El imperio de las leyes es lo que separa una sociedad civilizada de la arbitrariedad y la barbarie. El imperio de las leyes es lo que separa una sociedad civilizada de aquella en la que la fuerza, el miedo o el capricho de los poderosos ocupan el lugar de la justicia. Como dice Cicerón en su discurso Pro Cluentio[1]: “Legum servi sumus ut liberi esse possimus”. [2] Escribo esto, porque me preocupan bastante los constantes ataques a los jueces, poniendo en tela de juicio la actuación o la razón de los jueces para procesar, cuando se cuestiona su legitimidad, imparcialidad o fundamento jurídico, es decir, cuando alguien sostiene que el proceso judicial no debería haberse iniciado o no está bien justificado.

Eso es una cosa muy seria, que los medios de comunicación deberían pensar más de dos veces antes de publicar insinuaciones que debiliten la autoridad de los magistrados. Ni que decir tiene que los jueces son personas como otras cualquiera y tienen sus preferencias políticas y de toda índole, faltaría más. Las leyes están escritas por los humanos y también son humanos los que las interpretan.

Y la separación de poderes, que justamente está pensada para garantizar el imperio de la ley y la imparcialidad de las instituciones, es esencial en una democracia, aunque, algunos de los máximos representantes del gobierno español parecen ignorarlo, como cuando un periodista planteó a Pedro Sánchezuna una pregunta sobre la independencia de la Fiscalía: – “¿La Fiscalía de quién depende?” y el presidente del gobierno contestó: — “Del Gobierno.” Y, cuando el periodista insistió en el sentido de la respuesta, Sánchez remató: – “Pues ya está.”[3]

Sé muy bien que es imposible garantizar por completo la imparcialidad de la justicia, pero existe un conjunto de condiciones institucionales que la harían mucho más probable. Entre ellas destacan la separación efectiva de poderes, la independencia real de los jueces, su selección basada en el mérito y procedimientos transparentes, una Fiscalía con autonomía funcional, tribunales constitucionales no sometidos al poder político y la publicidad y motivación de todas las decisiones judiciales. A esto se añade la necesidad de una cultura institucional que respete la independencia judicial, medios de comunicación libres y responsables, educación cívica y una ética profesional sólida dentro de la magistratura. Todo ello requiere tiempo, estabilidad y confianza, porque la imparcialidad no se alcanza de una vez, es preciso construirla lentamente y puede deteriorarse con rapidez, si se debilita alguno de sus pilares.

Hoy me he permitido usar la IA para ilustrar el peligro de no confiar en la justicia, a partir de uno de mis cuadros, pintado en 1986 y que justamente quiere ser una alegoría de la imparcialidad.  

Y a propósito de la IA, no comparto la aprensión que noto en muchos de mis amigos y colegas, sobre los peligros de esta nueva herramienta para las ciencias y las artes. Partiendo del ejemplo de mi cuadro, pintado a mano por mí con pinturas y pinceles, sobre un lienzo cortado y acoplado a un marco, también construido por mí, construyo ahora una composición que me sirve para visualizar el contenido de algo que yo he escrito.

Y, es que, cuando el francés Joseph Nicéphore Niépce, en 1826, consiguió la primera imagen permanente de la historia, conocida como “Vista desde la ventana en Le Gras”, utilizando un proceso llamado heliografía, los pintores de la época[4], la consideraron una amenaza directa a su oficio y a la función tradicional de la pintura como medio de representación fiel de la realidad. Algunos retratistas temían perder clientes, ya que la fotografía era más rápida, barata y precisa, y se criticaba además su carácter mecánico, visto como algo carente de “alma” o de intervención artística.[5] Algunos llegaron a proclamar que, por culpa de la fotografía, el arte había muerto[6].

“Como la industria fotográfica era el refugio de todos los pintores fracasados, demasiado mal dotados o demasiado perezosos para terminar sus estudios, este entusiasmo universal no solo tenía el carácter del cegamiento y la imbecilidad, sino que también llevaba el color de una venganza. Que una conspiración tan estúpida, en la que se encuentran, como en todas las demás, los malvados y los incautos, pueda triunfar de manera absoluta, no lo creo, o al menos no quiero creerlo; pero estoy convencido de que los progresos mal aplicados de la fotografía han contribuido en gran medida, como por otra parte todos los progresos puramente materiales, al empobrecimiento del genio artístico francés, ya de por sí tan raro.

Si se permite a la fotografía suplir al arte en algunas de sus funciones, pronto lo habrá suplantado o corrompido por completo, gracias a la alianza natural que encontrará en la estupidez de la multitud. Por tanto, debe volver a su verdadero deber, que es ser la servidora de las ciencias y de las artes, pero la muy humilde servidora, como la imprenta y la taquigrafía, que no han creado ni sustituido a la literatura.”[7]

Palabras de Baudelaire en el Salón de 1859, que no llegó a presenciar el impacto del salón de París de 1874 y aquella pequeña obra de Claude Monet que dio nombre a todo un movimiento pictórico. Hay que reconocer que Baudelaire reconocía a la fotografía muchos beneficios, como algunos de los detractores de la IA también lo hacen:

“Que enriquezca rápidamente el álbum del viajero y devuelva a sus ojos la precisión que faltaría a su memoria; que orne la biblioteca del naturalista, que exagere los animales microscópicos, que incluso refuerce con algunos datos las hipótesis del astrónomo; que sea, en fin, el secretario y el registrador de quien necesite en su profesión una absoluta exactitud material: hasta ahí, nada mejor.

