Estoy en Sannyāsa[1], el cuarto ashrama[2] en la vida de un hindú, aunque, claro, sin ser hindú. Me he puesto a pensar en esto después de leer un segundo artículo sobre una especie de movimiento internacional, que tiene como fin evitar la muerte, logrando, por propios medios, alcanzar la vida eterna. No me lo estoy inventando yo, no. Lo pone en el periódico Dagens Nyheter, que es de fiar, aunque se sirve de las mismas fuentes de información que la mayoría de los periódicos occidentales, pero bueno, mantiene una cierta porción de ética periodística.

Según este artículo, Johnson sueña con “reprogramar” el cuerpo para que envejezca más despacio, quizá incluso curar enfermedades asociadas al tiempo, acercándose así a una forma de inmortalidad terrena deteniendo el reloj biológico. El protocolo de Bryan Johnson, conocido como “Project Blueprint” o bajo el lema “Don’t Die”[3]—es un plan de antienvejecimiento pensado para optimizar la salud y retrasar el deterioro biológico al máximo. Sus piezas fundamentales son la evaluación continua, la nutrición de precisión, el ejercicio dirigido, la higiene del sueño y la recuperación y, por último, las estrategias de reparación.

Básicamente, Johnson tiene una dieta de aproximadamente 1800 Kcal/día, basada en proteínas magras como pollo, pescado, claras de huevo, Grasas buenas, como el aceite de oliva extra virgen, aguacate, frutos secos y verduras de bajo índice glucémico. Además, Johnson practica el ayuno intermitente con ventana de alimentación de 6–8 h para mejorar la sensibilidad a la insulina y activar la autofagia.

Para potenciar el efecto de la dieta, Johnson usa suplementos como la Nicotinamida[4] ribósido, la Metformina[5], para la regulación de glucosa y posible efecto antienvejecimiento, inhibidores de la α-glucosidasa, ácidos grasos omega‑3, coenzima Q10, polifenoles, vitamina D, magnesio.

Para estar seguro de que va por buen camino, Johnson se somete a una valuación continua, con frecuentes analíticas sanguíneas, perfiles lipídicos, inflamación, marcadores de función renal, hepática, hormonal, estrés oxidativo etc. También se hace resonancia magnética cerebral y cardíaca, densitometría ósea, densidad muscular, plicometría[6], ecografías de órganos. Y, naturalmente, lleva siempre consigo aparatos para la monitorización continua de glucosa, análisis de sueño por polisomnografía, datos de ejercicio y ritmo cardíaco, ya sabéis, el típico reloj inteligente que ahora lleva casi todo el mundo y que a mi me regalaron, pero que anda por ahí, sin batería.

Claro está, en este método no puede faltar el entrenamiento de fuerza: 4–5 sesiones semanales, trabajando grandes grupos musculares para mantener la masa y densidad ósea, el cardio de baja intensidad, caminatas largas o bicicleta suave para optimizar la función mitocondrial sin sobrecarga con breves picos de intensidad para estimular la plasticidad cardiovascular y metabólica. Saunas y baños de contraste, frío-calor y meditación periódica forman parte del “paquete” alargavidas.  

Hasta ahí, lo veo todo muy natural, pero también entran suplementos de soporte mitocondrial: PQQ (piroloquinolina quinona[7]), resveratrol[8], y control del microbiota: prebióticos y probióticos de cepas específicas para reducir la inflamación sistémica. Johnson ha publicado datos cardíacos, cerebrales y celulares que muestran mejoras en “edad fenotípica[9]”.

Su éxito, según él, se basa en una adhesión rigurosa al protocolo, sin “trampas”. Cada dato impulsa una modificación del plan con más ayuno, otro suplemento, variar el entrenamiento y así va acoplando el protocolo a sus necesidades. Pero, claro, este señor es milmillonario y tiene tiempo y dinero para hacer sus experimentos y a la vez, ganar aún más dinero con su proyecto Blueprint[10], que él pone a la venta para que todo aquel que tenga posibles y quiera ser inmortal, lo intente.

Es interesante ver como este proyecto de inmortalidad trata de burlar a la muerte con los mismos métodos que el hinduismo trata de llegar a justamente lo contrario, moksha, que significa el apagón definitivo del alma, porque moksha es la liberación última del ciclo de renacimientos, cuando el alma, atman, al fin libre del apego y del sufrimiento, se funde con lo absoluto, Brahman.

La filosofía de las escrituras védicas me parece a simple vista más lógica que la del señor Johnson. Un ciclo definido de reencarnaciones, seguido de una definitiva disolución en un todo, me parece una explicación científica, mientras que la inmortalidad de un subjeto me parece descabellada, al menos, poco reflexionada. Me imagino que pasaría si todos los ocho mil millones y medio de humanos que por el momento vivimos en nuestro planeta, siguiéramos reproduciéndonos a la vez que consiguiéramos la inmortalidad. ¡Qué pesadilla! Pero, los métodos son los mismos. En los dos casos se trata de alcanzar el moksha o la inmortalidad por medio del ascetismo y el control del cuerpo.

