In memoriam: la voz de una tierra, la memoria de una cultura
Se aproxima el día de los difuntos y por eso estaba yo hoy en el cementerio de Lund, para decorar con flores otoñales la sepultura de mi suegro, historiador de la religión y buen músico, que allí descansa. De camino a casa sentí que me venía una notificación de WhatsApp. Era de Rosa Lencero, escritora, amiga y compañera en la Sociedad Científica de Mérida. Pensé que había leído mi entrada en este blog, pero desgraciadamente se trataba de algo que no esperaba, la noticia del fallecimiento de su compañero, mi amigo Antonio Viudas Camarasa.
Maldecí no haber ido a visitarlo en mayo, como habíamos quedado, y ya no podrá ser. Uno cree que siempre queda tiempo para hacer las cosas, pero el tiempo es siempre escaso, muy escaso. Me vino rápidamente a la cabeza la tarde en la que conocí a Antonio, hace ahora once años. Yo había sido invitado a dar una charla en la Sociedad Científica de Mérida, en la biblioteca Juan Pablo Forner sobre la crisis del modelo sueco desde mi perspectiva, y Antonio se encontraba entre el público e iba filmando todo con la Ipad que casi siempre le acompañaba. Y es que Antonio, comprendió muy pronto la importancia de los nuevos medios, y no le amedentraban, como a otros de su quinta, sino que desde el principio de los 80 se metió a fondo en seguir la técnica y aplicarla a las necesidades de su profesión como docente.
Tras la conferencia, nos fuimos todos a tomar unas cervezas en un bar de la calle John Lennon y allí nos sentamos Antonio y yo y estuvimos hablando de nuestra experiencias y nuestras vidas, que tenían en común nuestros vínculos con Cataluña, con su cultura y su lengua. De allí comenzó una amistad que nos ha unido hasta que El Toro Maligno se lo ha llevado un día de la Hispanidad.
Con motivo de mi jubilación, Antonio me dedicó unas palabras en su blog www.dialectus.se que a mi parecer dicen algo sobre nuestra relación de amistad y por eso las publico aquí abajo para vosotros. Pero antes, para aquellos que no conozcan la trayectoria academica y personal de Antonio viudas Camarasa, dejo aquí unos apuntes a modo de obituario:
Nacido en San Esteban de Litera (Huesca) en 1949, Antonio fue filólogo, investigador y profesor de la Universidad de Extremadura, además de miembro de número de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Su trayectoria académica estuvo estrechamente vinculada al estudio de la lengua española, la dialectología y el patrimonio lingüístico.
Entre sus contribuciones más destacadas figura el Diccionario extremeño, publicado en 1980, una obra de referencia en su labor de investigación y conservación del habla popular de Extremadura. También dedicó sus conocimientos al estudio y la difusión de autores fundamentales de la literatura extremeña, entre ellos Luis Chamizo, Pedro Caba y Manuel Pacheco.
Su trabajo representó mucho más que una aportación académica: fue una manera de reconocer la riqueza de las voces populares, de escuchar la historia contenida en las palabras y de comprender que la identidad cultural de una tierra también vive en la forma en que sus gentes hablan, recuerdan y transmiten su experiencia.
Extremadura encontró en él a un estudioso que supo acercarse a su patrimonio lingüístico con rigor científico y sensibilidad humanista. Su dedicación contribuyó a dar valor a expresiones, vocablos y formas de hablar que forman parte de la memoria colectiva y que merecen ser conocidas y preservadas por las generaciones futuras.
Guardo también un recuerdo personal de Antonio Viudas Camarasa, que deseo incorporar a estas palabras de homenaje. Tuvo la generosidad de invitarme a participar como ponente tanto en el Homenaje a Extremadura, celebrado en 2019, como en las jornadas dedicadas a Manuel Pacheco en Barcarrota, en 2020.
Aquellas invitaciones fueron para mí una muestra de su confianza y de su compromiso con una cultura entendida como espacio de encuentro, diálogo y reconocimiento. Al convocar a distintas voces para participar en estos actos, Antonio demostraba que el homenaje a una tierra y a sus escritores se construye compartiendo conocimientos, perspectivas y afectos.
Hoy, al evocar su figura, su legado intelectual debemos recordar que las palabras no son únicamente instrumentos de comunicación: son también raíces, historia y pertenencia. En ellas permanece la voz de quienes nos precedieron y la identidad de los pueblos que las mantienen vivas.
La mejor manera de honrar una trayectoria como la suya es continuar leyendo, investigando, enseñando y defendiendo la riqueza de nuestra lengua y de nuestras culturas.
Que tu memoria permanezca viva en las páginas de tus obras, en el conocimiento que compartiste y en todas las voces que ayudaste a preservar.
Descansa en paz, Antonio Viudas Camarasa.
Tu legado seguirá hablando por tí.
Conversación entre dos docentes jubilados
[00:02, 17/7/2019] Antonio:
- Estoy viendo desde mi terraza en el silencio de la noche con aullidos de perro al fondo el eclipse de luna del día de la Virgen, de la Virgen del Carmen. Recuerdo ese día de procesión marinera hace años en Tuy.
- Te escribo, Martín, está carta abierta porque con motivo de tu jubilación me acuerdo que una vez hace veinte años escribí «Al final de la vida de una persona quedan la familia y un amigo». Tengo la familia y aquel amigo de hace hace veinte años está en standby. A ti, como a mí, en la Sociedad Científica de Mérida nos ha sucedido lo mismo. Tú has compartido lo tuyo y yo lo mío y ahora resulta que tú y yo además de la familia tenemos muchos, muchísimos amigos.
- Te escribo porque los amigos como decía y pudo haber dicho Cicerón no son eternos, pero la amistad tiene algo de eterno. Esto es lo que nos está sucediendo en la Sociedad Científica de Mérida: compartir es ganar amigos.
- Tu periplo por ESPAÑA ha sido un ejercicio de libertad científica compartida. El eclipse lunar toca a su fin y mi carta también. Buenas noches desde el Oeste de España a los residentes en Lund. Abrazos, Antonio.
[10:01, 17/7/2019] Martín Martínez RIQUÉ SC Lund Suecia:
- Respuesta a una carta abierta. ¿Cómo empezar? Que yo también busqué la luna anoche. Que yo también respiré profundo la fragancia de las noches cálidas de julio, mientras pensaba en la vida.
- Es verdad, Antonio, que la jubilación da que pensar, pero en mi caso fueron simplemente unos pocos días de perplejidad, pero ya pasó.
- Ahora soy, como mi amigo austriaco se autodenomina, un privatista. Dispongo de mi vida como me place, elijo mis guerras y mis paces, soy un “friherre” un hombre libre.
- Tu carta me recuerda la importancia de la amistad. Un amigo es como un espejo; por medio de él o de ella descubrimos nuestra esencia, descubrimos nuestro lugar en la vida. No hay nada más reconfortante que las muestras de amistad de nuestros amigos.
- La Sociedad Científica de Mérida es una amistad extendida, una gran colla de amigos con el techo muy alto y un corazón palpitante que se abre a las buenas causas y que busca siempre nuevos horizontes.
- Es fácil pensar en la SCM en singular, como un solo amigo, para después entrar en relaciones más personales con cada uno de sus miembros. Amigo Antonio: ¡qué suerte tengo de contar con tu amistad!
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