Al final de mi entrada de ayer, citaba yo a Cristòfor Despuig, un autor ampliamente citado, pero poco leído. Si nuestro propósito es comprender la visión que de España tenían los habitantes de los territorios catalanoparlantes, es de la mayor importancia ofrecerle mucha atención, porque Despuig nos ofrece la posibilidad de asistir a las sensaciones que el cambio de orientación de la monarquía española, producía en los súbditos catalanes. Recordemos que Despuig escribe sus coloquios, cuatro años antes de que Madrid fuera declarada como capital del imperio. Creo que es importante conocer lo que escribía Despuig y por tanto cito el prólogo, tal y como el lo escribió, traducido aquí al castellano desde el catalán.
Este prólogo pertenece a los Col·loquis de la insigne ciutat de Tortosa[1] de Cristòfor Despuig (1557). Reitero que resulta especialmente interesante porque el autor declara expresamente que, aunque el tema aparente es Tortosa, su propósito más amplio es escribir «algunas cosas de Cataluña» y ensalzar la «nación catalana» y la Corona de Aragón, una formulación muy significativa, para entender cómo ciertos sectores cultos catalanes concebían su identidad política e histórica en el siglo XVI.
“Carta al ilustre señor Conde de Aytona, gran señor de las baronías de Chiva y Beniarchó, y mayordomo del Rey nuestro señor, a quien se dirige la presente obra
Según la doctrina del excelente poeta Horacio, escrita en su Arte Poética, ilustrísimo señor, nadie debe emprender una obra que exceda sus fuerzas. Las palabras textuales de Horacio son estas: «Tomad, los que escribís, una materia proporcionada a vuestras capacidades…» (Sumite materiam vestris, qui scribitis, aequam viribus).
Y por ello, yo, conforme a esta doctrina, no había, ni siquiera debía, poner mano en escribir lo que contienen estos seis coloquios, porque, por parte de la obra, la dificultad era grande, como podrá comprenderse por el desarrollo de ella, y por mi parte la capacidad es escasa. Pero me ha parecido que, si yo dejaba de emprenderla, quizá dejaría también de conocerse aquello que tanto conviene a la honra y reputación de esta ciudad de Tortosa, tan olvidada en nuestros tiempos, de la cual yo, como hijo natural suyo, debo tener singular cuidado y memoria.
Y esto es: su antigua fundación, su verdadero nombre y los sucesos de ella… ..excelencias y cosas maravillosas que se hallan dentro de sus límites generales, me he determinado a seguir una empresa tan razonable y justificada, estimando que sería mayor el inconveniente de callar que el de no hablar con toda perfección. Porque, ciertamente, es cosa admirable encontrarse dentro del término de una sola población tantas cosas como apenas se hallan en todo un reino, y serán muy pocos los reinos donde puedan encontrarse tantas.
Y así, sacando fuerzas de mi propia flaqueza y confiando en que al buen ánimo se le facilitan las cosas difíciles, he decidido sacar a la luz todo cuanto he encontrado escrito sobre esta tan honrada ciudad y, por usar las palabras de Plinio, «celebérrima» (pues así la llama él), tanto en diversos autores como grabado en piedra y metal, y también cuanto yo mismo he visto y examinado.
El estilo, a decir verdad, es sencillo y humilde, aunque no impropio de la escritura dialogada. Pero aseguro a Vuestra Señoría que, en cuanto ha sido posible, he procurado seguir en todo lo relativo a la verdad aquello que los autores más fidedignos dejaron por más cierto.
Y aunque el asunto que he tomado para poner mano a la pluma es Tortosa, mi intención y propósito principal ha sido escribir algunas cosas sobre Cataluña; por ello van entretejidas y mencionadas en la obra otras historias, la mayoría en gloria y honra de la Corona de Aragón y, singularmente, de la nación catalana, tanto para adornarla como para proporcionar mayor deleite a quienes la lean.
También se ofrecen algunos avisos y consejos saludables para el buen gobierno y administración de la misma ciudad.
