Buscando las raíces históricas de la actualidad.

Category: Uncategorized Page 6 of 7

Centésimo quinto paseo. Pensamientos peregrinos.

En mi paseo de hoy me veo obligado a desviarme de mi camino, porque toda la calle está cortada por obras. Veo que es cuestión del alcantarillado y recuerdo, que todo lo que sabemos sobre Lund, aparte de las pocas fuentes escritas, que dejó la iglesia y unos pocos nobles o ciudadanos prominentes, aparte de las actas de la universidad. Toda la historia de la ciudad, desde su fundación hace mil años y hasta el siglo XVI, depende del trabajo de los arqueólogos y estos empezaron su trabajo en la ciudad en la década de 1890, cuando Lund comenzó a dotarse de un sistema de alcantarillado. Esta fecha marca el inicio de la recopilación y documentación de hallazgos por parte del museo Kulturen que surgieron durante los trabajos de excavación. La combinación entre arqueólogos y el museo sigue en funcionamiento, y es también la más antigua de Suecia dentro de una misma área urbana medieval. Somos unos privilegiados, los que nos interesamos por la historia de la ciudad.

En realidad, basta con poner una pala en el suelo de Lund, para empezar a sacar restos de su historia. Siguiendo Kyrkogatan (La Calle de la Iglesia) en dirección sur, pasando por la catedral, cruzando Stortorget (La Plaza Mayor), inmediatamente a la derecha, encuentro una ruina, conservada en los bajos de un edificio, construido en los años 70 del pasado siglo. Las ruinas de la iglesia de Sankt Drotten o iglesia de Sankt Trinitas o Salvator, fue probablemente construida durante la década de 1050 y fue demolida al imponerse la reforma en Dinamarca. Reemplazó a una iglesia de madera cercana, la iglesia de Sankt Trinitas Salvator. Sobre el antiguo emplazamiento de la iglesia se trazó posteriormente la calle Kattesund, un pasaje, donde se han marcado los restos de los pilares de madera que soportaban el original edificio de madera. Algunos de estos pilares se han conservado y se pueden ver en Kulturen. La iglesia de piedra era un imponente edificio de 50 metros de largo con una forma inusual. Se cree que la primitiva iglesia de madera, a la que substituyó fue construida por el rey danés Svend Tveskæg, el fundador de Lund, alrededor del año 990, lo que convierte a esta iglesia de madera en la iglesia más antigua de Escania. En mapas y textos del siglo XII, la iglesia a veces lleva el nombre de Sankt Salvator (Iglesia del Salvador) y otras veces Sankta Trinitatis (Iglesia de la Santísima Trinidad).

Lund, esta pequeña ciudad en mitad de la fértil llanura de Escania, fue una autentica metrópolis cristiana durante la edad media. La ciudad, de entre 1000 y 2000 habitantes, llegó a tener alrededor de 27 iglesias, lo cual es bastante significativo para una ciudad de su tamaño en aquella época. Estas incluían tanto la catedral de Lund, que es la iglesia más famosa y el corazón religioso de la ciudad, como numerosas iglesias parroquiales y capillas.

Además de esas iglesias, Lund también tuvo al menos 5 monasterios y conventos importantes. El monasterio de los Benedictinos de San Pedro, fundado en el siglo XI, fue uno de los monasterios más antiguos de Lund. El monasterio de los Dominicos, establecido en el siglo XIII y conocido como Svartbröder (los Frailes Negros) debido al color de sus hábitos. El monasterio de los Franciscanos, fundado también en el siglo XIII, era conocido como los Gråbröder (Frailes Grises) por sus hábitos pardos. En el monasterio que lleva el nombre de Drotten, las ruinas que nombro aquí, se hallaba el monasterio de los Premonstratenses.

Siguiendo mi paseo llego a la imponente iglesia de ladrillo rojo que hoy se denomina Sankt Peters Klosterkyrka (Iglesia conventual de San Pedro)y que nos ofrece el más vivo testimonio, aparte de la catedral, de lo que pudo ser Lund en la edad media. La iglesia del convento de San Pedro fue construida a mediados del siglo XII bajo el arzobispo Eskil, sy destinado a monjas de la orden benedictina, después de que Lund se convirtiera en la sede del arzobispado de toda Escandinavia, y se construyeran nuevas iglesias en la ciudad. La información más antigua y segura sobre el monasterio es un documento del año 1164.

El edificio original de la iglesia fue construido en estilo románico, con piedra arenisca y tenía arcos de medio punto, un estilo similar al de la catedral de Lund hoy en día. En el siglo XIV la iglesia fue reconstruida en estilo gótico, con teja roja, reemplazando en parte la antigua iglesia románica de de mediados del siglo XII, que se había quedado pequeña. El monasterio fue demolido alrededor del año 1600, y solo la iglesia del monasterio quedó en pie, que es lo que podemos ver hoy. En 1653, sabemos que estaba casi completamente destruida, pero fue restaurada en varias ocasiones y finalmente, en la década de 1920, se realizó una restauración exhaustiva que devolvió a la iglesia su apariencia original. Es una iglesia imponente, pero a la vez acogedora, que invita al descanso y a la meditación a quien, como yo, la visita, una mañana de agosto.

Vuelvo a Drotten porque quiero contar una historia de viajes, siguiendo un poco el tema que traté ayer. Hoy quiero poner el foco en las peregrinaciones medievales. En las tumbas encontradas entre las ruinas de esta iglesia-convento, se encontraron muchos esqueletos que, en su pecho, lucían vieras u otros objetos que indicaban, que el que allí yacía había hecho, al menos, una peregrinación durante su vida. Las peregrinaciones cristianas comenzaron a popularizarse a partir del siglo IV, después de que el cristianismo se legalizara y se convirtiera en la religión oficial del Imperio Romano con el Edicto de Milán en el año 313. Sin embargo, se volvieron mucho más frecuentes y organizadas durante la alta edad media, aproximadamente entre los siglos V y XI. Algunos de los primeros destinos de peregrinación cristiana incluyeron lugares sagrados en Tierra Santa, como Jerusalén, Belén y el Monte Sinaí, siguiendo los pasos de Jesucristo. A medida que Europa se cristianizó y se establecieron importantes santuarios y monasterios, otros lugares se convirtieron en destinos clave para los peregrinos, como Santiago de Compostela, que se convirtió en uno de los principales destinos de peregrinación a partir del siglo IX. las peregrinaciones se convirtieron en un fenómeno masivo, con miles de personas de todas las clases sociales viajando largas distancias para visitar lugares sagrados. Este fenómeno continuó hasta bien entrada la Edad Moderna, aunque el fervor peregrino disminuyó en algunas regiones con la llegada de la Reforma Protestante en el siglo XVI, que cuestionó las prácticas asociadas con las peregrinaciones.

Estos viajes, en algunos casos, de miles de kilómetros, eran eventos comunitarios y sociales, porque, viajar en grupos ofrecía seguridad en los caminos, fomentando un sentido de comunidad entre los peregrinos. Muchos peregrinos viajaban a lugares sagrados como un acto de devoción, buscando acercarse a Dios, realizar penitencias por sus pecados o cumplir con promesas hechas en momentos de necesidad o aflicción. Se creía también, que visitar ciertos santuarios, especialmente aquellos que albergaban reliquias de santos, podía resultar en milagros o curaciones físicas y espirituales. Los santuarios más famosos, como Santiago de Compostela en España, Canterbury en Inglaterra, y Roma en Italia, eran destinos especialmente populares. Con toda seguridad, una de las principales causas de que hombres y mujeres en la edad media hicieran estos largos viajes, eran las indulgencias que la iglesia católica ofrecía a los peregrinos, lo que significaba la remisión parcial o total del castigo temporal por los pecados, reduciendo así el tiempo que una persona pasaría en el Purgatorio. Con el tiempo, las peregrinaciones se convirtieron en un fenómeno masivo, con miles de personas de todas las clases sociales viajando largas distancias para visitar lugares sagrados. Este fenómeno continuó hasta bien entrada la edad moderna, aunque el fervor peregrino disminuyó en algunas regiones con la llegada de la reforma protestante en el siglo XVI, que cuestionó las prácticas asociadas con las peregrinaciones. Recuerdos de estos viajes, vieras de Santigo y medallones de Roma y Canterbury están expuestos en Drotten i Kulturen. Pensando, me pregunto si esta masificación de peregrinos, suscitaban los mismos recelos que los turistas en nuestros días.

Sabemos bastante sobre esos viajes. Cronológicamente, es el “Itinerario de Egéria” uno de los primeros relatos, si no el primero, de peregrinación cristiana, escrito por Egéria, una mujer que realizó una peregrinación a tierra santa a finales del siglo IV, su obra es relevante porque establece una tradición de relato de peregrinación que influenciará los escritos medievales posteriores. Por empezar en algún lugar, lo hago en Santiago de Compostela con el Códice Calixtino, también conocido como el Liber Sancti Jacobi, que es una de las fuentes más importantes sobre las peregrinaciones medievales al santo patrón de España. Ambos conceptos no son idénticos. El Liber Sancti Iacobi representa el contenido del libro, del cual a lo largo de los siglos se copiaron varios manuscritos y con un contenido heterogéneo. El más antiguo y notable códice o manuscrito en el Liber Sancti Iacobi se conoce con el nombre propio de Codex Calixtinus[1] que data de 1140 y es el custodiado en la catedral de Santiago de Compostela, de donde fue hurtado en 2011, pero felizmente repuesto en un año más tarde.[2] Escrito en el siglo XII, este manuscrito es una guía para los peregrinos que viajaban a Santiago, comparable a una guía Michelín de su tiempo. El libro V del códice ofrece una descripción detallada del Camino de Santiago, incluyendo rutas, ciudades, santuarios, y recomendaciones prácticas para los peregrinos. También menciona los peligros del viaje, como bandidos y condiciones climáticas adversas, y proporciona consejos sobre cómo enfrentar estos desafíos. Creo que os interesará leer alguna de sus descripciones. Aquí sigue la descripción que el autor del códice hace del País Vasco y de sus pobladores:

“Después, ya cerca de Port de Cize, se encuentra el país de los vascos, que tiene en la costa hacia el norte la ciudad de Bayona. Esta tierra es bárbara por su lengua, poblada de bosques, montañosa, desolada de pan, vino y de todo alimento del cuerpo, salvo el consuelo de las manzanas, la sidra y la leche. En esta tierra, es decir, cerca de Port de Cize, en el pueblo llamado Ostabat, Saint-Jean y Saint-Michel-Pied-de-Port, los recaudadores de portazgo son tan malvados que merecen la más absoluta condena, porque armados con dos o tres garrotes, salen al paso a los peregrinos arrancándoles por la fuerza injustos tributos. Y si algún viajero se niega a darles los dineros que le piden, le golpean con los garrotes y en medio de amenazas le registran hasta las calzas y le quitan el censo, insultándole.

Las gentes de estas tierras son feroces como es feroz, montaraz y bárbara la misma tierra en que habitan. Sus rostros feroces, así como los gruñidos de su bárbara lengua, aterrorizan el corazón de quienes los contemplan. Aunque legalmente sólo pueden cobrar tributo a los mercaderes, lo reciben injustamente de los peregrinos y de todos los viajeros. Cuando deben cobrar normalmente de cualquier cosa cuatro monedas o seis, ellos cobran ocho o doce, es decir, el doble. Por lo cual, mandamos y rogamos ardientemente que estos portazgueros juntamente con el rey de Aragón  y demás personas potentados que de ellos reciben los dineros del tributo, así como aquellos que los consienten, como son: Raimundo de Soule, Viviano de Agramonte  y el Vizconde de San Miguel con toda su descendencia, junto con los antedichos barqueros y Arnaldo de Guinia con toda su descendencia y con los restantes señores de los referidos ríos, que injustamente reciben de aquellos mismos barqueros los dineros del pasaje, junto con los sacerdotes que a sabiendas les administran la penitencia y la eucaristía, o les celebran oficios divinos, o les admiten en sus iglesias, que sean diligentemente excomulgados, no sólo las sedes episcopales de sus respectivas tierras, sino también en la basílica de Santiago, en presencia de los peregrinos, mientras no se arrepientan con prolongada y pública penitencia, y moderen sus tributos. Y cualquier prelado que, por caridad o lucro, pretenda perdonarles de esto, reciba el golpe de la espada del anatema. Y sépase que dichos portazgueros en modo alguno deben percibir tributo de los peregrinos, y que los referidos barqueros no pueden cobrar, como tarifa por la travesía, más que un óbolo por dos hombres, si son ricos; y por su caballo un solo dinero; pero de los pobres nada. Y deben tener barcas grandes, en las que holgadamente puedan entrar las caballerías y los hombres.

 En el territorio todavía de los vascos, el camino de Santiago pasa por un monte muy alto, que se llama Port de Cize, o porque aquí se halla la puerta de España, o porque por dicho monte se transportan las mercancías de una tierra a otra; y su subida tiene ocho millas y su bajada igualmente otras ocho. Su altura es tanta que parece tocar el cielo. A quién lo sube le parece que puede tocar el cielo con la mano. Desde su cumbre puede verse el mar británico y el occidental, y las tierras de tres países, a saber: de Castilla, de Aragón y de Francia. En la cima de este monte hay un lugar llamado la Cruz de Carlomagno, porque en él, en tiempos pasados, Carlomagno abrió una senda con hachas, piquetas, azadas y otras herramientas, cuando, al frente de sus ejércitos, se dirigía a España. A continuación, alzó figuradamente en alto la cruz del Señor, y doblando las rodillas en dirección a Galicia elevó sus preces a Dios y Santiago. Por este motivo, los peregrinos tienen la costumbre de hincarse allí de y orar vueltos hacia la patria de Santiago, y cada uno deja clavada una cruz, estandarte del Señor. Hasta mil se pueden encontrar allí. De ahí que se considere a aquel lugar por el primero de la oración a Santiago en el camino.

En este mismo monte, antes de que creciese plenamente por tierra españolas la cristiandad, los impíos navarros y vascos solían no solo robar a los peregrinos que se dirigían a Santiago, sino también cabalgarlos como asnos, y matarlos. Junto a este monte, en dirección norte, hay un valle que se llama Valcarlos, en el que acampó el mismo Carlomagno con sus ejércitos, cuando sus guerreros fueron muertos en Roncesvalles, y por él que pasan también muchos peregrinos camino de Santiago y no quieren escalar el monte. Luego, pues, en el descenso del monte se encuentra el hospital y la iglesia en donde se está el peñasco que el poderoso héroe Roldán partió con su espada por medio, de arriba abajo, de tres golpes. Viene luego Roncesvalles, lugar en que en otro tiempo se libró la gran batalla en la cual el rey Marsilio, Roldán y Oliveros y otros ciento cuarenta mil guerreros cristianos y sarracenos fueron muertos.”[3]

El dominico Felix Fabri escribió en el siglo XV sobre su peregrinación a tierra santa en un relato detallado conocido como “Diario de un peregrino a Tierra Santa” (“Evagatorium in Terrae Sanctae, Arabiae et Egypti peregrinationem”)[4]. Este relato ofrece una descripción pormenorizada de las rutas, las ciudades, los santuarios y las dificultades encontradas en el camino. Fabri describe no solo los aspectos religiosos del viaje, sino también los detalles del transporte, las condiciones de vida, las costumbres locales, y los peligros, como los ataques de piratas y las enfermedades.

La santa patrona de Europa, Santa Brígida de Suecia (Sankta Birgitta) peregrinó a Santiago de Compostela en 1341. Esta fue una de las peregrinaciones más notables de Santa Brígida, junto a las que la llevaron a Nidaros en Noruega[5], Roma y Jerusalén. Y, es importante tener en cuenta que, santa Brígida visitaba Santiago como representante de la quinta generación en su familia, que había hecho el largo viaje[6]. Ese año, Santa Brígida, junto con su esposo Ulf Gudmarsson y algunos de sus hijos, emprendieron el camino hacia Compostela. Aunque no hay un relato detallado por parte de Brígida sobre esta peregrinación en sus “Revelaciones”, se sabe que este viaje tuvo un profundo impacto en su vida espiritual y en su relación con Dios. Su esposo, Ulf, enfermó gravemente[7] durante el viaje de regreso y, tras recuperarse, ambos decidieron vivir en castidad el resto de sus vidas.[8]

Ya en el género de la ficción, encontramos los Cuentos de Canterbury “The Canterbury Tales”[9] de Geoffrey Chaucer escritos 1387-1400. Estos cuentos son una colección de relatos contados por un grupo de peregrinos que viajan juntos desde Londres hasta el santuario de Santo Tomás Becket en la Catedral de Canterbury. Aunque es una obra literaria y no un relato de viaje histórico, proporciona una clara imagen de la diversidad de personas que realizaban peregrinaciones y de las motivaciones y experiencias personales de cada peregrino.

Chaucer presenta a un grupo heterogéneo de peregrinos, desde nobles hasta plebeyos y pícaros, mostrando cómo la peregrinación era un fenómeno transversal que abarcaba todas las clases sociales. Los cuentos también reflejan la vida social, las creencias religiosas, y la cultura popular de la Inglaterra medieval.

Siguiendo en ese género de la ficción bien documentada encontramos “El Libro de las Maravillas”, conocido en inglés como “The Travels of Sir John Mandeville”[10], que es una obra medieval presentada como un relato de viajes escrito por un supuesto caballero inglés, Sir John Mandeville. La obra es una de las más famosas y leídas de la literatura de viajes medieval y ofrece una mezcla de hechos, leyendas y mitos.

También en el Quijote, mi libro favorito, que habré leído una docena de veces,  aparecen algunas referencias al tema de la peregrinación. Hay referencias muy explícitas, que resultan significativas en lo que respecta al fenómeno de la peregrinación y a su repercusión social en la época. Así en el capítulo LIIII, Cervantes nos cuenta como Sancho, decepcionado, por el fracasado gobierno de la Ínsula Barataria, mientras iba al encuentro de su amo, don Quijote, se encontró con unos peregrinos:

“Sucedió, pues, que no habiéndose alongado mucho de la ínsula del suII gobierno (que él nunca se puso a averiguar si era ínsula, ciudad, villa o lugar la que gobernaba) vio que por el camino por donde él iba venían seis peregrinos con sus bordones, de estos estranjeros que piden la limosna cantando5, los cuales en llegando a él se pusieron en ala6 y, levantandoIII las voces, todos juntos comenzaron a cantar en su lengua lo que Sancho no pudo entender, si no fue una palabra que claramente pronunciaba «limosna», por donde entendió que era limosna la que en su canto pedían; y como él, según dice Cide Hamete, era caritativo además, sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venía proveído, y dióseloV, diciéndoles por señas que no tenía otra cosa que darles. Ellos lo recibieron de muy buena gana y dijeron:

—¡Guelte! ¡Guelte![11]

—No entiendo —respondió Sancho— qué es lo que me pedís, buena gente.

Entonces uno de ellos sacó una bolsa del seno y mostrósela a Sancho, por donde entendió que le pedían dineros, y él, poniéndose el dedo pulgar en la garganta y estendiendo la mano arriba9, les dio a entender que no tenía ostugo de moneda y, picando al rucio, rompió por ellos.”[12]

Da a entender Cervantes, la picaresca que habitaba entre algunos de los peregrinos, que no era oro todo lo que relucía, ni fe la que profesaban. Nos lo dice claramente cuando, a continuación, nos realta esta escena:

“Todos traían alforjas, y todas, según pareció, venían bien proveídas, a lo menos de cosas incitativas y que llaman a la sed de dos leguas. Tendiéronse en el suelo y, haciendo manteles de las yerbas, pusieron sobre ellas pan, sal, cuchillos, nueces, rajas de queso, huesos mondos de jamón, que, si no se dejaban mascar, no defendían el ser, chupados. Pusieron asimismo un manjar negro que dicen que se llama cavial, y es hecho de huevos de pescados, gran despertador de la sed de vino. No faltaron aceitunas, aunque secas y sin adobo alguno, pero sabrosas y entretenidas. Pero lo que más campeó en el campo de aquel banquete fueron seis botas de vino, que cada uno sacó la suya de su alforja: hasta el buen Ricote, que se había transformado de morisco en alemán o en tudesco, sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco.”

Hay por tanto entre los peregrinos alemanes un morisco español, echado de España por su religión en 1610[13], pero que no guarda muchas costumbres islámicas, al menos en lo que se refiere a las comidas y al alcohol, que reconoce a Sancho. Que esta costumbre de hacerse pasar por peregrino era bastante corriente, parece, a juzgar por todos los casos que el Códex Calistinus y otras fuentes nos ofrecen. Estos impostores aprovechaban la buena fe de las gentes en España, y su religiosidad, para “vivir del cuento” y venían no solo de fuera, sino también campesinos castellanos y de otras partes de España se sumaban para gozar de los privilegios de los peregrinos. Siguiendo con el relato del Quijote, encontramos los peligros que acechaban en el camino a los transeúntes, peregrinos o no, pero también del respeto que se les profesaba. Esta parte está tomada del capítulo LX “De lo que sucedió a don Quijote yendo a Barcelona” en que Don Quijote y Sancho se topan con un bandolero y su gente, que detienen a un grupo en el que van una señora con su séquito, dos capitanes y dos peregrinos. En el dialogo que sigue se advierte el respeto que se les tiene a los peregrinos:

“Mandó la señora regenta a un criado suyo diese luego los ochenta escudos que le habían repartido, y ya los capitanes habían desembolsado los sesenta. Iban los peregrinos a dar toda su miseria, pero Roque les dijo que se estuviesen quedos y, volviéndose a los suyos, les dijo:

—Destos escudos dos tocan a cada uno, y sobran veinte: los diez se den a estos peregrinos, y los otros diez a este buen escudero, porque pueda decir bien de esta aventura.”[14]

Yo hoy sigo mi camino, que de alguna manera puede considerarse un peregrinar, como dijo Jorge Manrique en las coplas a la muerte de su padre: “Este mundo es el camino/ para el otro que es morada/ sin pesar;/ mas cumple tener buen tino/ para andar esta jornada/ sin errar.”[15]Y, esta metáfora es valida para nuestro caminar, andar pensando, andar recordando, poco a poco, acercándonos al final, sin saber cuándo ni dónde.


[1] https://www.caminosantiagoencadiz.org/index/CodexCalixtinus/CodexCalixtinus.html

[2] los archiveros de la catedral de Santiago de Compostela echaron en falta el 5 de julio de 2011 el códice y denunciaron el robo a las autoridades. El sistema de seguridad del texto era muy riguroso, se guardaba en una cámara blindada, pero la llave de la caja fuerte, no estaba bien vigilada y fue encontrada en la cerradura de la caja fuerte. Rápidamente se pensó de un electricista que había trabajado en la catedral y podía haber tenido acceso a las llaves y, efectivamente, en su casa se encontró el códice el 4 de julio de 2012, junto con otros objetos de valor y una gran suma de dinero que había ido sustrayendo de los cepillos.

[3] Codex Calixtinus, libro V, capítulo VII.

[4] https://archive.org/details/fratrisfelicisf00unkngoog/page/n8/mode/2up

[5] En Nidaros (Trondheim) se veneran los restos del rey Olaf de Noruega, Sankt Olof.

[6] Los detalles más específicos sobre los viajes de Brígida a menudo provienen de sus “Revelaciones Celestiales” y de las biografías escritas por sus seguidores después de su muerte. https://www.mscperu.org/espirit/santos_y_sabios/Brigida,%20Santa/Santa%20Brigida%20de%20Suecia,Revelaciones%20celestiales.pdf

[7] Murio en 1344, aunque algunas fuentes sugieren el 1346, por ser la fecha en que Brígida dejó el convento de Vadstena.

[8] Brígida i Ulf se casaron en 1316, cuando ella tenía trece años y él dieciocho. Ella le pidió vivir en castidad el primer año, lo que él aceptó. Tuvieron ocho hijos en dieciocho años. A la muerte de Ulf, siguió Brígida viajando en sus peregrinaciones y murió en Roma en 1373.

[9] https://chaucer.fas.harvard.edu/pages/text-and-translations

[10] https://www.gutenberg.org/files/782/782-h/782-h.htm

[11] Eran por tanto alemanes y gritaban “Geld”, dinero en esa lengua.

[12] https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap54/default.htm

[13] Es muy actual cuando Cervantes publica la segunda parte en 1615. Yo diría que es una crítica clara que Cervantes hace de la expulsión de los moriscos 1609-1610.

[14] Segunda parte, capítulo LX: https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap60/cap60_04.htm

[15] Jorge Manrique, Coplas a la muerte de su padre, c.VI, vs 49-54.

Centésimo cuarto paseo. Contemplando a los turistas,

En mi paseo de hoy paso como de costumbre cerca de la catedral. Hoy veo un gran autobús aparcado y, por la matrícula, veo que viene de Alemania. Pienso que, los pasajeros de ese monstruo de la carretera, estarán ya dentro de la catedral. Me los imagino todos reunidos frente al fascinante reloj astronómico. He visto pasar estos grupos, uno tras de otro, precedidos por un guía, que porta una banderita sujeta en un palo, para que nadie se pierda. A veces me paro a intentar adivinar la nacionalidad de los grupos. ¿japoneses o chinos? ¿alemanes o americanos? ¿ingleses o checos, o quizás daneses? Siempre siguen la misma ruta, no puedo dejar de pensar en el 23 de octubre, por el centro de Madrid. Pienso en la Mesta, claro está, el día de la trashumancia, que nos recuerda los tiempos en que las ovejas merinas cruzaban la meseta, de vuelta a casa, tras disfrutar de los pastos del norte. No lo digo para ridiculizarles, lo digo para ver las similitudes que encuentro en estas actividades. La Mesta, como el turismo, representaba una forma de riqueza, que precisa la libre circulación por territorios, que no siempre reciben parte de esa riqueza, pero sí reciben las molestias.

Todos tenemos muy frescas en la mente las imágenes de las manifestaciones en Barcelona y Mallorca, con carteles y griteríos, que exponen mucho malestar y no poco odio al turismo, y por tanto al turista. Es un fenómeno raro y nuevo, aunque el malestar por los efectos nocivos de la masificación de la principal industria del ocio viene de lejos. Hoy quiero narrar una historia breve del turismo. Permitidme que, como acostumbro, me remonte hasta los más remotos orígenes, para comenzar esta historia.

Los humanos somos curiosos por naturaleza, me atrevería a decir, que es algo que tenemos en común con todos los seres vivos, conscientes de su existencia. Siempre queremos saber que hay al otro lado, siempre estamos buscando algo mejor que lo que tenemos, siempre anhelando lugares más ricos, más apacibles, más excitantes. Así ha ido este mono desnudo descubriendo el planeta, poco a poco, sin parar, hasta conquistar hasta el último centímetro de tierra donde poner los pies. Estoy seguro de que, si tuviésemos fuentes escritas desde, pongamos por caso, 30.000 años atrás, podríamos leer muchas descripciones de viajes, tan impresionantes o más, que el del propio Colón. Ya me gustaría a mí leer los relatos de las largas caminatas de los primeros pobladores de América o de aquellos que se aventuraron a descubrir Australia flotando en troncos de árboles.  Pero, como sabéis, la escritura tiene una historia que abarca los últimos 5000 años, así que la primera descripción de un viaje la tenemos que buscar en Mesopotamia y está registrada en la “Epopeya de Gilgamesh”, uno de los textos literarios más antiguos de la humanidad. Este poema épico, que data de alrededor del siglo XVIII anterior a nuestra era, narra las aventuras del rey Gilgamesh de Uruk, quien emprende varios viajes épicos en busca de inmortalidad y sabiduría.

En esta epopeya, Gilgamesh realiza un viaje significativo a los bosques de cedros, un lugar sagrado y prohibido, en compañía de su amigo Enkidu. Durante este viaje, se enfrentan a criaturas míticas como Humbaba, el guardián del bosque, lo que representa uno de los primeros relatos detallados de una expedición con fines específicos. Posteriormente, tras la muerte de Enkidu, Gilgamesh emprende otro viaje, esta vez en busca de la inmortalidad, lo que lo lleva a recorrer vastos territorios y a encontrarse con personajes mitológicos. Posteriormente, tras la muerte de Enkidu, Gilgamesh emprende otro viaje, esta vez en busca de la inmortalidad, lo que lo lleva a recorrer vastos territorios y a encontrarse con personajes mitológicos. La “Epopeya de Gilgamesh” no es solo una obra literaria, sino también un relato que mezcla hechos históricos, mitología y poesía. Los viajes de Gilgamesh son descritos con un alto nivel de detalle en la descripción del paisaje, los desafíos enfrentados, y las reflexiones personales del héroe.

Antiguo también, pero un poco menos, 3000 años o así, es el relato egipcio del viaje de Unamón, un documento semificticio que narra las aventuras de un sacerdote llamado Unamón, enviado a Biblos para conseguir madera de cedro para el templo de Amón en Karnak. El texto detalla las dificultades políticas, económicas y personales que enfrenta Unamón durante su viaje por el Mediterráneo oriental. A mí, personalmente, me resulta fascinante que, tanto Gilgamesh como Unamón, contengan relatos de viajes hacia el Libano actual: “bosques de cedros” y “Biblos”.

Antiguos son también los relatos bíblicos del éxodo de los israelitas, un largo viaje desde Egipto hasta la Tierra Prometida. los textos de la “Ilíada” y la “Odisea”, atribuidos a Homero, que describen las hazañas de los héroes griegos durante y después de la guerra de Troya, en particular el largo viaje de Ulises de regreso a Ítaca. Estos relatos y otros tantos, como el periplo del general cartaginés Hannon despertaron el interés de los pueblos navegantes de Europa desde el renacimiento, cuando uno a uno fuero descubiertos y traducidos. El periplo de Hannon, traducido y publicado por el abogado de los Consejos y asesor de correos y postas del estado, Pedro Rodríguez Campomanes en 1756[1] describe un viaje marítimo realizado por Hannon, un navegante cartaginés, a lo largo de la costa occidental de África. El texto original en púnico se ha perdido, pero sobrevive en una traducción griega. Hannon describe la fundación de colonias y el avistamiento de tierras exóticas, fauna salvaje, y tribus desconocidas, un viaje que, partiendo de Cartago, pasa por Cádiz y Larache, para seguir bordeando las costas de África y llegar al Golfo de Guinea, para desde allí regresar a Cartago.

Los relatos de los viajes de Alejandro Magno, principalmente la “Anábasis de Alejandro”[2], es una de las fuentes más importantes sobre la vida y las conquistas de Alejandro Magno. Arriano, un historiador y militar griego, escribió este relato basándose en las memorias de generales que acompañaron a Alejandro, como Ptolomeo y Aristóbulo. La obra cubre las campañas de Alejandro desde Grecia hasta la India, describiendo en detalle las batallas, las estrategias militares y los encuentros culturales durante sus expediciones.

Más reciente, pero no por ello menos importantes, son los relatos de la expedición de Zhang Qian en el siglo segundo anterior a nuestra era. Zhang Qian fue un explorador y diplomático chino enviado por el emperador Han Wudi para establecer relaciones con los pueblos del Asia Central. Sus informes describen tierras desconocidas para los chinos, como los reinos de Bactria y Sogdiana, y contribuyeron significativamente al desarrollo de la Ruta de la Seda. También Qian llegó hasta el Libano, antes de regresar. Con su viaje comienza la era de la Ruta de la Seda, cuya importancia prevaleció hasta la apertura de la ruta atlántica a comienzos del siglo XVI y que ahora se quiere reavivar a instancias de China. Aquí tenemos un elemento importante para discutir en próximas entradas, creo yo.

Ya en la edad media, Ibn Battuta, un explorador y erudito marroquí, realizó uno de los viajes más extensos hasta la época, cubriendo casi toda la extensión del mundo islámico, así como partes de Europa, África y Asia. Su obra, “Rihla” (El viaje)[3], es una detallada crónica de sus aventuras, encuentros y observaciones culturales.

Todos esos relatos de viajes, todas esas aventuras, abren naturalmente la curiosidad de cualquiera que lo leyera. Recuerdo vivamente los relatos de Julio Verne, leídos en voz alta por mi querido profesor de primaria, Don Agapito, que conseguía con sus lecturas abrir una ventana al mundo en nuestras mentes. Y, me pregunto: ¿eran turistas todos estos héroes viajeros?  Pues, depende, diría yo. La palabra “turista” comenzó a usarse en el siglo XIX, derivada de la palabra “tour” en inglés, que a su vez proviene del francés “tour”, que significa “viaje” o “gira”. Esta palabra está relacionada con el verbo latino “tornare”, que significa “dar vueltas” o “volver”. Inicialmente, se usaba “tourist” para describir a las personas que realizaban un “tour” o un viaje largo con el propósito de explorar y disfrutar de lugares, en lugar de viajar por motivos comerciales, religiosos o de otra índole más práctica. Así que, los viajeros anteriores al siglo XIX no se consideraban a sí mismos como turistas. La pregunta es ¿cómo se les veía y cómo se les denominaba en los lugares que visitaban? Ahí, sí que no he encontrado nada en la literatura, pero me arriesgo a adelantar que pudieron ser llamados viajeros o peregrinos, cuando no mercaderes o emisarios, aunque todos pensaban regresar a sus puntos de partida, a su tierra.

El afortunado que podía hacer un Grand Tour[4], ya fuera británico, sueco o español, durante los siglos XVII y XVIII, eran siempre aristócratas, casi siempre acompañados por buenos estudiantes, como sirvientes y consejeros que realizaban un largo viaje por Europa que solía incluir largas estancias en Italia, Francia, Alemania, y ocasionalmente otras regiones. La intención de estos viajes era educarse, conocer culturas y costumbres y perfeccionar idiomas. A España la “descubrió” el italiano Giuseppe Baretti, que, a instancia de su amigo Samuel Johnson, realizó un completo tour por España en la década de 1760, por entonces un país muy desconocido para los viajeros, con visitas a Granada, Sevilla, Córdoba y el Levante español, que relató en su obra de forma epistolar.[5]

Guías turísticas, por así decirlo, ha habido muchas. La más antigua, diría yo, debe de ser El Itinerario Burdigalense, también conocido como Itinerarium Hierosolymitanum, que fue escrito por un peregrino anónimo de Burdeos.[6] Esta obra relata el viaje del escritor a Tierra Santa en 333 y 334​, por tierra a través del norte de Italia y el valle del Danubio hasta Constantinopla; luego a través de Asia Menor y Siria hasta Jerusalén, y luego de regreso por Macedonia, Otranto, Roma y Milán. Más cerca de nuestro tiempo, podemos remontarnos al fin de las guerras napoleónicas para que Europa se abra a los viajeros de forma más organizada.

Guías ilustradas, como “Peregrinatio in Terram Sanctam”[7], escrita por Bernhard von Breydenbach e ilustrada por Reiwich, fue publicada en 1486 y se convirtió rápidamente en una guía turística. El relato de viaje de von Breydenbach, que detalla el recorrido de ambos a través de Italia y por el Mediterráneo, cautivó a los lectores. Las ilustraciones de Reiwich fueron las primeras imágenes precisas que se vieron de destinos como Rodos, El Cairo o Beirut.

En los últimos años del siglo XVIII, pasado ya el furor de la revolución francesa, en 1796, escribe la pionera feminista Mary Wollstonecraft sus Cartas escritas durante una corta estancia en Suecia, Noruega y Dinamarca (Letters writen during a short residence in Sweden, Norway and Denmark)[8] que, bien recibida por los críticos, fue traducida al alemán, holandés, sueco y portugués; publicada en América; y reeditada en una segunda edición en 1802. Algo más adelante, al fin de las guerras napoleónicas y la normalización de las relaciones entre las potencias europeas tras el congreso de Viena, permitieron el comienzo del turismo, en una forma que ya está muy próxima a lo que nosotros hoy día asociamos con esta palabra. Todavía y durante todo el siglo XIX se trata de las clases más acomodadas, las que tienen posibilidad de viajar. Esta actividad es aun extremadamente cara y requiere tiempo libre, conocimientos de lenguas y una cultura que se encuentra muy por encima de la que podían tener las clases obreras.

Seguirían a Wollstonecraft, ya más cerca de nuestro tiempo, finalizadas las guerras napoleónicas, Europa se abre a los viajeros de forma más organizada. En ello influirán pronto las mejoras en las comunicaciones.   Autores como Lord Byron, con sus Peregrinaciones de Childe Harold , 1812-1818 (Child Harold Pilgrimage)[9], poema narrativo y crónica de sus experiencias durante sus viajes por Europa, incluidos lugares como España, Grecia, Albania y Turquía. Una obra poética, profundamente influenciada por sus observaciones personales y una obra clave en la literatura romántica de viajes. Otro autor inglés, el diplomático James Morier con su A Journey through Persia, Armenia and Asia Minor, 1812. Morier contribuyó a alimentar el exotismo, documentando sus viajes por el medio oriente con descripciones detalladas de la geografía, la cultura y las costumbres de la región. También con tareas oficiales, Alexander von Humboldt documentó sus andanzas por América en su  Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente,1814-1831. ( Relation historique du voyage aux régions équinoxiales du nouveau continente).[10] Quizás el más importante de los autores que viajaron por España y escribieron sus relatos sobre el país, fue el norteamericano Washington Irving, con sus Cuentos de la Alhambra,1832[11].  Son tantos los relatos de viajes que sería casi imposible nombrarlos todos, ya estaréis pensando porque no nombro a Darwin, pero prefiero hacerlo en otra ocasión.

Cambios fundamentales en la economía y los transportes y una relativa paz, durante la primera mitad del siglo XIX, permitió una expansión de los viajes de placer, que ya empezaban a llegar a capas más populosas de la sociedad. El barco de vapor de Robert Fulton en el 1807 y el ferrocarril, con la locomotora de George Stephenson permitieron el transporte de muchos viajeros, más rápido, más seguro y a un coste mucho más bajo de lo que era costumbre. Una buena señal de que se estaba formando una categoría económica alrededor del turismo, es que empiezan a aparecer guías turísticas impresas. La primera guía turística moderna es a buen seguro la Guía Murray para viajeros (Murray’s Handbooks for Travellers) en 1836. Esta guía fue pionera en proporcionar información detallada y práctica para los viajeros, cubriendo destinos en Europa y más allá. Las guías de Murray ofrecían información sobre rutas de viaje, alojamientos, sitios de interés, aspectos culturales y consejos útiles para los viajeros. Estaban diseñadas para ser llevadas en el bolsillo y usadas durante el viaje. Poco después de las guías de Murray, Karl Baedeker, un editor alemán, comenzó a publicar sus propias guías turísticas en 1839, comenzando con una guía de Renania. Las guías Baedeker se convirtieron en las más famosas de Europa, conocidas por su precisión, detalle y el distintivo formato de cubierta roja. Tanto las guías Murray como las Baedeker se asemejaban mucho a las guías de Lonely Planet, Rough Guides, y Fodor’s o las Trotamundos, que yo mismo utilizaba en los 80[12].

El primer viaje “charter” lo organizó Thomas Cook el 5 de julio de 1841. Se trató de una excursión en tren desde Leicester a Loughborough, un trayecto de aproximadamente 19 kilómetros. El viaje fue organizado para un grupo de 570 personas, y el objetivo era asistir a un congreso de la Sociedad de la Templanza, un movimiento que promovía la abstinencia del alcohol. Tras el éxito de su primera excursión, Cook continuó organizando más viajes en grupo, inicialmente en el Reino Unido, y luego extendiéndose a Europa. En 1855, organizó su primer viaje organizado internacional, un recorrido por Bélgica, Alemania y Francia, coincidiendo con la Exposición Universal de París. El turismo, como nosotros lo conocemos, se puede decir que tiene sus orígenes en este viaje. En 1865, Thomas Cook abrió su primera oficina en Londres y, a partir de ahí, su agencia comenzó a ofrecer paquetes turísticos que incluían transporte, alojamiento y guías, una novedad para la época. La agencia de Thomas Cook jugó un papel crucial en la democratización de los viajes, haciéndolos accesibles a una parte más amplia de la sociedad. Su modelo de negocio innovador sentó las bases para la industria turística tal como la conocemos hoy en día. Thomas Cook & Son, continuó operando durante muchos años y se convirtió en un gigante de la industria turística global. La empresa original cesó sus operaciones en 2019.

La literatura contemporánea despertaba el deseo de viajar. Uno de mis favoritos en mi niñez, Jules Verne, encandilaba al mundo en 1873 con su “La vuelta al mundo en ochenta días”. Del mismo modo lo hacía, Rudyard Kipling en 1888 con “El hombre que quiso ser rey” o Joseph Conrad en 1899 con “En el corazón de África”. En Europa se vivía la época del imperialismo. Parecía que el mundo estaba abierto a los europeos, y miles de jóvenes se preparaban para una aventura en las colonias. En realidad, el turista se parece un poco al colonizador, que llega a un lugar con sus propias costumbres y formas de ver la vida y juzga lo que ve, según sus propias medidas. Seguiré desarrollando esta idea más adelante.

Mi compañera de despacho en la institución de historia de Lund, la catedrática Eva Helén Ulvros, escribió un libro que nos puede ayudar a vivir uno de esos viajes organizados por la agencia inglesa de viajes[13]. En su día, tuvimos un seminario sobre la historia del turismo, que organicé en mi instituto, nada más salir el libro. Paso a continuación a la historia de este viaje: Selma Lagerlöf, la famosa escritora sueca y primera mujer en ganar el Premio Nobel de Literatura, viajó a Palestina en 1900. Este viaje fue parte de una peregrinación más amplia por Tierra Santa, que incluyó visitas a otros lugares sagrados en oriente medio. Todo el viaje estuvo organizado por Thomas Cook. Lagerlöf viajó con su amiga Sofie Elkan, también escritora, con la que solía viajar. Las dos mujeres ya habían viajado juntas a Italia, Francia, Bélgica y Holanda. Sophie Elkan estaba a punto de cumplir cuarenta y siete años y Selma Lagerlöf acababa de cumplir cuarenta y uno cuando emprendieron el viaje. La idea del destino surgió de una noticia en un periódico. Durante la estancia veraniega en Visby, en la isla de Gotland, en 1897, cuando Selma Lagerlöf trabajaba arduamente con su libro, Los milagros del Anticristo, Sophie Elkan llegó con un ejemplar del Gotlands Allehanda en la mano. La noticia, que Sofie quería que su amiga viera, hablaba de los campesinos de Nås en la región sueca de Dalarna que, por su fe, habían emigrado a Palestina y que ahora comenzaban a adaptarse al nuevo país. Selma Lagerlöf quedó fascinada con el pequeño artículo y vio inmediatamente cómo se formaba un maravilloso tema para una novela.

El viaje comenzó en diciembre de 1900, en tren hacia el sur, a través de una Europa helada. Incluso en Florencia nevaba, y lamentablemente hacía un frío “polar” también en la habitación del hotel. Desde Brindisi, los viajeros tomaron un barco hacia Alejandría; la víspera de Navidad llegaron en tren a El Cairo y el día de Navidad asistieron a una misa católica. Sophie Elkan relata en detalle en cartas a su amiga Betty Warburg todo lo que vivieron, y Selma Lagerlöf comparte sus impresiones en cartas a su madre y a su hermana, Gerda Ahlgren. Normalmente, siempre era Sophie Elkan quien organizaba los viajes, reservaba hoteles, gestionaba los pasaportes y cambiaba divisas, pero dado que este destino estaba fuera de Europa y del mundo que Sophie Elkan, tan experimentada en viajes, conocía, recurrieron a la agencia de viajes Cook. Las viajeras daban a entender que estaban muy satisfechas con la agencia de viajes Cook. Tenían reservas en los mejores hoteles y viajaban en primera clase. En Egipto se quedaron más de dos meses, y Sophie Elkan también reservó por su cuenta un hotel directamente en las pirámides, en el Mena House Hotel, el mismo donde había residido en su momento la entonces princesa Victoria, esposa del príncipe heredero Gustavo, posteriormente Gustavo V. Desde la ventana del hotel, podían ver la pirámide de Keops y conocieron a varios otros suecos que también se alojaban allí. Valga este pequeño relato para conocer como se viajaba a principios del siglo XX, si se podía pagar por ello, claro está. De este viaje surgió la novela en dos tomos Jerusalén (Jerusalem) que salió de imprenta en 1901, el primer tomo, y el segundo 1902. La obra tuvo un gran éxito y contribuyó a que Lagerlöf recibiese el premio Nobel de literatura en 1909.

Doy un salto considerable para acercarme a un nuevo medio de locomoción que hizo saltar el turismo, de algo que solo grupos privilegiados podían costearse, hasta llegar a las clases medias bajas y finalmente a los trabajadores más modestos. Me refiero como comprenderéis al automóvil. Aunque los primeros automóviles eran solamente algo que los muy ricos podían poseer, todo cambió a partir de innovaciones tecnológicas como la línea de ensamblaje introducida por Henry Ford en 1913. Ya en 1914, año en que comenzó la primera guerra mundial, el coche, ya era un elemento bastante normal por calles y carreteras. Tan normal que, ya en el año 1900 se contaba con La primera guía Michelin, conocida como la Guía Michelin (en francés, (Le Guide Michelin), creada por los hermanos André y Édouard Michelin, fundadores de la empresa de neumáticos del mismo nombre. Originalmente, la guía estaba destinada a proporcionar información útil para los conductores, incluyendo mapas, direcciones, y una lista de talleres y estaciones de servicio. No contenía las reseñas de restaurantes y hoteles que caracterizan las ediciones posteriores. A medida que el uso del automóvil se volvía más popular, la guía evolucionó para incluir recomendaciones de restaurantes y alojamientos, de la misma manera que hoy se utilizan las redes sociales. En los años entre las dos guerras mundiales, comienza a masificarse el transporte por carretera y los viajes trasfronterizos se multiplican.

Pero, lo que verdaderamente cambió la esencia del turismo y aumentó su impacto en las economías y las condiciones de vida de los países visitados fue la segunda guerra mundial, o mejor dicho, el exceso de material que produjo esa guerra y que se empleó para fomentar el turismo hacia zonas de Europa, primeramente, desoladas por la guerra, pero que por su clima, su historia, su cultura y su gastronomía, eran atractivas para los trabajadores del norte de Europa, que tenían salarios que les permitían viajar. Aquí entra la economía de guerra americana.

Tras el ataque del imperio japones a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, los americanos volcaron todos sus esfuerzos y su capacidad industrial en una economía de guerra, que podía producir armas i vehículos a una velocidad hasta entonces nunca vista. Se producían armas de todo tipo, tanques, portaviones y, sobre todo aviones y, sobre todo los Douglas DC3. Después de la Segunda Guerra Mundial, había una gran cantidad de aviones militares excedentes, incluidos los Douglas DC-3. Se estima que alrededor de 10,000 DC-3 en sus diferentes variantes, fueron construidos durante la guerra. De estos, aproximadamente 1,000 a 2,000 aviones quedaron disponibles como excedentes en los Estados Unidos al final del conflicto. Muchos de estos aviones no se utilizaron inmediatamente después de la guerra y fueron almacenados o vendidos a precios muy bajos. Posteriormente, gran parte de estos aviones fueron convertidos para uso civil y vendidos a aerolíneas, lo que facilitó el crecimiento de la industria de la aviación civil y, por ende, del turismo. La gran cantidad de aviones Douglas DC-3 disponibles en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial tuvo un impacto significativo en el desarrollo del turismo.

Así, aterriza en Mallorca el primer vuelo charter salido de Suecia el 23 de abril de 1955. Este vuelo marcó el inicio de una nueva era en el turismo sueco, ya que permitió a un número creciente de personas acceder a destinos turísticos internacionales a precios asequibles. Mallorca, una isla española en el Mediterráneo, se convirtió en un destino muy popular para los turistas suecos y de otros países europeos, gracias a la creciente oferta de vuelos chárter. Este evento es considerado un hito importante en la historia del turismo de masas en Europa. El viaje partió de Bromma el 22 de abril de 1955 a las 10 de la mañana y com el trayecto y la estancia duró 16 días. El número de participantes ascendió a 26 personas, y el precio fue de 1,095, unos 2000 euros actuales. El viaje se realizó en un Vickers Viking, curiosamente no en un Douglas DC3.  El avión necesitó hacer cuatro escalas, en Gotemburgo, Malmö, Stuttgart y Marsella)  los pasajeros también tuvieron que pasar la noche en Marsella, ya que el avión no tenía permiso para vuelos nocturnos, el aterrizaje tuvo por tanto lugar el 23 de abril.

Era otra España, la que visitaron esos 26 turistas, otra Mallorca muy diferente. Un país gris y desolado bajo el sol, con una sociedad pobre y atrasada en muchos ámbitos, que miraba con recelo y admiración a esos viajeros caídos del cielo. Una vez, aquí en Malmö, con motivo de unas conferencias que dimos bajo el tema Málaga-Malmö, hablaba el entonces alcalde de Málaga, cuyo nombre he olvidado, de la importancia que el turismo había tenido para él personalmente, sobre todo, para su percepción de la situación reinante en España en los sesenta, y para su interés por la política. Se puede decir que la sociedad española se fue abriendo al mundo gracias al turismo. Esto no se debería olvidar nunca.

El problema de la masificación del turismo viene de la proliferación de los vuelos internacionales y la competencia que ofrecen las compañías aéreas y de la globalización. Más y más gente de todo el mundo alcanza un nivel de vida que les permite viajar al extranjero. 1.400 millones de chinos están empezando a viajar y otros tantos indios les siguen los talones. Todos hemos tenido que sufrir las largas colas para ver los monumentos emblemáticos de cualquier país que visitamos, al menos, se los países que copan la élite de recepción de turistas, Francia, España, Italia, Grecia y pronto será todo el entorno mediterráneo y otros puntos en el mundo. Y, contra eso se revelan los que protestan contra el turismo. Este año, en Barcelona, he podido ser testigo de alguna de esas manifestaciones. Me sorprende y me preocupa un poco, que los manifestantes sean gente joven, justo en esa edad en que la mayoría de ellos quiere viajar lo más largo posible, al poder ser a las antípodas, sin reparar, que, una vez fuera de España o somos turistas o somos emigrantes.

Dicen los manifestantes que están contra la gentrificación del centro de las ciudades, pero no reparan que esos centros han estado muchas décadas en ruinas y que sus habitantes han vivido en la miseria. Hablan de “turismo de calidad” cuando quieren decir – “bienvenidos sean los ricos” – o – “pobres, go home”. Yo creo que la diversificación de los destinos turísticos, que ya vamos viendo en Europa, ayudará a quitar presión a los antiguos receptores. Creo que el día que el turismo se reparta más equitativamente por toda la costa mediterránea, norte, sur, este y oeste, Mallorca y Barcelona, quedarán más desahogadas. Quién sabe si entonces, algunos protestaran y se manifestarán, lamentando que se pierdan puestos de trabajo. Summa summarum, el turismo nos ha enriquecido de muchas maneras, aunque ahora veamos algunas consecuencias indeseadas, y, es que, como decía mi madre – lo poco agrada y lo mucho enfada. Os dejo con una foto turística.


[1] https://archive.org/details/A086A327/page/n5/mode/2up

[2] https://www.gutenberg.org/files/46976/46976-h/46976-h.htm

[3] https://archive.org/details/TheRehlaOfIbnBattuta/mode/2up

[4] El término “Grand Tour” apareció escrito por primera vez en 1670, en la obra Voyage d’Italie https://archive.org/details/voyageofitalyorc00lass/page/n7/mode/2up

[5] Lettere famigliari di Giuseppe Baretti a’suoi tre fratelli tornando da Londra in Italia nel 1760 https://archive.org/details/letterefamigliar00bare/page/4/mode/2up

[6] https://archive.org/details/cu31924028534158/page/n11/mode/2up

[7] https://archive.org/details/hin-wel-all-00000040-001/page/n17/mode/2up

[8] https://www.gutenberg.org/files/3529/3529-h/3529-h.htm

[9] https://www.gutenberg.org/files/5131/5131-h/5131-h.htm

[10] https://www.biodiversitylibrary.org/item/95419#page/19/mode/1up

[11] https://archive.org/details/Cuentos_de_LaAlhambra-WashingtonIrving/page/n1/mode/2up

[12] https://www.guiasdeviajeanaya.es/guias-categorias/trotamundos/routard/

[13] Eva Helen Ulvros: ”Sophie Elkan – hennes liv och vänskapen med Selma Lagerlöf”, 2001.

Centésimo tercer paseo. Paseando por los parques de Lund.

Apurar los últimos días del verano es casi una obligación. A un paso de septiembre, se nota ya en el aire que el otoño viene de camino. A mi me gusta andar mucho estos días; andar y andar por las calles y los parques, los benditos oasis que las culturas, desde tiempos inmemoriales, se han esforzado en construir, por amor a la belleza. Ya me hubiera gustado a mi pasear por los jardines colgantes de Babilonia, construidos según la leyenda por el rey Nabucodonosor II para su esposa Amytis. Al no poder ser, me conformo con pasear por los parques y jardines que se han conservado hasta nuestros días. Yo tengo algunas preferencias, aquí en Lund. La verdad es que esta ciudad es muy rica en parques, aunque ninguno de ellos es anterior al siglo XVIII.

El más antiguo es el más pequeño y central, Lundagård, es un cuadrilátero delimitado por la catedral al sur, Kyrkogatan (Calle de la iglesia) al oeste, Universitetsplatsen la Plaza de la Universidad (Universitetsplatsen) al norte, y Sandgatan (Calle de la arena) con AF borgen (el castillo de los estudiantes). El parque data de 1747, cuando el solar se dedicó a parque con césped y senderos, bordeados de tilos, olmos, castaños, fresnos y arces. Los árboles más antiguos datan del año en que se estableció el parque, otros fueron plantados en 1883, cuando se realizó una renovación integral de todo el recinto, pero la mayoría son más recientes y han ido reemplazado gradualmente a los árboles que han muerto o han sido derribados por el viento. En Lundagård hay un solo edificio, el llamado Lundagårdshuset (Casa de Lundagård) o Kungshuset (Casa del rey) Aquí en invierno.[1]

Carl Hårleman, más conocido como el arquitecto que dio forma al palacio real de Estocolmo, aunque él no fue a quien se le encargó en primer lugar, recibió en la década de 1740 el pedido, de parte del consistorio de la universidad de Lund, de rediseñar Lundagård.  Hårleman lo diseño como un parque cerrado por un muro, que fue derribado durante el siglo XIX. Una de las puertas se conserva, con su remate coronado y es hoy la entrada al museo histórico de la ciudad, Kulturen[2].

Según la ciudad iba creciendo, iban quedando restos de las antiguas parroquias y sus cementerios, ubicados de tal manera, que representaban una clara inconveniencia, desde un punto de vista sanitario. En lo que ahora se denomina Petriplatsen se encontraba, durante la Edad Media, la iglesia de San Pedro (S

Petri kyrka) y, adyacente a ella, un cementerio. La iglesia fue demolida poco después de la reforma luterana en 1536, pero el cementerio se siguió utilizando para entierros hasta 1816. Algún tiempo después, se usó como jardín botánico. Cuando se propuso utilizar el lugar para mercados de ganado, intervino el fabricante Borg. Él donó un terreno adecuado para el comercio de ganado en lo que hoy es Mårtenstorget a la ciudad, a cambio de que la ciudad donara Petriplatsen a la universidad. Una condición de la donación era que el lugar nunca fuera edificado. La universidad sigue siendo propietaria de Petriplatsen y funciona como un pequeño oasis entre la gran arteria, Kyrkogatan, y la biblioteca municipal, presidido por una estatua de Lineo. Aquí me he sentado muchas veces a descansar o a leer, durante mis largos paseos por la ciudad.

Desde Petriplatsen puedo alcanzar media docena de jardines en un radio de 500 metros. Empezaré por uno de mis favoritos, el jardín botánico. El primer jardín botánico de Lund fue fundado ya en 1690 por Kilian Stobæus, un destacado profesor de medicina e historia en la Universidad de Lund. Inicialmente, el jardín estaba ubicado en Östra Vallgatan, cerca de la catedral de Lund. Este primer jardín era relativamente pequeño y estaba destinado principalmente al cultivo de plantas medicinales, que eran esenciales para la enseñanza y la práctica de la medicina. En 1740, y bajo la dirección del botánico Carl Linnaeus (Linneo)[3], el jardín fue reorganizado y ampliado. Aunque Linnaeus es más famoso por su trabajo en Uppsala, su influencia en Lund fue significativa. Durante este período, el jardín comenzó a expandir su colección de plantas más allá de las medicinales, incluyendo plantas ornamentales y exóticas, que reflejaban el interés creciente en la botánica como ciencia. A principios del siglo XIX, el jardín original se volvió insuficiente para las necesidades crecientes de la investigación y la enseñanza. En 1810, se decidió trasladar el jardín a su ubicación actual en Östra Vallgatan, que en ese entonces era parte del área de Petriplatsen. Este nuevo jardín, que abarcaba aproximadamente 8 hectáreas, fue diseñado para incluir no solo áreas de cultivo, sino también invernaderos y un estanque, lo que permitía un estudio más completo de diferentes tipos de plantas y su ecología.

El jardín botánico de Lund experimentó una verdadera edad de oro a finales del siglo XIX y principios del XX. En 1862, el jardín fue oficialmente inaugurado en su nueva ubicación bajo la dirección de Jacob Georg Agardh, un renombrado botánico y profesor en la Universidad de Lund. Bajo su liderazgo, el jardín se convirtió en un centro importante de investigación botánica y en un recurso clave para la educación universitaria. Durante este período, se construyeron varios invernaderos, incluyendo uno específicamente para plantas tropicales, que ahora está cerrado por reparación y reacondicionamiento y no volverá a abrir hasta dentro de dos años. Estos invernaderos, que yo echo tanto de menos no poder visitar, permitieron a los investigadores estudiar plantas de regiones del mundo muy diferentes a las de Suecia, lo que era esencial para el desarrollo de la botánica como ciencia global. Para mí, este lugar es un reducto de paz. Yo suelo caminar por sus caminos de grava, contemplando la hermosura de las plantas, que no dejan de sorprenderme con su canto a la vida.

Si me muevo hacia el sur, desde el jardín botánico, tengo un gran parque a unos 700 metros de distancia, Stadsparken (el parque de la ciudad). Este parque comenzó a desarrollarse alrededor de la muralla medieval que anteriormente rodeaba Lund, llamada Högevall[4] en 1860. El área dentro de la muralla había sido previamente un pastizal, mientras que fuera de la muralla se encontraba la fértil llanura de Lund. En 1904, la ciudad de Lund compró el terreno y este se utilizó a partir de 1907 para la gran Exposición de Lund. En 1909, el municipio adquirió el terreno adicionalmente de la cooperativa lechera Lunds Andelsmejeri, lo que es ahora Kulturmejeriet[5]. Partes del parque fueron construidas para la Exposición de Lund y se ampliaron entre 1909 y 1911. El Stadsparken fue inaugurado en 1911. En la parte suroeste del parque, hay una gran explanada de césped con un escenario al aire libre de hormigón pintado de blanco en un extremo. En ese escenario actúan todos los veranos artistas conocidos, pagados por la comuna, así que, se puede ir allí con una silla y la merienda, y pasar una tarde muy agradable en compañía de otros ciudadanos.  Cuando hace buen tiempo, los habitantes de Lund suelen utilizar esta área para diversas actividades al aire libre, como petanca, skate, vuelo de cometas, jogging etc. Aquí también se encuentra el Stadsparkscaféet, construido por Theodor Wåhlin en 1922, un lugar perfecto para tomarse un café o una copa, en buena compañía. En la parte norte del parque se encuentra Högevallsbadet (la piscina pública de la ciudad), mientras que en la parte oriental se halla, entre otras cosas, el antiguo Observatorio. Al sur, donde se encuentran la continuación de Kyrkogatan, Stora Södergatan y Södra Esplanaden[6](el boulevard sur), está Mejeriet. En la parte suroeste del parque hay desde 1907 un estanque para aves que, a falta de mar, lago o río en la proximidad, hace las veces de paisaje acuático.

Desde Stadsparken puedo seguir hacia el sur y en menos de un kilómetro, encontrarme en el mayor de todos los parques que hay en Lund. El parque de Sankt Lars (San Lázaro). El área conocida hoy como Sankt Lars Parken fue originalmente el sitio del Sankt Lars Hospital, un hospital psiquiátrico inaugurado en 1879. El hospital fue construido para aliviar el hacinamiento en los hospitales psiquiátricos de la región y para proporcionar un ambiente más adecuado para el tratamiento de enfermedades mentales. Diseñado como un “hospital en un parque”, la idea era que el entorno natural y tranquilo ayudaría en el tratamiento de los pacientes. El hospital siguió operando durante gran parte del siglo XX, y en su apogeo, albergaba a cientos de pacientes. Los edificios del hospital eran típicos de la arquitectura de la época, con pabellones separados para diferentes tipos de tratamiento y un diseño general que promovía la separación de pacientes según la naturaleza y la gravedad de su condición. A medida que avanzaba el siglo XX, las políticas de salud mental en Suecia y en todo el mundo comenzaron a cambiar, en gran parte impulsada por la aparición de medicamentos psicofármacos.  Se produjo una transición hacia la atención comunitaria y la desinstitucionalización, lo que llevó al cierre gradual de muchos hospitales psiquiátricos tradicionales, incluido Sankt Lars. El hospital fue cerrado oficialmente en la década de 1990, y los edificios quedaron vacíos o fueron reutilizados. Después del cierre del hospital, el área fue transformada en lo que ahora se conoce como Sankt Lars Parken. Los antiguos terrenos del hospital se convirtieron en un parque público, y muchos de los edificios históricos fueron preservados y adaptados para otros usos. Hoy en día, algunos de los edificios han sido renovados y transformados en viviendas, escuelas, oficinas, y espacios comunitarios, manteniendo la arquitectura original como parte del patrimonio cultural de Lund. El parque es un lugar tranquilo y apacible y yo suelo llegar hasta su punto más al sur, en el molino de Flackarp, para rodeándolo, comenzar el camino de vuelta a casa.

Ya camino de casa, me gusta cruzar el parque de Tuna. Este parque fue planificado al derribar el palacio de Tuna, construido 1866-67 por el famoso arquitecto Hugo Zettervall[7] para la viuda del obispo Johan Henrik Thomander. El palacio, como muchas de las construcciones de Zettervall, era una autentica chapuza y hubo de ser derribado en 1948, por que era insalubre y hasta peligroso, pues se caía a pedazos. La última residente del castillo de Tuna fue Ida Thomander Warholm fue la hija del antiguo obispo cuya viuda mandó construir el palacio. Ella murió en 1932. Después de su fallecimiento, la casa quedó vacía y empezó a deteriorarse. La ciudad de Lund compró la casa por una suma modesta y no hizo esfuerzos por preservar el hermoso edificio. Durante la segunda guerra mundial, la defensa civil realizó sus ejercicios allí. Hubo un período en el que niños refugiados de Letonia y Estonia vivieron en el palacio, que se encontraba en ruinas

Por suerte, se dejó toda la finca sin construir y en 1958, se creo un parque, aprovechando el inmenso jardín que rodeaba el palacio. Ahora es un oasis en medio de la ciudad, en un punto muy traficado, que permite hacer un alto en el camino y descansar del bullicio callejero. Últimamente se ha construido una miniatura del palacio en el centro de un parque infantil, que se haya dentro del parque-jardín, donde los niños pueden jugar. Hay tantos parques en mi camino que prefiero quedarme aquí por el momento. Os dejo con algunas fotos de los parques.


[1] El edificio fue construido entre 1578 y 1584 por encargo del rey danés Federico II.  La casa, que se construyó como residencia para el rey y su alguacil Björn Kaas, se edificó en dos plantas con una entrada en la torre frente a la catedral. Durante la guerra (1643-1645), la casa sufrió graves daños y fue vendida en 1660 al obispo Peder Winstrup. Al morir este, el edificio pasó a pertenecer a la universidad y ha sido sede de, entre otras, la facultad de filosofía. Yo he tenido clases en sus viejos locales.

[2] Kulturen en Lund es un museo al aire libre y un museo cultural. Es uno de los museos más antiguos y grandes de su tipo en Suecia y fue fundado en 1882 y se abrió al público dez años más tarde. Kulturen está ubicado en el corazón de Lund y ocupa una extensa área que abarca tanto edificios históricos como exposiciones interiores. El museo fue fundado por Georg Karlin, un arqueólogo y etnógrafo que quería crear un museo que reflejara la vida y la cultura sueca en su totalidad. Comenzó con la adquisición de varios edificios históricos y objetos culturales que fueron la base de la colección del museo. La idea era preservar y mostrar la herencia cultural sueca en su contexto original. Con el tiempo se han ido trasladando edificios emblemáticos al recinto, lo que hace de este museo un excelente muestrario que ilustra la vida cotidiana en Suecia anterior a la industrialización.

[3] Carl Linneo es mundialmente conocido como el padre de la taxonomía moderna, Linneo estudio medicina en Lund en 1727 y estuvo viviendo en casa del profesor Kilian Stobæus.

[4] De esta muralla o más bien promontorio coronado por una palizada, ya he contado algo en anteriores entradas. Era simplemente una construcción para la defensa de la ciudad, de unos cinco kilómetros de largo que protegía las 40 ha de las que constaba la ciudad hasta la primera mitad del siglo XIX.

[5] Kulturmejeriet tiene sus raíces en un antiguo edificio que originalmente funcionaba como una lechería (de ahí el nombre “Mejeriet,” que significa “la lechería” en sueco). El edificio fue construido en 1895 y era parte de Lunds Andelsmejeri, una cooperativa lechera que operaba en la ciudad. A finales de la década de 1970, la lechería cerró sus puertas y el edificio quedó en desuso. Sin embargo, a principios de la década de 1980, surgió un movimiento en Lund para transformar el antiguo edificio en un centro cultural. Este movimiento fue impulsado por artistas, músicos, y otros activistas culturales que veían la necesidad de un espacio para la cultura alternativa y las artes en la ciudad. En 1985, después de un esfuerzo colaborativo entre la comunidad, organizaciones culturales, y el municipio, el edificio fue oficialmente transformado en Kulturmejeriet. Desde entonces, ha sido gestionado por una asociación sin fines de lucro que trabaja en colaboración con la municipalidad y otras organizaciones para ofrecer un amplio programa de actividades culturales. Yo soy muy asiduo a todas sus actividades. La última fue “cava-canvas” (cava-lienzo), por 9 euros te daban una copa de cava y un lienzo de 10×12 cm para pintar, pinceles y pinturas, las que deseases, y allí estábamos hombres y mujeres, jóvenes y menos jóvenes, bebiendo y pintando. ¡Muy chulo!

[6] Hay mucho que decir sobre este boulevard, que contaré en alguna próxima entrada.

[7] Zettervall era un arquitecto famoso pero muy controvertido. Trabajaba rápido, con materiales nuevos y no siempre bien probados, y no es poco frecuente que esos edificios hayan tenido que ser derribados en relativamente poco tiempo. Se puede decir que era el Calatrava del siglo XIX, por ser tan aficionado al cemento y a las formas teatrales y eclécticas.

Centésimo segundo paseo. Capitales acidentales. Lund y Barcelona a principios del siglo XVIII.

Primer día gris de este espléndido agosto. Todavía no hay mucha gente por las calles, aunque las escuelas y los institutos comenzaron las clases ayer. Los 40.000 estudiantes y profesores de la universidad, alargan sus vacaciones una semana más. Yo casi les echo de menos, aunque, con las calles vacías, tengo la oportunidad de mirar detenidamente los edificios que voy viendo al caminar. Veo que aún quedan muchos edificios que ilustran la historia de las transformaciones sociales vividas en Escania en general y, más específicamente en Lund, desde su definitiva integración en Suecia a partir de 1712 hasta 1809.

De forma muy parecida, me dediqué este junio pasado, a vagar por Barcelona contemplando vestigios de la misma época. Como veis, sigo comparando, aunque estoy convencido de las dificultades que se presentan al querer comparar dos procesos diferentes, en diferentes regiones, aun siendo cronológicamente paralelos. La comparación por mi parte llega también a incluir algo que me persigue en mis paseos, oyendo la radio española, la dichosa amnistía y “el concierto catalán”, que continuamente se repiten en cada boletín informativo y que parece que es algo nuevo. En realidad, hace poco más de 300 años se encontraban España y Cataluña en una muy parecida situación, como veremos más adelante. ¿Qué es lo que se puede comparar? Empezaré con el nombre del soberano. En el año 1700, el rey sueco se llama Carlos, Carlos XII, y era XII, porque Carlos IX adoptó su número ordinal basándose en leyendas suecas que incluían a varios reyes llamados Carlos que en realidad no existieron o cuyos reinados no fueron reconocidos formalmente, así que, en realidad, debió llamarse Carlos IV. Bueno pues, el rey en España se llamaba ese año Carlos II, por lo menos hasta el 1 de noviembre, día en que dio su último suspiro y dejó este valle de lágrimas, dando comienzo, sin querer, a una de las mayores guerras europeas, anteriores a la primera guerra mundial, en la que estaban enfrentadas, como contendientes Francia y Alemania.[1]

El rey sueco, que no murió en su cama, como lo hizo el rey español, murió también en noviembre, esta vez el 30 del mismo de 1718, y se fue también de esta vida sin dejar heredero, lo que llevó a su reino a pasar por una sucesión accidentada. De los dos reyes se puede decir que eran grandes desconocidos para sus súbditos, porque el uno, Carlos II de España, no pisaba la calle, y el otro, Carlos XII de Suecia, no pisaba Suecia, porque estuvo toda su vida como rey, exceptuando los tres últimos años, recorriendo el este de Europa en interminables guerras con Rusia, Polonia y Dinamarca. Ambos reyes resultaron catastróficos para sus países, aunque el rey sueco se llevó una fama de guerrero un tanto romántica, que en mucho se debe al libro de Voltaire, escrito 13 años tras la muerte del soberano sueco.[2] Este mismo Voltaire es también el responsable de difundir la mala imagen de Carlos II de España.[3]  Modesto Lafuente es uno de los historiadores responsables de perpetuar la imagen negativa de Carlos II en la historiografía española. En su extensa obra, describe a Carlos II como un rey débil y poco apto para gobernar, destacando su deterioro físico y mental como símbolos de la decadencia del imperio español.[4]

En segundo lugar, quiero decir algo sobre el complejo o sentimiento de capitalidad que se vivió en Lund y en Barcelona durante el periodo de tiempo en que estas ciudades fueron capitales accidentales de sus reinos; ya sé que se dirá que exagero, comparando Lund con sus 1300 habitantes con una Barcelona que ya contaba con 38.000. Sin embargo, yo sostengo que es comparable por muchas razones. La primera razón, en cuanto a Lund, es que la presencia de Carlos XII y la concentración de la administración real en Lund durante su estancia reflejan un cambio temporal en el estatus de la ciudad, que pasó de ser una pequeña ciudad universitaria a un centro de poder en 1716. En Barcelona este sentimiento de capitalidad se siente desde que el archiduque Carlos, el 22 de octubre de 1705, desembarca en Barcelona con el apoyo de la flota anglo-holandesa. El archiduque desembarcó en Cataluña y recibió un apoyo considerable, especialmente en Barcelona, donde fue recibido como el nuevo soberano. La ciudad, así como otras partes de Cataluña, reconoció al archiduque Carlos como Carlos III de España. El cambio de lealtad de Barcelona y su posterior resistencia hasta su rendición, el 11 de sptiembre de 1714 se convirtieron en un símbolo de la lucha por las libertades catalanas y la defensa de su identidad. Esta narrativa ha perdurado en la historia y la cultura catalanas, influyendo en la política regional hasta la actualidad. Aunque el archiduque dejó la ciudad el 27 de septiembre de 1711, su esposa, Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel, permaneció en Barcelona hasta el 19 de marzo de 1713. Pero, es importante dejar claro que el archiduque en Barcelona se declaró rey de España y no de Cataluña. Se da el caso que tropas catalanas, mandadas desde Barcelona para apoyar a los ingleses, participaron en la toma de Gibraltar para España, aunque luego Gran Bretaña aprovecharía para hacerse con el control del peñon, como compensación de guerra.

Barcelona vivió, por tanto, un periodo de capitalidad de facto, al menos, entre 1705 y 1713, durante la guerra de sucesión española, cuando la ciudad se convirtió en el centro de operaciones de la resistencia al rey Felipe V y en la sede del gobierno del archiduque Carlos de Austria, proclamado como Carlos III por sus seguidores en Barcelona. Este periodo fue vivido con un intenso sentido de protagonismo político y cultural. De haber triunfado el archiduque y sus aliados, podría muy bien haberse dado el caso de que la capitalidad de Barcelona en España se hubiera perpetuado. Esto es, naturalmente una especulación contrafactual, pues nunca sabremos la respuesta a la pregunta: ¿Qué habría pasado si el archiduque Carlos no hubiera dejado Barcelona en 1711? Estas preguntas nos permiten considerar las consecuencias potenciales de eventos no ocurridos, pero no dejan de ser especulaciones.

Para terminar, comparable es también el catastrófico estado de las finanzas en ambos países, debido tanto a la perdida de ingresos como a la carga de un aparato bélico desproporcionado, que los dos Carlos y sus sucesores trataron de mejorar, subiendo los impuestos a todas las fuentes que producían alguna riqueza. En el caso de Suecia, también al coste de una inflación desbocada.  

Ya que estoy en Lund, empezaré por repasar las condiciones en las que se encontraba Escania el año 1721. Demos un repaso a la historia comenzando con las características de la región en cuanto a economía y población. Alrededor de 1720, la población de Escania se estima en aproximadamente 200,000 a 250,000 habitantes.[5] Se estima que entre el 80% y el 90% de la población de Escania vivía en el campo. La economía se basaba en la agricultura, y la mayoría de las personas vivían en pequeñas aldeas o granjas. Aproximadamente entre el 10% y el 20% de la población vivía en ciudades o pueblos más grandes. Las ciudades importantes, como Malmö, Lund, Helsingborg, Ystad y Kristianstad, concentraban la mayor parte de la población urbana.

Como la mayoría de las ciudades suecas en esa época, Lund tenía una población modesta, en comparación con las grandes urbes europeas, ya que Suecia en general, y Escania en particular, tenían una estructura predominantemente rural. Con una población que oscilaba entre los 1300 y los 2000 habitantes, que no creció de manera considerable durante el siglo XVIII, Lund mantenía una situación privilegiada como urbe eclesiástica y universitaria, con su Universidad fundada el 1666. En 1716, después de la debacle de Poltava en 1709[6], y de una serie de campañas militares poco exitosas, Carlos XII se trasladó a Lund como parte de su estrategia para establecer una base de operaciones en el sur de Suecia, cerca del frente danés. Lund era un lugar estratégico debido a su ubicación en Escania, una región que había sido el centro de las tensiones entre Suecia y Dinamarca. El 6 de septiembre de 1716, Carlos XII llegó a Lund. A partir de este momento y durante casi dos años, la pequeña ciudad universitaria con solo 1300 habitantes funcionó como la capital no oficial de Suecia. El rey absoluto y Lund llegaron a influirse mutuamente de varias maneras[7].

Carlos XII estableció su cuartel general en Lund[8] mientras preparaba una ofensiva contra Dinamarca- Noruega. La presencia del rey con sus tropas resultaba muy agobiante, no solamente en la ciudad, sino en toda Escania. Se estaba dando una de esas ocasiones en la que el pueblo llano, a la menor ocasión, como puede ser un acto de violencia por parte de los soldados, podrían haber iniciado una revuelta. También los alrededores de Lund se vieron afectados. Más de veinte mil soldados estaban alojados en casas de labor por toda Escania. Como siempre, la presencia del ejército atrajo a prostitutas y a otras gentes de “mal vivir”, como se refleja en el acta del consistorio académico del 18 de junio de 1717[9].

La pequeña ciudad escaniana empezaba a abrirse al mundo impulsada por el hecho de que Lund funcionara como la capital del reino. Lundska Lögerdagz Courant (El correo lundense del sábado), fue el primer periódico que se imprimió en Lund y en toda Escania. El primer número se publicó el 10 de agosto de 1717. En sus ocho páginas se describían batallas, preparativos de guerra, matrimonios reales y otros eventos ocurridos en Europa, que, casi siempre, tenían varios meses de antigüedad. Había, eso sí, pocas noticias de Suecia, y generalmente no se incluían noticias locales en el periódico. Sin embargo, de vez en cuando se informaba que se había celebrado una disertación en presencia de Su Majestad Real. Y, es que, el rey guerrero por excelencia, mostraba un gran interés por la universidad y atendía las clases de varios catedráticos, especialmente de matemáticas y filosofía, y no se perdía ninguna disertación. El periódico se publicaba dos veces por semana y cambiaba de nombre según el día de la semana en que se publicara. En total, se publicaron 75 números. La última edición se emitió el 19 de junio de 1718, una semana después de que Carlos XII dejara la ciudad para siempre, para encontrar su fin en la mañana del 30 de noviembre de ese año, por una bala disparada desde la fortaleza de Fredriksten.

Aún cientos de años después de su muerte, Carlos XII sigue teniendo influencia en Lund. Es una influencia conflictiva y a veces muy negativa. Los homenajes al rey en el aniversario de su muerte, el 30 de noviembre, se convirtieron en la década de 1990 en enfrentamientos directos entre extremistas de derecha de estética skin y antirracistas igualmente combativos, entre los cuales se encontraban muchos de mis estudiantes, dicho sea de paso.

Un cuadro que representa al rey Carlos, preside la sala de profesores del instituto Katedralskolan, sito en parte en la casa construida en 1580 por el consejero del reino danés, Corfitz Tønnesen Viffert, a la que Carlos XII se mudó en 1716.  A principios de 1700, la casa era propiedad del catedrático Martin Hegardt y, al ser una de las pocas casas de piedra de Lund, fue requisada por la corona para Carlos XII después de su regreso a Suecia. Al pasar frente al edificio, voy pensando en la importancia que tuvo la fugaz capitalidad para esta pequeña ciudad. Junto con la fundación de la universidad, el breve tiempo que la corte estuvo localizada entre sus estrechas calles, abrió un periodo de un cierto cosmopolitismo para los habitantes de la ciudad.

Y, llegado aquí, me parece relevante llegar a la comparación con Barcelona, porque, tamaño aparte, el secreto de por qué las instituciones catalanas se pusieron del lado del archiduque pretendiente y de sus aliados, aparte de la conservación de sus instituciones y sus leyes, era la espectativa de hacer Barcelona capital de España. Esa promesa llevó a las instituciones catalanas a negarse a entregar Barcelona, aún después de la paz de Utrecht, siempre a la espera de una ayuda británica que nunca llegó. Tras el el Convenio de Hospitalet de Llobregat, el 22 de junio de 1713 entre el conde de Königsegg, representante del mariscal Starhemberg, jefe del ejército del archiduque Carlos de Austria, y el marqués de Ceva Grimaldi, representante del duque de Pópuli, jefe del ejército de Felipe V, finalizaban las hostilidades de la guerra de sucesión española. El acuerdo se firmó siguiendo los principios fijados en la Convención para la evacuación de Cataluña y el armisticio de Italia que estipulaba la evacuación de las tropas aliadas de Cataluña, Mallorca e Ibiza, así como la entrega de Barcelona, y de Tarragona a las tropas de Felipe V como garantía. Tenemos el testimonio de un soldado irlandés, John Fontaine que escribió en su diario:  “Viendo que los abandonábamos, nos llamaron traidores y todos los nombres más viles que se les ocurrieron, y la chusma nos lanzó piedras diciendo que los habíamos traicionado al ponerlos en manos del rey Felipe.”[10] El 14 de julio la ciudad de Tarragona capitulaba ante las tropas borbónicas dirigidas por Juan Francisco de Bette, Barcelona resistiría todavía hasta el 11 de septiembre del año siguiente. Seguiré con gusto esta comparación, contando lo que pasó en Lund tras la partida de Carlos XII y en Barcelona, a partir del 12 de septiembre de 1714. Os dejo con una fotografía tomada hoy de la casa en la que se hospedó el rey Carlos XII en Lund.


[1] Alemania, que aún no existía, estaba representada por Austria, es decir el Sacro Imperio Romano, con su  Leopoldo I, que promovió la candidatura de su hijo, el Archiduque Carlos de Austria, para el trono español y también el reino de Prusia, que se unió a la Gran Alianza para fortalecer su influencia en Europa. Del mismo modo, luchaban en el bando austriaco Gran Bretaña, bajo los reinados de Guillermo III y posteriormente Ana, para evitar un dominio borbónico demasiado fuerte en Europa, las Provincias Unidas (Países Bajos),  Aliados de Gran Bretaña y Austria, con intereses en limitar el poder francés y mantener su independencia de España, Portugal, que Inicialmente apoyó a Felipe de Anjou, pero que se unió a la Gran Alianza en 1703 de forma similar a Saboya, que también cambió de bando en 1703 para unirse a la Gran Alianza, buscando beneficios territoriales. Por el lado francés encontramos, además de Francia, a Baviera, que, alineada con Francia, buscaba preservar su influencia en Europa central.

[2] Voltaire; “Histoire de Charles XII”, 1731. En este libro, Voltaire presenta al rey sueco como garantía de la libertad europea contra la tiranía rusa, representada por su principal rival, el zar Pedro I de Rusia. Esta idea de rusia como representante del despotismo de oriente, se parece mucho a la imagen de Persia que se ha transmitido a través de la historia, en oposición a la democracia griega.

[3] Voltaire: “Le Siècle de Louis XIV”, 1751. Ver en: https://archive.org/details/sicledelouisxiv00voltgoog/page/n12/mode/2up

[4] Modesto Lafuente: Historia general de España, 1850-1869. Ver en: https://www.filosofia.org/his/laf/p305c10.htm

[5] Algunos datos sobre la población en Suecia pueden obtenerse ya desde la década de 1720, y datos estadísticos regulares de la población a partir del año 1749. En dicho año, comenzó a funcionar el llamado Tabellverket ( oficina de estadística) sueco. La organización del Tabellverket fue establecida mediante la real orden del 10 de noviembre de 1748. https://www.scb.se/hitta-statistik/aldre-statistik/innehall/serien-historisk-statistik-for-sverige/

[6] La batalla de Poltava en lo que ahora es Ucrania, que se libró entre los ejércitos del zar Pedro I de Rusia y el del rey Carlos XII de Suecia el 8 de julio de 1709, terminó con la victoria de los rusos, marcando el fin del Imperio sueco como gran potencia en Europa. Carlos XII huyó al frente de unos mil soldados y se refugió en territorio dominado por el imperio otomano, en Bender, en la actual Moldavia, y no regresó a Suecia hasta 1715.

[7] Un gran número de personas, muchos de ellos turcos y judíos, se fueron asentando cerca del rey para no perderle de vista. Eran gente a las que el rey les debía dinero. Entre los acreedores había seis turcos, una decena de árabes, algunos judíos y una condesa polaca. Y dado que solo había una posada en la ciudad, los huéspedes tuvieron que alojarse en casas de ciudadanos. Como había solo 270 viviendas en la ciudad, casi todas fueron utilizadas, salvo diecisiete que fueron rechazadas porque no cumplían los requisitos. Sin embargo, esto no significaba que las viviendas aceptadas fueran lujosas; solo una cuarta parte de ellas, por ejemplo, estaban equipadas con estufas de azulejos, un distintivo de confort en invierno. Alrededor de 550 huéspedes fueron alojados en Lund. Muchos ciudadanos protestaron contra la obligación de alojar a los huéspedes e hicieron todo lo posible por evitarlo, pero en vano. Por supuesto, la mejor acomodación la recibieron el rey, que echó a un catedrático de su casa para instalarse él, y sus más cercanos colaboradores.

[8] La casa que eligió para instalarse era una de las pocas casas de piedra que entonces había en la ciudad. El propietario era el joven catedrático de historia eclesiástica Martin Hegardt, que recibió del rey el obsequio de ennoblecer a su hijo mayor y además fue padrino de su segundo hijo, el 19 de agosto de 1717. En lugar de alquiler, recibió Hegardt diferentes pagas por cargos eclesiásticos. El rey andaba mal de dinero.                Biographiske underrättelser om professorer vid kongl. universitetet i Lund, ifrån dess inrättning till närvarande tid https://runeberg.org/bioprof/0102.html

[9] «un grupo de mujeres sueltas y prostitutas» se reunía por las noches en la universidad y «practicaba una inmoralidad lasciva» citado en Gösta Johanssons “Lunds universitets historia”, 1968.

[10] ALEXANDER Porter: “The Journal of John Fontaine.” The Colonial Williamsburg Foundation, The University Press of Virginia, 1972, p. 42. En Joaquim Albareda.

Centésimo primer paseo. Cataluña en España y Escania en Suecia: comparando similitudes y diferencias

Hoy me toca lavar y por eso saldré a caminar un poco más tarde de lo que acostumbro a hacer. Mientras las máquinas ultiman mi colada, regresaré a tratar de contestar la pregunta que me hicieron en Bilbao, en aquel seminario, al principio de los 90: ¿Por qué Suecia consiguió cambiar la identidad de los escanianos en menos de cincuenta años, mientras España no lo consiguió con los catalanes en más de trescientos? La respuesta requiere por mi parte hacer un intento de emprender una comparación histórica; una labor difícil, que algunos sociólogos e historiadores[1] han empleado y que otros han desechado por las dificultades que ofrece. El método comparativo es una herramienta poderosa en la historiografía, pero también presenta varios desafíos que lo hacen difícil de emplear en la historia. Estas dificultades surgen de la naturaleza intrínseca de los eventos históricos, las diferencias en las fuentes disponibles y la complejidad de las variables en juego. Los que son reticentes a este método, como mi primer director de tesis, el catedrático Göran Rydstad, sostienen que cada evento o período histórico está inmerso en un contexto específico y único. Las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales de un tiempo y lugar determinados son, por tanto, difíciles de replicar o comparar directamente con otros contextos.

A primera vista puede parecer fructífero e interesante comparar, por ejemplo, la revolución francesa con la revolución rusa, pero, en realidad, resulta muy complicado porque, aunque ambas comparten algunas similitudes como movimientos revolucionarios, los contextos sociopolíticos, económicos e internacionales en los que se desarrollaron son muy diferentes. Los fenómenos históricos son multifacéticos y están influenciados por una amplia gama de variables interrelacionadas. Identificar, aislar y comparar estas variables de manera precisa es por fuerza una labor muy compleja, por poner otro ejemplo: en la comparación de la industrialización en diferentes países, factores como la geografía, los recursos naturales, la estructura política, y las tradiciones culturales, entre otros, influyen de manera distinta, lo que complica la comparación directa.

A todas estas dificultades, hay que sumar el hecho de que las fuentes históricas disponibles pueden variar significativamente en calidad, cantidad y perspectiva entre los eventos que se comparan. Esto puede llevar a una representación desequilibrada o sesgada. Sería complicado comparar el el Imperio romano con el Imperio Han, debido a las diferencias en la cantidad y tipo de registros históricos disponibles. Por último, para no extenderme demasiado, escoger casos que sean comparables en aspectos significativos pero que también ofrezcan suficientes diferencias para permitir una comparación es una tarea difícil. En fin, es complicado, pero, a mi parecer no imposible. Así que yo me atreví a hacer una comparación, la que a continuación os ofrezco.  

Primero, vamos a poner a Suecia y Escania en el momento histórico en el que se encontraban en 1658, fecha de la paz de Roskilde[2], que ponía fin a la guerra entre Suecia y Dinamarca, que había comenzado con la ocupación por parte de los suecos de una buena porción del territorio danés, para hacerse, entre otras cosas, con el pasaje del Sund y los ingresos en aduanas que este estrecho pasaje, única salida del mar Báltico, aportaban.  Para empezar nuestra comparación debemos conocer el contexto en el que esta guerra tuvo lugar. Suecia había participado en la guerra de los treinta años como principal socio de Francia, que usaba este país nórdico para debilitar el dominio de los Austrias en Europa. Era una guerra por la hegemonía que Francia consiguió ganar. Suecia salió de la paz de Westfalia como una pequeña gran potencia militar, pero económicamente debilitada. Sus lideres vieron la posibilidad de hacer valer su potencia bélica contra la vecina Dinamarca, aunque esta había sido aliada de Suecia. El ataque de Suecia pilló a los daneses por sorpresa. Durante esta guerra, Suecia contó con el apoyo de varios países, principalmente el de Francia, que la apoyó, tanto diplomáticamente como financieramente. Esta alianza formaba parte de la política francesa de mantener a los Habsburgo en Alemania y España, debilitados, lo que era beneficioso para Suecia en su conflicto con Dinamarca-Noruega. En parte también fue apoyada por Brandeburgo-Prusia, especialmente en sus campañas en el norte de Alemania. Holanda tenía intereses comerciales en mantener el equilibrio de poder en la región, y su apoyo a Suecia no fue constante, en ciertos momentos proporcionó apoyo naval para evitar que Dinamarca-Noruega dominara el comercio en el Mar del Norte y el Mar Báltico. Estos países apoyaban a Suecia principalmente por intereses estratégicos y económicos, buscando debilitar a Dinamarca-Noruega y limitar la influencia de los Habsburgo en Europa. La guerra culminó con la Paz de Roskilde, que resultó en importantes concesiones territoriales de Dinamarca a Suecia.

Dinamarca-Noruega, por su parte, no contó con un apoyo significativo de otros países en la misma medida en que Suecia contó con sus aliados. Sin embargo, algunas potencias europeas, sobre todo los Países Bajos, que tenían un interés en limitar la expansión sueca en el Mar Báltico debido a sus propios intereses comerciales, su apoyo a Dinamarca fue limitado durante esta guerra. Más tarde, después de la Paz de Roskilde, los Países Bajos jugaron, eso sí,  un papel más activo al intervenir en la guerra sueco-danesa que siguió, pero durante el conflicto que culminó en Roskilde, su apoyo fue más bien diplomático que militar. El Sacro Imperio tenía un interés en frenar la expansión sueca, pero no proporcionó un apoyo militar directo significativo a Dinamarca durante esta guerra en particular. Austria y el emperador Habsburgo estaban más enfocados en otros conflictos europeos en ese momento.

La paz de Roskilde resultó en una considerable pérdida de territorios para la corona danesa, que incluían: Scania (Skåne), con Lund como capital, históricamente parte de Dinamarca y sede del arzobispado. También perdieron Blekinge, situada al este de Scania. Halland, una provincia en la costa suroeste de Suecia, que había sido cedida temporalmente a Suecia en un tratado anterior, fue cedida de manera definitiva. La isla de Bornholm en el Mar Báltico, inicialmente cedida a Suecia, fue posteriormente recuperada por Dinamarca en 1660, tras un levantamiento de la población local contra las fuerzas suecas. La región noruega de Trøndelag, que en ese momento formaba parte del Reino de Dinamarca-Noruega, también fue cedida a Suecia, aunque fue devuelta a Dinamarca-Noruega en 1660 como parte del Tratado de Copenhague. La Bahía de Båhus, región al sur de Noruega, que controlaba el acceso al fiordo de Oslo, fue cedida a Suecia. También cayeron en manos suecas las menores islas de Anholt, Læsø, Møn, Saltholm y Ven. La parte más importante del tratado era la ocupación de Escania, una parte rica e importante, central para el reino danés, considerada como el granero de Dinamarca.

Vamos directamente a la cuestión que nos ocupa; el cambio de identidad cultural que experimentó la región danesa conquistada por Suecia. ¿Cuáles eran las premisas existentes? Scania era una parte esencial del reino danés comparable, pongamos por caso, con Andalucía para España. La ciudad de Lund había sido la metrópolis religiosa y la nobleza danesa poseía grandes propiedades en la región. Culturalmente, en Scania se hablaba danés con acento escaniano y el folklore y las costumbres eran puramente danesas. La diferencia o la similitud entre la cultura y la lengua escaniana y la sueca era muy similar a la que hoy encontramos entre la cultura y la lengua catalana y la española-castellana. La paz de Roskilde no parecía traer consecuencias importantes a nivel cultural o legal para los habitantes de las regiones traspasadas. En el párrafo 9 del tratado se aseguraba a los habitantes de las regiones conquistadas que conservarían sus antiguos privilegios, libertades, leyes y su organización eclesiástica. En lo que respecta a la propiedad privada, esto se cumplió, mientras que los privilegios de la nobleza, la organización eclesiástica (1686) y el sistema judicial (1683) se adaptaron gradualmente a los que regían en el resto del reino sueco. Referente a la cultura y a la lengua, los cambios serían significantes y rápidos, diseñados específicamente para unificar el reino sueco en todos los aspectos.

El citado párrafo 9 de la paz de Roskilde, estipulaba que, la ley danesa seguiría en vigor, siempre y cuando no contraviniera las leyes fundamentales de Suecia. Esto significaba que la organización eclesiástica debía ser danesa y se debía respetar el derecho de propiedad de la nobleza. La consecuencia de esto era que la nobleza danesa podría poseer tierras en los territorios de Escania sin residir allí, si por ejemplo también tuvieran una mansión en Funen, como era común. Si residían en Escania, tenían la obligación de prestar juramento de lealtad al rey sueco. Sin embargo, Suecia intentó modificar estas disposiciones, pero un acuerdo entre las autoridades, la nobleza y el clero de Escania aseguró en 1662 que no se llevara a cabo una verdadera suequificación.

