempo, intuyen que, el ser humano vive siempre entre la realidad y la representación que su mente construye de ella.

Y, buscando en el baúl de los recuerdos, parafraseando a Karina, llego a la película Matrix, que me parece que también tiene alguna relación con la obra de Calderón., ¿no os parece? Por lo menos, Matrix, que vi en 1999 está en una clara relación con “Abre los ojos” y como esta tiene una clara relación con “La vida es sueño” podemos decir que es heredera de la idea de Calderón. En “The Matrix”, Neo descubre que el mundo que creía real es en realidad una simulación digital. Las personas viven conectadas a una ilusión colectiva mientras sus cuerpos están controlados por máquinas. Aquí, la duda se forma de forma psicológica y filosófica, pero aquí entra también la tecnología: la realidad puede ser programada. Y no sé yo si las hermanas Wachowski, se podían imaginar que que manera la IA vendría a crear realidades paralelas, de la manera en que estamos viendo en la actualidad.

Los niños que nacen hoy crecerán en un entorno donde la frontera entre lo real y lo simulado es mucho más porosa que en generaciones anteriores. Nosotros distinguíamos bastante claramente entre la vigilia, el sueño y la ficción. En cambio, ellos convivirán desde muy pronto con mundos virtuales muy inmersivos: videojuegos, realidad aumentada, inteligencia artificial, pantallas constantes, narrativas interactivas. Me aventuro a predecir que su relación con los sueños será algo diferente.

Por un lado, es posible que los sueños se mezclen más con experiencias digitales. Igual que antes los sueños incorporaban el campo, la escuela o la televisión, ahora pueden incorporar universos virtuales muy elaborados, casi indistinguibles en complejidad de la realidad cotidiana.

Por otro lado, puede cambiar la propia relación con lo imaginario. Para generaciones como la mía, el sueño era algo íntimo, nocturno, difícil de fijar. Para ellos, la imaginación estará más externalizada, compartida, incluso registrada o comentada en forma de relatos digitales, vídeos o experiencias de juego. Porque, he podido constatar que los niños ahora son mucho más comunicativos, aunque, estamos siempre oyendo que los niños no leen y blablablá, pero se comunican todo el tiempo por escrito y en imagen, esa es la verdad.

Bueno, también es posible que cambie la interpretación psicológica del sueño, que tradicionalmente se ha visto como algo simbólico o inconsciente. En un mundo más tecnológico, podría tender a verse más como una extensión narrativa del cerebro, menos “misteriosa” y más “procesable”, aunque esto no está del todo claro todavía.

Pero hay un punto importante en que los sueños, en sentido profundo, como experiencia emocional, imágenes involuntarias, memoria recombinada etc. probablemente no cambien tanto. Siguen siendo un producto del cerebro humano, que no ha cambiado en lo esencial, así que, la incógnita sigue y el sueño como producto intelectual, seguirá fascinando e inspirando a muchos. Una cosa me fastidia: no puedo conseguir que los buenos sueños vengan en serie, como en Netflix, y tengo que conformarme con vivir como antiguamente, viendo el programa que echen en la tele.