Hoy he despertado sudoroso y sobresaltado, tras un sueño inquietante que me ha ido siguiendo hasta la cocina, aunque se ha ido desvaneciendo al tiempo que la cafetera canturreaba el son de la mañana. Aún mucho después, a diferencia de lo que suelen ser los sueños, sigo viendo ante mí una versión casi completa de mi sueño, quizás más pálida, pero sigue rondando en mi cabeza, si querer diluirse del todo a la luz de la mañana.  

He salido a pasear, como de costumbre, y no me ha soltado del todo, este peculiar sueño. Durante el paseo he seguido pensando en él y tratando de comprender su significado y saber por qué me ha inquietado tanto. Voy a intentar reproducir en palabras, lo que he sentido en imágenes, no va a ser fácil y me temo que a vosotros os parecerá que no es para tanto. Ahí voy.  

Seguramente en una fracción de segundo, mi cerebro reprodujo imágenes de situaciones en que me he visto envuelto en toda mi vida; desde la más tierna infancia hasta la senectud. Imágenes que yo creía que estaban borradas o al menos ocultas en lo más profundo de mi memoria, porque mostraban facetas de mí mismo que de alguna manera me habían avergonzado o que yo no querría compartir con nadie. 

Me vino a la cabeza la obra de Ibsen Peer Gynt, una obra inmensa, llena de símbolos, ironía y hondura filosófica. Cuenta la vida de un campesino noruego que, en vez de asumir responsabilidades, pasa su existencia huyendo, inventando historias y adoptando mil papeles: aventurero, buscador de oro, profeta, comerciante. Cuando regresa anciano, descubre que no ha sido fiel ni a sí mismo ni a nadie. Al pelar una cebolla ve que, como él, no tiene un núcleo sólido, es solo capas. Al final, solo el amor fiel de Solveig le ofrece una posible redención. Hay un momento en el quinto acto de Peer Gynt que me persigue desde la primera lectura, y es la escena de la cebolla. Viejo y derrotado, Peer pela capa tras capa en busca de sí mismo, de un núcleo que justifique su vida. Y no encuentra nada. El vacío como saldo final. 

La imagen es brutal y, al mismo tiempo, profundamente moderna. Porque lo que Ibsen nos plantea es una pregunta que atraviesa siglos de filosofía, religión y literatura: ¿qué hay de verdad en nuestra vida? 

El quinto acto de Peer Gynt es el cierre de la obra. Peer es ya un pobre anciano, regresa a Noruega después de una vida llena de aventuras, engaños, huidas y fracasos. Durante toda la obra él ha intentado “ser él mismo”, pero en realidad ha vivido sin asumir nunca una responsabilidad verdadera, siempre cambiando de papel, siempre evitando el compromiso. 

En este último acto, Peer se enfrenta al balance de su vida. Se encuentra con varias figuras simbólicas como el Fundidor de botones, la Esfinge, la figura del Pastor Extraño, que le recuerdan que, al no haber sido fiel a nada ni a nadie, corre el riesgo de ser “refundido” como un botón sin valor, un alma que nunca fue auténticamente ella misma. Merece la pena leerlo: 

“No eres ningún emperador; eres una cebolla. 

Ahora voy a pelarte, querido Peer mío. 

No sirve de nada que gimas o supliques. 

(toma una cebolla y quita capa tras capa.) 

Aquí está la capa exterior, raída y rota; 

es el hombre del naufragio en la barca. 

Aquí está la capa de pasajero, raquítica y fina; – 

tiene, sin embargo, en el sabor, un rastro de Peer Gynt. 

Aquí dentro tenemos al buscador de oro; 

el jugo se ha ido – si es que alguna vez lo tuvo. 

Esta piel gruesa de borde duro, 

es el cazador de pieles en la bahía de Hudson. 

Lo de dentro parece una corona; – ¡sí, gracias! 

Eso lo tiramos sin más palabras. 

Aquí está el anticuario, breve pero recio. 

Y aquí está el profeta, fresco y jugoso. 

Apesta, como está escrito, a mentiras, 

tanto que un hombre honesto se le llenan los ojos de lágrimas. 

Esta capa, que se enrolla blandamente, 

es el señor que vivió en delicias y goces. 

La siguiente parece enferma. Tiene trazos negros; – 

negro puede parecer tanto a cura como a negro. 

(arranca varias a la vez.) 

¡Era una cantidad descomunal de capas! 

¿No saldrá pronto el corazón a la luz? 

(arranca toda la cebolla.) 

¡No, por Dios, que no! Hasta lo más interior, 

todo son capas, – sólo más y más pequeñas. – 

¡La naturaleza es ingeniosa!” 

He pensado a menudo que los humanos vamos por la vida mostrando como Peer Gynt una “persona”, un rostro para el mundo. Esa persona intenta parecer algo, mostrar seguridad, éxito, bondad, inteligencia, y al mismo tiempo oculta otras cosas que no queremos que se vean. Así desfilamos, día tras día, como actores en un escenario donde las máscaras ocultan el rostro, si es que hay algún rostro ahí detrás. 

De ahí mi comparación con la cebolla. Cada capa es un disfraz: la apariencia de fuerza, la sonrisa aprendida, la corrección social, incluso la fragilidad escondida. Vamos quitando capa tras capa y, como en la escena de Peer Gynt, no encontramos un núcleo sólido, sino más capas, cada vez más finas. 

El sueño parece ser el reconocimiento de que la autenticidad no es evidente, ni se nos da hecha. El ser verdadero, si es que hay un núcleo, no está esperando intacto en el fondo como un tesoro oculto, sino que tal vez se va construyendo en la manera en que afrontamos nuestras capas, en la forma en que reconocemos nuestras máscaras. 

La cebolla de Peer Gynt nos recuerda, con ironía y algo de dolor, que somos frágiles y contradictorios. Pero también nos empuja a una pregunta ineludible: ¿tenemos un núcleo, o somos nosotros quienes debemos darle forma? La búsqueda no garantiza el hallazgo, pero sin búsqueda no hay siquiera posibilidad de verdad. Yo me inclino a pensar que el núcleo que buscamos es la añoranza de una vida verdadera. Simplemente, que el ser verdadero quizá no se encuentra en la soledad, sino en la relación con los demás. En el amor fiel de Solveig, Peer vislumbra al final que su “yo” podía haber existido en la mirada y la fe de otro. la autenticidad se encuentra, creo yo, en la responsabilidad y en el vínculo humano. Caminado por el bosque me cruzo con una pareja de jubilados como yo; los dos me saludan con sonrisas francas. Los restos de mi sueño se disipan definitivamente.  

https://www.ibsen.uio.no/DRVIT_PG%7cPGht.pdf