Y porque Tortosa, entre las demás poblaciones de Cataluña, siguió aquella opinión general de hacer la guerra al rey de Aragón don Juan II, a causa de la prisión y muerte del príncipe don Carlos, su hijo, he decidido tratar en todo el quinto coloquio las causas de aquella guerra, para mostrar las razones que dio el rey a los catalanes para hacer lo que hicieron y para justificarles de aquello que contra ellos dejaron escrito… .escrito por Lucio Marineo y otros, que tuvieron más consideración al halago y a la adulación que a la verdad auténtica.
Y sé que sería mejor no tratar en absoluto de aquellas turbulencias, para no traer de nuevo a la memoria viejas desgracias y daños irreparables que de ellas se siguieron. Pero puesto que hombres malintencionados no han dudado en escribir, y lo han hecho con tantos excesos y ofensas contra la nación catalana, y puesto que lo que escribieron se ha consentido públicamente y circula por todas partes, no está mal, antes al contrario, está muy bien y es cosa necesaria que se escriba también la defensa; pues puede ser justa, y sería, a mi parecer, una falta muy grande dejar de escribirla.
No he querido escribirla en lengua castellana, para no mostrar que tengo en poco la catalana, y también para no valerme de una lengua extraña para defender y engrandecer la naturaleza propia, que es la principal intención de mi trabajo. Tampoco he querido escribirla en latín, para que no pareciera destinada a ser tratada y entendida por menos personas de nuestra nación de las que yo desearía, pues ha sido escrita para honra y satisfacción de ellas.
Sin embargo, van en ella citadas algunas autoridades latinas de gravísimos autores, para no hacerles perder la precisión y propiedad que llevan consigo en aquella copiosa lengua. Que no las entiendan quienes no saben latín no será, por lo demás, impedimento para comprender la obra en todo lo restante.
Me ha parecido oportuno dedicarla a Vuestra Señoría porque creo que, por dos razones principales, este servicio le será grato. La primera, porque mosén Guillem Ramon de Moncada, antecesor de Vuestra Señoría, fue una de las principales figuras de la conquista de Tortosa. La segunda, porque el mismo Moncada y sus sucesores fueron señores de la ciudad de Tortosa hasta el tiempo del rey don Jaime II.
Y así, puesto que trato de Tortosa, necesariamente he de tratar y hacer memoria del valor y la gloria del nombre de Moncada, de cuyo linaje es hoy Vuestra Señoría la principal cabeza en toda la Corona de Aragón. Por ello puedo creer con razón que este servicio le será, como digo, agradable.
Suplico a Vuestra Señoría que se sirva recibirla con el mismo afecto con que se ofrece, para que, bajo el favor y amparo de Vuestra Señoría, esta obra quede protegida frente a las lenguas maliciosas y no sea menospreciada, aunque sea modesta. Porque no puede decirse que da poco quien da todo lo que puede.
Considérese también que soy el primero que ha osado acometer una empresa tan trabajosa y difícil, pues es cierto que hace más quien pone el principio de cualquier cosa que quien después añade a lo ya hecho, porque, como dice el adagio latino, facile est inventis addere («es fácil añadir a lo ya descubierto»).
Las faltas de la obra, que no serán pocas, ruego que Vuestra Señoría y quienes la lean las reciban con la paciencia y benevolencia que merece la buena voluntad con que ha sido realizada.
Y Nuestro Señor guarde a la muy ilustre persona de Vuestra Señoría, acrecentando sus estados y dignidades, como puede hacerlo.
De Tortosa, año de 1557.”
Este fragmento es particularmente revelador porque Cristòfor Despuig formula de manera explícita una defensa de la lengua catalana. Afirma que no escribe en castellano porque sería recurrir a una «lengua extraña» para defender su propia tierra, y tampoco en latín porque quiere que la obra pueda ser leída por sus compatriotas. Es uno de los testimonios más claros del siglo XVI sobre la conciencia lingüística y cultural catalana, expresado además en términos de «nación catalana», una expresión que aparece varias veces en el prólogo.
Ya en el primer coloquio, Despuig muestra la tensión entre los catalanoparlantes y castellanoparlantes, tratando de demostrar la catalanidad de los territorios de Valencia y Mallorca, donde la coexistencia de las dos culturas parece ya problemática.
