Al finalizar mi vida laboral, decidí acercarme a la política, impulsado en gran medida por la vitalidad y la energía de quien entonces era nuestro alcalde, Philip Sandberg. Lo había conocido tiempo atrás, en una ocasión en la que fui invitado al ayuntamiento por el responsable de relaciones internacionales para impartir una charla sobre mi experiencia de más de cuarenta años trabajando con proyectos internacionales en la enseñanza secundaria y en la formación del profesorado.

La audiencia estaba compuesta por responsables de relaciones internacionales de diversas comunas suecas, lo que daba al encuentro un carácter especialmente significativo. Al término de mi intervención, el joven alcalde, acompañado de su esposa, Alma Sandberg, se acercó a saludarme. Lo que podría haber sido un intercambio breve se transformó en una conversación larga y animada en español: su madre es mexicana, y Alma, que había estudiado en Barcelona, dominaba también el idioma con soltura.

Recuerdo aquel momento con claridad. No fue solo una conversación cordial, sino un encuentro que dejó una impresión duradera. Puedo decir que fue entonces, a pocos días de mi jubilación, cuando comenzó a tomar forma en mí la idea, hasta entonces lejana, de implicarme activamente en la política.

Para participar activamente en la política, dentro de nuestro sistema democrático, es necesario pertenecer a un partido político, que no es ni más ni menos que una organización de personas que comparten ideas y objetivos sobre cómo debe organizarse y gobernarse una sociedad, y que se unen con el propósito de participar en la vida política, especialmente a través de elecciones, para acceder al poder o influir en las decisiones públicas. A diferencia de otros grupos sociales, la finalidad principal de un partido político es representar a sectores de la población, proponer programas de gobierno y ocupar cargos en instituciones como parlamentos o ayuntamientos, desde donde pueden convertir sus ideas en leyes y políticas concretas.

Philip era entonces el líder del partido liberal en Lund y como tal representaba aproximadamente 15 000 habitantes que le habían votado, el 13,4% de los votos, o uno de cada siete votantes lo eligieron.  Gobernaba Philip y sus liberales en una coalición junto con los Moderados, Demócratas cristianos, Centro y un partido local, FNL.

Yo conocía bien la ideología liberal, su historia, su política y su actividad en Lund. Me atraía especialmente su defensa de la máxima libertad del individuo, siempre unida a la responsabilidad personal. Para mí, había sido siempre un principio fundamental: mi libertad se extiende hasta donde comienza la libertad del otro. Conociendo la política del partido liberal, podía sin problemas hacerla mía.

El liberalismo consiste en que cada persona pueda decidir sobre su propia vida. Todas las personas tienen sueños y condiciones diferentes. Todos deben tener una oportunidad justa desde el inicio, para que la libertad no quede reservada solo a los más fuertes. Por eso nos ayudamos en sociedad, asumimos responsabilidad unos por otros y financiamos juntos el bienestar. Esa es la base de lo que suele llamarse socialliberalismo, que es mi forma de liberalismo.

Cada individuo tiene derecho a su convicción política, a su religión y a su cosmovisión. La forma más importante de garantizar esta libertad es la democracia, que se fundamenta en la libertad política, el sufragio universal y el estado de derecho.

Todos deben tener derecho a elegir su profesión, su forma de consumo, su lugar de residencia y su estilo de vida. La forma más importante de garantizar esta libertad es la economía de mercado, que se basa en la propiedad privada, la libertad empresarial y la libertad de contrato. Las decisiones de los consumidores determinan la producción. La economía de mercado es el único sistema económico compatible con la democracia.

Todas las personas deben tener buenas condiciones para desarrollarse. Por ello, todas las formas de discriminación deben ser combatidas. Las condiciones de los más desfavorecidos siempre constituyen un punto de partida importante para el trabajo de un liberal. En una sociedad de bienestar liberal, el Estado, los municipios y las comunidades voluntarias contribuyen a la seguridad y al arraigo de todas las personas.

El feminismo liberal trata sobre el igual derecho de mujeres y hombres a la libertad, la responsabilidad y el poder. La misión liberal consiste en liberar al individuo de las limitaciones que implica la falta de igualdad y combatir las actitudes y creencias que la sustentan.