Algo importante a tener en cuenta es la cuestión eclesiástica. Tanto Suecia como Dinamarca habían abrazado el protestantismo más de cien años antes. El rey Gustavo Vasa fue la figura clave en la introducción del luteranismo en Suecia. En el Congreso de Västerås en 1527, Gustavo Vasa obtuvo el control sobre la Iglesia sueca y la convirtió al luteranismo. Esta reforma se consolidó con la promulgación de la Ley de la Iglesia en 1593, que oficializó el luteranismo como la religión del Estado y estableció la Confesión de Augsburgo como la base doctrinal de la Iglesia sueca. En Dinamarca la conversión al protestantismo fue impulsada por el rey Federico I y, posteriormente, su hijo, Cristian III. Cristian III se convirtió en rey en 1534 y, al asumir el poder, estableció el luteranismo como la religión oficial del país, reemplazando el catolicismo. Estas transformaciones, tanto en Suecia como en Dinamarca, formaron parte de un proceso más amplio de reforma que incluyó la confiscación de bienes eclesiásticos y la reorganización de la Iglesia danesa bajo la autoridad estatal. En las iglesias, el rey sueco debía ser bendecido, pero la organización eclesiástica, las predicaciones y los himnos eran en danés.

Hasta 1683 se decía que los territorios conquistados eran “provincias nuevas situadas fuera del reino”. La situación con una población no sueca que debía ser integrada, para bien o para mal, en otro estado era completamente nueva. Económicamente, significó una gran ganancia para Suecia: grandes áreas de tierras agrícolas, ríos y arroyos para una buena pesca de salmón, una nueva frontera aduanera en el Sund, que debía forzar el comercio hacia el norte, así como la reintroducción de un impuesto municipal para la entrada y salida de mercancías en las ciudades. Esto significaba cargas económicas para la población urbana, mientras que la población rural debía albergar a jinetes suecos en sus granjas con sus caballos, que debían ser alimentados y cuidados, lo que resultaba costoso, además de un impuesto sobre la renta para cada habitante. Esto lo reconocemos los que estudiamos la historia de Cataluña y, en general, era lo que ocurría por toda Europa, cada vez que un ejercito se ubicaba en una región, para conquistarla o para “protegerla”. Todo el peso logístico caía sobre el campesinado o sobre los habitantes de las ciudades.

Lejos de darse por vencidos, los daneses intentaron recuperar los territorios perdidos en 1658. Durante la Guerra de Escania de 1675-1679, en 1676, el ejército danés fue transportado a través del Øresund y comenzó una guerra de revancha para “unir los miembros al cuerpo”, como se describía la situación de Dinamarca, y los soldados fueron recibidos con gran benevolencia. El antiguo orden se restableció de inmediato, los funcionarios suecos habían huido precipitadamente, y se formaron grupos de partisanos que originalmente tenían sus raíces en la defensa fronteriza, pero ahora tomaban la forma de cuerpos de francotiradores militarmente organizados. A esto se sumaron agrupaciones más sueltas que trabajaban estrechamente con el ejército danés y recibían instrucciones y suministros a través de este. Los suecos los llamaban “snapphanar”[3], un término despectivo que se usaba para denominar a los bandoleros. Lucharon en una extensa guerra de guerrillas, pero no pudieron operar aislados durante mucho tiempo, y con la derrota de Dinamarca en la batalla de Lund, el 4 de diciembre de 1676, todo llegó a su fin.

Durante la Guerra de Escania de 1675-1679, Suecia decidió aplastar la resistencia de los escanianos con una gran violencia. Los partisanos capturados fueron ejecutados de la manera más cruel. Durante muchos años funcionaron tribunales de snaphane que juzgaban sumariamente según las directrices. En una visita que yo hice el año pasado al palacio de Vanås, pude ver un roble gigantesco que se dice ya era robusto en la época citada, donde, según la leyenda, se colgaban a los snapphane que se capturaban en la zona. Las condenas a muerte se ejecutaban rápidamente mediante ahorcamiento o decapitación, muchas veces precedidas de la trituración de brazos y piernas con una rueda de carro, seguida de desmembramiento. Generalmente, concluía el ajusticiamiento atando el cuerpo a los radios de una gran rueda de madera que se colgaba para la exposición pública. Un testimonio contemporáneo de cómo se trataba a los snapphanar capturados vivos en un pueblo proviene de Vä, al norte de Lund, en 1677. Los francotiradores capturados allí primero eran puestos a trabajar limpiando letrinas con las manos desnudas y luego desollando caballos[4] muertos, antes de ser entregados a sus verdugos. Tenemos gran cantidad de fuentes contemporáneas que lo confirman en los archivos suecos y daneses.[5] La ejecuciones sumarísimas, que no hacían excepción alguna, ni a sacerdotes protestantes, ni a nobles, fue consumada ya finalizado el siglo XVII. Un miembro de la resistencia fue juzgado y ejecutado tan tarde como en 1701.

El fin de la guerra en 1679, con la paz de Lund, marcó el inicio de una verdadera suequificación. La población de los Escania había sido “súbditos desleales”, y por lo tanto se debía introducir una llamada uniformidad, con la implementación de la legislación sueca. La clave para esto era la relación de la población con el idioma y la cultura. Por ello, se inició una campaña decidida después de 1681, pero que en realidad comenzó con la fundación de la universidad de Lund, en 1666. La creación de la universidad en Lund, tenía como objetivo principal fortalecer la influencia cultural, religiosa y política sueca en estas áreas, que históricamente habían estado bajo dominio danés. Al establecer una institución educativa de prestigio, Suecia buscaba promover la integración de estas provincias en el reino sueco, formando una élite local educada bajo la influencia sueca, y asegurando la lealtad de la población a la corona sueca. Escania era “una tierra extranjera, pero interior”, y el objetivo era una fusión, una asimilación con el resto de Suecia. Se presionó a los sacerdotes para que aceptaran el nuevo orden. Sacerdotes llamados “desleales” habían huido junto con más de 10.000 habitantes escanianos, que prefirieron huir a Dinamaca, y otros fueron despedidos. Luego siguió el proceso sin pausa: el sacerdote debía predicar en sueco, los himnos salmos eran suecos y debían ser aprendidos de memoria. Los niños debían quedarse después de la misa para aprender el nuevo idioma, y un inspector de uniformidad controlaba en secreto la celebración de los servicios religiosos. Las biblias y libros de salmos daneses fueron recogidos y vendidos en Copenhague. El sistema judicial también se cambió por el sueco.  Escania quedó “limpia” de instituciones danesas, aparte de los dialectos daneses orientales, relacionados con el idioma que se habla hoy en Bornholm, y las tradiciones heredadas, que se mantuvieron durante mucho tiempo y aún dan a los escanianos un fuerte carácter distintivo. Solo el paisaje tiene un aspecto danés con las típicas iglesias rurales blancas y casitas encaladas de entramado de madera y techos de paja.

Dinamarca hizo un nuevo intento recuperar Escania durante la Gran Guerra del Norte de 1700-1720, Federico IV (nacido en 1671, regente de 1699 a 1730) lo intentó, aunque también esta vez, la capacidad militar danesa fue escasa, y mientras que Francia en 1679 había determinado de hecho la paz de Lund, fue la batalla de Helsingborg el 10 de marzo de 1710 la que resolvió el asunto por completo. No surgió ya ningún movimiento partisano porque había sido completamente aplastado, y la mayoría había perdido la fe en su eficacia. Las fuentes relatan una recepción favorable de las tropas danesas, pero se trataba de nuevas generaciónes. Solo los abuelos, si eran realmente viejos, podían recordar la época danesa.

La suequificación había triunfado políticamente en el sentido de que la población se había rendido. Las guerras habían dejado familias destruidas y paisajes devastados, y al final de la Guerra de Escania 1675-1679, un general danés había dado la orden de la ‘política de tierra quemada’, y la mayoría de las granjas en todo el Oeste de Escania habían sido incendiadas, llevando el grano y el ganado a Dinamarca. Pero el proceso de suequificación aún no había terminado, ya que aunque las instituciones habían cambiado y la población había sido forzosamente integrada en otro estado, la vida local continuaba como antes. El municipio y el distrito eran el marco de la vida social, no se conocía otra cosa, y todos hablaban el idioma que siempre habían hablado, en casa, pero no en la iglesia o en contacto con las autoridades. El plan radical del gobernador general sueco en Escania, Halland y Blekinge, Johan Gyllenstierna (1635-1680), sobre un amplio desplazamiento de la población de Escania, es decir, una limpieza étnica como parte de la suequificación, había sido abandonado.

Hasta aquí vemos muchas similitudes con lo acontecido en Cataluña desde 1640 a 1714. Las instituciones catalanas participan naturalmente en el alzamiento contra la corona de España, pero el verdadero agente es Francia. Francia apoya la revuelta de 1640, invadiendo gran parte de Cataluña, con la complicidad de la Generalitat, pero la ocupación no llega a ser total ni duradera, como para crear nuevas instituciones que pudiesen afrancesar la región. Esto ocurre finalmente tras la paz de los Pirineos en 1659. Tras esta paz, que puso punto final (quizás mejor decir, punto y aparte) a la guerra entre Francia y España, que se había prolongado desde 1635 como parte del conflicto más amplio de la guerra de los treinta años, Cataluña queda dividida. Francia recibió varias posesiones territoriales importantes, incluyendo los condados del Rosellón y Conflent, el Vallespir y parte de la Cerdaña, en lo que hoy es el sur de Francia, perdiendo Cataluña su segunda ciudad, Perpignan, que quedaría en la parte francesa, en la Cataluña norte. El tratado consolidó a Francia como una potencia dominante en Europa, debilitando la hegemonía de España, que había sido la principal potencia europea durante gran parte del siglo XVI y principios del XVII.

Los territorios catalanes del norte pasaron oficialmente del dominio español al francés. Este cambio de soberanía significó que la población catalana que vivía en estas áreas quedó bajo la autoridad de la monarquía francesa, en lugar de la monarquía hispánica. Bajo el dominio francés, comenzó un proceso de franquisación, donde se promovió la adopción de la lengua y cultura francesas. Las instituciones y leyes catalanas, que habían regido estas áreas bajo el dominio español, fueron progresivamente reemplazadas por las francesas. El uso del catalán fue desincentivado y se promovió el francés como la lengua oficial y administrativa, un proceso que se intensificó en los siglos posteriores. En algunas ocasiones, hubo resistencia a estas imposiciones, ya que la población local seguía identificándose cultural y lingüísticamente con Cataluña. Sin embargo, a lo largo del tiempo, la franquisación fue tomando fuerza y hoy en día, aunque persisten elementos de la cultura catalana, la influencia francesa es predominante en esta región.

En la Cataluña sur, el tratado generó descontento y un sentimiento de traición por parte de la monarquía Hispánica, ya que se había cedido territorio catalán a Francia sin consulta previa a las instituciones catalanas. Esto contribuyó al creciente resentimiento hacia la Corona, que se sumó a otras tensiones ya existentes, como las generadas durante la guerra dels segadors (1640-1652).  Tras la firma del tratado, la monarquía española intensificó su control sobre Cataluña para evitar futuros levantamientos. Esto incluyó una mayor presión para la centralización administrativa y la reducción de las autonomías locales, lo que afectó las instituciones catalanas como las Cortes Catalanas y el Consell de Cent. En la parte económica, y aunque el tratado no afectó directamente la economía de la Cataluña Sur, la pérdida de los territorios del norte redujo las rutas comerciales y afectó las conexiones económicas y sociales entre ambos lados de los Pirineos. Esto contribuyó al aislamiento de la Cataluña Sur de sus antiguas conexiones con el norte.

Como podemos ver, aquí hay muchas similitudes entre lo ocurrido en Escania y en Cataluña. En los dos casos, estos eventos son un resultado o una continuación de la guerra de los treinta años y de la defensa a ultranza de los intereses franceses. Pero hay algo que marca la diferencia. El último coletazo de la lucha por Escania comienza tras la derrota de las tropas suecas en Poltava, ahora Ucrania el 28 de junio de 1709. Tras esta derrota, Suecia deja de ser un gran poder militar y Dinamarca considera que ha llegado el momento de la revancha, intentando ocupar Escane a partir de noviembre del mismo año. Dinamarca está casi a punto de conseguirlo, pero, de una forma casi milagrosa, Suecia consigue repeler la ocupación. La invasión de 1709-1710 fue el último intento serio de Dinamarca para revertir la paz de Roskilde y recuperar el antiguo Este de Dinamarca. Después de la Batalla de Helsingborg, Escania permaneció bajo control sueco, y los nuevos intentos, bastante a medias, que hicieron los daneses con ayuda rusa para enviar tropas a través del Sund fracasaron antes de poder llevarse a cabo. Vale la pena destacar que los soldados daneses de 1709 no recibieron ninguna ayuda de la población civil escaniana. No se formaron nuevos regimientos de snapphanar, ni se reunieron grupos de campesinos en las parroquias para liberarse del yugo sueco. Suecia había conseguido plenamente convertir a los habitantes de la región en súbditos suecos con medidas drásticas y dura efectividad. En los rescoldos regionalistas que pudieron quedar, no se avivó nunca la llama nacionalista, ni siquiera en tiempos difíciles, como en la era napoleónica, cuestión que ya traté en otra ocasión.

A Cataluña vendría otra guerra y otra ocasión para Francia de hacerse con el resto de la región a la muerte de Carlos II el año 1700, con la consiguiente pugna por el trono español, la llamada guerra de sucesión española 1701-1713. Casi todas las potencias europeas estaban de alguna manera involucradas en alianzas que apoyaban la candidatura de uno de los dos pretendientes al trono español: La Gran Alianza, formada por Austria, Inglaterra, las Provincias Unidas, Prusia, Portugal y Saboya, apoyaba la candidatura de Carlos de Habsburgo, archiduque de Austria. Francia y España, apoyaban a Felipe de Anjou, el que al final se convertiría en Felipe V de España.

La Generalitat de Cataluña apoyó a Carlos de Austria por varias razones, entre ellas la resistencia a la centralización del poder que los Borbones representaban. Cataluña había disfrutado de cierta autonomía bajo el sistema de los fueros, sus instituciones habían sido respetadas aún después del tratado de los Pirineos, y temía que la llegada de los Borbones resultara en la pérdida de estas autonomías. Además, el entorno político y social de la época estaba marcado por tensiones y descontento con la monarquía borbónica. Quedaba el recuerdo de las tropas francesas en el principado, que no había sido más benevolente con la población que las hispánicas y temía la centralización que se estaba llevando a cabo en la Cataluña norte. Las instituciones catalanas se levantaron en armas en apoyo al archiduque Carlos, y se aliaron con la Gran Alianza, compuesta por Inglaterra, las Provincias Unidas, Austria y otros. La Generalitat y sus autoridades participaron activamente en la defensa de Cataluña y en la organización de recursos para el conflicto.

Esta guerra tuvo muchas consecuencias, tanto para la monarquía española, como para Cataluña. Lo que es la guerra terminó con la firma de varios tratados, siendo el más importante el tratado de Utrecht en 1713 en el que Felipe V fue reconocido como rey de España, pero España, al precio de ceder varios territorios europeos a otras potencias: los Países Bajos Españoles, Nápoles, Milán y Cerdeña pasaron a Austria, Gibraltar, Menorca y privilegios comerciales en las colonias españolas, incluido el asiento de negros pasaron a Gran Bretaña, Saboya recibió Sicilia, que luego intercambió por Cerdeña. Pero España se mantuvo unida bajo un solo monarca, pero a costa de perder su influencia en Europa.

Cataluña quedó bajo control borbónico, aunque las instituciones catalanas intentaron resistir aún después de Utrecht. El conflicto culminó en el sitio de Barcelona en 1714, cuando las fuerzas borbónicas, lideradas por el duque de Berwick, tomaron la ciudad después de un prolongado asedio. La resistencia catalana terminó con la caída de la ciudad, y la Generalitat fue abolida en 1716 como parte de las medidas de centralización del nuevo régimen borbónico.

Las instituciones catalanas habían confiado plenamente en las promesas que les hacía Gran Bretaña, que prometió proporcionar ayuda militar continua a Cataluña para mantener la resistencia contra las fuerzas borbónicas, incluyendo el envío de tropas y suministros para apoyar a los catalanes en su lucha. Aunque hubo algún apoyo militar británico en los primeros años del conflicto, la ayuda se redujo considerablemente con el tiempo. La falta de recursos y el cambio en las prioridades de la política exterior británica llevaron a una disminución del apoyo efectivo a Cataluña. Gran Bretaña había prometido que, en el contexto de las negociaciones de paz, se garantizaría una solución favorable para Cataluña, asegurando que las condiciones de paz respetaran sus derechos y privilegios, pero, cuando las negociaciones de paz se concretizaron, resultaron en un acuerdo que priorizaba los intereses de las potencias europeas en lugar de las promesas específicas hechas a Cataluña. El tratado no protegió las autonomías catalanas y permitió a Felipe V consolidar su poder, lo que resultó en la centralización del gobierno y la abolición de las instituciones catalanas. Una vez más, las instituciones catalanas habían apostado erróneamente por un ganador, pero, como dice el refrán: “A cartas vistas no hay mal jugador”.

Aquí acaban las similitudes y empiezan las diferencias. La mayor diferencia a mi parecer radica en la religión, en la organización eclesiástica y en la actitud de los sacerdotes y de la jerarquía eclesiástica. En Escania había ya una iglesia controlada desde arriba, con el regente como cabeza visible y los sacerdotes como funcionarios estatales, con la misión de comunicar las ordenanzas y pregones, como parte de la misa. La lengua era siempre la vernácula, en teoría deberían haber seguido predicando y oficiando en danés, pero, la suequización significó que los nuevos sacerdotes se formaban en sueco, en la universidad de Lund, que para esa función se había fundado. Por tanto, una primera generación, escuchaba la misa en una lengua extranjera, pero, las nuevas generaciones, ya conocían y dominaban el sueco a la perfección.

En Cataluña, la Iglesia se convirtió en un principio en un instrumento clave para la integración de Cataluña en el sistema borbónico. La Iglesia apoyó la nueva administración y ayudó a legitimar el gobierno de Felipe V en la región. Los obispos y clérigos locales debían adaptarse al nuevo orden, promoviendo la obediencia al monarca y facilitando la integración de Cataluña en el Estado borbónico, pero, a pesar de la represión política, la Iglesia mantuvo ciertas tradiciones y prácticas locales. La religión católica seguía siendo una parte importante de la vida cotidiana en Cataluña, y la Iglesia desempeñó un papel en la preservación de la identidad cultural catalana, aunque dentro de los límites impuestos por el nuevo régimen. A pesar de su papel en la integración del nuevo régimen, algunos sectores de la Iglesia continuaron siendo focos de resistencia cultural. Los clérigos y las comunidades religiosas a menudo defendieron el uso del catalán en la liturgia y en la vida cotidiana, resistiendo la imposición del castellano como lengua dominante. Y, aquí tenemos, otra vez según mi criterio, la diferencia más importante entre Escania y Cataluña, respecto a la preservación de la identidad cultural y lingüística. La iglesia católica, que continuó usando el latín hasta el segundo concilio vaticano 1962-65[6], obligaba a leer el sermón en lengua vernácula, en Cataluña, naturalmente, el catalán. En algunos casos, la Iglesia catalana también actuó como un canal para expresar el descontento con el nuevo régimen. Aunque la resistencia abierta era limitada debido a la represión, la Iglesia en ocasiones facilitó la preservación de la identidad catalana de manera más sutil.

Aquí tenemos a la iglesia catalana, por una parte, pensemos que estamos en un cuadrilátero de pugilato, y el decreto de Nueva Planta, impuesto en 1716, en la otra. Comienza el combate. Primero conozcamos a los combatientes. El decreto de la Nueva Planta de la Real Audiencia del Principado de Cataluña es un decreto legislativo dictado por Felipe V, promulgado en otoño de 1715 y publicado el 16 de enero de 1716. Ocupa solo 10 páginas, y se hicieron decenas de ediciones.

El decreto contiene 59 artículos, dispuestos uno tras otro de forma consecutiva. Los primeros 30 artículos están dedicados a explicar el nuevo sistema judicial en el Principado, donde ya se establece la militarización del país, con un capitán general como máxima autoridad que deberá gobernar la nueva provincia con el apoyo de los jueces. El artículo 3 especifica, sin haber hablado aún de su supresión, que la Audiencia se reunirá donde antes lo hacía la Diputación del General, y en el artículo 5 introduce el castellano como lengua de la administración de justicia por primera vez y suprime las universidades catalanas creando la de Cervera, con una función similar a la que tuvo Lund en Escania.

A partir del artículo 31 se ordena la creación de los corregimientos, que suprimen explícitamente las veguerías. El rey se reserva la nominación de los corregidores y también de los regidores de los ayuntamientos. En el artículo 48 prohíbe que los regidores, gremios u otras organizaciones se reúnan sin la presencia del corregidor o algún delegado.

En el artículo 51, se especifica que todos los cargos oficiales quedan suprimidos y extinguidos y que todas sus competencias gubernamentales y judiciales pasan a manos de la Audiencia. Y si son recaudatorias, al intendente, el militar subordinado del capitán general. Es decir, la supresión total de la Generalitat y de los oficios relacionados con las Cortes, que también quedan abolidas. Quedan suprimidos también los somatenes, las fuerzas autóctonas, y suprime también las prohibiciones de extranjería, que hacía obligatorio que todos los cargos de la Generalitat, Cortes o veguerías fueran ocupados por catalanes.

Lo que no podía controlar el decreto era la organización de los seminarios eclesiásticos y allí quedó un reducto importante desde cuyos rescoldos, la llama nacionalista podría surgir más adelante, cuando la situación política lo consintiera. Yo no digo que existiese una confabulación estratégica para crear un movimiento nacional en el futuro, pero creo que, la situación que quedo en Cataluña tras el 1716, explica lo que ocurrió tras el 1833 y que aún marca el presente del país, de España y Cataluña.

Suecia impuso su sistema legal y administrativo en Escania. Aunque se realizaron esfuerzos para integrar a la población y adaptar el territorio a las estructuras suecas, no se enfrentaron a una resistencia significativa que complicara la integración. La administración sueca fue implementando cambios graduales para sustituir el sistema danés, manteniendo ciertas estructuras y adaptando la administración local al nuevo régimen. Aunque hubo resistencia local, especialmente de los llamados snapphanar, la resistencia fue relativamente limitada en comparación con otros contextos históricos. La adaptación y el control sueco se consolidaron con mano dura a lo largo del tiempo. Además, Escania carecía de instituciones diferenciadas de carácter nacional o seminacional, como era el caso en Cataluña.

España implementó los Decretos de Nueva Planta que abolieron las instituciones y leyes catalanas, estableciendo una administración centralizada y militarizada. Esto implicó la eliminación de la Generalitat y de otras instituciones locales, y significó la imposición del sistema administrativo y legal castellano. A diferencia de Escania, donde la integración fue más gradual y menos conflictiva, la incorporación de Cataluña implicó una imposición más directa y agresiva de las políticas borbónicas, lo que resultó en una larga y dolorosa transición. La resistencia catalana fue significativa y prolongada, con muchos catalanes luchando para mantener sus antiguas instituciones y leyes. La resistencia no solo fue cultural y social, con el incondicional apoyo de la iglesia.

Esta fue mi respuesta a la pregunta que recibí en Bilbao. Yo recuerdo que añadí este pequeño discurso: “A mi me parece que las instituciones políticas son como los organismos vivos, siempre luchan por sobrevivir y, para librarse de ellas, hay que sacarlas por la raíz. En Cataluña se habían formado durante muchos siglos instituciones que representaban a la sociedad catalana, no necesariamente de una forma democrática, según los cánones actuales, pero reconocidas como representantes lícitos de los catalanes. La supresión de estas instituciones, a no haberse hecho radicalmente, como hicieron los suecos, tienden a persistir en la memoria, siempre y cuando alguna entidad las conserve, y aquí tenemos el papel que la iglesia ha desarrollado en Cataluña, preservando la lengua y conservando muchas de las tradiciones populares. En Escania no había este tipo de instituciones. La región estaba fuertemente influenciada por el sistema feudal danés. La tierra estaba en manos de una aristocracia local, y la mayoría de la población era campesina, sometida a obligaciones feudales hacia sus señores. Al pasar al sistema sueco, los campesinos ganaron derechos. La economía de Escania estaba basada en la agricultura, con una fuerte producción de cereales y ganado. La región era conocida por su fertilidad y por su capacidad para producir bienes agrícolas importantes, pero no tenía núcleos urbanos de gran importancia. Escania estaba dividida en varios distritos, que eran las unidades básicas de administración local en el Reino de Dinamarca. Cada distrito estaba supervisada por un  “häradshövding” o gobernador, que era responsable de la administración de justicia y de la recaudación de impuestos en su área. La rápida substitución de los gobernadores, normalmente ajenos a la región durante el dominio danés, no se vio como un cambio importante en la vida de los escanianos. A esto hay que añadir que, la administración sueca a menudo buscaba captar a líderes locales y nobles para asegurar la estabilidad y la cooperación en las nuevas provincias. Esto incluía incentivos y acuerdos que moderaron la resistencia de los nobles daneses”.

Si has llegado hasta aquí, eres un buen lector. Yo, ya he recogido mi colada y ahora me voy a dar el paseo, que está la tarde estupenda y mañana parece que va a llover. Seguiré con el tema otro día de estos.


[1] Max Weber utilizó la comparación histórica en su análisis de la ética protestante y el espíritu del capitalismo. Comparó las sociedades occidentales con las orientales para entender las diferencias en el desarrollo económico y cultural. Su enfoque comparativo ayudó a sentar las bases de la sociología histórica, influyendo en el estudio de la relación entre religión, economía y sociedad. “Die protestantische Ethik und der Geist des Kapitalismus (1904-1905”

Marc Bloch que fue uno de los fundadores de la escuela de los Annales en Francia, Bloch es conocido por su enfoque en la historia comparada. Su obra “ Les Rois thaumaturges: Étude sur le caractère supernaturel attribué à la puissance royale particulièrement en France et en Angleterre “ es un ejemplo de su método comparativo, en el que estudia el poder sanador atribuido a los monarcas en Francia e Inglaterra. Las ideas de Bloch sobre la historia comparada fueron especialmente populares en Escandinavia, desde que, en 1928, Bloch fue invitado a dar una conferencia en el Instituto para el Estudio Comparativo de Civilizaciones en Oslo. Allí expuso públicamente por primera vez sus teorías sobre la historia total y comparada y él volvía a ellas con regularidad en sus conferencias posteriores en la región.

El sociólogo e historiador Charles Tilly empleó la comparación histórica en su estudio de los movimientos sociales, el estado y la violencia. En su obra Coercion, Capital, and European States, AD 990-1990, analiza la formación de los estados en Europa occidental comparando diferentes países y periodos históricos.

Immanuel Wallerstein, conocido por su teoría del sistema-mundo, utilizó la comparación histórica para analizar el desarrollo del capitalismo global desde el siglo XVI en adelante. Su obra destaca cómo las relaciones económicas y políticas entre regiones centrales, periféricas y semiperiféricas han moldeado la historia mundial.

[2] La Paz de Roskilde, firmada el 26 de febrero de 1658, fue el resultado de la guerra entre Suecia y Dinamarca-Noruega.

[3] Snapphanar en sueco, del alemán schnapphahn, derivado de schnappen, “atrapar” y Hahn “gallo” – en español sería algo parecido a gallito ladrón.

[4] Desollar caballos se consideraba en Escandinavia como una actividad especialmente repugnante, que se asignaba a los llamados “rackare” que eran tratados como leprosos. El caballo era considerado como un animal noble.

[5] Valga como ejemplo el documento que hoy se conserva en el Archivo Nacional sueco, que muestra que, en realidad, fue Carlos XI quien dio la orden de que todos los hombres en Örkened capaces de portar un arma debían ser asesinados, dejando a salvo solo a mujeres y niños, llevándose animales y otros bienes de valor, y quemando las granjas, tras lo cual el resto del municipio debía ser saqueado. Lo que también se refleja en las notas del diario escritas por el coronel Nils Skytte, uno de los oficiales que participó en la campaña: “El 22 de abril de 1678 avanzamos con la orden de incendiar todo el municipio de Örken, cuya orden también indicaba que se debía matar a todos los hombres entre 15 y 60 años”. El resultado de ese día, según el diario, fue la destrucción de tres aldeas: “Kärraboda, Räftofta, Smålatorp” y en Månstorp, “2 molinos y 1 casa, además un viejo campesino capturado”. La población había huido al bosque y en el lugar solo había un viejo campesino. Al día siguiente, Skytte escribe en su diario sobre la destrucción de “Grefveboda, Södra Hafhult, Norra Hafhult, Trolsatorp, Tjufön, Rumpebo, Kjättebo, Ulfshult, Torshult, Hanshult”. Publicado en 1901 por Otto Bergström: Öfverste Nils Skyttes dagbok 1675–1720 (1901) se encuentra digitalizado aquí: https://litteraturbanken.se/f%C3%B6rfattare/SkytteN/titlar/%C3%96fversteNilsSkyttesDagbok/sida/III/faksimil

[6] Tras el concilio se permitió el uso de lenguas vernáculas en la misa y en otros sacramentos, en lugar del latín, facilitando la participación activa de los fieles. El sermón se había hecho siempre en lengua vernácula.

Centésimo paseo. Relato de un corredor portugués muerto de calor en Estocolmo y del japonés que resultó ser, por mucho, el más lento del mundo.

Sigo con los relatos relacionados con los juegos olímpicos. Hay tantas historias que contar que es difícil elegir unas cuantas. No quiero cansar a mis lectores, pero quiero, eso sí, resaltar algunos relatos que tienen que ver con mis propias vivencias o con los dos países que suelo usar como referencia, España, el país donde nací, y Suecia, el país que me acogió y en el cual sigo viviendo. Voy a empezar hoy en Suecia, en los juegos de 1912, que tuvieron lugar en Suecia, con el precioso estadio de Estocolmo, construido para la ocasión y del cual guardo muchos recuerdos, como atleta y como entrenador. La primera vez que lo visité fue en condición de entrenador de Eslövs AI, mi primer club, en el que yo entrenaba a tres jóvenes chicas que además eran mis alumnas en el instituto de esa ciudad vecina. Fuimos a que participaran en el campeonato de atletismo para estudiantes; una de ellas en peso, otra en 800 metros y la tercera en 100 metros vallas. También he entrado por la puerta del maratón, al finalizar el maratón de Estocolmo, a principios de los 80, en un mar de multitudes, llegando a la meta entre aplausos. Guardo muy buenos recuerdos de ese lugar.

Empiezo en 1912 porque ese año ocurrieron cosas extrañas y también trágicas, durante la carrera. Empezaré por la trágica, que contribuyó a darle a esta carrera un punto de suspense y revistió a los participantes en ella, con un aire de sacrificio, suspense y respeto, parecido a aquel que supongo se les tenía a los gladiadores de la antigua Roma. Tomaron la salida en este evento 68 corredores de 19 países, pero desde el principio, las condiciones adversas hicieron mella en los participantes. Muchos de ellos, agotados por el calor y la falta de hidratación, se vieron obligados a retirarse. Cuando leéis “calor” seguro que sonreís pensando que vosotros sabéis lo que es el calor, pero, en Estocolmo, tan al norte, no tenemos ni idea. Pero, el caso es, que este 14 de julio de 1912, el cielo estaba completamente despejado y las calles alumbradas por un sol radiante, mientras los termómetros alcanzaron los 32 grados, agravados por una humedad parecida a la que se puede vivir en Barcelona en julio o agosto. Yo he vivido algo parecido en la maratón de Estocolmo 70 años después, como ya os conté el otro día y, puedo certificar, que ese calor es sofocante.

La maratón tuvo un recorrido de 40,2 kilómetros, comenzando y terminando en el Estadio Olímpico de Estocolmo. Aún no se le habían añadido los dos kilómetros y 195 metros, que se acordaron tras la maratón de Londres en 1908 y definitivamente se perpetuaron en París en 1924.[1] La carrera fue liderada inicialmente por corredores como Shizo Kanakuri de Japón, Hannes Kolehmainen de Finlandia, y Dorando Pietri de Italia. Sin embargo, debido al calor extremo, muchos de los favoritos comenzaron a luchar contra la deshidratación y el agotamiento. Los organizadores no pensaron en la cuestión de los avituallamientos. Allí no había los controles que podíamos ver en Paris, con botellas de agua y bolsas de hielo. Las altas temperaturas y la falta de agua disponible a lo largo del recorrido hicieron, junto a la alta competición y la falta de preparación de los atletas, que la carrera fuera especialmente desafiante.

De los 68 corredores que comenzaron la maratón, solo 35 terminaron la carrera, lo que muestra la severidad de las condiciones. Algunos colapsaron en el camino, y otros se retiraron antes de la mitad de la carrera. Un corredor de 24 años, el portugués Francisco Lázaro, colapsó alrededor del kilómetro 30 debido a la deshidratación extrema y el agotamiento por calor. Fue trasladado a un hospital, pero lamentablemente falleció al día siguiente. La causa de su muerte se atribuyó a un golpe de calor y deshidratación, agravados por el hecho de que Lázaro había cubierto su cuerpo con grasa para evitar las quemaduras solares, lo que impidió la transpiración. Los médicos que le atendieron, pudieron constatar una temperatura corporal de 41 grados. Se ha conservado una película que muestra los corredores en el momento de llegar a la media maratón y allí se puede ver a Lázaro ya en un estado de seminconsciencia, corriendo como un autómata, con la vista perdida en el horizonte. Este pobre muchacho, carpintero de profesión y atleta amateur, como todos lo eran en aquellos tiempos, tiene el triste récord de ser el primer atleta que falleció durante una maratón y, no es que fuera un primerizo en la carrera, ya que , antes de los juegos olímpicos, había ganado tres campeonatos nacionales de maratón en Portugal, donde representaba al Benfica.

La semana siguiente, 23.000 personas asistieron a una misa conmemorativa para Lázaro en el Estadio Olímpico. Se recaudaron aproximadamente 140.000 euros actuales para su esposa, y más tarde se colocó un monumento de Lázaro en el punto de retorno de la maratón en Sollentuna, a las afueras de Estocolmo. Su nombre fue dado a una calle en Lisboa, paralela a la Rua de Santa Barbara y próxima a la Escuela del Ejercito, y al estadio del club de fútbol C.F. Benfica. La novela “El Cementerio de Pianos”, del novelista portugués José Luís Peixoto, está basada en la historia de Francisco Lázaro.

Por la parte deportiva del evento, hay que constatar que, solo los tres primeros, consiguieron bajar de las tres horas. El corredor sudafricano Kenneth McArthur llegó primero a la meta con un tiempo de 2 horas, 36 minutos y 54 segundos, seguido por su compatriota Christian Gitsham. En tercer lugar, cruzó la meta el estadounidense Gastón Strobino. En realidad, todos esperaban ver entrar por la puerta de maratón a un japones, el joven, Shizo Kanakuri que, ese mismo año había impuesto un respetable mejor marca mundial de 2 horas 30 minutos y 33 segundos. Fue seleccionado como uno de los dos atletas japoneses para asistir al evento. Ambos atletas tuvieron que pagar sus propios gastos de viaje de 1.800 yenes, y los compañeros de clase de Kanakuri llevaron a cabo una recaudación de fondos a nivel nacional que recolectó 1.500 yenes. El hermano mayor de Shizo, Sanetsugu Kanakuri, recolectó 300 yenes. Para prepararse, entrenó nada más y nada menos, que con el mismísimo maestro Kano Jigoro, el fundador del judo como deporte universal. La preparación fue meticulosa y todo parecía jugar a su favor. No obstante, las condiciones en la que el y sus compañeros japoneses llegaron a la prueba no fueron las mejores. En aquella época, viajar de Japón a Suecia era una odisea. Kanakuri y sus compañeros de equipo tardaron 18 días en llegar a Estocolmo, viajando en tren, barco y a pie. La travesía fue extenuante y Kanakuri llegó agotado y deshidratado.

A mitad de la carrera, aproximadamente en el kilómetro 27, Kanakuri, deshidratado y completamente exhausto, se desvaneció a la puerta del jardín de una casa en las afueras de Estocolmo. La familia que allí vivía, la familia Petré, le llevó adentro de la casa para que descansara y se recuperara y le dieron de beber y comer. Kanakuri se recuperó, pero, avergonzado por no poder continuar, decidió retirarse discretamente de la carrera sin informar a los oficiales. Al no notificar su retiro, Kanakuri fue considerado “desaparecido” por los organizadores. Nadie sabía qué había pasado con él y, oficialmente, se le dio por desaparecido durante muchos años. En Japón, por supuesto, regresó a casa sin mayor alboroto, pero en Suecia, su desaparición se convirtió en una leyenda.

Shizo Kanakuri sigió en el atletismo y se convirtió en uno de los pioneros del maratón en Japón. Compitió nuevamente en los Juegos Olímpicos de 1920 en Amberes y en 1924 en París, aunque sin obtener medallas. Aquí, en Suecia, no se habló más de él, hasta que, en 1967, más de 50 años después de la maratón de Estocolmo, un periodista reparó en el personaje e hizo que los organizadores suecos lo invitaran de regreso a Suecia para “terminar” la carrera que había abandonado en 1912. Kanakuri aceptó la invitación y “completó” oficialmente la maratón, cruzando la meta en un tiempo total de 54 años, 8 meses, 6 días, 5 horas, 32 minutos y 20.3 segundos, lo que lo convierte en la maratón más larga de la historia. Shizo Kanakuri falleció en 1983 a la edad de 91 años.

Para terminar, contaré la breve historia de un sueco, participante también en la maratón de 1912, Sigge Jacobsson, de 29 años, ganador de la primera maratón nacional sueca en 1910, era uno de los favoritos antes de la carrera. Había entrenado en un desván del Tanto Sockerbruk, una refinadora de azúcar, para acostumbrarse a correr en un calor intenso. Un calor insoportable también prevalecía cuando los corredores comenzaron la carrera. Jacobsson estuvo mucho tiempo bien posicionado para luchar por las medallas, pero cayó en los últimos tramos y terminó en sexto lugar. La causa de no poder hacer valer su entrenamiento con una mejor plaza, fue que, en honor al día, utilizó un par de zapatos de correr completamente nuevos, blancos y radiantes, y sufrió graves ampollas en los pies en la parte final de la carrera. A mí me pasó algo similar en la media maratón de Gotemburgo, no por llevar calzado nuevo, sino que yo ya llevaba una buena ampolla antes de la carrera, que me había salido un día antes, por culpa de un calcetín mal puesto. Peor tortura que eso, no me puedo pensar y, si es malo en la media maratón, imaginaros en una maratón. ¡Pobre Sigge!

Los españoles no participaban en el maratón olímpico. No lo harían hasta la olimpiada de Paris en 1925, cuando el aragonés Dionisio Carreras, gran corredor, que en España no tenía iguales, endurecido en las carreras locales de Aragón, las famosas pollaradas aragonesas[2], que el corría descalzo. Ya en Zaragoza, corría representando al equipo de fútbol local, el Real Zaragoza, que le dio trabajo como conserje con vivienda y leña. En los juegos olímpicos de París luchó como un león, pero, la mala organización de la carrera, pésimamente señalizada, hizo que se saliese de la ruta varias veces y, una y otra vez regresase, ayudado por gente local que le indicaba el camino. Llegó al final en el  noveno puesto, echando por su boca lindeces no aptas para traducir.  En Ámsterdam en 1928, no pudo participar, aunque estaba apuntado, y el corredor catalán de larga distancia, Emilio Ferrer, que corría representando al FC Barcelona durante la década de los 20, lo hizo en su lugar. En 1928, Ferrer había ganado el primer campeonato de España de maratón, que se celebró en Barcelona y se utilizó como evento de prueba para los próximos juegos olímpicos. En los juegos de Ámsterdam, fue uno de los cuatro atletas catalanes de atletismo, junto con Juan Serrahima, Joaquín Miquel y José Culí. Ferrer corrió en la maratón en Ámsterdam, terminando en el puesto 52 de los 57 que acabaron la carrera, con una marca de 3 horas, 11 minutos y 3 segundos.

Mañana seguiré contando aventuras olímpicas y otras cosillas del mundo de la carrera pedestre. Entre otras cosas, os relataré las muchas formas en que la política ha condicionado la vida de los atletas. Os dejo con algunas imágenes de la maratón de 1912 en Estocolmo.


[1] La longitud moderna de 42 195 metros data de los Juegos Olímpicos de Londres de 1908 que la reina inglesa estableció, sin quererlo, quedando esta distancia como la distancia, que es la misma que separa la ciudad inglesa de Windsor del estadio White City, en Londres. Los dos mil ciento noventa y cinco metros fueron añadidos al inicio, para que la salida fuese frente al balcón real del Palacio de Windsor. La distancia quedó establecida definitivamente como única oficial en el congreso de la IAAF celebrado en Ginebra en 1921, antes de los Juegos Olímpicos de París de 1924.

[2] Carreras que se realizaban en las fiestas mayores de los pueblos y que tenían como premio pollos, además de algún incentivo económico de vez en cuando. Normalmente consisten en ir dando vueltas a una plaza ofreciendo premios menores a través de metas volantes, que hay que ganar al sprint. Es muy duro, de verdad. Me lo han contado los que lo han vivido en primera persona, como Domingo Catalán, o Eduardo Muñoz de los que hablaré en otra ocasión.

Paseo nonagésimo noveno. Alas de victoria con suelas de goma.

Ayer abrí el melón de las zapatillas y dejé todo como en el aire. Así que, hoy, profundizo un poco en lo de las zapatillas el día en que las atletas olímpicas han completado la distancia histórica del Maratón, creada para honrar el recuerdo de una victoria crucial para la cultura occidental. Las cámaras de televisión enfocan con predilección las zapatillas de las corredoras, parte importante de su indumentaria pero, sobre todo, una condición decisiva para las prestaciones actuales de todos los corredores, porque, muchas de las zapatillas modernas, como las Nike Vaporfly, incorporan placas de fibra de carbono en la suela, que actúan como una especie de “resorte” que ayuda a los corredores a impulsar el pie hacia adelante, reduciendo el esfuerzo necesario y aumentando la eficiencia en la carrera. Las cámaras no consiguen reflejar esta mejora, aunque repiten las tomas al ralentí para mostrarlo.

Las zapatillas modernas también utilizan espumas avanzadas que son extremadamente ligeras y ofrecen una alta amortiguación, reduciendo el impacto en las articulaciones, lo que permite a los corredores mantener una mayor velocidad durante más tiempo sin fatigarse tanto. En teoría, ayudan a pasar de los 36 kilómetros sin encontrarse con el famoso “muro”, algo que expliqué en la entrada anterior. Como casi siempre que se incluye algún cambio, encontramos seguidores y detractores. Entre los detractores hay “puristas” que consideran esas zapatillas como una ayuda antirreglamentaria. Entre ellos se encuentran algunos antiguos corredores que piensan que las nuevas marcas no son comparables con las que se lograban antiguamente, con zapatillas convencionales. Esto ya se dijo cuando se introdujeron las pistas de tartán en substitución de las antiguas pistas de tierra batida, césped o cenizas trituradas, que, bajo la lluvia se convertían en auténticos barrizales. En esas pistas empecé yo a correr. Recuerdo llegar a casa con carbón por toda la espalda, desde los talones a la coronilla. Aunque esas pistas con superficies artificiales, compuestas por una combinación de caucho y asfalto, tartán y mondo, empezaron a aparecer en la década de los 50, no llegaron a ser comunes ni mucho menos predominantes hasta los 70 u 80.

La verdad es que el tartán ayuda mucho al corredor de fondo, porque amortigua y ofrece una superficie regular y impermeable. El mondo, por el contrario, amortigua menos y hace que ell velocista y el corredor de medio fondo pueda “hacer palanca” en cada zancada, alcanzando más velocidad, a costa de la amortiguación. Para entrenar, tartán, para competir en velocidad, mondo. De hay viene el mote del sueco (nacido en Estados Unidos, de padre estadounidense y madre sueca) Armand Duplantis, pues todos le llaman Mondo. Se decía, que las marcas alcanzadas con las nuevas superficies no deberían ser comparadas con las antiguas marcas, hechas en peores condiciones. Seguramente es verdad, pero las condiciones van cambiando en muchas otras cosas. Los atletas actuales, por ejemplo, siguen dietas controladas por expertos y se cuidan mucho en su tiempo libre. Los antiguos corredores podían beber alcohol o fumar, cuando no cosas peores. El entrenamiento es más científico y, en la élite, abundan formas de alcanzar efectos positivos, utilizando métodos que continuamente rozan el límite de lo permitido; las tiendas de hipoxia, o tiendas de campaña que se pueden instalar sobre la cama, permiten a los atletas dormir en condiciones de baja oxigenación sin necesidad de desplazarse a la altitud real. Esto es conocido como el principio de “vivir alto, entrenar bajo”, donde el atleta duerme en un entorno de baja oxigenación, pero entrena a nivel del mar o a baja altitud para mantener la intensidad del entrenamiento, o las cámaras hipobáricas, etc. Estas técnicas se aplican para aumentar la producción de glóbulos rojos para mejorar la capacidad aeróbica del atleta, pero no están al alcance de cualquiera, por su coste y requieren continuo seguimiento facultativo, para evitar problemas de salud. Desde hace mucho tiempo, medio siglo o más, los corredores, ciclistas y remeros, se entrenan varios meses al año en altitud. La altitud induce la producción de glóbulos rojos porque en altitudes elevadas el oxígeno disponible es menor, lo que obliga al cuerpo a adaptarse produciendo más glóbulos rojos para mejorar la capacidad de transporte de oxígeno. Entrenando a una altitud superior a los 2000 metros, y bajando al nivel del mar en un tiempo próximo a la carrera, el corredor tendrá más glóbulos rojos y podrá transportar más oxigeno a sus músculos, evitando o posponiendo la temprana aparición del ácido láctico, lo que mejora en teoría los tiempos que se pueden alcanzar en aproximadamente de un 1 a un 2,5 %.  Para un corredor con una marca de 3:40 minutos (220 segundos), una mejora del 1% sería de aproximadamente 2.2 segundos, lo que llevaría su tiempo a alrededor de 3:37.8.

Volviendo a las zapatillas, se han hecho bastantes estudios científicos que muestran que, las nuevas zapatillas pueden mejorar el rendimiento de un corredor de maratón entre un 2% y un 4%. Para un corredor que completa un maratón en 2horas 30 minutos, justo allí donde yo me encontraba en 1982, una mejora del 2% podría reducir su tiempo en aproximadamente 3 minutos, llevándolo a un tiempo de 2:27:00. Una mejora del 4% podría reducir su tiempo en alrededor de 6 minutos, bajando a 2:24:00. Pero, la cosa es que ni 2:27 ni 2:24 me habrían valido para saltar de la mediocridad a la élite. Como decía Benjamín Franklin: “Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos”.[1] Considero que lo esencial es una buena genética, salud y una voluntad férrea de entrenar y entrenar, algo así como nos demuestran el noruego Jakob Ingebrigtsen y la ganadora de la maratón de hoy, Sifan Hassan, ambos utilizando la última tecnología aplicable en su deporte.

Volviendo a las zapatillas, y ahora sí, voy a explicar su historia lo mejor que pueda. Los humanos nacemos descalzos y nos podemos mover de esa manera por todo tipo de superficie, más o menos rápido, pero podemos andar y correr por todas las superficies. Si usamos nuestras plantas de los pies como hacían nuestros antecesores y como todavía hacen algunos pueblos aislados, nuestros pies adquirirán esa dureza necesaria para no sentir molestias por cada pequeño guijarro o cada rama que pisemos. Es además lógico pensar que los humanos se han desplazado trotando de un lado a otro, por razones obvias, de aumentar su radio de acción para perseguir presas de caza o para transportarse distancias más largas. Pero, cientos de años calzados, nos han hecho vulnerables y parece que, sin zapatos, hay pocos que puedan hacer una carrera por corta que sea. Cuando llegamos a las primeras olimpiadas, los primeros Juegos Olímpicos modernos se concluyeron con la carrera de maratón. Poco antes de las dos de la tarde, 17 corredores partieron desde Maratón, para recorrer los 40 kilómetros que separan el lugar donde tuvo lugar el famoso combate y llegar a Atenas.[2] En la línea de salida se encontraba un corredor de Australia, Estados Unidos, Francia y Hungría, así como trece griegos, entre ellos Spiridon Louis, que fue el primer corredor en llegar al recién renovado Estadio Olímpico en Atenas. Registró un tiempo de 2:58:50 en el recorrido de 40 km. Su victoria fue recibida con gran júbilo por los 100,000 espectadores que bordeaban las calles de Atenas y que esperaban en la meta. La nación anfitriona no había registrado éxitos en los Juegos Olímpicos. Por lo tanto, la victoria en la carrera de maratón final salvó el honor griego. Antes de convertirse en un héroe olímpico, Spiridon Louis llevaba una vida sencilla. Desde muy pequeño, este joven de 23 años, trabajaba como aguador, un oficio que consistía en recoger y transportar agua desde los pozos para distribuirla en Atenas. Su entrenamiento físico provenía de la vida diaria, que involucraba caminar largas distancias y cargar agua, lo que sin duda contribuyó a su resistencia. [3]Yo corrí a mis 28 años mi segundo maratón en 2 horas 50 minutos, con poco entrenamiento y, a buen seguro, con mejores zapatillas que las que llevaba Louis, aunque lejos de las que ahora calzan los maratonianos.

He buscado por todos lados una foto de Spiridon Louis corriendo, o al menos, una instantánea antes o después de la prueba, pero solo he encontrado fotos posteriores en las que posa con un atuendo típico griego y calza unos zapatos que se asemejan a los de la guardia de honor, con pompones y todo. Es imposible que corriese con esos zapatos. Lo que he podido saber es que verdaderamente corrió con zapatos, porque sus paisanos se los costearon. Zapatos normales, de cuero con suela rígida, también de cuero. Con zapatos así, yo no habría llegado a la meta, pero, recuerdo, que cuando mi hija mayor nació y yo la iba a ver por primera vez al hospital, corrí los diez kilómetros que me separaban de mi casa de entonces al hospital, a pie por la carretera, por no esperar al autobús, ¡con zapatos de cuero!

Y, aquí, al fin comienza la historia de las zapatillas deportivas. Las primeras versiones de zapatillas deportivas surgieron en el siglo XIX, como los “plimsolls” en el Reino Unido, que eran simples zapatos de lona con suela de goma. Estos primeros modelos ofrecían poco soporte y amortiguación. Yo corrí mis primeras carreras, cuando era niño en plimsolls. Estas primeras zapatillas especiales para correr datan de 1830, cuando la compañía Liverpool Rubber Company, que más tarde se llamaría Dunlop, empezó a fabricarlas, primeramente, pensadas como zapatillas de baño. La tradición de competir en atletismo en las escuelas británicas las hizo populares y formaban parte de los enseres y uniformes obligatorios de los estudiantes.

Ya en las décadas de 1920 y 1930, se comenzaron a desarrollar zapatillas específicas para diferentes deportes, con mejoras en la forma y los materiales. Adidas, por ejemplo, empezó a producir zapatillas con clavos intercambiables para el atletismo en 1925. Para zapatillas raras, las de Sohn Kee-Chung[4], el vencedor del maratón de las olimpiadas de Berlín de 1936, que estaban hechas de manera que el dedo gordo del pie estaba separado de los otros cuatro, en un compartimento aparte, como unos guantes.

Nos quedamos en Alemania para recordar la historia de dos hermanos relacionados con el desarrollo del calzado deportivo. Es la historia de Adidas y Puma y comienza en la década de 1920 con la fundación de Gebrüder Dassler Schuhfabrik (Fábrica de Zapatos de los Hermanos Dassler) en Herzogenaurach, Alemania, por Adolf (Adi) Dassler y su hermano Rudolf Dassler. La empresa producía calzado deportivo y fue innovadora en el uso de clavos en las zapatillas de atletismo. Durante la Segunda Guerra Mundial, la relación entre los hermanos se deterioró, lo que finalmente llevó a una ruptura en 1948. Los hermanos se separaron y fundaron dos empresas distintas. Adolf Dassler estableció Adidas (uniendo las primeras letras de su nombre y apellido), mientras que Rudolf Dassler fundó Puma. Les fue muy bien a los dos, hay que decir.

Ya en los años 70 vendría la mayor revolución hasta entonces en las zapatillas deportivas. Fue en Estados Unidos y sus orígenes vienen del Japón. En 1964, Phil Knight, un estudiante de MBA en la Universidad de Stanford, y Bill Bowerman, un entrenador de atletismo en la Universidad de Oregon, se asociaron para distribuir calzado deportivo japonés, especialmente la marca Onitsuka Tiger (ahora conocida como ASICS). Juntos fundaron Blue Ribbon Sports que más tarde, en 1967, comenzó a vender sus propios diseños bajo el nombre de Nike. El nombre “Nike” se inspiró en la diosa griega de la victoria, lo que encajaba con la misión de la empresa de proporcionar calzado de alto rendimiento. Desde 1971, Nike es una marca independiente y en 1972 Nike lanzó su primera línea de zapatillas, las Nike Waffle Trainers, que incorporaban una innovadora suela con patrón de waffle, desarrollada por Bill Bowerman. Esta tecnología de suela fue una de las primeras innovaciones significativas en calzado deportivo. Fue con estas zapatillas, que yo comencé mis andanzas deportivas. En 1972, Frank Shorter, el maratonista estadounidense que ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Múnich, llevaba un par de Nike Cortez durante su histórica carrera.

En 1979, Nike introdujo el sistema Air, con una unidad de aire encapsulada en la suela para proporcionar amortiguación adicional. Este fue un hito importante en la evolución de la tecnología de amortiguación. Ahora era posible entrenar, también a gente con sobrepeso. Las carreras populares fueron surgiendo por todo el mundo y las calles se vieron pronto repletas de gente a todas horas haciendo jogging o footing, como franceses y españoles preferimos decir.

Os aburriría contando más sobre el desarrollo del calzado deportivo y por eso me quedo aquí, por el momento, no sin antes comentar la vibrante llegada de las corredoras de maratón, que esta vez, nos han ofrecido un espectáculo muy singular de lucha entre las etíopes Hassan, que compite por los Países Bajos y Assefa que lo hace por Etiopia. Hasta el final lucharon codo con codo, o más bien, codo contra costillas, en una lucha a muerte de la que Hassan salió vencedora. Aquí me permito una pequeña constatación, viendo estas olimpiadas, y es que esta muy claro que las etnias subsaharianas o sus descendientes en otros continentes, dominan casi todos los deportes, especialmente en atletismo. Aproximadamente el 15% de la población mundial tiene raíces subsaharianas, basado en la población actual de África Subsahariana. Este porcentaje puede ser mayor si se incluye a la diáspora africana en otras regiones del mundo. En las últimas dos ediciones de los Juegos Olímpicos de Verano, los medallistas en atletismo con origen africano han representado aproximadamente el 56.25% del total de medallas en atletismo. Esto subraya el dominio significativo de los atletas africanos, especialmente en eventos de larga distancia y medio fondo, así como en pruebas de velocidad y campo. Por lo que a nosotros nos toca, basta con mirar el podio de los tres saltos para comprender que la población de origen africano, sea original o como resultado de la emigración forzosa o voluntaria, domina en el deporte, especialmente en el atletismo.


[1] Se le atribuye a Benjamín Franklin en el “Almanaque de Poor Richard”,  1757, pero en realidad parece que el primero en usar la frase fue un Algernon Sydney en “Discursos sobre el Gobierno”, 1698.

[2] Según la leyenda, después de que los atenienses lograron una victoria crucial sobre los persas en la llanura de Maratón, el año 490 anterior a nuestra era, un mensajero griego llamado Filípides fue enviado para llevar la noticia de la victoria a Atenas. Se dice que Filípides corrió la distancia de aproximadamente 40 kilómetros (25 millas) desde el campo de batalla en Maratón hasta Atenas sin detenerse. Al llegar, siempre según la tradición, Filípides solo pudo pronunciar la palabra “¡Nenikēkamen!” (¡Hemos vencido!) antes de desplomarse y morir por agotamiento.

[3] Louis recibió regalos de muchos compatriotas, que iban desde joyas hasta un afeitado gratis de por vida en una barbería. No se sabe si aceptó todos estos regalos, aunque sí se llevó a casa el carro que le había pedido al rey. Después de los Juegos Olímpicos, Louis terminó su carrera deportiva para convertirse en agricultor y oficial de policía. Su última aparición pública fue en 1936, cuando fue invitado como huésped de honor por los organizadores de los Juegos Olímpicos de Verano de 1936, celebrados en Berlín. Después de portar la bandera del equipo griego durante la ceremonia de apertura, fue recibido por Adolf Hitler y le ofreció una rama de olivo de Olimpia, el lugar de nacimiento de los Juegos Olímpicos, como símbolo de paz. ¡Echalé guindas al pavo! ¡Qué cara tenía ese Adolfo! Una rama de olivo…sí ya…

[4] El 3 de noviembre de 1935, Sohn Kee-chung de Corea (Corea del Sur) estableció un récord mundial de maratón con un tiempo de 2:26:42.0. Debido a que Corea estaba ocupada por las fuerzas japonesas en ese momento, las esperanzas de Sohn de competir en los Juegos Olímpicos de 1936 dependían de su capacidad para calificar para el equipo japonés. Lo logró, al igual que su compatriota Nam Seung-yong. Ambos jóvenes se vieron obligados a adoptar nombres japoneses (su participación está registrada bajo el nombre japonés Son Kitei). Tras su clara victoria en Berlín, en 2 horas, 29 minutos y 19 segundos, se convirtió en un héroe nacional en Corea y, tras la guerra, porto la bandera de su país en los juegos de 1948, y la antorcha en los de Seúl, 1988. Ahí queda Spridón con su indumentaria típica y Sohn con sus zapatillas voladoras.

Paseo nonagésimo octavo. Un largo paseo.

Ayer vi el maratón masculino por la televisión. Para honrar el momento, encendí mi antorcha olímpica de cristal, diseñada por Lars Hellsten para la empresa vidriera Orrefors con motivo de la olimpiada de Los Ángeles, en 1984. Sentado en mi sillón favorito, con mi humeante taza de café y unas rebanadas de pan con queso y mermelada de higo, me dispuse a contemplar cómodamente esta gesta olímpica tan peculiar. Como yo tengo mis propias experiencias, mis propias sensaciones de esfuerzo, dolor y angustia, puedo meterme en la piel de los corredores y sentir con ellos el discurrir de la contienda. La carrera de maratón es un evento completamente diferente dependiendo de muchas cosas, no siempre posibles de controlar. Empezando por la forma del día para el corredor, y siguiendo por las características del circuito y, quizás lo más importante, la temperatura ambiente y la humedad del aire. Las zapatillas son esencialmente importantes en una prueba en que el corredor somete a sus pies, piernas y ligamentos a una fuerza de impacto que suele ser entre 2 a 3 veces el peso corporal del corredor, dependiendo de la velocidad y la técnica de carrera. Sabiendo que un corredor que termine la prueba en 2 horas 20 minutos da aproximadamente de 28 a 32 000 zancadas, se comprende que el esfuerzo se note muchísimo en los pies al llegar a los 35 kilómetros. Se puede decir que es entonces, a los 35 o 36 kilómetros, cuando empieza la carrera de maratón. Es el momento en que se trata de vencer el dolor y los malos pensamientos.

El dolor es total; no solo duelen los pies, también duelen las rodillas, los músculos en general, ¡todo grita – ¡Para ya! Y, si quieres seguir la carrera, hay que hacer oídos sordos a esos cantos de sirena, que te prometen dejar la carrera, descansar, comer algo e intentarlo otro día. El que consigue llegar primero a la meta, es el que ha conseguido vencer todos los obstáculos y aguantar el dolor mejor que sus adversarios. Volviendo a las zapatillas: son centrales por su importancia, como ya explico arriba.  Abebe Bikila corrió el maratón en la olimpiada de Roma en 1960 descalzo y ganó el oro. Este etíope, guardia de seguridad del emperador Haile Selassie, pudo elegir zapatillas entre los modelos que se le ofrecían de la marca Adidas, pero no encontró ninguna que le fuera cómoda y prefirió correr descalzo, porque estaba acostumbrado a hacerlo. En la próxima olimpiada, también ganó, esta vez con zapatillas. La joven fondista surafricana Zola Budd, que corrió por Gran Bretaña en Los Àngeles y por Suráfrica en Barcelona, 1992, también corrió descalza, pero su historia merece la pena ser contada un poco más adelante, en una próxima entrada.  

Ahora, mientras los corredores se van comiendo los kilómetros en procesión multicolor, pienso en la carrera de Los Ángeles, la carrera de Rodrigo Camacho, una carrera en la que yo sentía que también participaba, si no en cuerpo, sí en alma, por así decirlo. Lejos de transcurrir por paisajes tan emblemáticos como los que ofrece Paris, Los Ángeles ofreció un circuito duro y monótono. La salida se dio a las cinco de la tarde del dia 12 de agosto, con una temperatura que osciló durante la carrera entre los 25 y los 30 grados, con una gran humedad. La gran esperanza norteamericana, el exiliado cubano, Alberto Salazar, que entonces tenía la mejor marca mundial, se había preparado concienzudamente, entrenando en una sauna, según decían. En la salida se veían corredores de gran talla, mitos del atletismo, fondistas laureados que se habían pasado a la maratón y, claro está, nuestro Rodrigo Camacho, que en la lista figuraba con su primer nombre, Juan. El conocía a los corredores suecos, Tommy Petersson y Kjell Erik Ståhl, y había disputado muchas carreras con ellos. La mejor marca de Rodrigo, que le había cualificado para las olimpiadas, la hizo corriendo con Tommy. Por tanto, Rodrigo sabía que, si les seguía las estela, podía hacer una buena carrera. No se trataba de ganar la medalla de oro; eso estaba muy caro, entre tanto mito del fondo, pero sí se podía hacer una buena carrera. Ciento siete corredores enfilaron la ruta al pistoletazo de salida, setenta y ocho de ellos llegaron a la meta, entre los cuales no estaban ni los suecos antes citados, ni los españoles, Juan Traspaderne y Santiago de la Parte, corredores los dos de 2 horas 11 minutos, el segundo venía de quedar tercero en el maratón de Tokio ese mismo año. El que sí llego a la meta fue Rodrigo, en un meritorio trigésimo octavo puesto, en 2 horas 21 minutos y 04 segundos. Fuera de carrera quedaron muchos de los favoritos, El podio lo coparon Carlos Lopes de Portugal, en 2.09.21, seguido del irlandés John Treacy, en 2.09.56 y  el británico Charles Spedding, en 2.09.58. La esperanza estadounidense, Alberto Salazar, quedó en decimoquinta posición en 2. 14. 19, como segundo norteamericano. Detrás de Rodrigo, quedaron dos mitos del fondo, el belga Johan Geimaert  en 2.21.35 y el famoso corredor francés Jacques Boxberger en 2.22.00.

Hoy, 10 de agosto, sentado en mi sillón, pienso en ese día de gloria, una gloria modesta y compartida, a la sombra de Rodrigo y en compañía de mis amigos corredores y entrenadores. Hay un antes y un después de una carrera de maratón. Se anticipa la preparación, la ilusión, la esperanza y, tras finalizar la gesta, nos queda el recuerdo, mil veces repasado, despiertos y en sueños, de esos mágicos 42 kilómetros y 195 metros. Veo correr a los corredores actuales, casi todos africanos, a un ritmo imposible, a un ritmo que yo solo he podido aguantar, todo lo máximo, en cinco kilómetros, dándolo todo. ¡Son unos superdotados!

¡Qué nostalgia, cuantos recuerdos me vienen a la cabeza! Veo como van llegando a la meta en la carrera de hoy y no puedo contener las ganas de emular sus proezas. Sería una locura tratar de salir a correr como ellos, pero, me calzo mis zapatillas de correr, me pongo una gorrilla, sintonizo con Radio Nacional de España y me lanzo a la carretera. No voy corriendo, voy andando a buen paso y ahora mismo, no sé hacia donde encaminarme y no me preocupa. Me doy cuenta que voy en dirección a Malmö, la ciudad mas grande de Escania, la metrópolis de los escanianos, que está a unos 17 kilómetros de mi ciudad, Lund, y me digo – ¿Por qué no? Andando, andando, voy pasando campos y pequeñas zonas de bosque. Voy por el camino antiguo, que hoy es un camino para bicicletas y, en todo el recorrido, casi no hay cruces con tráfico. Voy prácticamente solo, con la excepción de alguna bicicleta y muy pocos viandantes, que saludan al pasar.  

Voy recordando a pasar, tiempos en los que yo entrenaba por aquí, como también lo hacía mi amigo y excelente corredor español, Eduardo Muñoz. Él si que solía hacer el trayecto desde Malmö, donde vivía, a Lund, donde estudiaba, siempre corriendo, con una pequeña mochila con una muda, para cambiarse al llegar. También voy entreteniéndome en recordar lugares históricos que voy pasando, cientos en los 18,6 kilómetros que hay desde mi puerta hasta la Plaza Mayor de Malmö, donde ahora mismo se celebra el aquí famoso y siempre esperado, Festival de Malmö. Llego a la plaza a poco de las tres de la tarde. En la gran carpa/escenario de la plaza, una orquesta sinfónica, está ensayando, preparando la actuación de la tarde. Me retrato allí mismo y hago un pequeño video, con la música de fondo. Ahora puedo decidirme por regresar en tren o, intentando una pequeña proeza, regresar andando. Casi sin proponérmelo, opto por regresar a pie y, a medio camino, los pies y todos los musculos de la cintura para abajo, empiezan con su antigua cantinela – “déjalo ya, Martín” – “coge el autobús, que no tienes que demostrar nada” – pero yo, dale que dale, sigo andando y poco a poco me acerco a Lund. La radio me ha acompañado todo el tiempo y ha hecho que yo vaya avanzando, casi sin darme cuenta. Los últimos tres kilómetros los hago cojeando un poco del pie izquierdo, que parece que se ha hinchado un poco, pero llego a casa feliz y contento. Miro en la aplicación que cuenta mis andanzas pedestres y muestra 36,7 kilómetros. ¡Ostias! Casi un maratón. Pienso que podría hacer los kilómetros que me quedan, para así poder decir que he “corrido” el maratón entero, pero desisto para no lastimarme más el pie. Hay que saber parar a tiempo, que mañana será otro día y verá el tuerto los espárragos, como solía decir mi madre. Os dejo ahí hoy, mañana correrán las damas y también lo veré, aunque no creo que vaya a hacer la misma locura de ir y volver a Malmö, al menos, no por bastante tiempo. Enciendo hoy la antorcha olímpica que tengo como recuerdo desde el 1984.

Paseo nonagésimo séptimo. La realidad que se oculta tras el cuento.

Visto lo visto y, sabiendo que la información que se les ofrece a los ciudadanos de “la piel de toro” es extremadamente fragmentada, procedo a intentar dar mi punto de vista sobre lo acontecido en el día de ayer, a eso de las diez de la mañana, ante las cámaras de muchos medios y ante las narices de diversos llamados cuerpos de seguridad del estado. Para ofrecer mi punto de vista, necesito remontarme al principio de las cosas, porque creo, que todo tiene un principio y un fin. Empecemos pues por el principio.

No fue en los albores de la historia de la humanidad cuando se cuajó la identidad catalana, como algunos se piensan, quizás siguiendo los predicamentos que un comic de los años 70 con el tirulo de “Nosotros los catalanes”, con guion de Francisco Pérez Navarro y traducido después al catalán, parece mostrar. Vamos, que no andaban los habitantes de Barcino o Tarraco Nova por las Ramblas en barretina ni bailaban la sardana o comían “botifarra amb mongetes” después de ver a los castellers hacer el 3 de 10 amb folre i manilles, por así decir.

Si me preguntan a mí, diré, que todo este lío, que en cierto modo perturba la vida de los habitantes de un lugar del mundo, que tendría todas las posibilidades de ser un reducto feliz de la humanidad, si no fura por lo que es. Y lo que es, es que, una parte de sus habitantes viven implicados en un sueño que no les deja el menor sosiego y les impide ver todo lo bueno que tienen a su alrededor. Para algunos empezó todo con un poema publicado en Madrid. Y, ¿todo eso simplemente por un poema? Hombre, pues no, no solo por un poema, aunque también. Lo explicaré más adelante. Vamos por partes. Ahora vamos a la historia, no a la historieta, sino a la pura historia, a lo que se puede constatar con fuentes y hechos consumados.

Empecemos por la consolidación de los estados europeos al final de la edad media. Es un proceso largo, con sus peculiaridades en cada uno de los estados que se van formando, pero todos tienen algo en común, un núcleo político y económico potente, dentro del cual existe una voluntad de subyugar estructuras anteriores, para lograr la acumulación de bienes y poder militar, necesarias para asegurar la integridad territorial. Así se van formando estados, en Francia, alrededor de Ille de France, en Inglaterra alrededor de Londres y en España alrededor de Castilla. Todo esto ocurre en una veintena de años desde poco antes, poco después de el primer viaje de Colón hasta más o menos hasta que Lutero clavó sus 95 tesis de la Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum, en la puerta del templo de Todos los Santos, en Vittenberg.

Bueno, ya nos hemos colocado medianamente en el tiempo. Naturalmente, esos estados no se formaron por arte de Birlibirloque, sino que, al formarse, aglutinaron a estructuras anteriores, muchas de ellas muy antiguas con sus propias instituciones, tradiciones y lenguas, por ejemplo el catalán, que se conoce como lengua diferenciada en los siglos X al XII y que se desarrolló a partir de latín vulgar a ambos lados de la costa este de los Pirineos en el siglo XIII, y fue exportado a varias regiones del sur de España, como Barcelona y Valencia, y a las Islas Baleares y el Alghero en la región de Cerdeña.

No se empieza a hablar de catalanes o Catalunya como entidad geográfica y política diferenciada hasta la obra “Gesta Comitum Barcinonensium” (Hechos de los Condes de Barcelona), escrita a mediados del siglo XII. Este texto, redactado bajo la influencia de la corte de los condes de Barcelona, recoge la historia y genealogía de los condes catalanes y es uno de los primeros documentos que mencionan a Catalunya, junto a otra referencia temprana en el Poema del Mio Cid, donde se menciona a Catalonia en el contexto de las luchas y alianzas que mantenía Rodrigo Díaz de Vivar con distintos reinos y territorios de la península ibérica. Todo esto ocurría en el seno de una entidad, el reino de Aragón, que acabaría siendo aglutinada por la dinámica Castilla. Esto sucedía a la vez en antiguos reinos aglutinados en lo que sería Francia e Inglaterra. La diferencia más marcada en lo referente a la consolidación de los nuevos estados era la forma de administrarlos. El estado francés y el inglés fueron centralizados relativamente pronto, mientras que el estado español se formó a semejanza del imperio austriaco-alemán, diría yo que más suelto, menos centralizado y más respetuoso con las antiguas estructuras, que fueron permitidas, siempre y cuando no trataran de deshacer la estructura del estado.

No es tras la muerte de Martí el Humá en 1410 y el advenimiento de los Trastámara a la corona de Aragón la que, con una disminución progresiva del poder político catalán, marcó el inicio de una nueva era, como Pierre Vilar[1], Jaume Vicens Vives[2], Ferran Soldevila[3] y Josep Maria Salrach[4] sugieren. A mi modo de ver, no es correcto ni lógico culpar a la elección de Fernando de Antequera como rey de Aragón en el Compromiso de Caspe, como la causa del comienzo del declive político de Cataluña.

De forma parecida al mito de los Trastámara como causantes del declive y perdida de las libertades catalanas, se ha cultivado el mito de las excepcionales bondades e impecable tradición protodemocrática de la Generalitat. Un mito que muchos de los historiadores catalanes han querido cultivar, aún en contra de las pruebas aportadas por otros historiadores catalanes, más concienzudos y más estrictos en su aplicación del método científico, como por ejemplo, el propio Jaume Vicens Vives, que en su tesis doctoral en 1936 demostró que en la guerra entre la Generalidad de Cataluña y Juan II, la llamada guerra civil catalana (1462-1472),  el rey tuvo el apoyo del campesinado remensa (sujeto a la tierra), mientras que la Generalidad representaba las oligarquías más conservadoras y explotadoras. El heredero de Juan II, Fernando V, solucionó el problema de los labradores de remensa liberándolos por la Sentencia arbitral de Guadalupe, “Un raro ejemplo de solución jurídica a un problema agrario en la época moderna”, como diría el propio Jaume Vicens Vives, por lo que se ganó la antipatía de los historiadores nacionalistas de la época, sobre todo de Rovira i Virgili. Resultaba del meticuloso estudio que Vives hizo sobre la actuación de los Trastámara, que no fueron tan perniciosos, sino, en realidad, salvaron las instituciones catalanas, poniendo fin a la guerra civil latente entre las dos grandes instituciones representativas catalanas, que eran el Consejo de Ciento de Barcelona y la Generalidad o Diputación permanente de las Cortes. Además, este rey renacentista, modelo para Macchiavello, inventó un procedimiento para resolver los contenciosos entre el Rey y las instituciones de Cataluña en materia de fueros, estableciendo el recurso de contrafacción ante la Real Audiencia.

Como una nota interesante de la historia, este buen rey de Aragón estuvo a punto de ser asesinado en las escalinatas de la Plaza del Rey, en Barcelona, al ser atacado con una espada por un campesino remensa que no parecía muy contento con como había concluido y que secuelas había dejado la segunda revuelta payesa, terminada en 1485. También se ha explotado en los últimos tiempos el mito de que el autor del atentado, el remensa Joan de Canyamars, actuara llevado por su patriotismo catalán.[5]

Se vislumbra ya, en el conflicto antes citado entre la Generalitat y El Consejo de Ciento, una cierta animosidad, una competencia algo más que sana, que no son capaces de solucionar sin el arbitrio de un poder superior, en el caso de la guerra civil, la autoridad del rey. Esta animosidad llevará a otras confrontaciones a través de la historia y, para no perderme en detalles, saltaré hacia otra revuelta mitificada: La Guerra dels Segadors. La escribo con mayúsculas porque lo merece, siendo el mito inicial del nacionalismo catalán y la viva expresión del conflicto entre la ciudad y el campo, cuya continuidad, me atrevo a decir, vivimos aún en nuestros días.

Entre los años 1640 y 1652 tuvo lugar un conflicto bélico que tuvo lugar en el Principado de Cataluña y que terminó con la desmembración de Cataluña en el Tratado de los Pirineos en 1659, por el que España cedía a Francia el condado de Rosellón, el Conflent, el Vallespir, el Capcir y una parte del condado de Cerdaña. Terminaba así una guerra que empezó como revuelta incitada por Francia, combinada con la guerra de liberación de Portugal, en medio del gran pulso entre Francia y España que estaba teniendo lugar en Alemania, en la llamada guerra de los treinta años, 1618-1648, que era una lucha abierta entre Francia y España-Austria, por la hegemonía en Europa.

Los hechos comenzaron en el barrio barcelonés de Sant Andreu de Palomar, que entonces era un pueblo aparte, como por ejemplo Gracia, Sants, Horta etc. La chispa fue una reyerta entre algunos soldados castellanos y unos segadores que resultó en que uno de los segadores quedó malherido. Los soldados castellanos se hallaban allí para reforzar la defensa del territorio contra los franceses, con los que España estaba en guerra directa desde 1635.[6]

Los ánimos estaban revueltos por causa de las repetidas recaudaciones que el gobierno español se veía obligado a grabar a los campesinos y, en la frontera, por la carga que representaba el tener que alojar a los soldados de remplazo y a sus bestias. No era un problema solamente en Cataluña sino en todo el territorio español, especialmente en las zonas fronterizas. Francia y sus dirigentes, Richelieu primero, hasta 1642 y Mazarino después, emplearon toda su astucia, su poder y su riqueza, para infiltrar las instituciones catalanas y promover la revuelta, dejando a España emparedada entre dos contiendas abiertas a sus flancos, Portugal y Cataluña, debilitándola para minimizar su posición en el centro de Europa.

No deja de ser lógico atribuir el comienzo de la revuelta a cuestiones económicas. Estas revueltas se daban por doquier en toda Europa, y seguramente en el resto del mundo, cada vez que grandes contingentes de tropas se localizaban en un lugar durante cierto tiempo, y cada vez que la economía de guerra hacía subir los impuestos. Aquí en Suecia, concretamente, tengo muchos casos desde comienzos de la edad moderna hasta ya entrados en el siglo XIX. Historiadores como los antes citados Jaume Vicens Vives y Ferran Soldevila argumentan que las demandas económicas impuestas por la Corona española, en un momento de crisis generalizada, fueron vistas como una explotación injusta de Cataluña, lo que generó un fuerte malestar que desembocó en la guerra. El análisis de Pere Anguera quiere mostrar que, las exigencias fiscales y militares impuestas por Felipe IV, en el contexto de la Guerra de los Treinta Años, provocaron un gran descontento en Cataluña. Según Anguera, la población catalana percibía que estaban siendo explotados para financiar y sostener guerras que no eran de su interés directo, lo que llevó al estallido del conflicto. Algo parecido expresa Josep Fontana ha abordado el conflicto desde una perspectiva socioeconómica, subrayando la carga desproporcionada que recayó sobre Cataluña debido a las guerras de la monarquía. Para Fontana, la imposición de contribuciones y la obligación de mantener a las tropas castellanas provocaron un gran resentimiento en la población, que se manifestó en la revuelta popular de 1640. Se acercan los dos últimos pues a una interpretación protonacionalista del conflicto.

Análisis mucho más identitarios han realizado algunos historiadores nacionalistas catalanes, que han interpretado la Guerra dels Segadors como una defensa de la identidad nacional catalana frente a las políticas centralizadoras de la monarquía española. Como ejemplo de este tipo de análisis tenemos a  Francesc-Marc Álvaro, ensayista y periodista contemporáneo, activo en política på ERC,  que ha explorado la historia catalana desde una perspectiva identitaria. Álvaro ha argumentado que la Guerra dels Segadors fue, en parte, una reacción a la amenaza percibida contra la identidad catalana. Según él, la guerra no solo trataba de resistir las cargas fiscales y militares, sino también de defender la cultura, las instituciones y la soberanía catalana frente a la creciente asimilación impuesta por la monarquía centralista.[7]

Un historiador como Jordi Nadal, más conocido por sus estudios en historia económica, también ha señalado que detrás de la Guerra dels Segadors subyace una defensa de la identidad nacional catalana. En sus escritos, sugiere Nadal que los catalanes se levantaron no solo por razones económicas, sino también por la voluntad de preservar su singularidad cultural y sus instituciones políticas, que veían amenazadas por las políticas de Felipe IV y su valido, el Conde-Duque de Olivares. [8] Josep Termes, historiador especializado en el estudio del nacionalismo catalán, ha argumentado que la Guerra dels Segadors puede interpretarse como una manifestación temprana de la conciencia nacional catalana. Según Termes, el conflicto fue una lucha para proteger la autonomía y las tradiciones catalanas frente a una monarquía que intentaba homogeneizar y centralizar el poder, lo que representaba una amenaza directa a la identidad catalana.[9]

Distinto es el punto de mira de Xavier Torres[10], que, aún aceptando un cierto nivel de patriotismo, considera que la revuelta catalana de 1640 estaba todavía muy lejos de ser un movimiento nacionalista. En sus propias palabras: “hubo ciertamente, un genuino patriotismo catalán en el curso de la Guerra de los Segadores; no solo retórico o meramente ornamental, tal como suponen a menudo los seguidores de una hipótesis “social”, sino inmanente e inseparable de los propios acontecimientos (por no decir de los “intereses” en juego inclusive). Ahora bien, este patriotismo no debería confundirse en ningún caso con el nacionalismo, ni siquiera en términos de “precocidad” o como “antecedentes”, tal como imaginan, a su vez, los cultivadores de una interpretación nacionalista o “protonacionalista” de los hechos: porque se trataba, en suma, de un patriotismo sin nación”[11]

Había por parte de la corona española una clara intención de acaparar el control de sus extensas posesiones. Desde antes del fallido intento de Felipe II de ocupar Inglaterra en 1588, España se veía involucrada en continuas guerras de secesión, empezando por las provincias de los Países Bajos, herencia de los Habsburgos, sublevadas ya en 1566 y en constante ebullición hasta el 1648. La unión dinástica aeque principaliter con Portugal desde el 1580, que aún dando lugar a la mayor concentración de poder, nunca conocido en la historia, al unir sus posesiones en America, para los nobles portugueses se consideraba perjudicial, debido a las continuas guerra de la monarquía hispánica en Europa, se vio debilitada por las constantes injerencias francesas con el fin de debilitar a la corona de los Habsburgo. Esta visión centralizadora tenía en el Conde-Duque de Olivares su mayor promotor, que lo expuso de esta manera en un memorial secreto fechado el 25 de diciembre de 1624: “Tenga Vuestra Majestad por el negocio más importante de su Monarquía, el hacerse Rey de España: quiero decir, Señor, que no se contente Vuestra Majestad con ser Rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense, con consejo mudado y secreto, por reducir estos reinos de que se compone España al estilo y leyes de Castilla, sin ninguna diferencia, que si Vuestra Majestad lo alcanza será el Príncipe más poderoso del mundo.”[12]

Para no embarrullarlo todo, me quedo aquí hoy y seguiré mañana. También he de decir que donde las dan las toman y, los trompazos que le dieron al estado español las secesiones por todo su territorio durante esos años, muy parecidos fueron los que le cayeron al estado francés entre 1648 y 1653, cuando la llamada Fronda estuvo a punto de desbaratar el estado que Richelieu y Mazarino habían hilvanado. Además, los lideres de la Fronda solicitaron la ayuda de España. La gran diferencia es que Francia salió fortalecida de estos coletazos del poder aristocrático, mientras que el imperio español se vio alicortado, diezmado y mermado.

Al mismo tiempo, en Inglaterra, a partir de 1642 y hasta el 1651 estaban metidos de lleno en una guerra civil en la que el estado centralista y absolutista representado por el rey se veía enfrentado al poder del parlamento en una guerra intermitente en la que el mismo rey caería ejecutado por orden de un parlamento diezmado y poco representativo, el llamado Parlamento Rabadilla o Rump Parliament. Aquí en Suecia, los acontecimientos tienen que ser vistos desde una perspectiva danesa, pues Dinamarca era la potencia central nórdica, bajo cuya corona, Suecia y Noruega se encontraban como entidades subordinadas. La rebelión de los suecos liderada por Gustavo Vasa en 1521 que resultó en la victoria sueca y la proclamación de Gustavo Vasa como rey en 1523, deshizo la unión. Desde ese momento y tras muchos alzamientos populares contra la centralización del poder en Estocolmo, a la muerte de Gustavo Adolfo II en 1632, el estado sueco se podía considerar unificado alrededor de la monarquía y a partir de 1658, con la ocupación de los territorios daneses al norte del Sund, comienza una implantación de la cultura sueca por todo su territorio, que poco a poco irá borrando todo vestigio de antiguas entidades étnicas y culturales.

De visita en Bilbao en 1990, en la Universidad del País Vasco, invitado a unos seminarios para profesores y estudiantes por el catedrático de sociología Alfonso Pérez Agote, justamente para dar unas charlas sobre el cambio de identidad en Escania, me preguntaron ¿por qué Suecia tuvo éxito en su propósito de hacer suecos a los daneses de Escania y las otras provincias danesas conquistadas en 1658 mientras España no había conseguido algo similar en Cataluña? Mañana os hablaré de lo que yo contesté a esa pregunta y seguiré tirando del hilo histórico que nos lleva a la situación actual en Cataluña.


[1] Pierre Vilar: “Catalunya dins l’Espanya moderna”, 1962, vol I, Edicions 62

[2] Jaume Vicens Vives: “Historia de Catalunya”, Els Trastàmares (Segle XV) (Tomo VIII), ed 1961

[3] Ferran Soldevila- Ferran Valls i Taberner: ”Història de Catalunya”, 1922

[4] Josep Maria Salrach: Història dels Països Catalans. Dels orígens a 1714 (con Eulàlia Duran), 1980

[5] Joan Amades: “Traditions patriòtiques “ (1933)

[6] Indirectamente, Francia y España estaban en guerra desde 1618, pero esa guerra tenía lugar en Alemania y casi siempre por medio de otros, por ejemplo por medio de Dinamarca al principio y Suecia a partir de 1631, por el lado protestante, que Francia mantenía, y Austria y otros territorios mayormente católicos, por parte de España. Esa guerra de los treinta años se ha denominado falsamente, guerra de religiones.

[7] Francesc-Marc Álvaro: “Assaig General d’una revolta”, 2019

[8] Jordi Nadal: “La population catalane de 1553 à 1717. L’immigration française et les autres facteurs de son développement, 1960

[9] Josep Termes: “Història del catalanisme fins al 1923”, 2000

[10] Torres, Xavier (2008). Naciones sin nacionalismo. Cataluña en la Monarquía Hispánica (siglos xvi-xvii). Valencia: Publicacions de la Universitat de València

[11] Torres, 2008, 21-22

[12] Elliott, John H:  “La rebelión de los catalanes. Un estudio sobre la decadencia de España (1598-1640)”, 1963/1980, p 179

Paseo nonagésimo sexto. Como en un cuento.

Han pasado bastantes días sin que me animara a hacer una entrada. A veces, la realidad llama a la puerta y todo se tambalea. Todos mis relatos sobre los juegos olímpicos me trajeron muchos recuerdos, el pasado, mi pasado, acaparó mi atención. De pronto, surge algo que hace que me fije en el presente, siempre sin olvidar el pasado, siempre caminando por viejos caminos con la historia bien presente. Hoy he presenciado algo que merece ser contado en forma de cuento y, ahí va. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

Había una vez en un reino lejano, escondido en las montañas de un lugar conocido como la República de los Sueños, un personaje muy peculiar llamado Carlos Picodemonte. Este líder carismático era conocido por sus discursos ardientes y por ser el abanderado de una causa que hacía palpitar los corazones de sus seguidores incondicionales. Pero, como en todo buen cuento, nada era lo que parecía.

Carles no estaba solo en su aventura. A su lado siempre estaba su fiel escudero, Gonzo Bajo, un hombre que parecía tener siempre una carta bajo la manga, literalmente. Gonzo era conocido por sus habilidades en el malabarismo jurídico, capaz de lanzar argumentos en el aire, manteniéndolos girando con tal destreza que cualquiera que lo viera quedaba asombrado. Juntos formaban un dúo inseparable, aunque sus enemigos decían que todo era pura fachada.

En este reino, la seguridad estaba a cargo de un cuerpo peculiar llamado los Mozos de Esquiralia. Estos guardias, con su firmeza y seriedad, tenían una extraña condición: eran completamente ciegos y sordos. No importaba cuán alto se gritara o cuán brillante fuera la luz, ellos seguían adelante con su trabajo, confiando únicamente en su sentido del deber, aunque a veces parecía que no veían ni oían lo que estaba justo frente a ellos.

Un día, Carlos, que se había visto obligado a dejar su querida tierra para evitar el frío de la mazmorra, decidió que era el momento de regresar, y de dar un discurso que inspirara a sus seguidores como nunca antes. Sabiendo de las dificultades de los Mozos, burló todos los sistemas y reapareció en público, a la hora anunciada y en el lugar previsto de antemano. Subido a un escenario, con la bandera de su amada tierra ondeando a su espalda, comenzó a arengar a la multitud. Habló con pasión, prometiendo que el sueño estaba al alcance de la mano, y que pronto, muy pronto, la realidad sería transformada por su causa. Las moscas entraban y salían como Pedro por su casa de las bocas abiertas de todos los presentes.

Al finalizar la arenga, ocurrió algo mágico. Carlos, con un gesto dramático, tomó la bandera que había estado ondeando detrás de él. Como un mago en pleno acto, la sacudió en el aire. La multitud contenía la respiración, expectante. Y en ese momento, algo increíble sucedió: Carles, el gran líder, el orador incansable, desapareció. El público no podía creer lo que veían. ¿Acaso había sido Carles todo este tiempo un holograma? ¿Había estado jugando con la percepción de todos?

Los seguidores miraron alrededor, buscando una explicación. Los Mozos, fieles a su naturaleza, no vieron ni oyeron nada extraño, continuando su vigilancia como si nada hubiera pasado. Mientras tanto, Gonzo Bajo sonreía en la distancia no tan distante, sabiendo que el mayor truco del líder había sido hacer creer a todos que estaba allí cuando en realidad, había estado planeando su desaparición desde el principio.

Los rumores empezaron a circular: unos decían que Carles había usado la bandera como un pañuelo mágico, un truco aprendido de los grandes magos de tierras lejanas; otros estaban convencidos de que nunca había estado allí realmente, que todo había sido una proyección, una ilusión.

Al final, nadie supo la verdad. Los seguidores se quedaron con su fe intacta, seguros de que su líder volvería en el momento adecuado, mientras los detractores se preguntaban si no habían sido todos parte de un gran truco. Lo único cierto es que, en la República de los Sueños, la magia y la realidad eran dos caras de la misma moneda, y todo, absolutamente todo, era posible. Y, colorín, colorado, este cuento no se ha terminado.

Paseo nonagésimo quinto. Citius, Altius, Fortius – quoqunque modo possit.

Citius, Altius, Fortius. Este lema propuesto por el barón de Coubertin, prestado, según él, de su amigo Henri Didon, contenía para el fundador de los modernos juegos olímpicos “…un programa de belleza moral.” Hay tanto idealismo en esas palabras, tantos buenos deseos, tantas buenas intenciones, tanta ignorancia. Es como otra de las máximas del buen barón: “Lo más importante en los Juegos Olímpicos no es ganar, sino participar, al igual que en la vida, lo más importante no es el triunfo, sino la lucha. Lo esencial no es haber conquistado, sino haber luchado bien.” No se yo, si alguien, alguna vez, se ha metido de lleno a entrenar simplemente por participar y luchar bien. No creo que lo hicieran en la antigua Grecia ni tampoco se hace ahora, ni en en los principios de los juegos de la era moderna.

Muchos son los que han intentado encontrar un atajo a los laureles, y no viene de ahora. En la antigua Grecia solo contaba la victoria y, para conseguirla, se empleaban todos los trucos posibles. Hay mucha evidencia en las fuentes clásicas que sugieren que los intentos de manipular el resultado de las competiciones eran tan antiguos como los propios Juegos. Por ejemplo, tenemos a un tal Damonikos de Elis, padre de un joven y prometedor atleta, que sobornó al padre del oponente de su hijo para asegurarle a su vástago la victoria. El apaño se descubrió y ambos padres fueron multados. Más sonado si acaso fue el intento del ateniense Kallipos, quien sobornó a sus oponentes para asegurarse la victoria en el pentatlón, lo que también hizo Licas de Esparta. A los dos se les impusieron fuertes multas tanto a ellos como a quienes aceptaron el soborno. Pero claro, esos casos son con seguridad la cima del iceberg. La cuestión es que, una victoria en las olimpiadas, no significaba solo el honor, sino que era un buen negocio, ya que, el campeón recibía un trato especial al regreso a su ciudad que significaba beneficios económicos y un gran estatus, como héroe local.

Se conocen muchos más casos, de los que solo nombraré unos cuantos, como Gelo de Siracusa, que sobornó a sus oponentes para que lo dejaran ganar la carrera de carros, Éupolos de Tesalia, que sobornó a los boxeadores contra los que debía luchar, para que lo dejaran ganar. También se castigaron ciudades enteras, como ocurrió con Éfeso y también Sotades de Creta, las dos expulsadas de los juegos por sobornar a atletas el mismo año 332 antes de nuestra era. Expulsiones se daban también por cuestiones políticas. Atenas fue multada y se negó a pagar e incluso boicoteó los Juegos. Fue necesaria la intervención del Oráculo de Delfos para resolver la situación, y al fin, el Oráculo anunció que no se entregarían más oráculos a los atenienses hasta que hubieran pagado. Esparta fue excluida de los Juegos Olímpicos por violar un tratado de paz en 420 a.Cr. pero uno de sus atletas participó en la carrera de carros fingiendo representar a Tebas. Ganó, y en su euforia, reveló su procedencia. Fue azotado y la victoria se registró finalmente a nombre de Tebas, sin mención de su nombre.

El dinero de las multas era utilizado para construir estatuas de bronce de Zeus llamadas Zanes, estatuas de la vergüenza, las cuales llevaban inscrito el nombre del tramposo como advertencia para los demás. Esas Zanes servían como un recordatorio permanente de la deshonra de los tramposos. Pausanias escribe que los Zanes eran “un terror para los atletas competidores, y para enseñarles que no deben comprar la victoria olímpica con dinero”. Por supuesto, cualquier medalla o corona de olivo ganada por un tramposo sería retirada. Sus nombres se borraban de los registros, eliminando su legado para siempre. Los duros castigos enviaban el claro mensaje de que los tramposos nunca prosperan, al menos no por mucho tiempo. Y la vergüenza les seguía de por vida.