Yo, que estoy como dije al principio en la cuarta fase de mi vida, casi sin darme cuenta, sigo una mezcla de los dos métodos anteriores, en cuanto a mi dieta, frugal, vegetariana y baja en carbohidratos, compuesta de frutas y bayas principalmente, ejercicio físico comparable al de Johnson, pero a mi manera, sueño y mucha meditación. Mi meta no es el moksha, que de eso no sé mucho, ni tampoco la inmortalidad, que me parece bastante aburrida; en todo caso, diría yo, que lo que yo quiero es disfrutar esta cuarta fase lo mejor posible, manteniendo mi lucidez y mi movilidad el mayor tiempo posible. Cualquier similitud entre los métodos de Mr Johanson y mis practicas son pura coincidencia.  


[1] Significa renunciación, en sanscrito

[2] Cuatro estadios o fases de la vida por los que tradicionalmente debe transitar un hindú, cada uno con sus propias metas y deberes. El primero es el de discípulo “Brahmacharya”, durante el cual debe adquirir conocimiento y disciplina. Esta fase se caracteriza por la vida en celibato, residencia en el gurukula (escuela del maestro), estudio de los Vedas y desarrollo de la autodisciplina. El segundo es el de cabeza de familia o “Gṛhastha”, en el cual el buen hindú tiene que cumplir con los deberes familiares y sociales: el dharma familiar, el sustento económico (artha) y el placer (kāma) dentro de los límites éticos. En el tercer estadio, el de retiro, “Vānaprastha”, comienza la renuncia gradual a los placeres materiales y dedica más tiempo a la contemplación espiritual, Reduciendo las responsabilidades familiares, retiro parcial, idealmente en un bosque, para estudiar escrituras y meditar. El cuarto es el de la renuncia “Saṃnyāsa” cuyo objetico es alcanzar

mokṣa, la definitiva liberación del ciclo de nacimientos y muerte. Para lograrlo, el hindú que ha llegado a mi edad, debe despojarse de toda propiedad y vínculo familiar, llevar vestiduras simples, vida mendicante, meditación intensiva y desapego total de lo material.

Cada āśrama marca una transición en la vida: de la formación intelectual al compromiso social, luego a la retirada espiritual y, por último, al abandono completo del mundo. La correcta observancia de estos estadios garantizaba, según la tradición, un desarrollo equilibrado entre las metas terrenales (dharma, artha, kāma) y la meta última (mokṣa).

[3] https://time.com/6315607/bryan-johnsons-quest-for-immortality/

[4] Una forma de la vitamina B3 (niacina), esencial para el buen funcionamiento del cuerpo humano. Se disuelve en agua y participa en procesos vitales relacionados con la energía, la reparación celular y el metabolismo.

[5] Medicamento de origen sintético, utilizado sobre todo para tratar la diabetes tipo 2, pero que hoy también se investiga activamente en contextos más amplios, como el envejecimiento, el cáncer y la longevidad. En pocas palabras: un viejo fármaco con nuevos horizontes.

[6] Plicometría es el método que se utiliza para medir el grosor de los pliegues cutáneos en distintos puntos del cuerpo, con el fin de estimar la cantidad de grasa corporal subcutánea que tiene una persona. Se realiza con un instrumento llamado plicómetro o calibrador de pliegues cutáneos, una especie de pinza de precisión con escala milimétrica.

[7] La piroloquinolina quinona (PQQ) es un compuesto natural que actúa como coenzima en ciertas bacterias y que, en humanos, ha despertado gran interés por sus posibles efectos antioxidantes, neuroprotectores y energizantes.

[8] El resveratrol es un compuesto polifenólico presente en ciertas plantas, especialmente en la piel de las uvas rojas, los arándanos, las frambuesas y en menor medida en el vino tinto. Se ha hecho famoso como uno de los posibles “secretos” de la llamada paradoja francesa: la observación de que en Francia se consumen dietas ricas en grasas saturadas, pero con una incidencia relativamente baja de enfermedades cardiovasculares, supuestamente gracias al consumo moderado de vino tinto.

[9] A diferencia de la edad cronológica, que solo mide el tiempo, la edad fenotípica refleja el desgaste del cuerpo: cómo están tu piel, tus músculos, tu sistema cardiovascular, tu metabolismo, tu sistema inmunológico, tu fuerza, tu flexibilidad, tu capacidad pulmonar, etc. Dos personas de 70 años pueden tener edades fenotípicas muy diferentes: una puede parecer y rendir como de 55, y la otra, como de 85.

[10] https://www.bryanjohnson.com/