Hoy debería ser jornada de reflexión, pero aquí, en Suecia, no lo es. Así que seguimos haciendo campaña hoy y mañana, hasta que cierren los locales de votación y ya no quede un solo voto por disputar. Después nos iremos a celebrar el resultado o a llorar la muerte de un partido. En política, hasta el último minuto puede ser decisivo.

He repetido tantas veces nuestro programa político y las reformas que queremos llevar a cabo que ya casi podría debatir sobre ellas dormido. A estas alturas, probablemente podría defender nuestra política escolar incluso en sueños.

En política se vota, en buena medida, lo que se cree. Se parece un poco a una religión que no necesita pruebas, sino fe. Cuando los votantes pierden la fe en un partido, es muy difícil conseguir que vuelvan. La confianza, una vez perdida, no se recupera fácilmente. Es como el amor: cuando se ha perdido, resulta muy difícil que vuelva a florecer.

Muchos han llegado a nuestro quiosco para contarnos que siempre nos habían votado, que nos habían sido fieles en los buenos y en los malos tiempos, pero que, desde el momento en que entramos en el Gobierno de Tidö, apoyado por los Demócratas Suecos, perdieron aquel cariño que nos profesaban. Ahora ya no quieren saber nada de nosotros; algunos incluso quieren vernos desaparecer.

Y yo me pregunto: ¿en brazos de quién se echarán ahora? ¿A qué partido votarán quienes se consideran “puros liberales”? Pero entonces me pregunto: ¿qué partido les cuadrará mejor? ¿Hay acaso algún partido que quiera una inmigración sin control, una legislación laxa frente a las mafias y las maras, una gasolina a treinta coronas el litro y, al mismo tiempo, una subida general de impuestos?

Porque, cuando uno mira lo que realmente ofrecen los demás partidos, la elección no parece tan sencilla. Los Socialdemócratas han endurecido también su política de inmigración y de seguridad; Vänsterpartiet (la izquierda, antes comunista) quiere mantener instrumentos fiscales para la transición ecológica; y Centerpartiet, que defiende una política migratoria más liberal, propone una gasolina barata a cualquier precio: quiere reducir la fiscalidad sobre los biocombustibles y mantener bajo el precio en el surtidor mediante una transición hacia combustibles renovables.

Entonces, ¿qué es exactamente lo que buscan esos que se consideran «puros liberales»? ¿Un partido que defienda todas sus posiciones ideales al mismo tiempo, aunque ese partido no exista? ¿O están dispuestos a aceptar que la política consiste también en elegir entre alternativas imperfectas y, a veces, desagradables?

Uno de estos examantes/votantes me regaló un libro de 780 páginas escrito por él, Göran Lund, se llama el escritor, antiguo contable.

Y llegó el día de las elecciones, el 13 de septiembre. A las ocho de la tarde cerraron los colegios electorales. A las siete en punto entré en el bar O´leary, donde habíamos acordado que nos reuniríamos los políticos y miembros activos del partido liberal. En el piso de arriba, reservado para nuestro grupo, ya estaban allí unos cuantos, conocidos, vestidos como para fiesta, con su jarra de cerveza o su copa de vino en la mano, conversando. Abrazos, sonrisas, palabras de ánimo, mientras buscamos un lugar para sentarnos. Van llegando más y más liberales, más abrazos, besos, nervios a flor de piel, olor a perfume mezclado con el sudor que producen los nervios.

Nos sentamos a la mesa. Conversaciones entrecruzadas, risas exageradas, gritos. Bebemos brindamos, y llegan las ocho y media, y en las pantallas de televisión de diferentes tamaños, dispersas por todo el local, se empiezan a ver cifras, muchas cifras, figuras, estadísticas, retrospectivas históricas. Una de esas figuras estadísticas me llama especialmente la atención. Yo me fijo en el detalle de que solamente el 2% de los jóvenes que emiten su voto por primera vez, ha elegido nuestra papeleta. Me pongo a escribir al momento un correo al secretario de nuestro partido, Fredrik Brange, doctor en física cuántica y joven, por edad y por forma de ser. El correo va también dirigido a nuestra enérgica líder Simona Mohamsson y a la ministra de medioambiente, Romina Pourmuktari, con la que tengo cierta confianza. Son ya las diez y dos minutos y está ya asegurada la permanencia en el Parlamento. Escribo aquí el correo según como lo envié:

“¡Enhorabuena! Y una cosa que debemos tener en cuenta: está más claro que el agua que tenemos que conseguir que los jóvenes estén de nuestra parte. Hay que encontrar buenas cuestiones para los jóvenes, o temas que realmente les interesen y les movilicen. Cuestiones liberales para los jóvenes.