No solo había quien intentaba sobornar a los competidores, había también quien se saltaba las reglas de cualquier manera, como el boxeador de Alejandría Apolonio, que llegó tarde a los Juegos y que por tanto se le prohibió competir. Él se disculpó diciendo que el mal tiempo le había retrasado. Esto era una mentira descarada, se supo, porque resultó que Apolonio llegó tarde porque había competido en otros juegos y había recibido un buen premio en metálico. En palabras del autor Pausanias: “En estas circunstancias, los jueces excluyeron de los juegos a Apolonio y a cualquier otro boxeador que llegara después del tiempo prescrito, y dejaron que la corona de laurel fuera para Heracleides sin competición. Entonces Apolonio se puso los guantes para pelear, se abalanzó sobre Heracleides y comenzó a golpearlo, aunque el pobre ya llevaba puesta la corona de olivo silvestre en su cabeza y se había refugiado entre los jueces. Por esta locura insensata tuvo Apolonio que pagar caro.

Quizás, el más tramposo de todos fue el cesar Nero que, en los Juegos Olímpicos del año 67, si hacemos caso de las fuentes, hizo uso frecuente de sobornos, el primero de los cuales podría haber sido para permitirle competir, ya que los primeros Juegos estaban tradicionalmente limitados a los griegos. Quizás el ejemplo más flagrante de sus sobornos ocurrió en la carrera de carros de cuatro caballos, en la que se le permitió competir con 10 caballos. Según alguna versión, se cayó del carro y no completó el evento. Sin embargo, los jueces corruptos, le declararon como ganador. La verdad es que lo que escribe Tácito, y repiten Suetonio y Dion Casio, son historias que parecen calcadas de tradiciones populares y de la literatura clásica. Pero, no me parece extraño que un poderoso quiera acaparar el máximo de honor a costa de lo que sea.[1]

Cuando llegamos a los juegos modernos, a partir de los primeros de Atenas en 1896, empezamos a ver ejemplos de participantes que están dispuestos a hacer cualquier cosa por ganar. Ya en Atenas en 1896, empezaron los trucos. En la carrera de maratón, un corredor griego, Spyridon Belokas, llegó tercero a la meta, pero fue descalificado por haber recorrido una parte de la carrera en un carro. Igual o más divertida forma de hacer trampas, ocurrió en  1904, en San Luis, Misuri. Hacía mucho calor, 32 grados y mucha humedad, y según todos los relatos, los maratonistas estaban mal preparados y eran sufridos trabajadores. Fred Lorz, un albañil y corredor de maratón estadounidense, pasó al final de la carrera a dos hombres descalzos de la tribu Tsuana de Sudáfrica, a un cubano que corría con pantalones largos de vestir, y a todos los demás 32 corredores. Este Lorz, no solo los pasó a todos, sino que llegó a la meta tres cuartos de hora. La hija del presidente Theodore Roosevelt coronó a Lorz como campeón, pero un momento después alguien, en la multitud de espectadores, denunció a gritos el juego sucio del albañil. Resultó que Lorz había recorrido parte de la maratón en la caja de un camión, posiblemente un Maxwell, creo yo. La medalla de oro fue para otro estadounidense, Thomas Hicks, que estaba pálido y vomitando en el momento en que se enteró de que había ganado porque su entrenador le había dado una mezcla de clara de huevo y brandy, y por si eso fuera poco, estricnina inyectada, utilizada en aquellos tiempos como estimulante.

Y por aquí entramos en la sección de estimulantes usados para lograr una ventaja sobre los competidores y aquí nos encontramos que el primero en caer en un control antidoping fue un sueco, Hans-Gunnar Liljenwall en pentalón, que quedó descualificado al encontrársele restos de alcohol en la sangre, para calmar los nervios ante la prueba de tiro, según dijo él. La infracción obligó a Suecia a devolver una medalla de bronce en equipos. Estimulantes han sido utilizados desde el principio. Primero la estricnina, luego la cocaína, cafeína y testosterona.  El dopaje comenzó a ser ampliamente notado en la década de 1960, entre otras cosas, después de que dos ciclistas tomaran estimulantes, generalmente anfetaminas, y fallecieran durante las competiciones, porque no se dieron cuenta de que habían superado su umbral de fatiga. Los casos más conocidos fueron el de Knud Enemark Jensen, de Dinamarca, durante la prueba de contrarreloj por equipos en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960, y el de Tom Simpson, un ciclista británico en el Tour de Francia 1967. Aunque ya en 1952, en las olimpiadas de invierno de Oslo, muchos esquiadores enfermaron por el uso inapropiado de las anfetaminas.

¡Hay tantas maneras de hacer trampas! Una de las más trabajadas fue la del atleta de pentalón ucraniano Boris Onischenko que en Montreal 1976, era uno de los favoritos para ganar una medalla. Un esgrimista consumado, no se esperaba que tuviera dificultades en la parte de esgrima. Sin embargo, el equipo británico notó que se le había otorgado un punto a pesar de no haber tocado a su oponente, cosa que funciona así que, cuando la punta de la espada toca al oponente, registra un punto automáticamente. Tras la protesta de los ingleses, se descubrió que, la espada de Onischenko, había sido modificada, permitiéndole presionar un botón para registrar falsamente el golpe y así asegurarse el poder conseguir la victoria, sin llegar a tocar el cuerpo del contrario. A Onishchenko le echaron de los juegos, como era de esperar, a cajas destempladas. No fue el único caso de atletas que intentaban ganar ventajas sobre sus oponentes alterando el peso de sus utensilios técnicos: discos, jabalinas, balas, llegando hasta modificar las zapatillas, poniendo más clavos de los 11 permitidos en cada zapatilla. Mientras escribo, me viene a la cabeza el caso de una ciclista belga,  Femke Van den Driessche, que ganó el Campeonato Europeo de Ciclocross en 2015 en la categoría femenina sub-23, y en 2016 se convirtió en campeona belga en la misma categoría, pero posteriormente fue despojada de ambos títulos. Van den Driessche se convirtió en la primera ciclista en ser acusada oficialmente de dopaje mecánico, que surgió a raíz de un incidente ocurrido en el Campeonato Mundial de Ciclocross de la UCI de 2016. El 26 de abril de 2016. El dopaje consistía en ocultar un pequeño motor eléctrico que ella podía accionar en las cuestas arriba y subir rápida sin apenas esfuerzo, mientras las otras ciclistas luchaban duramente. Van der Driessche fue sancionada retroactivamente con una suspensión de seis años desde el 11 de octubre de 2015 hasta el 10 de octubre de 2021, y todos sus resultados desde esa fecha fueron descalificados. A partir de la sentencia, dejó la competición.

Aparte de todas estas formas de tratar de ganar ventajas por medio de drogas o modificando los utensilios, están los más trabajados intentos de transformar los cuerpos de los atletas para conseguir más volumen muscular, más fuerza, más explosividad o más capacidad aeróbica y por tanto, más resistencia.. Aquí encontramos los preparados esteroides, las trasfusiones de sangre o, últimamente, la EPO. Para este tipo de manipulaciones se necesita tener una infraestructura con médicos y laboratorios. Eso solo es posible si se tiene una organización detrás, como en el caso de los países del este de Europa y la Unión Soviética, pero puede también ponerse a disposición de atletas y entrenadores por una organización privada, siempre que existan unos intereses económicos detrás. El caso de las atletas de la Alemania del este era bien conocido. Algo parecido ocurría con atletas de los países satélites de la Unión Soviética. Recordaréis lo que yo contaba de los juegos universitarios de Greifswald, y de cómo pinchaba la barba de las atletas alemanas. Una cosa parecida ha seguido ocurriendo en China, con las corredoras de fondo, que llegaron a conseguir marcas imposibles, siendo completamente desconocidas antes de las competiciones. Ahora mismo existen muchas dudas sobre las nadadoras chinas, pero no hay pruebas.  

Uno de mis ídolos entre los atletas era la velocista estadounidense Marion Jones, que fue la chica dorada en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, donde se convirtió en la primera mujer en ganar cinco medallas de atletismo en unos mismos Juegos. Incomprensiblemente, su imagen se vio enturbada por las acusaciones del uso de esteroides. En 2003 fue implicada en una investigación federal en Estados Unidos sobre la distribución ilegal de esteroides por un laboratorio llamado BALCO. Jones negó las acusaciones, pero en 2007 se declaró culpable de mentir a los investigadores federales sobre su uso de drogas y admitió haber tomado esteroides. Todos sus resultados desde el año 2000, incluidos sus títulos olímpicos, fueron anulados y tuvo que cumplir seis meses de prisión. Desde entonces me resulta difícil celebrar los éxitos de mis ídolos sin temerme lo peor.

Lo de la experimentación con la sangre viene de lejos y aquí, me complace decir que la primera descripción detallada del “mal de montaña” debido a la baja presión parcial de oxígeno inhalado la realizó en 1590 un misionero español, José de Acosta, que en su libro “Historia Natural y Moral de las Indias” describió los síntomas de dificultad para respirar, dolor en el pecho, tos y vómitos que experimentó mientras cruzaba Los Andes por el paso de Pariacaca, a unos 4000m de altitud. Estudios realizados ya en el siglo XX, durante la segunda guerra mundial, mostraban que, aumentando el nivel de glóbulos rojos, se conseguía una mayor capacidad aeróbica que podía contrarrestar el mal de montaña o, empleado en personas sanas, corredores de fondo, mejorar sus marcas.  La primera evidencia científica es la de un grupo de investigadores americanos[2] quienes demostraron que la transfusión de 450 mL de sangre entera durante 4 días consecutivos disminuye la frecuencia cardíaca durante el ejercicio submáximo durante varias semanas, y por lo tanto, predijeron que el rendimiento en el ejercicio aumentaría. En consecuencia, se calculó en una revisión reciente que un cambio de 1 g en la masa de hemoglobina producirá un cambio en el VO2 máx de 4 mL min, mientras que los efectos sobre el rendimiento en el ejercicio submáximo probablemente varían según la distancia de la competición. También se debe tener en cuenta aquí que la carga de volumen, es decir, la expansión del volumen plasmático por sí solo no conduce a una mejora en el rendimiento del ejercicio en atletas de élite, lo que resalta nuevamente el papel de la masa de hemoglobina. Sin embargo, si se administra un expansor del volumen plasmático simultáneamente con incrementos en la masa de hemoglobina, entonces el rendimiento probablemente aumentará más que solo aumentando el volumen total de glóbulos rojos.

El dopaje sanguíneo en deportistas comenzó a utilizarse a finales de la década de 1960, pero no fue prohibido hasta 1985. Mientras aún era legal, era comúnmente utilizado por corredores de fondo y medio fondo, ciclistas, nadadores y otros deportistas para los que, la capacidad de competir justo bajo el nivel de producción de ácido láctico, es crucial.  El primer caso conocido de dopaje sanguíneo ocurrió en los Juegos Olímpicos de Verano de 1980 en Moscú, cuando el finlandés Kaarlo Maaninka recibió una transfusión de un litro de sangre antes de ganar medallas en las carreras de 5000m (bronce) y 10 0000m (plata), cosa que él mismo reconoció y que entonces no estaba prohibido. Se puede decir que los finlandeses fueron pioneros en las transfusiones, seguidos de los italianos y después todos los demás. Todos los que tenían médicos y laboratorios a su disposición, claro está.

Así que, hasta bien entrados en el siglo XXI, no se pudieron detectar las mil formas de lograr la mejora de las prestaciones en deportes de fondo, por lo que, muchas de las marcas conseguidas pueden estar en entredicho. [3]La detección del dopaje sanguíneo comenzó a mejorar significativamente ya en la década de 1990. En 2000, la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) implementó pruebas más avanzadas que podían también detectar el uso de eritropoyetina (EPO), una hormona utilizada para aumentar la producción de glóbulos rojos, un método común en los 90 de dopaje sanguíneo.

En 2009, se presentó un pasaporte biológico obligatorio, que representó un avance importante en la detección del dopaje sanguíneo. Este sistema descubre variables biológicas a lo largo del tiempo, como los niveles de hemoglobina y el recuento de glóbulos rojos, para identificar cambios inusuales que podrían indicar el uso de métodos de dopaje. Para terminar, voy a poner dos ejemplos de atletas muy conocidos que le han puesto un rostro a el doping de sangre. Empezaré por el más conocido de todos, Lance Armstrong, que en 2012 fue despojado de sus siete títulos del Tour de Francia y suspendido de por vida por el organismo rector del ciclismo tras un informe de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos que lo acusaba de liderar un programa de dopaje durante su carrera como ciclista. Finalmente lo admitió, abrumado por las pruebas. El otro caso es la del alemán nacionalizado español Johann Mühlegg, que levantó el deporte blanco en España y barrió las pistas de nieve en todas las distancias largas en Salt Lake City, en 2002, para después ser despojado de las tres medallas de oro que ganó, por descubrirse que se había dopado con una substancia, Darbepoetin, diseñada para combatir la anemia, existente desde 2001, que “Juanito” y su equipo médico creían que no se podía detectar.

No sé lo limpios que serán estos juegos, pero estoy seguro de que alguno de los 10 500 atletas que compiten en París, tratará de encontrar alguna forma de ponerse una medalla por medio de alguna treta, preparado o ventaja que se le pueda ofrecer. Una forma lícita de aumentar los glóbulos rojos es subirse a las alturas para entrenar y/o dormir en una tienda acondicionada que ofrece la misma presión que estando a 3000m de altura. Para mi, eso es una forma de dopaje, como también lo es el vivir largas temporadas a gran altura para competir en el llano. Hay que tener mucho dinero e infraestructura para poder permitirse ese tipo de entrenamiento. Para terminar, quiero dejar claro que el dopaje empieza en el momento de la concepción. Los genes tienen mucho que ver. Pero, la vida es así. Todos somos únicos y especiales. Algunos corren mucho, otros escriben sonetos, y, no pocos, se hacen ricos en la bolsa. ¡Que gane el mejor!


[1] Todos los relatos sobre las antiguas olimpiadas nos llevan a una misma fuente, que es la obra “Descripción de Grecia”(160-180) del geógrafo Lidio, Pausanias, posiblemente originario de Magnesia de Sípilo, cerca de Esmirna, que vivió en los años 110-180 de nuestra era. Pausanias se basa a su vez en fuentes clásicas y leyendas locales.

[2] Pace N, Consolazio WV, Lozner EL. The effect of transfusions of red blood cells on the hypoxia tolerance of normal men., Science, 1945, vol. 102 2658( 589-591)

[3] La marca de 1´53,28´´en los 800m de Jarmila Kratochvílová, de la antigua Checoslovaquia, de 1983, es una de esas marcas bajo sospecha, junto con los 10,49´´ de la fallecida Florence Griffith-Joyner, en los 100m, hechos en 1988. Pero, es preciso aclarar, que nunca se ha podido demostrar que se dopasen.

Paseo nongésimo cuarto. El día que yo llegué a la meta dos pasos por delante de Alberto Juantorena.

¡Cómo son las cosas! Escribía yo en una anterior entrada, en referencia a los juegos olímpicos de Múnich, como nuestro compatriota, el sufrido Mariano Haro, nos había mantenido en vilo, en una carrera inolvidable, en la que acabo venciendo el finlandés Lasse Virén, pero en la que él llevó el peso de la carrera de 10000m que sería la más rápida corrida hasta entonces y en la que él haría una mejor marca española de 27´48,14´´. Ayer, el día después de la inauguración de los juegos de París, leo en El País, el obituario que le dedica Carlos Arribas, pues muere a los 84 años este olvidado héroe español. Como Virén, tras su carrera como atleta, se convirtió en político y fue alcalde de su pueblo durante muchos años. Para muchos amantes del deporte de fondo de todas las categorías, fue una continuación de la herencia del ciclista Federico Bahamontes, que nos dejó hace un año. Haro, como Bahamontes, de una generación anterior (nacido en 1928), pertenecían a esa estirpe de deportistas españoles sufridos, capaces de darlo todo en las peores condiciones.  

Mariano Haro era mi referente cuando yo empecé a correr, en mi caso, involuntariamente y por imposición de mi profesor de educación física, que veía en mi un ser negado a todo ejercicio gimnástico o juego alguno, exceptuando una cierta capacidad en la carrera de fondo. Se hablaba poco de atletismo en España en esa época, a comienzos de los 60, pero si se hablaba era de “el León de Becerril”. Haro desarrolló su capacidad de la misma manera que los corredores masái que hoy en día copan el palmarés mundial en el fondo y el maratón lo han hecho, usando sus piernas como medio de transporte. Se cuenta que, cuando Haro iba a Palencia desde su pueblo, Becerril de Campos, iba corriendo los 16 kilómetros que le separaban de la capital y se hacía otros tantos de vuelta. He de confesar que yo, en 1980, corría desde Lund hasta Eslöv, 17 km, para dar clases en un instituto y, algunas pocas veces, hasta corría de vuelta. Ese año quedé campeón universitario de los 10 000, que todo hay que decirlo y, ya puestos, tampoco me voy a avergonzar por ello, logro que yo dediqué especialmente a la memoria de mi profesor de gimnasia, claro está. Descansa en paz Mariano Haro, que nunca te olvidaremos, los que en ti hemos encontrado un modelo y un ejemplo. En especial tu tozuda concentración en la carrera y tu amor por el deporte.

Yo hoy pensaba escribir sobre algo que yo ya anunciaba ayer, mi experiencia con el gran corredor cubano Alberto Juantorena, uno de los reyes de la olimpiada de Montreal el 1976, ganador de los 400 y los 800, una hazaña hasta entonces impensable, porque los 400 son para velocistas y los 800 son para mediofondistas, dos mundos aparte, que requieren cualidades muy distintas, Pero, este corredor con aspecto de boxeador de los pesos pesados, con sus medias blancas hasta las rodillas, como un jugador de fútbol, corría con una zancada impresionante, le llamaban “el Caballo” en Cuba, y aniquilaba toda resistencia de la salida a la meta. Bueno, pues yo le he ganado corriendo en la misma carrera. No en los 400, ni se me hubiese ocurrido intentarlo, ni en los 800, no. Fue de una forma muy original.

Alberto Juantorena dominó los 800 y los 400 hasta que se rompió el pie en los mundiales de 1983, por bajar la velocidad y mirar de soslayo a su derecha, para ver donde estaban los concurrentes. Pisó la cinta metálica que delimita la calle del tartán en las eliminatorias y se acabó la carrera. Cualquier intento de regresar a la élite se vio frustrado. Comenzó entonces Juantorena su carrera federativa y política y llegó a ser viceministro para el deporte. Como tal acompaño a la delegación cubana a Cádiz. Yo estaba de visita en La Tacita de Plata, donde se celebraban unos juegos internacionales para ciegos, con participación de casi todos los países iberoamericanos y donde, naturalmente, también participaba Cuba. El motivo de mi visita era saludar a mi hermana y mi madre, que entonces vivían allí.  Mi hermana, una mujer siempre abierta a aprender cosas nuevas, estudio braille y se casó con su profesor, un joven muy inteligente que había perdido la vista de niño y que, en 1985, era ya un alto cargo de la ONCE. Mi cuñado es un gran deportista y hacía mucho deporte, entre otras cosas, jugaba al fútbol para ciegos, una actividad muy violenta y competitiva, en la que los jugadores, cinco en cada equipo, persiguen una pelota con componentes sonoros y se dan unas patadas de mucho cuidado, chocando a veces y rompiéndose las narices, cuando menos, cosa que Paco, que así se llama mi cuñado, sufrió en propias carnes. Bueno, pues, en estos campeonatos, además de fútbol y atletismo en pista, se celebraba una carrera de cinco kilómetros, para la que mi cuñado se preparaba. Me pidió que le acompañase a correr, la vuelta entera a Cádiz, unas cuantas veces, con la intención de que yo le acompañase en la carrera, como guía o lazarillo. Pero, el destino burlón, le jugó una mala pasada, y la noche antes de la carrera, se lastimó la espalda en una caída fortuita. Como espectador, había visitado las competiciones y visto a Juantorena, que reconocí rápidamente, ayudando a un saltador de longitud cubano a ubicarse en la pista.

Llegó el ultimo día de los juegos y la carrera de los cinco kilómetros. Yo no había pensado más en ello, ya que mi cuñado no podía participar, pero, aquí entra la casualidad, siempre presente en mi vida, antes de la carrera, mientras yo esperaba que diesen la salida, vi ante mi la figura inconfundible de Juantorena, que se preparaba para participar como guía en la carrera, llevando a un corredor cubano. De pronto, oigo por los altavoces que se necesita un voluntario para que acompañe al representante hondureño, que se había quedado sin guía por causas que se desconocían. Mi cuñado alzó la voz y dijo – “aquí hay un voluntario” – señalándome a mí y yo, que llevaba zapatillas de correr y pantalones cortos, pero que no estaba preparado a correr, di un paso vacilante hacia adelante, cogí la cuerda reglamentaria que se lleva entre el participante y el guía y me encomendé a los santos que hubiese libres en ese momento. Al comenzar la carrera no habíamos mediado muchas palabras, el corredor y yo. Corría él concentrado, en un trote firme y yo cumplía con mi misión de ver que no nos torciéramos y nos saliéramos de la pista, que era la calle, y nos diéramos con los bordillos o chocáramos con otros corredores. Para mi sorpresa, veo que Juantorena y su corredor se encontraban justo delante de nosotros, a estas alturas, a unos dos kilómetros de la meta, en mitad del pelotón. El duendecillo de la competición me susurró a la oreja que, si apretábamos un poco, podíamos pasar a los cubanos. Yo, con que pasásemos a Juantorena y a su corredor, me conformaba, no importándome en que plaza quedáramos en la general.  Y apreté el paso. Tiré, suavemente al principio, y más y más decidido a continuación, de la cuerda que compartíamos. Mi corredor me seguía y trataba de llevarme el paso, jadeaba cada vez más y me dijo con su dulce acento hondureño: -“Hermano, ¿estamos llegando?” y yo, con la vista puesta en la ya incipiente calva de Juantorena, le contesté: -“Sí, ya llegamos. Un último esfuerzo”- y el chico, que se veía tenia madera de velocista tiró de m´, y yo me esforzaba ahora por seguirle. Pasamos a los cubanos, que discutían entre ellos, y perfilamos la meta, aún a unos 500 metros. Mi corredor, fundido ya, por el ácido láctico, perdía fuelle y me repetía: -“Llegamos ya”- y yo, jadeante, le decía: “Ya llegamos, ya llegamos”-“¿Cuándo, hermano, cuándo?” – y yo, ya casi sin voz, le decía – “200 m” – y, en un último esfuerzo, el muchacho, tiró de mí con sus últimas fuerzas y llegamos, dos metros por delante de la pareja cubana, posiblemente en quinto lugar. Posiblemente, porque yo no me quedé a comprobarlo. Me fui a casa, contento, pero un poco avergonzado por haber mentido a mi compañero, que seguro que hizo marca personal en los 5000 metros. Así fue el día que competí con Juantorena y le gané.

Ahí voy yo, tercero en el segundo grupo en Lunkloppet Lund-Malmö, en 1983.

Paseo nonagésimo tercero. El pasado y el futuro en las inaguraciones olímpicas.

Esto de la memoria es interesante. Los acontecimientos sobre los que ahora escribo, acaecieron hace cuarenta años, una eternidad, dirán algunos, pero para mí, están grabados de tal manera en mi mente, que no lo olvidaré nunca. Hay tantos hechos concretos, tantos lances únicos, que no es difícil recordar. Hoy quiero recordar, remontándome a un año atrás, al 1983, cuando finalicé mi formación como entrenador de élite para corredores de fondo y medio fondo, en las instalaciones de las que dispone la federación sueca de atletismo, en la isla de Lidinge, en Estocolmo. La retrospectiva viene a cuento, porque allí conocí a un mito del deporte sueco, campeón olímpico y poseedor del récord   del mundo en los 3000 m obstáculos, Anders Gärderud. Y es que, este corredor singular, protagonizó una de las mayores hazañas del atletismo olímpico, al ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1976 en Montreal en los 3,000 metros obstáculos. Las imágenes de televisión de la recta final se han vuelto clásicas, y las tengo grabadas en la retina: allí, su mayor rival, Frank Baumgartl de Alemania del este, llegó a alcanzarle después de que Anders hubiese llevado la iniciativa la mayor parte de la carrera, a un ritmo infernal, pero el alemán cayó en el último obstáculo, y Gärderud pudo correr sin oposición hacia la meta, logrando un nuevo récord mundial en los 3000 obstáculos con la marca de 8:08.02. Fue su cuarto récord mundial en la distancia, una marca que se mantuvo como récord mundial durante dos años. Son imágenes clásicas del atletismo que yo vi en mi casa. Montreal nos dejó muchas buenas sensaciones, a los aficionados al atletismo. Lasse Virén repitió ganando los 5000 y los 10000, como había hecho en Múnich y se consagró como uno de los grandes, junto a su compatriota Paavo Nurmi o el inolvidable Zatopec. En la pista de atletismo había otro que también podía reclamar el título de rey: el cubano Alberto Juantorena. Este corredor cubano, alto y recio, con calcetines hasta la rodilla, fue el primero en ganar el oro en los 400 y 800 metros en los mismos Juegos Olímpicos. Muchos habían estado cerca antes, pero Juantorena fue el primero en lograrlo. Contra las largas y poderosas zancadas de Juantorena, no había nadie que pudiera competir. No os sorprendáis, pero yo también he corrido con Juantorena. Os lo contaré en la próxima entrada.

En el verano del 83, estaba yo de pronto ante Gärderud, el gran corredor sueco, con un grupo de entrenadores novatos. Él, que había dejado atrás la carrera de élite, nacido en el 1946, a sus 37 años, era el entrenador oficial de la selección sueca de medio fondo y fondo, y como tal, nos impartía clases, básicamente de filosofía de la carrera continua. Allí estaba yo, junto al antiguo campeón. Traía yo, eso sí, la experiencia de tres maratones bien corridos, él, no había corrido nunca un maratón. Él hablaba del arte de correr como una forma de vida. Correr como algo natural, sin esfuerzo, sin estrés, sin ponerse metas a priori, gozando. Nosotros le mirábamos, ese hombre alto, enjuto, ascético, y le escuchábamos atentamente. Sabíamos que, después de la perorata nos tocaba correr con él. Yo miraba sus piernas largas, sus zapatillas, pensaba que iba a salir volando casi, con un rebaño de ovejas torpes, nosotros. Y nos dijo – “vamos a correr por la pista de la carrera campo através de Lidingö”. Todos conocíamos ese circuito. Yo lo había corrido en una ocasión, 30 kilómetros por caminos de tierra, con subidas y bajadas muy pronunciadas, un circuito rompepiernas. Salió corriendo y nosotros detrás. Yo me atreví a ponerme a su lado, para experimentar la sensación de compartir esfuerzo con un campeón. Mi gran sorpresa fue, que podía seguirle sin problemas. Corríamos rápido, pero sin esforzar, sin tirones, respirando acompasadamente. Yo conocía la pista y sabía que íbamos pasando los kilómetros a una velocidad respetable. El resto del grupo nos seguía con cierta dificultad. Eran entrenadores con carreras propias como corredores, más lejanas en el tiempo que la mía. Algunos tenían algo de sobrepeso, a otros les pesaban los años, se oía su respiración forzada, era lo único que se oía en el bosque. Y Anders empezó a hablarme. Sentía curiosidad por aquel chico que llevaba al lado, del que él no sabía casi nada, mientras que a los otros los conocía de muchos años. A mí me costaba hablar, sobre todo explicar cosas con más de dos sentencias, a la vez que corría, él hablaba como si estuviésemos sentados en un sofá. Llegamos a la meta. Habíamos corrido 15 kilómetros en 56 minutos y poco más, muy rápido para ser entrenamiento.

Como entrenador, Anders Gärderup tenía, entre otros atletas, a la campeona del mundo de carrera de orientación[1], Annichen Kringstad, con la que yo también tenía alguna relación, porque he tenido yo como estudiantes a dos de sus hermanos, excelentes corredores también. A este mitológico atleta tuve el honor de encontrar corriendo una media maratón de Malmö a Lund. El participaba para atraer la atención mediática a la carrera, yo, para ganar, al ser posible. Cual sería mi sorpresa cuando le alcancé en el kilómetro 15 y pude pasarle, quedando tercero con una marca de 1h10´16´´. Aunque yo sabía que él ya no se entrenaba de la misma forma que antes, no pude evitar sentirme muy orgulloso, vanidoso que es uno.

En la final de 3000 metros obstáculos de Montreal había también otro corredor con el cual he competido y en dos ocasiones le he ganado. Dan Glans, corredor de Scania, llegó en séptimo lugar, en la carrera que ganó Anders Gärderud. Dan hizo una magnifica marca de 8´15´´ luchando toda la carrera y llegando en séptimo lugar. Este corredor era pintor de oficio, pintor de brocha gorda, y tenía una filosofía muy personal sobre el correr, corría siempre relajado y sin forzar, hacía kilómetros en el bosque, siempre a su aire y nunca a velocidad de carrera. Dejó la brocha y estudió historia en la universidad y acabó jubilándose como profesor. He corrido con él muchas carreras, y casi siempre me ganaba, ¡era fuertísimo! Pero, en dos ocasiones, le gané; la más sonada en la maratón de Malmö, dónde tanto él como yo debutábamos en la distancia. Le pasé a dos kilómetros de la meta y me llevé un trofeo y el último premio en metálico, llegando en décimo lugar, en una marca 2h35´43´´ que solo mejoré en una ocasión, al año siguiente en Köge (Dinamarca) 2h29´02´´, e igualé en varias, hasta el 1986, cuando dejé de tomármelo en serio y pasé, digámoslo así, a la reserva.

Acabo de ver la inauguración de los juegos olímpicos de Paris. La lluvia no consiguió deslucir el gran esfuerzo de la organización para tratar de conseguir una inauguración que se quedase clavada en la mente de participantes y espectadores de todo el mundo. Todos lo han intentado, lo hicieron verdaderamente en Los Ángeles y todos recordaremos a Bill Suitor volando con un jetpack de Bell Aerosystems para encender la llama olímpica en Los Ángeles, 1984. Los organizadores de Los Ángeles nos querían introducir al futuro en un mundo en que empezábamos a familiarizarnos con los ordenadores Vic 64. Los franceses nos envían hoy al pasado, quizás pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor. La antorcha la encendieron un judoca y una velocista. Tanto Marie-José Pérec, una velocista especializada en los 200 y 400 metros, y que se llevó tres medallas de oro en Barcelona, 1992, y dos en Atlanta, 1996, como Teddy Pierre-Marie Riner, cuyas medallas y méritos pertenecen también al pasado. Y ese pasado, nos lo sirvieron durante toda la inauguración, con retrospectivas históricas en donde no faltaron anécdotas, como la descabezada Marie-Antoinette, saludando desde el balcón del edificio en el que pasó sus últimos días. Hasta el último momento, la historia de Francia nos fue servida en cientos de pequeños detalles. El último, la llama olímpica, que ascendió al cielo en un globo estático, emulando el primer vuelo en globo, hecho en 1783 desde el mismo lugar, inventado y pilotado por los hermanos Joseph-Michel y Jacques-Étienne Montgolfier. El futuro en Los Ángeles, el pasado en París.


[1] La orientación es un deporte originalmente sueco en el que hay que recorrer, con ayuda de un mapa y una brújula, un terreno diverso y generalmente desconocido. Los participantes reciben un mapa topográfico, normalmente confeccionado específicamente para este deporte, y esa ocasión, que utilizan para encontrar los puntos de control en el orden preestablecido. En origen, la orientación era un ejercicio de entrenamiento militar para aprender a manejarse en el terreno, pero hoy cuenta con diversas modalidades y cientos de miles de participantes en todo el mundo.

https://www.bing.com/videos/riverview/relatedvideo?q=innaguration+los+angeles+84+flying&mid=84950644E2C1047A742984950644E2C1047A7429&FORM=VIRE

Paseo nonagésimo segundo. Greifswald.

Llueve como si toda el agua del mar se hubiese concentrado en una nube sobre mi ciudad y cayera ahora sobre las calles y jardines por donde voy caminando. No es un agua fría, pero me va calando poco a poco. No voy vestido para este diluvio, pero ya no hay marcha atrás. Tengo que seguir mi paseo, aunque acelero el paso, en un vano intento de mojarme lo menos posible. Al cruzar las calles, tengo que salvar profundos charcos y los coches, al pasar, levantan muros de agua a su alrededor. Voy pensando en lo que he escrito sobre nuestro camino hacia Los Ángeles y recapacito en que era el año 1984, el mismo que George Orwell eligió como escenario de su obra “1984” en la que desarrolló varias ideas y conceptos que han resonado y se han manifestado en diversas formas en la sociedad contemporánea. Era el libro para releer ese verano y yo lo tenía como libro de cabecera mientras preparábamos la carrera, especialmente desde el momento que supimos que íbamos a participar en los juegos universitarios de Greifswald, en la Alemania del este.

Yo había viajado en diferentes ocasiones y en varias funciones, nunca como turista, por el este de Europa. Yo sabía muy bien que el estado en esos países vigilaba a sus ciudadanos de una forma que nosotros creíamos nunca pasaría en el mundo occidental. Ahora parece que ese mundo de control nos ha arroyado al abrirse el telón de acero. Es como si una avalancha de control policial hubiese conquistado hasta los últimos reductos de las sociedades liberales de occidente. Es fácil reconocer la constante vigilancia y control de los gobiernos sobre los ciudadanos. En la actualidad, la proliferación de cámaras de vigilancia, la recopilación masiva de datos por parte de gobiernos y empresas, el seguimiento digital a través de internet y redes sociales y la pérdida de privacidad y omnipresencia del estado y corporaciones en la vida privada de las personas, nos parece parte de la normalidad de nuestras vidas.

Orwell describe en su novela el Ministerio de la Verdad, encargado de reescribir la historia y manipular la información para controlar la percepción de la realidad de la población. En el mundo actual, la desinformación, las noticias falsas, la propaganda y la manipulación de medios de comunicación y redes sociales son fenómenos que reflejan esta preocupación por el control y la distorsión de la verdad. También describe en 1984 algo que él denomina “neolengua”, una herramienta para limitar el pensamiento crítico y la capacidad de los individuos para cuestionar el régimen. En la actualidad, vemos cómo ciertos discursos políticos, campañas publicitarias y estrategias de comunicación pueden intentar simplificar, distorsionar o manipular el lenguaje para influir en la opinión pública y controlar el debate político y social. En la novela, el control social se ejerce no solo a través de la vigilancia, sino también mediante el miedo, la represión y la eliminación de cualquier forma de disidencia. Hoy en día, aunque en muchas sociedades existen mayores libertades, o al menos lo suponemos, también hay muchos ejemplos de gobiernos autoritarios que utilizan tácticas similares para mantener el poder y suprimir la oposición. El concepto del “doble pensar” en “1984”, donde las personas son capaces de aceptar simultáneamente dos creencias contradictorias, puede ser visto en la actualidad como la forma en cómo algunas personas y grupos manejan y justifican información contradictoria para mantener sus ideologías o creencias. Aunque Orwell no podía prever específicamente la tecnología moderna, su visión de una tecnología utilizada para el control y la vigilancia se refleja en el uso actual de la inteligencia artificial, el reconocimiento facial y los algoritmos de seguimiento de comportamiento. Pensando esto bajo la lluvia, me estremezco levemente; será por la lluvia que me está enfriando al fin o por las perspectivas tan oscuras, que el recuerdo de la novela me revela, será una combinación de las dos cosas, supongo.

El entrenamiento para las olimpiadas requirió mucha preparación, deportiva y logística. La preparación deportiva consistió en recomenzar un periodo de entrenamiento duro para ir soltando sucesivamente hasta llegar al día elegido para la carrera de la maratón olímpica, que fue el 12 de agosto. La idea era ir preparado para unas condiciones mucho más adversas de las que había gozado en la carrera de Westland, temperatura ideal de unos 10 grados en el 7 de abril, en Maassluis. En los Ángeles esperábamos encontrar una temperatura mucho más alta y una humedad molesta. Las 2h 17´49´´ serían difíciles de repetir sin una buena preparación, pero yo sabía que, con una marca similar, Rodrigo podría alcanzar un buen puesto en la clasificación, lo que así fue, se vería el día de la carrera. Era preciso “foguearse” en carreras duras en las que participasen competidores al poder ser superiores en su capacidad, y por tanto elegimos sin dudar participar en los juegos universitarios de Greifswald ese verano.

Para aquel que no conozca esta pequeña ciudad alemana, le diré, que tiene un carácter típicamente báltico, con sus casas de estilo renacimiento nórdico. Una fotografía contemporánea de la plaza central de la ciudad Platz der Freundschaft (Plaza de la Amistad), que acompaña este texto, lo muestra claramente. Más adelante explicaré algunas experiencias vividas en la plaza. La delegación sueca, léase nuestro pequeño grupo, partió en barco desde la ciudad de Trelleborg, en el sur de Suecia, a Rostock y de allí, en tren, hasta Greifswald. Pasar la frontera, en el puerto de Rostock no era moco de pavo. En un puesto fronterizo con soldados impávidos, rígidos y ceñudos, nos preguntaron bruscamente: “Waffen, Munition, Literatur?” – Los guardias nos miraban con expresión inquisitoria y, el periódico que yo llevaba para leer durante el viaje, se quedó requisado en la frontera, como también un libro de texto, que uno de nuestros compañeros, estudiante de magisterio, había metido en el bagaje para estudiar en el tiempo libre entre entrenamientos y carreras. El régimen comunista de la DDR, temía a la literatura más que a las armas.

En la foto de abajo se ve la plaza, según estaba ese verano de 1984. El centro de la ciudad era antiguo, con sus casas pintorescas concentradas como en racimo, en torno a la plaza y las calles adyacentes. El resto de la ciudad estaba construido en el estilo brutalista de los 60, con construcciones de poca calidad y un aspecto gris y triste. Olía a carbón y a col. Carbón, que era el principal combustible y col, que era la principal vianda. Pequeños coches Trabant, con su carrocería de plástico y motor de dos tiempos, cruzaban de vez en cuando las calles, dejando un rastro de humo azul sucio y un fuerte olor a gasolina mezclada con aceite. Los agraciados que poseían un vehículo, lo cuidaban como si de un ser vivo se tratase. Los domingos por las mañanas, se veía a muchos padres de familia lavar y limpiar el coche y prepararlo para la salida al campo o a la playa.

Nada más llegar, nos esperaba una pequeña delegación, compuesta por un señor de mediana edad, que llevaba una insignia en la solapa con el símbolo de la bandera de la DDR, y una muchacha joven, rubia y lozana, vestida de paisano. Sonrientes, nos dieron la bienvenida, él en alemán y ella en inglés. A mí, como entrenador y “jefe” de la “selección” sueca, me dieron un sobre con una cantidad de papeles para leer, todos en alemán, como era de esperar, y un sobre aparte que contenía unos marcos en billetes viejísimos y manoseados. La cantidad nominal no la recuerdo ahora, pero el poder de adquisición de ese dinero, que se suponía debería cubrir nuestros gastos personales, aparte de la estancia y las comidas. Firmé los documentos, que la chica entregó al delegado-funcionario-político o lo que fuera, y emprendimos la marcha, siguiendo a la rubia, que nos llevó a un edificio grande y destartalado, que era una de las viviendas de estudiantes. Por el camino, nos fue contando nuestra anfitriona, que ella era estudiante y que había recibido el encargo del partido de ser nuestra guía y compañera durante nuestra estancia y, verdaderamente, Inga, que así se llamaba nuestra azafata, cumplió a rajatabla con su misión. A mí en concreto, apenas me dejaba ir al baño sin su omnipresente y, casi siempre, agradable escolta. Comprendimos que el papel de la chica era acompañarnos y llevarnos por donde los mandatarios de la ciudad consideraban que era visitable y, al mismo tiempo asegurarse, de que no hablásemos con nadie que nos pudiera dar una imagen diferente de la realidad sobre la vida en la DDR.

Todas las comidas nos eran servidas en un gran restaurante universitario, servidos por camareros yugoslavos, rumanos y búlgaros. Curiosa casualidad, que los trabajos considerados como menos importantes y por tanto menos atractivos, recaían sobre ciudadanos de las repúblicas más pobres del “segundo mundo”. La comida era siempre poco sabrosa pero abundante y, al parecer, por el apetito con que se la comían los de las otras delegaciones de países comunistas, de mejor calidad que los que era habitual. Ocupábamos siempre la misma mesa, y nuestra azafata estaba siempre allí, para explicarnos lo que comíamos y contestar a nuestras preguntas sobre la vida de los universitarios. Con el dinero local que teníamos no podíamos comprar casi nada en las tiendas, bastante peladas; algunas galletas y pare usted de contar. En una tienda especial, se vendía cerveza, chocolate y bebidas alcohólicas de conocidas marcas internacionales, peros solamente utilizando dólares o marcos de la Alemania Federal. El problema era que había que declarar todo el dinero que entraba en el país, e igualmente a la salida, por lo que era complicado para los extranjeros que quisieran comprar algo en esas tiendas. Los clientes de esas tiendas eran sin embargo, políticos y potentados locales que, de forma misteriosa (para sus ciudadanos) tenían buenos fondos en moneda extranjera. Allí, en Alemania del este, todos eran iguales, pero algunos eran más iguales que otros.

Nosotros, la verdad, no llorábamos por no poder comprar cerveza, porque vivíamos bastante como monjes cartujos, en cuanto a la comida y la bebida se refiere. Tratábamos de mantener nuestra dieta, con los hidratos de carbono y las proteínas estrictamente necesarios, sin excesos de ninguna suerte. Entrenábamos duro, yo también, porque les acompañaba en todos los entrenamientos y funcionaba como “liebre” en los intervalos. Pesábamos Eduardo, Rodrigo y yo 58 kilos de nada. La foto bastante borrosa, tomada justo después de la carrera de 5000 metros, os muestra a los tres, así como estábamos el verano de 1984. Un viento fuerte nos podía llevar volando como hojas secas, pero nos sentíamos fuertes. No se puede negar que la velocidad de carrera está relacionada con el peso y la relativa fuerza muscular, sumado todo a una buena disposición biodinámica y la capacidad de recuperar el tono muscular en el menos tiempo posible. Es una cñas ombinación de genes y trabajo duro, la que hace que algunos atletas lleguen a alcanzar buenas marcas. Además, hay que cuidar lo que se come, dormir las ocho horas o más y tratar de tener una mente libre de problemas, cosa que es más fácil decir que hacer.

Las competiciones duraron tres días y nosotros no corrimos hasta el último día y fuimos la última actividad en la pista, antes de la clausura. Los días anteriores habíamos estado yendo y viniendo al estadio, cundo no estrenábamos en un pequeño estadio adyacente o por un parque cercano. Por las tardes, queríamos ir a ver la ciudad y nuestra guía nos llevaba siempre por los mismos caminos. Al principio, la conversación con ella era muy formal y bastante corta, pero, según pasaban los días, comencé a hablar un poco más informal y hasta un poco, podía decirse, de forma amena. Como yo siempre iba a su lado, reparé en sus zapatos viejísimos y rotos, que parece que los había cogido directamente de un container de basura. Hacía un contraste brutal con su traje pulcro, con americana azul y falda beige. Siempre llevaba el mismo atuendo. La melena rubia y cuidada, las manos blancas con uñas bien cuidadas, adornadas con un reloj de pulsera muy antiguo, que me recordaba el de mi abuela. Había algo triste en su mirada.

Llegó al fin el día de la prueba, en la que íbamos a participar. Para nosotros no era una prueba importante, simplemente un entrenamiento duro, en el camino del gran día olímpico. Como la clausura estaba programada para después de nuestra carrera, el estadio estaba lleno de atletas y público. La verdad es que el ambiente se parecía un poco a lo que esperábamos en Los Ángeles o, al menos, eso querían mostrar los políticos y organizadores de estos juegos universitarios durante los cuales, habíamos presenciado resultados impresionantes, sobre todo en los saltos y las competiciones de técnica como lanzamiento de disco, peso y martillo, pero también en algunas carreras cortas, sobre todo en 200 y 400m, en especial en las féminas. A juzgar por los resultados, estos juegos no tendrían nada que envidiar a los juegos olímpicos, al menos en atletismo.

La carrera en sí fue multitudinaria y muy rápida. Yo no he corrido nunca entre tanta gente rápida. Los treinta y pico corredores nos lanzamos como si nos fuera la vida en ello. Yo corría todo lo que podía, siguiendo la espalda de Eduardo, que se iba alejando inexorablemente por cada paso. Rodrigo iba más adelante, tratando de no quedar descolgado de los diez o doce corredores que formaban la cabeza del pelotón. Yo esperaba tener a alguien detrás, pero no quería ni podía mirar atrás, porque iba al límite de mis fuerzas. Con el ruido de la gente y el esfuerzo, no oía mis pasos, corría yo como en un sueño, me dejaba llevar y conseguí que solamente los mejores me diesen una vuelta de ventaja. Rodrigo llegó a la meta entre confuso y contento, por una buena marca, pero por tener tantos corredores delante. Eduardo exuberante, por haber alcanzado su, hasta entonces, mejor marca. Yo descubrí que no había quedado el último, que ya era algo. Habíamos logrado lo que queríamos. Ahora, retornaríamos a Suecia a terminar la preparación, ya con Rodrigo seleccionado y la cuestión económica solucionada por el contrato de Reebock. Eduardo lleva aquí, en la foto borrosa de Greifswald, la camiseta del Reebock Racing Team, mientras Rodrigo y yo, vestimos la camiseta del equipo universitario de Lund, LUGI, Asociación de Atletismo y Gimnasia de la Universidad de Lund (Lunds Universitet Gimnastik och Idrottsförening).

Nos quedaba un día para recorrer la ciudad e ir a la playa. La playa más cercana a Greifswald,  es la playa de Eldena, que se encuentra en el distrito de Eldena, a unos pocos kilómetros al sureste del centro de la ciudad. Esta playa está situada a orillas del río Ryck, cerca de donde desemboca en el mar Báltico, y es un destino popular tanto para los residentes locales, cerca de las ruinas de un antiguo convento. Fuimos por la mañana y no era precisamente un día de playa. Pero pasó algo que sin proponérselo nadie, nos dio una lección de por qué el régimen comunista había fracasado y estaba a punto de caer. Pensemos que en 1984, nada parecía predecir que todo se vendría abajo en sólo seis años. Bueno, pues lo que ocurrió es que, mientras estábamos aburridos pasando el tiempo hasta regresar a Greiswald, una pequeña camioneta, que parecía sacada de una película de blanco y negro, llego entre estruendos del motor y pitidos del claxon, y aparcó junto al paseo marítimo. De pronto, surgieron personas de todas las edades que corrían hacia la camioneta, y nosotros, claro está, curiosos de saber que es lo que pasaba, corrimos también. Lo que vimos es simplemente cómo estos alemanes casi se pegaban por llevarse algo de la carga de la furgoneta, que eran fresas. Fresas, que parece que eran tan escasas como los mirlos blancos, porque entendimos que pagaban muchos de sus marcos por hacerse con una bandeja. Nosotros invertimos todo nuestro capital, o casi, en comprar dos bandejas, que nos repartimos y saboreamos, como si fuese maná.

Y, es que, en estos países comunistas, faltaba de todo. Todos tenían trabajo, faltaría más, porque el trabajo no era un derecho sino un deber. Todos tenían un alojamiento, más bien pequeño y con pocas comodidades, pero asequible. Todos podían estudiar, si valían para ello, porque se cultivaba el elitismo en todo, también en el deporte, así que no había gente que se dedicase a hacer deporte a media jornada, como yo, por ejemplo, sino que eran elegidos a muy temprana edad, los que despuntaban y prometían. Todo esto se conseguía a cambio de perder todo tipo de intimidad o privacidad. La sociedad comunista controlaba todas las actividades y, una red de espías semioficiales, controlados por El Ministerio de la Seguridad del Estado, (Ministerium für Staatssicherheit) más conocido como Stasi. El informador podía ser la portera de la casa, el vecino, el hijo o el padre, la novia, el profesor, el tendero o cualquiera, que tuviese información que compartir con Stasi sobre un conocido, cliente o pariente. La información era moneda de cambio para encontrar un mejor trabajo, acceder a una mejor vivienda o comprarse un coche, por ejemplo. En 1984 el “1984” de Orwell ya estaba allí en la práctica. Pero había algo que hacía saltar todos los protocolos de calma y recelo; la posibilidad de comprar algo de lo que hubiese escasez, en este caso de fresas. Campesinos, que podían tener un pequeño huerto para cultivar en su tiempo libre, producían alimentos que escaseaban y los vendían fuera del mercado oficial de abastos al precio que los clientes estaban dispuestos a pagar, como en el más puro capitalismo.

Los alemanes del este vivían en la frontera con “el mundo libre”. Familiares y amigos vivían en la Alemania Federal a pocos kilómetros, en otro mundo que para ellos parecía completamente diferente, lleno de comodidades, productos, posibilidades. No pensaban en que en el mundo libre había que luchar en una concurrencia que muchos no tenían fuerza para participar con éxito. En ese mundo había posibilidades, pero también peligros, que no conocían o no querían conocer. Muy pocos obtenían permiso para salir de DDR. En la fiesta que nos dieron a los atletas participantes tras la clausura, y en la que todo el mundo se emborracho, bebiendo de una forma que yo, ni antes ni después había visto y menos participado, conocí a un corredor de fondo, que había quedado tercero en la carrera y hablaba un español impecable. Me contó que el quería salir de DDR pero que no le dejaban salir, sino era para ir a otros países del este o a Cuba, que ya había visitado en varias ocasiones, como traductor e interprete en visitas oficiales. El español lo había aprendido en Greifswald, donde había muy buenas instituciones y escuelas de idiomas, como veremos más adelante en otra entrega que pienso hacer con motivo de la caída del comunismo.

Este chico me preguntó, si yo podría invitarle a Suecia, un país que la DDR calificaba como amigo y con el que tenían bastantes contactos culturales y económicos, para desde allí intentar viajar a Alemania Federal, donde él, como muchos otros, tenía parientes. Yo le dije que conocía a los organizadores de la maratón de Malmö, que yo había corrido dos años atrás y que la organizaba el club de atletismo de la policía. El maratón se correría en el otoño, así que quedaba tiempo para todos los tramites pertinentes. Yo, por mi parte, me apresuré a preguntar en Malmö y conseguí que le enviaran una carta oficial de invitación a él, personalmente, para participar en la maratón. Pero, tras meses de espera, le denegaron la autorización y no pudo salir. No le volví a ver hasta el 1992 y ya él había dejado de correr pero se había ido a vivir a Barcelona.

Volviendo a la fiesta, tuvo lugar en una especie de discoteca, donde había sillas y mesas de madera rustica y una especie de quiosco en una esquina de la enorme sala tenebrosa, alumbrada por algunas pequeñas lamparitas que a duras penas nos dejaban ver las caras de la gente con quién hablábamos, o más bien gritábamos, para ahogar la música ratonera que salía de los roncos altavoces. Desde ese pequeño quiosco, parecido a las taquillas del metro antiguas, se expedían las dos únicas bebidas de que estaba dotado: vodka y cerveza. Tanto el vodka como la cerveza en botellas de medio litro, que todos llevaban en sus manos y de las que daban buena cuenta, antes de empezar a moverse, en algo que quería emular un baile y que terminaba en saltos y griterío. Cada uno podía vistar el quiosco cuantas veces desease y vi a más de un atleta olímpico (en Moscú 1980) sentado en el suelo medio inconsciente. El alcohol era la gran droga del este. Todo el mundo bebía, aquí no había excepciones ni en los deportistas. Bebían en su tiempo libre y en todas las ocasiones, una costumbre heredada de los rusos y a la que estos siguen atados, aunque el estado a tratado de frenar subiendo los precios, la única razón por la que los rusos podrían hacer una nueva revolución, así que Putin los bajo. Os dejo aquí. Seguiré más adelante, que ya se aproxima París.

Paseo nonagésimo primero. Camino de Los Ángeles.

Amanece nublado y el calor de ayer es ya solo un recuerdo. Una brisa refrescante me acompaña hoy, haciendo, que de vez en cuando, tenga que sujetar mi gorra con una mano, para que no me la quite de un golpe. Este tiempo es ideal para caminar, sin sofocos ni cansancio agregado. Me recuerda mis paseos por Santander, por el Paseo Pereda, camino de La Magdalena. ¡Cómo pasa el tiempo! Perdonadme el cliché, pero es una gran verdad que a veces me sorprende, como por ejemplo ahora, que trato de seguir con mi relato, sobre mi propia historia en relación a los juegos olímpicos.

Dejaba yo el relato ayer en Greifswald, en el verano de 1984, pero la historia de mi tradición olímpica se remonta a 1982. Todo comenzó como una de esas casualidades que todo lo cambian, que uno no sabe cómo sucedió pero que, a partir de ahí, nada será igual el resto de la vida. La verdad es que yo entré en juego de una forma rarísima. Yo corría, y empezaba a despuntar a nivel local y regional, pero me faltaba un peldaño para llegar a la élite, que puede soñar con ir a unos juegos olímpicos. Como entrenador, acababa de comenzar mi “carrera” como entrenador de atletismo del club de la universidad de Lund y había dejado mi viejo club, donde yo entrenaba a jóvenes promesas de entre 14 y 18 años, incluidos mis dos hijos mayores, que eran unos auténticos campeones, tanto ella como él, en sus categorías. Corríamos todos y disfrutábamos en nuestro tiempo libre. Yo me decía a mí mismo que lo bueno del deporte, entre muchas otras cosas beneficiosas, es que no deja tiempo para dedicarse a cosas peores. Bueno pues, una tarde de otoño de 1982, llega mi hija, que por una vez había ido sola a participar en una carrera popular en Malmö, y me dice, que el chico que ganó la carrera, parecía ser latino, pero ella no recordaba el nombre.

Yo, por aquel entonces, conocía a todos y cada uno de los que corrían en Suecia a nivel de élite, de nombre al menos, y sabía muy bien que no había ningún latino entre ellos. Había eso sí, un escocés, con el que yo solía competir, campeón de cross en Escocia, que ahora vivía en Suecia y el cual saldrá más adelante en mi relato, por la importancia crucial que él tuvo en mi relación con los juegos. Pero Dave Gillanders, que así se llamaba el escocés, no parecía latino y mi hija le habría conocido, ya que nos encontrábamos muy a menudo en las carreras, tanto en pista como populares. Curioso por saber quién era ese muchacho que había surgido de la nada, empecé a indagar. Lo primero que hice fue leer al día siguiente en elperiódico los resultados de la carrera, que el diario local siempre escribía. El nombre, Rodrigo Camacho, no me decía nada, pero me afirmaba que podría ser latino o hasta español. Me puse en contacto con el club de Malmö que organizaba el evento, “Sege rundan”, donde yo tenía unos cuantos conocidos, y les pedí si tenían los datos de contacto de este corredor, ya que estaba apuntado como libre, sin precisar el nombre de ningún club. Me dieron su teléfono y le llamé. Por el prefijo supe que era un teléfono de Lund.

Me contestó una voz de alguien que acaba de ser despertado por el teléfono. Al rato comenzamos a hablar en castellano y supe que este joven era boliviano. Me contó en pocas palabras que era exiliado político, estudiante de medicina en La Paz y que en Cochabamba, de donde era originario, había comenzado a correr, llegando a participar en la San Silvestre de Brasil hacía dos años. Al llegar a Suecia, no había entrenado casi nada y, viendo los anuncios de la carrera popular de Malmö, decidió participar y, para su gran sorpresa, ganó. Le dije que yo entrenaba al equipo de la universidad de Lund y que él estaba muy bienvenido a nuestros entrenamientos. Yo tenía ya el contrato de mecenazgo de Tiger, y podía correr con los gastos, y el apoyo económico que pudiera necesitar. Concertamos un encuentro en Lund y se presentó prácticamente sin equipo. Era un muchacho espigado, muy delgado, con un pelo largo muy negro, algo ensortijado. Hablaba poco, lo necesario y poco más, y sus ojos miraban cómo vagando de un lado para otro, nunca mirando directamente a los míos. Yo pensé que era muy tímido, pero decidí animarle a entrenar con nosotros. Lo primero que hice fue ofrecerle un par de zapatos nuevos para entrenar, porque los suyos eran unas playeras corrientes, que no ofrecían nada de comodidad ni aportaban protección contra los golpes que recibe el pie y todos los músculos y huesos del cuerpo, al correr, con los impactos en el tartán o en la superficie por la que se corra. Esto de los zapatos necesita un capítulo aparte, tan importantes son para el desarrollo de la carrera pedestre y para el apogeo de la moda del jogging o footing, como se decía en España.

Pensé incorporarle a nuestro equipo, en el que ya tenía unos buenos corredores, sin que ni siquiera se me pasase por la cabeza la más remota posibilidad de que, ni él ni ninguno de nuestros corredores llegase nunca a correr en unas olimpiadas. La verdad es que, alguna vez llegué a pensar que un corredor muy joven que tenía en el equipo, curiosamente estudiante de medicina como Rodrigo, Paul Leonhart, un muchacho alto y fuerte, que corría con una facilidad apabullante, podría, si quisiese, dar un paso hacia la élite internacional, pero para ello hubiera sido necesario dedicación completa y un régimen de entrenamiento al que él no parecía dispuesto a someterse, pero, madera de campeón, sí que había en ese chico. Volviendo a Rodrigo, le confeccioné un programa de entrenamiento para las distancias que me pareció eran las suyas, de 5000 m a media maratón, distancia esta última muy nueva, que había reemplazado a la de 25 000 m, en la que yo había debutado en unos campeonatos de Suecia, logrando un quinto puesto.

Los resultados empezaron a llegar al poco de comenzar los entrenamientos. Rodrigo, no es que fuera un corredor tremendamente ambicioso, pero seguía el programa a rajatabla y yo me preocupaba que todo funcionase a la perfección alrededor de mi nuevo corredor: masajes, descanso, comidas etc. Y así, un buen día decidí probar su capacidad en una carrera de media maratón. Elegí una carrera bastante anónima, en Bromölla, al norte de Scania, con la participación de un centenar de corredores. Yo también me apunté a esa carrera. La meta era bajar de 1h 10´, pero él salió disparado desde el pistoletazo y a los cuatro kilómetros, casi lo había perdido de vista. Yo iba a mi velocidad, mi mejor marca era entonces 1h 10´23´´ y no podía esperarme bajar muchos segundos de esa marca, aunque me hubiese ido muy bien en la carrera. Cuando llegué a la meta en segundo lugar, en 1h11.59´´ él ya estaba hablando con un periodista. ¡Había cruzado la meta en 1h 06´02´´! Hablando y hablando, por el camino de vuelta, le pregunté que si había pensado correr los 42 kilómetros y 195 metros de un maratón y el me dijo: “! ¡Pucha!, eso es mucho. ¡Ni por esas!” – y ahí se quedó la cosa, pero ya en 1983, con muchos kilómetros más de entrenamiento y con la creciente experiencia adquirida en las pistas, ya parecía una posibilidad, al menos intentar la distancia en alguna ocasión.

La ocasión se presentó cuando se publicaron las mínimas marcas exigidas para participar en los juegos de Los Ángeles. Para los 5000 y los 10000 eran marcas inalcanzables, eso lo sabíamos, porque habíamos participado en varias carreras y también conocíamos nuestra capacidad en esas distancias y veíamos que sería imposible. Hablábamos de estas cosas hipotéticamente, como un pasatiempo y como buenos aficionados, que conocen el esfuerzo necesario para estar ahí. La marca exigida para participar en el maratón, en caso de ser el único representante del país, era de 2h 18´y, al menos yo, lo consideraba alcanzable para Rodrigo. Los resultados de los entrenamientos me aseguraban que podía bajar de esa marca en circunstancias favorables en cuanto a clima y circuito, que debería ser llano y rápido y corriendo con corredores un pelito mejor que su actual categoría. Empezamos a soñar.

Aquí surge de pronto mi amigo Dave Gillanders, que había montado un pequeño negocio de ropa y accesorios para corredores, primero con la marca Ron Hill y después, con una nueva marca inglesa llamada Reebock. Esta marca estaba buscando representación para toda Suecia y Dave Gillanders me contacto para ver si yo estaba interesado en participar con un pequeño capital, como accionista. El quería, aparte de juntar el capital necesario, tener gente relacionada con el deporte en la dirección, así que además de mí se puso en contacto con el campeón sueco de maratón, Tommy Persson (otro estudiante de medicina) que por cierto ya estaba seleccionado para participar en la olimpiada de los Ángeles. Constituimos la sociedad Reebock Sweden y, recibimos una oferta de la casa inglesa de organizar un equipo a parte bajo el nombre de Reebock Racing Team, formado por Rodrigo, mi amigo y corredor español Eduardo Muñoz, Dave Gillanders, Tommy Persson y yo. Con este equipo nos presentamos a carreras por equipos y ganamos muchas de ellas, sacando algo de rendimiento económico de nuestros esfuerzos.

Se iba acercando el tiempo para decidir si se podía conseguir la marca estipulada para participar en los Ángeles, al menos como referencia de lo que podía haber sido si las cosas hubieran sido de otra manera. No olvidábamos la situación de Rodrigo, él era exiliado político y de nacionalidad boliviana. Había sido torturado por su implicación política con la izquierda, y en la actualidad, se encontraba en tierra de nadie. Si hubieseoptado por la nacionalidad sueca, algo que era imposible, pues no llegaba a los entonces estipulados siete años de residencia, no podría haber participado en las olimpiadas, porque, tanto Tommy Persson como Kjell Erik Ståhl tenían marcas insuperables para él. La oportunidad se presentó cuando Tommy Persson fue invitado a correr en Westland (Países Bajos). Le pedí por favor que intentara meter a Rodrigo en la carrera y lo consiguió. Viajaron los dos juntos a la carrera. Yo había preparado la carrera lo mejor que pude, entrenando para bajar de 2h 18´, estaba bastante seguro de que era posible, pero, ¡hay que correrlo! Les dije que por favor me llamasen en cuanto llegaran a la meta. Yo me quedé en casa, mordiéndome las uñas, esperando una llamada. Y la llamada llegó. Era la voz de Tommy que me dijo: ¡“lo ha conseguido! Ha corrido en 2h 17´49´´. Me flaqueaban las piernas. No sabía si gritar o saltar o hacerlo todo a la vez y correr por la casa como un loco. Rodrigo, había conseguido clasificarse, ahora faltaba lo más difícil, conseguir que la federación boliviana le seleccionara.

Comenzó aquí por mi parte una febril actividad para conseguir que le seleccionasen. Empecé a intentar ponerme en contacto con la federación boliviana de atletismo y el comité olímpico del país, sin poder hacerlo en un principio. Al fin, conseguí el número de teléfono directo al presidente de la federación de atletismo, que no parecía muy dispuesto a ayudar a su compatriota, o sí, estaba interesado, siempre y cuando yo incluyese en el paquete a su propia hija, una lanzadora de jabalina que estudiaba en los Estados Unidos y había conseguido resultados que, cuanto más, eran comparables a resultados en competiciones regionales aquí, en Suecia. Por si estos problemas fueran pocos, Bolivia, parecía unirse al boicot contra Los Ángeles por diferentes razones. Como sabemos, el boicot fue organizado por la URSS y sus satélites y secundado por algunos países africanos. Al final, una lista de 19 países boicoteó los juegos:  Afganistán, Albania, Alemania Oriental, Angola, Bulgaria, Burkina Faso, Checoslovaquia, Corea del Norte, Cuba, Etiopía, Hungría, Irán, Laos, Libia, Mongolia, Polonia, Unión Soviética, Vietnam y Yemen del Sur. Bolivia no se sumó al boicot. En ausencia de los países del este, la olimpiada de Los Ángeles fue completamente dominada por los Estados Unidos.

Todavía sin saber si el comité olímpico boliviano pensaba seleccionar a Rodrigo, todo parecía balancear sobre un hilo, decidí asegurarme de que Bolivia no se sumaba al boicot y lo hice por todo lo alto, llamando por teléfono al vicepresidente boliviano, Jaime Paz Zamora, militante en el MIR, como Rodrigo. Al fin, pude hablar directamente con él. Un hombre amable y al parecer dispuesto a ayudarme y ayudar a su compatriota. Le expliqué todas las vicisitudes por las que habíamos pasado hasta ahora y me prometió ayudarme con el comité y la federación. Se notaba que había alguna forma de contacto fácil y directo entre el vicepresidente y los mandatarios del deporte boliviano. Me aseguró que no boicotearían, pero también me dijo que Bolivia no tenía medios para pagar los gastos de la delegación, que ascendían a muchos miles de dólares y a los que había que sumar los gastos del viaje de Rodrigo desde Suecia.

Yo podía haber lanzado la toalla en ese momento. ¡No hay dinero!!Qué se le va a hacer!  Pero, tozudo como soy y con la ayuda de Dave Gillanders, jugué mi última carta; hablar con el comité olímpico internacional en Ginebra, directamente y por teléfono, al tiempo que enviaba una carta oficial desde mi club universitario. La respuesta del comité Olímpico Internacional nos llenó de alegría, garantizaban la participación de seis participantes, pagando los gastos de viaje y estancia. Además, Reebock nos daba dinero para el viaje a Estados Unidos desde Suecia. La participación en la olimpiada estaba ahora asegurada. Nos quedaban meses de duro entrenamiento y preparación y, como siempre pasa, ocurrieron muchas cosas durante los meses de espera. Cosas que yo iré contando en las próximas entradas. Abajo, el autor ayer por la tarde, aprovechando el buen tiempo y llevado en volandas por la nostalgia.

Nonagésimo paseo. Mi paso por las olimpiadas. Primera parte.

Hoy hace mucho calor, aquí en Lund. Más calor de lo normal. Mis paseos transcurren por calles silenciosas, vacías por ser verano y faltar el bullicio estudiantil y, porque los que todavía estamos en la ciudad, buscamos el frescor del bosque o el agua de la playa. Andando, llego a la valla que separa Trollebergsvägen del campo deportivo de Lund, que es uno de los primeros campos deportivos de Suecia y probablemente el más antiguo que todavía está en uso. Se encuentra en el lado norte de Trollebergsvägen, aproximadamente a 900 metros al oeste del ferrocarril. Ya en 1869, un panadero había propuesto al consejo municipal que el área, que en ese entonces estaba fuera de la ciudad, se convirtiera en un área de recreo, pero por diversas razones eso no se acabó de llevar a cabo. Pero en 1891 ya había más interés en el deporte, sobre todo en el ciclismo en pista, y se construyó un velódromo de 360 metros de longitud en forma elíptica, tan inclinada hacia adentro y con una pendiente tan pronunciada en las curvas, que incluso los ciclistas la encontraban desafiante. En el centro había un campo de césped para fútbol, croquet, lanzamiento de jabalina, lanzamiento de disco, entre otras actividades. También había pistas de tenis de cemento. En invierno, el campo central se convertía en una pista de hielo. Fuera de la pista de ciclismo, se planificó una pista de equitación y todo el lugar estaba protegido por vegetación alrededor, y en parte sigue estándolo. En la esquina suroeste se construyó un pequeño edificio para albergar el club. Una ampliación también permitió instalar una dinamo impulsada por una caldera de vapor para la iluminación eléctrica de la pista de hielo, y posteriormente se añadió un pabellón para el juego de bolos.

Cuando yo llegué a Lund, a mediados de los años 70 del siglo pasado, ya se había convertido en una pista de atletismo con tartán rojo, pero conservaba en parte la pista elíptica, convertida en suaves promontorios cubiertos de césped, que se usaban a modo de graderío. En 1978 corrí mi primera carrera en pista justamente aquí. Lo recuerdo como si fuera hoy. Eran los campeonatos regionales de 5000 metros y yo, confiando en que me vendría inspiración divina y fuerzas sobrenaturales, así por que sí, me apunté a la carrera y aprendí que correr 5000 metros en pista es más difícil de lo que parece. En esa tarde de verano, los graderíos estaban llenos de gente que había presenciado el resto de las competiciones y ahora esperaba el plato fuerte, del que yo al parecer formaba parte. Recuerdo el pistoletazo, con un revolver de aquellos de verdad que hacían un estruendo terrible mientras, del cañon salía disparada una columna de humo, que servía a los cronometradores para poner en marcha sus cronómetros de mano, ya que el sonido llega a ellos, en la meta, con un poco de retraso. Medio aturdido por el disparo de salida, corrí como una liebre asustada hasta llegar a la primera curva, donde pisé el borde metálico que delimita la primera pista, torciéndome levemente el pie, y desde allí corrí toda la carrera como farolillo rojo, muy cerca del penúltimo, pero sin poder darle alcance hasta los últimos 200 metros, evitando así, al menos, la última plaza. Luego vendrían muchas más competiciones, muchos entrenamientos, algunos logros y cantidad de momentos felices, que aún recuerdo con cariño.

Mientras miro las pistas desiertas, pienso en las olimpiadas. Vuelvo en mi relato a la olimpiada de 1936 y a los acontecimientos alrededor de ella. Berlín ofreció una falsa sonrisa al mundo en 1936, que muchos quisieron aceptar como sincera. Esa sonrisa duraría muy poco, pues, apenas clausurados los juegos, el partido nazi y sus brutales métodos, con elegantes verdugos vestidos de Hugo Boss, siguió sus campañas de persecución a los judíos y a todos los grupos señalados como enemigos del Reich. Volvieron los carteles de “Solo para arios” (Nur für Arier)[1] y las reglas draconianas que expulsaban a los judíos, socialistas y liberales de sus puestos de trabajo, de sus hogares y, naturalmente, de todos los deportes. El caso más conocido, entre miles de otros casos en todos los deportes, fue el del boxeador Johann Wilhelm Trollmann, nacido en 1907. Este boxeador alemán de origen gitano, fue víctima de la política racista del régimen nazi, que primero le desposeyó del título alemán del peso semipesado que había conquistado en 1933, y diez años después acabó con su vida en el campo de concentración de Neuengamme. Pero muchos más atletas fueron asesinados por los nazis, incluyendo a la enormemente exitosa atleta Lilli Henoch[2], los gimnastas y primos Alfred y Gustav Felix Flatow, y la estrella del fútbol Julius Hirsch.

La única excepción fue la de la esgrimista Helene Mayer, quien fue campeona de Estados Unidos ocho veces entre 1934 y 1946 y la primera mujer en ganar el campeonato mundial en 1937. Y es que Mayer podía ilustrar la situación de muchos alemanes que, brutalmente descubrieron que, al tener un progenitor judío, aunque ni siquiera ellos lo supieran, pues la familia vivía completamente secularizada, su vida quedaría rota a partir de 1933. Mayer, una chica rubia de ojos azules, despuntó muy joven como una gran campeona de esgrima. Terminó en quinto lugar en los Juegos Olímpicos de Verano de 1932 en Los Ángeles, después de haber sabido, dos horas antes de su salida a la pista, que su novio había muerto en un ejercicio de entrenamiento militar en Alemania. Luego permaneció en los Estados Unidos para estudiar durante dos años como estudiante de intercambio en Scripps College, obteniendo un certificado en trabajo social en 1934. Posteriormente, estudió un master en la Universidad de California en Berkeley y practicó esgrima para el USC Fencing Club. Mayer tenía la ilusión de unirse al cuerpo diplomático alemán. Después de que Hitler llegó al poder en 1933, las leyes antijudías casi acabaron con su carrera. Su membresía en su club de esgrima alemán fue terminada, al igual que su intercambio estudiantil. Encontró trabajo enseñando alemán en Mills College en Oakland, California, y luego enseñó en San Francisco City College. En 1935, fue despojada de su ciudadanía en Alemania por las Leyes de Núremberg, que la consideraron no alemana.

Aceptó una invitación para competir por Alemania en los Juegos Olímpicos de Verano de 1936, celebrados en Berlín. Joseph Goebbels exigió a la prensa que “no se hicieran comentarios sobre la ascendencia no aria de Helene Mayer”. En el podio, se la puede ver haciendo el saludo nazi, con la intención, como declararía años más tarde, de proteger a su familia, que aún estaba en Alemania, en campos de trabajo. Ella marcho de vuelta a Estados Unidos y no regresó a Alemania hasta el 1952, muriendo al año siguiente de cáncer de pulmón, a los 42 años.

A Gretel Bergmann no le sirvió siquiera batir el récord alemán en salto de altura en 1936, pues fue apartada de los juegos por ser judía y emigró a Inglaterra y posteriormente a Estados Unidos, donde siguió compitiendo hasta 1940 y ganado títulos No puedo dejar de pensar en todos los deportistas alemanes que, como combatientes, se enfrentaron a antiguos competidores aliados. La guerra sin balas, a la que se refería Orwell, pasó a ser guerra con balas de la noche a la mañana. Pienso que emplear el deporte como arma es mejor que emplear las armas. Aquí la República Democrática Alemana se entregó a fondo para lograr ser una potencia deportiva y lo logró, con una disciplina férrea, eligiendo promesas desde muy temprana edad, más o menos como hace el Barca en fútbol, en todos los deportes. A veces, el ansia de lograr medallas, los llevaba a probar todo tipo de drogas y métodos poco ortodoxos. Yo llegué a conocer muy bien el deporte de la Alemania del Este, por los contactos que nuestra universidad tenía con la de Greifswald y nuestra participación en los Juegos Bálticos Universitarios, en los que participé en 1984, como entrenador y atleta.

Estoy por tanto en el 1984 y me he saltado algunas olimpiadas. La del 1948 en Londres, primera después de la guerra, que juntó a atletas de 59 países, algunos de los cuales habían luchado unos años antes en una terrible guerra. El regreso a la competición olímpica fue una forma de celebrar la paz y la recuperación tras los devastadores años de guerra. Allí surgieron mitos, como el de Emil Zatopek, un joven obligado a correr por los nazis que llegó a ser el mejor corredor del mundo, cuando se dio cuenta que la capacidad de correr rápido le liberaba de trabajos forzados en la ocupación de su país, Checoslovaquia, por los alemanes. La del 52, en Helsinki y la del 56 en Melburne no me dejaron ningún recuerdo, pero la del 60 en Roma, me dejó el recuerdo de un africano corriendo descalzo por las calles empedradas de la ciudad eterna, el primer africano en ganar un maratón olímpico y el primero en una larga serie de corredores africanos colgándose medallas en todas las distancias, sobre todo en las medias y largas. En la del 1964, en Tokio, Tambien ganó el formidable etíope, Abebe Bikila, el maratón, esta vez con zapatos. Yo, que seguí los juegos como pude, quedé un poco decepcionado con el resultado de nuestros atletas, la verdad.

Los juegos olímpicos del 1968 estuvieron marcados por la revuelta estudiantil el 22 de julio de 1968, enfrentamientos del 22 y 23 de julio de 1968 fueron una serie de conflictos ocurridos en la Ciudad de México entre estudiantes de diversas escuelas, universidades públicas y privadas y las fuerzas policíacas y militares de México. Todo eso días antes de la inauguración y más tarde, en octubre, la masacre de Tlatelolco donde murieron unos 400 estudiantes concentrados en la Plaza de las Tres Culturas. De esos acontecimientos era yo consciente porque pasaban como consecuencia del mayo de 68, que yo había vivido muy de cerca en París.

En la olimpiada del 72 y despuntaban hasta cierto punto los atletas españoles y se trajeron una medalla, de bronce y en la categoría de minimoscas (48 Kg), pero, lo que nunca olvidaré, fue la heroica carrera de Mariano Haro en los 10.000, en la que quedó cuarto y en la que el finlandés Lasse Virén protagonizó una de las gestas más sonadas del atletismo mundial al ganar el oro, además con récord mundial, tras haber caído de bruces al tartán en una de las primeras vueltas y verse obligado a remontar durante el resto de la carrera, hasta hacerse con el mando y ganarle al belga Emiel Puttemans por un segundo. Con Mariano Haro no he tenido el honor de competir, pero lo he hecho con Lasse Virén y con Emiel Puttemans. He corrido con ambos en el maratón de Estocolmo. En el 1982, cuando Emiel Puttemans intentaba batir el récord de maratón, que estaba en manos del cubano-americano Alberto Salazar, y todavía se podía decir, que estaba al alcance de los humanos, entonces estaba en 2.08.52, ¡hoy en imposibles 2.00.35!  Puttemans venía de ganar el maratón de Roma y estaba seguro de ganarles a los dos mejores maratonianos suecos, Tommy Persson y Kjell Erik Ståhl, que tenían marcas que rondaban los 2.11. Yo estuve con los tres en la salida. En realidad, no había pensado correr esa carrera y llegué a Estocolmo acompañando a otros corredores, pero me convencieron para correr y lo hice. Venía yo de quedat tercero en un maratón y me envalentoné. El maratón de Estocolmo es un macromaratón con miles de participantes y, a la élite, unos doscientos corredores con las mejores marcas, nos ponen delante.

Me dejé llevar por el instinto de competición y el orgullo de estar junto a dos medallistas olímpicos y corrí los primeros cinco kilómetros a una velocidad, que ni siquiera había corrido en los 5000m en pista. Hacía calor, 31 grados, sol y fiesta popular. La policía estimaba que había unos 300,000 espectadores a lo largo de la carrera. Por primera vez, la carrera se contaba como el campeonato sueco. En seguida vino la factura, en forma de ácido láctico y vi como se marchaban hasta desaparecer en el horizonte. Yo terminé la carrera, llegué a la meta, recogí mi medalla conmemorativa y me fui a casa recordando, que había corrido entre campeones, que ya es algo. A Puttemans, ya con 35 años, no le fue tampoco muy bien y se retiró a mitad de camino, tras haber intentado irse de los suecos. Kjell-Erik Ståhl  consiguió el campeonato sueco a sus, por aquel entonces, impresionantes 36 años. A Lasse Virén le conocí también en el maratón de Estocolmo en 1984. Ese día corrí junto a el en los precalentamientos. Yo no participé en la carrera, pero estaba allí acompañando a uno de los corredores que yo entrenaba, el boliviano Rodrigo Camacho, que más tarde correría en la olimpiada de los Ángeles ese mismo año. Lasse Virén hizo allí su último intento de clasificarse para Los Ángeles, pero no consiguió terminar la carrera. En lugar de seguir corriendo, comenzó otra carrera, la política, sin dejar su trabajo como policía. En 1999 fue elegido diputado finlandés por el Partido de Coalición Nacional, y luego estuvo en el parlamento hasta 2007, así como una vez más entre 2010 y 2011. Posteriormente, se convirtió en presidente del consejo municipal, alcalde, en su municipio natal de Myrskylä.

Los ingleses inventaron el deporte moderno, y también fueron los ingleses los que me metieron de lleno en el mundo olímpico, como el que no quiere la cosa. A partir de mi mejor resultado en el maratón, 2h.29´.37´´ en el maratón de Köge, en Dinamarca, a la vez que hacía mi curso como entrenador de élite, fui objeto de cierta atención por parte de corredores y clubes. El club de deportes de la universidad de Lund me convenció para que dejase mi primer club, el Eslövs AI, y entrenase a los estudiantes que querían practicar el atletismo. Enseguida entre en contacto con el representante de la marca japonesa Tiger, ahora conocida como Asics, que me ofreció respaldar al club económicamente. Se da la casualidad de que este representante era uno de los jugadores de fútbol que consiguieron la medalla de plata para Suecia en los mundiales que se jugaron aquí en 1958 y en el que Brasil, con un jovencísimo Pelé, ganó el oro. Cuando descolgué el teléfono y escuché una voz que se presentaba como Sven Axbom, creí que era una broma, pero no, yo estaba hablando con el defensa de la mítica selección sueca de fútbol del mundial de 1958.

Con el respaldo económico de Tiger, tuve la posibilidad de planificar competiciones, viajes y estancias con los corredores, que nos llevaron a muchos países. Nunca olvidaré nuestra participación en los campeonatos estudiantiles internacionales de Londres, los llamados Hyde Park Relays, donde yo mismo me vi corriendo codo con codo con el mismísimo Sebastian Coe, mito de la carrera de medio fondo y actual presidente de la IAAF (Federación Internacional de Atletismo Amateur). Y. como ya he descubierto, la participación como equipo representando Suecia, con servidor como abanderado, no digo más, en los juegos Bálticos de la Amistad, en la ciudad de Greifswald, en la Alemania del Este en 1984. En estos juegos, organizados para dar a conocer el boicot de los países comunistas a la olimpiada de Los Ángeles. En 1984, los Juegos Olímpicos se celebraron en Estados Unidos, con la ciudad de Los Ángeles como sede principal. Los americanos habían boicoteado la olimpiada de Moscú en 1980. En respuesta al boicot anterior, la URSS anunció su negativa a participar en Los Ángeles y organizaron una competencia paralela, junto con otros países comunistas, llamada “las Olimpiadas de la Amistad”. En este caso, solo 14 países siguieron el boicot (la URSS y sus más estrechos aliados).

Sin embargo, aunque en efecto la cantidad de países ausentes fue menor, el boicot tuvo un efecto especial. Estas naciones ausentes habían conseguido casi el 60% de las medallas de los Juegos Olímpicos de 1976, por lo que, en definitiva, se notó enormemente la ausencia de las delegaciones de los países del Bloque comunista que tenían una fuerte tradición de apoyo estatal al desarrollo deportivo. Dicho sea de paso, el primer antecedente de los boicots a los Juegos Olímpicos fue en los juegos del 1976. El bloqueo fue organizado por un conjunto de países africanos como protesta contra Nueva Zelanda, por haber estrechado sus lazos deportivos con Sudáfrica.

En Greifswald aguantamos estoicamente la perorata del alcalde de la ciudad, que nos advertía de los males del capitalismo y de la malicia de los americanos, instándonos a cultivar mayores virtudes. “Será como la virtud de saber que potingues tomar para aumentar la fuerza y la resistencia” – decía yo para mis adentros, con una sonrisa en los labios. En esta competición participó Rodrigo Camacho, el boliviano de nuestro club y Eduardo Muños, un español que se reveló como un excelente corredor y que yo llevé al club, junto con unos velocistas, que, aquí en Grefswald, tuvieron que vérselas con los mejores velocistas del otro lado del telón de acero, que aún no estaba completamente oxidado.  Yo, por mi parte, participé en los 5000 metros junto a Rodrigo y Eduardo, en una carrera multitudinaria, con los mejores mediofondistas del este y algún que otro danés y finlandés y me alegré de llegar a la meta entre aplausos, que respetaban mi coraje como entrenador, al atreverme a participar en la carrera. Como un pequeño paréntesis, contaré que, cansadísimo por la carrera, me fui al apartamento que habían puesto a nuestra disposición en una residencia de estudiantes, ubicado en un quinto piso sin ascensor y, una campeona alemana, lanzadora de disco, se apiadó de mí y me subió a hombros por las escaleras. Al llegar a mi rellano y bajarme me dio un beso y sentí como me raspaba su barba. Seguiré mañana, que esto debe bastar por hoy.


[1] Los aproximadamente 525,000 judíos que vivían en Alemania fueron discriminados y expulsados de todos los ámbitos de la vida pública y de la economía alemana a través de una serie de leyes tras la toma de poder de Hitler. Además de las leyes que prohibían a los judíos el acceso a ciertas profesiones (como la “Ley para la Restauración del Funcionariado Profesional”, del 7 de abril de 1933), hubo numerosas otras medidas a través de las cuales la población judía fue despojada, marginada y discriminada. A partir de 1934 aparecieron carteles en bibliotecas públicas y piscinas, teatros y cines, así como en ciertos restaurantes y tiendas, que prohibían la entrada a los judíos. Incluso los bancos de los parques, llevaban inscripciones como “solo para arios”.

[2] Henoch estableció récords mundiales en lanzamiento de peso, disco (dos veces) y en relevos de 4 x 100 metros. También ganó los campeonatos alemanes en lanzamiento de peso cuatro veces, en relevos de 4 x 100 metros tres veces, en disco dos veces, y en salto de longitud. Asesinada por ser judía en 1942.

(Photo by Fred Ramage/Getty Images)

Paseo octogésimo noveno. Un día como hoy en 1936, se frustró una inauguración y comenzó una guerra.

Ayer me dediqué no solo a pasear, aunque esto también lo hice, porque están los días para ello y, como solemos decir aquí, el verano es corto y hay que aprovecharlo. El atentado frustrado contra Trump me recordó que, eso de los magnicidios y la violencia política, es algo que ha ocurrido con mucha frecuencia en la historia y, sin intención de analizar profundamente, me limité a enumerar todos los casos conocidos, al menos los que yo he podido encontrar, y me he dado cuenta de que hay muchos más, entre otras cosas, porque mis amigos lectores, como Xavier Muñoz Torrent, me han recordado que me salté a Publio Helvio Pertinax, otra víctima de la violencia política.

Hoy prefiero pensar que las olimpiadas se aproximan inexorablemente. Las olimpiadas es algo que me fascina y yo tengo una cierta conexión con ese mundo que, en alguna ocasión, en otra de mis entradas, ya expliqué. Por tanto, hoy me voy a dedicar a explicar lo que yo sé de las olimpiadas y mi relación con ellas; las que fueron y las que no pudieron ser.

Los Juegos Olímpicos tienen sus orígenes en la antigua Grecia, donde se celebraban en honor a Zeus, el rey de los dioses en la mitología griega. La fecha tradicionalmente aceptada para los primeros Juegos Olímpicos es el año 776 a.C.[1] Esta fecha marca el inicio del calendario de las Olimpiadas, períodos de cuatro años que se utilizaron como una forma de medir el tiempo en la antigua Grecia.

Aparte de su significado religioso, las olimpiadas tenían como función reafirmar un orden entre los pueblos helenos. Un orden para conseguir la paz, un alto en las numerosas contiendas en las que se hallaban envueltos los antiguos griegos. Por tanto, las olimpiadas contenían la promesa de la tregua o paz olímpica, un periodo en el cual las guerras se suspendían temporalmente, con objetivo de que los deportistas pudieran desplazarse a Olimpia para participar en los Juegos Olímpicos Antiguos y luego volver a sus ciudades en paz. La mitología popular atribuía la firma de la primera tregua olímpica a los reyes Licurgo de Esparta, Ífito de Élide y Cleóstenes de Pisa. La ciudad de Olimpia, además de ser el lugar de los juegos, tenía el estatus de territorio o zona neutral, por ello, aunque las ciudades se encontraran en guerra, sus representantes podían participar en los juegos y, eventualmente, reunirse en Olimpia para realizar negociaciones de paz.

En la actualidad, en julio de 2024, el mundo está en guerra. Basta una mirada a los medios de comunicación para descubrir que en Europa y en Oriente Medio, guerras fratricidas consumen pueblos, destruyen ciudades, arruinan las esperanzas de los jóvenes y perturban la tranquilidad de los ancianos. Ante las olimpiadas de Barcelona en 1992, surgió la idea de despertar la fórmula de la paz olímpica. Ya en 1991, a raíz de las Guerras Yugoslavas y las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Comité Olímpico Internacional comenzó a estudiar la restauración de la tregua olímpica y, el 21 de julio de 1992, su nonagésima novena asamblea instó a todos los Estados a observarla para los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Posteriormente, en la resolución 48/11, de 25 de octubre de 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas, también instó a los Estados miembros a que observaran la tregua olímpica. Sería deseable que, ante esta olimpiada de París, se llegara a algo parecido. No podemos tener una olimpiada en medio de dos guerras en nuestra proximidad. Deberíamos utilizar la posibilidad que una tregua podría lograr, de entablar conversaciones de paz, tanto entre Ucrania y Rusia, como Israel y Palestina. Sería una ocasión privilegiada para conseguir una paz duradera.

Yo les llamo a estas guerras, guerras fratricidas, porque son guerras que enfrentan a pueblos con culturas similares, entrelazados por la historia y que ha sabido convivir pero que, lanzados a la barbarie por tendencias políticas extremas, son obligados a odiarse mutuamente.  La palabra “paz” en ucraniano es “мир” (mir), igual que en ruso. En hebreo la palabra “paz” es  “שָׁלוֹם” (shalom) y en árabe es “سلام” (salaam). Tan cerca pero tan lejos. Tan parecidos, que los que están interesados en mantener la guerra, intentan diferenciar artificialmente las culturas, para que no se note el parentesco. Para que no se den cuenta que están luchando entre hermanos.

Hace a penas unos días caminaba yo por Montjuic y, como siempre, me acerqué hasta el estadio, ese bello estadio, construido para la Exposición Internacional de 1929 en Barcelona y que pensaba ser sede de los juegos olímpicos de 1936. España presentó su candidatura en 1931, El Comité Olímpico Internacional se reunió justamente en Barcelona el 24 de abril de 1931, diez días después de la declaración de la segunda república, para decidir la sede de los Juegos Olímpicos de 1936. Berlín fue elegida por mayoría de votos (43), superando a otras ciudades candidatas como Barcelona (segunda con 16), Roma (tercera con 6), Budapest (cuarta con 2) y Helsinki (1). Berlín fue elegida como sede de los Juegos Olímpicos de 1936 antes de la llegada de los nazis al poder, en un esfuerzo por reintegrar a Alemania en la comunidad internacional y promover la paz. Entonces, nadie podía augurar que poco más tarde, los nazis, ya en el poder, utilizarían esa misma olimpiada para blanquear su imagen y conseguir un gran escaparate propagandístico para su visión de sociedad. En respuesta, muchos grupos antifascistas, socialistas y comunistas de todo el mundo decidieron organizar una alternativa a los Juegos de Berlín, llamada la Olimpiada Popular, para protestar contra el régimen nazi y su uso de los deportes con fines propagandísticos. Barcelona, una ciudad con fuertes tradiciones izquierdistas y un espíritu republicano, fue elegida como la sede de la Olimpiada Popular. Se esperaba que atletas de más de 20 países participaran en este evento, que se planificó para celebrarse del 19 al 26 de julio de 1936. Se inscribieron 6000 atletas de 22 naciones (4000 españoles y 2000 extranjeros, de ellos, 1500 franceses), siendo las delegaciones de Estados Unidos, Francia, Países Bajos, Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Noruega, Suecia y Argelia las más numerosas. También hubo equipos representando a los judíos exiliados, a Alsacia, Cataluña, Galicia y el País Vasco. La participación de los países se estructuró en tres categorías: nacional, regional y local. Lo que implicaba la admisión de naciones sin Estado. Por ejemplo, se inscribió Palestina, así como una delegación de judíos emigrados, lo que era una respuesta frontal a la prohibición de los judíos en la Olimpiada de Berlín, motivo más que suficiente para no asistir a Berlín.

En el verano de 1936, la gente ya no podía ignorar lo que ocurría en Alemania. Hitler había remilitarizado la región de Renania en violación del tratado de Versalles que puso fin a la Primera Guerra Mundial y había comenzado a reunir a judíos, romaníes, izquierdistas, hombres acusados de ser gais y personas con discapacidades y enviarlos a campos de concentración. En los parques de Berlín, se reservaban los bancos para “arios” con carteles que fueron quitando al acercarse las olimpiadas, para no soliviantar los ánimos de los asistentes a la olimpiada.

Las alternativas a los juegos olímpicos no eran una idea nueva. Las Olimpiadas Internacionales de Trabajadores se habían celebrado cada cuatro años desde 1921 para contrarrestar la inclinación de los juegos oficiales, percibida como aristocrática, pero el esfuerzo socialista excluyó a anarquistas y a otros miembros del Frente Popular. Los Juegos Macabeos inaugurados en 1932 continúan hasta la actualidad, pero esa competición era principalmente para atletas judíos y, más adelante, israelíes.

Los equipos de Alemania e Italia estaban compuestos por exiliados de dichos países. La mayoría de los atletas pertenecían a asociaciones y clubes deportivos sindicales y partidos de izquierda, y no a los comités deportivos estatales u olímpicos, aunque entre ellos se encontraban algunos de alto nivel. Las mujeres también competirían, con más oportunidades para demostrar sus habilidades de las que permitía el Comité Olímpico Internacional en Berlín. «La imagen de la Olimpiada Popular no estaría completa si una mujer no ocupaba el lugar que le corresponde en ella», proclamaron los organizadores, entre ellos el Club Femenino y de Deportes de Barcelona.