“F. ¿Cómo? ¿De vuestra antigua patria?
D. P. Sí, porque los valencianos hemos salido de Cataluña, y los linajes que no tienen allí su origen no los consideramos tan buenos. Y tenemos la lengua de Cataluña, aunque por la vecindad con Castilla se ha alterado mucho.
F. ¿Y cómo? ¿No decís que fue conquistada por el rey don Jaime de Aragón? ¿Y no intervinieron los aragoneses en la conquista?
D. P. Sí, pero la fuerza y el poder principal, todo o casi todo, eran de Cataluña; y por eso allí se conservó la lengua catalana y no la aragonesa. Con todo, también quedaron algunos linajes de Aragón y otras personas importantes, cuyos descendientes aún hoy se encuentran allí.
F. Otra razón da Pere Antoni Beuter para que haya permanecido en Valencia la lengua catalana. Dice que, por cierto número de doncellas que fueron llevadas desde Lérida para poblar la ciudad, comenzó allí la lengua catalana, porque los hijos aprenden más de las madres que de los padres.
D. P. Ya sé que eso escribe Pere Antoni, pero su opinión tiene poca fuerza, porque aquellas doncellas no poblaron más que la ciudad de Valencia, mientras que la lengua catalana permaneció y se extendió por todo el reino, tal como hoy se habla desde Orihuela hasta Traiguera. Por ello no puede sostenerse lo que él dice, sino que es verdad lo que yo afirmo: que en aquel tiempo no solo el rey, sino también todos los documentos de la corte real estaban escritos en catalán, y así pudo conservarse la lengua catalana y no la aragonesa.
L. No hay motivo para dudar de eso. Y lo mismo ocurrió en la conquista de Mallorca realizada por el mismo rey, y también en Menorca e Ibiza, que fueron conquistadas después. En todas estas islas permaneció la lengua catalana, como todavía hoy la tienen, y prácticamente tal como la recibieron en sus comienzos, porque no han tenido ocasión de alterarla.
Como los valencianos, y en Cerdeña, la cual conquistó el infante don Alfonso, que después fue rey de Aragón, tienen también la lengua catalana, aunque allí no todos hablan catalán, pues en muchas partes de la isla conservan todavía la lengua antigua del reino; pero los caballeros y las personas distinguidas, y finalmente todos los que negocian, hablan catalán porque el catalán es allí lengua cortesana.
D. P. No sé por qué, porque la verdad es que no es tan apreciada como lo es la catalana, y la aragonesa es tenida por mejor por parecerse más a la castellana.
L. En nuestros días sí, pero en tiempos pasados no la tenían sino por muy grosera, como en verdad lo era, y por eso era considerada inferior a la de aquí. Pruebas de ello son que los reyes, aunque tomaban el apellido de Aragón, no por eso hablaban aragonés, sino catalán. Incluso el rey don Martín, último rey de la línea masculina de los condes de Barcelona, hablaba catalán; y su padre, aquel rey que fue Pedro tercero, compuso en lengua catalana la crónica que escribió sobre las gestas de su abuelo, de su padre y las suyas propias, y de su propia mano se conserva escrita todavía hoy en el Real Archivo de Barcelona una copia de la cual ya puso Miquel Carbonell en la crónica que hizo de Cataluña.
Además, os diré una cosa para apoyar mi argumento, que ciertamente es digna de consideración: en Aragón, tanto como limita el reino con Cataluña y Valencia, no hablan aragonés sino catalán todos los habitantes de la frontera, en dos y tres leguas dentro del reino; que, dentro de Cataluña y Valencia, en aquella frontera, no queda memoria de la lengua aragonesa. Y esto sucede verdaderamente, así como lo digo.
Y de aquí nace el escándalo que yo siento al ver que hoy se abraza tan absolutamente la lengua castellana incluso dentro de Barcelona por los principales señores y otros caballeros de Cataluña, recordando que en otro tiempo los magnánimos reyes de Aragón no daban lugar a este abuso. Y no digo que la castellana no sea una lengua gentil y tenida por tal, y también confieso que es necesario que las personas principales sepan esa lengua, porque es la española que en toda Europa se conoce; pero condeno y repruebo que se hable ordinariamente entre nosotros, porque de ello puede seguirse que poco a poco se quite de raíz la de la patria, y así parecería que Cataluña fuese conquistada por los castellanos.