¡Dale mi enhorabuena a Simona y a Romina!

Un abrazo.”

La respuesta llega rápidamente, en la televisión puedo ver que me la escribe, porque las cámaras están ahora en la sede del partido:

“¡Gracias, Martin! Y gracias por todo lo que has hecho por el partido durante la campaña electoral. ¡Ha sido increíblemente importante!”

Y en O´Leary sigue la fiesta agridulce. Dulce por saber que el partido se aferra al Parlamento una vez más, algunos dirán que, con apoyos externos, gente que habría votado a los moderados o a los demócratas suecos, pero que nos votan para que el gobierno de derechas pueda seguir. Mal cálculo, porque, si se vacía un partido de sus votos para ayudar a otro del mismo bloque, no cambia la totalidad, sino que se distribuye dentro del bloque. En fin, estamos del lado bueno de los 4% y además con bastante holgura.

Recibo un galardón por “arduo trabajo durante el periodo preelectoral”, aplausos y brindis, y sigue la noche y vamos viendo los resultados locales. Eso ya no es tan positivo para nosotros en Lund. Escribo a mis amigos y a mi hermanita un WhatsApp:

“ Bueno, ya tenemos los resultados y, dentro de todo, podemos estar satisfechos. Mi partid ha conseguido mantenerse en el Parlamento y, además, hemos crecido un poquito. No es una gran victoria, pero teniendo en cuenta los pronósticos que hemos tenido durante estos meses, permanecer en el Parlamento es, sin duda, una buena noticia.

En las elecciones regionales nos hemos quedado prácticamente como estábamos, mientras que en las municipales hemos perdido aproximadamente la mitad de nuestros votos. Esto último tiene una explicación bastante clara: hemos perdido a nuestro antiguo cabeza de lista, el popular alcalde de Lund, Philip Sandberg, y es muy difícil sustituir a alguien con su trayectoria y su reconocimiento. Recordad que fue precisamente Philip quien me metió en política. Y ahora resulta que es él quien nos ha dejado.

Pero, sumándolo todo, creo que ha valido la pena. Han sido meses de muchísimo trabajo: estar en la caseta, llamar a cientos de puertas, recorrer las calles y hablar con miles de personas para explicar lo que defendemos. A veces uno no sabe si todo ese esfuerzo servirá de algo, pero esta vez, al menos, hemos conseguido mantenernos a flote y crecer un poco.

Ahora toca descansar. La campaña ha terminado y, por una vez, podemos dejar de intentar convencer a los demás y dedicarnos simplemente a dormir.”

Algunos van ya abandonando el pub. Despedidas, besos, abrazos. Ojos tristes, caras largas, algunos y algunas, no todos. Se sabe ya que un gobierno de derechas con el apoyo de los SD o con su participación, es bastante improbable. A decir verdad, yo me alegro. Sí, me alegro, porque ya no tendré que defenderme de los que me acusen de pertenecer a un partido al que le apoya SD, un partido con pasado racista y neonazi, aunque ahora se presente en una apariencia democrática y legalista.

Libres de ese peso, podremos encontrar nuestro camino de vuelta al centro de la política sueca. Un detalle interesante: la líder del partido de centro, que durante la campaña siempre ha estado intentando reemplazar a nuestro partido como el más liberal, ofreciendo una alternativa “inmaculada” para el votante liberal escandalizado por el apoyo de SD, Elisabeth Thand-Ringqvist, ante los micrófonos de la televisión estatal, a sabiendas de que la oía todo el mundo, se alegraba de que nuestro partido, Liberalerna, entrase de nuevo al Parlamento porque: “Suecia necesita los dos partidos liberales”.