Cómo todos sabemos, el 18 de julio de 1936, un día antes de la inauguración de la inauguración programada de la Olimpiada Popular, comenzó un golpe militar contra el gobierno de la Segunda República Española, un levantamiento que, al ser frenado en Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao, pasó de levantamiento a una guerra civil que duró casi tres años y costó más de medio millón de victimas durante la guerra y por causa de las posteriores represalias. Como es lógico, no hubo inauguración el 19 de julio y muchos de los atletas y delegaciones que habían llegado a Barcelona para participar en la Olimpiada Popular quedaron atrapados en la confusión y la violencia. La mayoría de los participantes extranjeros fueron evacuados con la ayuda de sus respectivos consulados. Algunos se unieron a las milicias republicanas para luchar contra el levantamiento fascista. Al menos, 200 de los atletas, como Clara Thalmann, nadadora suiza, permanecieron en España y se unieron a las milicias obreras organizadas para luchar por la Segunda República Española en la guerra

Aunque la Olimpiada Popular nunca se llevó a cabo, su planificación y los ideales que representaba dejaron una marca simbólica en la historia del deporte y la lucha antifascista, por eso, la Olimpiada Popular es recordada como un esfuerzo significativo para utilizar el deporte como medio de resistencia y solidaridad internacional contra el fascismo. “El deporte – dijo Georg Orwell, que participó en la guerra civil española por el lado de la república – “es una guerra sin disparos”.

Deporte y política han ido de la mano desde entonces. A veces “la guerra sin disparos” se ha convertido en una guerra con disparos y con muertos, como fue el caso en 1972, durante los Juegos Olímpicos de Múnich, los segundos en Alemania, 36 años después de los de Berlín. Curiosamente 72 es la suma de 36 + 36, para el que le interese el misterio de los números. En estos juegos, en los que encontró el futuro rey Gustavo Adolfo de Suecia a su futura esposa, Silvia Sommerlath, se cometió uno de los actos terroristas más sonados, cuando, el 5 de septiembre, terroristas palestinos asesinaron primero a dos atletas israelíes, y tomaron a otros nueve como rehenes, reclamando la liberación de más de un centenar de presos palestinos. Tras un frustrado intento de rescate, se desató una masacre en la que acabaron muertos los nueve rehenes israelíes y un oficial de la policía de Alemania Occidental, así como cinco de los ocho terroristas. Los Juegos siguieron como si nada hubiese pasado, “The show must go on”, como se suele decir. Así llegamos al 92 y yo tengo muchas cosas que contar de esos Juegos. De lo que ocurrió antes, durante y después de los Juegos, en los que yo jugué un pequeño papel. Pero, todo esto, mejor lo cuento en otra entrada más adelante.


[1] Las fuentes que se suelen citar son, sobre todo, Heródoto, en el siglo V a.C. que menciona las olimpiadas y se refiere a ellas como una institución ya establecida en su tiempo. Diodoro Sículo: Un historiador griego del siglo I a.C. hace referencias a los Juegos Olímpicos en su “Biblioteca histórica”. En la obra “Descripción de Grecia” de Pausanias, un geógrafo e historiador griego del siglo II, menciona las Olimpiadas y da algunos detalles sobre los primeros juegos y sus ganadores. También hay fuentes arqueológicas, inscripciones de los ganadores y cronologías, como la del historiador griego, Timeo de Tauromenio en el siglo IV a.C. Aparte, excavaciones en Olimpia han revelado estructuras y artefactos relacionados con los Juegos Olímpicos, como el estadio, templos y altares dedicados a Zeus, que datan del siglo VIII a.C. Descubrimientos de herramientas, cerámicas y otros objetos en el sitio de Olimpia han proporcionado evidencia de actividades deportivas y rituales que se llevaron a cabo en ese período. Monedas y piezas de cerámica encontradas en diversas partes de Grecia y colonias griegas también han representado escenas de los Juegos Olímpicos, ayudando a confirmar la importancia y la antigüedad de estos eventos.

Para leer más y ver abundante información gráfica ver: https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura—ocio/1936-olimpiada-popular-barcelona/20210407182237186470.html

Un buen análisis encontramos en André Gunot: “El proyecto de la olimpiada popular de Barcelona (1936), entre Comunismo internacional y Republicanismo regional” https://www.researchgate.net/publication/28171263_El_proyecto_de_la_olimpiada_popular_de_Barcelona_1936_entre_Comunismo_internacional_y_Republicanismo_regional

Paseo octogésimo octavo. Magnicidios y violencia política en la historia.

Sigo en la pista de los magnicidios, ya que me puse a juntar datos sobre los ocurridos en Estados Unidos, en mi entrada anterior. Para no hacer la lista demasiado larga, he optado por referirme a los casos que han resultado en la muerte de la víctima. Si me hubiese dedicado a escribir sobre todos los intentos, no tendría capacidad en mi página web. Aquí, en Europa, tenemos, como es sabido una gran tradición en la perpetración de ese tipo de delitos. A veces, han sido obra de un enajenado, movido por motivos personales, casi siempre disfrazados de ideologías políticas. En otras ocasiones han sido la culminación de una trama, promovida por una parte de la élite, que se ha podido sentir desplazada o, simplemente, como una forma de conseguir un cambio en las altas esferas del poder. Para los casos antiguos, me permito una cierta licencia poética, ya que las fuentes que tenemos son escasa y casi siempre tendenciosas.

En el imperio romano era casi una costumbre matar o intentar matar a sus líderes, así que empiezo por ahí, aunque Roma no es parte de la Europa moderna o, mejor dicho, no es solo Europa. La violencia política estaba generalizada y los potentados, usaban a sus clientes para ejercerla. Tiberio Graco, un tribuno de la plebe que promovía reformas agrarias para distribuir tierras a los pobres, fue asesinado el año 133 a.C. junto con muchos de sus seguidores por una turba de senadores y sus partidarios durante una confrontación en el Foro Romano. En 121 a.C., su hermano Cayo Graco, que continuó con las reformas, también fue asesinado junto con sus seguidores en una violenta represión organizada por el Senado. En 88 a.C., Sila marchó sobre Roma con su ejército, una acción sin precedentes en la historia de la República. Después de consolidar su poder, Sila llevó a cabo las proscripciones, listas de enemigos del estado que podían ser asesinados legalmente, resultando en la muerte de miles de sus oponentes políticos.

En cuanto a los magnicidios, es relevante comenzar con el asesinato de Julio César, el año 44 anterior a nuestra era, fue asesinado por un grupo de senadores, incluyendo a Bruto y Casio, en un complot para restaurar la República. A su hijo adoptivo, Augusto, también es posible que se lo cargasen. Hay algunas especulaciones y rumores históricos de que pudo haber sido envenenado por Livia, su esposa, para asegurar la sucesión de su hijo Tiberio, pero no hay evidencia sólida que respalde esta teoría. Los historiadores de la época, como Suetonio y Tácito, mencionan estas especulaciones, pero también destacan la falta de pruebas concluyentes. Según Suetonio y Tácito, cuando Tiberio, el hijo de Augusto, cayó gravemente enfermo y parecía estar a punto de morir, Calígula, su sucesor designado, comenzó a prepararse para asumir el poder. Sin embargo, Tiberio se recuperó momentáneamente, lo que generó temor en Calígula y en el prefecto del pretorio, Marco, que Tiberio podría sobrevivir y causar problemas. Según estos relatos, Marco sofocó a Tiberio con una almohada para asegurarse de su muerte y garantizar la ascensión de Calígula. También aquí estamos ante rumores, que la literatura y el cine han difundido ampliamente.  A Calígula, emperador conocido por su tiranía, lo asesinó al parecer su propia guardia pretoriana el año 41. Su tío Claudio, que heredó el puesto, fue según algunas fuentes, envenenado por su esposa Agripina para que su hijo Nerón pudiera ascender al trono el año 54. Y el mismo Nerón, conocido por su crueldad y extravagancia, fue obligado a suicidarse en el año 68 después de ser declarado enemigo público por el Senado.

Ya en el año 69, Galba fue asesinado por soldados leales a Otón durante el Año de los Cuatro Emperadores y, al propio Otón, no le fue mucho mejor, porque se suicidó después de ser derrotado en la batalla que siguió a la muerte de Galba. Eran esos, verdaderamente tiempos revueltos, por parafrasear una conocida serie de la televisión española. El mismo año sucumbió Vitellio a las puñaladas de los seguidores de Vespasiano, también durante el Año de los Cuatro Emperadores.

Al emperador Domiciano lo mataron el año 92 en una conspiración palaciega, probablemente con la complicidad de su esposa Domicia y miembros de la guardia pretoriana. Esa guardia pretoriana, pensada como defensa del emperador pero que también se podía volver contra ellos, si alguien les pagaba mejor.

A Cómodo lo mandaron al otro mundo el año 192 en una conspiración que involucraba a su círculo íntimo, incluyendo a su concubina Marcia. Caracalla, el de los baños, murió asesinado el 217 por un soldado bajo las órdenes del prefecto del pretorio Macrino, quien luego se proclamó emperador. De nuevo, la guardia pretoriana asesino a un emperador, esta vez Elagábalo, asesinado el 222 en un complot iniciado por su propia madre, Julia Soemia, para instalar a Alejandro Severo, que también encontró la misma suerte en 235, asesinado junto con su madre por sus propias tropas en un motín.

El emperador Gordiano III murió en circunstancias sospechosas el año 244 durante una campaña militar; se cree que fue asesinado por sus propios soldados o por orden de su sucesor, Filipo el Árabe, el cual también fue asesinado por sus propias tropas después de ser derrotado por Decio.

A Galieno lo asesinaron el año 268 a resultas de una conspiración militar mientras sitiaba a los usurpadores. Aureliano cayó 275 asesinado por sus propios oficiales bajo la falsa creencia de que planeaba ejecutarlos. La misma suerte corrió Probo en 282, ejecutado por sus propias tropas en un motín. También puede ser que Numeriano fuera asesinado el 284, pues murió en circunstancias sospechosas, siendo su muerte probablemente un asesinato encubierto por el prefecto del pretorio Aper, quien luego fue ejecutado por Diocleciano.

Larga lista ¿verdad? Sin duda era muy peligroso estar arriba de la pirámide de poder en Roma. La historia nos deja una imagen del ambiente de sospecha y las luchas de poder que definían la política imperial. La violencia política alcanzaba también a filósofos y pensadores, como nuestro Séneca, que fue acusado de conspirar contra Nerón en la fallida conspiración de Pisón, y, a pesar de su negación, se le ordenó suicidarse. Séneca se cortó las venas en su baño, siguiendo la tradición estoica de enfrentar la muerte con dignidad. Recuerdo lo absurdo que me parecía este suicidio, representado en forma de dibujo en nuestro libro de texto, y lo que yo imaginaba cuando nos lo contaba nuestro profesor. Esa violencia política fue heredada por los ostrogodos y otra de sus víctimas fue Boecio, un filósofo y estadista romano que sirvió bajo el rey ostrogodo Teodorico el Grande. Acusado de conspirar contra Teodorico, Boecio fue arrestado, encarcelado y finalmente ejecutado en el año 524. Durante su encarcelamiento, escribió su obra más famosa, “La consolación de la filosofía”.

Los asesinatos de mandatarios europeos también han sido, si no frecuentes, si considerables. Sin mucho buscar encuentro a tres franceses: Enrique IV en 1610, Sadi Carnot, en 1894 y Paul Doumer en 1932. Y eso, dejando de lado la muerte de un monarca ejecutado y otros políticos de suma importancia que perdieron la vida en atentados. Podíamos mencionar aquí a Jean-Paul Marat que, aunque no fue jefe de estado, fue una figura prominente durante la Revolución Francesa, como también lo fue Louis-Michel Lepeletier de Saint-Fargeau, otra victima del magnicidio en 1793.

Enrique IV, también conocido como Enrique de Borbón, fue asesinado en París por François Ravaillac, un fanático religioso católico. Ravaillac estaba convencido de que Enrique IV estaba conspirando contra la Iglesia Católica y que iba a lanzar una guerra contra España y el Papa. El asesinato ocurrió cuando Enrique IV se trasladaba en su carruaje por las estrechas calles de París. El carruaje quedó atrapado en un embotellamiento en la Rue de la Ferronnerie, lo que le dio a Ravaillac la oportunidad de acercarse. Ravaillac se subió al carruaje y apuñaló a Enrique IV en el pecho con un cuchillo, causándole la muerte casi instantáneamente. Se da la circunstancia de que, el padre de Enrique IV, Enrique III, también murió de forma violenta, en su caso de resultas de la herida recibida en un ojo, durante un torneo para celebrar la firma del Tratado de Cateau-Cambrésis, que puso fin a las guerras entre Francia y España, así como los matrimonios de su hija Isabel de Valois con Felipe II de España y de su hermana Margarita de Valois con el duque de Saboya.

Sadi Carnot estaba en el cénit de su popularidad cuando, el 24 de junio de 1894, tras haber dado un discurso durante la celebración de un banquete público en Lyon, en el que insinuó que, pese a su popularidad, no se presentaría a la reelección, fue acuchillado por un anarquista italiano llamado Sante Gerónimo Caserio el cual, a causa de la supresión violenta que el presidente había ordenado de una huelga local, decidió acabar con su vida. Carnot murió a consecuencia de las heridas poco después de la medianoche del 25 de junio.

En Inglaterra los magnicidios y muertes políticas también han sido considerables. Eduardo II en, fue depuesto por su esposa, la reina Isabel, y su amante, Roger Mortimer. Fue encarcelado en el castillo de Berkeley, donde fue asesinado, probablemente bajo órdenes de Isabel y Mortimer en 1327.

Ricardo II fue depuesto por Enrique Bolingbroke, el que se proclamaría Enrique IV, y encarcelado en el castillo de Pontefract, donde murió en circunstancias sospechosas, posiblemente asesinado en 1400, para evitar intentos de restaurarlo en el trono.

Durante la Guerra de las Rosas, Enrique VI fue depuesto y encarcelado en la Torre de Londres, donde fue asesinado en 1471, probablemente por órdenes de Eduardo IV para consolidar su reclamación al trono.

George Villiers, primer duque de Buckingham y favorito de los reyes Jacobo I y Carlos I fue asesinado por un oficial descontento, John Felton, quien lo apuñaló en Portsmouth en 1628, según Felton, por las fallidas campañas militares y el malestar general en el reino.

Spencer Perceval es el único primer ministro británico asesinado en el cargo. Fue asesinado por John Bellingham en el vestíbulo de la Cámara de los Comunes en 1812. Bellingham tenía un agravio personal contra el gobierno debido a una disputa sobre indemnizaciones.

Lord Frederick Cavendish, secretario jefe para Irlanda, fue asesinado junto con su subsecretario, Thomas Henry Burke, por miembros de los “Invincibles”, una organización separatista irlandesa, en el Phoenix Park en Dublín. Este evento es conocido como los Asesinatos de Phoenix Park. Aquí vemos una premonición de la violencia terrorista en Irlanda que culminó con la separación de Irlanda y el terror de IRA.

En el resto de Europa y en el mundo entero, se mataban jefes de estado y políticos de primera fila sin cesar. Juan Prim, presidente del consejo de ministros durante el reinado de Amadeo I, fue herido gravemente en un atentado el 27 de diciembre de 1870 en Madrid y murió a causa de sus heridas tres días después. Antonio Cánovas del Castillo, presidente del consejo de ministros, fue asesinado el 8 de agosto de 1897 por el anarquista italiano Michele Angiolillo mientras tomaba un descanso en el balneario de Santa Águeda, en Mondragón.

El asesinato del Archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo en 1914 por Gavrilo Princip, es uno de los más conocidos, ya que fue uno de los desencadenantes de la Primera Guerra Mundial. Conocida es, también la muerte de Nicolás II de Rusia y su familia en 1918, ejecutados por los bolcheviques durante la Revolución Rusa.

Los años 30 del siglo pasado eran, como bien sabemos muy convulsivos. En todo el mundo se produjeron atentados contra jefes de gobierno y jefes de estado. Sin pretender abarcarlos todos, nombraré algunos de estos atentados que resultaron con la muerte de algún mandatario. Empiezo en el Japón, donde Inukai Tsuyoshi, primer ministro de Japón, fue asesinado por oficiales militares en el incidente del 15 de mayo de 1932, parte de una serie de intentos de golpe de estado por parte de jóvenes oficiales de la Marina Imperial Japonesa. El presidente francés Paul Doumer fue víctima de un atentado en París, el 6 de mayo de 1932 por parte del médico ruso antibolchevique Paul Gorgulov, quien declaró posteriormente que lo hacía para vengarse de la inactividad de las democracias europeas frente a la constitución de la Unión Soviética, y a quien se vinculaba con la extrema derecha. Doumer murió como consecuencias de las heridas al día siguiente. Luis Miguel Sánchez Cerro, presidente de Perú, murió el 30 de abril de 1933 asesinado por un simpatizante aprista. El Rey Alejandro I de Yugoslavia fue asesinado el 9 de octubre de 1934 en Marsella, Francia, por Vlado Chernozemski, un miembro de la Organización Revolucionaria Interna de Macedonia y del Movimiento Ustacha croata. En Austria, Engelbert Dollfuss, canciller de Austria, cayó víctima de un intento fallido de golpe de estado llevado a cabo el 25 de julio de 1934 por nazis austriacos. Estoy seguro de que me dejo muchos casos en el tintero, pero esta lista, debe bastar para demostrar que la violencia contra políticos y mandatarios ha sido algo muy frecuente.

Ya en tiempos más recientes tenemos la muerte de Dag Hammarskjöld, el secretario general de las Naciones Unidas desde 1953 hasta su muerte en 1961, que murió en un accidente aéreo. El avión se estrelló en circunstancias que han sido objeto de controversia y especulación. La versión oficial inicial sugería que el accidente fue causado por error del piloto, pero posteriormente surgieron teorías sobre un posible ataque o sabotaje. Informes y testimonios han señalado la posibilidad de que el avión pudiera haber sido derribado. A lo largo de los años, se han llevado a cabo varias investigaciones, tanto por parte de las Naciones Unidas como por otros organismos. En 2017, el actual secretario general de la ONU, António Guterres, anunció una revisión de nuevas pruebas sobre el accidente, manteniendo abiertas las posibilidades de que el avión haya sido derribado intencionalmente. Sin embargo, hasta la fecha, no se ha llegado a una conclusión definitiva sobre las causas exactas del accidente.

La muerte de Luis Carrero Blanco, aunque algunos prefieren utilizar el término “ejecución” del primer ministro de la España de Franco, asesinado por ETA en 1973, se fraguó en la operación más significativa y planificada de la organización terrorista, denominada Operación Ogro, de la cual se vanagloriaba ETA, hasta el punto que escribió un libro publicado en Alemania: “Operation Menschenfresser. Wie und warum wir Carrero Blanco hingerichtet haben – ein authentischer Bericht und Dokumente von E.T.A.” Operación Ogro. Cómo y porqué matamos a Carrero Blanco. Otra organización terrorista, las Brigadas Rojas, secuestraron y asesinaron al primer ministro italiano Aldo Moro, en 1978.

El conflicto entre Israel y los países árabes a cuenta de Palestina, costo la vida de dos de sus más destacados políticos. Anwar Sadat, presidente de Egipto desde 1970 hasta su muerte, fue asesinado el 6 de octubre de 1981 durante una ceremonia militar en El Cairo. El ataque fue llevado a cabo por un grupo de extremistas islámicos que pertenecían a la organización yihadista Takfir wal-Hijra. Sadat fue abatido a tiros mientras presidía un desfile militar conmemorativo del éxito en la Guerra de Yom Kipur. La verdadera causa del asesinato de Sadat era sin duda los pasos que había dado para lograr una solución para el problema palestino. En 1977, Sadat hizo una visita histórica a Jerusalén, donde pronunció un discurso ante la Knesset, el parlamento israelí, extendiendo la mano de paz a Israel. Esta visita sorpresiva sentó sin dudas las bases para un cambio significativo en las relaciones entre Egipto e Israel y fue un movimiento audaz hacia la resolución del conflicto. En 1978, bajo la mediación del presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, Sadat y el primer ministro israelí, Menachem Begin, se reunieron en Camp David, Estados Unidos. Allí negociaron intensamente y finalmente llegaron a un acuerdo histórico conocido como los Acuerdos de Camp David en 1978 y 1979. Estos acuerdos incluyeron un tratado de paz entre Egipto e Israel y establecieron un marco para la autonomía palestina en Cisjordania y Gaza, aunque estos puntos no se lograron completamente en ese momento. A través de su acercamiento directo con Israel y su disposición para dialogar cara a cara, Sadat abrió nuevas vías de comunicación y entendimiento entre las partes en conflicto. Esto fue crucial para superar décadas de hostilidad y desconfianza. Su trabajo por la paz, le costó la vida como, años más tarde le sucedería a Yitzhak Rabin.

En 1995, Yitzhak Rabin, el quinto primer ministro de Israel, murió trágicamente asesinado el 4 de noviembre, en Tel Aviv. Rabin fue asesinado por Yigal Amir, un extremista de derecha israelí, después de asistir a un mitin por la paz en la Plaza Maléi haShalom (Plaza de la Paz) en Tel Aviv. Amir disparó contra Rabin en la espalda mientras este caminaba hacia su automóvil después del evento. Yigal Amir estaba radicalizado, como también lo estaban muchos ultraortodoxos, en su oposición al proceso de paz liderado por Rabin, particularmente el Acuerdo de Oslo de 1993, que buscaba establecer una paz negociada entre Israel y los palestinos. Amir creía que Rabin estaba traicionando los intereses de Israel al comprometerse con concesiones territoriales y el establecimiento de un estado palestino.

En 1984, Indira Gandhi fue asesinada por dos de sus propios guardaespaldas, Satwant Singh y Beant Singh, que eran sijs. Indira Gandhi había ordenado la Operación Estrella Azul en junio de 1984, una operación militar para desalojar a militantes sijs armados que se habían atrincherado en el Templo Dorado de Amritsar, el lugar más sagrado del sijismo. La operación resultó en muchas muertes y daños significativos al templo, lo que provocó una gran ira y resentimiento entre la comunidad sij. El asesinato tuvo lugar en su residencia oficial en Nueva Delhi. Rajiv Gandhi, hijo de Indira y ex primer ministro de la India, fue igualmente asesinado en un atentado suicida en Tamil Nadu, en 1991. Su asesinato tuvo fuertes repercusiones en Europa dada la implicación internacional.

La tranquila Suecia quedó conmovida por el asesinato del primer ministro Olof Palme en 1986, caso resuelto oficialmente, pero que aún deja muchas dudas sobre la autoría. A penas recuperados de la conmoción debida al magnicidio, Suecia se vio sacudida por otro atentado terrorista, el efectuado sobre la ciudad escocesa de Lockebie, en el que explotó el avión del vuelo 103 de Pan Am el 21 de diciembre de 1988. Este vuelo llevaba a bordo, entre otros, a Bernt Carlsson, diplomático sueco, nombrado por las Naciones Unidas Comisionado Especial para Namibia. En el atentado murieron los 259 que viajaban a bordo y once más en tierra.

Los presidentes de Ruanda y Burundi murieron en un trágico incidente el 6 de abril de 1994, cuando el avión en el que viajaban fue derribado mientras se aproximaba al aeropuerto de Kigali, la capital de Ruanda. Este evento fue un catalizador importante que desencadenó el genocidio ruandés de 1994. A la muerte de Juvénal Habyarimana, presidente de Ruanda, y Cyprien Ntaryamira, presidente de Burundi, le siguió la terrible matanza de tutsis en manos de los extremista hutus.  En las matanzas de Ruanda en 1994, conocidas como el genocidio ruandés, se estima que entre 800 000 y 1 000,000 de personas fueron asesinadas en un período de aproximadamente 100 días. La mayoría de las víctimas eran de la minoría étnica tutsi, aunque también hubo hutus moderados y opositores políticos que fueron asesinados durante este período de violencia extrema.

Anna Lindh, ministra de Asuntos Exteriores de Suecia, apuñalada en Estocolmo por un delincuente común en 2003, falleció a causa de las heridas recibidas y dejó a Suecia consternada.  En 2007, Benazir Bhutto, ex primera ministra de Pakistán, fue asesinada durante un mitin de campaña electoral en el Parque Liaquat Bagh en Rawalpindi. Después de pronunciar un discurso ante una multitud de seguidores, se levantó a través del techo solar de su vehículo para saludar a sus partidarios y murió por impacto de bala y la explosión de una bomba suicida. Muamar Gadafi, el líder libio que estuvo en el poder durante más de 40 años, murió de manera violenta el 20 de octubre de 2011. Gadafi fue capturado por combatientes rebeldes en Sirte, su ciudad natal, durante los últimos días de la Guerra Civil Libia de 2011. Las fuerzas rebeldes habían avanzado hacia Sirte con el apoyo de la OTAN, que había intervenido en el conflicto para apoyar a los rebeldes contra el régimen de Gadafi.

Más reciente, en 2016, Jo Cox, miembro del Parlamento británico, fue asesinada en West Yorkshire. Jo Cox fue atacada afuera de la biblioteca de Birstall, donde estaba realizando un evento para sus electores. Fue disparada y apuñalada varias veces por un hombre identificado como Thomas Mair, un simpatizante de extrema derecha y supremacista blanco, que perpetró el ataque, según él, debido a las opiniones políticas de Jo Cox a favor de la inmigración y su apoyo a la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea durante el referéndum del Brexit. El presidente de Haití, Jovenel Moïse, fue asesinado en su residencia el 7 de julio de 2021 por un grupo de hombres armados. Este fue uno de los eventos más recientes y notorios, hasta ahora, de un atentado contra un jefe de estado.

Quiero terminar este relato tan espeluznante con una sonrisa. No todos los atentados contra políticos o jefes de estado han sido cruentos. Aquí, en Suecia tenemos el ejemplo del atentado con tarta de confitura que sufrió nuestro monarca. En septiembre del 2001, los reyes de Suecia estaban de visita oficial en una pequeña península cerca de la ciudad de Varberg, en la costa oeste del sur de Suecia, cuando un joven de 16 años se acercó a el corriendo y, a la voz de “por el rey y la patria” le espachurró al rey una tarta en la cabeza, antes de ser reducido por los escoltas. El “terrorista” fue condenado por delito de lesa majestad. Eric Svenseth, declaró en una interviú en 2023 que el no tenía ni idea de lo que hacía y que había sido engañado por unos jóvenes pertenecientes a un grupo comunista, en el que había alguna chica que le gustaba, y por tanto acepto el encargo. Este caso es el segundo que se da en Suecia desde 1792, cuando el rey Gustavo de Suecia murió a causa de un atentado perpetrado en un baile de disfraces, por un noble militar, Jacob Joan Anckarström, que, en lugar de tarta, empleó una pistola cargada de metralla y disparó al rey a bocajarro, causando su muerte a los pocos días.

Si os parece que me he saltado algún magnicidio, me lo podéis hacer saber en los comentarios. Yo ya no puedo más. Son demasiados. La foto del “tartazo” al rey es de Åke Thim, publicada en Magasinet Filter

Paseo octogésimo séptimo. Violencia política.

Ayer me di dos paseos bastante largos y escribí sendas entradas. Hoy escribo antes de salir a pasear, pues me encuentro la noticia del atentado contra Trump al abrir el ordenador. Estas noticias siempre le pillan a uno desprevenido. No porque no sea algo que puede pasar y que de hecho ha pasado con cierta frecuencia en Estados Unidos y hasta aquí, en la tranquila Suecia. Me pongo a hacer una pequeña retrospectiva histórica sobre la violencia política y veo que la lista es muy larga. Junto aquí los atentados cometidos contra políticos en activo o ya retirados, tanto los que resultaron en la muerte de la víctima como los fallidos y algún que otro duelo a muerte entre políticos, que también ha habido.

Si nos remontamos a los albores de la nueva nación americana, encontramos a un político esencial para la revolución, Alexander Hamilton, nacido en 1757, que fue uno de los padres fundadores de los Estados Unidos. A su vez, fue un influyente intérprete y promotor de la Constitución de los Estados Unidos, así como el fundador del sistema financiero de la nación, el Partido Federalista, la Guardia Costera de Estados Unidos y del periódico The New York Post. Hamilton fue el autor principal de las políticas económicas de la administración de George Washington, como primer secretario del tesoro. El 11 de julio de 1804, a consecuencia de las publicaciones del Albany Register en las que se insinuaba que Hamilton había menospreciado y ridiculizado al vicepresidente Aaron Burr, se batieron en duelo con pistolas, quedando Hamilton mortalmente herido.

Al presidente Andrew Jackson le intentó matar Richard Lawrence disparándole, pero ambos disparos fallaron. También tuvo suerte James G. Blaine, secretario de Estado, que sobrevivió a un intento de asesinato cuando era congresista, en 1853. Abraham Lincoln, sufrió varios atentados, antes de ser asesinado en 1865. James A. Garfield, también presidente en oficio, fue asesinado el 2 de julio de 1881 por Charles J. Guiteau en la estación de tren de Baltimore y Potomac en Washington, D.C. muriendo a causa de sus heridas el 19 de septiembre de 1881. En 1901, William McKinley – Asesinado el 6 de septiembre de 1901 por Leon Czolgosz en el Templo de la Música en Buffalo, Nueva York. McKinley murió a causa de sus heridas el 14 de septiembre de 1901. La muerte de John F. Kennedy, asesinado el 22 de noviembre de 1963, presumiblemente por Lee Harvey Oswald en Dallas, la recuerdo claramente pues me impactó mucho ver las imágenes en televisión.

Theodore Roosevelt, ya después de haber dejado la presidencia, fue disparado en un intento de asesinato por John Flammang Schrank durante su campaña para un tercer mandato, pero sobrevivió. También tuvo suerte Franklin D. Roosevelt, que en 1933, antes de asumir la presidencia, Giuseppe Zangara intentó matarlo, pero falló y en su lugar mató al alcalde de Chicago, Anton Cermak. Aun más suerte tuvo  Harry S. Truman, cuando en 1950, dos nacionalistas puertorriqueños intentaron asesinarlo en Blair House, donde estaba viviendo mientras la Casa Blanca estaba siendo renovada. Más a lo bestia, pero sin conseguirlo, intentó Samuel Byck matar a Richard Nixon en 1974, intentando secuestrar un avión para estrellarlo contra la Casa Blanca.

A Gerald Ford, le intentaron matar dos veces y las dos veces fueron mujeres. El primero de los intentos lo hizo Lynette “Squeaky” Fromme en 1975. Lynette era miembro de la banda de James Manson y falló el intento porque, aunque la pistola Colt semiautomática que llevaba iba cargada, no había cargado la recámara y, al apuntar a Ford, fue inmovilizada rápidamente por la escolta del presidente. Solo 17 días después lo intentó Sara Jane Moore desde 12 metros, pero falló por muy poco.

Jimmy Carter se salvó en 1979, cuando Raymond Lee Harvey fue arrestado con un arma cargada en un evento en Los Ángeles, donde Carter iba a dar un discurso. Peor le fue a Ronald Reagan, que en 1981, sufrió un intento de asesinato perpetrado por John Hinckley Jr, que le disparó y lo hirió gravemente.

Suerte tuvo también George H. W. Bush, en  1993, cuando se descubrió un complot para asesinarlo con un coche bomba durante una visita a Kuwait. Esto me recuerda el intento de asesinato perpetrado por ETA contra Aznar en plena campaña electoral para las elecciones generales de España de 1996, donde moriría una señora de avanzada edad y del que saldría ileso, debido a que el coche estaba blindado.

A Bill Clinton también le intentaron asesinar. En 1994, Francisco Martin Duran disparó con un rifle hacia la Casa Blanca sin mayores consecuencias. Buch hijo estuvo muy cerca de la muerte en 2005, cuando Vladimir Arutyunian lanzó una granada hacia Bush durante un discurso en Georgia, que por suerte no explotó.

La lista de políticos y presidenciables es, del mismo modo, importante. Huey P. Long, gobernador de Luisiana y senador, fue asesinado en Baton Rouge, Luisiana. Robert F. Kennedy, senador por Nueva York y hermano del presidente John F. Kennedy, fue asesinado en Los Ángeles, California mientras hacía campaña en 1968, un año muy violento. En 1972, George Wallace, gobernador de Alabama, fue herido en un intento de asesinato por Arthur Bremer durante su campaña presidencial, quedando paralítico. Harvey Milk, miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco, fue asesinado en San Francisco, California, junto con George Moscone, alcalde de San Francisco, en 1978. Otros políticos y personas significativas para la vida política en los Estados Unidos sufrieron también atentados mortales , como Medgar Evers, activista de derechos civiles y secretario de campo de la NAACP en Misisipi, fue asesinado en Jackson, Misisipi en 1963 y Martin Luther King, Jr. corrió la misma suerte en Atlanta, Georgia, en 1968.

La lista es muy larga y seguro que me he dejado alguno en el tintero. Por tanto, aún siendo inesperado no es algo excepcional que un presidente americano o un candidato a presidente, sufra un atentado. Si quisiéramos dar una lista de todos los sucesos ocurridos en el continente americano, no bastaría con una entrada, sería necesario un libro entero y, aun así podríamos olvidar algún hecho, por no decir, en caso de querer dar una imagen de la violencia política en todo el mundo. Aquí, en Suecia, estamos todavía un poco traumatizados con la muerte del primer ministro Olof Palme en 1986. Ahora que da por ver cuales serán las consecuencias de este último atentado y que efecto tendrá en la campaña presidencial. Puede que ayude a Trump en su intento de recobrar el poder en la Casa Blanca. Lo sabremos en noviembre.

Paseo octogésimo sexto. Verano en solitud

En el vasto campo, donde el sol se esconde, las mieses doradas, testigos de antaño, se mecen al viento, como olas suaves, en un mar de verano, eterno y extraño.

Amapolas rojas, como labios de fuego, bailan con gracia entre la mies madura, en un tapiz de vida, vibrante y ciego, que calma y agita mi alma insegura.

La soledad se posa, ligera y callada, en cada rincón de este amplio vergel, como un manto sutil, de sombra velada, que susurra secretos, al roce de la piel.

El verano canta con voz de esperanza, en el coro del campo, un eco lejano, y en mi pecho la soledad se abalanza, como brisa suave, en este rincón humano.

Amapolas y mieses, compañía sincera, del alma errante en busca de paz, en el calor del estío, sin más frontera, que el horizonte eterno, donde el tiempo se va.

En este refugio, donde el sol persiste, la soledad es dulce, no duele, no hiere, y el corazón cansado, finalmente existe, en el abrazo del verano, que todo lo entiende y quiere.

Paseo octogésimo quinto. Xenofobia con raíces,

En Cádiz me hice una foto junto a un árbol centenario, imponente, por su tamaño y por la fuerza que emanaba. Mirando la foto pienso que he usado esa imagen muchas veces cuando hablo de migraciones, pues suelo usar como alegoría, para explicar las grandes migraciones que desde siempre suceden con casi predecible regularidad, que la diferencia entre los humanos y los árboles, es que estos últimos tienen raíces mientras los humanos tenemos pies. Cuando el bosque se quema, los árboles arden, con sus raíces ancladas en la tierra, sin posibilidad de zafarse de la quema. Los hombres, por el contrario, tenemos pies y, en caso de peligro, podemos huir a un lugar que nos ofrezca garantías para perdurar. Si no hay comida, si carecemos de sustento, vamos a buscarlo a otro lugar, mientras los árboles, en tierra empobrecida y seca, mueren sin remedio.

Cuando explico mi alegoría, nadie me lleva la contraria; es así, no se puede negar. Pero en la práctica, parece también muy lógico que, los que viven en un lugar seguro, miren con recelo a los que vienen de fuera. El que ha vivido la migración en primera persona, sabe muy bien que no es raro encontrar desconfianza y rechazo en la población autóctona, por mucho que el inmigrante ponga por su parte para integrarse en su nueva sociedad. El inmigrante lo tiene todo un poco más difícil cuando se trata de conseguir cualquier meta. Lo tendrá difícil para encontrar un trabajo, aún hablando bien la lengua del lugar, le costará más tiempo encontrar una vivienda digna, se verá discriminado en muchos lugares de ocio, donde se quedará en la puerta viendo entrar a muchos otros “locales”. Se sospecha de él o de ella por el mero hecho de ser diferentes, le pararan con toda seguridad en los controles y será controlado casi siempre al pasar las fronteras. Tendrá difícil el ser invitado a una cena familiar o a actos importantes en la vida de sus compañeros de trabajo. No es una regla, pero lo que expongo está demostrado estadísticamente.

No es una regla, repito, pero todos los inmigrantes han conocido algunas de esos fastidiosos inconvenientes o quizás todos, y no por eso la gente deja de emigrar. Volviendo a la metáfora del árbol y el incendio, los que tienen pies, se van de dónde hay guerras, hambrunas, serias dificultades económicas, un clima político asfixiante o un paro endémico, persecución por motivos de sexualidad, religión o filiación política Últimamente se empieza a notar el cambio climático como motivo de emigración. A algunos se les juntan todas y cada una de los motivos que he expuesto. Estos serían los mecanismos del “push” o expulsión mientras que los mecanismos de “pull” o efecto llamada serán expuestos a continuación, porque a ellos se suelen referir todos los que quieren disminuir y al ser posible acabar con los flujos migratorios.

Migraciones ha habido siempre, la historia nos da muchos ejemplos de esas migraciones y también de los conflictos que ocasionaron. Permitidme un pequeño repaso. Los hebreos, que eran trashumantes, llegaron a las puertas de la ciudad-estado de Ur, donde estaba asentado un pueblo dedicado a la agricultura y de costumbres sedentarias. Según el antiguo testamento, dios elije a ese pueblo trashumante como su “propio pueblo”. A mi me parece que esto fue una forma de empoderar a los hebreos que su líder Abraham inventó para justificar la búsqueda de lo que ellos llamaban “la tierra prometida”. Cuando llegan a Egipto les reciben más o menos como nosotros recibimos a los subsaharianos, esclavizando a la mayoría.  La continuación ya se trata más de como ellos, los hebreos, se hacen con el poder echando o esclavizando a un pueblo que vivía allí con anterioridad. Esto ya lo sabemos y también sabemos que sigue así la cosa. Pueblos enteros puestos en marcha encontramos a cientos en la historia. Un ejemplo que algunos xenófobos con alguna cultura histórica utilizan es el de las migraciones de los pueblos nórdicos y germánicos hacia las fronteras con el imperio romano. Lo que originó esa migración que en alemán se denomina el “Völkerwanderung” (migración masiva) fue sobre todo un efecto “push”, el ataque de los hunos, que se los llevó por delante alrededor del año 370 de nuestra era y les apretó contra las fronteras del imperio romano, abriendo una época de infiltración en el imperio y de participación en operaciones militares, como tropas aliadas o sirviendo como mercenarios en las tropas romanas regulares. En un proceso que duró unos cien años el líder de los hérulos, Odoacro desbancó al último emperador romano, Rómulo Augústulo el 476, Sin embargo, es importante notar que Odoacro nunca tomó el título de “emperador”y se dio el título de rey de Italia, bajo el emperador romano de oriente.

Los xenófobos europeos temen que algo así suceda en Europa o en Estados Unidos. Ellos preguntan: ¿sabes cuantos extranjeros hay por ejemplo dentro del ejército español? Yo les contesto que es el 7,5% o unos 7 200 extranjeros, en su mayoría ciudadanos de países con vínculos especiales con España y son necesarios para completar las filas del ejército. En el caso de Estados unidos, los hispanos y afroamericanos representan una tercera parte ca 33%. En Suecia el 15% aproximadamente de los que sirven en las fuerzas armadas son inmigrantes o hijos o nietos de inmigrantes, nacionalizados suecos.

Yo, a los xenófobos les contesto que, de lo que realmente pueden estar seguros es que, ni Europa, ni Estados Unidos, serán igual que son hoy, serán distintos, y reflejarán las migraciones pasadas y las actuales. Hace poco Gran Bretaña tenía como primer ministro a un hombre de ascendencia india, del Punjab, de dónde emigraron sus padres. Asi como el alcalde de Londres, Sadik Khan tiene padres pakistaníes que emigraron de su país en los años 60 y trabajaron como conductor de autobús y costurera. ¿Y qué? – digo yo al que me quiere escuchar.

Yo he discutido muchas veces con personas que esgrimen unos argumentos pretendidamente lógicos para la disminución de la inmigración. Yo creo que vale con relatar estos argumentos, que he recogido en Suecia, España y Hungría, para comprender qué tipo de argumentación emplea la xenofobia en todo el mundo, y no solo en occidente, porque esta actitud misántropa se da en todo el mundo. Los xenófobos suelen exhibir una variedad de razones para justificar su deseo de dificultar la entrada de personas de otros continentes a Europa. Algunas de estas razones incluyen, sobre todo a partir del 11 de septiembre, el miedo al terrorismo y la criminalidad, argumentando que la llegada de inmigrantes, especialmente de regiones afectadas por conflictos, podría incrementar el riesgo de ataques terroristas y aumentar los índices de criminalidad. A esto yo les contesto que la percepción pública de la criminalidad no refleja con precisión las estadísticas reales. La cobertura mediática y la atención pública exageran la percepción de aumento de la criminalidad. Por ejemplo, según el Consejo Nacional Sueco para la Prevención del Crimen (Brå)[1], la criminalidad como hurtos, robos, atracos, ha disminuido considerablemente en los últimos 50 años mientras los asesinatos entre bandas criminales, que se dedican al comercio con drogas ilegales, han aumentado, pero la incidencia de asesinatos sigue siendo muy baja comparada con otros países occidentales. En el caso de los delitos sexuales, Las denuncias han aumentado en los últimos años. Parte de este aumento se debe atribuir a un mayor enfoque en la denuncia y al cambio en la legislación y definiciones de estos delitos, ya que hay comportamientos que antaño no eran delito y que hoy si lo son. También se ha promovido una mayor conciencia y disposición a denunciar estos crímenes.

A estas razones me suelen contestar que, en las cárceles suecas el 58% de los internos son extranjeros o tienen un al menos un progenitor extranjero. Eso es verdad, lo puedo leer en el antes citado Brå, pero esas cifras se pueden explicar de muchas maneras, sin pensar que, la mera condición de extranjero, les hacer más propicios a delinquir. Empezando por las cifras, el 58% es una cifra alta pero hay que saber que el grupo de extranjeros o hijos de extranjero alcanza el 35% de la población. Además, debemos tomar en cuenta algunas cosas que encontramos detrás de esas actividades delictivas, como, por ejemplo: desigualdades socioeconómicas y educativas, exclusión social y discriminación, mayor vigilancia y control policial en áreas con alta concentración de inmigrantes, diferencias en la tasa de denuncias y procesamiento judicial.

Los xenófobos con los que discuto, se quedan temporalmente callados, sobre todo cuando exhibo datos fidedignos, pero, al rato, recobran la actividad y sostienen que los inmigrantes compiten por empleos con los ciudadanos locales, lo que podría llevar a salarios más bajos y a una mayor tasa de desempleo entre la población autóctona. ¡Nos quitan el trabajo! – claman. Para colmo, aducen que un aumento en la inmigración ejerce presión sobre los servicios públicos como la salud, la educación y la vivienda, lo que resulta en una disminución de la calidad de estos servicios. Aquí me despacho otra vez a gusto con las estadísticas de Brå para desmenuzar los argumentos xenófobos. En Suecia, muchos estudios han encontrado que la inmigración no ha tenido un impacto significativo en las tasas de empleo de los autóctonos. En un informe hecho por Brå se indica que, aunque los inmigrantes están sobrerrepresentados en ciertos sectores laborales, esto no necesariamente significa que están “quitando” empleos a los trabajadores autóctonos. En realidad, los inmigrantes a menudo ocupan puestos de trabajo que los trabajadores autóctonos no están dispuestos a aceptar, ya sea debido a la naturaleza del trabajo, trabajos en agricultura, limpieza, cuidado de ancianos, o a la ubicación geográfica, trabajos en áreas rurales o menos atractivas. Los inmigrantes contribuyen al crecimiento económico general, aumentando la demanda de bienes y servicios, lo que a su vez crea más empleos. También llena vacíos en sectores específicos, particularmente en industrias donde hay una escasez de mano de obra calificada. Y, lo más importante, la inmigración es necesaria porque Suecia, al igual que muchos otros países europeos, enfrenta un envejecimiento de la población. La proporción de personas mayores está aumentando, lo que genera una mayor demanda de servicios de salud y cuidado a largo plazo. Con una creciente población jubilada, es necesario atraer a trabajadores jóvenes para mantener la fuerza laboral y garantizar la sostenibilidad de los sistemas de pensiones y seguridad social.

Esto último no lo pueden negar ni siquiera los más rabiosos xenófobos. Nos estamos haciendo viejos. Si no fuera por la inmigración Suecia no tendría 10,5 millones de habitantes, como en la actualidad, sino aproximadamente 8,77 millones, de los cuales sería una mayor proporción jubilados. La actual tasa de fertilidad de las mujeres suecas es 1,6 hijos por mujer, necesitándose 2,1 para mantener una población estable. Son números contundentes, comparables a los de otros países occidentales. Por tanto, económicamente hablando, necesitamos la inmigración para sobrevivir.

Por último, si he conseguido llegar ahí en el diálogo, cambian el disco, de la criminalidad y la economía, hacia la cultura y la identidad nacional. Temen, dicen, que la llegada de personas de diferentes culturas y religiones podría diluir la identidad nacional y los valores tradicionales de las sociedades europeas. Al llegar aquí, ya no se habla de inmigración en general, sino, muy concretamente de la inmigración de personas de Medio Oriente, África, Asia y América. Sale a relucir la islamofobia y la aporofobia. Inmigración es aceptable para ellos si viene de Europa. Ningún problema en aceptar ucranianos, tampoco ricos con petrodólares, pero hay un miedo terrible hacia los pobres de África, que se ven obligados a dejar sus países por causas de guerra, pobreza e inseguridad.

En eso estamos. En Barcelona y Mallorca, protestan contra la masificación turística. Leo en pancartas “Tourist go home, refugees welcome” y sonrío. Lo hago porque a la vez que se escribe “Refugee Welcome “ las autoridades catalanas se niegan a participar en el reparto de menores no acompañados, desde Canarias, donde llegan en miles, hacía otras regiones españolas. No puedo evitar ver en esos slogans de “Tourist go home” un poco de xenofobia, no lo puedo evitar. También hay que mirar a ver quien mueve la olla, porque en Catalunya está surgiendo un reducto nacional-xenófobo, Aliança Catalana, cuyo ideólogo, Jordi Aragonès[2] i Martínez, tiene como referentes políticos Margaret Thatcher, Steve Bannon, Donald Trump, Jordi Pujol i Geert Wilders.

Aquí os dejo hoy. Recordad que los humanos no tenemos raíces, aunque muchos se empeñen en hacernos creer eso. Nacer en alguna parte no da un derecho especial a la tierra, eso ya lo expliqué yo en otra entrada, esa es mi humilde opinión, “ubi bene ibi patria”.


[1] https://bra.se/bra-in-english/home.html

[2] Nieto de Josep Aragonès, alcalde de Pineda del Mar durante el franquismo y primo hermano de Pere Aragonès, presidente en funciones de la Generalitat.

Paseo octogésimo cuarto. Del coro al canon.

Ayer estuve practicando algo muy típico aquí en Suecia, cantar juntos a coro, algo que aquí se denomina “allsång”. La tarde era algo gris y en el parque de la ciudad, ante una pequeña escena, había ya una buena aglomeración de gente, cundo llegamos nosotros, media hora antes que comenzara la actividad. Todos llevábamos sillas portátiles o mantas, cestas de merienda y alguna que otra botella de vino o de cerveza. La edad media del público rondaría los sesenta años, niños y adolescentes se podían contar con los dedos de la mano. El “maestro de ceremonias era el famoso tenor Rickard Söderberg, un icono gay muy querido en Suecia. Buscamos un buen sitio, no muy alejado de la pequeña escena y al fin lo encontramos justo detrás de la pequeña carpa de los técnicos de imagen y sonido.

En el “allsång”, o como dicen los ingleses “sing-along” se suelen cantar canciones con las que el grupo, en este caso una multitud de gente madura en un parque, está familiarizado antes del evento. A menudo se dispone de un cancionero o folleto de “allsång” impreso para la ocasión. En el cancionero, con la melodía anotada; aunque esta se considera generalmente conocida o se aprende de oído mientras se canta. La melodía se canta principalmente al unísono y, si alguien canta una voz secundaria, es improvisada o algo que se aprendió en la escuela o al cantar en un coro. La tradición en Suecia dicta que se cante en sueco, solo excepcionalmente en otro idioma. Históricamente, el “allsång” ha sido una práctica común en movimientos sociales, en la educación escolar obligatoria y en las escuelas populares. En la televisión y en la radio, el “allsång” se alterna con presentaciones de artistas, y el artista elige una canción del cancionero y participa como líder asistente de “allsång” cuando se canta la canción elegida. Esto último es lo que hacían Rickard Söderberg y su acompañante el pianista Johan Reis. En la escena se proyectaba el texto de la canción a modo de karaoke.

Lo verdaderamente interesante, a mi parecer, es lo que ocurre con el público participante, que permanece activo durante todo el evento. El acto de cantar las mismas canciones, de sobra conocidas para todos, o al menos, casi todos los participantes, hace que surja una sensación de pertenencia al grupo. El ego se disuelve un poco en ese caldo de cultivo que es el grupo vocal. Se oye solo una voz, unidos todos por la música y la letra de la canción. Suecia y los países escandinavos no son los únicos que han utilizado el canto colectivo como forma de fortalecer la identidad nacional. Yo recuerdo bien los coros bálticos, las masivas reuniones en Estonia, Letonia y Lituania que, durante el periodo soviético, jugaron un papel importante en las “Revoluciones Cantadas” que contribuyeron a la independencia de estos países a fines de los años 80 y principios de los 90. En países como Bulgaria, Serbia y Croacia, el canto a coro es una tradición arraigada que ha jugado un papel en la preservación de la identidad cultural y nacional, especialmente durante periodos de cambio político y social. También en otros pueblos eslavos, Rusia, Ucrania, Polonia. el canto coral ha sido una herramienta importante en la expresión de la identidad cultural y la resistencia, particularmente durante épocas de opresión política y conflictos.

Georgia es conocida por su rica tradición de canto polifónico, que es una parte integral de su identidad cultural y nacional. Estas canciones han sido utilizadas para mantener viva la cultura georgiana a lo largo de siglos de dominación extranjera. En Irlanda, Las canciones tradicionales irlandesas, a menudo cantadas en grupos, han sido un medio para mantener viva la lengua y la cultura irlandesas durante los periodos de dominio extranjero y represión cultural.

En muchos países africanos, el canto a coro es una parte esencial de las tradiciones culturales y rituales. Por ejemplo, en Sudáfrica, el coro fue una herramienta poderosa durante el movimiento anti-apartheid, con canciones que reflejaban la lucha y aspiraciones del pueblo. Y en África no hay que olvidar la costumbre de cantar a coro o en grupo mientras se trabaja la tierra. Esta costumbre, llevada por los esclavos africanos a América, fue la base de toda la música moderna. Al encontrar el ritmo africano la melodía europea, surgío el blues. Los ritmos, las estructuras de acordes y el estilo vocal del blues se pueden encontrar en muchas canciones tempranas de rock and roll. Artistas como Muddy Waters y Robert Johnson fueron influyentes en este sentido. El Gospel y el Ryththm & Blues también tienen sus raíces en esos cantos que acompasaban la dura tarea de los esclavos recolectando el algodón.

Esta tradición no la he encontrado en la península ibérica con dos excepciones: la primera en Catalunya, dónde he vivido la experiencia de La Cantada de Habaneras de Calella de Palafrugell, una noche de julio en 1990. Esta tradición es relativamente nueva, ya que data de los años 60. El baile de la sardana es también interesante, pues es una especie de coro silencioso que invita a la contemplación, cuando se dominan los pasos, claro. La segunda excepción es la de Euskadi y Navarra, donde los coros son parte importante de la conciencia nacional y expresan la cultura vasca en coros. En Euskadi hay un movimiento coral bien establecido, con organizaciones dedicadas a la promoción del canto coral. Estas organizaciones a menudo organizan concursos, festivales y talleres para fomentar el desarrollo del canto coral, especialmente entre los jóvenes y niños.

Volviendo a mi experiencia de ayer, 10 de julio, aquí en Lund, puedo decir que, el allsång funciona verdaderamente como una herramienta de integración. Yo lo he vivido, porque mi profesora de sueco nos enseñaba canciones y nos hacía cantar en cada lección. Cantábamos alegremente, el grupito formado por dos desertores americanos que huyeron de Vietnam, una familia checa, exiliados tras la caída de la Primavera de Praga, un inglés capitán de barco, que había amarrado en Helsingborg y se había casado con una sueca y yo mismo, que entonces me creía ciudadano del mundo y buscaba el sueño nórdico. Este grupito, dirigido por nuestra enérgica profesora, entonaba canciones tradicionales suecas y algunas nuevas, modernas, decía Inger, nuestra profesora. El idioma sueco, con su melodía, entraba fácilmente con las canciones. Un buen método, puedo atestiguar.

Desde que el americano Harold Bloom publicó 1994 su libro The Western Canon, argumentando sobre la necesidad de enseñar a las nuevas generaciones lo que a él le parecían las obras más importantes de la literatura occidental, el debate sobre la necesidad de confeccionar un canon cultural en los países occidentales ha estado muy presente en la vida política, sobre todo en aquellos países con una gran inmigración proveniente de culturas fuera del ámbito occidental. En 2004, Brian Mikkelsen, entonces ministro de cultura danés, encargo a siete grupos diferentes en siete campos culturales distintos de reunir un canon cultural oficial danés. Este canon debía contener lo mejor del patrimonio cultural danés. Los siete comités comenzaron en abril de 2005 el trabajo de seleccionar qué obras formarían parte del canon. Las obras fueron seleccionadas en siete categorías: arquitectura, diseño, artes visuales, teatro, literatura, cine y música. Cada grupo pudo elegir doce obras. Durante el proceso de trabajo, se añadió la cultura infantil y el área de música se dividió en dos. En total, el canon cultural danés contiene 108 obras. El 24 de enero de 2006 se presentó el canon cultural de Dinamarca, y el 15 de agosto de 2006 se publicó en forma de libro destinado a ser distribuido en las escuelas danesas.

Tanto la idea misma de seleccionar un número limitado de obras como especialmente significativas, como el proceso de selección y el contenido final, han sido criticados desde varios sectores. También se han propuesto una serie de cánones alternativos. Aquí en Suecia, se discutió mucho esta propuesta, hasta que, el 21 de diciembre de 2023, el gobierno conservador, a propuesta de los ultraconservadores Demócratas Suecos, publicó la siguiente noticia en su página Web:

“El gobierno ha decidido hoy emitir directrices para el comité que elaborará un canon cultural sueco. El objetivo es hacer que la cultura sueca sea accesible para más personas. Un canon cultural sueco debe ser una herramienta viva y útil para la educación, la comunidad y la inclusión.

La cultura es una fuerza cohesiva importante en una sociedad. Gran parte del conocimiento que era evidente para las generaciones anteriores hoy en día no lo es tanto. Por lo tanto, existe la necesidad de marcos de referencia comunes en nuestra sociedad democrática, y la cultura puede contribuir a ello.

El trabajo para seleccionar las obras que formarán parte del canon cultural sueco se llevará a cabo en grupos de expertos independientes con competencia en sus respectivas áreas. Es el comité el que decidirá qué áreas de arte y cultura serán relevantes, establecerá los criterios para la selección de las obras y nombrará a los grupos de expertos.

Los grupos de expertos decidirán de manera independiente qué obras formarán parte del canon cultural sueco, pero el público también tendrá la oportunidad de presentar propuestas. La ambición del gobierno es que un canon cultural sueco esté en vigor durante el actual periodo legislativo.

El gobierno ha designado al profesor e historiador Lars Trägårdh como presidente del comité. El gobierno anunciará más miembros del comité en una fecha posterior. El informe debe ser presentado al Ministerio de Cultura a más tardar el 31 de agosto de 2025.

La misión se basa en un acuerdo entre los Demócratas Suecos, los Moderados, los Demócratas Cristianos y los Liberales.” [1]

No sé lo que saldrá de este comité, pero lo que hicimos ayer en el Parque de la Ciudad de Lund era lo más parecido a un canon que se puede encontrar. De las doce canciones que cantamos, once eran conocidas por, me atrevería a decir, todos los asistentes. Una era menos conocida. Cantando estas canciones nos afirmamos como pertenecientes a un grupo que comparte una memoria colectiva, lo que, en sí, es la llave de la cohesión social. Ni que decir tiene que yo soy claramente partidario de la implantación de un canon. En primer lugar, porque el conocer un canon cultural funciona como un punto de encuentro entre las generaciones. En segundo lugar, porque, para el que viene de fuera, el conocer el canon de su nación de acogida, le proporciona una llave, que le ofrece la posibilidad de entrar de lleno en esa cultura, integrándose de una manera sólida y auténtica. Vayamos del coro al canon.


[1] https://www.regeringen.se/pressmeddelanden/2023/12/en-svensk-kulturkanon-ska-tas-fram/

Paseo octogésimo tercero. Este planeta nos viene pequeño.

El verano es para mi un tiempo de hacer cosas que no suelo hacer, por ejemplo, ir de tiendas con la familia. Normalmente, cuando doy mis largos paseos por las ciudades que visito no miro los escaparates, pues no tengo nada que comprar. Tengo la ropa que necesito y todos los utensilios necesarios para mi comodidad. Acepto, eso sí, que mi compañera y mis hijos se sientan atraídos por algunos de esos miles de productos que están a la venta y que anuncian su existencia por medio de carteles, pantallas y todo tipo de superficie libre en las ciudades. Me siento en un banco en el Paseo de Gracia de Barcelona y miro como la gente entra y sale de las tiendas en un continuo vagar y a veces salen con bolsas repletas de productos muy parecidos a los que ya tienen y, posiblemente, con la cuenta corriente un poco más ligera. “Barcelona es bona si la bolsa sona” decía un refrán, hoy día se diría que “Barcelona es bona si la tarjeta tiene saldo o lleva el suficiente crédito como para pasar el “blip”, no es igual y no rima, pero es así.

El caso es que, enfrente de mi hay un hombre arrodillado, sujetando un vaso de papel en las manos que estira por el suelo, con la cabeza hundida en el piso de la calzada, como avergonzado de pedir limosna. Me veo transportado a la edad media. Gente que lleva ropa muy cara y accesorios extravagantes tiene que circular evitándole a él y otros cuantos mendigos. Yo contemplo todo como si yo no estuviese allí y formara parte de la estampa cotidiana de esta arteria gigante de la ciudad. Me da mucho que pensar.

Estoy releyendo, aquí en Barcelona, el libro de Orwell sobre su estancia en Cataluña y participación en la guerra civil del lado de los comunistas antiestalinistas del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Este periodista y activista participó activamente en el frente de Aragón, donde luchó contra las fuerzas fascistas y contra las desavenencias y escaseces contra las que también se luchaba en el frente.  Su experiencia en España lo impactó profundamente y le inspiró a escribir su libro, que ahora releo, “Homenaje a Cataluña”, publicado en 1938. En este libro, Orwell describe sus experiencias en el frente, la vida en Barcelona y sus desilusiones con las luchas internas y la traición dentro de las facciones antifascistas. Este libro lo he leído tres o cuatro veces y lo volveré a leer, con toda seguridad.

A mí, mis estancias en Barcelona siempre me hacen releer algo. Mis paseos por El Paseo de Gracia y Las experiencias que he vivido allí este mes de julio me han hecho buscar un libro que leí hace muchos años. Es un libro muy antiguo que trata de algo muy actual, o, mejor dicho, un libro que trata de algo muy actual y que, por su contenido y su exposición histórica, es válido aún hoy. Se trata del economista americano-canadiense John Kenneth Galbraith cuyo trabajo “The Affluent Society”[1] (1958) (La Sociedad Opulenta) critica la sabiduría convencional que sostiene que el crecimiento económico continuo y el aumento de la producción sean inherentemente buenos. Galbraith introdujo en este trabajo el concepto de “el efecto de dependencia,” donde la demanda del consumidor es creada artificialmente por los productores a través de la publicidad. Galbraith también abogó por una mayor inversión pública en educación, atención sanitaria e infraestructura. Galbraith fue un intelectual muy activo y también ocupó varios cargos gubernamentales. Fue asesor de varios presidentes de Estados Unidos: Franklin D. Roosevelt, Harry s. Truman, John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson. También fue embajador de su país en la India desde 1961 hasta 1963.

Galbraith destacaba las disparidades que él encontraba entre el sector privado y el sector público. Argumentaba que, mientras el sector privado disfrutaba de un excedente de bienes y servicios, el sector público estaba crónicamente infrafinanciado. Galbraith clamaba por una mayor inversión en educación, atención médica, infraestructura y otros bienes públicos que mejorarían el bienestar general de la sociedad. ¡Qué actual es este libro hoy! Yo recomiendo su lectura a todos los políticos, si hay alguno que no lo haya leído. Debería ser obligatorio demostrar que se había leído al jurar el cargo, porque es una obra fundamental que desafía las suposiciones básicas de la economía de mercado y llama a una reevaluación de las prioridades sociales en una era de abundancia. Galbraith ofrece una perspectiva humanista que subraya la importancia del bienestar colectivo sobre la acumulación material individual.

Es una creencia generalizada que nuestro objetivo económico debe ser una producción cada vez mayor de bienes y servicios. Galbraith cuestionó por primera vez esta idea que nunca antes había sido cuestionada. El antiguo mito de las bendiciones del aumento de la producción ya no es válido, según él. Hemos llegado a un punto en el desarrollo en el que el aumento de la producción no resuelve nuestros problemas, sino que los crea. La producción cada vez mayor nos ha enfrentado a problemas de inflación que aún no hemos logrado dominar. En la sociedad de la abundancia, el sistema de pagos a plazos también ha contribuido a la falta de estabilidad de la vida económica. Otro rasgo serio de la situación es que cuanto más aumentan las demandas de consumo privado, menos queda para las necesidades sociales y culturales comunes. Los remedios que propone Galbraith también representan desafíos para nuestra forma de pensar rutinaria. Un cierto nivel de desempleo con un apoyo adecuado durante los periodos de desempleo, impuestos más altos y un menor consumo son la amarga medicina que él quería recetar.

Yo, aquí sentado, viendo los ríos de gente que entra y sale de los comercios, los anuncios comerciales por todas partes, las propuestas de compra al contado, a plazos, por sólo un euro, dicen algunos. En medio de la calle, un hombre tirado al suelo, mendigando, como otros y otras por todas las esquinas. Luego hay quien habla de la sociedad sostenible, yo no la veo por ninguna parte. Oigo hablar, eso sí, de una sociedad que priorice la sostenibilidad, pero en realidad, queremos llegar a una sociedad de consumo diferente, pero manteniendo un desarrollo continuo; consumir más y más, pero con la conciencia tranquila. “Yo tengo un Tesla”, dicen algunos; “mi consumo es sostenible”. “En mi segunda casa he instalado paneles solares” – dice un segundo- “Yo no contribuyo a la polución” – “Mi energía es renovable”. La dura verdad es que la población global vive y consume como si dispusiésemos de 1,6 planetas como el nuestro. En Suecia, donde vivo habitualmente vivimos y consumimos de forma que se necesitarían los recursos de cuatro (4) planetas como nuestra vieja Tierra, para satisfacer nuestras necesidades cotidianas. En España se utilizan recursos, que si todos los humanos lo igualasen serían de la magnitud de 2,1 Tierras. A la vuelta de la esquina, en 2050, y al paso que vamos, necesitaremos globalmente los recursos de 2,5 planetas, y está muy claro que no los tenemos. [2]

Creo que necesitamos políticos valientes, que se atrevan a decir la verdad a los ciudadanos. A nivel nacional no los veo por ninguna parte. A nivel internacional y con poder, tampoco. La vocecita de Greta Thunberg se oye cada vez menos. Ahora es la guerra, el armamento, la seguridad y otras cosas por el estilo lo que impera en los medios de comunicación. En España se entretienen con los problemas identitarios. Veo entrar y salir a la gente de los comercios, los coches circulando como ríos de chatarra coloreada, hombres en bicicletas, patinetes o ruidosas motos, que llevan a sus espaldas el almuerzo o la cena de alguien que puede pagarse el lujo de comer pizza a cualquier hora. En algún lugar de nuestro planeta, a veces muy cerca, un niño se muere de hambre.


[1] El libro que leo es la traducción al sueco “Överflödets samhälle” publicada por Tidens förlag en 1959.

[2] Cifras de la WWF https://compromiso.atresmedia.com/hazte-eco/noticias/humanos-necesitaremos-planetas-tierra-sobrevivir-2050_201610285943e47a0cf26e79abb21f33.html#:~:text=Los%20humanos%20consumimos%20en%20la%20actualidad%20m%C3%A1s%20recursos,en%202050%20si%20seguimos%20con%20la%20tendencia%20actual. Consultado el 10 de julio de 2024.

Paseo octogésimo segundo. Sorpresas de la política y sigo con el tema de la educación para la sostenibilidad.

La política, muestra a veces facetas inesperadas y muy gratas. Ayer tuvo lugar la última reunión del consejo de educación al que pertenezco. Teníamos, como siempre, asuntos muy serios que discutir y decisiones de peso que era preciso tomar, antes de que las vacaciones paren el ritmo normal de la política de nuestra ciudad. Cuando estábamos a punto de terminar, la directora de educación primaria, que finaliza su cargo el 30 de este mes, pidió la palabra para recordarnos que, los 3500 funcionarios y los 17000 estudiantes a los que nuestras decisiones afectan, forman la parte “blanda” de la sociedad, por tanto, ella nos regaló un osito panda, a todos y cada uno de los miembros del consejo, diciéndonos que, ella deseaba que, al mirar nuestro osito, nos acordásemos de nuestra responsabilidad ante aquellos que dependen de nuestras decisiones, sabiendo que son encantadores y frágiles. Yo, a mi panda, le he puesto Ole (pronunciado como Ule) y mi joven compañera de partido le ha puesto al suyo Åke (pronunciado oque). En la foto nos podéis ver a los tres liberales del consejo con Ole, Åke, y un panda sin bautizar en manos de una compañera. Ni que decir tiene que Ole me acompañó a casa.

Los que ya me conocéis, sabéis de sobra que soy un amante de la naturaleza. Desde muy pequeño, he sentido la necesidad de huir de las ciudades y refugiarme en el campo, en el bosque, en la montaña. No hay perfume para mi que se pueda igualar al olor de tierra mojada por la lluvia, un jazmín en flor o la fragancia de la resina del pino en un pinar próximo al mar. No hay colores que puedan competir en luminosidad, viveza y matiz con los colores de las flores, de todas ellas, desde las hermosas dalias y rosas a las humildes florecillas de mayo. Del verde de los prados, de los cientos de tonalidades del verde en mi propio jardín, se llenan mis ojos. Hoy he trabajado un poco, preparando el lugar donde vamos a celebrar el solsticio de verano, la noche del 22 de junio, no como en España, que se celebrará el 23, con la Noche de San Juan. Mientras cortaba el césped y repasaba los parterres y los macizos de flores, pensaba que los humanos siempre somos más felices, cuando estamos entregados a disfrutar de la naturaleza.

Para mí, mi jardín es la mejor terapia para eludir el malestar mental y reducir los niveles de estrés y ansiedad, con las que mis otras actividades me lastran. Estando al aire libre, en contacto con la aumenta la sensación de bienestar. Se me pasa el tiempo. Hoy estuve a punto de olvidar que tenía que recoger la colada, pero eso no importa. Cuidando el jardín, siento una conexión más profunda con el entorno natural. Es una sensación de pertenencia al entorno, que exige mi atención y concentración, puro mindfulness y meditación. Lo olvido todo por unos instantes o por toda una tarde. Además, todo ese cavar, plantar, podar y regar, siempre a mi ritmo, de una forma tranquila y moderada, me ayudan a mantener la forma física, más aún, creo yo que el correr.

Yo quiero también pensar que la planificación y el cuidado del jardín, mantienen mi mente activa y saludable, y ¡siempre estoy aprendiendo! Aprendo sobre plantas, con mis vecinos de jardín, y voy comprendiendo las técnicas de cultivo y los ecosistemas. Esto de cuidar mi jardín es también una buena actividad social en interacción con otros jardineros. Ahora soy el presidente de mi ciudad jardín y, los proyectos de jardinería comunitaria fomentan el trabajo en equipo y la colaboración entre vecinos. Es fantástico ver, como todos los “jardineros”, llamémosles así a los propietarios de los jardines, se reúnen cada día de trabajo colectivo, siempre un sábado a final de mes, y, tras una pequeña explicación por mi parte de cuales serán las tareas del día, parten contentos, jóvenes y viejos, grandes y pequeños, con sus herramientas, a cuidar los caminos, jardines comunes y pequeños parques, árboles y flores, que engalanan nuestros pequeños caminos de grava. Tras tres horas, nos juntamos todos alrededor de una barbacoa y comemos, lo que algunos colonos han guisado (casi siempre chorizos) nos bebemos algunas cervezas y hablamos y hablamos, hasta que alguien dice que va siendo hora de recoger.

Estamos muy orgullosos de nuestros pequeños oasis, no solo por la belleza en si, o por el beneficio físico y psicológico que nos proporciona, sino también porque un jardín bien cuidado puede contribuir a la conservación del medio ambiente, promoviendo la biodiversidad y la creación de hábitats para insectos y aves. Yo tengo naturalmente un “hotel” para insectos y un nido prefabricado, preparado para una pareja de pájaros, con el mayor confort.

Pensando en todo esto, recibo un WhatsApp de mi amigo Víctor Bermúdez, filósofo y consejero del Ministerio de Educación español, en el que me dice, que está muy interesado en la cuestión que yo planteaba en mi anterior entrada, referente a la educación para la sostenibilidad, pues es algo a lo que él dedica gran parte de su tiempo. Tras contestar su mensaje, me pongo a pensar que yo también me he dedicado a esto hace muchos años, como profesor y como director de un instituto. El primer proyecto en el que me vi involucrado, fue en Gröna Skolgårdar (patios escolares verdes), proyecto que implica colaboración entre las escuelas, los estudiantes, los padres, la comunidad local y las autoridades educativas. Involucrando a todos en la planificación y el diseño participativo, donde los estudiantes y otros miembros de la comunidad tienen voz en cómo se desarrollan y utilizan los espacios. Aquí es muy importante que los profesores se involucren, pues, sin su participación, estos proyectos tienen una vida muy corta. La idea de estos proyectos es crear espacios donde los estudiantes puedan aprender sobre la naturaleza, la biodiversidad y la sostenibilidad de manera práctica y experiencial. Se ha podido constatar que, llevando a cabo estos proyectos, se fomenta la salud física y mental de los estudiantes, proporcionándoles un entorno natural donde poder jugar, explorar y relajarse. Los recreos se desarrollan más tranquilos y se ha podido constatar una significativa bajada del acoso escolar en aquellos centros que forman parte del proyecto.

En colaboración con todos los actores presentes en las escuelas, padres incluidos, se crean áreas verdes y jardines, espacios con plantas, árboles y flores donde los estudiantes pueden aprender sobre botánica y jardinería, que también funcionan como áreas de juego con estructuras hechas de materiales naturales como madera y piedra, que fomentan el juego creativo y activo. También se diseñan y construyen áreas designadas para la enseñanza y el aprendizaje al aire libre, equipadas con mesas y asientos, aprovechando viejos troncos y madera desechada.

En estos entornos, diseñados y construidos con el esfuerzo colectivo, los estudiantes aprenden sobre plantas, animales y ecosistemas, aumentan su conocimiento y apreciación del medio ambiente. Además los patios escolares verdes proporcionan un espacio para la actividad física, lo que ayuda a combatir el sedentarismo y promueve un estilo de vida activo. Sabemos muy bien que los jóvenes de hoy son muy sedentarios, aquí en Suecia también. Un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestra que una gran proporción de los niños suecos tienen sobrepeso. Hoy en día, el 22% de todas las niñas suecas tienen sobrepeso, en comparación con el 15% de hace 40 años. Para los niños, el aumento es aún más dramático con una duplicación de la proporción de sobrepeso. Hoy en día, el 25% de todos los niños suecos tienen sobrepeso, en comparación con el 13% de hace 40 años. Las causas de este resultado, devastador desde el punto de vista de la salud, se deben buscar en los cambios en los hábitos de vida, principalmente el aumento del sedentarismo, así como en los hábitos alimentarios deteriorados, donde las frutas y verduras, en gran medida, han sido reemplazadas por pasta, pan y pasteles dulces. Según la Agencia Nacional de Alimentos, la investigación muestra que una alimentación saludable puede contribuir a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares en un 30 al 50 por ciento, y prevenir hasta un tercio de todos los casos de cáncer. Los buenos hábitos alimenticios salvan vidas. La escuela juega sin duda un papel importante en el establecimiento de buenos hábitos, tanto en lo que respecta a la actividad física como a una alimentación saludable, mediante la demostración, enseñanza y práctica de hábitos alimenticios y de ejercicio saludables. Aquí es de gran importancia que los jóvenes aprendan a conocer de dónde viene la comida y que propiedades tiene, que efectos tiene para la salud a largo plazo.

Estos espacios fomentan la interacción social y el juego cooperativo, y ayudan a los estudiantes a desarrollar habilidades sociales. Algo que yo he podido constatar es que, el aprendizaje práctico y al aire libre mejora la concentración, la creatividad y las habilidades de resolución de problemas. Yo lo he practicado mucho con mis estudiantes y, si tuviéramos en Suecia el clima que tenéis en España, lo habría hecho mucho más a menudo. Hoy lo dejo ahí y seguiré mañana, porque tengo mucho que contar sobre la educación para la sostenibilidad.  Abajo podeís ver a tres políticos con tres ositos de peluche y un aula al aire libre muy refrigerada.

Paseo octogésimo primero. Pensando en una educación sostenible.

He visto pasar los últimos estudiantes que han alcanzado el título de bachiller, tras tres años de estudios. Hordas de chicos y chicas, la mayoría de dieciocho o diecinueve años, vestidos con sus mejores galas, caras alegres, risas, cánticos, música, carteles a cuál más provocador, a cuál más atrevido. Las chicas casi todas vestidas de blanco, los chicos con trajes mayormente oscuros y corbata anudada seguramente por papá. Los veo pasar, subidos en las cajas de grandes camiones, que esparcen su música desenfrenada, toda la clase junta. En uno de ellos veo que han escrito en una gran pancarta: “nunca hemos estado tan unidos como hoy” en otra: “Es la primera vez que toda la clase está presente”. Tocan el claxon, sirenas de barco portátiles, cantan o más bien berrean, en una palabra, se divierten. Todos llevan puesta su gorra blanca con visera negra y guirnalda al frente, a modo de estrella de alférez. Se la han ganado, unos con mejores notas que otros, algunos con asignaturas suspensas, pero todos pretenden haber cumplido con esos trece años de aulas y pupitres, gimnasios, manualidades, visitas a museos, maestros y profesores, exámenes, trabajos, presentaciones y, además todo lo otro, las relaciones sociales, los compañeros. En algunos casos, la lacra del acoso escolar, como víctima o como perpetrador. Trece años pueden ser muy largos para algunos, pero ahora ya acabó. Ya se están echando de menos, mientras vociferan en el camión, porque saben que mañana se dispersaran, y cada uno seguirá su camino, a su facultad, al paro, a su primer trabajo remunerado, a un pequeño apartamento, lejos de su ciudad. Muchos dejarán el nido, se despedirán de la familia y ya no volverán a su hogar familiar, más que para celebrar alguna fiesta familiar o asistir a una boda, un bautizo o un entierro. Aquí los jóvenes se independizan muy temprano. No es raro que lo hagan al entrar a la universidad, con 19 o a veces 18 años. El sistema lo permite, ofreciendo préstamos asequibles y prestaciones, como viviendas de alquiler para estudiantes.

Los padres les han estado esperando en el patio del instituto desde muy temprano, portando grandes carteles con fotos de cuando eran niños, en tamaño descomunal, un buen negocio para los fotógrafos que las hacen. Desde esas pancartas, sonríen o lloran niños y niñas rollizos y encantadores, que casi en nada se parecen a los hombres y mujeres que van saliendo del instituto, con sus notas en un sobre. Algunas familias los llevarán si pueden en coche antiguo, limosina, a caballo o como cada uno quiera y pueda, pero de forma especial y extravagante. Un día es un día. Llegarán a sus casas, donde les estarán esperando los que prepararon la fiesta. Vendrá la familia, los amigos, los conocidos. Comerán y beberán, bailarán y muchos se emborracharán esa noche por primera vez, y ebrios irán a visitar a otros amigos, que, como ellos, comienzan hoy su vida como individuos. Se supone, que en esos trece años habrán adquirido todo lo necesario para desenvolverse en una sociedad democrática, competitiva y consumista, Tienen conocimientos básicos en muchas cosas, pero yo me pregunto, si esos conocimientos les serán suficientes para conquistar el futuro. ¿Acaso les hemos dado una educación sostenible?

Empecemos por el concepto de sostenibilidad, tan de moda en nuestro tiempo. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de sostenibilidad en la educación? El concepto de sostenibilidad en una perspectiva de educación, según lo veo yo, se refiere a la integración de principios, valores y prácticas que promuevan el desarrollo sostenible en todos los niveles del sistema educativo. Esto debería implicar primeramente, preparar a los estudiantes para que puedan enfrentarse, y con suerte, solucionar en el fututo, los desafíos ambientales, sociales y económicos que nos esperan, fomentando una conciencia crítica y un compromiso activo con la sostenibilidad.

Una educación sostenible debe Incluir temas como cambio climático, conservación de recursos, biodiversidad, justicia social y economía sostenible en los planes de estudio. Es preciso promover un enfoque que combine ciencias naturales, sociales y humanidades para proporcionar una comprensión holística de los problemas de sostenibilidad. Personalmente me he visto involucrado en la creación de una rama de la educación superior, denominada Naturhumanisterna (línea de bachiller cintifico-humanista) que mantenía esta perspectiva holística, pero que desgraciadamente quedó eliminada tras la última reforma del bachillerato en Suecia, Gy11. Me encuentro a veces alguno de mis antiguos estudiantes, que hoy son médicos, ingenieros o sociólogos.

Una educación sostenible debe utilizar metodologías que involucren a los estudiantes de manera activa, como proyectos prácticos, estudios de caso y aprendizaje basado en problemas. Igual de importante debe ser el fomentar habilidades de pensamiento crítico, resolución de problemas, colaboración y toma de decisiones informadas.

No se puede dejar de implementar prácticas sostenibles en la gestión diaria de las escuelas, como eficiencia energética, reducción de residuos, uso de energías renovables y promoción de la movilidad sostenible. No se puede inculcar la sostenibilidad en instalaciones que no los son. Los estudiantes llevarán el ejemplo de los locales donde estudian durante toda su infancia y primera juventud, como modelo de referencia para su futura actividad. Las instituciones educativas deben por tanto actuar como modelos de sostenibilidad, demostrando prácticas sostenibles en sus operaciones y cultura organizacional.

Lo que se hace en el instituto debería estar conectado con la sociedad, estableciendo alianzas con comunidades locales, organizaciones no gubernamentales, empresas y otras entidades para desarrollar proyectos y actividades que beneficien tanto a los estudiantes como a la comunidad. Es de suma importancia fomentar la participación de los estudiantes en proyectos de servicio comunitario que aborden problemas locales de sostenibilidad. Aquí también tuve la suerte de poder contribuir con mis estudiantes con un éxito, no por muy trabajado menos inesperado, que fue el ganar el concurso proclamado por la alcaldía de Lund, que consistía en premiar el mejor proyecto para la construcción de un nuevo barrio que, por cierto, ya se ha hecho realidad, incorporando muchas de las propuestas que mis estudiantes presentaron, las cuales les dieron el merecido premio.

Al mismo tiempo que se implanta una conciencia para sostenibilidad, es esencial desarrollar en los estudiantes una conciencia ética y una responsabilidad hacia el medio ambiente y la sociedad, promoviendo valores como la equidad, la justicia y el respeto por todas las formas de vida.otivar a los estudiantes a ser agentes de cambio, empoderándolos para que tomen medidas positivas hacia la sostenibilidad en sus vidas personales y profesionales. Siempre ayudará a concretizar el trabajo, alinear los programas educativos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS)[1], integrando estos objetivos en las actividades y proyectos escolares. Se precisa fomentar una cultura de innovación y adaptabilidad que permita a las instituciones educativas evolucionar y responder eficazmente a los nuevos desafíos de sostenibilidad.

La sostenibilidad en la educación no solo se trata de enseñar sobre el medio ambiente o el desarrollo sostenible, sino de transformar la manera en que se enseña y se aprende. Se trata de preparar a los estudiantes para ser ciudadanos globales responsables, capaces de contribuir a un futuro más justo y sostenible para todos. Esta perspectiva educativa implica un enfoque transformador que integra el aprendizaje académico con la acción práctica y el compromiso comunitario. Yo he trabajado de esta manera en mis asignaturas, la Historia y la Ética.  Los estudiantes se alejan ya de la plaza en sus ruidosos camiones entre risas y cánticos y yo me quedo pensando en todos los fines de curso que he vivido y todas las veces que me he dicho para mí: ¡el próximo curso será mejor que todos los anteriores!

Mis estudiantes en su presentación “Lund 2030” y recogiendo el premio a su labor.


[1] https://www.undp.org/es/sustainable-development-goals

Octogésimo paseo. El derecho a la tierra.

La propiedad de la tierra.

Con los pies en la tierra, en mi jardín, este sábado 8 de junio, a las siete de la mañana, me pongo a pensar en eso que se suele llamar “mi tierra”. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de nuestra tierra? Algunos se refieren a la tierra que los vio nacer, a ese espacio indefinido que reúne los recuerdos de la niñez y el sonido del dialecto local. Otros, los menos, se referirán seguramente a la tierra que poseen con título de propiedad y no pocos a la tierra que trabajan a diario, y hacen florecer con su esfuerzo y dedicación. Pongamos por caso Extremadura. Los allí nacidos se referirán a “su tierra” como el pueblo, la ciudad o la zona de donde provengan. Muchos sentirán también que tienen un derecho de propiedad respaldado por la ley y abalado por escrituras. Muchos no tendrán tierras pero se sentirán igualmente unidos por un lazo invisible a esa tierra que llaman suya.

No me he puesto a pensar esto casualmente. En realidad, pienso en la problemática del derecho sobre la tierra, partiendo de conversaciones que he tenido en la carpa de mi partido, durante y tras las manifestaciones de apoyo al pueblo palestino, que tuvieron lugar durante unas semanas y que parece que han terminado, a partir del desalojo del campamento levantado por los estudiantes en el paraninfo, el jueves de la semana pasada. Durante las conversaciones, o más bien discusiones acaloradas, surgió la pregunta: ¿Quién tiene derecho a la tierra? ¿Tiene alguien un derecho especial sobre una tierra por el hecho de haber nacido allí? ¿Se basa el derecho sobre una tierra en la propiedad de la misma? ¿Deberíamos decir como los movimientos campesinos que, “la tierra es de quien la cultiva”? Me parece importante discutirlo, aun a sabiendas de que nunca podré convencer a aquellos que se dicen estar seguros de la respuesta afirmativa a cualquiera de esas tres opciones. Permitidme comenzar con la cuestión Palestina, siempre abierta y sangrante, como una yaga infectada que no quiere cicatrizar.  

Recurro como siempre a la historia para explicar mis pensamientos. No pretendo escribir nada que no sea bien conocido, pero creo que es menester remontarse unos cuantos siglos atrás para comprender la situación de Palestina en la actualidad. Soy completamente consciente que toda interpretación es subjetiva, lo que no me impide dar a conocer el análisis que a continuación me atrevo a exponer.  Palestina cayó bajo el control del Imperio Otomano en 1517. Este cambio de poder ocurrió tras la derrota del Sultanato Mameluco en la Batalla de Marj Dabiq. El sultán otomano Selim I, anexiono los territorios mamelucos, incluyendo Palestina, Siria y Egipto, al Imperio Otomano.

Bajo el dominio otomano, que duró hasta el final de la primera guerra mundial, Palestina fue administrada como parte de varias provincias otomanas, llamadas vilayatos y sanjaks, siendo gobernada según las leyes y políticas del imperio otomano, cuya administración introdujo ciertos cambios en la estructura política y social de la región, aunque la vida cotidiana y las estructuras locales de poder permanecieron relativamente estables durante gran parte de este período que duró hasta diciembre de 1917, cuando las fuerzas británicas conquistaron Jerusalén. Posteriormente, al terminar la guerra, la administración de Palestina fue establecida bajo un mandato británico conforme a las decisiones de la Sociedad de las Naciones.

Ya a comienzos del siglo XIX, concretamente a partir de 1820, comienza una importante emigración de cristianos protestantes a Palestina. Este movimiento se debió en gran parte a un aumento en el interés de los europeos y estadounidenses por la región, impulsado por motivos religiosos, misioneros, y en algunos casos, políticos. Uno de los primeros grupos en llegar fueron los misioneros protestantes. Las Sociedades Misioneras, como la Iglesia Anglicana y las misiones estadounidenses, enviaron representantes con el objetivo de establecer una presencia cristiana, educar a la población local y, en algunos casos, convertir a judíos y musulmanes al cristianismo protestante.

Muchos protestantes creían en el “restauracionismo”, la idea de que los judíos debían regresar a Palestina como un preludio a la Segunda Venida de Cristo. Esta creencia motivó a algunos a establecer colonias y comunidades en la región, pues esperaban el regreso de cristo y pensaban que regresaría a Palestina, y los llevó a establecer numerosas escuelas, hospitales y otras instituciones en Palestina. Por ejemplo, la Iglesia Misionera de Londres y la Iglesia Presbiteriana Americana fundaron instituciones educativas y médicas, que a menudo se convirtieron en centros importantes de la comunidad local. Aunque menos común que las actividades misioneras, hubo intentos de establecer colonias protestantes. Un ejemplo es la colonia establecida por la Sociedad de Temple (Templarios) de Alemania en Haifa y Jaffa en la segunda mitad del siglo XIX. Inicialmente, las autoridades otomanas eran bastante recelosas de la inmigración cristiana protestante. Temían que la presencia de misioneros y colonos pudiera desestabilizar la región y fomentar influencias extranjeras. Como resultado, implementaron medidas para controlar y vigilar las actividades de los inmigrantes y misioneros protestantes, estableciendo regulaciones estrictas sobre la compra y posesión de tierras por parte de extranjeros para prevenir la creación de enclaves que pudieran desafiar la autoridad otomana. Pero las potencias europeas, particularmente Gran Bretaña, Alemania y Francia, ejercieron presión diplomática sobre el Imperio Otomano para permitir la actividad misionera y la inmigración cristiana. La diplomacia de estas naciones a menudo incluía la protección de sus ciudadanos y la promoción de sus intereses religiosos y culturales en Palestina.

Los otomanos tuvieron que equilibrar sus relaciones con las potencias occidentales, permitiendo cierta actividad misionera para evitar conflictos diplomáticos mayores. En algunos casos, esto resultó en la concesión de permisos para la construcción de iglesias, escuelas y hospitales. A medida que las instituciones misioneras comenzaron a proporcionar servicios esenciales, como educación y atención médica, las autoridades otomanas vieron beneficios en permitir su operación en Palestina. Estas instituciones contribuían al bienestar de la población local y podían aliviar la carga sobre los recursos otomanos. Podríamos decir que estas organizaciones cristianas actuaban de forma parecida a la Hezbolá en el Líbano o   Yami’at al-Ijwan al-Muslimin (Hermandad Musulmana) en Egipto, organizaciones estas, a veces toleradas (Líbano) o perseguidas (Egipto) que funcionan como un estado dentro del estado y que solucionan los problemas de muchos ciudadanos, abandonados por sus respectivos gobiernos.

La escritora sueca Selma Lagerlöf, que recibió el Premio Nobel de literatura en 1909, llegó a Palestina el primer año del siglo XX, en un largo viaje por Oriente Medio que la llevó hasta la colonia sueca de Jafa, que había sido establecida por un grupo de suecos y estadounidenses liderados por el predicador George J. Adams, en 1866. Adams había prometido a sus seguidores una vida mejor y la oportunidad de asentarse en la Tierra Santa. Esta colonia se enfrentó a muchas dificultades desde el principio. Problemas financieros, enfermedades y las duras condiciones de vida en Palestina llevaron a un rápido declive de la colonia. Muchos colonos se sintieron decepcionados y abandonaron el proyecto, regresando a sus países de origen.

Durante su visita, Selma Lagerlöf se interesó profundamente por la historia de estos colonos, principalmente los suecos, y sus experiencias en Palestina. Sus observaciones y encuentros con los colonos influyeron en su trabajo literario posterior. Esta experiencia en Palestina inspiró una de las obras más conocidas de Lagerlöf, “Jerusalén” escrita entre 1901 y publicada en 1902. La novela se divide en dos partes y narra la historia de un grupo de campesinos suecos que emigran a Palestina debido a sus fuertes convicciones religiosas, reflejando las historias de la colonia sueca de Jaffa.

Los conflictos entre la población árabe y musulmana de Palestina y los nuevos colonos comenzaron a aparecer nada más establecerse los primeros asentamientos cristianos, y además, en paralelo, comenzó la emigración organizada desde Europa a Palestina de judíos. Una de las primeras organizaciones que se dedicó a preparar el terreno para una emigración judía hacia Palestina fue Alliance Israélite Universelle, fundada en París en 1860, que se dedicaba a la educación y la defensa de los derechos de los judíos en todo el mundo. Aunque su enfoque principal no era la emigración a Palestina, la Alliance ayudó a mejorar las condiciones de vida de los judíos en Palestina y apoyó proyectos educativos y agrícolas que facilitaban el asentamiento. Desde Rusia, Bilu, Fundado en 1882 por un grupo de jóvenes judíos en el Imperio Ruso, Bilu, un acrónimo hebreo de “Casa de Jacob, venid y caminemos”, fue uno de los primeros movimientos organizados que promovió la emigración a Palestina. Bilu inició la fundación de varias colonias, incluyendo Rishon LeZion. También en Rusia, Hovevei Zion “Amantes de Sion”, fundada en la década de 1880, promovió la idea de un regreso a Sion y facilitó la emigración de judíos a Palestina. Esta organización ayudó a establecer varias colonias agrícolas y fue uno de los primeros movimientos proto-sionistas.

Estas organizaciones habían nacido tras los muchos y muy frecuentes pogromos promovidos en Rusia y en otros lugares por tendencias antisemitas, con el beneplácito de las autoridades. Los judíos vivían en una situación de desprotección que obligaba a algunos a convertirse al cristianismo, como por ejemplo la familia de Karl Marx, y a otros a intentar emigrar. Jewish Colonization Association, creada en 1891 por el barón Maurice de Hirsch, apoyó la emigración de judíos a diversas partes del mundo, incluida Palestina, aunque su principal enfoque fue en América del Sur y del Norte. Esta organización ayudó a financiar y organizar colonias agrícolas judías. En la actual Ucrania, el Comité de Odessa, fundado en 1890, fue una de las ramas más influyentes de Hovevei Zion. Este comité facilitó la emigración y el asentamiento de judíos en Palestina, financiando la compra de tierras y el establecimiento de colonias. La financiación corría a cargo de comités y organizaciones y en gran parte de mecenas o financieros judíos, como el Barón Edmond de Rothschild, que apoyó financieramente a muchas colonias judías en Palestina, proporcionando fondos y asesoramiento técnico para asegurar su éxito. Su apoyo fue fundamental en los primeros años de la inmigración judía organizada.

La financiación al detalle, que proporcionó los fondos necesarios para realizar la inmigración y asentamiento en palestina de miles de judíos, fue principalmente obra de Jewish National Fund / Keren Kayemeth LeIsrael, establecido en 1901 específicamente para comprar y desarrollar tierras en Palestina para la colonización judía. Este fondo estaba financiado por donaciones de judíos de todo el mundo y adquirió grandes extensiones de tierras, siendo fundamental para el establecimiento de numerosas comunidades agrícolas judías. En 1903 fue fundado el Anglo-Palestine Bank, como el brazo financiero del movimiento sionista, el Anglo-Palestine Bank o Bank Leumi, proporcionó financiación para la compra de tierras y para el desarrollo de asentamientos agrícolas y urbanos.

Las tierras que compraban los judíos que emigraban a Palestina tenían varios tipos de propietarios. El estado otomano poseía tierras, conocidas como tierras miri, que podían ser vendidas a particulares. Algunas de estas tierras estatales fueron adquiridas por inmigrantes judíos o por las organizaciones que los apoyaban. Aparte del propio estado, los propietarios podían ser grandes terratenientes otomanos, los llamados effendi, que eran parte de la élite local o vivían en ciudades como Beirut, Damasco y Estambul. Estos terratenientes solían poseer vastas extensiones de tierra que arrendaban a campesinos locales. Muchos de los terrenos eran por tanto propiedad de individuos que no vivían en Palestina y que a menudo residían en otras partes del Imperio Otomano. Estos propietarios ausentes estaban dispuestos a vender sus tierras debido a la distancia y la falta de control directo sobre las mismas, especialmente en un momento en que el imperio otomano no podía ofrecer garantías de estabilidad a largo plazo. Varias tierras eran propiedad de instituciones religiosas islámicas, como las waqfs, fundaciones piadosas islámicas, que administraban tierras en beneficio de mezquitas, escuelas religiosas y otros fines caritativos. En algunos casos, estas tierras también fueron vendidas a compradores judíos. Aunque menos común, algunas tierras eran propiedad de campesinos árabes locales. Sin embargo, debido a la estructura feudal de la tenencia de la tierra, muchos campesinos trabajaban tierras que no eran de su propiedad, sino que pertenecían a los terratenientes a los que me he referido arriba.