D. P. No estoy en desacuerdo con lo que decís, pues ciertamente ya empieza a sobrepasar los límites este abuso, tanto aquí como allí en Valencia. Entre nosotros yo tendría por bueno que todos considerasen esto.
F. Yo tengo por imposible el remedio y, por eso, será superflua la consideración que dice el señor don Pedro, y más superfluo todavía lo comprenderá la cabeza. Sin embargo, me causa mucho placer que así se haya hundido nuestra lengua sobre la aragonesa en el reino de Valencia y en aquellas islas. Y con esto cambiemos de conversación: aquel mercader con quien hablabais, señor don Pedro, ¿por qué está allí esperando? Despedidlo y vámonos a misa.”
Este fragmento es especialmente significativo porque muestra una conciencia lingüística muy clara: el autor acepta la utilidad y prestigio del castellano, pero distingue entre conocer una lengua internacional y abandonar la lengua propia como lengua habitual de las élites. Nos muestra la antigüedad de la preocupación de los catalanes por su lengua y su cultura. Es interesante también ver como contemplan el declive de la cultura catalana en el momento de la muerte de Martín, el último rey descendiente de los condes de Barcelona, en 1410, que suele considerarse aún en la actualidad, un momento simbólico en la historia de Cataluña, porque a partir de entonces comenzó lentamente un desplazamiento del centro de gravedad político y cultural de la Corona de Aragón.
Despuig lamenta que, en su época, el castellano hubiera empezado a penetrar incluso entre los nobles catalanes y en la propia Barcelona. No niega la calidad de la lengua castellana ni su utilidad internacional, porque reconoce que era la lengua conocida en toda Europa, pero teme que su uso creciente entre las élites termine desplazando la lengua propia y que poco a poco “se lleve de raíz la de la patria” y que Cataluña acabe pareciendo culturalmente conquistada por Castilla.
Más allá de la exageración propia de quien mira el pasado con nostalgia, el texto refleja una realidad histórica: después de 1410 Cataluña comenzó a perder parte del protagonismo político y económico que había tenido durante la expansión mediterránea de la Corona de Aragón. La crisis del siglo XV, las guerras civiles catalanas, la unión dinástica con Castilla y el desplazamiento progresivo de los centros de poder hacia la monarquía hispánica fueron debilitando una cultura que hasta entonces había sido una de las grandes fuerzas del Mediterráneo occidental.
Pero, una cosa que a veces se olvida es que en el siglo XVI Despuig no contrapone Cataluña y España, sino que reivindica que Cataluña forma parte de España y que incluso representa una de sus partes más ilustres. Su protesta no es contra la pertenencia a España, sino contra una visión castellana que identificaba España exclusivamente con Castilla.
“¿Y qué pensáis, señores? La mayor parte de los castellanos se atreven a decir públicamente que esta nuestra provincia no es España y, por ello, que nosotros no somos verdaderos españoles; sin considerar, esos pecadores afortunados, el gran engaño en que caen, y cuán ignorantes son, y cuán ciegos caminan por la envidia y la malicia; porque esta provincia no solo es España, sino que es la mejor España.”
En los diálogos de Cristòfol Despuig aparece la primera gran queja catalana, conservada hasta hoy, ante el desplazamiento del centro de gravedad de la monarquía hispánica. No es todavía la de Barcelona frente a Madrid de los siglos posteriores, porque Madrid aún no es la capital del Imperio, lo sería cuatro años después, pero sí es ya el conflicto entre dos maneras de entender España, una España plural, heredera de la Corona de Aragón, donde Cataluña había sido una de sus grandes protagonistas, y una España que comenzaba a identificarse cada vez más con Castilla. Despuig no niega España, al contrario, reivindica que Cataluña es España. Lo que denuncia es que algunos castellanos pretendan convertir Castilla en la medida de toda España. Continuará mañana con los sucesos de la Guerra dels Segadors, 1640-1652.
[1] https://archive.org/details/loscolloquisdela00desp/page/n7/mode/2up
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