No sé yo, lo que será posible hacer en las próximas semanas, ni tampoco lo sabe ninguno de los políticos que ahora serán llamados por el presidente del Parlamento (talmannen) para sondear las posibles constelaciones políticas que puedan llega a un acuerdo sobre un próximo gobierno. Aunque los socialdemócratas, los verdes, el partido de la izquierda y el partido de centro suman para gobernar, parece que será difícil atravesar las líneas rojas impuestas por el centro para apoyar un gobierno socialdemócrata. Esas líneas tratan de dejar al partido de la izquierda fuera del gobierno, mientras ellos, la izquierda, quiere unos cuantos ministerios para apoyar a los socialdemócratas, cosa que el centro no quiere permitir. Así estamos.

Esta mañana me levanté bastante tarde, para lo que he estado haciendo últimamente, a las siete poco más. Me fui caminando hasta la ciudad para dejar la llave de nuestra caseta electoral. Esta vez, ha sido el representante de los socialdemócratas el que ha funcionado como enlace, y le di la llave a él. Hablamos relajadamente, como dos viejos amigos, ya que nos conocemos hace ya bastante tiempo y tenemos una buena relación personal. Björn, que así se llama el gigantón de pelo rojo que coordina el proceso electoral en la socialdemocracia de Lund, me dijo con una pequeña sonrisa: “Suerte que habéis sacado seis escaños en el consistorio, porque si nó, os abríais quedado sin concejal.”

De vuelta a casa, caminando, iba yo pensando que era una pequeña catástrofe, eso de salvar al partido en el Parlamento y dejarlo a medias en el ayuntamiento. Al llegar a cas me puse a escribir de nuevo a nuestro secretario general con mis ideas de cómo atraer a esos jóvenes que se nos han ido a otros partidos. Mayoritarios no seremos nunca, pero, 2% de votos jóvenes es algo que deberíamos superar. Aquí puedes leer mi carta con mi pequeño análisis:

“Sin que nadie me haya pedido esto, y por iniciativa propia, quiero profundizar en lo que te escribí durante la propia noche electoral. El hecho de que solo hayamos obtenido alrededor de un 2 % entre los votantes que votaban por primera vez es un problema muy serio, aunque el resultado electoral global del partido pueda interpretarse positivamente, a pesar de que aquí, en Lund, hayamos reducido a la mitad nuestra base electoral. En lo que respecta a Lund, existen también otras explicaciones, que tú conoces muy bien.

Hay varias explicaciones posibles para el bajo nivel de confianza entre los jóvenes. La primera es que los jóvenes, en general, se han desplazado realmente hacia la izquierda. Esa es quizá la cuestión de fondo más importante. El resumen de SVT previo a las elecciones muestra un claro predominio de la izquierda entre los jóvenes de 18 a 29 años, especialmente entre las mujeres jóvenes, y Novus ya había constatado en agosto que los votantes que votaban por primera vez habían cambiado considerablemente desde las elecciones escolares de 2022. El Partido Verde había multiplicado casi por cuatro su apoyo entre este grupo y había alcanzado alrededor del 20 %.

Por tanto, no es solo un problema nuestro. Existe un cambio generacional más amplio. Pero, en realidad, deberíamos tener un potencial muy fuerte entre los jóvenes. Nuestras principales cuestiones, la educación, la formación, la libertad individual, la igualdad, Europa, la ciencia, la tolerancia y la posibilidad de cada persona de construir su propia vida, son cuestiones que deberían encajar muy bien con los jóvenes.

Sin embargo, durante esta legislatura nos ha resultado difícil aparecer como el partido que representa esa libertad. En cambio, para muchos jóvenes hemos terminado asociados a Tidö, a SD, a la inmigración, a una política criminal más dura y a la colaboración gubernamental en cuestiones que no nos favorecían.

Esto constituye un problema especialmente importante porque parece que los jóvenes han reaccionado más negativamente que los mayores a la colaboración de Tidö. Además, la brecha política entre hombres y mujeres es especialmente grande entre los jóvenes. En realidad, nuestro problema no es que los jóvenes se hayan vuelto antiliberales. El problema es que ya no entienden por qué deberían votar precisamente a Liberalerna. Esto ha quedado claro muchas veces cuando he hablado con estudiantes de secundaria en la caseta electoral.