Al principio, el Imperio Otomano tenía una política relativamente abierta hacia la inmigración judía. Durante el siglo XIX, se permitió a los judíos establecerse en Palestina, especialmente porque el imperio veía con buenos ojos el desarrollo económico que podían traer los inmigrantes. Sin embargo, con el aumento de la inmigración y la creciente preocupación por el sionismo, las autoridades otomanas comenzaron a imponer restricciones. Por parte de los habitantes autóctonos de la Palestina otomana, tanto árabes como judíos, la recepción de los inmigrantes era variopinta. Algunos veían a los inmigrantes como una oportunidad para el desarrollo económico y el comercio. Sin embargo, a medida que aumentaba el número de inmigrantes y comenzaban a adquirir todo tipo de propiedades inmobiliarias, surgieron tensiones, principalmente con la población árabe local, que temía la pérdida de sus tierras y un cambio en el equilibrio demográfico.

El propio proceso de compra de tierras era facilitado a menudo por intermediarios locales, que podían negociar y realizar las transacciones en nombre de los compradores judíos. Estos intermediarios jugaban un papel crucial debido a su conocimiento del mercado local y su capacidad para navegar por las complejidades legales y administrativas del Imperio Otomano. Las adquisiciones de tierras no estuvieron exentas de conflictos. En muchos casos, las transacciones resultaron en desalojos de campesinos árabes que trabajaban la tierra, lo que generó tensiones entre los nuevos colonos judíos y la población local. Estas tensiones fueron creciendo por el aumento del número de inmigrantes y las crecientes aspiraciones nacionales tanto judías como árabes en la región. Porque, las corrientes nacionalistas estaban llegando al mundo árabe, aprovechando o a causa del declive del imperio otomano.

Durante el siglo XIX, el número de judíos que emigraron a Palestina fue significativo, pero no masivo, en comparación con las olas migratorias del siglo XX. Se estima que varios miles de judíos, aproximadamente 35 000[1], se trasladaron a Palestina a lo largo del siglo XIX, con un incremento notable hacia finales del siglo debido al surgimiento del movimiento sionista y a la intensificación del antisemitismo en Europa. En manos de los judíos estaban a finales del siglo XIX poco más del 2% de las tierras de palestina. El primer kibutz fue fundado en 1910. La inmigración fue aumentando en oleadas conocidas como “aliyot”, cada una influenciada por factores políticos, económicos y sociales tanto en Europa como el Oriente Medio, siempre siguiendo la muestra de las anteriores inmigraciones, o sea, adquiriendo tierras y colonizando terrenos colindantes, fundando kibutzim y moshavim, formas colectivas y cooperativas de asentamientos agrícolas en zonas exclusivamente judías.

Tras la debacle del Imperio Otomano, que entró en la primera guerra mundial, confiado en su principal aliado, Alemania, quedó Palestina en manos de Gran Bretaña, como un protectorado de la Sociedad de la Naciones y, tras la declaración de Balfour, por la que el gobierno británico expresaba su apoyo al establecimiento de un “hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina y al terminar la guerra, la administración británica permitió inicialmente la inmigración judía, aunque con ciertas restricciones y cuotas, intentando equilibrar las demandas judías y árabes. Sin embargo, con el incremento de tensiones y violencia entre judíos y árabes, las políticas de inmigración británicas fluctuaron y se hicieron más restrictivas, especialmente con la publicación del Libro Blanco de 1939, que limitaba severamente la inmigración judía.

La tensión entre las comunidades judía y árabe se intensificó, resultando en violentos disturbios en varias ocasiones, como los disturbios de 1920, 1929 y la gran revuelta árabe de 1936-1939.[2] Después de la segunda guerra mundial, los sobrevivientes del Holocausto buscaron refugio en Palestina, lo que llevó a un aumento en la inmigración ilegal, organizada por grupos sionistas a pesar de las restricciones británicas. En respuesta a la violencia y la inestabilidad, las Naciones Unidas propusieron un plan de partición para dividir Palestina en estados judíos y árabes, un plan que fue aceptado por la comunidad judía pero rechazado por los líderes árabes. En 1948, el Estado de Israel fue proclamado, lo que llevó a la Guerra de Independencia de Israel y el desplazamiento de un gran número de árabes palestinos, conocido como la Nakba. Despues, todos sabemos las consecuencias que la fallida partición ha tenido y sigue teniendo en la región, y las repercusiones que el conflicto tiene en todo el mundo.[3]

Si hablamos con un palestino, nos dirá que, a su pueblo, los judíos les robaron las tierras. Pero si, por el contrario, un judío es nuestro interlocutor, oiremos sus razones de que, esas tierras, las compraron sus antepasados directamente del gobierno otomano o de organizaciones religiosas musulmanas. Esto lo sé, porque a mí carpa han llegado palestinos con sus banderas y judíos con kipá y estrella de David al pecho. ¿Dicen la verdad, o mienten? Los dos dicen su verdad, pues, los palestinos (algunos palestinos) labraban tierras estatales o feudos religiosos, otros arrendaban tierras de terratenientes ausentes y unos pocos, muy pocos, las tenían en propiedad. No todas las tierras eran cultivables y su productividad era escasa. Consideraban, eso sí, tener un derecho de usufructo y mantener un derecho ancestral en general. El judío tiene razón en lo que dice, que ellos no vinieron por la fuerza de las armas, sino comprando la tierra y convirtiéndola, con su trabajo y sus conocimientos en un fértil enclave en el desierto. El judío exhibirá sus títulos y escrituras, el palestino mostrará las llaves de una casa, que sus antepasados dejaron cerrada al partir y que quizás ya no exista. Los dos tienen razón o quizás, ninguno de los dos la tiene.

No nos quedemos aquí, en este conflicto antiguo y actual a su vez, viajemos más atrás en la historia, a la edad media y a nuestra península. Allí encontraremos muchas colonizaciones y muchas más conquistas y reconquistas. Aquí llego en mi relato a ver una similitud entre lo que ocurrió en Palestina a partir de mediados del siglo XIX con Reconquista de tierras ibéricas, en concreto de Extremadura, que fue una de las regiones más afectadas por la Reconquista, ya que se encontraba en la frontera entre el territorio cristiano y el territorio musulmán. Durante siglos, la región fue escenario de numerosas batallas y conflictos entre cristianos y musulmanes, pero también significó la base de la construcción de una identidad cultural fruto de la amalgama de las diferentes culturas, lo que dejó una profunda huella en su historia y en sus gentes. Huella apreciable aún en nuestro tiempo. La convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos en la región durante siglos dio lugar a una sociedad diversa y multicultural. Me imagino que la existencia de la Cora de Mérida debería haber dejado huella en la construcción de la identidad extremeña.

Tras la conquista de Extremadura, los reinos cristianos incentivaron la llegada de colonos procedentes de otras regiones de la península, ofreciéndoles tierras y privilegios a cambio de su establecimiento en Extremadura. Desgraciadamente no contamos con datos fidedignos de la población musulmana que fue desplazada, pero recomiendo la lectura del trabajo de Juan Luis de la Montaña Conchiña[4] para un mejor conocimiento de los detalles de esta colonización. Aquí tenemos un ejemplo de una cultura, la musulmana, dominante en una región geográfica en cinco siglos, que en el transcurso de unas décadas se ve relegada a la sumisión o desaparición. ¿Me pregunto si esta situación se puede considerar comparable con lo que ocurrió en Palestina? Dejadme que me pierda en el mundo de los colores. ¿Qué pensará un palestino que visite Extremadura y estudie su historia, contemplando la bandera de la región?

Los derechos históricos no nos sirven para otorgar la supremacía de un territorio a un grupo determinado. El argumento histórico se saca a relucir cuando ya no quedan más recursos lógicos para darle la razón a un grupo que reclama el derecho a dominar un territorio, es decir: el derecho a legislar y tener depositada en sus legisladores la exclusiva del uso de la fuerza. Un paseo por Londres, Paris, Barcelona o cualquier otra ciudad, española o extranjera, mirando el catastro, nos revela que no necesariamente las fincas, las viviendas o las tierras pertenecen a personas autóctonas, muy a menudo ni siquiera a personas físicas. Por eso, los pueblos, los campos, las ciudades, los estados, van cambiando hasta ser casi irreconocibles. Para despertar un rechazo a este proceso hay que trabajar muy duro y tener muchos recursos. Los movimientos de los nacionalismos periféricos de finales del siglo XIX, que tenían ganas y recursos, se van desdibujando con el tiempo, aunque en algunos lugares, el rescoldo que aun queda, llega a avivar la llama. Pero me parece que esas llamas son como las que surgen al avivar un brasero, moviendo las cenizas, una pequeña llamarada y al fin se apagan, cuando ya no queda cisco que avive el fuego.

Me cuesta trabajo terminar esta entrada. Siento que me dejo muchas cosas en el tintero. Me gustaría que fuera una discusión entre amigos en un café y que alguien me contradiga y me haga pensar. Lo que he querido expresar es mi incapacidad de discutir con palestinos y judíos sobre el conflicto actual, sin herir a nadie, sin tomar partido, pero buscando la verdad y la razón. Me retiro a pensar un poco y a descansar. Hoy voy a correr con mi compañera, por primera vez desde mis dos operaciones, creo que esto me ayudará a despejar las ideas. Comencé a escribir el sábado, el día antes de las elecciones. El resultado ha sido muy positivo, pues conservamos nuestra parlamentaria en Bruselas. Hemos celebrado y no he podido seguir escribiendo hasta hoy. Ahora, me tomaré un merecido descanso.


[1] En este enlace podéis seguir el aumento de la población judía en Palestina en relación a la población árabe https://www.jewishvirtuallibrary.org/jewish-and-non-jewish-population-of-israel-palestine-1517-present?utm_content=cmp-true

[2] Para más orientación y buenas fotografías: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/israel-palestina-como-cuando-comenzo-conflicto_20332 y también https://www.bbc.com/mundo/articles/cd1dk2079rgo

[3] Para una buena relación de los sucesos que han llevado hasta la actual guerra, podéis consultar esta fuente: https://www.un.org/unispal/es/history/ 2024-06-12

[4] Juan Luis de la Montaña Conchiña: “Extremadura en la segunda mitad del siglo XIII: Repoblación y aspectos sociales.” En Coloquios históricos de Extremadura. https://chdetrujillo.com/extremadura-en-la-segunda-mitad-del-siglo-xiii-repoblacion-y-aspectos-sociales/ 2024-06-12

Paseo septuagésimo noveno. La importancia de algunas celebraciones del 6 de junio.

Hoy es el 6 de junio, un día especial por muchas razones. Yo voy paseando por mi querido Lund, camino de la carpa de campaña de mi partido, donde pasaré la tarde, y me encuentro con familias enteras que van caminando sonrientes en este día nublado y ventoso. Llevan casi todas pequeñas banderitas suecas y sé que vienen de celebrar la fiesta nacional sueca en el museo de la cultura (Kulturen) de la ciudad. Es un día festivo, una conmemoración que se celebra con picnic en un prado y algún que otro discurso, que recuerda la importancia de ir construyendo sobre la marcha la identidad sueca, porque, la esencia de lo sueco no radica en una etnia, ni está marcada por un deseo de guardar eternamente valores específicos. La identidad sueca se va construyendo a medida que pasa el tiempo, con los elementos que continuamente la van formando. Si es que queda un poso, una constante, de generación en generación, ese poso es sin duda la conciencia democrática, compartida por todos, y eso es lo que se celebra. Agradezco de corazón la ausencia total de desfiles militares y otros alardes bélicos, sobre todo en estos días que estamos viviendo.

El motivo de la celebración es la escritura y promulgación el 6 de junio de 1809, de una nueva constitución que estableció importantes cambios en el gobierno del país, incluyendo una mayor división de poderes y un marco más democrático. Esta constitución fue un paso significativo hacia la modernización política de Suecia. Suecia dejaba tras de si un largo periodo de absolutismo, tras el trauma de la pérdida de Finlandia, que cayó en manos del imperio ruso, y abrazaba el constitucionalismo. Comenzaba ahí, pasadas las guerras napoleónicas, un periodo de más de 200 años de paz y una larga transición democrática que culminó en 1921, con el voto femenino en el sufragio universal. Es, por tanto, una celebración a la paz y la democracia, motivo suficiente para estar orgullosos y mostrar su alegría. El azul y el amarillo, colores de la bandera sueca, iluminan las calles, los balcones, ondea en las altas astas en cada jardín, por muy pequeño que este sea, en camisetas, sombreros y gorras.

El 6 de junio marca también uno de los eventos más significativos de la historia moderna: el Día D, la invasión de Normandía durante la Segunda Guerra Mundial. Este día, en 1944, significó el comienzo del fin de una guerra que dejó cicatrices profundas en el mundo y redefinió el curso de la historia. Debemos honrar la valentía y el sacrificio de aquellos que participaron en esta operación monumental, aunque también debemos reflexionar sobre el costo humano de la guerra y la necesidad imperiosa de la paz. La invasión de Normandía, una de las operaciones militares más complejas y audaces jamás realizadas, fue un testimonio del coraje y la determinación de miles de soldados. Sin embargo, detrás de los actos heroicos y las victorias estratégicas, yace una dolorosa realidad: la pérdida masiva de vidas, la devastación de comunidades y el sufrimiento de millones de personas. Cada soldado caído, cada civil atrapado en el fuego cruzado, es un recordatorio de la brutalidad inherente a los conflictos armados, como el que estamos viviendo en Ucrania y en Palestina y en todos los demás, casi innumerables focos bélicos.

Me declaro abiertamente pacifista. El pacifismo no es una utopía ingenua, sino una postura ética y práctica que reconoce la dignidad y el valor de cada vida humana. Requiere un compromiso activo con el diálogo, la comprensión mutua y la cooperación internacional. En lugar de ver la guerra como una solución inevitable, debemos trabajar incansablemente para prevenirla y resolver las diferencias a través de medios pacíficos. En este contexto, abrazar una perspectiva pacifista no significa olvidar o minimizar el valor de los soldados que lucharon en el Día D. Más bien, se trata de reconocer que la paz es un objetivo que debe perseguirse con la misma dedicación y valentía que la guerra. El recuerdo del Día D debe servir como una advertencia sobre los horrores de la guerra y como una inspiración para construir un futuro donde tales sacrificios no sean necesarios. La historia de la Segunda Guerra Mundial y del Día D en particular, nos ofrece lecciones importantes. Nos muestra cómo el odio, el extremismo y la intolerancia pueden llevar al mundo al borde del abismo. También nos enseña sobre la capacidad humana para unirse y luchar contra la tiranía y la opresión. Pero, sobre todo, nos recuerda que la paz y la justicia son las verdaderas victorias que debemos aspirar a alcanzar.

Hoy, ochenta años después, el mundo sigue enfrentando conflictos armados y tensiones internacionales. La violencia y la guerra aún son una realidad para muchas personas. Sin embargo, también somos testigos de innumerables esfuerzos por la paz, la diplomacia y la resolución pacífica de conflictos. Es fundamental que continuemos apoyando y promoviendo estos esfuerzos. La mejor manera de rendir homenaje a aquellos que dieron su vida en el Día D es construir un futuro donde la guerra sea una reliquia del pasado y la paz una realidad duradera. Recordemos las palabras de John F. Kennedy: “La humanidad debe poner fin a la guerra antes de que la guerra ponga fin a la humanidad”. Ojalá el día D nos inspire a todos a ser defensores incansables de la paz, a valorar la vida y a trabajar juntos por un mundo mejor.

Ya en mi carpa, veo llegar tres jóvenes de color. Reconozco en sus facciones que serán somalíes. Los tres llevan bolsitas con el logo de la ciudad. Son tres de los 154 nuevos ciudadanos suecos, que el alcalde acaba de agasajar con un recibimiento en el ayuntamiento y un pequeño regalo, como recuerdo de este día tan importante en sus vidas. Vienen sonrientes y me dicen que son nuevos ciudadanos suecos y que están felices del recibimiento que han tenido. Se interesan por la política de nuestro partido y me preguntan cómo pueden votar. Yo les informo y les explico algo sobre nuestra política, contestando sus preguntas y ellos se van, sonrientes y bien vestidos, a depositar su voto, en la oficina que está a pocos metros de la carpa. Yo me quedo pensando que Suecia tiene futuro.

Paseo septuagésimo octavo. La IA y el arte. Reflexiones a partir de una conversación en WhatsApp.

Cuando voy a Cantabria, me siento como si estuviera en mi propia casa, lo que no es raro, porque mi hermana vive en Santander y siempre que puedo voy a visitarla. Los paisajes cántabros, el aire que se respira, la suave temperatura en la costa, los colores, en fin, todas las sensaciones, hacen de mi estancia allí una experiencia placentera. Tuve la suerte de visitar la cueva de Altamira antes de que la cerrasen en 1977. Era yo muy joven y me sentía atraído por la espeleología, y sigo estándolo, tanto es así, que siempre que encuentro una cueva en mi camino, procuro visitarla. La última gran experiencia fue una cueva en Cerdeña, de cuyo nombre no me acuerdo ahora mismo y de la que hablaré en otra entrada. Cantabria nos ofrece una gran variedad de lugares habitados por el hombre desde los albores de su presencia en estas tierras, entre otros la magnífica Cueva del Castillo, que aún se puede visitar, en el Monte Dobra, montaña sagrada para los cántabros, cerca de Cabuérniga. Este entorno es uno de los emplazamientos con mayor número de cuevas con arte rupestre paleolítico.

De Altamira recuerdo la sensación de visitar un templo del arte rupestre, un verdadero icono de la inquietud humana por trascender, apenas solucionado el problema de subsistir y protegerse. Cuando el hombre consigue asegurar la reproducción, comienza automáticamente la producción artística. No sabemos nada de los hombres y mujeres que sintieron la necesidad de plasmar en la roca figuras de animales y escenas de su caza. Tampoco sabemos para que lo hicieron y la fantasía, a veces alimentada por algún hallazgo científico, nos lleva a construir posibles escenarios. Ayer leí un artículo que mi amigo Víctor Bermúdez publicó en el Periódico de Extremadura bajo el titulo de “El retorno del alma”, a propósito de la proliferación de la IA en toda forma de producción humana. En este artículo, lo que me despertó la curiosidad y me hizo pensar más de la cuenta, fue la pregunta retórica: “¿Alguien sabe, acaso, ¿qué es y qué no es “arte” y por qué no puede escribir una máquina algo como, por ejemplo, el Ulises de Joyce?”.

Empezaré por decir que el arte, para mí, es una forma esencial de expresión humana que permite explorar y comunicar aspectos de la experiencia y la realidad que a menudo están más allá del alcance del lenguaje cotidiano, ya sea en la plástica, la literatura o la música. Como tenemos un grupo de WhatsApp en el que intercambiamos escritos y opiniones, escribí una respuesta, que comparto a continuación:

“Concibo el arte, Víctor, como algo que me hace sentir emociones. Las obras generadas por IA pueden ser impresionantes y técnicamente precisas, pero a menudo carecen de la profundidad emocional y el contexto personal que caracterizan al arte humano. Las pinturas de van Gogh no solo las aprecio por su técnica, sino por el profundo sufrimiento y pasión que transmiten, reflejando su vida y emociones. Reconsiderar el alma en el arte nos invitaría a reflexionar sobre lo que realmente valoramos en una obra: no solo su apariencia, sino la historia, la emoción y la humanidad que lleva dentro. Gracias por compartir tu artículo, como siempre, me hace pensar y creo que los humanos siempre seremos capaces de reconocer el auténtico arte, está, creo yo, en nuestros genes.”

Y es que, más que en van Gogh, pensaba yo en el efecto que las pinturas de Sorolla hicieron en el pequeño y tímido niño que era yo, la primera vez que subí a la casa museo del pintor, donde un tío mío moraba, pues trabajaba él allí como conserje. Me atrevo a hablar de genes en mi respuesta porque creo que los humanos somos capaces de distinguir aquello que otros igualmente humanos han hecho, de lo que ha podido hacer una máquina, cualquiera que sea el grado de virtuosidad que le haya sido dado, por el hombre. Sí, creo que es innato, no hay que aprenderlo, se siente o no se siente. Además pienso yo que toda expresión artística ha ido evolucionando con la ciencia y las innovaciones, inventos y descubrimientos que han ido surgiendo de la mente humana.

Mi definición del arte es: todo aquello que los humanos crean fuera de las más básicas necesidades reproductivas, y que busca una emoción estética en el que lo percibe. La emoción es central y, según Kant, el arte tiene la capacidad de evocar emociones y despertar el sentimiento estético, lo que permite al espectador experimentar una conexión profunda con la obra de arte. Para Kant, la belleza no está en el objeto en sí, sino en la relación que llega a establecer el sujeto, lo que el filósofo alemán denomina el juicio estético.

A lo largo de la historia, varios inventos o descubrimientos han revolucionado el arte de manera significativa, transformando cómo se crea, se percibe y se distribuye. Introducida por artistas del Renacimiento como Filippo Brunelleschi y Leon Battista Alberti, la perspectiva lineal permitió a los artistas crear la ilusión de profundidad en una superficie plana, lo que cambió radicalmente la representación visual en la pintura y el dibujo, permitiendo una representación más realista del espacio tridimensional. la imprenta permitió la reproducción masiva de textos e imágenes, facilitando la difusión del arte y las ideas artísticas, haciendo que los grabados y las ilustraciones fueran accesibles a un público mucho más amplio. Obvio una gran cantidad de evoluciones técnicas en el pase de la tabla al lienzo y en la producción de colores para pasar al gran invento del siglo XIX, La invención de la fotografía por Louis Daguerre y otros, revolucionó la captura de imágenes, permitiendo una representación precisa de la realidad y liberó a los artistas de la necesidad de documentar visualmente el mundo, permitiéndoles explorar nuevas formas de expresión. Ni que decir tiene que la fotografía se llegó a contemplar como una amenaza, pero, en realidad contribuyó al desarrollo de las artes plásticas.

La invención del cine por los hermanos Lumière y otros pioneros a finales del siglo XIX, introdujo el arte del movimiento, una nueva forma de arte visual, combinando elementos de la narrativa, la fotografía, la música y el teatro, y dando lugar a una industria completamente nueva. Más adelante fueron programas como Adobe Photoshop e Illustrator los que permitieron a los artistas crear y manipular imágenes digitalmente, transformando el diseño gráfico, la ilustración y la fotografía, permitiendo una flexibilidad y precisión sin precedentes en la creación y edición de imágenes. La proliferación de internet y plataformas de redes sociales como Instagram, Pinterest y DeviantArt democratizaron el acceso al arte y permitió a los artistas compartir su trabajo con una audiencia global instantáneamente, facilitando la colaboración y la inspiración entre creadores de todo el mundo.

Al igual que estos inventos, la IA tiene el potencial de cambiar radicalmente cómo se crea y se percibe el arte. Puede democratizar la creación artística, permitiendo a más personas acceder a herramientas avanzadas de creación y edición. La IA añade simplemente un elemento de automatización y aprendizaje profundo, permitiendo la creación autónoma de arte sin intervención humana directa, algo que ninguno de los inventos anteriores había logrado en la misma medida. Cada uno de estos inventos ha ido ampliando las fronteras del arte y ha permitido nuevas formas de expresión, y la IA parece ser la siguiente evolución en esta serie de transformaciones tecnológicas en el mundo del arte. El arte no muere, simplemente, se va desarrollando al tiempo que lo hace nuestra sociedad y, siempre que despierte el sentimiento estético, seguirá siendo arte.

El artículo de Víctor: https://filosofiacavernicolas.blogspot.com/2024/06/el-retorno-del-alma.html

Paseo septuagésimo séptimo. Cuando la izquierda se olvida de la historia y algunos ciudadanos se confunden.

Cuando yo era niño y dibujaba cualquier cosa, siempre dibujaba un sol sonriente y radiante presidiendo las escenas de castillos, prados y batallas que llenaban mis cuadernos. Ese sol tan presente en mi vida, que yo consideraba algo completamente normal, es ahora para mi motivo de alegría, cuando se muestra sobre un cielo azul en mi ciudad de Lund. Parece que, durante esta campaña para las elecciones al parlamento europeo, el sol y el buen tiempo están presentes casi a diario. Este buen tiempo es el que facilita el acampado en el paraninfo de la universidad, permitiendo a los que quieren mostrar su rechazo contra la acción militar de Israel en Gaza, gozar de una acampada bastante placentera.

Si se pasa por allí, no se oyen ni coros vociferantes, ni canciones protesta, ni siquiera una guitarra, nada de nada. Es como si los habitantes del improvisado parlamento se hallasen envueltos en una sesión de yoga. Un policía de uniforme bebe su café en vaso de cartón y hace lo que puede para pasar desapercibido, como si estuviese ahí de casualidad y la acampada no fuera con él. Hoy me detengo un poco para leer las pancartas que han puesto a modo de demarcación perimetral del campamento, rodeadas de banderas palestinas. Busco sin encontrar cualquier alusión a la masacre del 7 de octubre y me pregunto cómo pueden estos estudiantes, apoyados por unos cuantos profesores y doctorandos, omitir algo tan elemental. Conozco la respuesta, pero no por eso deja de preocuparme.

Llegó el jueves y la situación cambió completamente. A ese solitario policía se le sumaron doscientos más con coches patrulla y piquetes. A los acampados les dieron un ultimátum; o desalojaban el paraninfo en media hora, o serían desalojados por la fuerza. La mayoría optó por recoger los bártulos y marcharse a casa, posiblemente a un anhelado descanso. Unos pocos decidieron hacer frente a la policía con una agresividad pasiva pero ruidosa, sacaron sus megáfonos y empezaron a gritar consignas, mientras los policías retiraban las tiendas de campaña y las pancartas que quedaban. El recinto quedo vacío y bastante limpio. Tras las cintas y la vallas un grupito gritaba y gritaba sin descanso. Los policías aguantaban impasibles, exponiéndose al riesgo seguro de acúfenos de por vida.

Más de una semana se había permitido la acampada ilícita, pero llegaba el viernes, día de la solemne promoción de los nuevos doctores y la tradición manda que ese día, el paraninfo sea un lugar de celebración y etiqueta. Aquí en Lund guardamos las tradiciones y justamente la tradición de la promoción de los nuevos doctores, es una de las principales, diría yo casi, la más importante de todas. Por tanto, no se podía permitir que, por la razón que fuere, unos jóvenes ligeramente desaliñados ocupasen el lugar donde fraques, uniformes de gala y vestidos largos, debían pasear en su corto peregrinaje entre la catedral y el Aula Magna. Además, los cañones que anuncian la ceremonia y van marcando su marcha, 50 cañonazos esta vez, en honor de las facultades, los doctores honoris causa y los que celebran su quincuagésimo aniversario de su promoción a doctor, que esta vez, juntándolo todo, da para cincuenta atronadores cañonazos, que se escuchan por toda la ciudad. Los nuevos doctores desfilaron solemnemente, protegidos por la policía, pero escuchando los gritos de los que, desde fuera, chillaban ya contra todo y todos, contra Israel, contra la policía, contra los políticos, las autoridades y cualquier cosa que se le ocurriese al que por el momento dirigía el atronador coro.

Yo estuve todo el tiempo en nuestra carpa, aunque me dio tiempo a correr los doscientos metros que la separan de los cañones, situados al norte de la catedral. Allí fotografié la primera salva. Los doctores hicieron su procesión y, si alguien miró con atención a todo y cada uno de los sonrientes nuevos doctores, pudo descubrir que uno de ellos llevaba en sus mejillas los colores de la bandera palestina o quizás, no los sé, se tratara de algún extremeño, es una broma. Al día siguiente parece ser que los protestones estaban de descanso, era sábado, y creo que decidieron cumplir con los días de descanso judíos y cristianos, porque el domingo también fue tranquilo, pero el lunes, que fue ayer, nuestra Plaza Mayor se convirtió en el centro de las protestas de jóvenes iracundos. Esta vez fueron los Demócratas Suecos (Sverigedemokraterna) los que tuvieron que aguantar los chillidos y las cantinelas de jóvenes que increpaban al líder de la formación ultra, diciendo que era fascista, nazi, racista y otras lindezas. Decenas de policías formaban un cordón para protegerle, mientras los viandantes, que pasaban por allí, miraban con estupor la escena.

Despejado el paraninfo, los que protestaban contra Israel, contra la universidad y contra el gobierno sueco, esta vez ya privados de su cuartel general, decidieron concentrar su energía contra otros objetivos, los políticos que estábamos haciendo campaña apiñados alrededor de la plaza, en nuestras pequeñas carpas, verde oscuro para los del centro, verde claro para los Verdes, azul para los liberales (ahí estoy yo), rojo para los socialdemócratas, azul oscuro para los moderados y aún más oscuro para los cristianodemócratas, un azul difícil de expresar en palabras para los demócratas suecos y una cabaña que simula una casa típica del sur de Suecia para los de izquierda (antiguo partido comunista. También hay una cabaña minúscula con una bandera pirata que es la de el partido pirata, claro está, y una carpa morada, que a veces está y a veces no está, de un partido que se llama Volt y que nadie sabe muy bien que es lo que ofrece a cambio del voto.

Pues bien, los que protestaban en el paraninfo se vieron dispersos y sin hogar y, como si de un enjambre de avispas se tratase, se lanzaron al ataque verbal contra nuestro pequeño campamento, autorizado y sancionado por todas las autoridades, donde ejercemos nuestro derecho democrático a, siguiendo las reglas, informar a los ciudadanos de nuestra política y decirle lo que les prometemos hacer, a cambio de su voto. No me extrañó nada que los protestones y sus altavoces se dirigieran directamente hasta el lugar justo enfrente de los demócratas suecos. Allí, a un metro de distancia, se pusieron a gritar cosas como: “Fuera racista de nuestras calles”, “Fuera fascistas de nuestras calles”, “Plaestina, Palestina”, `Muerte a los sionistas” etc. Y allí se quedaron un buen rato. Los que representaban en ese momento al partido aludido eran un hombre bastante mayor y una mujer de mediana edad. Ante ellos una treintena de jóvenes, supuestamente estudiantes, con un par de megáfonos y algún altavoz eléctrico, acompañados de silbatos, que llenaban el espacio entre las cantinelas. Nuestra carpa se encuentra a 15 o 20 metros y el sonido era insoportable. Al fin, posiblemente requerido por alguno de los demócratas suecos o algún viandante, apareció un policía que se dirigió al que le pareció ser el dirigente de la acción. No por eso cesaron los gritos ni los pitidos, pero a la media hora, cuando ya el solitario policía había abandonado la escena, roncos ya y exhaustos de tanto chillar, se fueron yendo, uno tras otro, y en buena formación, con banderas palestinas y toda su parafernalia, a yo no sé dónde.

Y, pensando en estos acontecimientos vividos hace horas, llega el aniversario de una manifestación que terminó en masacre y que hizo temblar la China comunista. En junio de 1989, un día como hoy, la plaza de Tiananmén en Pekín se convirtió en el escenario de una lucha por la libertad y los derechos civiles. En abril de 1989, los y las estudiantes universitarios de Pekín se reunieron en la plaza de Tiananmen para elaborar una lista de reivindicaciones centradas en las reformas políticas y económicas, que también incluían llamamientos al fin de la corrupción, la censura y la limitación de los derechos básicos.

Los sucesos ocurridos en la Plaza de Tiananmen (la Plaza de la Paz Celestial) el 4 de junio de 1989 fueron el clímax de una serie de protestas lideradas principalmente por estudiantes que buscaban reformas políticas, democracia y una mayor libertad en China. Parece ser que, tras décadas de gobierno autoritario bajo el Partido Comunista de China, había un creciente malestar entre la población debido a la corrupción, la falta de libertades políticas y la desigualdad económica. El detonador de las protestas fue la muerte de Hu Yaobang, un líder reformista y exsecretario general del partido comunista, había sido destituido en 1987 debido a su apoyo a las reformas democráticas. Su muerte en abril de 1989, callada por el poder y los medios, desencadenó una ola de luto y protestas en todo el país entre aquellos que lo veían como un símbolo de reforma y liberalización.

Los manifestantes, en su mayoría estudiantes universitarios, exigían reformas políticas que incluyeran la libertad de prensa, la libertad de expresión, la democracia y la eliminación de la corrupción oficial. A pesar del crecimiento económico en China durante las décadas anteriores, había desigualdades económicas significativas y preocupaciones sobre el desempleo, lo que alimentaba el descontento entre algunos sectores de la población. Estos factores combinados llevaron a un movimiento de protesta masivo que culminó en la ocupación de la Plaza Tiananmen en Pekín. Sin embargo, el gobierno chino respondió con una violenta represión el 4 de junio de 1989, que resultó en la pérdida de vidas y el encarcelamiento de muchos manifestantes. Nunca sabremos con certeza la verdadera cantidad de muertos y heridos, pero se trató de cientos o miles. Según Amnestía Internacional, “más de 3.000 civiles resultaron heridos y más de 200, entre ellos 36 estudiantes universitarios, murieron durante la revuelta”[1].

No es que yo quiera comparar las acciones de los estudiantes suecos con lo que ocurrió en la plaza de Tiananmen, pero no puedo dejar de profundizar un poco en lo que representan. La acción de los jóvenes suecos ha sido apoyada sola y exclusivamente por representantes de la izquierda más ortodoxa que, en cualquier conato de conflicto en el que Israel esté involucrado, en contra de algún país árabe o en todos los conflictos con los palestinos, siempre eligen al estado judío como el causante y la parte agresora. Una izquierda tuerta, que solo ve con el ojo izquierdo y obvia la verdadera historia del conflicto, situándolo en la Nakba, la pérdida de tierras, propiedades y medios de vida para cientos de miles de palestinos y la creación de una población de refugiados dispersos en la región y en todo el mundo, como consecuencia de la guerra árabe-israelí de 1948. Todo lo que ocurrió con anterioridad, olvidando los pasos dados antes de la Nakba. En 1947, las Naciones Unidas propusieron un plan de partición de Palestina en un estado judío y uno árabe, con Jerusalén como un corpus separatum bajo control internacional. Los judíos aceptaron el plan, pero los árabes lo rechazaron, argumentando que era injusto y que violaba sus derechos. La declaración de independencia de Israel en 1948 llevó a una guerra entre los estados árabes y la recién creada Israel, que resultó en la victoria de Israel y todo lo que vino después.

Los estudiantes de Lund se autodenominan “progresistas” anticapitalistas y antisionistas y, sin saber, siguen las antiguas consignas de los países del lado este tras el telón de acero, políticas marcadas por la estrategia soviética.  Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética y sus aliados buscaban contrarrestar la influencia occidental, especialmente la de Estados Unidos, en Oriente Medio. Apoyar a los palestinos era una forma de desafiar la influencia estadounidense e israelí en la región, pues tenían intereses geopolíticos en la región y buscaban expandir su influencia. Apoyar a los palestinos les permitía ganar aliados en el mundo árabe y musulmán. Parece ser que las izquierdas han heredado esta política y siguen apoyando todo lo que viene de Palestina, inclusive Hamas y sus acciones de terrorismo.

Leo en el periódico sueco Göteborgs Posten un ejemplo de la actitud de los intelectuales de izquierda tras el atentado perpetrado por Hamas en territorio israelí que costó la vida a mas de mil ciudadanos israelíes y la libertad a cientos de ellos, raptados por Hamas: “Fue emocionante! ¡Fue energizante!” El hombre emocionado en el video se llama Russell Rickford y es profesor de historia en la Universidad de Cornell en Nueva York. Es un activista antirracista y partidario de BLM. Habló en una manifestación pro-palestina poco después del 7 de octubre del año pasado, y con “eso” se refería a la masacre de israelíes. El profesor Rickford luego tuvo que pedir disculpas por sus declaraciones, pero el sentimiento espontáneo de emoción es inequívoco: “Pudieron respirar por primera vez en años”, exclama refiriéndose a los habitantes de Gaza “amantes de la paz” que celebraron los actos viles de Hamás”[2]

Después del pogromo de Hamás en Israel el 7 de octubre de 2023, el antisemitismo dentro de la izquierda y el llamado movimiento antirracista se ha vuelto más evidente que nunca. En las redes sociales, florecen las teorías conspirativas, como la que sugiere que la masacre en el festival de música fue planeada por Israel, al igual que se ha afirmado anteriormente que los judíos estaban detrás del 11 de septiembre y del Holocausto. Y, por supuesto, la clásica: que los judíos controlan los medios de comunicación.

Parece ser que gran parte de la izquierda europea ha olvidado la historia reciente. Viven en la creencia de que los regímenes comunistas no han hecho más que bien y que son otros, los mal llamados regímenes liberales, conservadores o “fascistas” los que han causado muerte y desolación en el mundo. En realidad, el número total de muertes causadas por regímenes comunistas podría oscilar entre 85 millones y 100 millones de personas durante el siglo XX, sumando una combinación de factores, que incluyen represión política, ejecuciones, hambrunas causadas por políticas agrícolas fallidas, deportaciones masivas, trabajo forzado en campos de trabajo y otras formas de violencia estatal. Bastaría con preguntarles a los rusos, chinos, norcoreanos, cubanos, vietnameses, y a los ciudadanos de todos los países satélites de la antigua Unión Soviética para enterarse de las bonazas de los regímenes que se autotitulaban progresistas. Los chinos que se jugaron la vida y la perdieron en La Plaza de Paz Celestial buscaban justamente progreso.

Para terminar, os contaré una incidencia durante mi “guardia” en la carpa de nuestro partido, que me ha ocurrido esta mañana. Despacio y con paso seguro y decidido, se acercó a la carpa un hombre de unos 50 años, bien vestido, con porte elegante y gafas de montura de tortuga. Al llegar frente a mí me dio de sopetón esta afirmación: “ustedes, los liberales, son culpables de la muerte de muchas mujeres de cáncer de mama.” (¿?) Me dejó de piedra, pero me recompuse los suficiente para preguntarle: “¿Cómo y de qué manera piensa usted que nosotros hemos podido influir, de forma tan negativa, en la expansión del cáncer de mama?” – “Pues sí, mire usted, apoyando, junto a otros partidos el reparto equitativo entre los conyugues de la licencia y las prestaciones por natividad.” – “y, ¿de qué forma influye esta ley en la mortalidad por cáncer de mama?” – dije yo, bastante sorprendido. A esta altura, miraba yo intensamente a mi interlocutor, buscando señas de deficiencias en su salud mental. Buscaba algo que delatase que estaba ante un majareta, pero, quitando que en su mano derecha mantenía un rollo de falafel a medio comer, no pude encontrar nada extraño en su apariencia exterior. “Influye” – dijo el individuo – “obviando los resultados de la ciencia”, “Yo soy un científico” – dijo – “y por tanto a avengo a las pruebas científicas” – “¿Y… qué pruebas son esas? – pregunté. “¿Sabe usted cual es el grupo de mujeres en el que más prolifera el cáncer de mama? – me preguntó o más bien me demandó, acercándose un palmo más a mí, en forma de interpelación o careo. “Pues, no caigo” – dije honestamente, esperando oír que eran mujeres de una etnia exótica en cualquier isla del Pacifico. Maldecía yo un poco mi ignorancia en la materia, porque yo siempre quiero tener respuestas a todas las preguntas, pero aquí, estaba yo completamente perdido. “las monjas” – casi gritó- “Las monjas, porque tienen muchos ciclos menstruales y porque no amamantan, ese es el problema.” . ¡Ah!- pensé para mis adentros. Ya sé por donde vas a salir, un anti género o misógino o machista vulgar, pensé, al tiempo que observaba un chisporreo en los ojos de mi interlocutor que delataba su exaltación. “Y, como ustedes no les permiten a las mujeres que se queden en casa amamantando a sus hijos, por lo menos dos años, como recomienda la Agencia Mundial para la Salud, mueren de cáncer mujeres que podrían haberse salvado sin esa política exageradamente feminista, que ustedes, junto con otros partidos cómplices, avalan.” – “Además, añadió, las mujeres no sirven para algunos oficios y carreras, pero ustedes se empeñan en tener mujeres bombero, policías etc, contra natura.” – Aquí ya no pude aguantar más y le solté: “Mire usted, querido y respetado ciudadano, el cáncer de mama es una enfermedad grave que afecta a personas de todas las edades y condiciones, independientemente de su género o estado de maternidad. Culpar a las políticas de igualdad de género por un aumento en las tasas de cáncer de mama sería simplista y erróneo. En cambio, la prevención y el tratamiento del cáncer de mama se centran en la detección temprana, la conciencia sobre la salud mamaria, la adopción de estilos de vida saludables y la investigación continua sobre las causas subyacentes de la enfermedad.” Aquí hice una pausa, bebí algo de agua y seguí mí, ahora ya imparable, arenga: “Una democracia moderna y saludable se fortalece cuando se garantizan los derechos de todas las personas, independientemente de su género. Respetar y promover los derechos de las mujeres es esencial para el desarrollo y la consolidación de la democracia en cualquier sociedad. Esa es nuestra política, de la cual me siento orgulloso. Está usted en su derecho de votar a mi partido o a cualquier otro o de abstenerse, si esa es su voluntad. Así de fácil son las cosas en democracia. Buenas tardes y, que tenga usted un buen día.” ¡Lo que hay que aguantar en la carpa de un partido, un miércoles por la tarde! . A unos metros, los estudiantes desfilan con sus gorras blancas, entre risas y pitidos. Dentro de cuatro días quitaremos la carpa. Por cierto, ha empezado a llover.


[1] https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/tiananmen-respuestas-a-las-preguntas-clave/ el cuatro

[2] https://www.gp.se/kultur/kulturdebatt/den-svaraste-antisemitismen-ar-den-som-gaslightar-oss.0cf8e8e3-78f7-4bc8-b67f-a493b93d69a3 5 de junio de 2024

Paseo sextuagésimo sexto. Conciencia ambiental y paradojas de la economía mundial.

Todos los días, a eso de las once de la mañana, cuando voy a poner nuestra carpa en el centro de la Plaza Mayor de Lund, llego solo y me las apaño bastante bien, no sin esfuerzo, para levantar el tingladillo. Cuando yo llego ya están ahí algunos partidos más madrugadores. Los Verdes tienen su carpa a mi derecha, pasando la de los de Izquierda, y siempre viene alguno de ellos a ayudarme, cuando ve que vengo solo. Siempre hablamos un rato mientras levantamos la carpa. Casi siempre conversaciones cotidianas o comentarios sobre como nos va en las encuestas o algún incidente que nos ha ocurrido el día anterior. Esta vez comentamos el desalojo del campamento que los estudiantes propalestinos habían mantenido durante diez días ante el Paraninfo de la universidad, en los jardines que están junto a la fachada norte de la catedral. Esto estaba ocurriendo hoy, mientras hablábamos. Ya muy de mañana, la policía, que contaba con unos doscientos efectivos entre policías de dialogo y de porra, comunicaron a los allí durmientes, que era hora de despejar el campo. Les dieron treinta minutos para que lo hicieran y la mayoría obedeció sin delación, pero algunos tuvieron que ser evacuados a la fuerza, llevados arrastras por recios servidores de la ley. Fuera de las cintas perimetrales de la policía, algunos manifestantes gritaban consignas contra la policía, contra Israel, contra la universidad de Lund y contra el gobierno. Los gritos nos llegaban a nosotros, situados como estábamos a unos doscientos metros al sur de esta incruenta batalla. Se da el caso de que, el lugar ocupado por los manifestantes será ocupado mañana por media docena de cañones, que dispararán los tiros reglamentarios de saludo a los nuevos doctores, durante su promoción, que tendrá lugar en la catedral.

Bueno pues, como veis, Los Verdes y nosotros, Los Liberales, tenemos una buena sintonía. Tan buena es, que trasciende de lo cotidiano a lo político y viceversa. Cuando se trata de política medioambiental, energética y climática estamos en “primera división” según el ranking efectuado recientemente por la Asociación para la Defensa de la Naturaleza (Naturskyddsföreningen) y publicado en todos los medios. Así que, tenemos cosas en común y podemos hablar. Hoy, cuando llegue a la plaza, la conversación partirá estoy bastante seguro, de la común lectura de un artículo publicado en el periódico local, Sydsvenskan, traducido al sueco y escrito en original por Alessio Terzi, investigador que está vinculado a la Universidad de Cambridge y al Institut d’Études Politiques, Sciences Po, en París. Trabaja como economista en la Comisión Europea y ha escrito el libro “Growth for Good: Reshaping Capitalism to Save Humanity from Climate Catastrophe” y por Gernot Wagner, que es economista especializado en clima y trabaja en la Columbia Business School en Estados Unidos. Su libro más reciente se titula “Geoengineering: The Gamble.”

Este artículo tiene para mí una importancia vital, pues trata de cómo sería la forma más efectiva para salvar el mundo del cambio climático, sin parar el desarrollo necesario en gran parte del mundo y sin ocasionar problemas políticos en el mundo occidental. Lo que parece lógico es que, si el abuso de los recursos de la tierra nos ha llevado a esta situación de cambio climático, el ahorro y la sostenibilidad nos puede salvar. Estos investigadores proponen otra cosa, que, a simple vista, parece algo completamente opuesto a lo que “el sentido común” nos lleva a pensar. Me permito traducir aquí el artículo para que se comprenda el racionamiento que haré a continuación:

“Evitar una catástrofe ambiental requiere un mayor crecimiento.”

Publicado en Sydsvenskan, 31 de mayo de 2024, 05:30

Para enfrentar el cambio climático, debemos obtener más de menos, no solo reducir, escriben Alessio Terzi, economista en la Comisión Europea, y Gernot Wagner, economista especializado en clima en la Columbia Business School en EE.UU.

Solo una revolución que abarque energía limpia, sistemas de transporte limpios e industrias limpias puede poner el rumbo climático en la dirección correcta, escriben los autores del artículo. Solo una revolución que abarque energía limpia, sistemas de transporte limpios e industrias limpias puede poner el rumbo climático en la dirección correcta, escriben los autores del artículo.

Incrementar la eficiencia energética es, por supuesto, algo positivo. No es lo mismo que querer limitar el uso de energía, algo que generalmente se asocia con el decrecimiento y el movimiento que busca oponerse al consumo y al capitalismo.

La idea de reducir el consumo y el decrecimiento para alcanzar los objetivos climáticos surgió después de los confinamientos durante la pandemia de COVID-19, cuando las personas se quedaron en casa y las emisiones de dióxido de carbono disminuyeron considerablemente. Luego, la invasión de Rusia a Ucrania desencadenó preocupaciones sobre la seguridad energética en Europa.

En las sociedades hipercomerciales de hoy en día, se suele decir que el consumo hace cada vez menos felices a las personas, y que el minimalismo, por tanto, sería doblemente bueno al cuidar el medio ambiente y hacer que la gente se sienta mejor.

Si se piensa así, los países ricos deberían dejar de desarrollar sus economías. Pero incluso los más fervientes defensores del decrecimiento creen que los países pobres deben seguir aumentando su consumo e inversiones para evitar la pobreza y la miseria.

Si suena demasiado bueno para ser verdad, es porque eso es exactamente lo que es. El decrecimiento significa una reducción de todo el consumo, no solo un cambio hacia nuevos patrones de consumo, como reemplazar el uso de automóviles privados por el transporte público. Este tipo de cambios siempre han existido y es de lo que se trata el crecimiento verde.

Por supuesto, no hay nada de malo en elegir trabajar menos y ganar menos. Pero eso no es una manera de resolver la crisis climática. Aquí hay un cálculo simple:

Supongamos que la economía global se encuentra en una fase estable, ni se encoge ni crece. Al mismo tiempo, se está eliminando el uso de combustibles fósiles a un promedio de 2.4 por ciento por año, como ha sido en los últimos veinte años según el FMI (Fondo Monetario Internacional) y las estadísticas de emisiones del Global Carbon Project. En este escenario, las emisiones mundiales de dióxido de carbono se habrán reducido en un 48 por ciento para el año 2050. Esto está lejos de la meta de emisiones netas cero. Aun así, esta hipotética economía mundial sería casi el doble de eficiente en limitar las emisiones de dióxido de carbono en comparación con la actual.

Ahora imaginemos que la eliminación de los combustibles fósiles depende completamente de una disminución en la productividad económica. Para lograr el mismo resultado, es decir, casi una reducción a la mitad de las emisiones actuales, el PIB mundial tendría que disminuir en un 5 por ciento cada año durante las próximas tres décadas. Como comparación, se redujo un 2.7 por ciento durante los confinamientos en el año de la pandemia de 2020.

Si solo consideramos a los países ricos, como proponen los defensores del decrecimiento, el argumento se vuelve casi absurdo: el PIB de los países del G7 tendría que disminuir en un 17 por ciento ya en 2024 y luego cada año en la misma medida que durante la Gran Depresión de la década de 1930.

Para el año 2030, sería aproximadamente igual de difícil y costoso obtener electricidad en los países del G7 como lo es hoy en Sudán del Sur. ¿Cuántos consumidores conscientes del clima en el mundo occidental aceptarían eso?

Nuestros cálculos hipotéticos comenzaron con un crecimiento nulo. En realidad, el crecimiento en las últimas dos décadas a nivel mundial ha sido de alrededor del 6.8 por ciento anual per cápita. Combinado con el aumento de la población, el incremento del crecimiento ha llevado a un aumento, no una disminución, de las emisiones de dióxido de carbono.

Solo una revolución que abarque energía limpia, sistemas de transporte limpios e industrias limpias puede poner el rumbo climático en la dirección correcta. Alcanzar el nivel cero de emisiones de dióxido de carbono cuesta billones de dólares en inversiones que, por lo tanto, aumentan, no disminuyen, el crecimiento económico.

Todo esto no significa que sea innecesario ahorrar energía. En 2007, Estados Unidos legisló la eliminación y sustitución de bombillas incandescentes por LED, lo que resultó en grandes ahorros monetarios, ya que las nuevas bombillas son más eficientes. No se puede concluir que el reemplazo hubiera ocurrido sin la legislación. Sin embargo, se financiaba por sí mismo, ya que los estadounidenses podían usar o ahorrar el dinero que les sobraba. Independientemente de lo que hicieran, esto aumentaba el crecimiento económico.

El margen para mejoras significativas en eficiencia es considerablemente mayor que el cambio a bombillas LED. Utilizar los recursos limitados de manera más eficiente es la propia definición de productividad económica, lo que a su vez aumenta el crecimiento.

Dado que debemos acelerar el ritmo del trabajo para hacer que nuestras economías sean independientes del carbón, la tecnología verde debe ser implementada mucho más rápido que en la actualidad.

Evitar una catástrofe ambiental requiere un mayor crecimiento. No porque un PIB en aumento constante sea el objetivo, sino porque el crecimiento aumenta cuando las emisiones se reducen lo suficientemente rápido.”

Este artículo, con sus conclusiones, puede parecer paradójico. Tradicionalmente, el crecimiento económico ha estado asociado con un aumento en el consumo de recursos y, por ende, con un incremento en las emisiones de gases de efecto invernadero y otros impactos ambientales negativos. Pero, parece ser que, esta aparente contradicción se disuelve cuando se analiza el concepto de crecimiento económico en el contexto de una economía verde y sostenible.

El argumento de que un mayor crecimiento económico puede ser necesario para evitar una catástrofe ambiental se basa en la transición hacia tecnologías limpias y eficientes. Los puntos clave que sustentan esta posición son las Inversiones en tecnología verde, la eficiencia energética y el crecimiento sostenible.

Alcanzar niveles cero de emisiones de carbono requiere inversiones masivas en energías renovables, infraestructura de transporte limpio, y procesos industriales sostenibles. Estas inversiones son fundamentales para desarrollar y desplegar tecnologías que puedan reducir las emisiones de manera significativa.

La mejora en la eficiencia del uso de recursos no solo reduce el impacto ambiental, sino que también puede impulsar la productividad económica. La transición a tecnologías más eficientes, como las bombillas LED en lugar de las incandescentes, es un ejemplo de cómo se pueden obtener ahorros sustanciales y, al mismo tiempo, fomentar el crecimiento económico. Pero, esta es mi opinión, y en eso se que difiero de lo que piensan mis amigos verdes, esto no se podrá conseguir sin la utilización de energía nuclear.

La noción de crecimiento sostenible implica un cambio en el paradigma económico tradicional. Se trata de un crecimiento cualitativo más que cuantitativo, donde el aumento en el PIB se logra mediante la optimización de recursos y la innovación tecnológica, en lugar de la explotación de recursos naturales de manera insostenible.

No abordar el cambio climático y sus consecuencias puede resultar en costos económicos mucho mayores a largo plazo debido a desastres naturales, pérdida de biodiversidad y salud pública deteriorada. Por lo tanto, invertir en tecnologías limpias y sostenibles ahora puede prevenir gastos exorbitantes en el futuro.

La economía verde tiene el potencial de crear millones de empleos en sectores como la energía renovable, la eficiencia energética y la gestión sostenible de recursos. Esto puede contribuir al crecimiento económico al aumentar el empleo y generar nuevos mercados y oportunidades de negocio. Soy consciente de que esta explicación no consuela a los que trabajan en industrias antiguas, que pierden sus empleos o se sienten amenazados por las nuevas tecnologías. Algo así a sucedido anteriormente, cada vez que hemos pasado de un paradigma energético-productivo a otro nuevo: del sol y el músculo al vapor, del vapor a la electricidad, de la mecanización a la digitalización etc.  

Pensándolo bien, la premisa de que evitar una catástrofe ambiental requiere mayor crecimiento económico no es paradójica, cuando se considera desde la perspectiva de un desarrollo sostenible. Este enfoque reconoce que el crecimiento económico no solo puede coexistir con la sostenibilidad ambiental, sino que puede ser impulsado por ella a través de la innovación y la eficiencia. La clave está en redefinir el crecimiento económico para que incluya el bienestar ambiental como un componente central. Debo añadir que mi partido tiene una gran confianza en la capacidad de la ciencia, para solucionar los problemas del medioambiente y el cambio climático.

Estoy deseando llegar a la plaza para discutir el artículo. Me pregunto ¿qué pensarán mis amigos sobre este razonamiento? A nivel personal, seguiré pensando que es mejor tratar de reducir mi consumición en todos los aspectos y tratar de alcanzar mi bienestar por otros caminos, como disfrutar de la naturaleza, caminar y tratar de disminuir el tamaño de mi huella medioambiental en la Naturaleza. Ya os seguiré contando.

Paseo septuagésimo quinto. QUOD EST SUPERIUS EST SICUT QUOD EST INFERIUS

Paso por delante de la puerta del edificio EOS y miro a su fachada bañada por el sol, este día primaveral de finales de mayo. Voy de camino a mi puesto en la Plaza Mayor de Lund dónde pasaré gran parte de la tarde conversando con los transeúntes que quieran saber más de nuestra política liberal. Estamos en tiempos de elecciones, esta vez al parlamento europeo, y queremos que la gente conozca nuestra idea de como debería ser Europa, la Europa del futuro, al menos, de los próximos cinco años, que es el tiempo que duran los mandatos.

El edificio EOS es la sede de la logia masona Donatus. De puertas adentro la conozco gracias a que hace treinta años o más, celebramos allí la despedida de mi catedrático y primer director de tesis, Göra Rydstad, cuando este paso formalmente a formar parte del ejército de catedráticos eméritos, pero bien activos, con el que contaba y cuenta Lund. Aquí es raro el catedrático que no llega a los cien años; será el agua, será la estimulante vida académica o la pereza de dejar una ciudad tan hermosa, aunque fuera para irse al cielo.

En el sello de la logia Donatus se puede leer la sentencia “Quod est superius est sicut quod est inferius”. Esto me ha hecho pensar mucho, desde que lo leí la primera vez. Creo que es una declaración que invita a la reflexión profunda sobre la naturaleza de la realidad, la relación entre el mundo material y el espiritual, y el conocimiento personal. Este principio de correspondencia parece sugerir que todas las cosas están interconectadas y que el entendimiento de un nivel de existencia puede llevar al entendimiento de otro, promoviendo una visión unificada y armoniosa del universo y del ser humano.

Esta frase, he aprendido, proviene del Hermetismo, una tradición filosófica y esotérica basada en los escritos atribuidos a Hermes Trismegisto[1]. Esta expresión, comúnmente traducida como “Lo que está arriba es como lo que está abajo,” es parte de la Tabla Esmeralda, un texto hermético considerado fuente esencial de sabiduría esotérica y alquímica. Por este principio se interpreta que el macrocosmos (el universo) y el microcosmos (el individuo) están en armonía. Lo que ocurre en el universo exterior tiene un reflejo en el mundo interior de cada persona. En la práctica esotérica, esto lleva a buscar correspondencias entre fenómenos naturales y espirituales. Por ejemplo, los movimientos planetarios pueden tener correlatos en la vida humana o el funcionamiento de la mente. Los procesos químicos y físicos de la alquimia (como la transmutación de metales) se ven como metáforas de la transformación espiritual del ser humano.

La frase sugiere que, para alcanzar la sabiduría o la iluminación, uno debe reconciliar los opuestos, uniendo lo superior (espiritual, celestial) con lo inferior (material, terrestre). El principio explora la idea de que la dualidad de la existencia (cielo/tierra, espíritu/materia) es ilusoria, y que en realidad hay una unidad subyacente. Conocer el mundo exterior puede llevar a un conocimiento más profundo de uno mismo, y viceversa. Este conocimiento es esencial para el desarrollo personal y espiritual.

En términos modernos, puede relacionarse con ideas de interconexión y sistemas complejos en la ciencia, donde el comportamiento de pequeñas partes afecta el todo, y viceversa. También refleja una visión holística del universo, donde cada parte es un reflejo del todo y debe entenderse en ese contexto. Todo esto me hace pensar y pensar, sobre todo, cuando no llevo puestos los auriculares.

Bueno pues, cuando llego a mi pequeño tenderete, me pongo la gorra y el chaleco, azules los dos, que me hacen reconocible de lejos, para que todos sepan que yo estoy ahí para representar el liberalismo, viene un señor y me espeta así de golpe: “Perdone usted, saben ustedes que, según La segunda ley de la termodinámica, que simplemente dice que ciertos procesos físicos/químicos son irreversibles, no podemos actuar como si siempre pudiéramos “rebobinar la cinta”. Algunas decisiones pueden llevar a consecuencias irreversibles, por ejemplo, en el medio ambiente y el clima.” – Esto dicho, tratándose de la segunda ley de la termodinámica, me dejó con una cara, cuya expresión, seguramente, recordaba la faz de un besugo angustiado. “Segunda ley de la termodinámica”…Hm, Ejem…

 Menos mal que a mi lado tenía yo un compañero de partido que es doctor en física cuántica y yo pude pasarle la patata caliente, que el recibió sin inmutarse, y, tras una hora o más de conversación con mi compañero, vi por el rabillo del ojo que el ciudadano de la pregunta difícil se alejaba mostrando en su forma de caminar, ya, en todo su cuerpo, que había caído en tribulaciones profundas tras las razones expuestas por el físico liberal. Le pregunté a mi compañero que de qué se trataba la pregunta o afirmación o lo que fuera, y me dio una respuesta muy fácil de comprender:

“La segunda ley de la termodinámica, que simplemente dice que ciertos procesos físicos/químicos son irreversibles. Él argumentaba que debemos tener esto en cuenta en los contextos económicos y políticos. No podemos actuar como si siempre pudiéramos “rebobinar la cinta”. Algunas decisiones pueden llevar a consecuencias irreversibles, por ejemplo, en el medio ambiente y el clima.”

Y es que la segunda ley de la dinámica dice muy claro que: “La cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo.” Y la entropía es: “En un estado de equilibrio, los valores que toman los parámetros característicos de un sistema termodinámico aislado son tales que maximizan el valor de una cierta magnitud que está en función de dichos parámetros, llamada entropía.”  Traduciendo todo esto a un idioma más comprensible vemos que, la segunda ley de la termodinámica nos dice que, en cualquier proceso real, la entropía, o el desorden, siempre aumenta. Esto explica por qué ciertos procesos son irreversibles y por qué siempre hay una tendencia natural hacia el desorden en el universo. Vamos, este señor nos quería decir que tengamos cuidado con el desarrollo industrial y tecnológico, porque puede ocasionar daños irreversibles, aunque sea desarrollo “verde”.

Y, naturalmente este señor tenía y tiene bastante razón. Queremos más coches eléctricos y por tanto necesitamos nuevos metales estratégicos esenciales para el avance tecnológico y la sostenibilidad energética, siendo fundamentales para industrias que buscan innovaciones y soluciones limpias. La demanda de estos metales sigue aumentando, impulsando la investigación y el desarrollo en métodos de extracción más sostenibles y eficientes, porque hoy en día no lo son, y se extraen a veces en condiciones insalubres para los que trabajan en ello. El litio, cuyo uso principal está en las baterías recargables para vehículos eléctricos, teléfonos móviles y almacenamiento de energía. El cobalto para baterías de iones de litio, aleaciones de alta resistencia, crítico en la producción de baterías de larga duración y eficiencia. El níquel para el acero inoxidable, baterías de iones de litio, que mejora la densidad energética y la estabilidad de las baterías. El neodimio y el disprosio, para imanes permanentes en motores eléctricos y generadores de turbinas eólicas, es esencial para la eficiencia en la conversión de energía y la producción de motores eléctricos compactos y potentes. El disprosio aumenta la resistencia al calor de los imanes, mejorando su rendimiento en condiciones extremas. El praseodimio para las aleaciones de alta resistencia, imanes permanentes. El terbio, para imanes permanentes, fósforos en pantallas, porque mejora las propiedades magnéticas y la eficiencia en la iluminación y pantallas. El Galio, para semiconductores, LEDs, paneles solares, es crucial para la eficiencia en dispositivos electrónicos y energía solar. El indio, para pantallas táctiles, semiconductores, paneles solares. El platino y el paladio para catalizadores en la industria automotriz y química, la tecnología de hidrógeno, son viitales para la reducción de emisiones contaminantes y las tecnologías de energía limpia como las celdas de combustible de hidrógeno.

Estos metales se encuentran principalmente en altas concentraciones en países que hasta ahora no han tenido un gran valor estratégico por sus materias primas. Así pues, el litio lo encontramos en Australia, que es el principal productor, especialmente de espodumena, en Chile, que posee grandes reservas de litio en salares, especialmente en el Salar de Atacama, Argentina también cuenta con importantes reservas en salares, formando parte del “triángulo del litio” junto a Chile y Bolivia. Y otro gran productor y gran refinador de litio es China.

En Australia, así como en Rusia encontramos también cobalto, mientras que la República Democrática del Congo produce más del 60%. El mayor productor de níquel es Indonesia con Filipinas como segundo y a continuación Rusia y Australia. El Neodimio y otros elementos de tierras raras se encuentran en grandes cantidades en China, que domina la producción y refinamiento de tierras raras, incluyendo neodimio y disprosio, con más del 80% de la producción mundial, con Australia y Estados Unidos siguiéndoles. Sobre todo, Estados Unidos tiene reservas significativas y ha comenzado a aumentar la producción, especialmente en Mountain Pass, California. Australia también posee importantes reservas y está aumentando la producción de tierras raras. También en Suecia parece que hemos descubierto la presencia de grandes yacimientos de tierras raras, que vienen a sumarse a las ya conocidas reservas de uranio, también de mucha importancia estratégica.

El principal productor de galio es China, que lo extrae como subproducto de la minería de bauxita y zinc, como también lo hace Alemania. China es el mayor productor de indio, también un subproducto de la minería de zinc y domina las tierras raras. Canadá también produce cantidades significativas de indio. En Suráfrica se producen las mayores cantidades de platino, seguida de Zimbabue, mientras Rusia es el principal productor de paladio.

Para llegar a la transición energética, abandonar los combustibles fósiles y evitar el brusco cambio climático, necesitamos extraer y comercializar esas tierras raras y esos metales estratégicos. Pero, a día de hoy, muchos de esos recursos están en manos de regímenes menos democráticos. No es de extrañar que Rusia y China se hayan lanzado a conseguir el control del África subsahariana, pues, añadiendo los recursos que allí se encuentran a los suyos propios, conseguirían la hegemonía mundial sobre los recursos estratégicos.  

Para regresar a eso a lo que se refería el señor de las preguntas difíciles, la única solución sería gastar menos energía, ahorrar recursos. En realidad, yo pienso también así. Aquí no soy ortodoxo con la ideología de mi partido, al menos, no es nada que planteemos como alternativa. Nosotros decimos que somos optimistas respecto a la tecnología y que confiamos en la ciencia para que resuelva nuestros problemas energéticos y climáticos. Pero yo, personalmente pienso, que vivimos muy por encima de nuestros recursos naturales, necesitaríamos tres mundos y medio, si todos los ocho mil millones de humanos que habitan el planeta consumieran como lo hacemos nosotros en Suecia, poco menos en España. ¿Quién se atreverá a proponer austeridad? ¿Cómo vamos a pedirles a las economías emergentes que se restrinjan en sus ambiciones, para que los recursos lleguen a todos? Seguramente nos dirán que ahora es su turno y que si alguien tiene que ahorrar deberemos ser nosotros en occidente que llevamos un par de siglos de aprovecharnos de los recursos de todos y malgastarlos como si no hubiese un mañana. Algunas preguntas dan que pensar.

Me preguntan de todo, no solo de nuestra política para Europa, sino de nuestra relación con otros partidos, nuestra osadía de quitarle el poder a la socialdemocracia, nuestra posición en el conflicto entre Israel y Palestina, el cuidado de los jardines, calles y plazas de nuestra ciudad, el cambio climático, la posición que alcanzan nuestros alumnos en Pisa, la salud mental de nuestros jóvenes, el precio de la gasolina, y miles de cosas más. Hay que estar preparado, beber agua frecuentemente (la boca se reseca de tanto hablar), invitar a los ciudadanos a café y conversar y conversar y conversar.  

QUOD EST SUPERIUS EST SICUT QUOD EST INFERIUS

Entre el macrocosmos y el microcosmos estamos nosotros, los humanos. En nuestra mano está el futuro de este pequeño planeta azul. La política es una forma de organizar nuestro paso por el mundo, dejando, al poder ser, un futuro mejor para nuestros hijos, nuestros nietos y los nietos de nuestros nietos. Sabemos que es imposible imaginar cómo será el mundo dentro de dos mil años, pero, al menos, podemos comprender las consecuencias de nuestras decisiones.


[1] Hermes Trismegisto es el nombre griego de un personaje helenístico legendario que se asoció a un sincretismo del dios egipcio Thot y el dios griego Hermes. ​Se le considera ser el autor de la serie Hermética, una que contiene textos seudoepigráficos antiguos y medievales que sientan las bases de varios sistemas filosóficos conocidos generalmente como hermetismo. Los escritos que se le atribuyen fueron de gran relevancia para quienes se interesaban por la interrelación entre lo material y lo divino

Paseo septuagésimo cuarto. Crónica de un día de mayo marcado por la historia y la más rabiosa actualidad.

Lund es una pequeña ciudad que tiene, por lo menos, un ejemplar de todo lo que uno se pueda imaginar. Andando por sus calles nos podemos encontrar con una ganadora del premio Nobel, más de un escritor famoso o un ganador del festival de Eurovisión y, ni que decir tiene, medallistas olímpicos y artistas de moda. También tenemos un poeta oficial, bueno, semioficial, un bardo o trovador, que canta las excelencias de la ciudad en los salones mas coquetos de la metrópolis. A Niklas Törnlund, que así se llama nuestro poeta/cantautor, se le puede ver pasar en bicicleta con su guitarra a la espalda, camino de algún concierto o charla. Ahora que ya va alcanzando una edad respetable, le ha empezado a interesar la historia y se ha sumergido en los archivos y hemerotecas, buscando, como hacemos todos los historiadores, las raíces de esta sociedad en la que vivimos y la explicación de por qué somos como somos. En un foro de Facebook que lleva el nombre de “Tú sabes que eres de Lund…” (Du vet att du är från Lund…) escribió recientemente algo que descubrió leyendo la revista de los estudiantes “Lundagård” (es el nombre también del paraninfo universitario de Lund) sobre el carnaval de mayo del 1934.  El carnaval estudiantil es algo que ocurre cada cuatro años y que tiene una tradición que nos lleva a 1849, el próximo será 2026.

Se puede decir que el carnaval estudiantil trata de encontrar el nervio de los acontecimientos más importantes ocurridos en Lund, en Suecia y en el mundo mundial, en política, economía, ciencia etc.  siempre con un punto de humor, a veces muy negro, muy sui generis. Törnlund lee la revista y encuentra algo que le llama la atención. La parte del paraninfo, acotado para la ocasión ha sido rebautizado como “Campo de concentración” (Koncentrationsläger). Törnlund nos cuenta:

“A propósito del Carnaval de Lund en mayo de 1934, es decir, casi un año y medio después de la toma del poder por los nazis: El tema fue “El Día del Tercer Reich” y el comité del carnaval había comprado brazaletes con esvásticas auténticos de uno de los partidos nazis.

La revista Lundagård lo describe así: “Al frente del desfile del carnaval va un coche cuyos lados llevan pancartas con esvásticas pintadas. Los estudiantes a bordo van disfrazados como los hombres más importantes de la Alemania nazi. En la plataforma trasera, Hitler está tocando el piano mientras Goebbels y Göring saludan a las multitudes.”

Con un juego de palabras apenas disimulado, el mismo Lundagård fue rebautizado como el Parque de las Bestias y el lugar de la fiesta como… bueno, ya lo ven ustedes mismos. El periódico del carnaval se llamaba Vårkamp. (aludiendo a Mein Kampf, vår signifika primavera y nuestro)”

El 20 de marzo de 1933, Heinrich Himmler dio una conferencia de prensa y declaró que el primer campo de concentración, Dachau, había sido abierto. TT escribió sobre esto y el artículo fue publicado en varios periódicos suecos. Después de esto, siguieron numerosos informes sobre la tortura, los asesinatos y los abusos en los campos (los nazis querían que los campos fueran conocidos y disuadieran a los opositores). Además, al menos 6 suecos realizaron “visitas de estudio” a los campos antes de que se celebrara el Carnaval de Lund. Sus informes fueron publicados en Aftonbladet, DN, periódicos nazis, Östgöta Korren, el periódico de la Asociación Sueca de Paz y Arbitraje, Arbetet y numerosos periódicos de izquierda. Así que sí, todos los que sabían leer sabían lo que ocurría en los campos de concentración alemanes (si querían saberlo). Los campos de exterminio en Polonia no comenzaron a establecerse hasta diciembre de 1942 y lo que sucedía en ellos no se supo hasta el verano de 1943.

Ante las inminentes elecciones al Parlamento Europeo, estoy representando mi partido en el mismo centro de Lund, en la Plaza Mayor (Stortorget). Tenemos un container con un pequeño habitáculo y una tienda de campaña con nuestro logo. Ponemos una mesita con folletos y papeletas y contestamos a las preguntas que los ciudadanos y transeúntes nos quieran hacer. En principio, estamos todos los partidos representados. A mi derecha tengo al partido de izquierda (Vänsterpartiet), a la derecha de este está el partido verde (Miljöpartiet) y a la derecha de los verdes están los Demócratas Suecos Sverigedemokrater) que es lo más cerca que se puede estar del español Vox. A mi izquierda están los demócratas cristianos (Kristdemokraterna) con el partido del Centro (Centerpartiet) a su izquierda y los Socialdemócratas (Socialdemokraterna) a la izquierda de los del centro. Un partido nuevo y desconocido (Volt) pone un tenderete de vez en cuando, para marcar su presencia. Estos de Volt se hacen llamar liberales y quieren que Europa se convierta en una federación tipo Estados Unidos. Entre nosotros, los políticos participantes, nos llevamos bien. Nos ayudamos mutuamente a poner los tingladillos y, de vez en cuando, hablamos de cosas cotidianas, casi nunca de política, y si lo hacemos, nos gastamos bromas sin ánimo de ofender.

Ni que decir tiene, que todos los partidos tienen el permiso correspondiente de las autoridades competentes, que nos han designado un lugar en la plaza hasta el 9 de junio, fecha de las elecciones. Bueno, pues ayer, los estudiantes que siguen acampados en el paraninfo de la universidad, a doscientos metros de nuestro pequeño campamento, se formaron en procesión y cantando y chillando máximas como: “Fuera sionistas de nuestras calles”, “fuera fascistas de nuestras calles”, “muerte a Israel”, `boicotea Israel”, “Israel fuera de Palestina” etc. con altavoces a gran volumen, se pusieron a gritar a un metro de la carpa de Sverigedemokraterna, sin que estos pestañearan. Nosotros, que estamos a veinte metros del partido que se parece a Vox, quedamos aturdidos por los gritos. En medio de este caos, sin que apareciese la policía por ningún lado, me pregunta un transeúnte que qué pienso de la demonstración y yo le respondí de esta manera:

Por mí, todos tenemos derecho a expresar nuestras preferencias políticas. Yo lo hago con mi vestimenta, estando en esta carpa, repartiendo información de nuestro partido y hablando con todo aquel que quiera saber más de alguna cuestión política y de nuestra política en general. Hemos solicitado permiso y no violamos ninguna ley. Esta gente (refiriéndome a los gritones) vienen aquí con sus chales de Palestina y sus banderas a gritarle a un partido en concreto, tildándoles de fascistas y sin dar lugar a diálogo o discusión. La cuestión Palestina es muy complicada, gritaba yo para hacerme oír entre los pitidos y los gritos, y no se debería polarizar de esta manera. El transeúnte anónimo asintió con la cabeza y se marchó, mostrando con gestos su rechazo a los alborotadores.  

Horas antes, una jovencita se acerco a nuestra carpa y me preguntó a bocajarro cual era mi opinión sobre el conflicto. Empecé, como de costumbre, explicando la complejidad del conflicto y la larga historia de agravios mutuos, que se escondía tras él. Sin dejarme hablar hasta el final de mi pequeño discurso, parándome en seco me espetó: “! Israel tiene que desaparecer!”, “! ¡Que se vayan a Estados Unidos y dejen Palestina para los Palestinos!”. Le dije que uno de los problemas era que Hamas había tomado rehenes, que no quería soltar. A esto ella me contestó que Israel también tenía rehenes, los presos palestinos en las cárceles israelíes.  Cuando recobré la palabra, ella dijo muchas más cosas, que prefiero no difundir, tomé carrerilla y le dije lo que sigue:

El 7 de octubre de 2023, Hamas lanzó un ataque masivo contra Israel, incluyendo el lanzamiento de miles de cohetes y ataques terrestres que resultaron en numerosas muertes y secuestros de civiles israelíes. Esto lo has tenido que leer tú en algún medio de comunicación, porque es bien conocido. Este acto de agresión es una clara violación del derecho internacional y un desencadenante directo, un pistoletazo de salida, hacia la escalada del conflicto.

El conflicto entre israelíes y palestinos tiene una larga historia de violencia que se remonta a más de un siglo, por no irme más lejos. Ambas partes han cometido actos que han perpetuado la animosidad y la desconfianza mutuas. No es la primera vez que un conflicto armado estalla entre los dos pueblos bíblicos. Para ajustarnos a la más reciente actualidad, la Franja de Gaza, controlada por Hamas, enfrenta un bloqueo israelí que ha sido criticado internacionalmente por causar una crisis humanitaria. Ahí sí te doy la razón, que la comunidad internacional ha sido demasiado pasiva. Sin embargo, Israel justifica el bloqueo como una medida de seguridad para prevenir ataques terroristas, y esto se ha probado con frecuentes ataques de Hamas sobre el territorio fronterizo. Esta situación, tanto el boqueo israelí como los ataques de Hamas, crea un ciclo de violencia y represalias que afecta a ambas partes y siempre, sobre todo, a la población civil.

Israel tiene el derecho reconocido internacionalmente de defender a sus ciudadanos contra ataques. Las respuestas militares de Israel a los ataques de Hamas son vistas por Estados Unidos entre muchos, como una forma de autodefensa, aunque las tácticas y el alcance de estas respuestas son a menudo objeto de críticas por parte de la comunidad internacional debido al alto número de víctimas civiles palestinas. De acuerdo, no podemos cerrar los ojos ante las matanzas que esta guerra ciega contra grandes núcleos urbanos está causando. Ambos lados han fallado en alcanzar un acuerdo de paz duradero. Las negociaciones de paz han sido interrumpidas repetidamente, y los líderes tanto israelíes como palestinos han sido acusados de no comprometerse lo suficiente para encontrar una solución viable al conflicto, y los que lo han intentado han caído como víctimas de actos terroristas.

No sin odio en sus ojos, con los labios apretados, se dio la vuelta y me dejó antes de llegase yo al punto final, pero, creo que le di algo que pensar. Hoy hemos estado en paz, hasta ahora. La policía ha venido a ver si todo transcurría en paz y sin problemas. Seguimos la campaña, tomamos café. Hablando con la gente escuchamos sus problemas, sus miedos, sus deseos, sus esperanzas. Hablamos con gente mayor, con jóvenes, con niños, que vienen por los caramelos. El sol nos ha acompañado ya casi dos semanas. Yo he tenido tiempo hoy de liderar un grupo en un paseo por la historia, una caminata idílica con gente estupenda con ganas de aprender.

Paseo septuagésimo tercero. Millonarios activistas.

Todo lo que escribo aquí es producto de la fusión de tres elementos, a saber: mis largos paseos, lugares enigmáticos y, ante todo, mi memoria. Me inspiran sin duda Caliope y Clio, a veces también Euterpe, hijas las tres de Zeus y de Mnemósine, inspiradoras, junto a sus hermanas musas, de toda actividad humana relacionada con el arte. La memoria es pues la raíz de mis relatos, que se alimentan también de los parajes históricos que voy pasando durante mis caminatas. Allí donde no llega la memoria, o llega borrosa y difuminada por el paso de los años, me apoyo en las fuentes que encuentro en los archivos y en ese recurso inagotable que a todos nos brinda internet. Esto lo expongo para que el lector sepa, que los relatos que aquí puede leer son vivencias, trenzadas con acontecimientos y lugares de valor histórico.

Hoy paseo entre los frondosos árboles de Lundagård, frente al paraninfo de la universidad de Lund, y lo encuentro ocupado por un campamento multicolor rodeado de grandes carteles y pancartas. Me acerco y puedo leer que la acampada se debe a una actividad de solidaridad de los universitarios con el pueblo de Gaza y en contra de los masivos ataques efectuados por Israel a partir de los ataques de Hamas en octubre del año pasado. No cuento a los participantes, pero podría hacerlo sin dificultad, ya que son pocos, los que pasean conversando entre el pequeño campamento, o se sirven chorizos de la improvisada barbacoa. En la universidad de Lund hay aproximadamente 40 000 estudiantes, que seguramente andan ocupados con otras cosas, este esplendido día primaveral. En las pancartas leo cosas referentes al “genocidio” perpetrado por Israel, pero no leo nada sobre las sangrientas acciones de Hamas, y no me extraña. A la sombra de un castaño, un policía de uniforme, como único representante de las fuerzas armadas del estado, consulta interesado, quién sabe qué, en su móvil, a una prudente distancia de la barbacoa.

El mes pasado vino el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, invitado por la organización estudiantil, a visitar Lund y dar una charla sobre la política de su gobierno. “Mil gracias, es genial estar aquí”, comenzó el primer ministro, dirigiéndose a la concurrida audiencia. No llegó más lejos antes de ser interrumpido por un puñado de activistas ruidosos mezclados entre el público. “Tú eres responsable de un genocidio”, gritaban algunos, “Asesino” gritaban otros, en un espectáculo grotesco, donde los estudiantes que estaban interesados en escuchar al primer ministro y hacerle preguntas, se vieron envueltos en escenas dramáticas, hasta que los vociferantes fueron expulsados de la sala.

Al día siguiente se apresuraban 50 investigadores, con cátedra y sin ella, a defender a los llamados “activistas”. Yo miro la lista de firmantes y encuentro allí a muchos de mi generación, jóvenes en el 68. En su artículo escriben: “Protestar en voz alta y hacer sentir incómodos a los gobernantes cuando los valores humanistas están en peligro, ha fortalecido la democracia a lo largo de la historia. Este es uno de esos momentos en la historia”. Pero este artículo fue rápidamente contestado por estudiantes que se encontraban en la sala, ejerciendo “su” derecho democrático al diálogo:

“Muchos, tanto oyentes como políticos y comentaristas, han criticado con razón a los activistas por arruinar un evento estudiantil planificado con fines ideales. Sin embargo, los 50 académicos que han hablado sobre el tema describen las objeciones como ‘un paso hacia el fascismo’. Y continúan: ‘El orden social que el gobierno quiere establecer amenaza la democracia en lugar de protegerla’. Algunos filósofos políticos no nombrados, según los académicos, ‘han advertido sobre esto’. No se refieren al peligro de silenciar a los opositores políticos o de insultar a los organizadores, sino al peligro de criticar el comportamiento inaceptable. Son formulaciones asombrosas.”

Yo sigo mi camino, pensando en estas cosas, y, ya en casa, me entero que han intentado asesinar al primer ministro eslovaco, el controvertido socialdemócrata Robert Fico, en plena calle. El autor es un escritor que se atribuye el derecho a cambiar la política de su país a balazos. Esperemos que la radicalización de la política no se generalice. Tenemos unas elecciones importantes el 9 de junio, en el que la extrema derecha puede ganar mucho terreno, si los demócratas no nos movilizamos debidamente. Ante un avance de la extrema derecha, no sería de extrañar una radicalización de buena parte de la izquierda y, mi memoria me dice que esto ya ocurrió hace 100 años, siendo los resultados aterrantes.

En mi anterior entrada nombro de paso a un hombre que resulta muy interesante presentar como ejemplo de la evolución de las ideas que llevaron a las revueltas de mayo del 1968. Este hombre merece mención y estudio aparte. Me refiero a Giangiacomo Feltrinelli. Me referí a él como el publicista que compró los derechos de la foto del Che y que publicó el diario del revolucionario en Bolivia, tras la muerte de este. Como la mayoría de los jóvenes que se enfrentaban a la policía en las calles de Paris,  Giangiacomo Feltrinelli, nacido en 1926, era hijo de “buena” familia, aunque ya había algún que otro proletario entre ellos, pero en general era una revolución burguesa. Así lo percibieron los trabajadores que decidieron no secundar la huelga general que los estudiantes querían encabezar.

Volviendo a Feltrinelli, venía este de una de las familias más importantes de Italia. La familia era originaria de Gargnano, a la orilla del lago Garda, familia que se destacó hacia mediados del siglo XIX en el comercio y la industria maderera en Italia y Austria. El iniciador de la dinastía de industriales madereros fue Faustino Feltrinelli, nacido el 7 de agosto de 1781 y fallecido el 14 de septiembre de 1846. El padre de Giangiacomo era uno de los herederos de la enorme fortuna de los Feltrinelli pero cayo en desgracia en 1935, acusado de corrupción, y se suicidó. Dejando al pequeño Giangiacomo huerfano. La madre casó de segundas nupcias con el editor del Corriere della Sera, Luigi Barzini Jr.

Giangiacomo, marqués de Gargnano, o “el Giangi” como le llamaban los que le conocían, vivía en opulencia aunque la familia estaba muy vigilada por Mussolini. Aunque su padrastro estuvo recluso en arresto domiciliario, por no coincidir en sus convenciones políticas con Mussolini, Giangiacomo era un convencido fascista, que amenazó a su padrastro y algunos de los periodistas del Corriere con denunciarles. Su admiración por Mussolini y sus filosofías era tan profundas que su habitación estaba empapelada con carteles de propaganda y recortes de periódicos de los triunfos militares de las Potencias del Eje. Pero al igual que muchos italianos que primero simpatizaron con los fascistas y luego cambiaron de opinión a medida que los Aliados avanzaban por la península, Giangiacomo se inclinó hacia la izquierda con el tiempo, sus biógrafos se inclinan por explicar el cambio de afinidad política a su relación de amistad con los trabajadores domésticos, algunos de ellos afiliados al partido comunista.  A los 18 años se unió al Gruppo di combattimento Legnano, una unidad partisana de la Resistencia italiana, y participó en la liberación de Bolonia.  

Pasada la guerra, comenzó a pensar en su futuro. Se matriculó en el Politecnico di Roma, asistiendo a clases durante el día y participando en actividades políticas comunistas por la noche. A los 21 años, en 1947, Giangiacomo se convirtió en heredero del 75 por ciento de la herencia de su padre. Todo ese dinero le ayudó a encontrar formas de apoyar su nueva ideología. Comenzó a recolectar frenéticamente documentos y monografías sobre la historia del movimiento obrero y el marxismo, llenando su apartamento hasta el punto en que decidió abrir la Associazione Biblioteca Giangiacomo Feltrinelli. Eran los comienzos de los 50 y más de dos millones de italianos eran miembros del Partito Comunista, parte de una marea roja que estaba llegando a otras costas de Europa. Giangiacomo había adquirido habilidad empresarial cerca de su madre y tíos mientras crecía, y sintió que era el momento adecuado para una nueva empresa propia. Después de algunos intentos fallidos, la editorial Feltrinelli nació en Milán en 1954.

Feltrinelli se lanzó a buscar libros que publicar, libros antifascistas y marxistas. Los primeros dos títulos que Feltrinelli publicó fueron “El azote de la esvástica: Una breve historia de los crímenes de guerra nazis” de Lord Russell y “Una autobiografía” del primer ministro indio Jawaharlal Nehru. Esta perspectiva internacional seguiría siendo una parte esencial de la visión de Giangiacomo para su empresa, mientras recorría el mundo en busca de manuscritos prometedores. Fue a través de su búsqueda de las últimas producciones culturales que se topó con Boris Pasternak y “Doctor Zhivago”. El ruso Pasternak había atraído la ira de Nikita Jrushchov por sus supuestas opiniones críticas sobre la Unión Soviética, lo que resultó en una prohibición total de la publicación de su obra. Uno de los contactos de Feltrinelli en Moscú sabía que Pasternak estaba desesperado y se acercó a él para que “Doctor Zhivago” fuera publicado en Italia. El autor estaba aterrorizado por las posibles repercusiones, pero aceptó seguir adelante, lo que resultó en un gran éxito para la editorial. Feltrinelli sería el primer editor en el mundo en lanzar “Doctor Zhivago” en 1957, adelantándose a editoriales estadounidenses y francesas, e hizo una fortuna con los derechos cinematográficos a principios de la década de 1960. Otros éxitos editoriales seguirían en 1958 con “El gatopardo”, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, y la edición italiana de “Trópico de cáncer” de Henry Miller en 1962.

Siempre bajo sospecha en el partido por su condición burguesa y más tarde por sus posiciones poco ortodoxas en relación con las políticas de Kremlin, fue sometido a fuerte presión para evitar que se publicara “Doctor Zhivago”, Il Giangi tuvo que enfrentarse a acusaciones de traición por parte de sus camaradas. Su papel siempre había sido limitado dentro del Partido Comunista debido a sus raíces elitistas, lo que lo frustraba cuando buscaba desempeñar un papel más importante en operaciones militantes.

Más allá de estas luchas internas, Giangiacomo se horrorizó ante la brutal reacción soviética a la Revolución Húngara de 1956. Como muchos otros comunistas en Europa Occidental, Giangiacomo sintió que el espíritu de la revolución comunista había sido traicionado y decidió que la guerra de guerrillas era la única forma de avanzar. Por tanto, se sintió atraído por la revolución cubana y, ante todo, por la figura icónica de Ernesto “Che” Guevara. En mi anterior entrada expuse como Feltrinelli se hizo con los derechos de la icónica foto de Korda del Che Guevara y como publicó el diario del guerrillero en Bolivia en 1967.

Hay claros indicios de que entre 1970 y 1972, Giangiacomo estaba trabajando con organizaciones de izquierda en Cerdeña, la tierra de Gramsci, con la esperanza de lanzar un movimiento que convirtiera la isla en una especie de Cuba mediterránea, tratando de despertar el espíritu de Garibaldi. Giangiacomo tenía una admiración sin límites por Fidel Castro y lo había visitado en varias ocasiones, publicando sus primeros escritos. Sus discusiones sobre el Movimiento del 26 de Julio[1] y los logros de Che Guevara, hasta su muerte en Bolivia, hicieron mucho para impulsar a Giangiacomo hacia su radicalización.

Finalmente, desilusionado de la según él pasividad y del partido y servilismo en relación a Moscú, se lanzó a la acción directa, cruzando Italia con su pequeña furgoneta Volkswagen, con la intención de actuar para impedir la subida de la derecha radical, Ordine Nuovo, al poder,  algo de lo que Feltrinelli estaba convencido que sucedería. Su frenética carrera terminó El 15 de marzo de 1972, mientras intentaba colocar explosivos en una torre de transporte eléctrica que suministraba energía a una gran parte de Milán, Giangiacomo calculó mal y se voló a sí mismo, o, como se especuló en su día, servicios de inteligencia extranjeros o nacionales se encargaron de acabar con el incómodo editor simulando un fallido atentado.

Como millonario financiero de grupos políticos en oposición o abiertamente insurrectos no estaba Giangiacomo solo, ni mucho menos. Pienso en Ramón de la Sota en el caso vasco, rico industrial promotor y financiero de Sabino Arana y del Partido Nacionalista Vasco. En Cataluña tenemos a Francesc Cambó, empresario y financiero catalán que desempeñó un papel crucial en el impulso del catalanismo político durante la primera mitad del siglo XX, utilizando su considerable riqueza personal y conexiones políticas para respaldar diversas iniciativas destinadas a promover la cultura y la identidad catalanas. Pero el millonario italiano es el único que dedicó toda su vida como adulto a la actividad política hasta sus últimas consecuencias. Su legado la Editorial Feltrinelli, casi con seguridad la más famosa de Italia, sigue viva. Una gigantesca cadena que hoy cuenta con 124 puntos de venta en 58 ciudades del país y que tiene millones de libros en sus catálogos. Y, por si esto fuera poco, La Fundación Gian Giacomo Feltrinelli sigue viva y con buena salud. Según su página web: “Durante más de 70 años, hemos construido un patrimonio archivístico único. Con 1,5 millones de elementos, 250.000 volúmenes, 17.500 títulos de publicaciones periódicas y 15.000 carteles, nuestro catálogo reúne fuentes de importancia internacional, valiosas para reinterpretar la historia social de Europa moderna y contemporánea, así como para adentrarse en temas de justicia social, multiculturalismo, ciudadanía, activismo y formas de representación.” https://fondazionefeltrinelli.it/

Abajo algunas fotos de la acampada ante el paraninfo de Lund

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es aca2-768x1024.jpg

[1] El Movimiento 26 de Julio fue una organización política y militar cubana creada en 1953 para combatir la dictadura de Fulgencio Batista. Estuvo liderada por Fidel Castro y asumió una ideología nacionalista de izquierda y antiimperialista, reivindicando la figura y las ideas del pensador cubano José Martí.

Paseo septuagésimo segundo. La herencia perdida del 68.

Dentro de una hora saldré de casa para dar mi paseo matutino. Hoy tengo me llevará el paseo a una reunión con mis compañeros de partido. Hemos decidido reunirnos en el bosque, a 12 kilómetros del centro de la ciudad, en el Bosque de Skrylle, para discutir y planificar nuestras actividades ante la campaña para las elecciones europeas del 9 de junio. Hemos elegido ese lugar por varias razones. En primer lugar, estamos bastante hartos de reuniones en despachos, aulas y salones. En segundo lugar, el bosque, en estas fechas, es un lugar maravilloso para reunirse con los amigos y asar unos chorizos, mientras se discuten tácticas y eslóganes.

En realidad, lo que yo quiero escribir hoy no es solamente que voy a reunirme con mi partido, porque eso es pura rutina. Lo que yo verdaderamente quiero comunicar, es mi satisfacción por algo que ocurrió ayer y que tiene también que ver con un lugar de encuentro, un local en el centro de la ciudad que está funcionando muy bien, al menos un lugar que funciona según en su día se pensó que lo haría, cuando lanzamos la iniciativa de aprovechar la remodelación del Salón de la Ciudad (Stadshallen), comparable a un Saló de Cent, pero en moderno, construido en 1968 bajo el arquitecto Klas Anshelm, junto al antiguo ayuntamiento de la ciudad, como un lugar de encuentro cívico combinado con la función democrática de albergar las reuniones del consistorio.

El hecho de ser construido en 1968 es importante, porque demuestra que la idea de ensanchar la arena política, hacia formulas asamblearias comenzó a florecer a finales de los 50 y comienzo de los 60. Está idea de alentar la participación ciudadana en la dinámica democrática, fue tendencia en toda Europa y en el mundo occidental. En París, dadas unas condiciones específicas, resultaría en la revuelta estudiantil de mayo del 68, que provocó una ola revolucionaria, que propago sus ondas hacia las periferias, llegando aquí, a Lund, significantemente debilitada, aunque los que la vivieron no lo olvidaron nunca y siguen contando de que manera cambio sus vidas y su idea de la política.