Y algo muy importante para mi personalmente: los liberales somos ciudadanos del mundo. El derecho de las personas a la libertad debe protegerse sin importar en qué lugar del planeta se encuentren. Es necesario combatir el hambre y la pobreza. Trabajamos por el libre comercio global y por una política de cooperación internacional generosa. Queremos fortalecer la democracia y la economía de mercado en todos los países del mundo. La visión liberal es que la libre movilidad del individuo debe ser un derecho humano: todos deben poder vivir y desarrollarse donde ellos mismos lo deseen.

Entré en política de la mano de Philip y comencé mi actividad como miembro de la junta técnica de la comuna, asumiendo responsabilidades en áreas de infraestructura como agua, electricidad, calles, circulación y otros servicios básicos. Mi mentora fue Cecilia Oredsson Burns, liberal de nacimiento e hija del antiguo alcalde Sverker Oredsson, catedrático de historia y colega mío, con quien además compartía la afición por correr. Corría el año 2020.

Pronto me involucré en la organización interna del partido. Comencé como miembro del grupo de relaciones exteriores, donde asumí la responsabilidad de coordinar actos públicos y gestionar campañas de captación de nuevos miembros y simpatizantes. Se aproximaban las elecciones de septiembre de 2022 y yo informaba de nuestra ideología en calles y plazas y llamando a las puertas de los vecinos de Lund.

Después de las elecciones generales de 2022 en Suecia, el panorama político cambió profundamente. Los Demócratas de Suecia (SD), un partido de derecha nacionalista que había sido tratado como un actor fuera del consenso político por muchos años, se convirtió en la segunda fuerza parlamentaria, con un fuerte aumento de votos. Para poder formar gobierno, los partidos de la derecha (Moderados, Demócrata Cristianos y Liberales) llegamos a un acuerdo para gobernar como una coalición de minoría con el apoyo parlamentario de SD sin que SD fuera formalmente parte del gobierno. Esto significó la primera vez en la historia moderna sueca que SD tenía influencia directa en la política nacional, aunque no ocupando carteras ministeriales. Para el que conoce la realidad política española, puedo decir que SD sería Vox.

Este contexto nos puso a los liberales en una situación complicada. Tradicionalmente, habíamos mantenido una postura clara de no cooperar con SD debido a las profundas diferencias ideológicas, especialmente porque SD está asociado con un nacionalismo restrictivo y una historia vinculada a posturas de extrema derecha, lo que chocaba con los valores liberales de apertura, libertad y derechos individuales. Muchos liberales y miembros del partido veíamos cualquier cooperación con SD como incompatible con esos valores.

Sin embargo, la realidad parlamentaria cambió el cálculo político. Para seguir teniendo relevancia dentro del bloque de derecha y no quedar marginados como un partido marginal, tuvimos que debatir si mantener nuestro principio de distancia frente a SD o abrirnos a una cooperación más estrecha. Esto se convirtió en un dilema central, que se resolvió de forma que nuestro partido aceptó formar parte de un gobierno de derechas, respaldado por SD en el parlamento, a cambio de obtener cinco ministerios que nosotros considerábamos necesarios para dirigir la política en nuestros objetivos esenciales: educación y universidades, trabajo, igualdad y medio ambiente.

Y, durante tres años de trabajo en este gobierno, los liberales hemos conseguido una larga lista de logros, gracias a nuestra participación:

Escuela libre de móviles – y guardería libre de pantallas

Libros de texto y bibliotecas escolares para todos los alumnos

Revisión del sistema de escuelas privadas

Medidas enérgicas contra la inflación de notas con un nuevo sistema de calificaciones

Reducción del tamaño de los grupos en la guardería

Guardería con enseñanza de idiomas obligatoria

Regular el tiempo de enseñanza de los profesores

Principio de transparencia para las escuelas privadas

Refuerzo del trabajo de lectura en las actividades extracurriculares – para revertir la crisis de lectura

Educación básica de diez años

Más recursos para los equipos socioeducativos

Aumento de los subsidios estatales para libros de texto

Varias medidas para aumentar la seguridad en las escuelas

Estrategia STEM desde la guardería hasta la formación de investigadores. La estrategia STEM se refiere a un conjunto de políticas, planes y acciones diseñadas para fomentar la educación y el desarrollo en las áreas de Ciencia (Science), Tecnología (Technology), Ingeniería (Engineering) y Matemáticas (Mathematics).

