Voy a subir otra vez a Montserrat. No hace mucho que lo hice, pero tengo ganas de repetir. Caminando por sus senderos, doy rienda suelta a la fantasía y disfruto pensando en todas las historias que se han contado de esta mística montaña que parece cincelada por las manos de un creador. La más conocida de las historias sobre esta montaña es la del Santo Grial, que nace en un cruce fascinante entre antiguas tradiciones cristianas, mitología celta y literatura cortesana medieval. Aunque en los evangelios no se menciona como tal, el Grial, el cáliz supuestamente usado por Jesús en la Última Cena, o en otras versiones, el recipiente que recogió su sangre durante la crucifixión, fue transformándose en una poderosa imagen simbólica con el paso de los siglos. Símbolo de pureza, de sabiduría secreta, de redención, de linaje divino, el Grial se convirtió en una brújula moral para caballeros errantes… y, más tarde, en obsesión para ideologías más oscuras.

El primer autor en hablar del Grial como objeto sagrado fue Chrétien de Troyes, hacia 1180. En su Conte du Graal[1], el objeto aún no tiene un carácter netamente cristiano: es un cuenco que brilla, que alimenta, que promete. Solo en el siglo XIII, con Robert de Boron, el Grial se convierte en el cáliz de la Última Cena y recipiente de la sangre de Cristo recogida por José de Arimatea, quien lo lleva, según la leyenda, a las Islas Británicas[2]. Allí nace el vínculo con las leyendas artúricas y con la figura de Parsifal, el caballero puro, el ingenuo iluminado que emprende el viaje más sagrado: el del alma en busca de sentido, un viaje simbólico, literario, espiritual, que se proyectó con fuerza sobre lugares reales. Uno de ellos fue la montaña de Montserrat.

He subido a Montserrat muchas veces, pero cada vez es distinta. Hay días en que la niebla abraza las rocas como si fueran gigantes dormidos; otros en que la luz las vuelve púrpura, casi líquidas. Caminar por sus senderos, escuchar el eco de las propias pisadas entre piedras afiladas como cuchillos antiguos, mirar hacia el monasterio suspendido entre la historia y el vértigo, produce una extraña sensación de intemporalidad. Es como si el alma de la montaña respirara todavía por las grietas del mito.

Allí, uno puede imaginar sin dificultad que algún objeto sagrado, alguna verdad recóndita, alguna presencia antigua habita entre las grietas. Montserrat no solo es una montaña: es una forma de lo sublime, una aparición geológica que se resiste a toda clasificación. Y quizás por eso fue vista como posible custodio del Grial.

En los textos medievales, especialmente en el Parzival de Wolfram von Eschenbach[3], se menciona un castillo llamado Montsalvat, guardián del Grial. La semejanza fonética con Montserrat no pasó desapercibida para místicos, escritores románticos y aventureros del espíritu. El romanticismo alemán, fascinado por lo sagrado y lo escarpado, miró hacia la montaña catalana con ojos cargados de simbolismo. Wagner, en su Parsifal[4], situó en Montsalvat el drama del Grial, y muchos interpretaron que hablaba de Montserrat.

En el año 1809, durante la ocupación napoleónica de Cataluña, las tropas francesas al mando del general Louis-Gabriel Suchet, que venía de conquistar Tortosa y Tarragona, se dirigieron hacia Montserrat. Suchet, fascinado por el esoterismo, decidió desviar sus tropas de otros objetivos estratégicos para marchar directamente hacia la montaña. Su intención era encontrar el Santo Grial.

Y es que su emperador, Napoleón Bonaparte, otro apasionado del ocultismo, ansiaba poseer la reliquia sagrada y exhibirla como símbolo de su poder absoluto. Pero Suchet no tuvo éxito. Enfurecido por el fracaso, ordenó arrasar el monasterio. El fuego y la destrucción se llevaron casi todo por delante, dejando en pie apenas unas pocas columnas del antiguo claustro benedictino, fundado en el año 1025.

Esoteristas como Otto Rahn[5], y más tarde algunos vinculados al nazismo, vieron en la montaña una señal, un lugar de poder. Fue en ese contexto que se inscribió una de las visitas más inquietantes del siglo XX: la de Heinrich Himmler. El 23 de octubre de 1940, en plena guerra mundial, el jefe de las SS subió a Montserrat. Oficialmente, se trataba de una visita de cortesía, parte del protocolo que precedía al encuentro de Hitler con Franco en Hendaya. Pero en realidad, Himmler llevaba consigo algo más que saludos diplomáticos: llevaba la obsesión de su ideología.

Influido por las ideas de la sociedad Thule[6] y por sus propios delirios místicos[7], Himmler creía que el Grial no era solo una reliquia cristiana, sino una fuente de poder espiritual y racial. En su castillo de Wewelsburg, que planeaba convertir en centro ceremonial de las SS, ya se ensayaban rituales inspirados en Parsifal y el Grial. Para completar el símbolo, faltaba el lugar donde ese poder estuviera enterrado o custodiado. Y Montserrat, con su perfil sobrenatural, encajaba perfectamente.

Según varios relatos, la visita fue breve y tensa[8]. Himmler preguntó al abad si conocía la ubicación del Grial. El abad, con serenidad, respondió que allí solo se veneraba a la Virgen. Otra versión dice que un monje intentó bendecir al jerarca nazi con agua bendita, provocando su ira. Algunos incluso afirman que se le impidió el acceso a archivos antiguos y criptas. Lo cierto es que Himmler se marchó con las manos vacías… y el alma más vacía aún.

¿Era el Grial un objeto físico o una metáfora que consumía a quienes la tomaban demasiado literalmente? ¿Se trataba de una copa o de un camino? Sea como fuere, la montaña resistió. Resistió a los nazis, a los turistas, a los que vienen solo por la vista. Montserrat se mantiene, vertical e indomable, como si la eternidad le hubiese dado forma de sierra para recordarnos que lo sagrado no es fácil, ni accesible, ni utilizable. Lo sagrado exige respeto, silencio, altura.

Quizás por eso sigo subiendo. Porque allí, entre los riscos y las nubes, uno puede entender, aunque sea por un instante, que hay búsquedas que no se completan con mapas ni con poder. Y que el verdadero Grial, si existe, está siempre más arriba.


[1] https://archive.org/details/percevaloulecont0000chre

[2] https://archive.org/details/merlinromanduxii0000robe

[3] https://archive.org/details/Parzival

[4] https://archive.org/details/parsifal_bn/mode/2up

[5] https://archive.org/details/luzifers-hofgesind/mode/2up

[6] https://archive.org/details/hammer-of-the-gods-the-thule-society-and-the-birth-of-nazism/mode/2up

[7] https://ia802302.us.archive.org/5/items/hitlers-monsters-the-occult-roots-of-nazi…/Hitlers%20Monsters%20The%20Occult%20Roots%20of%20Nazi….pdf

[8] https://www.nationalgeographic.es/historia/2018/03/montserrat-heinrich-himmler-y-el-caliz-de-cristo