Desde una perspectiva española, no podemos negar que el movimiento estudiantil y obrero, de una forma parecida a lo que ocurrió en Suecia, también tocado por la onda expansiva del mayo francés, se vio influenciado por los acontecimientos que tuvieron lugar en París. Aunque sin alcanzar la magnitud de la revuelta francesa, la primavera del 68, tuvo un impacto significativo en la sociedad española y contribuyó al proceso de cambio y apertura política. Debemos buscar la explicación de las revueltas estudiantiles en ambos países en algunas condiciones especificas coincidentes. A mi parecer, la más importante, fue sin duda la masificación de los estudios académicos, o lo que es lo mismo, la afluencia de nuevos grupos sociales a las aulas, hasta entonces, tanto en Suecia como en España, reservadas para unas minorías privilegiadas, predestinadas a formar parte de la élite nacional. En España, las matriculaciones pasaron de 85,148 en el curso 1964-65 a 162,879 en el curso 70-71, como cita Fernado Palmero https://lab.elmundo.es/mayo-del-68/espana.html En el caso de Suecia ocurrió algo muy semejante, ya que la población estudiantil en cifras absolutas subió de 37000 en 1960 a 120000 en 1970, ver Mikael Börjesson https://www.diva-portal.org/smash/get/diva2:582460/FULLTEXT01

Los de mi generación hemos sido de los primeros que vivimos la transformación de la universidad. Las aulas se llenaron de jóvenes que venían de grupos sociales que hasta entonces habían estado apartados de la academia. Ellos y, ya mucho más ellas, traían experiencias completamente diferentes a las que los estudiantes de décadas anteriores tenían referencia. También hay  que tener en cuenta la renovación generacional de la universidad, que desde el 1939 había estado dominada por profesores y catedráticos afines al régimen o, al menos, tolerados por el mismo, empezaba a recibir la incorporación de jóvenes académicos, deseosos de abrirse camino en la competencia internacional, sobre todo a partir de la relativa apertura del régimen a finales de los 50.

Curiosamente se puede ver en las universidades de Suecia un cambio generacional muy parecido al que ocurrió en las españolas, pues las generaciones que dominaban allí, en una buena parte, abrazó la ideología nazi, como bien demostró el historiador Sverker Oredsson en sus trabajos que analizan las posiciones de las universidades suecas durante los doce años del nazismo, incluyendo la segunda guerra mundial.[1] Durante los años 30 y 40, las universidades suecas no eran garantía de ideales democráticos. En su lugar, el nazismo y la xenofobia se expresaron libremente y arrinconaron en muchas ocasiones a todo aquel que expresaba ideas liberales y democráticas.

En España, como bien sabemos, el exilio y las depuraciones dejaron la universidad medio vacía de profesores y catedráticos que fueron procesados y depurados o se vieron obligados a partir al exilio. Si estáis especialmente interesados en estudiar la cuestión de las depuraciones en España, os recomiendo el trabajo del historiador Alberto Carrillo Linares “Depurados, represaliados y exiliados. La pérdida universitaria durante el franquismo “. Según Carrillo Linares más del 40% del profesorado universitario de España fue depurado en aquellos años.

Cuando vamos llegando a mediados de los años 60, se empiezan a formar núcleos democráticos en las universidades, más o menos abiertos o simplemente clandestinos, que reclamaban una universidad más abierta y menos jerarquizada. Un mazazo a las formas externas de la jerarquía lo dio la persona que quizás esté más asociada con la reforma del “du” (tú)[2] era el entonces jefe de la Dirección General de Medicina, Bror Rexed, quien, el 3 de julio de 1967, en su discurso de bienvenida al personal, anunció que iba a tutear a todos, lo que impulsó la adopción de esta nueva práctica. Parecerá una tontería, pero al menos yo lo considero como una muestra de que había cosas en la sociedad que estaban cambiando.

Marx y Engels comienzan su “Manifiesto comunista” de 1848 con las famosas palabras: “Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo. Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes”. En 1968 había ya movimientos estudiantiles constituidos, con capacidad de movilización, sobre todo en Estados Unidos, donde La Declaración de Port Huron, que  fue un manifiesto político del movimiento activista estudiantil estadounidense Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS), fue redactada y completada el 15 de junio de 1962 en un retiro de la United Auto Workers (UAW) cerca de Port Huron, Michigan. Este documento fue adoptado en la primera convención de la organización y se basó en un borrador anterior escrito por uno de sus miembros Tom Hayden. Esta declaración criticaba duramente al sistema político y social de los Estados Unidos por no lograr la paz internacional y la justicia económica. En política exterior, cuestionaba la forma en que el gobierno estadounidense manejaba la Guerra Fría, tanto la amenaza existencial de la guerra nuclear como la carrera armamentista. En asuntos internos, criticaba la discriminación racial, la desigualdad económica, las grandes empresas, los sindicatos y los partidos políticos.

En 1967 finaliza una década de prosperidad económica sin precedentes, provocando, especialmente en Francia, una ola de paro inédita hasta entonces, que amenazaba a los jóvenes. Millones de trabajadores vivían de forma muy precaria, de un salario mínimo interprofesional, que les dejaba fuera del bienestar que se suponía en una sociedad de consumo como la francesa. Una buena parte de los estudiantes venían de familias castigadas por el paro o en condiciones económicas precarias. No debemos olvidar el hecho de que el triunfo de la Revolución cubana y el auge de movimientos izquierdistas en Latinoamérica, y especialmente la guerra de Vietnam generaban un amplio movimiento de solidaridad en gran parte de Europa y de los propios Estados Unidos que canalizaron la oposición al imperialismo. El retrato del Che, obra de Alberto Corda, se convirtió, tras la muerte del guerrillero en 1967, en un icono para los jóvenes revolucionarios, inconscientes de los efectos negativos de la revolución cubana. Para hacerse una idea de la repercusión de la imagen del Che, basta decir que en unos meses en 1967 se vendieron más de dos millones de carteles, a la vez que salía a la venta “El diario del Che en Bolivia”, editado por el italiano Giangiacomo Feltrinelli.

Las revueltas siempre tienen líderes, aunque esto se haya negado. Refiriéndose a la revuelta de mayo del 68. Todo comenzó en el barrio de Nanterre, un barrio pobre y socialmente estigmatizado, donde se encontraba la universidad. El 2 de mayo los estudiantes de la Universidad de Nanterre marcharon hacia la Plaza de la Sorbona para apoyar a ocho compañeros que habían sido detenidos y debían declarar. Fue el inicio de la revuelta, durante el cual el alemán Daniel Cohn-Bendit, estudiante de 23 años, se transformó en el emblema de una lucha que unió, al menos por un tiempo, a universitarios y obreros. Conocido como Dany el rojo, por el color de su pelo, este anarquista, fue uno de los Ocho de Nanterre que prendió la mecha al Mayo francés. Tras encabezar la revuelta en la Soborna y ser detenido, el Gobierno aprovechó un viaje que realizó a Holanda para prohibirle la entrada al país. Yo también fui amenazado por la policía con ser repatriado, no por mi actitud violenta, sino por tocar la flauta bajo la torre Eiffel para sacar unos francos. Bueno, este Daniel Cohn-Bendit, regresó a Francia en el 78 y fue, durante 20 años eurodiputado verde, representando primero a Alemania y últimamente a Francia.  y en su libro Forget 68 pidió que se olviden las barricadas porque el mundo contra el que se rebeló ya no existía.

Los motivos iniciales de la revuelta fueron meramente una reacción contra del llamado “plan Fouchet” que llevaba el nombre del ministro de Educación en francés, plan que estaba destinado a reformar la enseñanza superior para acercarla al mundo de la empresa. Este plan establecía un sistema de selección para acceder a determinadas carreras. A partir del inicio del curso universitario de 1967, los estudiantes endurecieron las protestas en contra de este plan.

Ideológicamente, estos estudiantes estaban (estábamos) marcados por la influencia de Wilhelm Reich, Herbert Marcuse y Pierre Bourdieu, pero también por Raoul Veinagem, Guy Debord, Gilles Deleuze y, sin olvidarnos de la icónica Rachel Carson, cuyo libro “Silent Spring” (Primavera silenciosa) de 1962, marcó un hito en el desarrollo del movimiento ecologista moderno. La Escuela de Frankfurt y su teoría crítica con Max Horkheimer y Theodor Adorno, seguidos por el propio Marcuse y Jürgen Habermas proporcionaban un marco teórico. Los medios estudiantiles multiplicaban los actos de divulgación de su concepción de la libertad y denunciaban las neurosis inducidas por la falta de libertades, tanto sexuales como sociales, culturales y políticas. En el plano político, apoyaban las protestas en contra de la guerra de Vietnam y a favor de los movimientos de descolonización. No hay que olvidar que aún quedaban colonias europeas en África y Asia, algo que mis amigos portugueses en París conocían perfectamente.

Al mismo tiempo, me atrevería yo a decir, se cernía también sobre Europa un espectro compuesto por muchas corrientes confluentes, la música, la literatura, el cine. Un caldo de cultivo necesario para las revueltas del 68. El espectro solo se puede concebir sabiendo que en estos años se forma las primeras generaciones de “teenagers” (adolescentes de 13 a 19 años) con dinero en el bolsillo, o en el de los papas, para comprar tocadiscos y discos, ropa “chula” y tiempo libre.

En el mundo de la música creo que todo empezó en Estados Unidos por causa de la guerra y el movimiento pacifista que, en mi opinión, comienza con Bob Dylan. Yo era aún un niño. Tenía tocadiscos, pero nunca me compraron A Hard Rain’s a-Gonna Fall “ (Un duro aguacero va a caer) La gran canción de Bob Dylan de 1962, en la que utiliza el estilo tradicional de preguntas y respuestas del folk para crear una sombría y apocalíptica obra maestra, un comentario sobre la política y el terrible potencial devastador de la Guerra Fría.  Recuerdo el momento cuando Patti Smith la canto en la entrega del premio Nobel de literatura, que le fue otorgado a Dylan en 2016, para sorpresa del mundo, y que él no recogió personalmente. Phil Ochs y su “I Ain’t Marching Anymore” (no desfilaré más), en agosto de 1965. La letra repite “always the old to lead us to the war.” (siempre son los viejos los que nos llevan a la guerra) y “It’s always the young to fall.” (siempre son los jóvenes los que caen). También en agosto de 1965 llegó a ser el número uno, aunque fue boicoteado por las radios estadounidenses, el cantante Barry McGuire con su “Eve of Destruction” (víspera de la destrucción), canción que aborda el racismo, la hipocresía y la injusticia, mientras la guerra en Vietnam seguía escalando. La cuestión del feminismo tuvo su himno en la canción de Aretha Franklin “Respect” de abril del 68, empoderando a todos aquellas que se sienten relegadas como ciudadanos de segunda clase, mujeres y negras, para levantarse y exigir un poco de respeto.

Nunca olvidaré la tarde en que fui a ver la película de los Beatles “A Hard Day´s Night” (¡Qué noche la de aquel día!) de 1964. Fue como descubrir un mundo posible, un mundo libre, donde los jóvenes teníamos poder, sí, poder. Salí del cine comentando la película con chicos y chicas que no conocía de nada. No miento si digo que allí sentí nacer en mí una especie de conciencia colectiva generacional, que no había sentido hasta entonces.

Pues, como decía al principio, he estado en el bosque formando parte de una reunión de partido, uniendo esfuerzos para hacer valer nuestra ideología liberal en Europa. Creo que es completamente necesario propagar los valores democráticos entre la juventud actual que, a mi parecer, ha perdido la ilusión por la política. Los valores democráticos, al menos en nuestros países occidentales, se consideran tan consolidados, que no se ve la necesidad de defenderlos. No veo movimientos en pro de la paz. No veo movimientos en pro de la justicia económica. No veo preocupación por las consecuencias de nuestra electrificación para los países del sur. A casi nadie le preocupa que nosotros no tenemos minas de licio o uranio porque preferimos que se extraigan en países del sur, en condiciones terribles y en medio de una pobreza escalofriante. Me preocupa la apatía y el hartazgo de la juventud bien alimentada. Me pregunto si alguna vez tendremos ocasión de ver una revuelta como la del 68, con sus luces y sus sombras. Abajo me podéis ver poco después de ver la pelicula de los Beatles “A Hard Day´s Night”. No sé si lo notaréis.


[1] Sverker Oredsson: Lunds universitet under andra världskriget, Motsättningar, debatter och hjälpinsatser, 1996.

[2] La reforma “Du” popularizó el pronombre personal de segunda persona singular “du” a costa de las formas anteriormente más comunes utilizadas en el discurso directo, como la tercera persona singular (él/ella), la segunda persona plural (ustedes) y los títulos (señor, señora, etc.). Fue, sin duda, una reforma democrática.

Paseo septuagésimo primero. Insurrección y revolución.

Ayer fue el 2 de mayo, un día que siempre ha estado presente en mi conciencia, porque me he criado muy cerca de la plaza que lleva su nombre y que fue un lugar emblemático, donde los hechos históricos de ese día, tuvieron un desenlace final. Junto a esa plaza estaba mi primer colegio y allí iba yo a jugar por las tardes. Daoiz y Velarde estaban siempre allí, bajo el arco de la puerta del antiguo cuartel de artillería de Monteleón, al pie del cañón, en un gesto que imitaba la heroicidad de Harmodio y Aristogitón, (los tiranicidas), grupo escultural que hoy se haya en el museo arqueológico nacional de Milán.

Luis Daoiz y Torres y Pedro Velarde y Santillán, dos capitanes de artillería, están para siempre como ejemplo de una insurrección fallida, convertida en acto patriótico y embrión de la futura España. En el transcurso de los años, desde ese día en que los dos soldados murieron inmolados en el altar de sus creencias, han sido utilizados por todos los que han llegado al poder en España; liberales, conservadores, republicanos, dictadores y, últimamente, los nuevos demócratas. El grupo escultural, esculpido 1830 por Antoni Solà Llansas, fue primeramente expuesto en el Retiro Posteriormente fue trasladado al arco de entrada de Monteleón donde se haya hasta ahora. A partir de los comienzos de los 80, la plaza, ha sido un lugar de concentración para jóvenes y menos jóvenes de “vida alternativa”, libertinos y cuasi-anarquistas, que con bastante regularidad han usado el grupo escultural para “múltiples usos”, desde pancartas reivindicativas hasta aseos.

Lo que ocurrió el 2 de mayo en Madrid fue una insurrección, una reacción que ha sido utilizada como forma de resistencia desde tiempos inmemoriales. Desde la antigua Grecia y más atrás, hasta el siglo XXI, la insurrección a sido tomada como opción costosa y dura, por personas y grupos en pos de cambiar, mejorando, las condiciones políticas y sociales que les oprimen. La insurrección es un acto de resistencia y protesta, que supuestamente surge de una manera espontánea. Buscando en la historia, encuentro muchos ejemplos de insurrecciones por todo el mundo, también, claro está, en España y Suecia. Por no buscar muy atrás, me voy hasta la antigua roma y la insurrección de Espartaco, 73-71 anterior a nuestra era. Esta insurrección buscaba la libertad de los esclavos y llegó a provocar una serie de batallas importantes antes de ser finalmente sofocada por las fuerzas romanas, no sin antes hacer temblar los fundamentos del imperio. En España tenemos muchas insurrecciones en tiempos de los romanos, pero, para acortar el relato, me voy directo a la insurrección de los moriscos 1568-1571, una insurrección de los moriscos, musulmanes convertidos al cristianismo, en el Reino de Granada. La insurrección fue provocada por las políticas represivas y la discriminación religiosa de la época. A pesar de algunos éxitos iniciales, la rebelión fue aplastada por las fuerzas reales.

Suecia surge como estado independiente de una insurrección, la de Gustavo Vasa, en 1521. Ya en el poder, su construcción nacional se vería amenazada por una gran cantidad de insurrecciones, curiosamente surgidas entre los campesinos de Dalarna que le ayudaron a llegar al poder. En 1524-1525, 1527–1528 y 1531–1533, Gustavo Vasa se vería obligado a sofocar insurrecciones contra su política contributiva y centralizadora. La insurrección de Nils Dacke, 1542-1543, fue una rebelión campesina en el sur de Suecia. Dacke se rebeló, como en las insurrecciones anteriores, contra las políticas fiscales y la centralización del poder real de Gustavo Vasa. La rebelión, que inicialmente alcanzó cierto éxito, fue finalmente sofocada por las fuerzas reales.

Debemos, creo yo,  contemplar la guerras civiles inglesas de 1642-1651 también como insurrecciones, cuyos resultados más durables fueron el fortalecimiento del parlamento y, por tanto, un embrión de la futura democracia parlamentaria.   

Una revuelta militar en 1809, consiguió derrocar la monarquía reinante en Suecia y escribir una nueva constitución que, con pequeños retoques, aún sigue vigente. Esta revuelta es de las pocas que han sido exitosas, exceptuando la insurrección de los colonos ingleses en América del Norte, que comenzó como protesta, al estilo de las suecas, y terminó formando un nuevo estado regido por una constitución que garantizaba la libertad de, al menos, una parte de la población. Por su carácter e implicación mayoritaria de gran parte de la población, debe considerarse esta insurrección como revolución, ya que sus efectos perduran en su esencia.

La revolución francesa de 1789 la considero también fuera de estas insurrecciones, ya que, aunque no consiguió en un principio cambiar los fundamentos del estado francés, logró quedar como un poso revolucionario que, a través de los años, consiguió transformar la Francia del antiguo régimen. Un tanto de lo mismo podríamos decir de la revolución rusa, cuyos resultados, a la luz de la historia reciente, más parecen un lapsus que una continuidad. Se abre una cuestión interesante, comparando insurrecciones con revoluciones, en cuanto el factor tiempo. ¿Cuánto tiempo deben perdurar los efectos del cambio profundo y fundamental en las estructuras políticas, sociales y económicas de una sociedad para poder ser considerado un alzamiento como revolución, en lugar de ser una mera insurrección?

Volvamos al 2 de mayo. ¿Ante qué tipo de insurrección nos encontramos en esta fecha? ¿Qué conmemoramos? La versión oficial es que el pueblo de Madrid se levanto en armas contra las tropas napoleónicas. Pero, ¿cómo de espontaneo fue este levantamiento? Para conocer lo que fueron los hechos en sí, es muy fácil recurrir al magnifico trabajo de la Real Academia de La Historia y su publicación “2 de Mayo 1808” https://www.rah.es/2-de-mayo-de-1808/ pero yo quiero saber lo que hubo detrás de la revuelta popular. Vayamos por partes:

A finales del siglo XVIII Francia, tras una revolución en gran parte fallida, y Gran Bretaña estaban enfrentados por el dominio de Europa y del mundo. Francia entró en una política de pactos y alianzas con otros países para hacer frente a los ingleses. De esta manera, España entró en la contienda desde el segundo Tratado de San Idelfonso, 1796. Con la llegada de Napoleón al poder, Francia comenzó a tomar la iniciativa, al menos sobre el terreno, aunque en el mar, los ingleses lograron mantener su hegemonía. Tras la batalla de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805, tan costosa para España, desistió Francia de invadir Gran Bretaña y se concentró en el llamado Bloqueo Continental, que tenía como fin, estrangular la economía británica, cerrando los puertos de Europa al comercio con los ingleses.

Portugal, como también lo hizo Suecia, se negó a secundar la llamada de los franceses y mantuvo el comercio con las islas británicas, lo que llevó a Napoleón a decidirse a invadir Portugal. En el tratado de Fontainebleau, firmado el 27 de octubre de 1807, se acordó la invasión conjunta de Portugal por España y Francia y el reparto del botín entre ambos países. La invasión se inició rápidamente y el 30 de noviembre, las tropas españolas y francesas habían penetrado en Portugal, llegando al mismo Lisboa, sin encontrar gran oposición. La familia real lusa, dejaba el país el día anterior, camino de Brasil. Mientras el grueso de las tropas españolas se encontraba ocupando Portugal, los franceses siguieron llegando a la península, ocupando las ciudades de Burgos, Barcelona y Salamanca, en contra de lo acordado en el tratado.

Alertados por la masiva presencia del ejército francés, penetrando por todo el norte de España, hizo que la familia real española huyese de Madrid hacia Aranjuez para desde allí trasladarse a Cádiz, para seguir hasta las colonias españolas en América, así como ya había hecho la familia real portuguesa.

El 18 de marzo y antes de que Carlos IV iniciase el viaje a Cádiz, el príncipe de Asturias, futuro Fernando VII, consiguió sublevar a la guarnición provocando el motín de Aranjuez, un motín que estuvo muy lejos de ser espontaneo, coincidiendo con el historiador Emilio La Parra López. Según La Parra, “los aristócratas del partido fernandino, cuyo primer intento de acabar con Godoy y conseguir que Carlos IV abdicara en favor de su hijo Fernando había fracasado el año anterior en el llamado “complot de El Escorial”, distribuyeron dinero, reclutaron gentes, controlaron el ejército y lanzaron rumores pertinentes para soliviantar los ánimos de la población… El pueblo quedó en segundo plano, desempeñando el papel protagonista sólo cuando interesó a los anteriores. […] La propaganda fernandina, sin embargo, puso especial énfasis en el protagonismo del pueblo para justificar su causa…”

El resultado fue que Godoy fue apresado y el rey obligado a abdicar en su hijo. Pero Carlos IV no se resignó y envió una misiva a Napoleón, que llamó a Fernando y a Carlos a reunirse con el en Bayona. Allí, fueron obligados a abdicar, dejando el gobierno en manos de una junta de Gobierno presidida por el infante Antonio, que pronto quedo bajo la custodia de Joaquín Murat. Hasta aquí los acontecimientos históricos, pero desde aquí hasta el dos de mayo debemos adentrarnos en un mundo de conjeturas. En España, en esas fechas, hay grupos con intereses encontrados. Por una parte, tenemos las viejas élites compuestas por la nobleza y la jerarquía eclesiástica con grandes intereses políticos y económicos que defender. Por otra parte, las nuevas elites comerciales y fabriles, las últimas todavía emergentes en la periferia, pero no por eso menos importantes. Todo el aparato ideológico de la ilustración y la revolución francesa, fue acogido por buena parte de las élites emergentes y promovido por algunos actores importantes de la arena política española, con el eternamente odiado Manuel Godoy a la cabeza. La iglesia, con la inquisición y toda su fuerza económica y peso ideológico sobre la conciencia del pueblo llano, formaban junto a buena parte de la nobleza la oposición a las nuevas ideas, viviendo aún en la contrarreforma. Podemos ver la fuerza de esta oposición a las nuevas ideas en el motín de Aranjuez.

El 27 de abril consiguió Murat la autorización de la Junta de Gobierno para trasladar a la infanta María Luisa, hermana del rey, y al infante Francisco de Paula hacia Bayona para renunciar a su derecho al trono. Más tarde abdicaría la familia real española en pleno y dejaría la corona en manos del hermano mayor de Napoleón, José, que lo mantendría hasta el 17 de abril de 1814. Se dice que la chispa que originó la insurrección del 2 de mayo se produjo espontáneamente. Una multitud, que se había congregado a las puertas del palacio real, es disuelta por un batallón de granaderos.

Los hechos de este 2 de mayo han quedado inmortalizados por dos obras de Francisco de Goya, testigo de los hechos, que pintó por encargo de Fernando VII los dos cuadros más conocidos, La carga de los mamelucos, y El 3 de mayo. Estos cuadros fueron presentados en noviembre de 1814. Al regreso de este Fernando VII, llamado “el deseado” por la parte de los españoles que estaban en contra de las ideas expuestas por la revolución francesa, se atrasó el reloj hasta la más dura represión y el peor oscurantismo. Nuevos alzamientos vendrían, nuevas insurrecciones, liberales y conservadoras, hasta llegar a nuestros días.

Yo he vivido de cerca una insurrección, ya que yo me encontraba en Paris en mayo del 68. Todo había comenzado en marzo, cuando un grupo de estudiantes de la Universidad de Nanterre, liderados por Daniel Cohn-Bendit y otros activistas, comenzaron a organizar protestas contra las políticas universitarias, la falta de democracia en la universidad y el papel de Francia en la Guerra de Vietnam. Estas protestas iniciales fueron en gran medida pacíficas, pero pronto se volvieron más confrontativas a medida que los estudiantes se enfrentaban con la administración universitaria y la policía. Precisamente el 2 de mayo de 1968, la universidad fue desalojada por la policía después de que las protestas estudiantiles se intensificaran, lo que sirvió como un catalizador para la expansión de las protestas estudiantiles a otras universidades y sectores de la sociedad francesa.

Pronto se expandieron las protestas hasta llegar a Paris y otras universidades incluida la Sorbona. Las demandas de los estudiantes no solo se centraron en cuestiones universitarias, sino que también abordaron temas más amplios como la represión policial, la censura en los medios de comunicación y la desigualdad social. Pronto, los trabajadores se unieron a las protestas, llevando a una huelga general que paralizó gran parte de Francia. En esto, llegué yo y me encontré en medio de violentos enfrentamientos entre los manifestantes y la policía. Las calles de París se convirtieron en campos de batalla, con barricadas, gases lacrimógenos y enfrentamientos callejeros frecuentes. La policía respondió con dureza, lo que provocó más indignación y solidaridad entre los manifestantes, algo que yo experimenté pues me encontré constantemente protegido por una gran cantidad de jóvenes, no solo franceses, desconocidos pero que mostraban su camaradería, simplemente porque yo estaba allí.

Entre los estudiantes con los que yo me relacionaba había bastantes alemanes y nórdicos, especialmente daneses. Recuerdo mis viajes por Alemania en esa época y como yo pensaba, cuando iba en autobús por las calles de Bonn, que los hombres de mediana edad que yo veía, quizás el que iba sentado en el asiento de al lado, habían sido soldados de la Wermacht, quién sabe si de la propia SS. Vivíamos entonces en un mundo muy diferente al actual y las nuevas generaciones sentíamos una necesidad imperante de romper con el antiguo orden.

A medida que pasaba el tiempo, el movimiento estudiantil comenzó a mostrar signos de división y agotamiento. Surgieron diferencias ideológicas y estratégicas opuestas entre diferentes grupos de manifestantes, lo que llevó a una pérdida de cohesión dentro del movimiento. Además, el final del año académico y el comienzo de las vacaciones de verano redujeron la participación en las protestas. A pesar de que la revuelta estudiantil no logró derrocar al gobierno de De Gaulle, tuvo un impacto significativo en la política y la sociedad francesas, y diría yo, en todo occidente. En el este de Europa, bajo el telón de acero, el referente era la primavera de Praga, a la que regresaré en otra entrada,

El gobierno francés se vio obligado a implementar reformas en el sistema educativo y en otras áreas, en un intento de abordar algunas de las demandas de los manifestantes. Estas reformas incluyeron la descentralización de la universidad, la ampliación de la libertad académica y la mejora de las condiciones de vida de los estudiantes. Así, cuando yo llegué a Suecia, dos años más tarde, la honda expansiva de la revuelta estudiantil de mayo del 68, ya había llegado a la universidad.

Leo hoy en el periódico que algo similar, aunque diferente de lo que llevó a las revueltas del 68 está ocurriendo ahora en Estados Unidos. Cambiemos Vietnam por Palestina, la lucha contra de Gaulle con la resistencia contra el trumpismo y veremos que la historia, aunque nos pese y no queramos aceptarlo, nos demuestra a veces que es posible su reproducción. Recomiendo de nuevo la lectura de las fuentes publicadas por la Real Academia de la Historia, para conocer de cerca los acontecimientos del 2 de mayo. Escribo el 3 de mayo, día de las ejecuciones de algunos de los que participaron en la revuelta de Madrid en 1808 en la Moncloa. https://www.rah.es/2-de-mayo-de-1808/ Como se puede ver en el grupo esculpórico, a Daoiz y Velarde también les han roto las espadas.

Septuagésimo paseo. Diálogo para besugos.

Voy saliendo poco a poco de una crisis somática durante la cual he necesitado tiempo y cuidados para recuperarme. He necesitado descansar, haciéndome a un lado de la corriente vital, para recuperarme. Los excelentes cuidados médicos y el cariño de mi familia me han devuelto a la vida. Lo he pasado mal, pero ya estoy de vuelta. “Dicebamus hesterna die”, como, según la tradición, dijo Fray Luis de León, regreso a mis paseos-diálogos-monólogos.

Como casi siempre, paso en mis paseos por la plaza de la catedral. Este majestuoso edificio, con su mole de piedra porosa, que cambia de color según esté el tiempo; gris blanquecino en los días secos y soleados, gris plomo bajo las lluvias de abril o gris oscuro, con manchas negras, en los días del frío invierno, cual camaleón gigante, tratando sin gran éxito de pasar desapercibido. Sus altas torres me vienen a recordar que, toda esta montaña artificial de piedra, es simplemente un objeto para la comunicación, un megáfono al servicio del poder y de la iglesia. El poder terrenal de la corona, legitimado por la iglesia, cuyo poder emana precisamente de su función legitimadora.

Y, pensándolo bien, eso de la comunicación es realmente una de las tres actividades esenciales para el ser humano, a saber: supervivencia, procreación y comunicación. Lo dicho sobre el ser humano se extiende también a todos los seres vivos con autonomía, esto me lo recuerdan los cuervos que revolotean a mi alrededor en la explanada que hay al sur de la catedral, revueltos entre palomas y algunas gaviotas. ¿Qué comunicaba la catedral cuando se construyó y qué nos comunica hoy?

Si nos remontamos a el tiempo de su construcción, a comienzos del siglo XII, podemos contemplar este edificio, rodeado de casitas insignificantes y otros pequeños templos de muy poca relevancia arquitectónica, como una gran nave en medio de un océano. Los que ordenaron su construcción querían comunicar una fuerza irresistible, a la que no se podía ni intentar enfrentarse. Desde fuera apabullaba, desde dentro deslumbraba, el visitante bajaba la voz instintivamente y se movía despacio, como para no despertar a una fuerza suprema o no despertar a los muertos que yacían en su subsuelo.

Su interior, iluminado por cientos de velas, rompía la oscuridad que reinaba puertas afuera. El sonido majestuoso y solemne de sus campanas eliminaba el silencio que reinaba en la pequeña ciudad. Su llamada llegaba a todos los rincones. Su conocido lenguaje comunicaba apremio, pesar o júbilo, según su tañer.  

Desde sus torres, las campanas comunicaban los principales acontecimientos; misas, bodas, nacimientos, decesos. Vigilantes oteaban la noche y comunicaban lo que veían, avisaban de incendios, ataques de enemigos o simplemente tranquilizaban a los moradores. Desde el púlpito se leían misivas del poder, se proclamaban leyes, guerras declaradas o paces escritas. Era siempre una comunicación en un sentido, de la catedral al pueblo, de arriba hacia abajo. Lo mismo ocurría con los escritos producidos desde allí, homilías, libros de horas, catecismos; y, desde el pulpito, anuncios y comunicaciones de nuevas leyes, que el súbdito debía conocer y acatar.

A la sombra de la catedral, en las lúgubres salas de la schola trivialis, los jóvenes alumnos recibían las clases de gramática, dialéctica y retórica escuchando las explicaciones de sus profesores, comunicadas estas a viva voz partiendo de libros escritos por autoridades incontestables. Comunicación de arriba abajo, y esos jóvenes, al graduarse, pasarían a ser capellanes, sacerdotes, escribanos, prelados varios, que a su vez comunicarían hacia abajo lo aprendido.

La comunicación reciproca, el diálogo, era escaso también en la familia. El orden patriarcal otorgaba voz al cabeza de familia. Hay dichos españoles que lo reflejan: “El padre en su casa, el amo; la madre, señora, pero en la cocina” o “En la casa manda el padre, aunque la madre no esté de acuerdo” – Allí, en el seno del hogar, se reproducía la formula de poder y el patrón de la comunicación, siempre de arriba abajo. Esta estructura jerárquica se repetía en las cofradías y hermandades donde la voz y el voto estaba reservado a los considerados hermanos mayores, aquellos que podían contribuir económicamente. La voz y el voto. Yo formo parte de un consejo municipal, el de educación, y allí tengo voz y voto, por ser miembro de pleno derecho. A los sustitutos se les concede solo la voz. Y, aun teniendo voz y voto, no es siempre seguro que la comunicación fluya libremente, que haya diálogo y no solo monólogos más o menos disfrazados. Aquí vengo a pensar, en mitad de mi paseo, en Habermas, porque él expuso una teoría de la acción comunicativa, donde explora cómo la comunicación afecta la sociedad y la política. Habermas discute la noción de “comunicación distorsionada”, que se refiere a situaciones en las que la comunicación se ve afectada por factores que impiden una interacción libre y transparente entre los participantes.

Según Habermas, la comunicación distorsionada puede surgir debido a varias razones, como la dominación, la manipulación o la falta de entendimiento mutuo. Por ejemplo, en contextos donde una parte tiene un poder desproporcionado sobre otra, la comunicación puede estar distorsionada debido a la falta de igualdad en la participación y la capacidad de influencia y sostiene que la comunicación distorsionada es un obstáculo para una sociedad democrática y participativa, ya que impide que las personas se relacionen de manera igualitaria y libre. Para él, una comunicación auténtica y no distorsionada es esencial para el desarrollo de una sociedad justa y democrática.

Entonces, según Habermas, no llegaremos a tener una sociedad justa y democrática hasta que no logremos tener una comunicación nítida y fiel. Me parece que estamos muy lejos de llegar a esa sociedad. Estudiando simplemente las intervenciones de los miembros de mi consejo, me doy cuenta de que la comunicación funciona como chorros de liquido sobre gente provista de impermeables, llega, pero no cala. Los partidos que forman la mayoría en el consejo, escuchan, pero no dialogan, simplemente explican por qué van a votar en contra, sin tratar de ni siquiera de comprender las razones expuestas por la minoría.

A principios de mayo estaré en la Plaza Mayor al frente de una caseta de información de mi partido, ante las próximas elecciones al Parlamento Europeo el 9 de junio. Trataré de mantener un buen diálogo con los que se acerquen a discutir política a nuestra caseta. El pasado 2022, ante las elecciones al parlamento sueco, la región y el ayuntamiento, tuvimos muchas discusiones interesantes con los votantes que seguramente influyeron en nuestros buenos resultados en las elecciones, principalmente en las locales.

Siguiendo a Jürgen Habermas, la comunicación fiel es fundamental para el desarrollo y funcionamiento de la democracia. Su teoría se centra en la idea de la “acción comunicativa”, que se refiere a la interacción social basada en el entendimiento mutuo y el consenso alcanzado a través del diálogo racional. La democracia genuina no puede existir sin un intercambio de ideas abierto y sin restricciones entre los ciudadanos.

La comunicación auténtica permite que los ciudadanos compartan información, discutan asuntos públicos y formen opiniones informadas. Esto es esencial para el desarrollo de una opinión pública robusta y diversa, que es fundamental en una democracia saludable. Además, Habermas sostiene que las decisiones políticas deben ser el resultado de un proceso deliberativo en el que todos los ciudadanos tengan la oportunidad de participar. Una comunicación fiel y abierta contribuye a la legitimación del poder político pues garantiza que las decisiones se tomen de manera transparente y sean comprensibles para todos los involucrados.

La comunicación auténtica también desempeña un papel crucial en el control democrático del poder. Al permitir que los ciudadanos critiquen y cuestionen las acciones de los líderes políticos, se establece un sistema de rendición de cuentas que ayuda a prevenir el abuso de poder y la corrupción. Coincido plenamente con Habermas en reconocer la importancia de una comunicación inclusiva que permita la participación igualitaria de todos los ciudadanos, independientemente de su estatus social, económico o cultural. Esto promueve la igualdad de voz y oportunidades en el proceso democrático. Una comunicación fiel y abierta es esencial para el funcionamiento efectivo de la democracia.

Pero, la realidad es otra y muy diferente. La democracia se ha ido reduciendo hasta quedar en una especie de dictadura de las mayorías. La constelación que consigue un 50,05 % de los votos se ve legitimada para dictar las leyes que sean, aún en contra de lo que piensen el 49,95% de los ciudadanos, y no se preocupan de encontrar el consenso necesario, para que las reformas no sean arrasadas por la próxima mayoría. Es cuestión de comunicación. Los partidos tienden a no comunicar sus intenciones claramente. Prefieren cuestionar al partido contrario, acusándolo de ser poco democrático.

Esta posición claramente cortoplacista puede quizás atribuirse al fenómeno de la globalización y los cambios tecnológicos, especialmente a la velocidad con la que se transmiten las noticias y la información en la era de la globalización, que lleva a los políticos a tratar de responder de manera inmediata a los problemas y preocupaciones del momento. Esto puede llevar a decisiones políticas impulsivas y centradas en el corto plazo, en lugar de enfoques más deliberativos y a largo plazo.

En muchos sistemas políticos, estoy pensando naturalmente en Suecia y España, la competencia por el poder fomenta una mentalidad cortoplacista, donde los políticos están más preocupados por ganar elecciones a corto plazo que por implementar políticas sostenibles y de largo alcance. La necesidad de mantener el apoyo popular inmediato puede llevar a políticas que generan beneficios a corto plazo, pero que pueden ser perjudiciales a largo plazo. A veces, simplemente el mero deseo de llegar o mantenerse en el poder, incitan a decisiones altamente arriesgadas. Muchos políticos están constantemente enfocados en mantenerse en el poder a corto plazo, lo que genera la adopción de políticas que generan resultados rápidos pero que no abordan problemas subyacentes a largo plazo.

Si a todo esto le añadimos la atención constante de los medios de comunicación y las redes sociales es de comprender que los políticos tomen a veces decisiones que favorecen respuestas rápidas a problemas inmediatos en lugar de tener enfoques más reflexivos y estratégicos. Y aquí tenemos finalmente el dilema de la comunicación, sobre todo la comunicación distorsionada. Y sorprende que los informadores utilicen tan escasamente las hemerotecas, porque allí se puede estudiar como algunos políticos dicen un día una cosa y al otro día lo contrario.

La difusión de información distorsionada exacerba las divisiones existentes en la sociedad alimentando el extremismo y la polarización. Cuando diferentes grupos reciben información sesgada que confirma sus propias creencias y prejuicios, es mucho más difícil llegar a un consenso y fomentar el diálogo constructivo. Además, la comunicación distorsionada socava la confianza en las instituciones democráticas, como los medios de comunicación, el gobierno y el sistema judicial y los ciudadanos llegan a desconfiar de las instituciones. Es fácil aludir a “la casta” y ganar votos con ello, aunque no se tenga un programa serio y maduro que anteponer. La democracia se basa en la premisa de que los ciudadanos pueden participar en la toma de decisiones informadas. Cuando la información está distorsionada o sesgada, los ciudadanos pueden tomar decisiones basadas en percepciones erróneas o incompletas, lo que socava el proceso democrático en su conjunto. Los políticos y los informadores tenemos una ardua tarea ante nosotros para reconducir la comunicación distorsionada hacia una comunicación fiel. La comunicación fiel se basa en la confianza mutua y la confianza se gana con la empatía.

Sigo mi camino. Atrás quedan ya las torres de la catedral, pero los mensajes persisten; nos comunicamos con nuestras vestimentas, con nuestra forma de andar, con nuestra manera de tratar el idioma. Comunican los edificios, los anuncios, en los auriculares llevo la radio, por la que escucho lo que este o aquel quiere comunicar, no hay diálogo, hay a lo sumo preguntas y respuestas, encaminadas siempre, las respuestas, a comunicar lo que el entrevistado considera “su” verdad y que él o ella proclama como única.    

Ayer hablé con mi amigo, el lingüista-filósofo Antonio Viudas Camarasa, sobre la importancia de leer. Decía Antonio, citando a Borges que: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Escribir se reduce, lógicamente, a una consecuencia de la lectura, a un deseo de comunicar las emociones vividas en la lectura, mezclándolas con las experiencias vividas. Os dejo aquí y comparto con vosotros el enlace a los artículos de Antonio, que recomiendo como lectura: https://www.diariodemerida.es/la-mecedora-habladora-y-la-copa-del-rey-2024/

Paseo sexagésimo noveno. El aroma del café.

Dicen que la historia no se repite. Yo les he dicho esta frase muchas veces a mis alumnos, pero ahora, no sé, no sé. Voy andando esta mañana de domingo. El viento sigue soplando, limpia las calles de las hojas muertas y me llena los ojos de lágrimas, que me nublan la vista. Al pasar por una calle estrecha, siento el olor característico del café recién hecho, y me trae un recuerdo muy querido, el recuerdo de la cafetería Sacher, en Viena, donde fui un día como hoy guiado por mi amigo Peter, vienés y escritor de docenas de libros de cocina.

Me contaba Peter, que la costumbre de beber café en estas cafeterías tan acogedoras que hay por toda Viena, de la que la Sacher es una de las más conocidas, sobre todo por la tarta de chocolate que lleva su nombre, viene de una guerra que, salvando todas las diferencias, se parece mucho a ala actual ocupación de Ucrania por Rusia. Entonces era el imperio Otomano el que trataba de invadir Austria, llegando a sitiar Viena, capital del Sacro Imperio Romano Germánico, en 1683.

El café era algo que, aún no siendo desconocido en Europa, dónde había llegado, como tantas otras cosas, entrando por Venecia, todavía era algo exclusivo y muy poco conocido fuera de Venecia o Londres, donde había llegado ya en 1650. Pero fue en 1683 cuando el café penetró en el corazón de Europa y allí se quedo para siempre, y todo por causa de una ocupación fallida.  

El imperio otomano, cuyo esplendor ya llevaba siglos en declive al entrar en la segunda mitad del siglo XVII, decidió, bajo el liderazgo del gran visir Kara Mustafá Pachá, atacar el mismo corazón del Sacro Imperio Romano, sitiando su capital, Viena. El sitio comenzó el 14 de julio de 1683 y duró hasta el 12 de septiembre del mismo año. El ejército otomano había avanzado profundamente en Europa Central, amenazando el corazón del continente. Sin embargo, la resistencia vienesa, liderada por el comandante Ernst Rüdiger von Starhemberg, junto con la intervención de fuerzas polacas y aliadas, cambió el curso de la historia.

Las tropas polacas bajo el mando del rey Jan III Sobieski llegaron en socorro de Viena durante el mes de agosto, y el 12 de septiembre de 1683, en la Batalla de Kahlenberg, ahora un barrio vienés en lo alto de un morro de unos 400 metros las fuerzas combinadas polaco-austríacas lanzaron un contraataque decisivo contra el ejército otomano, levantando el asedio y asegurando la victoria. Este evento marcó el principio del fin del poder otomano en Europa Central y oriental y, como efecto secundario, popularizó el uso del café entre los europeos.

Después del levantamiento del cerco de Viena en 1683, las tropas polacas y austriacas, junto con sus aliados europeos, encontraron grandes cantidades de provisiones abandonadas por el ejército otomano, incluida una reserva de granos de café.  Esta historia ha sido ampliamente difundida, aunque la exactitud histórica de los detalles específicos puede variar, pero mi amigo Peter me la contó con tantos detalles y con tanta vehemencia que yo os la cuento tal cual.

¿En qué se parece esta historia a lo que está ocurriendo en Ucrania? Diréis seguramente vosotros, con mucha razón. Pues, yo creo que Rusia hoy se parece mucho al antiguo imperio otomano. Como aquel, Rusia dispone de un territorio inmenso y una población heterogénea, dominada por los rusos étnicos. Una interpretación de sus necesidades estratégicas, basadas en la desconfianza del vecino, les hace a los rusos, como antaño a los otomanos, asegurarse de controlar los territorios fronterizos, pero parece que nunca se conforman. Lo ideal para ellos sería dominar el mundo. Como antaño los otomanos, los rusos se han quedado un poco atrás en el desarrollo técnico y sus ejércitos tienen mucho musculo y poco cerebro. Sus enemigos, el Sacro Imperio Romano, para los otomanos, y Ucrania y los antiguos países satélites de la Unión Soviética, para Rusia, son considerados como un peligro para la propia seguridad e integridad y por tanto son objeto de amenazas y ataques, con el fin de asegurarse “fronteras seguras”.

En ambos casos, el atacante tiene ante sí, no solo la resistencia del atacado, sino una coalición de vecinos dispuestos a ayudar con material y servicios de inteligencia y, en el caso que nos ocupa, el sitio de Viena, también con soldados, truncando así los planes del atacante. A día de hoy aún no sabemos si Macron hará realidad la amenaza de enviar tropas a defender Ucrania. Tampoco sabemos si Europa o la OTAN estará dispuesta a escalar su ayuda a Kiev enviando aviones o aumentando su ayuda militar. Pero, un poco si que se parecen estos sucesos históricos, quizás no tanto como para poder decir que la historia se repite, pero podría servir como advertencia a los mandatarios que repiten antiguos errores. Creo que el café nos habría llegado tarde o temprano sin necesidad de una guerra, aunque, hay que reconocer que la historia de como surgieron los cafés vienenses tiene su encanto.

A partir de 1683 los vieneses pronto comenzaron a abrir cafeterías, inspiradas en las kahve, las cafeterías otomanas que se habían vuelto populares en el Medio Oriente. Estos cafés, o “Kaffeehäuser” en alemán, se convirtieron rápidamente en lugares de reunión social, intelectual y cultural en Viena. La gente se reunía en estos establecimientos para disfrutar del café, discutir temas de actualidad, leer periódicos, jugar a juegos de mesa y socializar. Yo me imagino que será más fácil desarrollar ideas inteligentes en cafés que en tabernas, donde los productos que allí se consumen son más propicios a embrutecer que a iluminar. No olvidemos que la ilustración tuvo un tiempo un café como centro en Paris, fundado en 1686 por Francesco Procopio dei Coltelli, un inmigrante italiano. El Café Procope se convirtió rápidamente en un punto de encuentro popular para escritores, intelectuales, políticos y artistas durante el siglo XVIII.

Así como el Procope en Paris fue un lugar de encuentro para los ilustrados, los cafés vieneses se distinguieron por su ambiente acogedor, atrayendo a escritores, artistas, políticos, empresarios y académicos. Se convirtieron en puntos de encuentro importantes para el intercambio de ideas y la discusión de temas variados, lo que contribuyó al florecimiento de la vida intelectual y cultural en Viena. Aquí en Suecia tenemos todavía abierta la cafetería-bollería Sundberg, que yo suelo visitar cuando voy a Estocolmo, a pocos cientos de metros del palacio real, aunque es de finales del siglo XVIII. Por último me gustaría destacar que los cafés tuvieron una gran importancia para la propagación de ideas políticas, porque fue ahí donde se leían los periódicos, que se distribuían en cientos pero eran leídos por miles de lectores en los cafés. El café tiene por tanto un sabor de libertad y conocimiento. Un sabor de un mundo nuevo. Me resisto a creer que el sabor de la nueva sociedad pos-posmoderna es el de Red Bull, aunque este también nos haya entrado vía Austria.

Siendo Austria el primer lugar de penetración de una bebida procedente de otra cultura, como en su día lo fue el café, merece Red Bull algunos renglones en esta entrada. La bebida energética Red Bull fue creada por el empresario austríaco Dietrich Mateschitz en los años 80 inspirado en una bebida similar llamada Krating Daeng que descubrió durante un viaje a Tailandia. Krating Daeng se había convertido en una bebida popular entre los conductores de camiones y trabajadores manuales tailandeses debido a su capacidad para proporcionar energía y combatir el cansancio. Mateschitz apreció el potencial de esta bebida y decidió adaptarla al mercado occidental. Trabajó junto al químico tailandés Chaleo Yoovidhya, el creador original de Krating Daeng, para desarrollar una fórmula que fuera más atractiva para los consumidores occidentales. La bebida resultante, Red Bull, fue lanzada en Austria en 1987 y rápidamente se convirtió en un éxito, destacándose por su enfoque de marketing único y su asociación con eventos deportivos extremos y actividades de estilo de vida juvenil. A través de estrategias de marketing innovadoras y patrocinios de eventos deportivos y culturales, Red Bull ha logrado establecerse como una de las bebidas energéticas más populares y reconocibles del mundo. De la misma forma que yo siempre andaba con mi taza de café, mis estudiantes iban con sus latas de Red Bull.

En cualquier caso, el café es una bebida que, en mí, al menos, funciona de manera que consigue despertarme a la vida en cualquier instante en que su exquisito aroma me llegue a la nariz. Puede se por la mañana, al levantarme, si un alma generosa se ha preocupado en poner la cafetera, que el aroma profundo y prometedor me despierta completamente. Cuando impartía clases, llevaba mi taza de café conmigo a todas partes, al aula, a las reuniones del claustro, a mi despacho. Ahora, mi última taza es una reliquia que guardo con cariño. Es una taza hecha expresamente para conmemorar la apertura de la primera escuela sueca en España, la de Madrid, hace ahora 80 años. La historia de esa escuela-instituto escandinavo, fundado en Madrid en plena segunda guerra mundial y en la España de Franco, también tiene una historia, que os contaré más adelante. Mi amigo y antiguo director, Håkan Flycht, fue director de esta escuela a principios de los años 90 y yo heredé su taza. Os dejo con mi taza.

Paseo sexagésimo octavo. Recuerdos de arte y drama.

Marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso. Espero que este refrán represente una buena premonición del futuro que me espera, porque hoy he estado a punto de salir volando por los aires, con un viento frío y duro, que hacía de mi caminar un acto penoso. Yo iba a la estación de ferrocarril, a coger el tren para ir a Malmö, a ver una exposición en el salón de arte de la ciudad, del artista sueco Leif Holmstrand. En su arte, Holmstrand combina la artesanía tradicional con una fascinación por el cine de terror y la cultura popular burlesca. En sus obras, que hacen referencia tanto a su propia historia familiar, salud mental, identidad trans, cultura drag y gay, da forma visual al caos a través de esculturas de gran escala y performances. La exposición reúne una gran cantidad de obras e incluye también la biblioteca de referencias artísticas de Holmstrand, con obras de artistas que lo han inspirado.

El hilo es el hilo conductor en la extensa obra artística de Leif Holmstrand. Teje y tricota objetos, fundas y trajes, y envuelve objetos y cuerpos en cuerdas, hilos y sogas. Sus obras suelen caracterizarse por una corporalidad grotesca y confinada, con una relación oscura con la sexualidad y el mundo circundante. Los temas centrales son el cuerpo queer y una disolución del género, desafiando los límites culturales y biológicos del cuerpo. El material está en el centro: los textiles, las bolsas de basura negras y los cochecitos de bebé. Los límites entre material, escultura y performance son difusos; muchas esculturas comienzan o terminan en obras de performance.

El título de la exposición es “La vida de las termitas: El final” y proviene del libro del autor belga Maurice Maeterlinck, “La Vie des Termites” (La vida de las termitas, 1926), que resultó ser un robo del poeta y naturalista sudafricano Eugène Marais. El robo, la obsesión de un autor por un material y la forma de vida de las termitas, ni humana ni animal, tanto individual como colectiva, fascina a Holmstrand, cuyos tejidos pueden evocar construcciones de termitas. En la exposición vemos esculturas y obras de arte que comparan la creación colectiva y los rasgos individuales de las termitas con las relaciones humanas.

La exposición reúne grandes collages, esculturas, trajes y dibujos que se basan en historias personales. El tema recurrente es lo ritual, la violencia, la transformación, lo corporal que se quiebra y el cuerpo queer más allá de todas las normas, pero también una comprensión profundamente empática de las condiciones humanas. Muchas series de obras son nuevas, incluyendo “Family Flight”, donde Holmstrand ha tejido camas y sillones de la casa de sus padres fallecidos, y “Cephalopods and Other Creatures”, donde Holmstrand ha dibujado sobre páginas del libro “La vida de las termitas”. La serie de obras “Cómo está organizada una sociedad de insectos” consta de doce grandes tapices tejidos a mano con texto que resalta el papel paralelo de Holmstrand como escritor. Durante la exposición, nos encontramos con el artista en varios roles diferentes, o más bien en el único rol compuesto; como artista plástico, escritor, coleccionista de arte, intérprete, músico y comisario. Estuve dando vueltas por la exposición, siguiendo el hilo hasta entender el mensaje, expresado en un lenguaje difícil de descifrar.

Al salir de la exposición me enfrasqué naturalmente en ojear todos los libros de arte que se exponen en la librería de la institución. Simplemente, leyendo los títulos, mi imaginación vuela en retrospectiva a tiempos y lugares que quedaron atrás, en mi historia personal. Me viene de repente a la memoria un incidente que pudo ser fatal, que ya os conté en alguna ocasión, y que fue una de mis primeras experiencias con el arte plástico. Yo tenía aproximadamente tres años y nos encontrábamos, mi madre y yo, en la casa-museo del Pintor Sorolla, en Madrid. No era la primera vez que había estado yo allí, pues el conserje, que vivía allí, era primo de mi madre y algunas tardes íbamos allí a merendar y a pasar la tarde en el jardín, los días que el museo estaba cerrado al público. Este día lo recuerdo muy bien, aunque muchos dicen que es imposible recordar cosas que ocurrieron a una edad tan temprana, pero es que los hechos, todo lo que ocurrió aquel día, fue tan impactante que se ha quedado vivo en mi recuerdo.

Todo empezó con toda normalidad. Llegamos allí y yo entré corriendo para ponerme enfrente de una gran planta de hortensias. La fragancia de las flores que engalanaban el jardín me hacía pensar en un mundo mágico de ensueño. Yo aprendí a amar a las plantas en ese jardín y sigo amándolas. Entré a regañadientes en la casa del tío Luciano y la tía Benita, como yo les llamaba y me alegró ver que habían puesto una suculenta merienda, en la que no faltaban ni las galletas ni el chocolate. Pero, por primera vez, el tío Luciano nos dijo que hoy nos iba a enseñar el museo. Era la primera vez que yo entraba en los pisos de arriba de la mansión, donde se exponen los cuadros. Siempre habíamos estado en su vivienda, en la planta baja, o en el jardín. A mí, esa escalera me pareció inmensa y, mi primera vista a los cuadros expuestos, desconcertante. Yo no había contemplado nunca cuadros tan grandes. Recuerdo una sensación de suspense y hasta miedo, ante esas obras de arte tan coloridas y esas escenas tan expresivas, tan llenas de vida, en la soledad y silencio de la exposición. Corredores vacíos, salas silenciosas. Tío Luciano nos mostro la sala donde descansaba Sorolla entre pinceladas; un diván, una mesita, objetos personales que descubrían una vida ausente.

Bajamos todos juntos y nos sentamos en el jardín. Recuerdo estar sentando en un banco cubierto de mosaico de un gran colorido. Los mayores hablaban y reían y yo pululaba alrededor, entretenido en mil pequeñeces, viendo todo aquello que ven los niños pequeños y que de mayores ya no nos importa. Y poco a poco, me fui yendo cada vez más lejos, confiado con sentir las voces de los mayores, como un invisible cordón umbilical. Llegue al pequeño estanque, cubierto por las hojas rojizas del incipiente otoño y aún no recogidas por el jardinero. Es un estanque muy poco profundo, menos de un metro con toda seguridad. Yo sentí ganas de probar si podía andar sobre esas hojas carmesí, porque siempre corría a patear los montones de hojas que recogían los jardineros de mi barrio. Di un paso al frente y me hundí.

Asustado, aterrorizado, me precipité al fondo y me escurrí, cayendo de espaldas, sumergiéndome en el agua fría del estanque. Yo podía ver las hojas, iluminadas por hilos de sol, desde la oscuridad del fondo. No sé lo que pensé. Sé que me parecía bello, pero sentía una sensación desconocida para mí hasta ese momento, conciencia de final. De repente, salí disparado hacia arriba, rompí el manto de hojas húmedas, de las que algunas se me quedaron pegadas a la cara, y vi la luz. Mi tío me sujetaba fuertemente, mi tía se lamentaba, mi madre lloraba y yo, aturdido, miraba a mi alrededor como aquel que vuelve a nacer y no lo sabe. Todo fue muy rápido, me echaron de menos y se fueron corriendo al único lugar donde había algún peligro y, afortunadamente me encontraron.

El arte forma parte de mi vida. Quizás, esta intimidad con uno de los grandes pintores españoles, con su obra, y la naturalidad con la que yo me movía por aquella casa, me haya formado para siempre. He estudiado historia del arte y he pintado algo, aunque, en el oficio de pintor, soy autodidacta. He vivido de pintar algún tiempo, vendiendo pequeños paneles de lienzo, con pintura acrílica y motivos de los lugares a donde llegaban los turistas, en El Retiro y en la Plaza de Yamaa el Fna. A poco de llegar a Suecia me convencieron para participar en una exposición y vendí algunos cuadros. Los estudios y el ritmo imparable de la vida, dejaron los pinceles guardados hasta bien entrados los 80 y desde ahí comencé otra etapa. Ayer me alcanzó la pintura por un mensaje de WhatsApp. Mi hermana me envió una imagen con el texto: ¿Te acuerdas? Y ¡claro que me acordaba! Era un cuadro que pinté para mi madre, que amaba los gatos, los perros y los patos. Era un oleo en lienzo que representaba a un pequeño gatito, que trataba de expresar todo el amor que yo sentía por mi mamá. A lo mejor, me animo y pinto algo. El trabajo en el jardín quedará para más tarde, cuando el tiempo lo permita. Abajo algunas obras de Leif Holmstrand y mi gato.

Paseo sexagésimo séptimo. 8 de marzo, día internacional de la mujer. Lo que nos queda por hacer.

Hoy he salido a las cinco de la mañana. He ido andando hasta la ciudad, porque teníamos una actividad planificada con el partido, una campaña para visibilizar el día internacional de la mujer. Yo iba solo, bien abrigado, pisando un suelo escarchado en el que brillaban miles de diminutos diamantes a la luz amarillenta de las farolas. No había tráfico y en las casas que iba encontrando por el camino, aún no se podían ver signos de vida. La ciudad dormía.

Este día tiene una importancia que desgraciadamente, mucha gente ignora. El 8 de marzo se celebra como el Día Internacional de la Mujer en conmemoración de las luchas históricas de las mujeres por la igualdad de género y los derechos laborales. La fecha tiene sus raíces en eventos que ocurrieron a principios del siglo XX. En 1908, un grupo de mujeres trabajadoras textiles marchó por las calles de Nueva York para protestar por las condiciones laborales inhumanas y exigir mejores salarios, reducción de la jornada laboral y el derecho al voto. Esta protesta dio lugar a la creación del primer “Día Nacional de la Mujer” en Estados Unidos el 28 de febrero de 1909. Luego, en 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, la líder socialista alemana Clara Zetkin propuso la idea de establecer un día internacional dedicado a las reivindicaciones de las mujeres. La propuesta fue aprobada y el primer Día Internacional de la Mujer se celebró el 19 de marzo de 1911 en varios países europeos.

Sin embargo, en 1913, se decidió que el Día Internacional de la Mujer se celebraría el 8 de marzo, en conmemoración de una huelga de mujeres trabajadoras en San Petersburgo (entonces Petrogrado), Rusia, que tuvo lugar el 8 de marzo de 1917 (según el calendario juliano utilizado en Rusia en ese momento, que corresponde al 23 de febrero en el calendario gregoriano). Esta huelga fue uno de los eventos desencadenantes de la Revolución Rusa. Desde entonces, el 8 de marzo se ha convertido en un día para reconocer y celebrar los logros de las mujeres en todo el mundo, así como para continuar luchando por la igualdad de género, los derechos de las mujeres y el empoderamiento femenino. Pero, me he dado cuenta que, aquí en Suecia, las mujeres no le dan gran importancia a este día. Quizás será porque aquí se ha logrado alcanzar un alto nivel de igualdad, aunque, en realidad queda mucho por hacer, aquí también. Las mujeres suecas siguen cobrando menos que los hombres por el mismo trabajo y siguen llevando mayoritariamente la responsabilidad del hogar y de la educación y cuidado de los hijos. En los trabajos peor pagados, la limpieza, los servicios, encontramos sobre todo mujeres.

La lucha por los derechos de las mujeres es algo palpable en otros lugares del mundo. Me viene a la cabeza Afganistán, aunque no es el único país donde las mujeres carecen de derechos y viven bajo explotación, pero es el caso más fragante. Además, llama la atención con que facilidad hemos olvidado este conflicto y sobre todo la situación en que viven más de 20 millones de mujeres en ese país. Hoy, a las dos de la tarde, participaré en una conferencia en la que estarán dos mujeres afganas, que participarán desde su país, conectadas a la red. Ya os contaré. Ahora voy a seguir con mis recuerdos de Cerdeña, porque parece que os interesa.

Acabo de regresar de la conferencia. ¡Dios mío, qué mala suerte, nacer como mujer en Afganistán! En agosto de 2021, nada mas llegar al poder los talibanes, decidieron implementar su ideología misógina, y lo hicieron con 23 decretos que, significaban un retroceso para las mujeres hasta llevarlas a la edad media o peor aún. Lo primero era sacarlas de la vida pública, trabajo, estudios, deportes, transportes y hasta parques. Recluidas en casa, sin poder salir si no lo hacen acompañadas de un varón de la familia. Pero, por suerte, los talibanes no cerraron el saco de forma efectiva. Aquí viene bien el refrán de que “cuando Dios cierra una puerta, siempre abre una ventana”, porque los talibanes dejaron una ventana abierta, internet. Por tanto, las mujeres que tienen la suerte de tener padres y hermanos comprensivos, pueden cursar estudios en universidades extranjeras por internet. Se trata solo de un dos o tres por ciento de las mujeres afganas, pero es mejor que nada y las que estudian, a su vez, imparten clases a niñas que, al haber llegado a la pubertad, están vetadas de las escuelas. De esta manera se alcanza un mayor número de mujeres y niñas que pueden cursar algún tipo de estudios superiores, de forma clandestina, pero algo es algo. Hemos olvidado Afganistán. Hemos dejado 21 millones de mujeres tiradas, abandonadas a su suerte. Algo hay que hacer. Yo doy como consejo a todas las universidades, que abran sus universidades a cursos on line o creen cursos dirigidos a las mujeres afganas. Salgo de la conferencia lleno de rabia. Pienso en mis hijas y no puedo dejar de sentir vergüenza ajena por los hombres afganos. No por todos, claro, que hay mucha gente buena en Afganistán, también entre los hombres. También recuerdo una amiga y compañera mía en la institución de historia, Jasmin Aimaq, nacida en Afganistán en 1965 en un clima de modernidad, fue al liceo francés y, al llegar los ayatolas al poder, se exilió con su familia a Estados Unidos, para llegar a Suecia y estudiar historia y acabó doctorándose en Lund. Ahora está en la UCLA y es una catedrática muy respetada. Cuando veo a estas chicas afganas, pienso en ella. ¡Ayudemos a las mujeres afganas! Algunas fotos de la conferencia de hoy.

Paseo sexsagésimo sexto. Descubriendo Cerdeña. Mi primera visita a Bosa.

Hoy salgo a caminar muy temprano. Aprovecho antes de que todas las puertas de mi callecita se empiecen a abrir y de ellas salgan niños y mayores, cada cual, a sus tareas cotidianas, unos andando, otros en bicicleta, algunos en coche o en autobús. Por unos momentos, mi callecita estará llena de gente y eso me quita de alguna forma el placer de caminar. Salgo en el silencio de la mañana, cuando el frío del invierno aún envuelve la tierra en su abrazo helado, los primeros rayos de sol comienzan a filtrarse a través de las nubes, como tímidos mensajeros de la primavera por venir. Sus cálidos destellos danzan sobre la escarcha que cubre la hierba y los árboles, disipando lentamente la oscuridad de la noche. Es en este preciso momento, cuando el mundo parece estar suspendido entre el sueño y la vigilia, que los rayos de sol adquieren un poder especial. Su suave caricia, que ya siento tímidamente en mi piel, despierta la naturaleza de su letargo invernal, instilando vida en cada rincón que tocan. Los pájaros comienzan a cantar, los brotes comienzan a emerger y el aire se impregna con el dulce aroma de la esperanza renovada, este siete de marzo.

Los primeros rayos de sol son como una bendición, una promesa de días más cálidos y brillantes por delante. Su luz dorada nos recuerda la belleza efímera de cada nuevo amanecer y la oportunidad de comenzar de nuevo. En medio del frío persistente del invierno, llevo todavía mi ropa de invierno y dos pares de pantalones, son un recordatorio reconfortante de que incluso en los momentos más oscuros, siempre hay luz y calor esperando ser descubiertos una vez más. A mi paso, veo cientos de florecillas, muchos crocus de varios colores, parientes de la rosa del azafrán, campanillas blancas de invierno y hasta las hojas de los tulipanes, que ya están bastante crecidas. Hago alguna foto para mi cuenta de FB y le pongo estas líneas. Es mi forma de comunicar con mis amigos distantes, los que no leen mis paseos por la historia.

He recibido reacciones muy positivas sobre mi entrada de ayer, de amigos que, como yo han visitado Malta y/o Cerdeña. A nadie dejan indiferente esas dos islas. A mí, personalmente, me han marcado para siempre. Ya os conté ayer cómo y por qué llegué a Malta. Hoy os contaré cómo y por qué di con mis huesos en Cerdeña. Yo había escrito algo sobre Cerdeña en mi estudio sobre la historia del nacionalismo catalán. Me resultaba curiosa la conservación del idioma catalán en L´Alguer, Alghero en catalán, pero aparte de eso no me había interesado nunca por esa isla hasta que conocí a Giuliana, una mujer que rebosaba energía controlada, llena de proyectos, colega ejemplar, que conocí en Jumilla hace unos quince años. Allí mismo decidimos emprender un proyecto de intercambio dentro de Erasmus y de esa manera llegué a la isla y me sumergí en su cultura y su historia, y es que es muy fácil hacerlo, de verdad.

Llegamos ya de noche al aeropuerto de L´Alguer. A la salida estaba todo oscuro y lo único que quedaba en el aparcamiento del aeropuerto era un autobús bastante destartalado. Me acerqué y vi que ponía el nombre del instituto “Pischieda” y un hombre de edad muy avanzada, bajó y me saludó. Me dijo que mi amiga Giuliana estaba muy ocupada hoy y le había enviado a él para recibirnos y llevarnos a nuestro hotel en Bosa, la pequeña y antigua ciudad que alberga el instituto. Comenzo el viaje que transcurría por la costa, los que conocéis la ruta de Barcelona a Sitges, por las costas del Garraf, os podéis hacer una idea, pero esto era más arriesgado, siendo la carretera más estrecha y llena de socavones. El mar se adivinaba en la oscuridad, como furtivos reflejos y los débiles faros del autobús iluminaban murallas de rocas y árboles que llegaban hasta la misma carretera. Mis estudiantes daban pequeños gritos de emoción mezclada con terror y mi colega cerraba los ojos con fuerza, como deseando que todo fuese una pesadilla. Al fin llegamos.

Ya en el pequeño hotel, descubrimos que se celebraba una comunión y todo estaba abarrotado de gente comiendo, bebiendo, cantando y bailando por doquier. Rápidamente nos pusieron una copa en la mano y un plato de manjares exquisitos de la tierra, pero nadie nos preguntó nada, ni tampoco hicieron ver que nos iba a acoger como huéspedes. Allí estábamos nosotros, sin conocer a nadie, y con las maletas ocupando gran parte del espacio de la fiesta, pero eso no parecía molestarle a nadie. De pronto, una radiante Giuliana, se abre paso entre mayores, niños y algún perro, y se acerca a mí diciendo: “ Benvenuti, Martín e compagnia, presto sarete assistiti dal custode. Mangiate, bevete e festeggiate con noi.” Y así lo hicimos. Serían ya las dos de la madrugada cuando nos dieron las llaves y pudimos entrar a nuestra habitación.

A la mañana siguiente, despertamos en un hotel en absoluto silencio. Bajé a dónde yo suponía que estaría el comedor y lo encontré abierto pero vacío y silencioso. En vista de que no había desayuno decidí salir por mi cuenta a ver la ciudad que algunos llamarían pueblo, pero que yo insisto en llamar ciudad. No tuve que dar muchos pasos para darme cuenta de que había llegado a una ciudad preciosa, encantada y encantadora. Por suerte, no había inspeccionado todo lo relativo a la ciudad que se podía encontrar ya en las redes, porque prefería descubrirlo todo a primera vista, como me pasó con Cáceres, la primera vez que fui o con Salamanca. Prefiero la sensación “virgen” del que descubre algo por primera vez. Al llegar al río y ver el castillo en la altura y las pintorescas casas en colores pastel quedé prendado y me fui de vuelta, casi corriendo, para despertar a todo mi grupo. Al llegar ya estaba el desayuno listo y al finalizar, Giuliana nos estaba esperando.

Feliz de poder utilizar mi italiano, me puse a hablar con todo el mundo, al llegar al instituto. Pronto comprendí que mi italiano junto con mi acento me aproximaba mucho a la lengua que hablaban ellos, el sardo, porque yo, cuando no encontraba la palabra deseada en italiano, la decía en español y esto hacía que yo utilizase palabras que existen en el sardo cotidiano o al menos son sinónimos conocidos, aunque menos utilizados, así que los estudiantes y los colegas italianos me decían, medio en serio medio en broma: “Sembra che tu sia sardo.”

La ciudad se llama Bosa y está a unos cuarenta kilómetros de L´Alguer, en la costa oeste de Cerdeña. Bosa tiene una historia rica y fascinante que se remonta a la antigüedad. Fundada por los fenicios en el siglo VIII a.C., ha sido habitada por varias culturas a lo largo de los siglos, incluidos los romanos, bizantinos, árabes y españoles, cada uno dejando su huella en la ciudad y su entorno. Bosa prosperó como un importante centro comercial durante la época romana, gracias a su estratégica ubicación en la desembocadura del río Temo, que permitía el comercio marítimo y fluvial. Durante la Edad Media, la ciudad fue disputada entre varias potencias mediterráneas, incluidos los árabes y los pisanos, antes de caer bajo el dominio de la Corona de Aragón en el siglo XIV. Tuve la suerte de conocer a la directora del archivo de la ciudad y casi me quedo allí de por vida, tantas maravillas y tesoros encierra. Yo no podía despegarme de allí, con todos los pergaminos, algunos de los cuales completamente inéditos, que esperaban ser sacados a la luz y publicados.

Ya en mi primer paseo descubrí que uno de los aspectos más destacados de Bosa es su pintoresco casco antiguo, con estrechas calles empedradas y coloridas casas que se aferran a la ladera de una colina, dominada por el castillo de Malaspina, una imponente fortaleza medieval construida en el siglo XII. El castillo ofrece vistas espectaculares de la ciudad y el mar Mediterráneo, y es un recordatorio de la importancia estratégica de Bosa en el pasado. Llené el teléfono de fotos y tuve que pedir que mis anfitriones tomasen las fotos que yo quería llevarme como recuerdo. Tengo cientos y cientos.

Bosa es conocida por su producción de vino, especialmente el famoso vino Malvasia, que se cultiva en los fértiles viñedos que rodean la ciudad. Casi todos los habitantes de Bosa tienen sus viñedos y hacen el vino en sus casas. Un colega nos llevó a la suya a degustar sus vinos y puedo certificar que eran estupendos. Un buen Malvasía le da a su productor un gran respeto entre sus vecinos. También tienen la costumbre de disponer de sótanos-bodega donde se reúnen para beber y comer con los amigos, como se hace en las bodegas de Zamora, en una de las cuales yo cogí mi primera y no última borrachera. Seguiré contando cosas de Cerdeña en mi próxima entrada. Encontré fácilmente fotos de mi última visita a la isla.

Paseo sexagésimo quinto. Recuerdos de Malta y Cerdeña.

Ya metidos en marzo, voy caminando entre signos inequívocos de la primavera y molestos restos del invierno. La blanca nieve nos ha dejado algún charco helado y la gravilla echada para hacer transitable la calzada nos recuerda los días en que íbamos con cuidado de no resbalar. El viento frío hace que nuestra piel sienta los rigores del invierno, aunque el termómetro muestra algún grado sobre cero. Audaces florecillas osan aparecer entre la hojarasca muerta, como promesa de que la primavera está al caer.

No puedo evitar el pensar en días cálidos vividos en las islas del Mediterráneo. Mis islas favoritas, Cerdeña y Malta, en ese orden, tienen tantas cosas que conocer, tantos secretos por descubrir, tanta belleza para disfrutar. Yo echo de menos mis paseos por sus costas, mis búsquedas por museos, mis conversaciones con la gente de allí. En Cerdeña quedé fascinado por las nuragas, los monumentos de piedra megalíticos prehistóricos que se encuentran por toda la isla. Hay miles de nuragas, algunas muy completas, que quedaron ahí como recuerdo de una cultura enigmática. Las nuragas son torres de piedra cilíndricas y tienen a su alrededor estructuras que parecen indicar que en su día sirvieron como vivienda y protección de humanos y animales domésticos. Las nuragas parecen formar un sistema para facilitar la comunicación, ya que, desde el punto más alto de la torre se divisa siempre, al menos, otra nuraga, lo que me hace pensar que podían mantener alguna comunicación, como por ejemplo, avisos ante el ataque de enemigos.

Estuve dentro de una nuraga, completamente a oscuras en medio del día, en el momento en que los rayos del sol penetraban por una pequeña apertura entre las piedras de la entrada, y pude ver como se formaba la figura de la cabeza de un toro en la pared opuesta. Era fascinante ver como se dibujaba esa perfecta cabeza de toro o buey en la pared, que parecía arder. Era magia pura. ¡Me queda tanto por descubrir en esa isla!

En Malta pude campar a mis anchas por toda la isla, pues iba solo y no tenía que supeditar mis paseos a las preferencias de nadie. Fui allí para encontrar lugares de prácticas para mis estudiantes de Vipan y me alojé en una casa particular, perteneciente a la directora del instituto St. Catherine que visité y con el que participábamos en un proyecto Erasmus+. En mi primera visita tuve la suerte de poder solucionar todos mis propósitos en mis dos primeros días y quedé libre el resto de la semana para aprender a conocer la isla. Os podéis imaginar que aproveché el tiempo para descubrir la isla a pie. Mi primer paseo me llevó, desde Pembroke hasta Valeta, la capital, casi nueve kilómetros por carretera, pero yo me fui bordeando la costa, lo que aproximadamente trece kilómetros. Iba con los ojos bien abiertos y fui haciéndome una ruta para regresar al día siguiente y profundizar en algunos lugares que ahora, simplemente pasaban ante mis ojos según iba avanzando mi camino. En Valeta visité el Museo Nacional de Arqueología de Malta y allí quedé prendado por una figurilla de apenas 15 cm de largo, que parecía hecha por un antepasado de Fernando Botero. Esa figurilla se llama en inglés “The Sleeping Lady”(La dama durmiente) y en mí, como en casi todos los visitantes, despertó una gran cantidad de ideas sobre su significado.

La dama durmiente es una estatuilla prehistórica, que data del período neolítico, alrededor de 3000 años anterior a nuestra era. Se encuentra entre las estatuillas más famosas y misteriosas del mundo antiguo. Se la llama dama durmiente debido a su posición reclinada, con los brazos cruzados sobre el pecho y una postura que sugiere que está durmiendo. El artefacto fue descubierto en 1905 en un complejo subterráneo tallado en la roca durante el cuarto y principios del tercer milenio anterior a nuestra era, durante excavaciones arqueológicas en la isla, específicamente en los templos de Hagar Qim y Mnajdra, sitios megalíticos que datan de la misma época. La figurilla está moldeada en arcilla. En su contexto histórico, la figurilla de la dama durmiente es parte del legado de la cultura megalítica que floreció en la región del Mediterráneo durante el Neolítico. Malta tiene una rica historia prehistórica, con evidencia de asentamientos humanos que datan de más de 7000 años atrás. Los templos megalíticos de Malta son testimonio de la sofisticación y habilidades técnicas de las sociedades neolíticas que los construyeron. Se cree que estos templos tenían propósitos religiosos y ceremoniales, y la figurilla de la dama durmiente podría haber tenido algún significado ritual o religioso para estas antiguas comunidades. Su propósito exacto y el significado simbólico aún son objeto de debate entre arqueólogos. Algunos sugieren que podría representar a una deidad o una figura importante en la sociedad neolítica, mientras que otros creen que podría tener connotaciones funerarias o estar relacionada con rituales de fertilidad. En cualquier caso, la dama durmiente es un fascinante ejemplo del arte y la cultura de la antigua Malta y una ventana al mundo prehistórico del Mediterráneo.

Y para terminar mi relato de hoy quiero hablar de las lenguas que se hablan en estas islas. En Cerdeña se habla el sardo, que es una lengua romance hablada en la isla, una de las lenguas neolatinas más antiguas y pertenece al grupo itálico de las lenguas romances. El sardo se ha desarrollado de forma independiente del italiano estándar y del resto de lenguas romances. Esta lengua presenta una gran diversidad dialectal, que varía significativamente de una región a otra de Cerdeña. A lo largo de los años, ha sido influenciado por diferentes lenguas y culturas, como el latín, el catalán, el español y el italiano y cuenta con una rica tradición literaria y oral.

Aunque el italiano es la lengua oficial de Italia y, por lo tanto, también de Cerdeña, el sardo sigue siendo hablado por una parte significativa de la población de la isla. Sin embargo, en los últimos tiempos, ha enfrentado desafíos debido a la presión de la globalización y la predominancia del italiano en la educación y los medios de comunicación. Pero sigue vivo. Me alegró especialmente ver como los jóvenes del instituto Pischeda, a los que yo visitaba, de una forma completamente espontánea, se juntaban por la noche, en el jardín de su dormitorio, donde pasaban los días docentes en forma de internado, para formar unos cantos polifónicos que se conocen en sardo como “cuncordu”. En un grupo que puede variar entre cinco o siete normalmente, varias voces masculinas cantan en armonía, a menudo sin acompañamiento instrumental. El cuncordu es una expresión musical única y distintiva de la cultura sarda, con una rica historia y una profunda conexión con la identidad de la isla, que estos muchachos sienten tanto orgullo de practicar. Los que cantaban eran chicos todos e ignoro si hay algún cuncordo en el que también canten chicas. El día de la despedida, me invitaron a cantar con ellos y sonaba muy bien. Mi voz se fundía con la de los otros, entre los cuales esta vez había hombres de todas las edades. Formábamos un corro y cantábamos, a veces improvisando textos. Desgraciadamente no tengo ninguna grabación de este acontecimiento, pero trataré de encontrar alguna que hice de los muchachos.

En Malta se habla inglés, que es un idioma oficial, pero también se habla una lengua, el maltés, que es completamente diferente de las lenguas que se hablan en Europa. El idioma maltés es una lengua semítica central que ha sido influenciada por varios idiomas a lo largo de su historia. Sus orígenes se remontan al árabe, específicamente al árabe magrebí, que fue introducido en Malta durante la ocupación árabe de la isla en el siglo IX. Durante este período, el árabe influyó en el vocabulario y la gramática del maltés. Sin embargo, a lo largo de los siglos, el maltés ha sido moldeado por otras lenguas debido a la posición geográfica de Malta y su historia como territorio disputado. Elementos del italiano, especialmente después del dominio de Malta por parte de la Orden de los Caballeros de San Juan y más tarde por el Imperio Británico, se incorporaron al maltés. Además, el maltés ha sido influenciado por el siciliano, el francés y el inglés. Hoy en día, el maltés es una lengua única y distintiva, oficial en Malta junto con el inglés. Es el único idioma semítico que se escribe en el alfabeto latino y tiene una gramática y vocabulario propios, aunque conserva ciertas características árabes en su estructura lingüística. Es fantástico hablar con alguien en inglés que al rato se dirige a otra persona en maltés,, y no comprender ni una palabra. De mis viajes a Malta y Cerdeña tengo muchas historias, que os iré contando poco a poco. Por ahora os dejo con unas fotos de la dama durmiente. Lo que veis es una réplica exacta que tengo en mi poder.

Paseo sexagésimo cuarto y casi último. El mono que cambió el destino de griegos y turcos.

Hoy he estado a punto de dar mi último paseo. Sí, así como suena, mi último paseo. Han faltado solo dos centímetros para que esta entrada no fuera nunca escrita. Iba yo, como de costumbre, sumido en mis pensamientos y observando lo que había a mi alrededor, que en este caso eran unas pequeñas florecillas que anuncian la primavera, cuando, de repente, un camión de muchas toneladas, me pasa tan cerca, que su espejo retrovisor roza levemente mi gorro de lana. Lo noto, al tiempo que veo como ese monstruo metálico me adelanta por mi izquierda con un estruendo acompañado por el sonido, como de fuelle, de sus frenos hidráulicos. Tardo una fracción de segundo en darme cuente de lo que ocurre y, al ver lo que ha estado a punto de ocurrir, me flaquean las piernas y me sube a la cabeza un calor como de fiebre. He estado a punto de ser aplastado por un camión que a bastante velocidad se subió a la acera por la que yo caminaba, al parecer, por evitar arrollar a un turismo que había frenado bruscamente para evitar atropellar a un perro, que cruzó la calle suelto. A mi lado, el dueño del perro le reñía, mientras le ponía la correa.

Yo, por mi parte, miré a mi alrededor y ví que el chofer del camión seguía en su cabina. El pequeño turismo que había estado a punto de ser aplastado por el camión continuaba su marcha, seguramente contento con haber evitado aplastar al perro. A mí, nadie me miraba y nadie parecía haber notado mi presencia. Seguí caminando, un poco más arrimado a mi derecha, más lejos del borde de la acera, y no pude evitar el pensar en momentos parecidos a este, cuando un pequeño incidente, de repente, vino a cambiarlo todo, para pocos o para muchos, a veces para todo un continente o para el mundo entero, como en el caso que os voy a contar en esta entrada.

Nos parece que, al nacer, alguien nos puso el guion de nuestras vidas en nuestras manos, que después cada uno intentó interpretar lo mejor que pudo. A alguno de nosotros nos salió bordado, otros se olvidaron del guion y siguieron la función improvisando, y les salió bien o peor, y recibieron aplausos o abucheos. Otros muchos, perdieron el guion ya casi al principio y se quedaron en blanco, saliendo por el foro. Si ese camión me hubiese aplastado, yo habría hecho una sortee anticipada, que algunos creerían, formaba parte del guion inicial. En casos muy excepcionales, parece como si el que escribe nuestros guiones, quisiera sorprender al público con algo tan fuera de lo normal, que deja a todos estupefactos, boquiabiertos y ojopláticos, ante la inesperada peripecia. La historia está llena de estos guiones. Elijo uno, para ejemplificar lo que me vino al pensamiento, al sopesar las consecuencias de algunos acontecimientos fortuitos que han tenido grandes consecuencias.

El guion que sigue pertenece a un rey, un apuesto y joven rey, cuya apariencia semeja la de una gran estrella contemporánea de la pantalla. El ha subido al trono en mitad de la primera guerra mundial, sucediendo a su padre, Constantino I, en 1917, que había sido obligado a abdicar por las potencias del Entente. Alejandro I, que así se llamaba este joven rey, se había salido ya del guion de una forma bastante radical, casándose en secreto en matrimonio morganático con el amor de su vida, la bella Aspasia Manos, hija de un coronel, pero considerada como indigna para ser reina. Aún siendo rey, la rutina diaria de Alejandro se parecía mucho a la de cualquier joven noble y de la época. Algo de deporte, a veces caza, paseos al aire libre y fiestas, muchas fiestas. El gobierno lo dejaba Alejandro de buen grado o a su pesar, eso no lo sabemos, en manos del primer ministro Venizelos, que, con carácter dictatorial, llevaba al país helénico a una guerra sangrienta con los restos del imperio otomano, con el beneplácito del imprudente y poco informado Lloyd Georg.

El 17 de septiembre de 1917, Alejandro se levanta temprano. Es una mañana ya casi otoñal y, tras un frugal desayuno, el joven rey se va a su sala de gimnasia, como todas las mañanas. Tras un buen entrenamiento, se viste con su ropa de ir en moto, llama a su perro, su pastor alemán Fritz, juega un poco con el, tirando una pelota, que el fiel perro recoge y dejas a los pies del joven rey que, seguido por el can, se dirige al garaje para sacar su Harley-Davidson Model W del año 1919 y dar unas vueltas por los alrededores del palacio Tatoi. Tiene la mañana libre hasta la una, hora en la que se reunirá con Aspasia y su amigo Zalokostas. Esto de las motos le vuelve loco. Desde muy jóven ha sido un gran aficionado a todo lo que tiene que ver con el motor. Alejandro se monta en su moto y, seguido por su perro juguetón, acelera por los caminos bordeados por frondosos árboles. Pronto se encuentra frente a la casa del veterinario del palacio, doctor Sturm. Alejandro para la moto ante la casa, porque sabe que el veterinario tiene muchas revistas del motor, y quiere saber si ya ha salido la última para leerla. Además este Sturm es un hombre con el que el joven rey gusta de conversar. Alejandro para la moto y llama a Fritz, que hace unos segundos corría a su lado, pero el fiel perro no viene. De pronto, ladridos y aullidos desesperados llegan de detrás de la casa, y el joven rey se lanza en dirección a los ruidos y encuentra a su perro peleando con una mona de Gibraltar. Esta mona y su correspondiente mono-marido era un regalo que el veterinario había recibido de un bodeguero que a su vez lo había recibido del príncipe Cristóbal, hermano menor del rey Alejandro.

Al intentar aparta al perro de la mona y viceversa, el rey recibió unos cuantos mordiscos en las piernas y en el cuerpo. Mordiscos dados por la mona y por el mono, su esposo, que andaba suelto por el jardín y corrió a ayudar a su pareja. Cuando el doctor Sturm salió a ver qué pasaba reconoció al joven rey, ensangrentado y, tras asegurar los monos en sus cadenas, se dispone a ayudar al rey, que ha recibido siete bocados del mono macho. La herida de la pantorrilla sobre todo es por desgarradura y muy profunda y sangra abundantemente. El rey llama a su amigo Metaxas y este a su vez llama a un médico, que se presenta en el lugar del accidente con todo preparado para entablillar huesos, porque cree que el rey se ha caído con la moto. Al llegar, el médico ve que el musculo esta completamente desgarrado y lava la herida con alcohol y gasolina, sí ¡gasolina! Así comienza un tiempo de largas curas, fiebres, muchos médicos especialistas, muchos tratamientos, intentos de amputación, que al final no se llevan a cabo, y una larga tortura para el joven i bello rey, que poco a poco se va muriendo de gangrena.

El 25 de octubre de 1920 espira al fin Alejandro, dejando un trono vacante, que su padre ocupará. El dictador electo, Venizelos, deja Grecia y Constantino regresa triunfante a Grecia, que le aclama como el que irá a realizar el sueño de la Gran Grecia. A Constantino le habían echado las potencias del Entente por ser proalemán y, con Venizelos, habían permitido y apoyado la revancha griega contra el imperio otomán. Ahora con Constantino de vuelta quitaron toda la ayuda a los griegos y, Mustafa Kemal Ataturk aprovecho para contraatacar y echar a los griegos de Anatolia. Una catástrofe que resulto en millones de deportados griegos, muchos de ellos que no hablaban griego, que habían vivido en generaciones en territorio otomano y ahora serían obligados a rehacer sus vidas en las islas griegas. Un millón doscientos mil griegos fueron enviados desde sus hogares en Anatolia a las islas griegas y unos cuatrocientos mil turcos hicieron el viaje opuesto, dejando Grecia para ir a la joven Turquía. Todo esto ocurrió a la vez que se cometían atrocidades en los dos bandos. Y todo, porque un joven rey intento salvar a su perro de los dientes de un mono. Winston Churchill diría, refiriéndose al insólito acontecimiento: “it is perhaps no exaggeration to remark that a quarter of a million persons died of this monkey’s bite”. Abajo Aspasia y Alejandro I de Grecia.

Paseo sexagésimo tercero. Pasar los días en blanco.

Me voy hacia el norte. Me voy a Dalarna, una región fronteriza con Noruega famosa por sus caballos de madera, pintados de rojo o azul y adornados con filigranas “kurbits” en blanco y amarillo, que son el equivalente a nuestros toros con banderillas, que los turistas se llevan a casa, para mostrar que se ha estado en España. Estos caballitos se encuentran en todas las tiendas de suvenires y casi todo el mundo los reconoce y grita ¡Suecia! cuando los ve. También es la tierra de los relojes de pie y péndulo, como el mío ´, que ya presenté hace algún tiempo en una entrada.

La razón por la cual los caballitos de madera y los relojes han salido de aquí, no hay más que salir de mi cabaña para comprenderla. Aquí desde octubre hasta abril o mayo, todo está cubierto por un precioso manto de nieve. No hay ni un palmo de tierra que no esté cubierto por más de un metro de nieve. Es comprensible que los campesinos de aquí tuviesen mucho tiempo libre y mucha necesidad  de llenarlo con algo que les diese de comer, cuando las cosechas estaban bien guardadas y las matanzas se habían agotado.

Antiguamente, las mujeres jóvenes, fuertes y lozanas, se encargaban de llevar el ganado a pastar hacia el sur, donde la hierba empezaba a crecer más temprano. Pero no solo migraban las jóvenes pastoras, también lo hacían otras y también algunos muchachos, buscando trabajo y sustento, porque aquí, en el norte, familias numerosas, no podían ganarse la vida.

Hoy voy caminando por Dalkarlsvägen, (camino de los que vienen de Dalarna) que es un sistema de vereas, caminos y carreteras que va desde el norte de Dalarna hasta Estocolmo, 413 km desde Sälen, donde estoy yo ahora mismo. Este camino se ha ido estableciendo a través de las migraciones estacionales, las migraciones laborales de los hombres y las mujeres de esta tierra, desde el siglo XVI hasta principios del siglo XX. Algunos caminos han sido restaurados, otros están casi cubiertos de maleza, pero hasta Estocolmo todavía quedan huellas de los viajes de la gente de estos valles que, ya estaban superpoblados a finales de la edad media, por lo que la presión demográfica obligó a sus habitantes a trabajar para complementar el rendimiento de las pequeñas explotaciones agrícolas, que se formaban mediante una incesante división. Diversos datos contrastados con documentos sobre la recepción de los trabajadores en Estocolmo, indican que, en un año normal justo antes de mediados del siglo XIX, ascendían anualmente a entre 3500 y 4500, de los cuales el 90% eran de la Alta Dalarna, que entonces tenía unos 70000 habitantes. En tiempos de malas cosechas, aumentaban las cifras de migrantes. Ambos sexos participaron aproximadamente en igual medida, aunque en el caso del pastoreo, se trataba siempre de mujeres. Desde muchos rincones de Dalarna, hombres y mujeres partían hacia el sur, para desempeñar trabajos que se consideraban principalmente masculinos.

Alrededor del 1 de mayo, comenzaban las migraciones en pequeños grupos. Desde Rättvik, de dónde he encontrado datos, que está a 280 km al norte de Estocolmo, se invertían unas 60 horas de camino, parándose a dormir en sitios habituales. Las etapas eran normalmente de 40 km que se hacían a pie llevando un hatillo con todo lo necesario para el viaje. En septiembre se producía un segundo viaje de trabajo, en el que participaban los que se habían quedado en casa para hacer las faenas de labor y cortando el heno. Sucedía a veces que los migrantes regresaban a casa para, celebrar bodas y negociar propiedades. Muchas mujeres desempeñaban trabajos de hombres durante periodos de siete a 10 meses, como jardineras, albañiles y remeras, estas últimas realizando el durísimo trabajo de atravesar los ríos y lagos que convierten Estocolmo en la Venecia del norte, llevando viajeros de una orilla a otra en pequeños botes de remos. No menos trabajosa era la jornada de las que trabajaban en los cementerios, como enterradoras y jardineras. Había fuertes vínculos entre la gente de los valles y a menudo vivían cerca unos de otros o simplemente juntos, compartiendo habitaciones de alquiler en casas de familias trabajadoras, que de esta manera conseguían unas monedas para aumentar sus escasos ingresos.  Con el tiempo, algunos barrios de Estocolmo, como por ejemplo Vasastan, tenían una gran concentración de gente del valle, especialmente en el área alrededor de Odenplan. Lo mismo ocurrió en el sur, Söder, sobre todo porque había varias cervecerías y destilerías en las que trabajaban. A partir de mediados del siglo XIX, el extranjero también atrajo a muchos montañeses, que emigraron a Dinamarca, Inglaterra y Rusia. A mí me parece que este tipo de migración se asemeja mucho a la de los gallegos, en su caso también, en parte, debida a la fragmentación de los campos, que convertían las posesiones agrarias en minifundios insuficientes para mantener a una creciente población.

Los que se quedaban en casa, sobrevivían haciendo cestos y productos derivados de las maderas, tan abundantes aquí. Hacían muebles y, desde mediados del siglo XVIII, también los relojes a los que me refería al principio de estas líneas, que exportaban a toda Suecia, haciendo de su gusto regional y sus colores favoritos una moda campesina. Desde el norte de Suecia hasta Escania, se pueden encontrar en los antiguos caseríos muebles y enseres hechos aquí.