Fortalecimiento de la formación profesional – 11.000 nuevos puestos en formación para adultos

Fortalecimiento de la salud estudiantil y más apoyos en la escuela

6,5 mil millones para investigación e innovación de la más alta calidad

Facilitar la actividad de doctorandos y investigadores extranjeros en Suecia

Es una larga lista a la que habría que añadir todas las reformas iliberales que podrían haberse hecho, si no nos hubiéramos opuesto a ello. Pero el debate, sobre lo idóneo de estar en un gobierno apoyados por SD, siguió y siguió, y nuestra ambigüedad resultó enuna caída de la intención de voto. Este debate culminó en un momento clave el 13 de marzo de 2026, cuando nuestros líderes y SD hicieron público un acuerdo en el que eliminábamos nuestras “líneas rojas” de no cooperar con SD en una futura coalición de centro‑derecha. Por primera vez, abríamos la puerta a que SD participara en un gobierno de coalición, rompiendo con décadas de política sueca, donde los partidos principales se habían negado a incluir a SD en el poder ejecutivo.

La decisión provocó reacciones intensas dentro y fuera del partido. Internamente, muchos miembros y figuras prominentes expresaron su descontento, e incluso algunos líderes renunciaron a sus cargos o dejaron el partido al considerar que la cooperación con SD traicionaba los valores liberales. Se celebró un congreso extraordinario ayer, el 22 de marzo de 2026, en el que la dirigencia reafirmó la nueva línea a pesar de una votación muy ajustada y numerosas críticas internas, que muestra una profunda división dentro del partido. Externamente, otros partidos de la oposición calificaron este cambio como un “histórico giro” y un “sacrificio de principios” para ganar influencia, intensificando el debate sobre la normalización del papel de SD en la política sueca.

En resumen, los liberales hemos estado atrapados entre dos tensiones: mantener nuestros valores liberales y nuestra identidad política, o aceptar compromisos pragmáticos con un partido que siempre habíamos querido evitar, para conservar relevancia en la escena política. La controversia de ayer representa una manifestación clara de ese dilema y plantea preguntas sobre la identidad futura del partido y nuestra relación con el electorado liberal en Suecia.

Mi participación en la reunión previa a la votación fue la que sigue:

“Compañeros de partido, amigos: Si elegimos apoyar a nuestra dirección, no estamos renunciando a nuestro espíritu liberal, al contrario. Porque participar en un gobierno de derechas, aunque en compañía de SD, nos ofrece grandes posibilidades de ser relevantes y de conducir la política del gobierno hacia nuestros propósitos. Con esto quiero decir que siempre se tiene la oportunidad de plantar cara cuando se presentan propuestas de los otros partidos en el gobierno, que no podemos secundar, y esto no se debe aplicar solo a lo que proviene de SD. De hecho, hay una fuerza significativa en ser un partido pequeño dentro de un gobierno. Precisamente porque uno puede elegir abandonar la cooperación, también se tiene una influencia real. En la práctica, esto significa que se puede detener aquello que no se puede respaldar, en última instancia incluso derribando al gobierno si fuera necesario.

Por eso creo que se podría haber actuado con más claridad antes, especialmente cuando las propuestas más irracionales estaban a punto de ser aprobadas. Para mí, no se trata de oponerse a todos los cambios en la política migratoria. Puedo aceptar una legislación más estricta; es un desarrollo que vemos ampliamente en la política, incluso entre los Socialdemócratas. Pero hay límites, cuando se trata de propuestas basadas en legislación retroactiva o que implican que niños y jóvenes sean deportados de manera contraria a principios fundamentales, ahí pongo mi límite. En esos casos considero que nuestros valores no son compatibles con la línea de SD, y es precisamente en esas situaciones cuando uno debe estar dispuesto a usar el poder que realmente tiene, incluso si eso significa abandonar el gobierno.

Muchos de los participantes, inclusive Philip Sandberg y su sucesor en la dirección local del partido Christoffer Karlsson y tanto mi mentora Cecilia Oredsson Burns, como su esposo Robert Burns, expresaron su contrariedad y su desacuerdo con la decisión del partido y pidieron que nosotros, en Lund, siguiéramos una política estrictamente liberal, lo que implica que nos separamos, al menos espiritualmente, del partido a nivel nacional. Así estamos. Continuará.