Me llega por WhatsApp una noticia de la presentación[1] de un libro del divulgador mejicano Juan Miguel Zunzunegui. El libro, que aparenta ser una biografía, “Hernán Cortés, encuentro y conquista”, que desgraciadamente no he leído todavía, levanta seguramente ampollas entre los filósofos e historiadores académicos indigenistas como Federico Navarrete Linares, o los ya fallecidos Miguel León Portilla y Enrique Florescano Mayet. Según la noticia, el autor repitió reiteradamente que “Extremadura no conquistó México; Extremadura construyó México”. Seguramente, esta obra no será recogida con el mismo calor en Ciudad de Méjico como lo fue en Cáceres y supongo que no será un libro que Claudia Sheinbaum o López Obrador se lleven para leer en la cama. Comento, por tanto, la noticia, que no el libro.
A veces las discusiones sobre la conquista de México me recuerdan los debates sobre los orígenes de España. Quienes sostienen que México nació con la llegada de Hernán Cortés, como Zunzunegui parece hacer, suelen señalar que antes de 1519 no existía un Estado mexicano unificado, sino una multitud de pueblos, ciudades y señoríos con lenguas, culturas e intereses distintos. Desde esa perspectiva, la caída de Tenochtitlan y la posterior creación de la Nueva España habrían puesto en marcha el proceso histórico que acabaría dando lugar al México actual.
Algo parecido podría decirse también de la propia España. Antes de la llegada de Roma tampoco existía una España unificada. La península estaba habitada por íberos, celtíberos, lusitanos, vascones y otros muchos pueblos. Fueron los romanos quienes crearon una administración común, construyeron caminos, fundaron ciudades, difundieron el latín e integraron aquellos territorios en una estructura política más amplia llamada Hispania. Sin embargo, pocos historiadores afirmarían hoy que Roma creó España de la nada. Lo habitual es reconocer que la España posterior fue el resultado de la fusión entre las poblaciones existentes y la herencia romana, algo que, a mi parecer, deberían admitir todos los que se aproximen a la cuestión de una manera seria y sin sesgos políticos.
La comparación entre estas conquistas resulta sugerente porque muestra un proceso semejante. Roma no encontró España sino muchos pueblos diferentes. España tampoco encontró México sino muchos pueblos opuestos e inconexos. En ambos casos, una potencia exterior llegó, venció militarmente con ayuda de aliados locales, introdujo nuevas instituciones, una lengua de prestigio y una cultura común y, con el paso de los siglos surgieron nuevas realidades históricas que ya no eran simplemente la suma de los pueblos anteriores ni una copia de la potencia conquistadora.
Pero la comparación también tiene límites. Los habitantes de Hispania acabaron formando parte integrante del Imperio romano, mientras que México fue un territorio de ultramar dentro de la Monarquía Hispánica. Además, entre la conquista romana y el nacimiento de la España moderna transcurrieron más de mil años, mientras que la relación entre la Nueva España y el México independiente es mucho más directa.
Quizá la conclusión más razonable sea que ni España nació exclusivamente de Roma ni México nació exclusivamente de España. Ambos países son fruto de largos procesos de mestizaje cultural, político y humano. Sin los pueblos prerromanos no existiría España, pero tampoco existiría España sin Roma. Sin los pueblos indígenas no existiría México, pero tampoco existiría sin la herencia hispánica. La historia rara vez se construye a partir de una sola raíz, casi siempre es el resultado de encuentros, conflictos, mezclas y continuidades que terminan dando lugar a algo nuevo. De nada sirve buscar “al malo”, porque en la historia hay de todo.
Como la historia tiende a ser un campo de batalla, donde los políticos buscan enemigos para encontrar la unidad interna, siempre es bueno conocer la opinión de alguien que esté fuera de la controversia, un inglés, por ejemplo. No es que yo piense que no se puede ser español o mejicano para alcanzar una cierta imparcialidad, sino que es bueno saber como se ve la cuestión desde fuera, por ejemplo, como lo hace el inglés Matthew Restall[2], cuyo punto de partida es que, gran parte de lo que se repite como “historia” sobre Hernán Cortés, Francisco Pizarro o Cristóbal Colón no es tanto el resultado de las fuentes del siglo XVI, sino de siglos de reinterpretaciones, simplificaciones y necesidades políticas posteriores.
El pasado “está ahí” en el sentido de que ocurrió independientemente de nosotros. La caída de Tenochtitlan, la expansión romana o la formación de la monarquía hispánica no dependen de cómo las contemos hoy. Pero lo que no “está ahí” de forma accesible y completa es la historia como reconstrucción total de esos hechos. Lo que tenemos son restos en forma de documentos, crónicas, arqueología, testimonios fragmentarios, muchas veces contradictorios y casi siempre escritos desde posiciones de poder.
Pero, la historia no es solo descubrimiento, también es selección, jerarquización y relato. Y en ese proceso intervienen inevitablemente marcos culturales, políticos e incluso morales del presente. No es lo mismo leer la conquista de América desde el siglo XVI, desde el siglo XIX liberal o desde el siglo XXI poscolonial. Los hechos no cambian, pero sí cambia lo que consideramos relevante, central o explicativo. Por tanto, el análisis histórico puede volverse “funcional” a intereses del que escribe, aunque no siempre en el sentido de manipulación consciente. Muchas veces es simplemente que toda interpretación necesita un punto de vista. Incluso el intento más serio de objetividad acaba eligiendo qué enfatizar, si la violencia, las alianzas indígenas, la continuidad cultural, la ruptura, el mestizaje o cualquier otra cosa que importe en el momento. La historia es un campo de reconstrucción a partir de fragmentos, donde hay límites reales, pero también un margen inevitable de interpretación.
Hasta ahí mi comentario sobre la presentación de un libro que no he leído, a partir de lo que conozco, sobre el papel de la historia en la construcción de la realidad.
[1] https://www.hoy.es/caceres/juan-miguel-zunzunegui-extremadura-conquisto-mexico-construyo-20260604210525-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.hoy.es%2Fcaceres%2Fjuan-miguel-zunzunegui-extremadura-conquisto-mexico-construyo-20260604210525-nt.html
[2]https://books.google.se/books?id=2hMp9z_OsUMC&printsec=frontcover&hl=sv&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
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