Sigo mi camino, penosamente avanzando entre la nieva. A veces me hundo y me cuesta bastante esfuerzo seguir. El primer día me hundí hasta la cintura, aunque iba andando por un camino marcado, pues la nieve alcanza en algunos lugares un espesor de hasta dos metros. Me voy dando cuenta de que no oigo nada de nada, Ni un motor, ni una voz humana, ni el canto de un pájaro. Busco a ver si puedo distinguir la huella de algún animal, pues sé que aquí abundan los lobos, los linces, los alces y los osos, aunque estos últimos estarán durmiendo a pierna suelta, porque aún queda invierno.

 No encuentro nada, claro, cómo voy a hacerlo, con la cantidad de gente que he dejado atrás, en la cima, allí donde están las pistas de esquiar, que para eso he venido. No, yo no, mis hijos y mi compañera. Yo me conformo con mis paseos y mis pequeñas investigaciones en los centros culturales locales. Voy a ver si puedo hacer una buena travesía en trineo tirado por perros, me encantaría. Ya os contaré. La verdad es que esta gente, en la nieve y la montaña, ha encontrado una buena forma de vivir, que le da trabajo a muchos de sus habitantes y que convierte, esta antigua región de migrantes, en una zona de atracción para trabajadores de otras regiones y hasta del extranjero. Oigo hablar muchos idiomas, pero todavía no he escuchado una palabra en español.

Pensando en esto de las migraciones, llego a la conclusión de que lo normal en los humanos es justamente migrar. Yo suelo decir a todos que los humanos no tenemos raíces, que eso de las raíces es solo cosa de árboles, los pobres. Y es que, cuando arde el bosque, los árboles perecen, incapaces de huir, pues sus raíces se lo impiden. Nosotros los humanos, cuando estamos ante una crisis o peligro de guerra o catástrofe, nos largamos con la ayuda de nuestros pies. Que la tierra donde vivimos no nos da para comer, nos vamos a otra y ¡grande es España! O mejor, ¡grande es el mundo! Por eso, deberíamos ver a esos migrantes venidos de otros países, por el momento, menos agraciados que nosotros como a gente normal, que, en realidad, tiene el mismo derecho que nosotros de existir y de buscarse la vida. ¡Quién sabe, quienes serán los próximos migrantes! Me decía hace unos años la entonces embajadora de los Países Bajos en Suecia, Chistina Coppolse, que, muy posiblemente, los neerlandeses serían los próximos emigrantes, debido al cambio climático, que amenaza su abarrotado país con desaparecer bajo las aguas. ¿Quién sabe cuáles serán los futuros países receptores de las migraciones?

Sigo mi camino. Siento que el sudor me cae por la espalda, bajo todas las capas de ropa que llevo encima. A lo lejos, veo la cumbre de la montaña que da cobijo a todo un pueblo bullicioso, lleno de esquiadores con ropa de colores vivos, cascos y botas que les hacen moverse como si fueran astronautas en el llano, cuando llevan los esquíes al hombro, aunque, en las cuestas, bajan como flechas. Yo tengo la brújula puesta camino a una gran venta, donde de día se toma chocolate caliente y otros reconfortantes y de tarde-noche se beben ríos de cerveza, al son de la guitarra eléctrica del trovador-roquero de turno, que intentará que le coreemos y acompañemos sus canciones con nuestras palmas. Ya estoy llegando, ya oigo la música y las voces, ya falta poco. Ahora me sentaré tranquilamente, me tomaré una taza de chocolate y un buen dulce y escribiré estas líneas, para quien quiera leerlas, Abajo los caminos desde Dalarna a Estocolmo, traficados por los migrantes de antaño.

Hoy sopla el viento de tal manera, y nieva tan cerrado, que tengo que ir limpiando mis gafas todo el tiempo, para ver el camino y no perderme. La nieve que ha caído durante la noche, arremolinada por el viento, ha formado nuevas colinas y formaciones, que cambian completamente el aspecto de mi trayecto cotidiano. Tanto lo ha cambiado, que me he perdido unas cuantas veces y he tenido que regresar a un punto conocido, orientarme de nuevo y seguir. Por suerte llevo mucha ropa, voy vestido tipo cebolla, como cuando uno va en Ryanair sin maleta, porque no quiere pagar el sobrecoste. No paso frío pero tardo mucho más de lo normal en dar mi vuelta. Voy pensando en esas mujeres recias, fuertes y lozanas, que hacían este camino en toda su longitud, cientos y cientos de kilómetros, hasta llegar a Estocolmo a buscar trabajo o a buscar los pastos de primavera cuidando de su ganado. A fines del siglo XIX ya resultaban un poco exóticas para los urbanitas de Estocolmo, con sus vestidos coloridos y su famosa belleza, y empezaron a interesarse por ellas, como personas y también como parte de una forma de vida que estaba a punto de extinguirse.

Trataré de explicar lo que sabemos de estas mujeres, según las fuentes locales y la literatura que he leído sobre ellas. Estas mujeres tenían entre 17 y 20 años en su mayoría. El camino de aquí a Estocolmo, unos 400 kilómetros, lo hacían a pie y en grupos. Esta peregrinación en busca de trabajo, se consideraba una tradición, aparte de ser una necesidad de subsistencia. Muchas de ellas harían solo un viaje y a la vuelta contraerían matrimonio y serían madres y ayudarían a sus maridos en las labores del campo y tendrían hijos, que llenarían los pequeños caseríos. Tenían fama de ser hermosas y fomentaban la fantasía de los urbanitas, esas jóvenes que, puntualmente, como si de grullas se tratara, bajaban de sus montes hacia el bullicio, los peligros y las bendiciones de la ciudad.

Podemos profundizar, gracias al trabajo de muchos historiadores locales,  como la historiadora Anna Götlind, que nos presenta a una de esas muchachas de Dalarna, la bella Carin Ersdotter, nacida en Djura, a 150 kilómetros al sur de donde me encuentro yo ahora. Carin comenzó su peregrinaje a Estocolmo con 17 años en 1832. Lo primero que hizo al llegar fue buscarse un trabajo. Primero empezó a trabajar como peón de albañil, portando piedras, ladrillos y mortero de argamasa a las espaldas, haciendo equilibrios sobre unas tablas, camino de los pisos altos de una obra. Un año después, cuando se terminó la obra en que trabajaba, al ganadero Otto Wilhelm Staël von Holstein le llamó la atención la bella Carin y ella empezó a trabajar en su granja, en Nacka, a las afueras de Estocolmo. El trabajo de Carin en la granja consistía en ordeñar las vacas y a continuación llevar la leche en un carrito,  para venderla en la Plaza Mayor de Estocolmo, allí donde ahora está el museo Nobel y donde se cometió la famosa masacre de Estocolmo (Stockholms blodbad 1521) de la que os conté algo la última vez que estuve allí este invierno antes de la navidad.

Volvamos a Carin, que nos perdemos. Cuando la hermosa Carin empezó a vender leche en la Plaza Mayor, el lugar se fue llenando de hombres, que venían expresamente a ver a “la bella Carin”. Se juntaban tales corros de hombres, y alguna que otra mujer, que se convirtió en un problema de orden y la policía, lejos de emplearse a fondo con los mirones, se sintió obligada a interrogarla. Carin Ersdotter tuvo que esconderse a partir de ahí en callejones y patios para que la dejasen en paz. Gozó de tanta fama en su día, que se convirtió en leyenda y famosos pintores inmortalizaron la expectación que esta muchacha despertó en la ciudad en el poco tiempo que estuvo en ella.

Carin Ersdotter también fue mencionada y retratada en la prensa extranjera. Se escribieron canciones populares sobre ella y se crearon imágenes, litografías, dibujos y pinturas. Esta atención llevó a que se viera obligada a dejar de vender leche. En la primavera de 1834, fue invitada a los salones de la sociedad de Estocolmo. En una de estas ocasiones, conoció a Fredrika Bremer, escritora y pionera feminista, quien la dibujó en su cuaderno de bocetos.

A principios de mayo de 1834, dejó Estocolmo para volver a su pueblo. Era común que las chicas de Dalarna fueran a Estocolmo y trabajaran durante unos años antes de regresar a casa para casarse, y Carin Ersdotter estaba comprometida en Dalarna. El día antes de su regreso a casa, fue llamada al palacio donde conoció al rey Carlos XIV Juan (El antiguo general Bernadotte, ¿recordáis?) y al príncipe heredero Oscar. Luego fue escoltada hasta el muelle del Riddarhuset por un miembro del parlamento, paisano de Dalarna y dejó Estocolmo en el barco de vapor Yngve Frej, pero desde Västerås tuvo que caminar el resto del camino a casa en Djura, 163 kilómetros de nada.  En Västerås, donde la gente se había congregado para verla pasar, según el diario Aftonbladet, causó un gran revuelo, pero allí terminó todo el encanto de la fama y la dura realidad comenzó de nuevo, aunque a su regreso, Carin llevaba consigo tres certificados de buena conducta, incluyendo uno firmado por su patron en la finca Järla, Otto Wilhelm Staël von Holstein, y otro firmado por treinta y cuatro miembros de la alta sociedad de Estocolmo. Sin embargo, los chismes y rumores sobre lo que había hecho en Estocolmo la precedieron, y su prometido, que la esperaba, ya no quería saber nada de ella. En 1835, se casó con Daniel Andersson de Djurabyn Gråda. Desde su muerte en 1885 está enterrada en el cementerio de su pueblo natal, Djura. En los jardines de su antiguo puesto de trabajo en Estocolmo, la mansión de Järla, se le levantó una estatua en 2005 y a continuación, su pueblo natal costeó recaudando fondos entre sus paisanos, una copia de la misma que ahora se puede ver junto a la iglesia de Djura.

Sabemos tanto de Carin gracias a que su patrón era un hombre muy conocido en sociedad y porque los periódicos de la época se interesaron por ella. Curiosamente, este joven terrateniente (tenía 30 años cuando conoció a Carin) cursó sus primeros estudios de derecho en Lund, aunque se graduó en Uppsala. Ya en 1833 ya era juez cuando se compró la mansión de Jarla con su importante producción láctea, donde Carin encontró trabajo.

Estas migraciones continuaron durante todo el siglo XIX y gran parte del XX. En realidad, no fue hasta que se empezaron a construir en los años 50 los primeros equipamientos pensados exclusivamente en el esquí alpino, cuando estos parajes comenzaron a ponerse de moda, atrayendo a gran cantidad de esquiadores del sur de Suecia, Dinamarca y Noruega. Aquí la nieve no falta y el paisaje montañoso ofrece muchas oportunidades de organizar pistas para todas las modalidades del esquí alpino. Desde 1970 creció una industria alrededor del deporte alpino, que hoy da trabajo a gran parte de la población de los valles y además ofrece muchas posibilidades a jóvenes de toda Suecia y hasta de otros países, que aquí encuentran trabajo en las temporadas, tanto las de invierno como las de verano, ya que la actividad no cesa durante el verano, cuando los deportes de nieve son sustituidos por actividades varias de montaña.

Busco en las mujeres del lugar rasgos que recuerden a sus antepasados, las y los migrantes de hace siglos, y me parece reconocer la firmeza, fuerza y sana constitución que las hacía famosas. Un artista sueco, Anders Zorn, dedicó gran parte de su producción artística a mostrar estas recias amazonas en sus ropas características y, muy a menudo, sin ellas, mostrando lo que a él, y a sus contemporáneos, les parecía algo exótico. Busco también, y encuentro sin mucho esfuerzo, fuentes gráficas que muestren la imagen de estas mujeres,Tal y como eran,  dedicadas a sus duros trabajos, pero nunca amedrantadas o humilladas. Orgullosas de su trabajo, conscientes de su esfuerzo, deseando regresar a sus hogares, llevando el fruto de su duro trabajo, para contribuir al bienestar de la familia.

Paseo sexagésimo segundo. Con las cosas de comer no se juega o la historia de la patata en Suecia.

Cuando yo llegué a Suecia, en abril de 1970, una de las cosas que me parecieron muy exóticas, eran las comidas y las costumbres que había alrededor de la ingesta de alimentos. Lo primero que noté, fue que, los restaurantes a la hora del almuerzo (lunch), que era desde las once de la mañana a la una del mediodía, servían siempre comidas locales, lo que aquí se denomina “husmanskost” (comida casera). En las escuelas, donde se sirve lunch a todos los escolares gratuitamente, también se servía este tipo de comida. Aquí os cuento en que consistía esta dieta y costumbre, para que os hagáis una idea de la impresión que me hizo.

llamado el plato sueco por excelencia, seguramente por ser servido en IKEA por todo el mundo, las albóndigas (köttbullar) son un ícono cultural. Tradicionalmente eran servidas con salsa de arándanos rojos, pepinillos encurtidos y puré de patatas cremoso.

Salmón enterrado (Gravad lax), se comía y se come muy a menudo. Es un salmón adobado en eneldo y azúcar, a menudo servido con una salsa de mostaza dulce, plato que tiene sus raíces entre los pescadores desde la Edad Media, que salaban su pescado y lo dejaban fermentar ligeramente al enterrarlo en la arena.

“Pytt i pannan” (pequeños trozos en una sartén), es una mezcla de patatas, cebolla y carne, es una manera de utilizar sobras que a menudo se corona con un huevo frito. Generalmente se hace combinando carne sobrante, como carne de res o cerdo, con patatas cortadas en pequeños cubitos, cebolla y a veces (pocas) verduras como guisantes o zanahorias. Estos ingredientes se cocinan juntos en una sartén hasta que estén crujientes y dorados. Condimentado solo con sal y pimienta.

Pastas de cuerpo (kroppkakor) rellenas de carne de cerdo o tocino, son un plato tradicional del sur de Suecia, sobre todo de la región de Småland, pero se comen por toda Suecia y se sirven con salsa de arándanos rojos o mantequilla. La mantequilla, el azúcar, los arándanos rojos y las patatas están presentes siempre en la cocina sueca. A mi me resultaba todo al principio muy graso y muy dulce.

Pudding de sangre (blodpudding) es un morcón negro, hecho de sangre de cerdo y harina. Como en el caso de pyttipannan es un plato que muestra la filosofía sueca de no desperdiciar nada comestible. Se mezcla a menudo con especias y otros ingredientes, luego se cocina hasta que adquiere una consistencia espesa similar a la de una salchicha. Se corta en rodajas y se fríe antes de servir. Por lo general, se combina con salsa de arándanos rojos, lo que proporciona una experiencia de sabor única, y para mi al principio, un tanto rara.

Los jueves se servía siempre la sopa de garbanzos (ärtsoppa), tradicionalmente acompañada de crepes finos. Esta tradición se remonta a la época previa a la reforma protestante, cuando los suecos ayunaban los viernes. Es sustanciosa y reconfortante, especialmente durante los meses más fríos. Hoy en día se sirve con taquitos de tocino y se condimenta con tomillo. En la receta, como en las otras, se encuentra el azúcar y la mantequilla.

Las “Raggmunk” (tortitas de patata), es un plato sueco popular hecho con patatas ralladas mezcladas con harina, leche y huevo. La mezcla se fríe hasta que queda crujiente y se sirve frecuentemente con salsa de arándanos rojos y tocino o panceta.

Esos podían ser los platos que se ofrecían tanto en los restaurantes públicos, como en los comedores de las escuelas o las cantinas de los puestos de trabajo. La fruta no se servía normalmente en los postres, aunque las escuelas siempre tenían alguna manzana que ofrecer. En cambio, sobre todo en los restaurantes públicos, se servían postres muy dulces, por ejemplo, las mazariner (galletas de mazapán) hechas con huevo, mazapán, matequilla y leche, ¡una bomba de calorías!

Comida internacional no había, bueno, la había, pero fuera de mi alcance, en restaurantes caros, donde había que llevar corbata para entrar, aparte de una cartera llena de billetes de banco. Pizzerías no había, aquí en el sur. La primera en Malmö, abrió en 1971 y en Helsingborg, ciudad a la que yo llegué una tarde de abril y en donde viví mis primeros cinco años en Suecia, llegó un poco más tarde. Recuerdo aún la emoción de mis alumnos adultos a los que yo daba clase de español en una escuela privada, cuando me invitaron a la recién abierta pizzeria Romana, era todo un acontecimiento memorable.

Las noticias que me llegan por los auriculares, este día gris y lluvioso, mientras doy mi largo paseo, se refieren al campo y a los campesinos. Voy paseando por un antiguo pueblo que, por un capricho de la vida, ha permanecido bastante intacto y es, sin quererlo, una especie de museo agrícola, para el que conoce su historia. Gracias a una aplicación del consejo de antigüedades sueco, que llevo en el teléfono, puedo comprobar que en este mismo lugar ha habido asentamientos humanos desde el paleolítico. La aplicación registra los descubrimientos de restos de toda clase realizados por los arqueólogos y es muy completo. Me pongo a pensar en que es lo que comían aquí hace doscientos años. Busco, y encuentro una relación escrita de 1828: Muy de mañana, al levantarse, el campesino, sus criados, si los tenía, su mujer y los hijos de más de trece años, comenzaban el día con un buen trago de aguardiente y un trozo de pan con queso. A eso de las nueve o las diez de la mañana se comían alguna sardina bañada en dricka (cerveza con muy poco alcohol), y sopas de pan con leche. Al mediodía, a las doce o la una, se hacía la comida principal del día, compuesta de pan y cocido de repollo, con algo de carne y mucho tocino, seguido de gachas. A las cuatro o cinco de la tarde, unas rodajas de pan con grasa de ganso (no hígado de ganso) o manteca de cerdo, el que podía un poco de carne o pescado. A las siete de la tarde, en invierno ya en plena noche desde las cuatro o cinco, se cenaba con gachas, leche y/o “dricka” y pan. Al salir de casa, para trabajar en el campo, se llevaban pan en los bolsillos.

Y, vosotros diréis posiblemente ¿dónde están las patatas? Y tendréis razón, porque las patatas acompañan hoy casi todas las comidas, pero, a principios de 1800 no se consideraban todavía como alimento para humanos. Como todos sabéis la patata tiene su origen en los Andes de América del Sur, donde ha sido un alimento básico para los indígenas durante milenios. Los europeos la conocimos gracias a la conquista. Los registros más antiguos encontrados en escritos suecos datan de 1658 en el Catálogo de Plantas de Olof Rudbeck del Jardín Botánico de Uppsala. La planta de la patata había llegado desde Holanda y en sueco se llamaba “Peruviansk nattskatta” (planta nocturna peruviana). Se cree que las patatas se propagaron intencionadamente desde el Jardín Botánico de Uppsala a las mansiones de Uppland. Pero hacia finales del siglo XVII, las patatas también llegaron a Suecia por otras vías y entonces se las llamaba “Tartuffel” (parecido al alemán Kartoffeln). En 1727 Jonas Alströmer trató de promover el cultivo de lo que llamó “Potatoes” (patatas) o “Jordpäron” (peras de tierra, comparar al francés pomme de terre o manzana de tierra). Bueno, pues los suecos no querían comer patatas. Decían que no era comida para humanos y, en el caso de que las cultivasen, era para dar de comer a los cerdos.

La patata entra en la economía sueca no como un elemento nutritivo de primer orden sino como base para la producción de aguardiente, producto este que se consideraba necesario para hacer frente a las inclemencias del tiempo y poder realizar los duros trabajos del campo. La destilación casera ha sido durante mucho tiempo un elemento importante en la sociedad sueca. La destilación libre ha alternado con regulaciones y, cuando se introdujo la prohibición de usar cereales a mediados del siglo XVIII, esto naturalmente favoreció el cultivo de patatas. La destilación casera volvió a ser libre en 1800, lo que llevó a una extensa propaganda para usar la patata como materia prima. También se señaló que la economía del cultivo de patatas mejoraría considerablemente si la cosecha pudiera convertirse en aguardiente. Sin embargo, en general, la producción de patatas no se desarrolló tan rápidamente como las autoridades responsables deseaban. Por tanto, a principios de 1800 todavía no se comía la patata, pero esta estaba presente en los tragos de aguardiente que acompañaban a la comida. Ya a mediados de 1800, cuando repetidas hambrunas obligaron a gran parte de la población a emigrar a América, la patata comenzó a utilizarse y con el tiempo cambiar radicalmente la dieta sueca.

Ya salió el sol. Se que me engaño a mí mismo, pero quiero creer que vamos hacia la primavera. Mañana seguiré con la prehistoria de este pueblito que ahora luce ante mis ojos, como si estuviese saliendo de una larga pesadilla. Los pájaros cantan, algún gato se atreve a salir de paseo. Los caballos, pastando apaciblemente, me miran al pasar y yo camino más derecho y a paso ligero. Sin querer, esbozo una pequeña sonrisa y siento un calor interno, como de la sangre que corre alegremente por mis venas. Abajo, el caminito del pueblo, un día soleado.

Paseo sexagésimo primero. Elucubraciones sobre el cosmos y el alma, mientras veo llegar la primavera.

Sigue lloviendo. Voy mirando a ver si puedo encontrar algún signo de que nos aproximamos a la primavera, y al fin lo encuentro; algunas pequeñas florecillas de Eranthis Hyemalis o acónito de invierno, que pronto darán pinceladas de oro a los prados y al césped de los parques. Algo es algo, me digo, y nada es nada. De esa nada primordial hemos estado conversando esta mañana Ángel y yo, o, mejor dicho, Ángel me recordaba que ese “nihil ex nihilo” al que yo me refería en la entrada de ayer, había sido “desacreditado” (en palabras de Ángel) por la física actual, o más exactamente, Lawrence M. Kraus, en su libro “Un universo de la nada”. A ese razonamiento contesté que Kraus, en realidad, no está sugiriendo que el universo surgiera de la absoluta nada metafísica, sino que él explora las implicaciones de las leyes fundamentales de la física para comprender el origen y el destino del cosmos. Además, Kraus sostiene que el espacio no está realmente vacío, sino que está lleno de fluctuaciones cuánticas de energía, que ya es algo. Parece que, aunque Krauss a menudo se refiere a “nada” como el estado sin materia ni energía, algunos críticos, como Sean Carroll, George Ellis o el Nobel David Gross,sostienen que esta definición es problemática porque incluso el vacío cuántico tiene propiedades y fluctuaciones que pueden generar partículas y campos de energía. Por lo tanto, algunos argumentan que Krauss no está realmente hablando de “nada” en el sentido filosófico o metafísico más profundo. Hay mucho que discutir sobre esta cuestión. Con todo esto no quiero decir que Ángel esté equivocado. Lo que yo quiero sostener es que el momento inicial del cosmos aún está por descubrir y explicar, lo que deja margen a las distintas religiones a ofrecer su relato alternativo.

En mi entrada de ayer, yo no pretendía en absoluto explicar la naturaleza del cosmos o la esencia primordial que lo formó, a eso no llega mi conocimiento de la física. Lo que yo pretendía es, partiendo de la cosmogonía griega, hacerme unas cuantas preguntas sobre la capacidad deductiva de los antiguos filósofos y autores griegos, para explicar el proceso evolutivo de nuestro mundo, llamémosle a este proceso, si queremos, creación. Me gustaría saber la opinión de físicos y filósofos, especialmente de físicos religiosos y filósofos teólogos, pues me consta que tenemos algunos en nuestra SCM.

Mi interés por la cuestión parte del estudio de las religiones, en particular, del estudio de cómo estas religiones explican nuestro universo,el alma particular y su creación o existencia eterna,. La creación del universo según el hinduismo refleja la comprensión de que el cosmos es cíclico y que todo en el universo está interconectado. En la etapa de creación o Srishti, Brahman, que es el concepto supremo y fundamental que representa la realidad última o la realidad absoluta, y que es considerado la realidad cósmica y trascendental, más allá de las limitaciones del tiempo, el espacio y las formas, manifiesta el universo a partir de sí mismo. Se crean los elementos primordiales, los cinco Mahabhutas: espacio, aire, fuego, agua y tierra y los seres vivos. Brahman crea a los dioses, los humanos y todo lo demás mediante su voluntad. Brahman se describe en el hinduismo como “la realidad no dual y sin forma, que es infinita, eterna e inmutable”. Es la fuente de todo ser y conocimiento. Se le considera la causa primera de la creación y el sustento de todo lo que existe. En este sentido, Brahman es tanto inmanente como trascendente. En el hinduismo, el concepto del alma se conoce como Atman que se considera la verdadera naturaleza del ser individual, la parte más interna y esencial de cada persona. Según la filosofía hindú, Atman es inmortal, eterno e indivisible, y es la misma realidad subyacente que se encuentra en todos los seres vivos y en el universo. La realización de la identidad entre el Atman individual y el Brahman universal se considera el objetivo final de la vida espiritual en muchas tradiciones hindúes. Yo les solía explicar a mis estudiantes que Atman era como la llama de una vela encendida en relación a la gran hoguera Brahman, principio y fin de todo. El fuego purificador y liberador, el Agni, que despoja el cuerpo mortal del Atman.  

El budismo, nacido dentro del hinduismo, enseña el concepto de origen dependiente (paticcasamuppada en pali, pratityasamutpada en sánscrito), que es una explicación de cómo todo en el universo surge en interdependencia y condicionamiento mutuo. Según esta enseñanza, todas las cosas, incluidos los seres vivos y los fenómenos, surgen debido a una compleja red de causas y condiciones. Esto se ilustra con la metáfora de la rueda del Sámsara, el ciclo interminable de nacimiento, muerte y reencarnación en el cual están atrapados los seres sensibles. Según esta enseñanza, el sufrimiento y el ciclo de reencarnación están condicionados por la ignorancia (avijja) y el apego (tanha), y este ciclo perpetuo puede ser roto a través del despertar espiritual y la realización de la verdad última o Nirvana. Por tanto, el budismo no tiene una narrativa específica de la creación del universo en términos de un acto de creación divina, sino que enseña el concepto de origen dependiente, que explica cómo todas las cosas surgen en interdependencia y condicionamiento mutuo, sin un creador supremo. No sé si a vosotros también, como me pasa a mí, os parecerá que estos dos principios, el hindú y el budista, se parecen. También, en el caso del hinduismo, se considera un tiempo circular que implica la existencia de ciclos cósmicos. Al final de cada ciclo cósmico, se produce la destrucción del universo y su consiguiente recreación.

El Tanaj, fuente de las religiones abrahámicas, nos ofrece un relato que, pese a su aparente explicación creacionista, puede resultar hasta complementaria con la comprensión científica moderna, interpretando los días de la creación como períodos de tiempo más largos o como procesos divinos que pueden haber involucrado la evolución gradual. Estas tres religiones están marcadas por su escatología que incluye una renovación cósmica, creyendo que el fin de los tiempos estará marcado por señales cósmicas y eventos catastróficos, seguidos por la renovación o restauración del mundo a un estado paradisíaco o divino. En estas religiones hay un principio y un fin, un proceso linear contrario a la percepción circular del tiempo que ofrecen las religiones surgidas en la India.

Linear o circular, principio y fin o eternidad; sea cual sea nuestra propia idea sobre la existencia, estamos prendidos del tiempo y no tenemos escapatoria. Hay personas que creen que un día podremos alcanzar la inmortalidad. Yo me pregunto cual puede ser la razón de querer ser inmortales. ¿Inmortales, para qué? Además, los que quieren ser inmortales, tienen que partir de la base que sólo unos pocos lo podrán conseguir, porque si fuéramos todos los que alcanzásemos la inmortalidad y siguiésemos procreando, no tendríamos espacio para vivir en este planeta, está claro. Esto de la inmortalidad, creo yo que tiene mucho que ver con el miedo a morir, a dejar de existir. En estos pensamientos voy yo caminando, pensando que el día que yo ya no esté, pasearan otros por estas calles, y nadie me echará en falta. Bueno, mi familia y mis amigos me dedicarán algún pensamiento, pero, los pequeños y grandes problemas cotidianos les harán pensar en otra cosa, más importante en el momento, mientras el recuerdo de aquel hombre que se llamaba Martín, irá palideciendo.

Ante el hecho consumado de que somos mortales, en realidad la única cosa verdaderamente cierta que se sabe de todo aquel que nace, cada uno puede elegir su propia forma de enfrentarse a la realidad. En mi caso, he ido acostumbrándome poco apoco. He ido haciéndome a la idea de que mi vida va hacia su fin. Cuando yo era joven, la muerte era algo tan lejano que no parecía verosímil. La gente se moría, y era cómo si perteneciesen a otra raza; los mortales. Los cementerios, las tumbas en las iglesias, los mausoleos, eran cosas que yo no relacionaba con mi propia existencia. Paso a paso, me voy haciendo a la idea de que yo también iré a ser parte de esas poblaciones de ultratumba. Lo pienso sin el más mínimo rastro de pavor. En realidad, el examen de ingreso en el instituto me puso más nervioso; sé que estoy muy bien preparado para este último examen. Y luego ¿qué?

En las religiones que ofrecen una visión circular existe la idea de que algo nuestro continua su camino, cuando nuestro cuerpo ya no nos sirve. Una especie de sustancia etérea y eterna.  Filósofos como Platón y Aristóteles tenían conceptos distintos de alma. Para Platón, el alma era la parte inmortal y divina del ser humano, que residía en el reino de las Ideas y se encarnaba en el cuerpo físico. Para Aristóteles, el alma era la forma o principio vital que animaba a los seres vivos y los diferenciaba de los objetos inanimados. Es curioso ver cómo la idea del alma de Platón se asemeja a la del hinduismo. En la filosofía de Platón, el alma era considerada inmortal y divina. Creía en la transmigración del alma, más allá de la muerte. Platón enseñaba que el alma tenía un origen divino y estaba encarcelada en el cuerpo físico durante la vida terrenal. Después de la muerte, el alma se liberaba del cuerpo y ascendía a un estado de existencia puramente espiritual, donde era juzgada y recompensada o castigada según sus acciones en la vida terrenal.

El hinduismo enseña que el alma, denominada Atman, es eterna e inmortal, y pasa por un ciclo continuo de muerte y renacimiento conocido como Samsara. Durante este ciclo, el alma pasa por diferentes cuerpos físicos, reencarnándose, en un proceso de aprendizaje y evolución espiritual. Hasta aquí coincide Platón con el hinduismo, lo que me hace pensar que los filósofos griegos estaban bajo la influencia de las creencias hindúes. En contraste con Platón, Aristóteles tenía una visión más terrenal del alma. Consideraba que el alma era la forma o principio vital que animaba a los seres vivos, incluidos los humanos. Creía que el alma estaba intrínsecamente ligada al cuerpo y que no existía por separado de él. Por lo tanto, para Aristóteles, el alma no era inmortal en el sentido platónico, y no existía una vida después de la muerte en la que el alma continuara existiendo de manera independiente.

En el budismo, no se habla de un alma eterna o inmutable que persiste a través de las reencarnaciones. En su lugar, se utiliza el término “anatta” o “anatman”, que significa “no yo” o ausencia de un yo permanente. Según el budismo, la creencia en un yo permanente o alma es una ilusión que causa sufrimiento. En su lugar, se enfatiza la idea de que todos los fenómenos son impermanentes y están interconectados, incluidos los seres vivos. En este sentido, la identidad personal se ve como un proceso en constante cambio, determinado por causas y condiciones. Pero, de una vida a otra es el flujo de la conciencia y las tendencias kármicas las que se renueva, pero no hay una entidad permanente que transmigre. En lugar de buscar la salvación de un alma individual, el objetivo del budismo es alcanzar la iluminación o el despertar, que implica comprender la verdadera naturaleza de la realidad y liberarse del ciclo del sufrimiento, denominado, como en el hinduismo, Samsara.

Curiosamente, el judaísmo no tiene un concepto único del alma y de lo que ocurre con ella a partir de la muerte. El aliento de Dios, ruach en hebreo, es etéreo, un aire un viento divino, Ruach Elohim, pero el aliento de Dios en el hombre se denomina neshamá y se refiere al aliento de vida que Dios sopló en Adán según la narrativa del Génesis en la Biblia hebrea: “Y formó Dios al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” (Génesis 2:7).  Por tanto, se considera que el alma continúa existiendo después de la muerte física y, tras esta, se somete a un proceso de juicio divino. Este juicio puede resultar en la entrada del alma al Gan Eden, El Paraíso, donde experimenta la presencia de Dios y goza de un estado de bienaventuranza, o en el Gehena o Infierno, donde el alma puede purificarse antes de entrar al Gan Eden, o puede enfrentar castigos temporales por sus acciones, al contrario de la creencia cristiana en un castigo eterno.

En algunas tradiciones del judaísmo, también se cree en la reencarnación del alma, donde el alma puede regresar a este mundo en una nueva forma física para continuar su proceso de corrección y perfección. La reencarnación del alma, conocida en hebreo como gilgul, es parte de la enseñanza de la Kabbalah, y de la tradición jasídica, que creen que el alma puede reencarnarse varias veces en diferentes cuerpos físicos hasta alcanzar la perfección espiritual. Este proceso de reencarnación se considera parte del viaje del alma hacia su corrección y redención final. Se cree, al igual que en hinduismo, que el alma reencarnada puede tener la oportunidad de corregir errores pasados y avanzar en su evolución espiritual. La Kabbalah ejerció una fuerte atracción sobre artistas y músicos al principio del nuevo milenio, con la cantante Madonna como icono. El cristianismo predica también la reencarnación de la carne, la resurrección de los cuerpos en el Juicio Final, donde las almas de los difuntos serán reunidas con sus cuerpos glorificados para vivir en la presencia de Dios eternamente, los elegidos solamente, claro, a los perdidos por el camino y condenados les quedará una eternidad de sufrimiento.

Se nota, en el islam y su concepto de alma, la inspiración y dependencia de las fuentes judías y cristianas. En el islam, el alma se considera una parte esencial e inmortal de la creación de Dios. El alma, ruh en árabe, es la fuente de la vida y la conciencia de los seres humanos. Según el islam, Dios insufló el alma en el cuerpo humano para darle vida y conciencia: “Y (recuerda) cuando tu Señor dijo a los ángeles: ‘Voy a crear un ser humano (Adam) de arcilla modelada; cuando lo haya formado perfectamente e insuflado en él (de Mi propio Espíritu min ruhi), caed postrados ante él’.” (Corán, Sura Sad, 38:71-72). Después de la muerte física, el alma se separa del cuerpo y pasa por un período de transición en un estado intermedio, la Barzaj, hasta el Día del Juicio, cuando las almas serán juzgadas por Dios según sus acciones en vida y se les asignará su destino eterno en el Paraíso o el Infierno. El islam enfatiza la importancia de purificar el alma y buscar la cercanía a Dios a través de la adoración, la obediencia a los mandamientos divinos, y la práctica de la justicia y la bondad hacia los demás. La espiritualidad en el islam incluye el cultivo del corazón y el alma para alcanzar una mayor cercanía y sumisión a Dios.

Desde una perspectiva humanista, la cual comparto respetando todas las creencias, el énfasis está en el bienestar humano en esta vida, en lugar de preocuparse por la existencia de una entidad espiritual separada que pueda existir después de la muerte. En este sentido, el concepto de “alma” podría ser interpretado como la esencia o la totalidad de lo que significa ser humano, en términos de nuestras experiencias, relaciones y contribuciones a la sociedad. Para los humanistas, el énfasis está en la experiencia humana, la racionalidad, la empatía y el desarrollo personal y social. Por lo tanto, cuando hablamos del “alma” en el contexto humanista, nos referimos a la totalidad de la experiencia humana, incluyendo aspectos como la conciencia, las emociones, la creatividad, la capacidad de compasión y la conexión con los demás. Y es aquí, en esta certeza de que todo está en nuestras manos, el bien y el mal, la paz y la guerra, el bienestar y la miseria, cuando los humanistas nos sentimos un poco abandonados y echamos de menos algo eterno y sublime. Yo, personalmente, lo busco en el arte y la música.

Si fuera posible meter en un caldero todas estas creencias y, tras una cocción a fuego lento, filtrar una percepción común del concepto “alma”, creo que nos quedaría algo muy parecido a la conciencia y a la consciencia, consciencia de la conciencia, diría yo. Y en ese ejercicio de consciencia de la conciencia voy yo, caminando esta mañana, al amanecer.

Sexagésimo paseo. Pensando sobre la vida (la buena vida) y la muerte.

Llevo algunos días sin escribir. Este tiempo gris, este viento frío, no me deja contemplar el paisaje. Voy deprisa, escuchando la radio, pensando en mis cosas. Me desconecto de la actualidad, que empieza a angustiarme, no en la vida real, pero en lo que nos ofrecen los medios. No comprendo por qué la paz no está de moda. No puedo entender por qué debemos tomar partido por Ucrania o por Rusia, Israel o Hamas. ¿Por qué seguimos creyendo que la única solución será una victoria? ¿Por qué hemos dejado el camino de la paz y la mediación de un lado? No es la vida la que está de moda, es la muerte, la que nos contempla desde las páginas coloreadas de las revistas, de los periódicos, en la televisión y en todos los medios que usamos. Soldados muertos, niños muertos, mujeres muertas. La muerte es noticia.

Yo me aferro a la vida. Cuento los días que quedan para ver la primera florecilla aparecer entre la hojarasca, sentir los primeros rayos de sol que calienten un poco, oír los pajarillos afanosos en construir sus nidos. He estado en la antesala de un viaje sin retorno y quiero disfrutar de la vida que me queda. Por eso, mis pensamientos me llevan muy lejos, a los confines de la génesis del cosmos. ¿Cómo empezó todo, si es que empezó alguna vez? Me pregunto sin esperar ninguna respuesta. ¿Cómo y cuándo terminará todo? si es que ese todo tiene un fin. ¿Qué respuestas nos ofrece la ciencia? Aquí llevo casi toda mi vida creyendo en la teoría del Big Bang, que postula que el universo comenzó como una singularidad extremadamente caliente y densa hace aproximadamente 13.8 mil millones de años. Sin embargo, yo no puedo dejar de pensar en qué pasó antes del Big Bang o si ese concepto de “antes” tiene sentido en el contexto cosmológico. Supongo que ese es el argumento fuerte de las religiones. Sabiendo que todo viene de algo, nihil ex nihilo, ¿qué es ese algo que se esconde más allá del Big Bang?

Más antigua, más intuitiva, pero no por eso menos lógica que la teoría del Big Bang, es la cosmogonía griega. En muchos relatos, Sobre todo en los de Homeros y Hesíodo, el universo comienza en un estado de Caos, una especie de vacío primordial o confusión indiferenciada. A partir del Caos, surgen Gaya, también conocida como Gea, la Madre Tierra, y Urano, el Cielo.  Estos dos dioses primordiales personifican la tierra y el cielo respectivamente. Coincide esta cosmogonía en parte con la versión, aún más antigua que ofrecen los egipcios. Los jeroglíficos ofrecen muchas versiones de cómo el universo se origina a partir de Nun, un océano primordial de caos y oscuridad. El estado primordial indiferenciado del cual todo emerge. Así dice también nuestra Biblia: “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

Hijo de Nix y gemelo de Hipnos, Thánatos, nos viene a recoger con una caricia, sin violencia, sin angustia. En la noche templada, sin sobresaltos, Hipnos nos trae el sueño y su hermano Thánatos nos lleva dónde todo acaba y todo comienza. Los agraciados evitan enfrentarse a las Keres o a la terrible Némesis.  Las Keres, hijas también de la noche virgen y, como tales, hermanas de la discordia, la tristeza y la vejez.  Ezis, Eris y Geras, acechan y oscurecen la vida, pero las Keres la arrasan con violencia.

Aello y Ocípete, las implacables arpías hijas de Taumante y la ninfa Electra, tempestades, pestes e infortunio nos causan terror. Su hermana Iris, tan diferente, tiene asignado el cometido de ejercer como diosa del arcoíris, anunciando el pacto de unión entre el Olimpo y la tierra. Aquí, la mitología griega toca resortes eternos: Si cerramos los ojos y nos concentramos en lo que ocurre a nuestro alrededor, veremos que la cosmogonía griega es válida y tremendamente actual, aunque la terminología es diferente, pues se basa en el entendimiento de los humanos, “el hombre es la medida de todas las cosas”, según Protágoras.

Si yo pudiera, implantaría el estudio generalizado de los autores clásicos griegos en las escuelas desde los párvulos hasta el bachiller, porque sería una buena manera de explicar la vida, las raíces de la ética y la idea de la buena vida. Tenemos mucho que aprender de las obras de Homeros y Hesíodo. Y a estos dos gigantes ¿Quién les inspiró? Es probable que la creación de la Ilíada haya sido un proceso complejo que involucró múltiples influencias. Homero, ya sea como individuo o como parte de una tradición cultural más amplia, logró crear una obra maestra que ha perdurado a lo largo de los siglos, por algo será.

Es Hesíodo, sobre todo, el que me hace pensar en que la cosmogonía griega está relacionada con tradiciones orientales más remotas e incluso con la ciencia de nuestros días. En un principio reinaba el Caos. Ahí tenemos a Urano, el firmamento, hijo y esposo de Gaia, la Tierra, con la que engendrará 18 hijos, los doce titanes, los tres ciclopes y los tres Hecatónquiros. Hijos que Urano mantiene ocultos, algunos de ellos en las entrañas de Gaia que, cansada de los caprichos de Urano fabricó una hoz adamantina, dura y afilada, y ordeno a sus hijos, los titanes, que atacaran al padre con ella. Sólo el más joven, Cronos, tuvo el valor de tomar la hoz y, con ella, castrar a su padre, cuando este vino a copular con Gaia. Liberados, los titanes salieron a la superficie y Cronos reinó en el Cosmos esposando a su hermana Rea. Dejando la mitología a un lado vemos como el tiempo, materializado en -cronos, toma el control del universo, Cosmos. Estrechamente relacionado con el universo en términos de su evolución y dinámica, según la teoría de la relatividad de Albert Einstein. El universo experimenta cambios y transformaciones a lo largo del tiempo, desde el Big Bang hasta la formación de estrellas, galaxias y estructuras cósmicas. La expansión del universo, la gravedad, la velocidad de la luz y otros fenómenos cósmicos están intrínsecamente ligados al tiempo. Además, la cosmología estudia cómo el universo ha evolucionado a lo largo del tiempo, desde sus primeros momentos hasta el presente y más allá. El tiempo, Cronos, es, por tanto, una dimensión esencial para entender la naturaleza y la evolución del universo. Hasta aquí la ciencia y la cosmogonía caminan de la mano.

Pero Gaia advierte a su hijo de que los vástagos que él va creando con Rea, se revelarán un día contra él y lo derrocarán. Para evitarlo, Cronos se zambullía todos los hijos que Rea paría: Hestia, Deméter, Hera, Hades, Poseidón, y así hasta llegar a Zeus, pero con Zeus no pudo, porque Rea decidió ocultarle al dar a luz en Licto, en la isla de Creta. Y Zeus, consigue provocar arcadas a Cronos, que poco a poco va devolviendo a los hermanos de Zeus, que, con él y el fulgor de su rayo, consiguen doblegar a los titanes y tomar el control del Cosmos. Para llegar a la armonía social, la buena vida, es preciso vivir en paz. Por eso, nace Eirene, una de las tres Horas, la diosa de la paz, como fruto de la unión de Temis, la diosa que custodia las leyes eternas, con Zeus. El bienestar y la prosperidad cunde allí dónde Eirene reina. Y es que sus hermanas, las Horas, igualmente necesarias para la armonía social, son diosas del orden de la naturaleza y de las estaciones.

Paz, ecología y conciencia climática son necesarias hoy para garantizar la armonía social y la buena vida. Hoy podemos sin duda decir que, en Europa al menos, hemos estado muy cerca de conseguir esta armonía social para la mayoría de nuestros ciudadanos. Sabemos que no lo hemos conseguido todavía al cien por cien y, posiblemente, nos estemos alejando cada vez más de esa armonía. Cuando nos vamos acercando a las nuevas elecciones europeas al Parlamento comunitario, debemos pensar que, no podemos dejar pasar la posibilidad de realizar el sueño de paz y prosperidad, que sus fundadores tuvieron en su día. Para los antiguos griegos, el propósito de la vida estaba estrechamente relacionado con la búsqueda de la eudaimonia o “bienestar” y también “felicidad floreciente”. La eudaimonia no se entendía simplemente como placer o la ausencia de dolor, sino como un estado de plenitud y realización que se alcanza a través del desarrollo personal y moral, así como a través de la participación activa en la vida cívica y social. Los que dicen que la política no es para ellos, están cavando la tumba de nuestra democracia y nuestra libertad. No podemos dejar que el poder pase a aquellos que quieren aniquilar la paz y diluir la integración que hasta ahora hemos conseguido, porque el cambio climático, la paz y la defensa de la naturaleza es algo que no podemos conseguir distanciándonos. Votemos por la libertad, la cooperación, la paz y la conciencia climática.

Paseo quincuagésimo noveno. Una ciudad enigmática guarda sus secretos bajo la tierra de labor.

Salgo muy temprano esta mañana. Me adelanto a los primeros rayos de sol, y veré amanecer en el camino. Enfilo mi paseo hacia el norte, cruzando tierras de labor, buscando las raíces de la primera ciudad nórdica, una ciudad de la que las fuentes históricas no hablan; no sabemos siquiera su nombre, aunque muchos indicios parecen revelar que pudiera ser Lund. Lo que comenzó como un asentamiento alrededor del año 100 a.C. se convirtió en la mayor área urbana de la era vikinga en el norte de Europa, abarcando casi 50 hectáreas en su mayor apogeo. Por lo tanto, era más del doble de grande que Hedeby, ubicada en lo que era Dinamarca durante la era vikinga pero que ahora se encuentra en el norte de Alemania, y siete veces más grande que Birka, a las afueras de Estocolmo. Por lo tanto, Uppåkra probablemente fue el centro de la Escandinavia vikinga, no Birka como se afirma en la historiografía nacional sueca. En realidad, no fue hasta después de que Lund fuera fundada alrededor del año 964 que el lugar empezó a ser llamado Uppåkra, y se menciona por primera vez en fuentes escritas en la carta de donación del rey Canuto el Santo en 1085, carta de la que solo disponemos en forma de copia redactada en el siglo XII. En cambio, el nombre Lund se menciona ya en una fuente escrita en el año 975. Se sabe ciertamente que Uppåkra fue conquistada en el año 964 por el sobrino del rey danés Harald Blåtand, quien también se llamaba Harald pero era conocido como “Guldharald” o Harald de Oro.

Ya puestos a contar la historia desde el principio, dejadme por favor que os lleve a dónde todo empezó aquí, en esta parte del mundo que llamamos Escandinavia. Después de la última glaciación alrededor del 10,000 a.C., los cazadores de renos comenzaron a aparecer en la zona, y cuando los bosques cubrieron la tierra algunos milenios después, se estableció una población sedentaria compuesta por cazadores y pescadores. Alrededor del 4,000 a.C., los habitantes comenzaron a practicar la agricultura. A partir del 2,000 a.C., pudieron fabricar armas y herramientas de bronce importado y desde alrededor del 500 a.C., de hierro. La población se dividía en diferentes clanes y tribus y es posible que el país se uniera bajo un solo rey ya al principio de la era vikinga a finales del siglo VII d.C. En ese momento, se inició la construcción de la enorme fortificación Danevirke, un complejo de terraplenes, diques y promontorios defensivos que se extendía unos 30 kilómetros en el sur de Jutlandia, ahora Schleswig-Holstein en el norte de Alemania, desde la poderosa ciudad comercial de Hedeby en el fiordo de Slien en el este, hasta los pantanos en el oeste. Esta línea de defensa, se fue expandiendo y fortaleciendo en los siguientes 500-600 años, y los restos que aún se pueden observar, se consideran el monumento arqueológico más importante del norte de Europa, pero no se le ha dado la importancia que merecía hasta hace muy poco. El interés por el desarrollo de la sociedad durante la Edad del Hierro en Suecia creció dentro de los círculos arqueológicos a finales del XIX. Sin embargo, se dejó de lado en gran medida el sur de Suecia. Fueron los arqueólogos de la Universidad de Lund, en colaboración con el entorno cultural de Malmö y la actividad de la Dirección Nacional de Antigüedades en Lund, quienes abordaron la labor y arrojaron luz sobre la Edad del Hierro en el sur de Suecia. Curiosamente las excavaciones han sido en gran parte posibles gracias a la iniciativa de una empresa privada. En el año 2000, las excavaciones recibieron un generoso subsidio por parte de la empresa Tetra Pak en Lund, vecina del terreno lo que permitió un proyecto de excavación de cinco años. Desde 2005, las excavaciones han disminuido en escala y se han llevado a cabo como lo que se llama “excavaciones seminario” con fines educativos para estudiantes en el Departamento de Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Lund.

Esta ciudad existió durante un milenio, las excavaciones y los hallazgos lo demuestran,  y fue un lugar de encuentro y de intercambio con muchas culturas. Entre los 28 000 objetos encontrados, aproximadamente en el 2% de la superficie de la ciudad, se encuentran Joyas, monedas, artesanías y herramientas, tanto de producción local como importadas del Imperio Romano, el Medio Oriente, Rusia y la actual Túnez, son testimonio de habilidades artesanales locales y de contactos a larga distancia con diversas partes del mundo a través de los siglos. Desgraciadamente no disponemos de fuentes escritas sobre esta ciudad y la reconstrucción de su historia de ja mucho espacio a la fantasía, aunque siempre podemos compararla con otras ciudades, parecidas y mejor documentadas. Vamos a repasar un poco sobre la historia de Dinamarca para comprender la importancia de Uppåkra (¿o Lund? y su relación con la actual Lund.

Un país llamado Dinamarca

La primera vez que se menciona a los daneses o a un territorio con el nombre de Dinamarca es en una carta del arzobispo Ansgar, escrita en algún momento entre los años 834 y 865, y en la bula del papa Nicolás I en 864 que confirma a Ansgar como arzobispo y misionero para daneses y suecos, pero aún no existía una entidad unificada. Para eso tenemos que esperar hasta  mediados del siglo X cuando el rey Harald Blåtand (diente azul – bluetooth en inglés[1]), según su propio testimonio, inscrito en una piedra rúnica en Jellinge, conquistó toda Dinamarca, en donde entraba Escania y por tanto Lund, y además Noruega, convirtiendo a los daneses al cristianismo. Alrededor del año 980, estableció, entre otras cosas, los impresionantes “trelleborgs”[2] circulares en lugares estratégicos en el país (uno en Escania, otro en Selandia, uno más en Fionia y dos en Jutlandia.

En el año 1013, el hijo de Harald Blåtand, Sven Tveskägg (Barba bifurcada), posiblemente porque en lugar de barba lucia largos mostachos)) conquistó toda Inglaterra. En ese momento, vikingos daneses habían gobernado partes del este y centro de Inglaterra durante más de 100 años, estableciendo el llamado Danelagen con la capital en York. El hijo de Sven, Knut (el Grande), gobernó de 1018 a 1035 sobre un “Imperio del Mar del Norte” que abarcaba en su máxima extensión Dinamarca, Noruega e Inglaterra. Tras la muerte de Knut, se dividió su legado entre sus herederos, formándose los tres reinos escandinavos que conocemos; Dinamarca, Noruega, aunque Suecia, por su parte, permaneció un poco al margen de las luchas internas por el poder y no es hasta la coronación de Olof Skötkonung, alrededor del año 995, que podemos hablar de un territorio denominado Suecia. Olof reinó hasta el 1022 y es considerado como el primer rey de Suecia, ya que tanto las fuentes escritas como las monedas conservadas indican que ejerció influencia real tanto en las regiones alrededor del lago Mälaren como en las regiones alrededor del lago Vättern, representa hoy más o menos el centro de Suecia, quedando fuera Escania al sur y Norrland al norte. La primera perteneciente a Dinamarca, la segunda aún no conquistada, habitada por los samis. Inglaterra quedó fuera de la influencia nórdica a partir de la invasión normanda, batallad de Hastings 1066[3].

Las numerosas luchas internas durante la Edad Media, así como las guerras con la Liga Hanseática alemana y con Suecia, resultaron en constantes altibajos para Dinamarca. Un punto culminante fue la creación de una archidiócesis nórdica en 1103 en Lund, en Escania (danesa hasta 1658). Es aquí cuando culmina el proyecto de cristianización que comenzó Harald Blåtand, que implicaba unir el territorio habitado por los clanes daneses, implantando una única religión. En este proyecto, el establecimiento de una metrópolis cristiana en Lund fue esencial.  Durante el siguiente siglo, se construyeron más de 1,000 iglesias de piedra en todo el país. Otro punto álgido ocurrió durante el reinado del rey Valdemar Sejr (el Victorioso) a principios del siglo XIII, cuando se conquistó Estonia, se codificaron las leyes del país y se elaboró un “libro de tierras” que contenía un registro de todas las propiedades en el reino. Un siglo después, entre 1330 y 1340, Dinamarca permanecería casi disuelta, empeñada y administrada por condes de la alemana Holstein.

Pero yo hoy quiero remontarme a aquel tiempo, anterior a la fundación de lo que hoy llamamos Uppåkra, hasta hace 2100 años atrás, cuando se forma el primer núcleo urbano en la región. Me pregunto ¿qué es lo que llevo a los agricultores de la zona a construir un centro común? Una posible respuesta es que lo hicieron para organizar el culto a sus divinidades. Los arqueólogos han encontrado restos de un templo y, en él, objetos que demuestran que allí se han realizado ritos religiosos y ceremonias votivas. El caso es que esta región tiene un suelo muy fértil y, mirando el mapa de yacimientos arqueológicos, vemos que los caseríos han estado muy próximos unos de los otros. Los yacimientos forman una red que, con seguridad, podía mantener a una población de unos dos o tres mil habitantes, en una zona de unas mil hectáreas. Paso durante mi paseo por delante del menhir Långe Per, del que ya he hablado antes, en otra entrada en el blog. Este menhir es otro lugar de culto, anterior a la ciudad de Uppåkra y nos ofrece la idea de como podía funcionar como aglutinador del culto. Pero una ciudad no nace solo para aglutinar o unificar el culto, funciones como la defensa o el mercado son necesarias para que una ciudad nazca y se sostenga en el tiempo.

Yo ahora me permito exponer como pienso que esta ciudad de Uppåkra se formó. Para ello me remito a las conclusiones de los arqueólogos que han trabajado aquí desde que se descubrieron los restos. Las primeras excavaciones en Uppåkra tuvieron lugar en 1934. En relación con la construcción de los cimientos de una casa, se descubrieron capas culturales de varios metros de espesor, rastros de personas que habían vivido en el lugar durante generaciones. Durante muchos años, Uppåkra fue algo así como un lugar legendario en círculos arqueológicos. No fue hasta 1996 que el sitio volvió a ser relevante para investigaciones arqueológicas. Por lo tanto, el sitio permaneció sin explorar durante 60 años, a pesar de que se sospechaba que aquí yacía algo muy extenso y emocionante esperando a ser descubierto. Desde 1996 a nuestros días se han descubierto 28 000 objetos que son como piezas de puzle para reconstruir la historia de Uppåkra. Cuando se reanuden las excavaciones, esta primavera, piensan excavar la sala que, durante más de mil años, fue uno de los edificios más significativos en la Edad del Hierro de Uppåkra. Junto con la casa circular que previamente se descubrió aquí, es la sala la que evidencia que este fue un llamado lugar central, donde se encontraban el poder político, militar y religioso. Continuará. Abajo podéis ver uno de los objetos rescatados del subsuelo de Uppåkra, un cuenco de cristal del siglo VI, depositado en el Museo de la Historia de Lund, que es donde se pueden ver los objetos excavados de Uppåkra. En la reconstrucción de ese cuenco se han empleado 1300 horas de trabajo a un costo de 100000 euros.

Arkeologiska fynd från utgrävningarna och som bevaras vid Historiska Museet i Lund. Till vänster en glasskål 500 e.Kr. Museet har använt 1300 timmar till en kostnad av cirka en miljon kronor för att pussla samman fynden av glasfragment för att få fram skålen. “Glasskål i så kallad överfångsteknik. På en skål i genomskinligt glas påfördes ett lager i blått glas som sedan slipades så att endast lotusmönster och kantband återstod. Stilen var populär norr om Svarta havet, och kanske tillverkades skålen av en skicklig glasmästare i dagens Rumänien, Ukraina eller södra Ryssland för att sedan föras till Uppåkra. Den kan ha fungerat som alliansgåva mellan härskare, för att sedan användas som ett liturgiskt kärl. Skålen påträffades nedgrävd vid eldstaden i kulthuset tillsammans med en praktfull bägare”. Photo: News Øresund – Johan Wessman © News Øresund – Johan Wessman (CC BY 3.0). Detta verk av News Øresund är licensierat under en Creative Commons Erkännande 3.0 Unported-licens (CC BY 3.0). Bilden får fritt publiceras under förutsättning att källa anges. .The picture can be used freely under the prerequisite that the source is given. News Øresund, Malmö, Sweden News Øresund är en oberoende regional nyhetsbyrå som är en del av det oberoende dansk-svenska kunskapscentrat Øresundsinstituttet.. www.newsoresund.org. www.oresundsinstituttet.org

[1] Como el nombre sugiere, es de hecho el rey danés Harald Blåtand quien ha dado nombre al estándar Bluetooth. Bueno, el rey no, que fue el inventor del sistema, el holandés Japp Haartsen el que le puso el nombre, inspirado en la historia de Escandinavia, donde había estudiado ingeniería electrónica. La Bluetooth SIG (Special Interest Group) encuentro similitudes entre la unificación de entidades políticas por parte de Harald Blåtand y la forma en que la tecnología Bluetooth enlaza, por ejemplo, las industrias de computadoras, teléfonos móviles y automóviles.

[2] Un “trelleborg” se refiere a un tipo específico de fortificación vikinga que consiste en un anillo circular de tierra y madera que servía como defensa militar. Estos sitios se caracterizan por tener una forma circular con una serie de estructuras internas y, a veces, una estructura central.

[3] Curioso detalle que Guillermo el Conquistador era descendiente de Rollo, o Hrolf Gange (Rodolfo el largo) el fundador de Normandía. Rollo, Hrolf o Robert, después de su bautizo en el año 911, nació alrededor del 855-860, posiblemente en Dinamarca, probablemente en Escania, y era por tanto un vikingo, que se puso a las órdenes del rey francés, y falleció alrededor del 932 en Ruan. Robert era a su fallecimiento señor de Ruan. Robert era ancestro de Guillermo el Conquistador, quien a su vez fundó la casa real normanda medieval en Inglaterra. La tumba de Rollo se encuentra en la catedral de Ruan, donde también está enterrado su hijo, Guillermo I de Normandía, llamado Guillermo Larga-Espada, ​ que era hijo natural de Hrolf Gange y de Poppa de Bayeux. Se le consideraba el segundo duque de Normandía, aunque dicho título no existiría como tal hasta el siglo XI. Él era, ante todo, el Jarl o señor de los normandos del Sena y tatarabuelo de Guillermo I de Inglaterra. Vikingos sustituyeron a vikingos en el trono de Inglaterra.

Paseo quincuagésimo octavo. Síntesis de una ciudad.

Voy caminando envuelto en una niebla que envuelve todo bajo un velo gris, semitransparente. Voy mirando el suelo, cuidando mis pasos, y solo veo una decena de metros hacia delante. Siento el cielo tan bajo, que es como si fuese andando por un túnel. Las segundas plantas de los edificios se difuminan hasta desaparecer entre la niebla lechosa. Las bicicletas, los coches, los autobuses y los viandantes aparecen de pronto ante mí, como surgidos de la nada, pero todo el tráfico se ralentiza por la falta de visibilidad. Me muevo dentro de la ciudad y no la veo, sé por dónde voy más o menos, pero me faltan los puntos de referencia habituales y me siento un poco inseguro. En mis auriculares suena una selección de temas musicales de películas conocidas

Vengo de presentar un proyecto multidisciplinario ante una conocida institución de enseñanza para adultos. El tema de mi proyecto es la ciudad, “Mi Ciudad”. Y pienso en la ciudad como un entorno humano donde es preciso saber navegar, ubicarse, abrirse camino en esa jungla urbana tan difícil de abarcar. La ciudad, desde la fundación de Jericó hasta nuestros días, ha sido un crisol de interacciones humanas, un escenario donde la vida se desenvuelve en su máxima expresión. En este contexto, explorar y comprender la esencia de una ciudad es una tarea fascinante que nos invita a sumergirnos en la complejidad de su estructura y en la dinámica de sus habitantes. La ciudad, lejos de ser simplemente un conglomerado de edificios y calles, es una entidad viva y cambiante que refleja la identidad de una sociedad en constante evolución.

Concretamente, la ciudad puede definirse como un espacio geográfico densamente poblado que sirve como centro de actividad social, económica y cultural. Desde las antiguas civilizaciones hasta la actualidad, la ciudad ha experimentado una evolución marcada por factores como el desarrollo tecnológico, los cambios en la estructura social y las tendencias económicas. Este proceso histórico nos permite comprender la diversidad de formas urbanas y la adaptabilidad de la ciudad a lo largo del tiempo. Lund, nuestra ciudad, y el objeto de estudio de mi proyecto, fue fundada con la idea de implantar una nueva religión. Fue fundada por orden real y habitada durante siglos, desde su fundación en las ultimas décadas del primer milenio principalmente por hombre y algunas mujeres de la iglesia; monjes, monjas, sacerdotes, obispos, escribanos etc.  y una población subalterna de siervos y campesinos, sin los cuales la ciudad y su mantenimiento no podría funcionar. Ya bien entrada la baja Edad Media, nuestra ciudad comienza a asemejarse a otras ciudades de parecido tamaño, siendo todavía una metrópolis religiosa y cómo tal especial en su estructura.

Decía antes que la ciudad era un organismo vivo, y como tal, presenta una red intrincada de relaciones entre sus componentes. Desde los individuos que la habitan hasta las instituciones que la gobiernan, cada elemento desempeña un papel crucial en la dinámica urbana. Los espacios públicos, las infraestructuras, los parques y las zonas residenciales se entrelazan para formar un sistema interdependiente que influye en la calidad de vida de sus habitantes. Como organismo vivo, la ciudad lucha por sobrevivir, en un mundo, a veces, hostil. La ciudad de defiende como puede, A veces con murallas, otras veces con regulaciones no siempre tan sutiles.

Como organismo vivo, crecer es un riesgo y una promesa. A medida que las ciudades crecen, enfrentan una serie de desafíos y oportunidades. Problemas como la congestión del tráfico, la contaminación, la vivienda asequible y la desigualdad social requieren soluciones innovadoras. La ciudad, por su naturaleza dinámica, se convierte en un laboratorio donde se experimentan y desarrollan nuevas formas de abordar estos desafíos, creando oportunidades para la mejora continua.

Con los años se va construyendo una identidad urbana. Es típico de las ciudades que una gran parte de la población haya nacido fuera de su suelo. La identidad de la ciudad tiene por tanto siempre que ser mestiza, aunque sus habitantes crean que forman parte de una identidad autóctona y eterna. La identidad de una ciudad está intrínsecamente ligada a su cultura y patrimonio. La arquitectura, las tradiciones, la gastronomía y las expresiones artísticas contribuyen a forjar la identidad única de cada urbe. La diversidad cultural enriquece el tejido urbano, convirtiendo a la ciudad en un escenario vibrante donde convergen distintas perspectivas y modos de vida. La ciudad es mucho más que una simple acumulación de edificaciones; mucho más que la suma de todos sus habitantes con sus capacidades. La ciudad es aún más; es un organismo complejo y dinámico que refleja la evolución de la sociedad a lo largo del tiempo. Comprender la ciudad implica adentrarse en sus múltiples capas, desde su historia hasta sus desafíos contemporáneos. Al abordar estos temas, podemos apreciar la riqueza y diversidad de las ciudades como centros vitales de intercambio cultural, económico y social. La ciudad, en última instancia, es un testamento a la capacidad humana para crear, adaptarse y transformar nuestro entorno en busca de una vida colectiva más plena y significativa. Seguiré desarrollando este tema, comenzando por la historia, que es lo mío. Para ello enfocaré mis paseos a la ciudad que precedió a Lund y que nuestra ciudad remplazó por orden real. Trataré de descubrir los motivos por los cuales fue fundada y por qué su predecesora Uppåkra tuvo que sucumbir. Ya de regreso a casa paso por la puerta de lo que fue el hogar de un famoso pintor modernista, nacido en la judería, de la que hablé el otro día. En la calle de La Cruz (Korsgatan) en el barrio de la necesidad (Nöden). Este pintor, que siempre firmaba con sus iniciales GAN (Gösta Adrian Nilsson) pinto un cuadro que trataba de mostrar el espíritu de su ciudad en los años veinte, y me parece adecuado elegir este cuadro para ilustrar el comienzo de mi serie, Mi Ciudad. Abajo podéis ver el cartel de una exposición sobre el arte en Lund, que eligió el cuadro Síntesis de una ciudad, pintado por GAN, (Syntes av en stad) como motivo.  Continuará.

Paseo quincuagésimo séptimo. !A la carrera!

En 1960, un cirujano plástico llamado Maxwell Maltz publicó un libro extraordinariamente popular “Psico-Cibernética: una nueva forma de obtener más vida de la Vida.“, uno de los primeros libros de autoayuda que generó una creencia generalizada pero, se ha demostrado últimamente, un tanto falsa, de que se necesitaban solo 21 días para cambiar nuestros hábitos y formar una nueva costumbre que podría mejorar la imagen de uno mismo y conducir a una más vida sana, exitosa y satisfactoria. Esa cifra de 21 días se basaba en las observaciones de Maltz sobre el tiempo que le llevaba a sus pacientes adaptarse a sus nuevos rostros. Si fuera cierto, sería muy fácil cambiar los habitos, pero desgraciadamente, según investigaciones publicadas en The European Journal of Social Psychology, la teoría de los 21 días es solo un mito.

Os hablo de esto porque hoy, mi paseo ha sido un poco diferente. Hoy es el primer día en que salgo a correr tras mi operación el 20 de diciembre. No es que sea la primera vez en mi vida que salgo a correr, ya os conté en una entrada, que yo de pequeño empecé a correr animado por mi profesor de enseñanza física, y obligado por no saber hacer otra cosa. También os conté que tuve una segunda vida de corredor, cuando algunos de mis alumnos me retaron a correr una carrera popular, siendo yo fumador sedentario y bastante gordito, y como conseguí cambiar mi vida, por puro amor propio.

Ahora me encuentro en una tercera fase de corredor, porque, tras mi operación y las complicaciones que vinieron después tenía que plantearme una vuelta a la vida. En realidad, ese cambio lo estaba realizando desde el 10 de abril del año pasado, fecha en que descubrí que estaba a 100 gramos de los 100 kilos. Coincidió ese descubrimiento con una llamada de mi endocrinóloga diciéndome que las pruebas que me habían hecho la semana anterior mostraban unos pésimos resultados en todo lo medible. Me llamaba para decirme que tenía que ponerme un tratamiento para tratar de impedir que me diera un infarto. Rápido conteste, sin dejarla hablar, que desde ese mismo día cambiaba mis hábitos y que, si ella me daba mes y medio, le iba a demostrar que yo podía mejorar mi físico. Dicho y hecho: dejé de beber vino, cerveza y cualquier clase de alcohol, porque es una fuente innecesaria de calorías y porque afecta negativamente a todo el cuerpo. Dejé también de comer carne y sus subproductos, Me hice una dieta a base de vegetales, frutas, bayas y frutos secos, principalmente nueces, y al comienzo pesaba las cantidades que ingería, para bajar de peso rápidamente. Yo sé perfectamente que puede sonar como si me hubiese convertido a una extraña religión, pero no me quedaba otra alternativa, si no quería atiborrarme de píldoras y mejunjes. No intento convencer a nadie de que se haga vegano o abstemio. Yo he disfrutado mucho con mis buenos vinos y mi jamón, pero todo tiene un límite, todo tiene un final, menos el chorizo que tiene dos, decimos en Suecia.

El efecto de este cabio de vida no se hizo esperar. Yo soy de los que le doy la razón a Maltz. A las tres semanas justas, ni un día más ni uno menos, me había acostumbrado a mi nueva vida. Para bajar de peso, combiné la dieta con largos paseos, que comparto con vosotros. El hambre de los primeros días se fue pasando, al tiempo que el cuerpo se acostumbraba a la nueva dieta. Los paseos eran cada vez más llevaderos, aún siendo muy largos, pues mi peso iba bajando considerablemente. Yo creo que el método de Maltz es aplicable a cuestiones físicas. La perdida de peso es algo físico y así lo es también el cambio en la dieta alimenticia. El estomago tiene que ir reduciendo su tamaño, es algo físico y mecánico. Una vez pasados los 21 días, todo fue más fácil. Yo soy el cocinero en casa y sigo haciendo toda clase de platos, con carne y embutidos, patatas, arroz y todo eso que yo no como, pues mantengo una dieta de la edad de piedra, pero no tengo problema en ver comer a la familia, tampoco tengo problema cuando se bebe vino o cerveza en cualquier ocasión. Yo tomo agua y en ocasiones muy especiales, una cerveza sin.

Bueno, pues los resultados no se hicieron esperar. Bajé de peso, dramáticamente, pero poco a poco. Al repetir las pruebas, a los dos meses, quedo constancia de que yo me encontraba en la parte buena de todos los parámetros. Mi endocrinóloga me dijo, exagerando, supongo, que había alcanzado los valores de un hombre de treinta y cinco años. Yo seguí mi dieta y mi rutina diaria y en diciembre había llegado a los 68 kilos, 31 kilos menos que en abril.

Después vino la operación y tuve que dejar de caminar durante unos días. Lo intenté, pero me sobrevinieron complicaciones y tuve que dejarlo, hasta el 18 de este mes de enero. Hoy, al fin, he salido a correr. Mi compañera y yo hemos ido al bosque y allí hemos corrido 5 km. Ella a su ritmo, siempre rápido, y yo detrás. Llegué a la meta en 32 minutos y ella me estaba esperando y me tomo una foto. Ahora tengo 20 días por delante para hacer de esta carrera un hábito. Y, os preguntaréis ¿por qué? ¿por qué es tan importante para este viejo correr todos los días? ¿no le basta con dar sus paseos? Pues, no, no me basta, porque en junio del año que viene pienso hacer algo que hice hace 25 años: correr la media maratón del puente del Sund. En el año 2000 se inauguró el puente que une Suecia con Dinamarca y para celebrarlo se corrió una media maratón masiva; 80000 corredores, entre otros yo, 25 años más joven y lleno de energía. Ahora se le ha ocurrido a alguien celebrar el 25 aniversario de la inauguración corriendo una media maratón con el mismo recorrido; se sale de Dinamarca, justo a las afueras de Kastrup, el aeropuerto y se corre en dirección Malmö, bajo un túnel de cuatro kilómetros seguido del puente de 13 kilómetros y se llega a la meta en el estadio de Malmö, tras 21 kilómetros y 98 metros. Yo pienso hacerlo. La convocatoria se abre el 1 de febrero y yo tengo que hacerme con un dorsal.

Regreso por un instante a la teoría de Maltz, ahora tan denostada. Yo creo que el problema es que hemos querido ver demasiadas cosas en esa teoría. Funciona, estoy seguro, cuando se trata de cambiar la dieta o acostumbrarse a un cambio físico, como una amputación o un retoque de nariz, y en mi caso, también el crear hábitos nuevos en la dieta y el ejercicio diario. Pero, ha quedado demostrado científicamente, que no sirve para todo. Yo diría que para cambiar de hábitos radicalmente hay que pasar por tres fases: a la primera se le puede llamar la fase de luna de miel. Hemos leído algo o hemos hablado con alguien que nos ha inspirado y decidimos hacer cambios en nuestra vida. Al principio, todo es muy fácil. Desgraciadamente, la inspiración se desvanece, como la pasión de la luna de miel. Se pasa entonces a la segunda fase que es una lucha constante, una lucha diaria que hay que ganar sí o sí. Una buena forma de obligarse a ganar las batallas diarias es pensar cómo sería tu vida en tres años, si no consigues cambiar tus hábitos, ¡terrible pensamiento! Y finalmente, si se ha logrado perdurar en el intento, se llega a un segundo aliento y ya todo es fácil, es como en una carrera de 10 kilómetros cuando, al llegar a los 6, se entra en el ritmo y se siente que se podría seguir así hasta el fin del mundo.

Yo ahora comienzo una nueva etapa. El año pasado llegué al segundo aliento y me sentía feliz. Luego llegó la operación y tengo que empezar de nuevo. No sucumbiré al monstruo del desánimo ni a la persuasora comodidad. Saldré a correr, aunque llueva, en medio de una tormenta o cuando todo el cuerpo me diga que me quede en casa. El 2025 correré esa carrera y después, Dios dirá. Mens sana in corpore sano. Si mi entrada de hoy te puede ayudar, me sentiré muy satisfecho. ¡Suerte!

Paseo quincuagésimo sexto. Un día muy triste.

Hoy es un día especial. Cuando llega el 27 de enero, siento que tengo que comunicar mis pensamientos, para compartirlos con todo aquel que quiera escucharme. Mientras fui profesor, reunía a los alumnos en el aula para un acto de respeto a la memoria de todos los inocentes que perdieron la vida en el Holocausto, por la única razón de pertenecer a, o simplemente ser considerado miembro de una etnia y una religión, que algunos consideraban maldita. No tengo que recordar aquí la magnitud de la tragedia, porque todos mis lectores lo saben perfectamente. De tanto repetir las cifras de muertos, se llega a banalizar el sufrimiento de cada uno de ellos, y no es mi intención.

Si pudiera, daría rostro a todos y cada uno de los niños, mujeres, ancianos y hombres en la flor de la vida, que fueron apartados del resto de los humanos para ser sacrificados como bestias, con ensañamiento y crueldad que solo se conocía en los relatos de mártires de la iglesia, en épocas remotas. Hablábamos ayer en el foro de los trece suplicios a los que, según la leyenda, fue sometida la niña Eulalia, por no querer perjurar de su religión ante los romanos. Santa Eulalia y muchas otras victimas de la intransigencia religiosa vieron sus vidas truncadas cuando apenas comenzaban. Viendo las crueldades que se cometen a nuestro alrededor, no es difícil dar crédito a las leyendas de mártires. Pero esta gran matanza que fue el Holocausto es única en la historia. Nunca antes se había intentado exterminar a todo un pueblo, a una mal llamada “raza”, de la faz de la tierra de la manera tan premeditada y sistemática como la Alemania nazi y todos sus colaboradores por toda Europa planificaron. Tenemos pruebas de sobra de esa planificación. No nos faltan ni datos ni nombres, aún menos rastros y vestigios de lo que ocurrió, aunque algunos se empeñen intencionadamente en pregonar que el Holocausto no existió.

El antisemitismo tiene unas raíces muy profundas en Europa. Ya en la primera cruzada, a los caballeros cristianos les dio tiempo de masacrar a la población judía de las ciudades por donde pasaban. Así, con cierta periodicidad, se han ido produciendo brotes de pogromos contra los que pertenecían a la misma etnia que el propio Jesús. Ni siquiera las    clases sociales más oprimidas, cuando al fin lograron redimirse, daban al judío un lugar en su ideario. Para los oprimidos, era el judío el opresor, para los magnates, unos indeseados opositores y concurrentes, para la iglesia, unos enemigos a aniquilar. Sin un país que les ofreciese cobijo y seguridad, iban tratando de sobrevivir en un mundo adverso, con las únicas armas de las que disponían; el estudio, el trabajo, el ahorro, la solidaridad en el grupo. Cuando en Europa, los pueblos buscaban raíces para formar sus naciones, se buscaban en un pasado mítico común, un pueblo germánico, rudo y fuerte. Buscando comparaciones, encontraron al otro, al judío, que se tildo de parásito, a penas humano, alguien a quien aniquilar sería beneficioso para la sociedad.

No es extraño que los judíos viviesen constantemente con la maleta hecha, dispuestos a huir, cuando las condiciones de vida eran insoportables. Aquí a Suecia y por tanto a Lund empezaron a venir judíos a partir de 1782, cando una orden real les dio permiso a inmigrar tras cientos de años de prohibición.

Muchos de estos judíos llegaron a Lund, cuando les fue permitido, porque al principio solo podían trasladarse a Estocolmo, Gotemburgo, Norrköping y Karlskrona. Los judíos que llegaron a principios del siglo XIX eran en su mayoría personas acomodadas del norte de Alemania.

La ola de inmigración a fines del siglo XIX fue completamente diferente. En ese momento, judíos pobres huían de la Rusia zarista debido a los pogromos en diversas ciudades. Principalmente venían de lo que hoy es Lituania a Suecia. El hecho de que llegaran en gran medida a Lund se debió a que, justo a mediados de la década de 1870, se construyó la parte sur del centro de la ciudad. Fue por iniciativa del magistrado August Theodor Ripa, y la zona fue llamada inicialmente Ripas äng (El Prado de Ripa), luego Nöden (la Necesidad) y Judéen (Judea). Los recién llegados fueron atraídos a este barrio poque ya tenían conocidos o parientes allí, la forma habitual de buscar alojamiento también en nuestros días por todos los grupos de inmigrantes que llegan nuevos a una ciudad y que necesitan una red de contactos para emprender la nueva vida en un ambiente extraño y casi siempre hostil.

Los judíos recién llegados se establecieron en las calles Stora Tvärgatan, Prennegatan, Hospitalsgatan y Mariagatan, lo que significó que Lund tuvo lo que se llama en yidis una shtetl (una pequeña ciudad judía), la única en Suecia. Los judíos pobres se ganaban la vida en gran medida a través del comercio ambulante, lo cual no era popular entre los comerciantes establecidos, que decían que los judíos les hacían la competencia. Sin embargo, aquellos que vivían cerca de los judíos no tenían nada en contra de ellos. Con el tiempo, tuvieron una sinagoga. La más conocida estaba en Prennegatan. Hoy hay familias judías que siguen afincadas en Lund, como los Kanter, Katz, Schatz y Rubenowitz.

Tras la llegada de los nazis al gobierno alemán y la leyes que impusieron contra los judíos,  en la ciudad de Lund y en la universidad se mantuvieron un intensos debates sobre la posibilidad de acoger refugiados. En 1939 el ministerio de salud había propuesto que 10 médicos judíos alemanes pudieran venir a Suecia y tener un refugio de la persecución nazi. Contra la propuesta se desató una tormenta de opiniones, especialmente en las ciudades universitarias de Uppsala y Lund. Se hablaba de la mala situación laboral por la que pasaban los médicos suecos en ese momento. En Lund, también se advertía que elementos raciales extraños llegarían a Suecia, lo que sería algo no deseado y “indefendiblemente perjudicial para el futuro”. En una reunión el 6 de marzo, la asociación de estudiantes de Lund decidió, con 724 votos a favor y 322 en contra, escribir al Rey y solicitar que los diez médicos judíos no fueran admitidos en Suecia. Se puede decir que gran mayoría de los suecos tenían simpatías por Alemania, no necesariamente por los nazis, pero la idea de pertenecer a una raza superior estaba muy arraigada, sobre todo, mientras les iba bien a los nazis.

Los habitantes de Lund mostraron una actitud completamente diferente en 1943, cuando el régimen nazi alemán en Dinamarca estaba preparándose para hacer una redada a la población judía del país. Los judíos fueron advertidos y huyeron en gran número a través del Sund, con la ayuda, no siempre desinteresada, de pescadores daneses. Muchos de ellos llegaron a Lund, y se estableció una oficina de refugiados en la universidad. Las familias en la ciudad de Lund proporcionaron habitaciones para los refugiados. Los estudiantes daneses formaron una nación propia, y se estableció una escuela danesa especial en Lund, que existió desde el 15 de noviembre de 1943 hasta el 9 de junio de 1945.

Al final de la guerra En la etapa final de la guerra, muchos refugiados llegaron a Suecia, incluyendo Lund. Algunos de ellos no podían o no querían regresar a su país de origen, sobre todo los refugiados bálticos. En abril y mayo de 1945, los autobuses blancos de Bernadotte trajeron a Suecia, prisioneros liberados de los campos de concentración nazis, entre otros, gran cantidad de prisioneros judíos. El 5 de mayo había 1,933 refugiados en varios alojamientos de cuarentenas en Lund. Los lugares de cuarentena eran la escuela Klosterskolan, la escuela Parkskolan, la escuela para chicas, hoy instituto Spyken, Palaestra, perteneciente a la universidad, y la escuela Råbyskolan, esta última a las afueras de Lund. Investigadores y profesionales de todo tipo llegaron a Lund debido a la guerra, como el filósofo Manfred Moritz, que llegaría a ocupar la catedra de filosofía en la universidad de Lund, el ingeniero de medición Hellmuth Hertz, sobrino nieto de Heinrich Rudolf Hertz e hijo del premio Nobel de física Gustav Ludwig Hertz, y el geógrafo Edgar Kant de Estonia. Algunos de los liberados murieron al poco de llegar a Lund y descansan hoy en una parte retirada del cementerio. Mi paseo hoy me ha llevado allí. Desgramente me encontré completamente solo y no encontré rastros de que hubiese estado allí nadie antes que yo. No había flores ni nada que mostrase el más mínimo interés por este aniversario del Holocausto. Descansen en paz. Abajo podéis ver parte del barrio de Nöden, donde vivían los judíos en Lund, llamémosle si queremos la judería de Lund, hoy un barrio con familias pudientes en el centro de Lund, que nada tiene que ver con “la necesidad” que su nombre indica. También os pongo unas fotos del cementerio con las tumbas de los fallecidos, recientemente liberados, prisioneros de los campos de concentración nazi, principalmente de Theresienstadt. Por suerte, en muchos lugares del mundo se sigue conmemorando el 27 de enero esta tragedia para nunca olvidarla. De esto, tenemos que seguir hablando con las nuevas generaciones, para que nunca más ocurra. Amen

Paseo quincuagésimo quinto. Medir el tiempo con estilo.

Reloj no marques la hora

porque voy a enloquecer

ella se irá para siempre

cuando amanezca otra vez

Nomás nos queda esta noche

para vivir nuestro amor

y tu tic-tac me recuerda

mi irremediable dolor

Reloj detén tu camino

porque mi vida se apaga

ella es la estrella

que alumbra mi ser

yo sin su amor no soy nada

Detén el tiempo en tus manos

haz esta noche perpetua

para que nunca se vaya de mí

para que nunca amanezca

Tarareando para mis adentros este bolero de los Panchos, salgo hoy a dar mi paseo cotidiano, animado por la euforia que me provoca este cielo azul y este sol exuberante. El mes de enero nos ha ofrecido tres clases de clima: el gélido invierno blanco, con temperaturas muy por debajo de cero y vientos huracanados, el lluvioso otoño, con lluvias torrenciales que inundan los sótanos y empantanan las carreteras y los campos, y, ahora, la más dulce primavera. Mañana, seguramente, tendremos un amago de invierno, pero, ¿qué se le va a hacer? así de impredecible es nuestro enero. Salgo de casa y dejo por una vez los auriculares, porque hoy no quiero escuchar más problemas, guerras y crueldades, tampoco quiero sumergirme en mi música predilecta, porque quiero escuchar el rumor impreciso de la primavera y, como no puedo apagar mis pensamientos, ya quisiera yo a veces, me pongo a pensar en el tiempo. No, no pienso en el tiempo climático sino en el tiempo en general, y me pregunto por preguntar ¿Qué es el tiempo?

Intentaré por lo menos describir lo que es el tiempo para mí, aunque sé perfectamente que al final no estaré de acuerdo conmigo mismo, pero lo que sí sé es que, a lo largo de la historia, el tiempo ha sido un tema importante de estudio en la religión, la filosofía y la ciencia. La medición del tiempo ha ocupado a científicos y tecnólogos, y ha sido una motivación primordial en la navegación y la astronomía. El tiempo también tiene una gran importancia social, ya que tiene valor económico, el tiempo es oro, se suele decir, y no menos importante es el valor personal que tiene, debido a la conciencia del tiempo limitado en cada día de nuestra vida humana. Esto último me trae muchos pensamientos de distinta índole. Los humanos no tenemos nunca el tiempo justo, siempre falta o sobra. Demasiado joven para entrar a la discoteca, demasiado viejo para que te den trabajo. La jubilación se ve muy lejana a los cuarenta y demasiado próxima a los sesenta y cuatro. La muerte y con ella el fin de nuestro tiempo se me intuye muy cercana a los setenta y dos, pero, se me hace muy larga la espera hasta mis próximas vacaciones de invierno, en febrero.

Medir el tiempo, mi tiempo, nuestro tiempo en este planeta azul como seres conscientes, ha sido siempre una preocupación humana. Hemos creído que el tiempo era una realidad constante hasta que Albert Einstein nos mostró con su teoría de la relatividad que el tiempo es inconstante. Einstein afirmaba que el tiempo no era absoluto, que podía estirarse, comprimirse y doblarse. Paradójicamente, el tiempo pasa más lentamente cuanto más rápido nos movemos, y se detiene por completo cuando viajamos a la velocidad de la luz, aproximadamente 300000 km por segundo. Las asombrosas posibilidades de la relatividad del tiempo han sido material popular para la ciencia ficción, como la película de 1968 El Planeta de los Simios, en la que los viajeros espaciales regresan a la Tierra sin saberlo varios millones de años en el futuro, habiendo envejecido solo unos pocos años durante el viaje. A mi esta película me recuerda a la ópera de Harry Martinson Aniara, que yo presencie en 1977 en el teatro de Malmö. Esta ópera no deja nunca de ser actual, con su tema, aunque se escribió en 1956. Aniara es, al mismo tiempo, una gran epopeya espacial como la historia de un viaje interior del alma y, a la vez una advertencia desesperada en la era de las armas nucleares y las amenazas ecológicas. Durante toda su vida Martinson, trató de mostrarnos los intentos del ser humano por comprenderse a sí mismo y su papel en la creación. Si os interesa esta obra, que recomiendo de corazón, podéis leer una traducción al español de Carmen Montes Cano.

Los primeros relojes mecánicos del mundo parece que fueron relojes de torre construidos en la región que abarca el norte de Italia hasta el sur de Alemania, aproximadamente en una época que abarca entre los años 1270 y 1300, durante el período del Renacimiento. En Italia en concreto se construyeron tres relojes mecánicos para ser exhibidos en áreas públicas, principalmente en plazas. Un reloj astronómico hecho por Jacopo di Dondi en Padua en 1334, destruido en 1390 pero ahora reconstruido, se encuentra en la llamada torre del reloj en Padua; otro reloj, con un mecanismo que golpea una campana para marcar las horas, construido en 1335, se encuentra en Milán; y un tercero, construido 1364 por Giovanni di Dondi, hijo de Jacopo, en Pavía. Pero, yo no tengo que viajar tan lejos para ver uno de esos fantásticos relojes antiguos. Aquí en Lund, en la catedral, tenemos uno que data de 1425, no tan antiguo como los antes citados, pero lo suficiente para que estemos muy orgullosos de él, el Horologium Mirabile Lundense  (El reloj maravilloso de Lund), que, con casi 600 años de antigüedad funciona hoy día. Claro que, desde finales del siglo XVIII hasta 1837 estuvo parado. A finales del siglo XIX, se dio el encargo de restaurar y ensamblar el reloj a un fabricante de relojes, Julius Bertram-Larsen, que, tras 15 años de estudios y trabajo, pudo terminarlo y inaugurarlo en 1923, en presencia del rey sueco, Gustavo V. Este reloj ha sido nuevamente revisado en 2010, curiosamente también por un relojero danés, Søren Andersen.

Este maravilloso reloj tiene 7,5 metros de altura y está impulsado por un sistema complejo de engranajes, algunos de los cuales son originales de la Edad Media. El reloj altamente complejo se divide en tres grandes campos: La esfera superior del reloj está dividida en las 24 horas del día. Esta parte del reloj está prácticamente intacta desde su fabricación. Este reloj tiene un indicador de sol diseñado como un sol, que actúa como manecilla de las horas y realiza una vuelta completa alrededor de la esfera cada día. Muestra las horas I-XII dos veces con números romanos. La parte superior simboliza el día y las horas de claridad, mientras que la parte inferior muestra las horas más oscuras del día. Por lo tanto, el número XII en la parte superior indica el mediodía y en la parte inferior indica la medianoche. Entre los números romanos, hay cuatro pequeños cuadrados que muestran cada cuarto de hora. El indicador de la luna es la manecilla más pequeña, con una esfera en la parte superior. Completa una vuelta alrededor de la esfera en un día, y la esfera, que rota sobre su propio eje cada 28 días, muestra las diferentes fases de la luna. El indicador de las estrellas tiene forma de anillo y lleva los signos del zodíaco. Apunta a los doce signos del zodíaco y completa una vuelta al día. Al estudiar las relaciones entre los indicadores del sol, la luna y las estrellas, se pueden determinar, entre otras cosas, los horarios del alba y ocaso con la Catedral como referencia, así como las trayectorias del sol y la luna por el cielo. Los campos rojos indican el momento de amanecer y atardecer, mientras que el campo negro representa el espacio debajo del horizonte. La frontera entre el cielo azul y el campo rojo es el horizonte visto desde la Catedral. Los siete anillos blancos en la esfera muestran la trayectoria del sol sobre el firmamento, siendo el anillo exterior la trayectoria del sol en el solsticio de verano y el anillo interior la trayectoria en el solsticio de invierno.

Las figuras en las cuatro esquinas del reloj probablemente simbolizan las fuerzas que lucharon por el dominio mundial durante la Edad Media. En la parte superior del reloj, hay dos caballeros que marcan las horas del día golpeando sus espadas entre sí; el número de golpes indica la hora. Por ejemplo, a las 3 en punto, los caballeros golpean tres veces. La esfera inferior es un calendario que muestra el inicio de la Cuaresma, así como las fechas de la Pascua y Pentecostés. El calendario se encuentra rodeado por los símbolos de los cuatro evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Kronos, una figura que simboliza el tiempo en la mitología griega, está en el lado derecho del reloj señalando la fecha actual con un bastón. Desde el exterior hacia el centro, se leen los días de la semana, siendo las primeras anillas las que permiten leer el mes, la fecha y la letra dominical del día. La letra dominical es un antiguo concepto que facilita la determinación del día de la semana en que cae una fecha específica durante todo el año, así como el cálculo de la fecha de la Pascua. También se pueden leer aquí los nombres de los santos. Además, se pueden interpretar cosas más complejas, como los números áureos para la luna nueva, la fecha romana, las festividades de los santos medievales, los días festivos, la serie de años con letra dominical como número áureo, el círculo solar, la edad de la luna el 1 de enero, el ciclo de indicaciones y los datos de la Cuaresma, Pascua y Pentecostés. También muestra este maravilloso reloj nuestra fecha actual en la eternidad. El calendario se extiende desde 1923 hasta 2123, después de lo cual la tabla debe actualizarse, por alguien que viva entonces y quiera hacerlo, claro.  Alrededor del calendario hay figuras doradas representando los signos del zodíaco.

El reloj de la catedral de Lund es fascinante tanto por su belleza como por su mecánica y construcción complejas. Partes originales del antiguo reloj, que ya no se utilizan, se conservan en el Museo de la Catedral. Solo hay tres relojes similares preservados en toda Europa. Uno de ellos, el más antiguo, El orloj de Praga data de 1410, al menos la parte más antigua del reloj que es el mecanismo del cuadrante astronómico. Fue construido por el relojero Nicolás de Kadan​ y por el profesor de matemáticas y astronomía de la Universidad Carolina de Praga, Jan Šindel. En apariencia y en función recuerda mucho a nuestro reloj, aunque el orloj está a la intemperie. Tras el último trabajo de renovación, hecho por un pintor local, se despertó una gran controversia al descubrir que el restaurador había cambiado el rostro de las figuras, por la de sus amigos. No sé si las han tenido que repintar, para volver a su estado inicial. He pasado por nuestra catedral y he tomado unas fotos de nuestro famoso reloj, que podréis ver aquí abajo.

En estos pensamientos ando yo, pero debo empezar por la explicar la causa de que yo, justamente hoy, tenga tantas ganas de pensar en el tiempo y cómo medirlo. Siempre hay alguna razón comprensible, nihil ex nihilo, como decían los clásicos. Todavía estoy disfrutando de la idea de que, al fin, ayer mismo, he podido encontrar una pieza que me faltaba en mi habitación del tiempo, un reloj. Pero no es un reloj cualquiera, es un reloj con historia, la contaré si os parece. Al relojero inglés William Clement se le ocurrió construir un reloj dentro de un mueble a modo de torre, para usar como mueble de decoración, en 1680, usando la invención del mecanismo de escape de ancla que había hecho Robert Hooke alrededor de 1658, que permitía una caída larga de los contrapesos. El invento consistía en construir un sistema con un péndulo cerrado y pesas suspendidas por cables o cadenas que deben calibrarse ocasionalmente para mantener el tiempo adecuado.  Rápidamente se hizo muy popular en Inglaterra y de allí pasó a Francia y al resto del continente, como un mueble de moda entre las familias acomodadas, pues su precio, que se mantuvo estable hasta comienzos del siglo XIX era de 1,10 Libras esterlinas.