Que salve del olvido las ruinas que se derrumban, los libros, las estampas y los manuscritos que el tiempo devora, las cosas preciosas cuya forma va a desaparecer y que necesitan un lugar en los archivos de nuestra memoria: será agradecida y aplaudida.

Pero si se le permite invadir el dominio de lo impalpable y lo imaginario, de todo lo que solo vale porque el hombre le añade su alma, entonces ¡ay de nosotros!”

Sin embargo, no todos los artistas reaccionaron así, ya que otros pronto entendieron que la fotografía podía ser una herramienta útil de apoyo y, sobre todo, un estímulo para liberar a la pintura de la obligación de copiar la realidad. Con el tiempo, movimientos como el impresionismo aprovecharon precisamente esa liberación para centrarse en la luz, la percepción y la subjetividad, de modo que la fotografía no terminó destruyendo la pintura, sino transformando profundamente su evolución.

Muchos artistas comprendieron que la aparición de la fotografía no debía verse solo como una amenaza, sino más bien como un punto de inflexión que obligaba a replantear la función del arte, y muchos acabaron utilizándola como herramienta o inspiración. En lugar de competir con ella en la reproducción fiel de la realidad, la pintura comenzó a liberarse de esa tarea y a explorar otros caminos como la luz, la percepción, el movimiento o la subjetividad. Artistas como los impresionistas, por ejemplo, encontraron en la fotografía un estímulo para abandonar la rigidez académica y centrarse en la impresión visual del instante. Otros la usaron directamente como apoyo técnico para composiciones, estudios de figuras o captación de escenas complejas. Con el tiempo, la fotografía no solo fue aceptada, sino integrada en el proceso creativo, contribuyendo a ampliar el concepto mismo de lo que podía ser el arte.

Volviendo a Manet, este pintor no utilizó la fotografía de manera sistemática como herramienta técnica, pero vivió en un mundo ya profundamente fotográfico, y eso cambió su manera de mirar. La fotografía introdujo nuevos encuadres, cortes inesperados, poses más naturales y una relación distinta con la realidad, y todo eso aparece en la pintura de Manet. Se puede ver en obras como Olympia o Le Déjeuner sur l’herbe, se percibe una ruptura con la composición académica tradicional: figuras colocadas de forma frontal, escenas que parecen instantáneas detenidas, ausencia de idealización y una atención a la modernidad urbana. Estos rasgos coinciden con la estética que la fotografía empezaba a imponer en la cultura visual de la época.

La fotografía, además, liberó a la pintura de la obligación de competir en el terreno del realismo exacto. Mientras la cámara podía registrar fielmente la apariencia, Manet y otros artistas comenzaron a explorar otra cosa: la presencia, la tensión visual y la construcción pictórica de la realidad, más que su copia. Manet pertenece a un mundo donde la mirada ya ha cambiado. Su pintura marca el inicio del arte moderno, en el que la imagen no tiene que ser verosímil en sentido académico, sino visible, directa y consciente de su propia artificialidad. La fotografía contribuyo al nacimiento o renovación del arte.

Degas fue más lejos que Manet y empleó la fotografía de manera directa como herramienta de estudio, especialmente en el movimiento de las bailarinas, los cuerpos en tensión y los encuadres poco convencionales que rompen con la composición académica. Caillebotte adoptó perspectivas urbanas que parecen tomadas desde una cámara, con ángulos altos o escenas recortadas que sugieren un ojo mecánico.

En el siglo XX la relación se volvió aún más explícita y consciente. Artistas como Bacon utilizaron fotografías de prensa o retratos como base para sus deformaciones expresivas, mientras que Warhol convirtió la imagen fotográfica en matriz directa de su obra mediante la serigrafía, borrando la frontera entre reproducción mecánica y creación artística. Richter pinta desde la fotografía, pero introduce el desenfoque como gesto crítico, recordando que toda imagen es interpretación y no simple copia. Incluso el hiperrealismo lleva esta dependencia al extremo, construyendo pinturas que no imitan la realidad sino la imagen fotográfica de la realidad, es decir, una segunda mediación.

En conjunto, la fotografía no sustituye a la pintura, como tampoco la IA lo hará. Me atrevo a decir con cierta certeza, que las ciencias sociales y las humanidades también sobreviran, aunque tendrán que redefinirse, como lo hizo el arte frente a la fotografía.


[1] https://archive.org/details/bub_gb_hXw7B6TioZ8C/page/n79/mode/2up

[2] ” Así como nuestros cuerpos no pueden funcionar sin el alma, tampoco la ciudad puede hacerlo sin las leyes, como si fueran nervios, sangre y miembros. Los magistrados son los servidores de las leyes; los jueces, sus intérpretes; y todos nosotros somos esclavos de las leyes para poder ser libres.” §146 https://archive.org/details/bub_gb_hXw7B6TioZ8C/page/n131/mode/2up

[3] https://www.rtve.es/play/videos/informativo-24h/sentencia-ere-grinan-condenado-6-anos-carcel-chaves-9-inhabilitacion/5448579/

[4] https://rodin.uca.es/handle/10498/19494

[5] https://orbi.uliege.be/bitstream/2268/61959/1/Baudelaire-Photo-Modernit%c3%a9.pdf

[6] https://www.barnesfoundation.org/whats-on/early-photography

[7] https://www.penser-la-photographie.com/litterature-et-photographie/baudelaire-extrait-salon-1859/