Los socialdemócratas dicen que quieren proteger el Estado del bienestar. Los Verdes dicen que quieren salvar el clima. El Partido de Izquierda dice que quiere reducir la desigualdad. El Partido de Centro grita que defiende el centro liberal y las zonas rurales. Los Moderados se presentan como los que defienden el trabajo, la economía, la ley y el orden y, finalmente, SD dice que protege la nación y quiere reducir la inmigración. Pero ¿cuál es nuestro relato? Yo, personalmente, he insistido mucho en que defendemos la libertad de las personas mediante el conocimiento, la educación, la democracia y el Estado de derecho.

He tenido la impresión de que los adolescentes que se acercaban a mí percibían este relato como algo fuerte y comprensible. Pero no lo hemos escuchado lo suficiente desde la dirección del partido. Al menos no con la suficiente claridad, en mi opinión.

Resulta casi paradójico que un partido como el nuestro, que nos gusta llamar “el Partido de la Escuela”, no haya conseguido tener una mayor repercusión entre quienes precisamente están terminando la escuela, aunque, en realidad, hayamos dado mucha importancia a la educación en nuestro programa electoral: orden en el aula, conocimientos, escuela sin móviles, lectura, STEM, etc. Todo eso está bien, pero quizá sea una cuestión que interpela sobre todo a los padres de los niños que ahora están escolarizados.

Pero parece que el votante que vota por primera vez no piensa, ante todo, que tenemos una buena política educativa, sino que piensa más bien en qué partido tiene algo que decirle sobre su propia vida y su futuro. Y Tidö, tenemos que reconocerlo, nos ha costado mucho precisamente entre esta generación. Esta es, en mi opinión, la gran lección política. Un joven votante liberal puede aceptar que Liberalerna colabore con los Moderados. Eso no resulta especialmente controvertido. Pero cuando esa colaboración implica además una dependencia de SD, surge un conflicto de identidad.

Un votante liberal de mayor edad puede preguntarse qué políticas podemos conseguir sacar adelante mediante una colaboración de ese tipo, pero un votante joven puede caer fácilmente en una crisis de identidad, y esto es mucho más difícil de reparar para un partido como el nuestro. Un votante puede aceptar que un partido haga concesiones sobre un tipo impositivo. Es mucho más difícil aceptar una concesión que se percibe como un alejamiento de la identidad del partido.

Sin embargo, hay un pequeño motivo de esperanza, aunque durante mucho tiempo hayamos sido malos explicando por qué necesitamos el liberalismo. Ese motivo de esperanza es que más de 300.000 suecos consideran que Liberalerna es necesario en el Parlamento. Se diga lo que se diga sobre los votos estratégicos, hemos sobrevivido y hemos crecido. Solo tenemos que concretar nuestro “fórmate, compórtate, preocúpate”, porque, en realidad, es un relato generacional liberal mucho más claro que otra discusión más sobre la base parlamentaria del Gobierno. Los jóvenes necesitan comprender qué significa el liberalismo para su propia vida.

Ahora tenemos la enorme suerte de contar con muchos jóvenes en la dirección de nuestro partido, así que pensad de nuevo, pensad en los jóvenes, pensad en el futuro, y afinad el mensaje sobre la libertad de las personas mediante el conocimiento, la educación, la democracia y el Estado de derecho.

Sí, eso es todo. Ahora voy a descansar un rato. Ya he dejado la llave de la caseta y pronto tendremos que quitar los carteles y limpiar el local. Celebradlo con Simona y Romina y dadles muchos saludos de mi parte. Y muchísimas gracias por todo el trabajo que habéis hecho y por la fantástica remontada que nos habéis regalado.”

Aquí me quedo, por hoy. Ya os iré informando sobre el devenir de este momento histórico, que así lo son todos los periodos electorales, más aún si proporcionan cambios esenciales en la composición del gobierno. Adjunto un enlace a una entrevista que el periódico danés Altinget me hizo el viernes.

To boder på torvet i Lund rummer et af Sveriges største valgdramaer – Altinget