Aquí en Suecia creció una industria en la región de Dalarna, concretamente alrededor de la ciudad de Mora, donde, la industria metalúrgica y la ingeniería se completaron para generar una industria relojera, que empleaba las materias primas de las que disponía y la tradición relojera de la región, para construir los llamados relojes de Mora (Moracklockorna), un producto que proporcionaba estatus a aquel que lo poseía. Estos relojes comenzaron a fabricarse a mediados del siglo XVIII. Siguiendo la moda, los muebles se fabricaron en el estilo rococo y se pintaban en estilo kurbits, del alemán kürbis a su vez tomado del latín cucúrbita (calabaza), por la forma de las características flores de fantasía que lo forman.

Los muebles decorados en este estilo y los relojes de Mora se propagaron por todo el territorio sueco, y no fue por casualidad. Detrás de esta industria y este estilo encontramos una creciente necesidad de los campesinos de Dalarna de encontrar medios alternativos de vida, porque, durante una serie de años durante el siglo XVIII, la región se vio afectada por frecuentes hambrunas provocadas por intermitentes perdidas de cosechas, debido al mal tiempo. En 1773, Gustav III, recién coronado, emitió un edicto con el objetivo de instar a “los hombres comunes en la jurisdicción de Dalarna a dedicarse a diversas ocupaciones útiles”. El edicto fue un llamado directo a la población rural en Dalarna para desarrollar diversas artesanías como complemento a la agricultura y la silvicultura. Esto probablemente sea la razón detrás de la especialización en la pintura de muebles y carpintería de muebles, así como en la fabricación de relojes, que se volvería tan característica de esta región durante la última parte del siglo XVIII. La decoración de muebles se extendió a la decoración de paredes y techos en las grandes fincas.

A partir de los primeros años de 1800 la agricultura se capitaliza. La industrialización de las ciudades hace crecer su población y con ello el consumo de productos agrícolas, con el consiguiente aumento de los precios. Esto hace que los propietarios de fincas agrícolas empezasen a ganar dinero, transformando sus hogares, intentando emular a la alta burguesía. Es por eso que el rococo hace su entrada en el mobiliario rural. La casa de un campesino propietario contenía siempre, a partir de 1800, un baúl y un reloj de Mora y algunos muebles pintados todos en estilo kurbits. Yo he querido reconstruir una salita en ese estilo y he ido buscando piezas hasta completarla. Ahora que al fin he encontrado un reloj de Mora de 1823, la salita está completa, como podéis ver. Y ese reloj tiene que ver con el tiempo, un tiempo que parece haber quedado plasmado en la salita. En mi fantasía pudeo ver como el ama de casa da cuerda al reloj con la manivela, mientras los niños la contemplan con asombro y respeto. Abajo podéis ver la salita con el reloj de Mora.

Paseo quincuagésimo cuarto. Foucault, Mao y la izquierda occidental ante la cuestión palestina.

Hoy es un día gris de esos que le quitan a uno las ganas de salir a caminar. La temperatura ha subido a cuatro grados y el deshielo ha comenzado, pero aún es imposible caminar sin arriesgarse a resbalar y caer al suelo. Lo intentaré un poco más tarde, cuando la calle y los caminos estén más limpios de hielo. No quiero arriesgar nada, ahora que he salido airoso de la aventura en el hospital. Por el momento, la cuestión Palestina-Israel es la que acapara mi atención, aunque comprendo que fijando el punto de mira en lo que ocurre ahora mismo en Gaza, dejamos de ver con claridad lo que está ocurriendo en otras partes del mundo. La guerra en Ucrania sigue con su ritmo machacón, el transporte oceánico se ve amenazado por la acción de piratas, Pakistán e Irán están a punto de caer en una inédita espiral bélica, Taiwán vive en vilo por la amenaza China y, mientras tanto, el policía del mundo, los Estados Unidos, se enfrentan a unas elecciones que pueden resultar en una catástrofe para los derechos humanos y la democracia, regresando a tiempos del aislacionismo más egoísta.

Yo publiqué anteayer en mi blog un pequeño análisis de la cuestión palestina, desde una perspectiva histórica y parece que he despertado una discusión que merece la pena seguir.  Ayer, 21 de enero de 2024, en contestación a mi análisis, compartió María Luisa Bartolomei en el foro de la Sociedad Científica de Mérida una charla entre la periodista Pilar Rahola y el expresidente uruguayo (colorado) Julio María Sanguinetti. En esta charla, en que los dos participantes mostraron un gran conocimiento del problema, aún sabiendo que, en el caso de Rahola, se trata de la opinión de una señora altamente polémica, coincidieron en su ataque a la izquierda, autodenominada progresista, autora de un relato anti-Israel y pro-palestino. Yo coincido en ese análisis desde mi posición como liberal y quiero aportar algunos aspectos de ese posicionamiento ciego, de el que hacen alarde muchos de los que hoy se consideran progresistas.

La política de la izquierda pseudoprogresista se basa en narrativas desesperadamente simplistas del conflicto israelí-palestino, diseñadas para proteger el estatus predestinado de los palestinos como víctimas completamente inocentes, carentes de agencia política o responsabilidad moral. A lo largo de los años, a medida que las limitaciones explicativas de estas narrativas han enfrentado las complejidades en evolución sobre el terreno, como el terrorismo árabe, el maximalismo y el rechazo palestino, los atentados suicidas de la Segunda Intifada, el surgimiento de la violencia islamista y el antisemitismo popular, solo han generado nuevas crisis de comprensión y la necesidad de explicaciones cada vez más conspirativas del comportamiento israelí. Análisis tendenciosos y conspirativos han ocupado el vacío de comprensión y han sido absorbidos por sectores cada vez más amplios de la izquierda. La selectividad deliberada de un análisis que no otorga ningún mérito al lado israelí ni carga alguna en el lado palestino ha generado una visión distorsionada del conflicto, tan trágica como innecesaria.

Estos partidarios “progresistas” (permitidme el uso de las comillas), de Palestina cometen una manifestación del mismo fenómeno perverso que George Orwell, desde una visión socialista, ya observó entre los estalinistas occidentales al final de la Segunda Guerra Mundial. En los años que precedieron a la segunda guerra mundial y hasta la caída de la Unión Soviética y los regímenes comunistas de sus países satélites, los intelectuales de izquierdas creían que el comunismo era un sistema más ético y justo que el capitalismo, y nada de lo que realmente hicieran los estados comunistas se podía transformar este juicio moral fundamental: ni los gulags, ni las hambrunas, ni las purgas, ni la persecución despiadada de pensadores libres y disidentes, ni la subyugación imperial de estados satélites y sus poblaciones. Por el contrario, las fallas e imperfecciones de las democracias liberales de Occidente eran examinadas con detenimiento, paradójicamente facilitadas por una prensa libre y una cultura de autocrítica, cuya ausencia obstaculizaba la discusión abierta en el bloque comunista. Los analistas y pensadores de izquierdas llegaban tan lejos en su incondicional apoyo al comunismo y su irracional ataque a todo lo que ellos denominaban como capitalismo contrarrevolucionario, que no se sonrojaban al alzar a terroristas como héroes de la civilización. Bástenos recordar la veneración por Mao y el Ché, el apoyo al Vietnam, a las guerrillas de suramericanas, el apoyo logístico a movimientos terroristas en la propia Europa, La Fracción del o Facción del Ejército Rojo, ETA, GRAPO, con las que SKP o Partido Comunista Sueco (sveriges kommunistiska parti), una escisión del partido comunista sueco, VPK (ahora V), tenía frecuentes relaciones. Las izquierdas europeas alentaban y en parte financiaban y cubrían legalmente a las organizaciones terroristas, siempre y cuando estas se declararan “progresistas”.

Todo empezó, diría yo en mayo del 67. Hasta entonces la imagen de Israel en el mundo y especialmente en Europa era muy positiva. Todavía estaba fresco en la memoria el drama del Holocausto y la izquierda europea no tenía muchos reparos en comparar la Cuba de Castro con el Israel de los kibutz, dos países con agricultura colectiva, economía socialista y un ejército popular democrático en marcha hacia amenazas externas. Era bastante normal en esos años que jóvenes socialistas suecos pasasen sus veranos en un kibutz. Pero, el 14 de mayo de 1967, el presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, permitió que dos divisiones del ejército cruzaran el Canal de Suez hacia el Sinaí y se colocaran frente a la frontera israelí. El 17 de mayo, Nasser exigió que las fuerzas de observación de la ONU (UNEF) se retiraran de Sinaí, Gaza y Sharm el-Sheikh en el Estrecho de Tiran en la entrada al Mar Rojo. Sorprendentemente, dos días después, el Secretario General de la ONU, el birmano U Thant, accedió y ejecutó esta solicitud. Después todo ocurrió con gran rapidez. El 22 de mayo, bloqueó Egipto el Estrecho de Tirán para todo el tráfico hacia el puerto israelí de Eilat, creando una situación insostenible, mientras la retórica egipcia y siria se volvía abiertamente belicosa. El 30 de mayo, Jordania se unió al pacto militar egipcio-sirio, al que Irak también se uniría el 4 de junio. Los informes desde Israel registraban asombro, preocupación y una creciente tensión a medida que las reservas se movilizaban y un estado de emergencia de facto se establecía sobre el país.

Ya en abril se había registrado un enfrentamiento militar serio pero limitado entre Siria e Israel, que culminó con el derribo de seis aviones de combate sirios en un combate aéreo cerca de Damasco ante miles de testigos. En una interacción cargada de destino, de prestigio herido, desconfianza militar, intrigas de potencias mundiales mal concebidas, cálculos estratégicos erróneos y bloqueos políticos, ponían al mundo al borde de una guerra a gran escala. Independientemente de las opiniones sobre las raíces históricas del conflicto y la causa de los refugiados palestinos, pocos, ni siquiera en la izquierda más ortodoxa, no estaban preocupados por la idea de que Israel fuera derrotado militarmente y borrado del mapa. Pero en China estaban metidos de lleno en la Revolución Cultural y habían logrado influir en las generaciones nacidas durante- o al poco de finalizar la segunda guerra mundial. Cada vez más jóvenes de izquierda habían comprendido que la vanguardia mundial revolucionaria en Pekín no estaba a favor de Israel, sino de los estados árabes. El análisis crítico hacia Israel a menudo se extraía directamente de la Peking Review, a la que los izquierdistas más conscientes estaban suscritos. Yo tengo todavía un ejemplar del “Pequeño Rojo”, como llamábamos entonces al libro rojo de Mao, traducido al portugués. Desde los grupos de jóvenes de izquierdas se afirmaba con cierta cautela que las informaciones de prensa sobre una provocación militar árabe eran falsas, que era Israel el que quería provocar otra guerra de conquista y que, en la lucha entre el imperialismo y los pueblos del Tercer Mundo, Israel estaba del lado del imperialismo. Si se apoyaba al FNL en Vietnam, cosa que toda la izquierda hacía, no se podía apoyar a Israel en el Oriente Medio. La moderación en la argumentación se debía posiblemente a que nadie estaba completamente convencido. Nadie podía negar que, aunque Israel formara parte de los planes del imperialismo occidental, el desarrollo en mayo de 1967 se asemejaba mucho a una escalada militar unilateral por parte de Egipto y Siria respaldada por la Unión Soviética.

Quiero hacer un pequeño inciso para explicar que yo también me encontraba entonces, al menos desde 1970, entre esa izquierda amorfa, joven y progresista, porque, como seguramente no dijo ni Churchill, ni Disraeli, ni Bernard Shaw, ni Bertrand Russell, pero que a mí me gusta decir: “El que a los 20 años no es socialista, no tiene corazón, el que lo es a los 30, no tiene cerebro”. Lo digo en broma, naturalmente, porque estoy convencido que los socialistas también tienen cerebro y buenas razones para serlo, aunque yo no comparta sus creencias.

Solo unos pocos dentro de la izquierda revolucionaria parecían estar dispuestos a abordar la cuestión de manera imparcial. No solo China, sino también la Unión Soviética y los movimientos de liberación antiimperialista en el Tercer Mundo estaban del lado de los árabes, creando un sorprendentemente amplio frente de izquierda en la cuestión de Israel-Palestina. La línea ideológicamente correcta sostenía que Israel era una creación colonial y debía desaparecer. Jan Myrdal, hijo de Alva y Gunnar Myrdal y un gurú de la izquierda maoísta escribió en diario sueco Aftonbladet el 25 de junio de 1967: “Ahora como entonces, solo hay una solución: una Palestina que no se base en una ideología racista; que reconozca la igualdad de valor de las personas independientemente de raza y religión. Eso significa la disolución del estado de Israel, el retorno de los refugiados árabes…”. Incluso aquellos en la izquierda que habían defendido el derecho a existir de Israel durante la guerra, podrían unirse a una crítica hacia Israel superficial y obligatoria.

El mismo Myrdal ya cumplidos los 81 años, el 10 de enero del 2009, publica en el mismo Aftonbladet, un articulo con el título “El paréntesis israelí.”, ante una crisis en Gaza, una de tantas, lo que se puede decir es el punto de partida ideológico de la extrema izquierda contra Israel: “El Estado de Israel es una construcción surgida de intereses temporales de potencias coincidentes. Sin embargo, no estoy abordando la formación, sino las formas de la inevitable desmantelación del Estado de Israel. La demografía hace imposible que Israel logre la victoria de la manera en que los colonizadores protestantes anglosajones en América del Norte lo lograron. Los palestinos, o árabes si se prefiere, son demasiados y tienen demasiados hijos para que una victoria de aniquilación israelí sea posible. No pueden ser erradicados en Asia Occidental como los llamados indios fueron erradicados en lo que se convirtió en los Estados Unidos. Sin embargo, hay notables similitudes ideológicas, como el discurso sobre la promesa del Dios del Antiguo Testamento, que en el caso de los Estados Unidos se reformuló más tarde como el Destino Manifiesto. En ambos casos, la política fue despiadada y violó acuerdos.”

Es esta perspectiva, que Myrdal compartía con muchos analistas de izquierdas, la que permitía tomar partido por los palestinos, fueran Al Fatah o Hamas y siempre en contra Israel en cualquier conflicto por pequeño que fuera. Ni los atentados de Al-Qaeda,  ni el 11 de septiembre, ni siquiera el Estado Islámico y sus atrocidades se han criticado de la manera que se critica a Israel, desde los bastiones de la Izquierda, porque muchos en la izquierda están, por un lado, justamente preocupados por cómo los musulmanes son demonizados por racistas y supremacistas en occidente. Por otro lado, han caído en una apreciación apologeta y absurda de todos los movimientos políticos que se oponen al mundo occidental. Esta confusión en la que caen intelectuales de la izquierda tiene antecedentes en prominentes figuras de la izquierda intelectual, principalmente en el pensador francés Michel Foucault, que aún décadas después de su muerte, sigue teniendo una fuerte influencia en la izquierda y en los movimientos feministas. Foucault se lanzó, a pesar de las críticas de Simone de Beauvoir, a elogiar al jomeinismo como teología liberadora debido a su hostilidad hacia la herencia de la Ilustración. También minimizó la brutalidad de Jomeini en general y su implementación de la segregación de género obligatoria en Irán. Aunque la violencia del régimen iraní acabo despertando su rechazo, Foucault dejó como legado de la defensa del islamismo, justificando sus posiciones ante el público occidental, a pesar de su tiranía y violencia en el Medio Oriente, el norte de África y el Sudeste Asiático. Los izquierdistas, que son hostiles en principio a los valores occidentales bajo el término global de “capitalismo”, se sintieron libres de aliarse con los islamistas y de ese modo ayudaron a promover su agenda en Occidente. Hoy tenemos una izquierda posmoderna que ha perdido la brújula ética e ideológica en sus delirios revolucionarios y cuestiona sus propios principios fundadores, que siempre han sido la defensa de la laicidad, la igualdad entre hombres y mujeres, y la libertad de conciencia.

De esta manera, los defensores “progresistas” occidentales de Palestina racionalizan su apoyo innegociable a un movimiento nacionalista cuyos valores morales y políticos a menudo están completamente en contradicción con los suyos. Por carecer de un estado y la supuesta opresión de Israel, se obvian detalles que podían complicar la narrativa de liberación monocromática de gran parte de la izquierda. Si los palestinos persiguen y encarcelan a sus propios ciudadanos LGBT se considera que es un asunto interno, y que nosotros en occidente no podemos opinar. Y cuando organizaciones como Amnistía Internacional en su informe, tras otra “guerra” (2016) contra Israel, deja claro que: “oponentes políticos de Hamas fueron secuestrados, torturados o agredidos, particularmente miembros del partido rival Fatah y antiguos miembros de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina en Gaza.” Y otros observadores internacionales, como el corresponsal de la BBC en Oriente Medio, Kevin Connelly, señalaban que Hamas ejercía una autoridad indiscutible en Gaza y que por tanto era responsable de todos los actos cometidos allí. Así mismo el informe de Amnistía Internacional retrata a la organización por responder a la implacable presión de las operaciones militares israelíes con una brutal campaña contra sus propios enemigos internos. Según este informe, seis hombres fueron asesinados fuera de una mezquita mientras estaban arrodillados con capuchas frente a una multitud de hombres, mujeres y niños. Philip Luther, director regional de Amnistía declaró en entrevista en BBC que: “Estas muertes fueron parte de una serie de acciones espeluznantes, algunas de las cuales equivalían a crímenes de guerra, y tenían como objetivo vengarse y sembrar el miedo en toda la Franja de Gaza”. Por estas afirmaciones fue criticada Amnistía Internacional desde la izquierda.

Aquí en Suecia hemos sido testigos de un debate que, aunque en un principio condenaba el ataque de Hamas, ha ido decantándose por una condena a Israel desde la izquierda, débilmente contestada desde el gobierno y los pocos medios que aún persisten en la defensa del derecho de Israel a defenderse de los ataques terroristas. Cinco días tras los ataques, el partido de la Izquierda, (Vänster) antiguo partido comunista, solicitó de la cámara parlamentaria un debate sobre la situación en Palestina. No se podía negar el esfuerzo por mantener una cierta imparcialidad. Leed el comunicado si queréis aquí[1] aunque la actitud prudente la han dado de lado y ahora piden hasta la exclusión de Israel del Festival de Eurovisión, que tendrá lugar aquí, en Malmö.

La posición del gobierno sueco refleja la convicción de los políticos de centro-derecha que lo forman y mantiene la legalidad del estado de Israel y su reacción contra los ataques terroristas de Hamas pero, la mayoría de los medios, mantienen una posición propalestina y dan a entender que se trata de un genocidio por parte de Israel. Será muy interesante ver lo que ocurre el 27 de este mes, día en que se conmemora el Holocausto. Me temo que habrá quien intente comparar los hechos actuales con la mayor catástrofe humana perpetrada por humanos que se decían cultos. Levantemos las miras. ¿Qué está pasando en el mundo? ¿Cómo se puede ver esta tragedia en un contexto internacional de orden mundial?

La cuestión de Israel y Palestina, que ha vuelto a encenderse con los acontecimientos actuales, ha demostrado una vez más cómo la lucha de poder entre Estados Unidos y China se refleja en Oriente Medio. Desde la perspectiva de las grandes potencias, Rusia e Irán adoptan una postura común con China en muchos acontecimientos en Oriente Medio, incluida la cuestión de Israel y Palestina. Al afirmar que trabajarán juntos por una solución de dos estados, China y Rusia han confirmado que comparten la misma actitud sobre la cuestión de Palestina. Además de Rusia, China ha mantenido repetidos encuentros con Irán, uno de los países que ha ampliado la influencia de China en Oriente Medio, en relación con el conflicto actual en Gaza. El propio Mao comparó a Israel con Taiwán, calificándolos de “bases del imperialismo en Asia”. Su gobierno también respaldó la Resolución 3379 de la Asamblea General de la ONU, que equiparaba el sionismo con el racismo en 1975, resolución esta que fue posteriormente revocada en 1991.

En fin, aquí estamos hoy, el 23 de enero de 2024, viendo imágenes sobrecogedoras en la televisión y los diarios. Soluciones no nos dan, perspectiva de cambio no nos ofrecen. La solución de los dos estados es una propuesta muy abstracta y requeriría la aprobación de todas las partes. Esta mañana, escuchado la radio, Radio Nacional de España, oí por primera vez un análisis que yo hice anteayer: parte de la culpa, gran parte de la culpa, la tienen los países árabes que, en todos estos años no han querido aceptar a los palestinos ni ofrecerles territorio y nacionalidad. Anteayer lo comparé con lo que ocurrió en Alemania con los doce millones de desplazados tras la segunda guerra mundial, gente que venía de distintos países, no siempre hablaba alemán y tenía otras costumbres, pero eran de etnia alemana y por tanto fueron expulsados, como chivos expiatorios, pagando por las atrocidades de los nazis. Como los palestinos, eran hombres, mujeres, ancianos y niños y tenían profesiones de todas clases, ricos y pobres, cultos y analfabetos, pero todos encontraron ayuda y acomodación en un tiempo más o menos razonable, aunque todavía en 1953 había un millón de alemanes refugiados viviendo en tiendas de campaña en Alemania. Yo les diría a los líderes occidentales que ayuden económicamente a los vecinos árabes para que el día que se llegue a una solución de dos estados, ofrezcan la integración del pueblo palestino y que inviertan en los territorios palestinos, en escuelas, hospitales, industrias, hoteles etc. para que esta terrible situación termine alguna vez. Y que se atrevan a exigir, de la misma manera que se ha hecho en el este de Europa, una inmersión democrática y defensa de los derechos humanos para todos los palestinos. Ahora, lo primero, es llegar a un alto el fuego y salvar a la población civil.


[1] “Estocolmo, 13 de octubre de 2023

El Partido de Izquierda solicita un debate especial sobre la situación en Israel y Palestina.

La ocupación israelí de Palestina ha estado en curso durante décadas. Sin embargo, los acontecimientos recientes han sido tanto inesperados como impactantes. El uso indiscriminado de la violencia contra civiles, de ambas partes, es terrible y constituye una violación del derecho internacional.

Los brutales ataques de Hamas contra civiles son sin precedentes. Cientos de personas que se encontraban en sus hogares, yendo al trabajo o bailando en un festival, fueron asesinadas o secuestradas temprano en la mañana del 7 de octubre. En el momento de escribir esto, el número de muertos ha aumentado a 1,300. Un gran número de civiles israelíes aún están siendo retenidos como rehenes.

Israel ha respondido con fuertes ataques aéreos en la Franja de Gaza, con más de 1,500 muertos como resultado. Miles han perdido sus hogares. Los niños se esconden en las escuelas de la ONU con la esperanza de no ser bombardeados hasta la muerte. Pero en Gaza no hay a dónde huir. Israel ha intensificado su bloqueo y ahora hay una suspensión total de los servicios de agua, electricidad, combustible, medicamentos y alimentos. Esto se lleva a cabo en una situación ya muy tensa. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, ha criticado fuertemente a Israel, señalando que el asedio viola el derecho internacional humanitario.

En el momento de escribir esto, Israel está instando a más de un millón de personas en el norte de Gaza y en la ciudad de Gaza a evacuar la zona en un plazo de 24 horas. Esto implica aproximadamente la mitad de la población de Gaza, algo que la ONU considera imposible y que resultará en “consecuencias humanitarias devastadoras”. Israel probablemente está preparando una ofensiva terrestre.

El Partido de Izquierda solicita formalmente que el parlamento organice un debate especial sobre la situación en Israel y Palestina, así como sobre la actuación de Suecia con respecto a esto.

Samuel Gonzalez Westling

Lider del grupo Vänsterpartiet”

Paseo quincuagésimo tercero. Pensando en Palestina.

Iba caminando hoy, un viernes 19 de enero de 2024, sobre un radiante manto de nieve que cubre el camino de mi casa al hospital. Eran las ocho de la mañana cuando conecté como de costumbre con Radio Nacional de España para escuchar las mañanas de Iñigo Alonso, un brillante programa que me deleita con sus certeros análisis y sus incisas y bien estudiadas preguntas a las élites políticas y económicas de España y también por la ambiciosa cobertura del panorama político internacional. El programa de hoy estaba dedicado a Palestina y Alonso emitía el programa desde Jerusalén. En una bien elegida compilación de entrevistas a palestinos e israelíes y también a españoles afincados en la zona, nos fue revelando las entrañas de un conflicto con el que las generaciones actuales hemos estado obligados a convivir. Decidí escribir una entrada sombre el conflicto, aunque sabía que no sería una tarea fácil.

Antes de seguir con mi actual entrada quiero dejar claro unas cuantas cosas. La primera que yo estoy en contra de cualquier uso de la violencia militar en general y muy en particular cuando se usa indiscriminadamente contra civiles. En segundo lugar, que la violencia ejercida por paramilitares con el pretexto de defender los derechos de los oprimidos, no puede ser igualmente indiscriminada; no acepto el terror como el arma de los pobres y los discriminados. En tercer lugar, quiero creer y creo en la posibilidad de encontrar soluciones pacificas a todos, repito, todos los problemas actuales, si hay voluntad de solucionarlos, claro. En cuarto lugar, considero que todos los humanos tenemos el mismo valor, cosa que se suele decir pero que diariamente se niega en la práctica. En quinto lugar, quiero citar a un osito muy popular en Suecia, un osito que ostenta una gran fuerza, que obtiene comiendo mucha miel. Bamse, que así se llama este héroe infantil que ayuda a todo el que lo necesita, aún a los que son malos, dice a menudo que “quien es muy fuerte, tiene que ser muy bueno”. Y el verdaderamente fuerte aquí, en este conflicto del que voy a hablar un poco, es Onkel Sam, los Estados Unidos de América, pero que, hasta ahora, no ha hecho mucho por solucionar el problema.

Todos estamos conmocionados con los hechos cometidos por Hamas el 7 de octubre del año pasado. Un ataque perpetrado, a modo de golpe de guerrilla, contra jóvenes indefensos, ancianos y niños, no puede ser una acción loable para nadie, ni siquiera para aquellos a los que pretenden representar, el pueblo palestino, encerrado en Gaza. Igualmente conmociona ver la respuesta del estado de Israel, bombardeando indiscriminadamente cualquier tipo de instalaciones civiles, hospitales, escuelas y oficinas de la ONU, con el pretexto de que se alojan terroristas en esas instalaciones. A día de hoy ya van 24 000 muertos palestinos contra las 1200 victimas israelíes del 7 de octubre. Mientras tanto, los que podían evitarlo miran a otro lado o, simplemente, dejan que transcurra el tiempo. Busco en la historia y encuentro mucha similitud con otros actos parecidos, de castigos a la población civil, con el pretexto de acortar una guerra o evitar victimas propias: Guernica, Hiroshima, Nagasaki, Londres, Coventry, Hamburgo, Dresde, Vietnam…Sería una lista muy larga y siempre me dejaría algunas, aunque quisiera enumerarlas todas, porque han sido muchas.

Sepamos que este conflicto tiene unas raíces históricas muy profundas y que, digan lo que digan, no está predestinado a ser un conflicto eterno; más bien es un conflicto que se ha dejado crecer y madurar por muchos de los que podían haberlo solucionado, porque, seamos sinceros, se trata de un conflicto territorial clásico y esos conflictos son solucionables, siempre que haya voluntad para solucionarlos. La teoría del conflicto nos enseña que, en un conflicto entre un estado y actores no estatales, es probable que estalle la guerra cuando una minoría étnica exige la soberanía sobre su territorio, y el patrón de asentamiento de la minoría los coloca en mayoría en regiones específicas. Las disputas territoriales entre grupos de población tienden a generar rivalidades internas duraderas que conducen a conflictos prolongados y violentos; sin embargo, una victoria militar de un lado, un período intenso de combates o un largo período de paz reducen las posibilidades de que se repita la violencia. Posiblemente, lo que Israel quiere conseguir es una contundente victoria militar que lleve a una paz duradera. Busquemos las raíces del conflicto en la historia del territorio que ahora denominamos Palestina e Israel. Los que quieren explicar la historia del conflicto desde la llegada de Napoleón a Egipto reducen a mi parecer la historia de una manera flagrante. Sin recurrir a la biblia, podemos constatar que la región recibe su nombre, Siria-Palestina, del emperador romano de origen español Adriano, que tras la revuelta judía de Bar Kojba de 132-136 d.C. decidió castigar a los judíos nombrándola así en honor a los dos enemigos tradicionales de los judíos, los sirios y los filisteos. Las designaciones Filistea, Judea romana y Palestina estuvieron en uso posteriormente. Se cree que el nombre Palestina deriva de la palabra plesheth o peleset, designación griega para los nómadas filisteos uno de los Pueblos del Mar que invadieron el Mediterráneo Oriental entre 1250 yel 1180 a.C. Puestos a reclamar el derecho histórico sobre el territorio, tendrían los palestinos los mismos derechos que el pueblo judío, si no estamos dispuestos a aceptar la biblia como una fuente de la legitimidad judía.

Es aquí donde nace el cristianismo, como una escisión del judaísmo y aquí se formó un hub religioso, por denominarlo con un anglicismo actual. El Imperio Romano de Occidente cayó en el año 476 d.C., pero el Imperio Bizantino continuó relativamente sin desafíos hasta el siglo VII d.C. con el surgimiento del islam en la región. En el año 634 d.C., los ejércitos musulmanes de Arabia tomaron Siria-Palestina y la renombraron como Jund Filastin (“Distrito Militar de Palestina”). Los musulmanes declaraban un interés religioso en la región similar al de los cristianos o al de los judíos que los precedieron, y las iglesias fueron convertidas en mezquitas de la misma manera que los templos anteriores habían dado paso a iglesias, más o menos como nosotros hicimos en Córdoba.

Palestina empezó a ser referida por los reinos cristianos europeos como la Tierra Santa, y la Primera Cruzada fue lanzada para recuperarla de la ocupación musulmana en el año 1096 d.C. Este esfuerzo fue seguido por muchos más, apoyados por el Imperio Bizantino, hasta el año 1272 d.C., con enormes costos en vidas y propiedades, pero sin lograr finalmente nada. El Imperio Bizantino cayó en el año 1453 d.C., reduciendo significativamente la influencia cristiana en la región, y Palestina quedó en manos de los turcos otomanos. La región continuó siendo objeto de disputa a lo largo de los siguientes siglos hasta que los británicos se involucraron en 1915 d.C. durante la Primera Guerra Mundial, momento en el cual las potencias occidentales idearon planes para la partición del Medio Oriente con sus propios propósitos y beneficios, por ser como puntos estratégicos o productores de petróleo.

Palestina se encontraba entre los antiguos territorios otomanos colocados bajo administración del Reino Unido por la Sociedad de Naciones en 1922. Todos estos territorios eventualmente se convirtieron en Estados completamente independientes, excepto Palestina, donde, además de “prestar asistencia y consejo administrativo”, el Mandato Británico incorporó la “Declaración Balfour” de 1917, que expresaba el apoyo para “el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”. Durante el Mandato, que abarcó de 1922 a 1947, tuvo lugar una inmigración judía a gran escala, principalmente desde Europa del Este, con un aumento significativo en la década de 1930 debido a la persecución nazi. No es que no hubiera existido una inmigración judía a los territorios con anterioridad, porque ya en 1870 había una población judía de unas 20000 personas repartidas entre Jerusalén, Tiberíades, Safed, y Hebrón. La emigración rusa había comenzado ya a partir de la matanza de Odesa en 1821 y en distintas ocasiones en el territorio de la actual Ucrania, siendo el pogromo de Kiev el más sangriento.  En 1870 se estableció la escuela agrícola Mikvhe Israel, financiada por el barón de Rothschild, con el fin de hacer florecer el desierto. Los inmigrantes decían que se mudaban a Eretz Israel, su tierra prometida. Ocho años más tarde fue fundada la primera colonia sionista Petach Tikva, cuyo nombre, tomado de una profecía de Osea (2:15) “Prometo devolverle sus viñedos, haré del Valle de Acor una puerta de esperanza.”

A partir de 1882 comienzan las primeras oleadas masivas sionistas, la primera Aliyá, o llamada a la inmigración de judíos de todo el mundo hacia Israel.  Desde 1881 hasta 1915 creció la población judía en Palestina desde unos 24000 o 4,57% de la población total de Palestina (525000) a 87000 o 14,15% (590000). Todo esto sucede en paralelo con la formación de un territorio diferenciado, con fronteras e infraestructuras rudimentarias. La respuesta árabe fue entre otras la fundación de la organización al-Fatāh que en árabe significa” El Joven” – y que es la abreviatura de al-Jamʿiyya al-ʿarabiyya al-fatāh (“Asociación Juvenil Árabe”), fue una sociedad secreta que operaba principalmente en Siria, pero que fue fundada en París en 1911 y luego trasladada a Beirut en 1912. Esta organización fue formada por varios oficiales árabes del ejército turco-otomano que buscaban la independencia del mundo de habla árabe. Al igual que la otra sociedad secreta militar al-ʿAhd (“El Pacto”), que operaba en Mesopotamia, fue una auténtica cantera de la que surgieron numerosos futuros líderes políticos de varias naciones árabes, especialmente Siria e Irak, después de la derrota del Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial.

Decía un amigo mío, sueco y judío, que él tenía la sensación de que su condición judía se podía transportar en una maleta. El judío lleva consigo su religión y su historia a donde quiera que vaya. Ser judío no es una propiedad sujeta a un territorio. No es de extrañar que el promotor del sionismo mundial, Theodor Herzl, estuviese de acuerdo con el el Programa para la Uganda Británica por el que se planificaba entregar una parte del África Oriental Británica al pueblo judío para que se establecieran allí, como refugio temporal para los judíos europeos que huían del antisemitismo, ideología y política que se expandía por toda Europa, de este a oeste. Los acontecimientos que transcurrieron desde la declaración del Programa para la Uganda Británica en 1903 al estallido de la primera guerra mundial y la descomposición del imperio otomano. Con Arthur James Balfour como ministro de asuntos exteriores, la cuestión judía tomo nuevo impulso resultando en la llamada declaración de Balfour el 2 de noviembre de 1917 que anunciaba el apoyo británico al establecimiento de un “hogar nacional” para el pueblo judío en la región de Palestina.

Tras la derrota del imperio otomano y la formación de La Sociedad de las Naciones, se llegó a El anteproyecto del Mandato de Palestina que fue confirmado formalmente por el Consejo de la Sociedad de Naciones el 24 de julio de 1922, implementado a través del memorándum de Transjordania del 16 de septiembre de 1922, y que entró en vigor el 29 de septiembre de 1923 a raíz de la ratificación del Tratado de Lausana. Se formaba así una entidad política en la que judíos y árabes debían convivir bajo el mandato de Gran Bretaña, que legalizó la autoridad temporal de Palestina y expiró el 14 de mayo de 1948. El objetivo del sistema de Mandato de la Sociedad de Naciones era administrar partes del desaparecido Imperio otomano, que había tenido el control del Medio Oriente desde el siglo XVI, “hasta el momento en que sean capaces de estar solos”.

Las demandas árabes de independencia y la resistencia a la inmigración llevaron a una rebelión árabe en 1936-1939, seguida por un continuo terrorismo y violencia de ambas partes. La segunda guerra mundial forzó la emigración judía llegando tras finalizar la guerra a alcanzar el 48,9 % (610000 judíos por 1310000 árabes) de los habitantes del protectorado.  El Reino Unido consideró varias fórmulas para lograr la independencia en una tierra devastada por la violencia. En 1947, el Reino Unido trasladó el problema de Palestina a la ONU.

Después de examinar alternativas, la ONU propuso poner fin al Mandato y dividir Palestina en dos Estados independientes, uno árabe palestino y otro judío, con Jerusalén internacionalizada (Resolución 181 (II) de 1947). Uno de los dos Estados previstos proclamó su independencia como Israel y, en la guerra de 1948 que involucró a Estados árabes vecinos, se expandió hasta abarcar el 77 por ciento del territorio de la Palestina bajo mandato, incluida la mayor parte de Jerusalén. Más de la mitad de la población árabe palestina huyó o fue expulsada. Jordania y Egipto controlaron el resto del territorio asignado por la Resolución 181 al Estado árabe. En la guerra de 1967, Israel ocupó estos territorios (Franja de Gaza y Cisjordania), incluida Jerusalén Este, que posteriormente fue anexada por Israel. La guerra provocó un segundo éxodo de palestinos, estimado en medio millón. En ese momento, si la comunidad internacional hubiese tenido una visión de futuro más abierta, podía haberse solucionado el problema palestino, creo yo. El gran problema era el qué hacer con los expulsados árabes y los que voluntariamente habían dejado sus hogares. Ahí habría sido preciso solucionar el problema económico que se cernía sobre los territorios a los que huían los palestinos árabes. En lugar de encontrar un sistema de ayudas económicas a la refundación de poblaciones palestinas, una especie de ayuda Marshall, pienso yo, se construyeron campos de refugiados temporales, sin pensar en lo que eso significaría en el futuro. Yo me pongo a comparar como los alemanes tras su derrota tuvieron que acoger a todos los alemanes expulsados de la Europa de este desde 1945. Tras el acuerdo de Postdam millones de personas de habla alemana fueron obligadas a abandonar Europa del Este como resultado de los extensos cambios en las fronteras y las circunstancias políticas. La mayor ola de desplazamiento ocurrió durante y después de la guerra, entre 1944 y 1950. La cifra exacta varía según las fuentes y la definición de “desplazamiento forzado”, pero las estimaciones indican que entre 12 y 14 millones de personas de habla alemana, incluyendo civiles y personal militar, fueron obligadas a abandonar sus hogares en áreas que ahora pertenecen a Polonia, la República Checa, Hungría y otras partes de Europa del Este. De una manera muy similar a lo que ocurrió en Palestina, las potencias vencedoras (Unión Soviética, Estados Unidos y el Reino Unido) acordaron reestructurar las fronteras y la población en Europa Central, con la gran diferencia de que en el caso de los alemanes se pusieron grandes recursos económicos a su disposición y, quizás lo mas importante, la población alemana en el territorio de la vencida Alemania, estuvieron dispuestos a aceptar la inmigración de una población de habla alemana pero que en su mayoría había vivido durante muchas generaciones en  territorios que ahora pertenecían a otros estados. Incluso una buena parte de los inmigrantes, aún teniendo ancestros alemanes, desconocían el idioma alemán.

En el caso de los palestinos, los estados colindantes no han estado dispuestos a aceptar la emigración palestina de una forma definitiva. Inicialmente, la respuesta de los estados árabes anfitriones ante la llegada de los refugiados palestinos fue ofrecerles refugio con la suposición de que sería temporal. Cuando se hizo evidente que el problema sería prolongado, las políticas de los estados árabes hacia los refugiados cambiaron, y la simpatía inicial se combinó con la insistencia en la responsabilidad final de Israel hacia ellos. Como resultado, la mayoría de los gobiernos árabes se opusieron firmemente a la reubicación y naturalización de los refugiados. En cambio, adoptaron políticas y procedimientos destinados a preservar la identidad palestina de los individuos y su estatus como refugiados.

Egipto es el único país árabe anfitrión que es parte en la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados. Sin embargo, en septiembre de 1965, el consejo de ministros de Relaciones Exteriores de la Liga de Estados Árabes reconoció formalmente ciertos derechos para los palestinos al firmar el Protocolo para el Tratamiento de Palestinos en Estados Árabes, conocido como el Protocolo de Casablanca. Este breve documento instaba a los estados miembros a “tomar las medidas necesarias” para garantizar a los palestinos plenos derechos de residencia, libertad de movimiento dentro y entre los países árabes, y el derecho a trabajar al mismo nivel que los ciudadanos.  El estatus de los exiliados palestinos en los estados árabes anfitriones ha tenido una historia complicada desde 1948, y en la región actual, sus vidas difieren drásticamente según su lugar de residencia. En Jordania, por ejemplo, la mayoría de los 1.5 millones de palestinos tienen ciudadanía y están bien integrados social y económicamente, aunque alrededor de 279 000 aún viven en campamentos. A diferencia de Jordania, Siria ha mantenido el estatus de apatridia de sus palestinos, pero les ha otorgado los mismos derechos económicos y sociales disfrutados por los ciudadanos sirios. Según una ley de 1956, los palestinos son tratados como si fueran sirios “en todos los asuntos relacionados con… los derechos de empleo, trabajo, comercio y obligaciones nacionales”. Como consecuencia, los palestinos en Siria no sufren de un desempleo masivo o subempleo, y solo alrededor de 111 000 refugiados viven en campamentos. Al mismo tiempo, tanto los palestinos como los ciudadanos sirios permanecen bajo un poderoso sistema estatal en el que los derechos civiles y políticos básicos, como la libertad de expresión y asociación, están estrictamente controlados, y un estado de emergencia, en vigor desde 1963, otorga amplios y no controlados poderes a un vasto aparato de seguridad. La guerra en Siria ha ocasionado un sufrimiento añadido a la población palestina que allí reside. En Líbano, en marcado contraste, cientos de miles de palestinos carecen de estado y más de la mitad vive en campamentos superpoblados. El derecho al trabajo está severamente restringido y la pobreza masiva se ha convertido en la norma. La situación de los palestinos en Líbano ha empeorado constantemente después de la expulsión de los guerrilleros de la OLP tras la invasión israelí de 1982. Según algunos informes, de los 375 000 palestinos registrados como refugiados ante la UNRWA en Líbano, solo quedan alrededor de 200,000; otros han huido de las condiciones inhóspitas que los sucesivos gobiernos libaneses han mantenido durante las últimas décadas.

Lar raíces del conflicto palestino son profundas y complicadas, sin duda, pero no es un conflicto sin posible solución. La solución puede estar en la famosa doctrina de los dos estados, abalada en Madrid y en Oslo, pero ahora negada por el actual gobierno de Israel. El sangrante conflicto actual, que ya va por las 25 000 victimas inocentes, dejará profundas huellas que costará borrar. Echo de menos la voluntad de la sociedad internacional de participar en una solución sostenible y permanente del problema. No se necesitan más armas, se necesita más dinero y más voluntad de hacerse cargo del pueblo palestino por parte de todos, principalmente por parte de sus hermanos árabes, los vecinos y los más alejados, aquellos con territorios disponibles y aquellos con grandes recursos económicos. Se necesita, a mi modo de ver, un gran plan Marshall, financiado por los países ricos. Si se pudo hacer con los alemanes expulsados del Este de Europa, se podría también hacer con los palestinos. No creo que apuntar al estado de Israel como un estado genocida, ayude a los palestinos. No creo tampoco que una solución militar sea posible, aceptable o moralmente defendible. Que callen las armas y que hablen los políticos, por favor. Para refrescar mi memoria he repasado el libro de Ilan Pappé A History of Modern Palestine: One Land, Two Peoples., Cambridge University Press, 2004, y también la tesis doctoral de mi colega en la institución de historia de Lund Hans Åke Persson, Retorik och Realpolitik: Storbritannien och de fördrivna tyskarna efter andra världskriget.

Paseo quincuagésimo segundo. Autómatas en Toledo.

Atado como estoy a la mesa de la cocina, mi pensamiento vuela, llevado por mis lecturas y mis conversaciones a distancia con mis amigos y, en la proximidad, con mi familia. A veces puede brotar un recuerdo durante una conversación, y ese recuerdo me puede llevar muy lejos, muy alto o muy profundo. Como tengo tiempo, me adentro en mi pequeña biblioteca y busco intensamente algo que sé tengo en algún sitio. Busco aquel libro o ese artículo que trata justo de lo que estamos hablando. Si no lo encuentro, ahí está internet con todos sus recursos muy a la mano. Recuerdo aquel tiempo cuando yo anotaba todo en pequeñas tarjetas, que iba guardando en cajitas, por orden alfabético y temático. Era un buen sistema que hace años dejé al volverme digital. Lo echo un poco de menos y, es muy probable que algún día regrese a las anotaciones a mano.

El tema de hoy surgió de una conversación que mi compañera y yo mantuvimos ayer, mientras íbamos a hacer la compra de la semana. Ella me contaba que el marido de una amiga suya, joven historiador con un futuro brillante por delante, había escrito últimamente. Como tengo el placer de conocer a Peter Andersson, ya que vino a vernos a nuestra casita de verano con su mujer y su hija, hace algún tiempo, y como me interesa seguir la trayectoria de los colegas, especialmente de los que conozco personalmente, pregunté sobre ese libro. Con el título “Robot : Drömmar och mardrömmar om mänskliga maskiner” (Robot: sueños y pesadillas sobre máquinas humanizadas) ya me metí de lleno en los escondrijos de la memoria para buscar una relación, que yo sabía tenía guardada en algún rincón. Y, señoras y señores, ¡lo encontré en una calle de Toledo! El que vaya a Toledo encontrará seguramente una calle que le llamará la atención y, ahí comienza mi relato de hoy.

El nombre de la calle es: Calle del Hombre de Palo, que es la primera que se encuentra yendo desde la plaza del Ayuntamiento hacia Zocodover por el arco de Palacio, antes de la Calle del Comercio, con la que empalma en la plaza de las Cuatro Calles, y bordea el claustro de la catedral. Esta calle tiene una historia que contar. No es que sea la única calle de Toledo que pueda contar historias, pero la historia de esta calle me viene a mí como anillo al dedo para lo que quiero contar aquí hoy. El sujeto especifico de mi relato es uno de los muchos hombres renacentistas, atraídos por la corte española durante la época de apogeo de España en general y de Toledo en particular. Un país en continuo desarrollo, con posesiones por todo el mundo conocido, tenía una potencia de atracción para todo aquel que tuviese ingenio, sobre todo en cuestiones practicas para la sociedad. De esta manera llegó a Toledo el relojero real, ingeniero, inventor, matemático, astrónomo, arquitecto etc. Juanelo Turriano (Gianello della Torre), nacido en las proximidades de Cremona, en Italia en los primeros años del siglo XVI.

Este joven cremonés había adquirido fama como relojero y fue llamado a Toledo por el emperador Calos I para entre muchas cosas construir un reloj astronómico, El Cristalino. Como arquitecto construyó parte del palacio del Rey en Yuste, con efectos inesperados por el monarca. Uno de los estanques construidos por Turriano produjo una acumulación de aguas estancadas que generaron la proliferación de mosquitos, que picaron al rey y le produjeron su muerte tras un mes de agonías y fiebres por paludismo. A la muerte del emperador en 1558 los relojes y planetarios coleccionados en Yuste fueron puestos a cargo de Juanelo, quien pasó a ocupar el mismo puesto de relojero al servicio de Felipe II, siendo nombrado Matemático Mayor. Pero lo que más fama le dio a Turriano fue la máquina hidráulica que construyó para subir el agua a Toledo desde el río, conocida como el Ingenio de Toledo o Artificio de Juanelo. Esta la máquina conseguía llevar el agua del río Tajo hasta el Alcázar, situado a casi 100 metros por encima del cauce del río.

Pero Turriano tenía una afición a la que dedicaba todo su tiempo libre, y era construir autómatas, robots de diferentes tamaños y hechuras que podían moverse y realizar todo tipo de movimientos impulsados por resortes, poleas, manecillas y ruedas, a la manera de un reloj, para el asombro de cuantos veían esos ingenios. Ni que decir tiene que a la Inquisición le llamaban mucho la atención estos ingenios y, con el tiempo, acabaría por deshacerse de alguno de ellos, alegando que el diablo habitaba en el corazón de esas figuras de madera. Aunque siguió sirviendo bajo Felipe II, que encargó a Turriano escribir varios libros sobre ingenios y máquinas. Se le otorgó el nombramiento en Cédula Real de 26 de julio de 1562, con un sueldo de 400 ducados, obligación de residir en la Corte y compromiso de no hacer más obras que las encargadas por el Rey, si bien éstas se le pagarían aparte. En Toledo construyo una segunda maquina para subir el agua, que no se le llegó a pagar. Se dice, se escribe y se ha escrito, que para conseguir algún dinero, construyo un autómata de madera que funcionaba echándole una moneda y corría la calle que ahora lleva su nombre de arriba abajo, causando asombro en los transeúntes. Yo también he tenido un encuentro con un autómata, en este caso con una muchacha que me guio por los pasillos del museo tecnológico de Dortmund, como podéis ver ahí abajo. Me queda el leer el libro de Peter, y lo haré con mucho gusto a partir del lunes, Hoy existe una fundación con el nombre del inventor, la cual recomiendo ser visitada por todo aquel que esté interesado en esta historia:  https://www.juaneloturriano.com/juanelo-turriano

Si queréis ver como funcionaba el monje de madera, podéis ver este video: https://www.google.com/search?client=avast-a-1&q=the+moving+monk&oq=the+moving+monk&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIGCAEQABhAMgYIAhAAGEAyBggDEAAYQDIGCAQQABhAMgYIBRAAGEAyBggGEAAYQNIBCDQ5MjFqMGoxqAIAsAIA&ie=UTF-8#fpstate=ive&vld=cid:c307c629,vid:jiVKnlXcDDg,st:0

En marzo de 2020 en The Metropolitan Museum of Art de Nueva York se present la exposición: “Making Marvels: Science & Splendor at the Courts of Europe” en la que se podía contemplar el monje de Turriano: https://www.metmuseum.org/exhibitions/listings/2019/making-marvels-science-splendor

Paseo quincuagésimo primero. El arte de estar preparados para una guera.

El sábado 27 de junio de 1914 fue un día caluroso de verano en Londres. Alrededor de una mesa encontramos sentado al asesor presidencial Edward Mandell House, íntimo amigo del presidente estadounidense Woodrow Wilson, extraoficial plenipotenciario en cuestiones de política exterior, especialmente en todo lo referente las relaciones con Europa. Junto a él, elegante y relajado, se encuentra el ministro de asuntos exteriores británico Edward Grey.  La misión de Gray es persuadir a Gran Bretaña y Alemania para que se unan a Estados Unidos en una alianza diplomática para preservar la paz en Europa, especialmente ante la creciente militarización de Alemania. Según Grey ni el káiser ni muchos de sus ministros querían la guerra, aunque los generales alemanes insistían en continuar la escalada militar. En el Daily Telegraph se podía leer que la economía se estaba recuperando en Gran Bretaña y en Estados Unidos, por tanto, business as usual. Una actuación de Caruso se anunciaba para el lunes, todo rezumaba normalidad estival.

A esa misma hora aproximadamente terminaban unas maniobras militares en la ciudad de Sarajevo, cuyo final culminaba con un baile de gala para la oficialidad y sus respectives. Coincidía la fecha con la víspera de la celebración de la derrota de los serbios en Kosovopolje, que, al cambiar el calendario juliano al gregoriano a principios de 1900, pasó de celebrarse el 15 de junio al 28. Para darle más prestancia a los acontecimientos se había invitado al archiduque Franz Ferdinand y a su esposa Sophia, duquesa de Hohenberg, que esa tarde visitaron Sarajevo como unos turistas más, saludando alegremente a los transeúntes que se encontraban por el camino. Esa noche se fueron a dormir cansados pero contentos, preparándose para las ceremonias oficiales del día siguiente.

Curiosamente, el que viviese en Santander podía leer en el diario español El Pueblo Cántabro, una noticia relativa a Servia, que se refería a la supuesta abdicación del rey servio: “El Rey Pedro I de Servia no ha abdicado en el sentido completo de la palabra, sino que, sencillamente, ha transmitido el poder real a su hijo durante el tiempo que, para su curación, juzga preciso pasar en las aguas de Vriana. Esto da lugar a sospechar que existen graves motivos y que el Rey Pedro no volverá quizá a encargarse del poder. Se asegura que se han registrado una serie de incidentes, que han pasado desapercibidos, durante el tumulto de los sucesos de los últimos meses y los cuales hancreado una situación muy seria en Servia. En una palabra, se dice que hay conflicto entre el Poder civil y e. militar, conflicto tanto más delicado cuanto que el Poder civil se halla en maros de un hombre de Estado eminente, M. Pachitch, y que los jefes del Ejército tienen una conciencia legítima del papel preponderante que ellos han jugado en la expansión del Reino. El primer desacuerdo la sido la desgracia del coronel Michtch, el brazo derecho del generalísimo Putnics, acusado de no haber tomado las precauciones suficientes contra la agresión albanesa durante el estío último.” Y en Santander se preparaban para recibir a los reyes de España, que iban a pasar el verano en la Magdalena. Recuerdo este lugar personalmente con mucho cariño, por aquel curso que impartimos con los colegas de la SCM en 2018. También recuerdo mis paseos por toda la ciudad de Santander, de camino a la Magdalena. ¡Qué buenos recuerdos!

Esta retrospectiva histórica viene a cuenta de una discusión que mantuvimos ayer con unos socios de la SCM en referencia a las declaraciones hechas últimamente por miembros del gobierno sueco en el sentido de que existe un peligro inminente de guerra con Rusia. Se ha dado a entender que la población sueca debe prepararse para la guerra total. Se pide que se almacenen enseres y alimentos necesarios para pasar al menos dos semanas aislados, conocer los lugares de refugio y apuntarse a las organizaciones de resistencia cívica. Personas con cargos en puestos estratégicos para la defensa y las infraestructuras, salud pública, policía, educación, administraciones a todos los niveles, ya han participado en cursos, maniobras y simulaciones para estar preparados “cuando venga la guerra”. Las declaraciones de nuestros políticos de todo el espectro ideológico son claras y contundentes: “!prepárense!” – me recuerda a veces profecías del juicio final: “hagan penitencia, el juicio final está cerca.” – Pero todo sigue igual. Mezclado con cualquier noticia sobre el último disco de Madonna o un golazo de cualquier futbolista local, podemos leer las declaraciones del jefe del estado mayor o el ministro de defensa, recordándonos que es muy posible que entremos en guerra dentro de nada. Es difícil tomárselo en serio. Una cosa es bien cierta, los presupuestos militares se han triplicado últimamente y será necesario ahorrar en otras cosas. Todo ese ruido premonitor de guerra tiene como uno de sus fines hacernos aceptar estos gastos en seguridad. Pero hay problemas, muchos problemas,

A mi entender, el principal problema, es que esta actitud belicosa por parte del gobierno, está dividiendo la nación. Se trata de saber quien es un “verdadero sueco”. Aquí el primer ministro sueco ha hecho unas declaraciones en el diario Svenska Dagbladet que ponen en entredicho la autenticidad del sentimiento patriótico de los suecos nacionalizados: “ … debemos empezar a hablar abiertamente sobre las expectativas que conlleva la ciudadanía sueca.

– La ciudadanía no es un documento de viaje.

– Uno defiende la democracia de Suecia, nuestra libertad y nuestro sistema de gobierno. Si no estás dispuesto a hacerlo, no deberías ser ciudadano sueco”.

Con este tipo de declaraciones el gobierno sueco está abriendo una brecha en la sociedad sueca, a sabiendas de que muchas funciones altamente importantes para el funcionamiento del país en crisis están en su mayoría llevadas por personal extranjero o naturalizado. Si decidiésemos deshacernos de todos los trabajadores y funcionarios extranjeros o naturalizados tendríamos que cerrar las residencias, los hospitales, las escuelas y muchos de los servicios, entre otros, todo lo relacionado con las nuevas tecnologías.

Pero en realidad, yo lo que quiero decir hoy, tras nuestra discusión de ayer, es que el 27 de junio de 1914 nadie tenía la más mínima idea de que al día siguiente, un par de tiros, serían el detonante de una guerra que costaría más de 20 millones de muertes, que contando la siguiente pandemia subiría a más del doble, amén de millones de inválidos a consecuencia de heridas de guerra. También me gustaría dejar claro que esta guerra, como todas las guerras, no se luchó por motivos altruistas o, como defienden los conservadores ingleses, en defensa de la libertad. Historiadores ingleses se equivocan cuando como Max Hastings quieren dar a entender que se había librado en defensa del “derecho internacional” y de las naciones pequeñas, o cuando Antony Beevor ve un claro “antimilitarismo” en el comportamiento de Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos.

A mí, la verdad, estas posiciones me parecen absurdas porque la primera guerra mundial no fue una guerra justa. Fue una salvaje masacre industrial perpetrada por una pandilla de potencias imperiales depredadoras, enfrascadas en una lucha mortal por capturar y dividirse entre si territorios, mercados y recursos. Se trataba de frenar a Alemania que era la potencia industrial ascendente y el recién llegado colonial de la época, que buscaba su “lugar bajo el sol” frente a los imperios británico y francés. La guerra estalló directamente a partir de la lucha por la dominación imperial en los Balcanes, donde Austria-Hungría y Rusia se disputaban los despojos del desmoronado Imperio Otomano. Todas las élites gobernantes de Europa, unidas en alianzas inestables, compartían la responsabilidad por la barbarie asesina que organizaron. La idea de que Gran Bretaña y sus aliados estaban defendiendo la democracia liberal, y mucho menos el derecho internacional o los derechos de las naciones pequeñas, es simplemente absurda.

Solo hay que recordar que al 40% de todos los hombres y a todas las mujeres, se les negaba el voto en Gran Bretaña, mientras que en Alemania tenían el sufragio universal. Cada uno de los principales estados beligerantes estaba involucrado en la violenta supresión de los derechos de las naciones a lo largo de las tiranías racistas que eran sus imperios coloniales, aquí entra también España, que en 1914 ya estaba involucrada en una guerra de baja intensidad contra las cabilas bereberes en el Marruecos español. En las décadas previas a 1914, alrededor de 30 millones de personas murieron de hambre en la India mientras los funcionarios coloniales ingleses imponían la exportación de alimentos, masacraban a los opositores por decenas de miles y establecían campos de concentración en Sudáfrica, los primeros, por cierto, donde recluir a los bóeres.

Se suponía que Gran Bretaña había ido a la guerra para defender la neutralidad de la “valiente pequeña Bélgica”, que a su vez había causado la muerte de 10 millones de congoleños a causa del trabajo forzado y el asesinato en masa en las décadas anteriores. Los colonialistas alemanes, no mejores, habían llevado a cabo un genocidio sistemático en lo que hoy es Namibia en el mismo período. En cuanto al derecho internacional, la desconsideración de Gran Bretaña por él se demostró cuando Alemania preguntó con qué derecho reclamaba territorio en África unos años antes. Londres se negó a responder. La respuesta era obvia: la fuerza bruta. Esta era el orden mundial “liberal” por el cual se sacrificaron las vidas de millones de jóvenes en el mundo. Y, al finalizar la guerra, Gran Bretaña y Francia se repartieron los imperios derrotados de Alemania y el Imperio Otomano entre ellos, desde Palestina hasta Camerún, sin preocuparse por los derechos de las naciones pequeñas, sentando así las bases para futuros desastres, uno de los cuales estamos viendo en nuestros días.

En esta guerra que hoy enfrenta a Rusia y Ucrania nos vamos metiendo poco a poco. Dejamos de lado la neutralidad, que ha mantenido a Suecia fuera de las contiendas en 200 años, y nos abrazamos a la OTAN, como a un salvavidas, y por mas inri, nos niegan la entrada a esta institución porque uno de sus miembros, Turquía, nos acusa de tomar partido por los kurdos, y por tanto apoyar, lo que ellos llaman terrorismo. Estamos pues por el momento en una tierra de nadie, confiados en la palabra de Biden, que promete ayuda, si el país fuese atacado por Rusia, aún estando fuera de la OTAN. Mientras tanto, los negocios de armas van muy bien. Las acciones de las industrias suecas que fabrican todo tipo de material bélico o necesario para la guerra están subiendo como nunca. Hay muchos nuevos millonarios, business as usual.

Bueno, pues, ¿cuál será la noticia que leamos en los periódicos mañana? No lo sabe nadie, ni siquiera los más poderosos políticos de todo el mundo lo saben. Si tenemos mala suerte, nos podemos atragantar el desayuno leyendo que ha estallado una nueva guerra en Europa. ¿Qué haremos entonces? ¿Qué hará Suecia o España en ese caso? Prefiero pensar que todavía hay tiempo para dar marcha atrás, para encontrar soluciones pacíficas a nuestros conflictos, que emplearemos nuestra ciencia para mejorar la vida de todos en este planeta, que mis nietos vivirán en un mundo más justo y más equitativo que el actual. Así sea. Abajo el diario El Pueblo Cántabro del 29 de junio de 1914 con la noticia del atentado y muerte del archiduque y su esposa. https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2001008314

Quincuagésimo paseo. La belleza mortífera de las altas presiones atmosféricas en invierno.

Ayer hizo un día de esos espléndidos días de invierno, sin viento, un cielo azul radiante y bastante frío; un día de postal. Así, bien abrigado, andando despacito por los caminos de nieve helada, me puse a pensar en una conferencia que di hace ya bastantes años, en noviembre de 2019 concretamente, en la Sociedad Científica de Mérida. La conferencia llevaba el título «LA HISTORIA DE LA CONCIENCIA MEDIOAMBIENTAL, DESDE LA BALADA DEL HUMO DE GRESHAM COLLEGE HASTA GRETA THUNBERG». Eran días prepandémicos y la cuestión más debatida era el despertar de la conciencia medioambiental, impulsada por la certeza científica de un cambio climático extremo, que podía dar al traste, en el peor de los casos, con todos los progresos de la humanidad hasta la fecha. La figura de la pequeña y aparentemente frágil adolescente sueca, la joven Greta Thunberg, representaba en aquel momento el despertar de la conciencia medioambiental; poniendo en jaque a los líderes mundiales, reclamando acciones que pudieran frenar el cambio climático en la medida que este era producto de las actividades económicas de los humanos.

Quería yo mostrar que ese despertar había tenido lugar mucho antes, en el siglo XVII, aunque podría encontrar testimonios aún más antiguos de avisos y advertencias que daban testimonio de como el hombre, con sus actividades, iba deteriorando su propio hábitat, hasta llegar a la situación en la que nos encontramos hoy. No será porque no nos lo han advertido. Lo hicieron los de Gresham College (1663), medio en serio medio en broma, inspirados por uno de los fundadores de la Royal Society, John Evelyn, que, en un panfleto dedicado al rey inglés Carlos II, Fumifugium (1661), expone la notoria polución del aire en la ciudad de Londres y propone diferentes maneras de como mejorarlo, para hacer de la ciudad un lugar saludable y ameno para vivir y, muy importante también, para asegurar el progreso económico y moral de la sociedad. Leyendo a John Evelyn obtenemos una imagen verídica de la gran ciudad de Londres, que el presenta como una urbe casi perfecta para a continuación describir en pocas palabras los problemas que hacen a esta ciudad francamente inhabitable. Leamos sus argumentos: “Pero inferiré que si esta hermosa ciudad reclama justamente lo que le corresponde y merece todo lo que se pueda decir para reforzar sus elogios y darle título, debe ser liberada de aquello que la hace menos saludable, la ofende realmente, y que oscurece y eclipsa todas sus demás atribuciones. Y ¿qué es todo esto sino esa nubosa y funesta nube de carbón de mar (carbón mineral a diferencia de carbón vegetal)? que no solo está perpetuamente inminente sobre su cabeza. Como dijo el poeta (Virgilio, Eneida:

Conditur in tenebris altum caligine Cœlum: “Se oculta en las tinieblas el cielo alto con espeso velo.”

pero tan universalmente mezclado con el de otro modo saludable y excelente aire, que sus habitantes no respiran más que una niebla impura y espesa acompañada de un vapor hollínico y sucio, que los hace susceptibles de mil inconvenientes, corrompiendo los pulmones y alterando todo el hábito de sus cuerpos; de manera que los resfriados, las fiebres pulmonares, la tos y las afecciones pulmonares se desatan más en esta sola ciudad que en toda la Tierra

Aquí no me extenderé mucho sobre la naturaleza de los humos y otras exhalaciones de las cosas quemadas, que han obtenido sus distintivos epítetos según la calidad de la materia consumida, porque generalmente se considera que son perjudiciales y perjudiciales para la salud, y no quiero que se piense que aquí estoy vendiendo humo, como se dice, o ensuciando el papel con observaciones insignificantes: Sin embargo, no fue tal vez una derivación inepta de aquel crítico que tomó nuestro apelativo inglés, o más bien, sajón, de la palabra griega “καίω” (quemar) y “ἐκφυγή” (corromper), como algo más adecuado a sus efectos destructivos, especialmente de lo que aquí tanto declamamos en contra; ya que esto es cierto, que de todos los materiales comunes y familiares que emiten humo, el uso inmoderado y la indulgencia hacia ellos.

El carbón de mar solo en la Ciudad de Londres la expone a una de las inconveniencias y reproches más desagradables que pueden ocurrir a una ciudad tan noble y, por lo demás, incomparable. Y esto no proviene de los fuegos culinarios, que, al ser débiles y alimentados con menos frecuencia, se disipan y dispersan con tanta facilidad hacia arriba que apenas son discernibles, sino de algunos pocos túneles y salidas particulares, pertenecientes solo a cerveceros, tintoreros, productores de cal, sal y jabón, y algunos otros oficios privados. El respiradero de uno solo de ellos infecta evidentemente el aire más que todas las chimeneas de Londres juntas. Y que esto no es la menor hipérbole, que el mejor de los jueces lo decida, que considero que son nuestros sentidos: mientras estos están expulsando por sus negras bocas, la Ciudad de Londres se asemeja más al rostro del Monte Etna, la corte de Vulcano, Stromboli o los suburbios del infierno que a una asamblea de criaturas racionales y la sede imperial de nuestro incomparable monarca. Porque cuando en todos los demás lugares el aire es más sereno y puro, aquí está eclipsado por una nube de azufre tan densa que el propio sol, que ilumina el día en todo el mundo, apenas puede penetrar y difundirlo aquí; y el viajero cansado, a muchas millas de distancia, huele la ciudad a la que se dirige antes de verla. Este es el humo pernicioso que ensucia toda su gloria, superponiendo una costra o capa de hollín en todo lo que toca, arruinando los objetos móviles, empañando la vajilla, dorados y muebles, y corroyendo incluso las barras de hierro y las piedras más duras con esos espíritus penetrantes y acreedores que acompañan su azufre; y ejecutando más en un año, expuesto al aire puro del campo, de lo que podría lograr en varios cientos.”

Como podemos ver, el autor comprende que la polución del aire no se debe en primer lugar a las cocinas particulares, sino a las fábricas y manufacturas de todo tipo, que hacen de la ciudad un centro económico. Por tanto, John Evelyn propone que toda producción contaminante se saque de la ciudad y se lleve a una prudente distancia del Támesis. Es una propuesta clara, que no solamente expone la deplorable situación en que se encontraba la ciudad en aquel momento, sino que ofrece soluciones claras:

“Pero el remedio que propongo no tiene nada de esta dificultad, requiriendo solo el traslado de tales oficios, que son manifiestamente molestias para la ciudad, y que, preferiblemente, quisiera ver ubicados a distancias mayores; especialmente aquellos que en sus trabajos y hornos utilizan grandes cantidades de carbón marino, la única y verdadera causa de esas prodigiosas nubes de humo que tan universal y fatalmente infestan el aire, y que no serían permitidas en ninguna ciudad de Europa donde las personas tuvieran respeto por la salud o el adorno. Tales oficios son los cerveceros, tintoreros, fabricantes de jabón y sal, calcinadores de cal y otros similares: afirmo que estos, junto con algunos pocos más de la misma clase, retirados a una distancia adecuada, producirían una cura tan considerable (aunque solo parcial), que las personas se sentirían como si estuvieran respirando una nueva vida, al igual que Londres parecería una ciudad nueva, liberada de eso que la convierte en uno de los lugares más perniciosos e insoportables del mundo, al someter a sus habitantes a un aire tan infame.”

Desgraciadamente Carlos II no parece haber leído este panfleto a él dedicado con la debida atención. Tampoco fue algo que el parlamento tuviese ganas de implementar. De hecho, los estudiantes y académicos que compusieron la famosa balada de Gresham se burlan un poco de John Evelyn:

“Para adivinar por el mérito de cada uno,

lee un libro llamado Fumifugiam.

Su autor tiene un espíritu público

y sin duda también una cabeza astuta.

Debe ser más que John un Roble

quien escribe tan eruditamente sobre el humo.

Él muestra que es el humo del carbón de mar

que siempre envuelve a Londres,

que ahoga nuestros pulmones y espíritus,

arruina nuestras prendas colgantes y oxida nuestro hierro.

Que nadie se burle de Fumifuge

quien escuchó en la iglesia nuestra tos de los domingos.

Para mejorar el aire

tanto para nuestros pulmones como para nuestras narices,

se preocupa por plantar los campos

con cedro, enebro y rosas,

que, convertidos en árboles, se entiende,

en lugar de carbón, quemaremos madera.”

Un siglo más tarde, ya en plena revolución industrial, la situación medioambiental era aún peor. Y dos siglos más tarde, ya en el siglo XIX, la polución se veía como algo tan natural, que se usaba como símbolo de la ciudad, plasmado en postales mostrando chimeneas de fábricas emitiendo gases tóxicos, que, paradoxalmente se consideraban buenos para la salud, porque alejaban las “miasmas” que se creía portaban enfermedades.

La combustión de carbón y petróleo fue aumentando exponencialmente hasta que un día, concretamente el día 5 de diciembre de 1952, la situación en que Londres se encontraba desde hace siglos, se hizo patente de una forma contundente. Fue el día en que comenzó la llamada Gran Niebla de Londres (The Great Smog of London). Esta niebla densa y amarilla, que ocultaba el sol y hacia imposible la visión a más de diez metros duró cuatro días, pero durante ese tiempo colapsó la ciudad, cerro escuelas, cines, universidades, tiendas. El tráfico quedó bloqueado y los hospitales llenos hasta los topes de gente de todas las edades con problemas respiratorios. En medio de la catástrofe no se podía calcular el número de víctimas, pero poco más tarde, ya con las estadísticas en la mano, se pudo calcular que durante esos 4-5 días habían fallecido aproximadamente 12000 personas, una mortandad superior a la media esperada en esas fechas. También se pudo ver más tarde que las victimas estaban repartidas entre todas las edades, contra lo que se creía al principio, que serían personas de edad muy avanzada, las que hubieran sucumbido a la Gran Niebla.

Cuesta trabajo comprender cómo pudo ser posible que la sociedad inglesa no reaccionase inmediatamente a esta catástrofe. Tampoco se comprende que no se hubiesen apreciado los primeros avisos de que algo así podría ocurrir. El primer aviso fue en Bélgica ya en el 1930, La Niebla en el Valle del Mosa, entre el 1 y el 5 de diciembre provocó la muerte de 68 personas con 3000 personas que presentaban problemas respiratorios.debido a una combinación de contaminación industrial y una inversión meteorológica localizada, exactamente las mismas causas que las que se dieron en Londres 22 años más tarde. En el valle del Mosa ya había ocurrido algo similar en 1911, pero al parecer, solamente causo la muerte de animales domésticos, vacas etc. Es curioso que, analizando las consecuencias del incidente, se viniera a decir: “imagínense lo que esto hubiese supuesto en caso de ocurrir en una gran ciudad, como Londres. Se calcula que allí, en iguales circunstancias, podían haber muerto hasta 3200 personas”. Ahora sabemos que se quedaron cortos. El segundo aviso fue en Donora, Pensilvania (EEUU), La Niebla tóxica de Donora, que entre el 27 y el 31 de agosto de 1948 costó la vida a 20 personas, entre una población de 14000 habitantes, pero que causo serios problemas respiratorios a más de 6000 personas.

La reacción de los políticos fue altamente cínica. El conservador Harold MacMillan, entonces ministro de vivienda y medio ambiente, que llegaría a primer ministro en 1957, se expresó de esta manera en su grupo parlamentario: “Sugiero que formemos un comité. No podemos hacer mucho, pero podemos parecer muy ocupados, y eso es la mitad de la batalla en estos días.” Y, en declaraciones a la prensa recalcó la importancia de no poner obstáculos a la industria: (tenemos) “Un enorme número de amplias consideraciones económicas que deben tenerse en cuenta.” Y en realidad MacMillan tenía bastante razón en sus afirmaciones. Gran Bretaña estaba lidiando los problemas de la posguerra, arruinada económicamente, con una deuda aplastante a los Estados Unidos, obligada a exportar todo lo que tenía y podía, y era carbón lo que más tenía. El de buena calidad se exportaba como compensación a Estados Unidos y el de peor calidad, el que más polución producía, se quedaba en Inglaterra, y con el se calentaban y funcionaban sus industrias. Había que mantener la producción aún a costa del deterioro del medio ambiente.

Pero, aquí viene la conexión española en toda esta cuestión. Un colega de partido de Harold MacMillan, el judío sefardí Gerard Nunes Nabarro, miembro del parlamento inglés por Kidderminster en  Worcestershire, perteneciente a la más extrema derecha del partido, de ideas que hoy nos parecerían imposibles de expresar, se alzaría como el mayor defensor del medio ambiente y, tras mucho empeño y un trabajo febril, conseguiría que se promulgase la ley llamada The Clean Air Act (ley del aire limpio) en 1956. Esta ley introdujo una serie de medidas para reducir la contaminación del aire. Entre las más importantes se encontraba el progresivo y obligatorio cambio hacia combustibles sin humo, especialmente en las “áreas de control de humo” con alta población, con el fin de reducir la contaminación por humo y dióxido de azufre proveniente de la combustión de carbón en fábricas y hogares. La ley también incluía medidas que reducían la emisión de gases, partículas y polvo provenientes de chimeneas y conductos de humo. La ley fue un hito significativo en el desarrollo de un marco legal para proteger el medio ambiente. Fue modificada por leyes posteriores, incluida la Ley de Aire Limpio de 1968, pero a Nabarro hay que darle el crédito que se merece en promover la primera ley del aire limpio. No se queda solo en eso, la influencia del que sería nombrado Knight Bachelor, Sir Gerard, en 1963, por los servicios prestados a la nación. La Ley de Aislamiento Térmico (Edificios Industriales) de 1957, Ley de Estándares para Quemadores de petróleo de 1960, y la introducción de advertencias en los paquetes de cigarrillos en 1971, llevan también su nombre como principal promotor.

Y un día como el de ayer recuerdo todos esos acontecimientos y me pongo a pensar, ¿qué sería necesario para movilizar nuestros gobiernos para lograr parar el proceso de calentamiento climático? ¿Sería necesario un verano con temperaturas medias de 40 grados, aquí en Suecia? ¿Reaccionaria el gobierno español si los pantanos del norte de España se secasen completamente? ¿Por qué es tan difícil escarmentar en piel ajena?, me pregunto yo. ¿Es que no vemos lo que está ocurriendo en
África? ¿Cuántos millones de africanos tendrán que dejar sus tierras para venirse a Europa, por culpa del cambio climático? ¿Cuántas zonas costeras deberán quedar inundadas en los países más poblados del mundo para que comprendamos? Creo que vamos a necesitar un Nabarro. No hay que esperar mucho de los “progresistas” porque de ahí no viene nada que pueda irritar a los sindicatos, tampoco debemos confiar la protección de los intereses de todos a los “verdes” porque sus soluciones no tienen en cuenta la realidad económica. Quizás necesitamos a alguien que esté dispuesto a presentar proyectos realizables, regulaciones necesarias, aunque sean incomodas y poco populares. Ante lo que nos viene necesitamos valor y arrojo. ¿Quién será nuestro próximo Nabarro? Para terminar y para los amantes del humor inglés, contaré que, la figura un tanto extravagante de Nabarro llevó a que su imagen fuera frecuentemente utilizada por el equipo de Monty Python. Abajo una vista de Malmö, ayer a 13 bajo cero, cielo azul. Una foto tomada durante la Gran Niebla de Londres y por último una fotografía de Sir Gerard Nunes Nabarro en 1962, a la edad de 39 años.

Paseo cuadragésimo noveno. Eudaimonia (εὐδαιμονία)

Acaban de pasar lo Reyes Magos por casa. Ahora son solo los nietos, o, mejor dicho, principalmente los nietos, los que sienten una emoción especial esperando la llegada de sus majestades. Yo recuerdo esas noches de Reyes cuando, tras ver pasar la cabalgata, iba a casa a esperar el milagro de todos los años, regalos sobre mis zapatos, cuidadosamente puestos junto al balcón. Esa ilusión de recibir regalos, se ha ido disipando con los años. Ya no me pido nada, simplemente espero la fiesta y la compañía de los míos, y sigo fomentando la ilusión en los pequeños que van tomando el relevo generacional. Pero, recordando esas noches de Reyes, evoco aquella sensación, que yo entonces consideraba era felicidad.

La felicidad es algo que todos buscamos, pero, ¿en qué consiste la felicidad? No es fácil describir la felicidad y me sería difícil decir cual fue la última vez que me sentí feliz. Quizás sea la ausencia de tristezas lo que denominamos felicidad, vivir sin dolores, sin penas, sin miedos. En sueco se dice “Hälsan tiger still” (la salud está callada) y a veces “Lyckan tiger still” (La felicidad esta callada). En los dos casos se quiere decir que ni la salud ni la felicidad se dan a notar, las tomamos como algo obvio, que no se nota hasta que la enfermedad o la pena rompe nuestro estado de felicidad.

Ya metidos en enero, comienza ya la próxima semana mi función como político. La esencia de la política, su razón de ser, debería ser asegurar la felicidad de los ciudadanos. Todos nuestros esfuerzos como políticos deberían, pienso yo, llevarnos a trabajar con el fin de proporcionar la mayor felicidad posible y evitar en lo viable todo tipo de dolor o infelicidad. Mientras escribo esto pienso que me estoy portando como cuando era niño; les pido cosas a los Reyes. Pero la historia nos proporciona algunos ejemplos de políticos que alguna vez pensaron como yo.

Podemos comenzar con Aristóteles, que en sus obras “Ética a Nicómaco” y “Política”, consideraba que el objetivo de la política era promover la felicidad (eudaimonia) de los ciudadanos. Para él, la virtud y la participación en la vida política eran fundamentales para alcanzar la felicidad. Esa eudaimonia se diferencia un poco de la mera felicidad, ya que describe una situación estable y objetiva, contra la subjetividad que el término felicidad contiene.

También John Locke, en su obra “Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil”, argumenta que el propósito del gobierno es proteger los derechos naturales de los individuos, que incluyen la vida, la libertad y la propiedad, con el fin de asegurar la búsqueda de la felicidad. La libertad de buscar la felicidad; libertad y felicidad puestas ahí, juntas e inseparables. Sin libertad no puede haber felicidad.

Esta búsqueda de la felicidad es la razón que Thomas Jefferson, incluyó como uno de los derechos inalienables en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Jeremy Bentham sostuvo de igual manera que la acción política y social debería orientarse hacia la maximización de la felicidad general. Su principio de la utilidad abogaba por tomar decisiones que maximizaran el bienestar general. Al igual que Bentham, John Stuart Mill fue un defensor del utilitarismo y argumentó que los gobiernos deberían buscar el mayor bienestar para el mayor número de personas y que la libertad individual era esencial para la consecución de la felicidad. Veremos como esas teorías han calado, o no, en las sociedades actuales.

Yo diría que ha habido movimientos políticos que han resaltado la felicidad de los ciudadanos llamándolo bienestar. El bienestarismo es una perspectiva ética y política que sostiene que la promoción del bienestar y la felicidad de los individuos debe ser el objetivo central de la ética y la política. El ejemplo más claro son los partidos y movimientos socialdemócratas, especialmente en Europa, que han abogado por políticas que combinan la economía de mercado con un fuerte estado de bienestar. Estos partidos buscaron promover la equidad social, la justicia y el bienestar de los ciudadanos a través de medidas como la seguridad social, la educación y la atención médica universal. La diferencia más relevante entre la política socialdemócrata y los movimientos liberales radica en la forma de alcanzar el bienestar, el primero por medio de soluciones colectivas, el segundo por medio de la actuación libre del individuo.

El problema de la socialdemocracia es que, buscando el bienestar general, promueve e implementa reformas colectivas, un traje para todas las tallas, que a unos les viene grande y a otros les queda pequeño. Los socialdemócratas tienden también a apropiarse del término “progresismo”, autodenominándose progresistas y tildando a otros, sin razón, de reaccionarios. El progresismo es en sí una corriente de pensamiento político y social que aboga por el avance, cambio y mejora progresiva en diversos aspectos de la sociedad. Este enfoque político suele respaldar reformas y medidas que buscan el progreso social, económico, político y cultural. Por tanto, los progresistas abogan por cambios positivos y reformas en las instituciones y políticas existentes para mejorar la sociedad. Esto incluye reformas en áreas como la educación, la salud, la justicia social y la economía.

Concretamente, en Europa, es difícil encontrar, fuera de la más extrema derecha (o izquierda), partidos que no presenten políticas de mejora en todas las áreas citadas. La indebida apropiación del progresismo llega a crispar la política de una forma que no garantiza la sostenibilidad del sistema. Pensando la sociedad como una lucha de intereses de clase se pierde la idea de la ciudadanía como una colectividad formada por individuos libres que, sin coacción alguna, más que las justas para proteger los derechos fundamentales de todos, buscan alcanzar la felicidad. Aquí llegamos hasta el único ejemplo claro de un gobierno que ha querido implementar el principio de la felicidad como principal objetivo del gobierno. Ese país no es otro que Bután, que ha acuñado la medida Felicidad Nacional Bruta.

El cuarto rey de Bután, el rey Jigme Singye Wangchuck, afirmó a finales de la década de 1970: “La Felicidad Nacional Bruta es más importante que el Producto Interno Bruto”. El concepto implica que el desarrollo sostenible debería adoptar un enfoque holístico hacia las nociones de progreso y dar igual importancia a los aspectos no económicos del bienestar y la felicidad. Desde entonces, la idea de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) ha influido en la política de desarrollo de Bután y también ha cautivado la imaginación de personas más allá de sus fronteras. Al crear el Índice de la Felicidad Nacional Bruta, Bután buscó desarrollar una herramienta de medición útil para la toma de decisiones políticas y generar incentivos para que el gobierno, las ONG y las empresas de Bután aumenten el bienestar y la felicidad en la sociedad.

El Índice de la FNB incluye tanto áreas tradicionales de preocupación socioeconómica, como niveles de vida, salud y educación, como aspectos menos tradicionales de cultura, vitalidad comunitaria y bienestar psicológico. Es un reflejo holístico del bienestar general de la población de Bután en lugar de una clasificación psicológica subjetiva de ‘felicidad’ sola.

El marco incluye nueve dominios constituyentes de la FNB. Estos son bienestar psicológico, salud, uso del tiempo y equilibrio, educación, diversidad cultural y resiliencia, buena gobernanza, vitalidad comunitaria, diversidad y resiliencia ecológica, y nivel de vida. Los nueve dominios incluyen 33 condiciones de la FNB expresadas como indicadores. Los indicadores y dominios buscan enfatizar diferentes aspectos del bienestar y florecimiento humano, y diferentes formas de satisfacer las necesidades humanas subyacentes.

El Índice de la FNB identifica cuatro grupos de personas: infelices, deficientemente felices, extensamente felices y profundamente felices. El análisis explora la felicidad que las personas ya experimentan, para luego enfocarse en cómo las políticas pueden aumentar la felicidad y la suficiencia entre las personas infelices y estrechamente felices. El Índice de la FNB agrega la proporción de personas felices, más la proporción de personas aún no felices multiplicada por los niveles promedio de suficiencia de las personas aún no felices. Así, el Índice captura la tasa de mejora tanto en las personas felices como en las personas aún no felices.

En 2011, la ONU adoptó por unanimidad una resolución de la Asamblea General, presentada por Bután con el respaldo de 68 estados miembros, que instaba a un “enfoque holístico para el desarrollo” con el objetivo de promover la felicidad sostenible y el bienestar. Esto fue seguido en abril de 2012 por una Reunión de Alto Nivel de la ONU sobre “Felicidad y Bienestar: Definir un Nuevo Paradigma Económico”, diseñada para reunir a líderes mundiales, expertos, la sociedad civil y líderes espirituales con el fin de desarrollar un nuevo paradigma económico basado en la sostenibilidad y el bienestar. Esto se basó en el trabajo pionero del Gobierno de Bután para desarrollar el Índice de la FNB. De esto, queridos amigos lectores, no se oye nada, con el ruido de fondo de los cañones, bombarderos y drones, queda todo sumido en “la búsqueda de la seguridad nacional” y se dejan de lado todas las ambiciones para lograr la autentica felicidad de los ciudadanos. ¿Por qué será?

Si queréis profundizar en la cuestión de la felicidad nacional os recomiendo que entréis en https://www.grossnationalhappiness.com/

https://ophi.org.uk/ophi-research-in-progress-37a/
https://www.ophi.org.uk/wp-content/uploads/Ura-Kuensel-article.pdf

Paseo cuadragésimo octavo. Espadas con poderes y el Santo Grial.

Hoy hace un día precioso con sol y una luz diáfana que da gusto salir. La nieve luce blanca y los capullos de escaramujo lucen rojos a un metro de mi ventana. Hoy no puedo salir a caminar y mi paseo se reduce a recuerdos y memorias. Me he puesto a pensar que todos los pueblos tienen un héroe histórico al que se le atribuyen propiedades y virtudes. Aquí en Suecia tenemos la figura de Engelbrekt Engelbrektsson, un líder rebelde sueco del siglo XV, conocido por liderar una revuelta contra la Unión de Kalmar y la opresión danesa. En Suiza tienen a su Guillermo Tell. Las figuras de Guillermo Tell y Engelbrekt Engelbrektsson pertenecen a contextos históricos y geográficos diferentes, pero ambos están asociados con la lucha por la libertad y la resistencia contra la opresión. En Francia tenemos a Juana de Arco, la heroína que lideró a las fuerzas francesas durante la Guerra de los Cien Años. En Inglaterra encontramos Robin Hood, el famoso bandido que robaba a los ricos para dar a los pobres.

Si bien estos personajes tienen una posible raíz histórica, más o menos evidenciada, han sido sin duda mitificados por historiadores, literatos y políticos, que han utilizado su arraigo popular como movilizadores de masas. En el caso de Dinamarca, tenemos un autentico mito, utilizable en cualquier momento histórico, Holger Danske, (Ogier el Danés en español) que es un personaje legendario de la mitología danesa y nórdica. Se le conoce como un héroe que, según la leyenda, duerme en un profundo sueño en el sótano de Kronborg, un castillo en Helsingør, Dinamarca. La leyenda de Holger Danske está asociada con la defensa de Dinamarca y se dice que despertará en el momento de mayor necesidad para proteger al país.

La historia de Holger Danske tiene diversas versiones, pero en general, se le presenta como un guerrero legendario que ha jurado defender a Dinamarca de los enemigos. Según la leyenda, Holger Danske fue un caballero que luchó en la corte del emperador Carlomagno en Francia y más tarde regresó a Dinamarca. A Ogier el Danés se le atribuye una espada de nombre Cortana, igual que la espada ceremonial de punta roma, que se usa en la coronación de los reyes ingleses, y que también se le atribuye al legendario Tristán. En el filo de la espada de Ogier se podía leer esta inscripción: Mi nombre es Cortana, del mismo acero y temple que la Joyosa y Durandarte. La Joyosa (en francés: Joyeuse) fue la espada perteneciente a Carlomagno, según el Cantar de Roldán, y Durandarte, del sobrino de Carlomagno, el propio Roldán.

A la Tizona o Tizón del Cid Campeador (Rodrigo Díaz de Vivar) la pude ver en el Museo del Ejército, en Madrid, pero el que la quiera ver ahora tendrá que ir a Burgos.  El Cid Campeador es el héroe nacional español. Curiosamente es un héroe cristiano que no tenía ningún escrúpulo en poner su espada al servicio de reyes musulmanes en la península, como tampoco lo tenían otros nobles castellanos, catalanes, leoneses o navarros. Pero a este Cid, personaje real e histórico, se le conceden atributos varios, no sólo como guerrero, sino también como santo y como garantizador y luchador por la legitimidad. Lo de santo, lo inventaron los monjes de Cardeña, monasterio donde se le dio una primera sepultura y que comprendía todo lo bueno que podía traer consigo una canonización del guerrero, a nivel económico y como seguridad en sus propiedades. Su fama como defensor de la legalidad contra el poder de la fuerza está en su exigencia al rey Alfonso VI, para que jurase en Santa Gadea que “no había tenido arte ni parte en la muerte de su hermano”.  En 1518, el procurador burgalés doctor Zumel pidió al emperador Carlos que prestara juramento, en las cortes de Valladolid, de guardar los derechos y libertades de Castilla y no entregar oficios ni beneficios a extranjeros. No faltaron quienes vieron, en este acto del burgalés, una rememoración del episodio cidiano de Santa Gadea. Esta petición o exigencia de juramento, sería el pistoletazo de salida a una guerra civil, La de las Comunidades de Castilla, 1520-1522. Vemos aquí una gran similitud con los acontecimientos que casi al mismo tiempo (1523) resultaron en la escisión de Suecia de la unión de Kalmar, por la que estaba ligada a Dinamarca. No es una casualidad, es una tendencia en la Europa del 1500, ese afán monárquico por aglutinar centralizando, todo el poder bajo la corona y la oposición que esto levantaba en antiguas élites locales. Suecia, liderada por Gustavo Vasa, logró liberarse del centralismo danés, Castilla sucumbió, como también lo hizo Navarra por los dos lados de los Pirineos.

En el este de Europa, en los Balcanes, la memoria de uno de esos héroes iniciaría en 1989 un proceso de exaltamiento nacional que culminaría con la guerra de los Balcanes y la siguiente partición de Yugoslavia. Fue en Kosovopolje (El prado de Kosovo) donde el presidente yugoslavo recurrió al recuerdo de una derrota sonada, la del serbio Lazar ante el ejército otomano en 1389, en la cual Miloš Obilić se destacó matando al líder otomano Murad I, y es por tanto, un héroe en los ojos de los serbios. Tampoco es único el aprovechar una derrota para exaltar el patriotismo o urgir al alzamiento nacional para la liberación de un territorio en concreto o legitimar ataques a territorios ajenos. Recordemos el 11 de septiembre, tanto en Cataluña (1714) o en EEUU (2001).

Siguiendo en el este de Europa encontramos los que los historiadores marxistas se empeñan en definir como la primera revolución campesina, liderada por Ivailo Bardakoba (el rábano), mote que le pusieron por ser campesino. Este hombre un tanto excéntrico, pero sin duda excepcional, consiguió llegar al trono búlgaro e imponerse a mongoles y bizantinos, al menos durante un corto tiempo, de 1278 a 1279. En la Bulgaria comunista se le tenía como un ejemplo de lucha de clases.

Todos estos héroes, los aquí descritos y muchos más que me he dejado en el tintero por no aburrir, han sido utilizados para fines, a veces muy negativos. Por ejemplo, los Le Pen, Jean-Marie y Marine, sucesivamente, han usado la figura de Juana de Arco como símbolo de la unidad etno-religiosa de Francia. Engelbrekt ha sido utilizado como un símbolo político nacional tanto por la extrema derecha como por los socialistas. Pero en la década de 1930, los socialistas suecos convirtieron a Engelbrekt en un símbolo antifascista sueco, especialmente contra la amenaza del nazismo alemán. Esto no impidió a las juventudes del partido de extrema derecha Sverigedemokraterna (Demócratas Suecos) denominados Ungsvenskarna (Los jóvenes suecos), adoptar el simbol de Engelbrekt Engelbrektsson, una ballesta estilizada, en el escudo de la organización.

Héroes “modernos”, con un significado parecido a estos legendarios símbolos, encontramos en las antiguas colonias emancipadas. En Venezuela se venera la memoria de Bolívar, dónde se exhibe la espada que Simón Bolívar usó en la Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, aunque al parecer, las características de la espada con el escudo de la Gran Colombia, la decoración vegetal y el gavilán superior en forma de voluta, indican que data de 1822. Las tres estrellas gravadas muestran que este sable fue elaborado para el uso de un general, como era el caso del Simón Bolívar. Este sable fue robado del museo donde se exhibe, Casa Museo Quinta de Bolívar, por el movimiento guerrillero M-19 en 1974 y llevada a Cuba, desde donde fue devuelta en 1991. La espada, que ahora se encuentra en el palacio presidencial, fue utilizada en 2022 para la instalación de Maduro como presidente.

José de San Martín es reconocido Argentina como El padre de la Patria y en Perú como Fundador de la Libertad. También tiene su espada, el sable curvo de San Martín, comprado en Londres en 1811 y usado en todas las batallas en las que participó. Se conserva en el Museo Histórico Nacional, lugar al que ha sido devuelto “el corvo” tras una convulsiva historia de robos y restituciones. Donado por San Martin al dictador Rosas, estuvo en posesión de la familia de este hasta 1890 que lo donó al museo Histórico donde estuvo exhibido durante casi siete décadas. En tiempos de la proscripción del peronismo, el sable fue robado en dos oportunidades por integrantes de la Resistencia Peronista, y fue recuperado en ambas ocasiones. Durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, la custodia del arma fue otorgada al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, y allí permaneció por 48 años hasta que, en el año 2015, con motivo de las celebraciones por un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, fue restituido al Museo Histórico Nacional. Hoy se exhibe acompañado de los sables de los generales Manuel Belgrano, Lucio N. Mansilla, José M. Zapiola, Gregorio de Las Heras, del coronel Manuel Dorrego, del almirante Guillermo Brown, y del brigadier General Juan Manuel de Rosas.

A George Washington parece que le eligieron como jefe de la sublevación porque era el único en la segunda reunión continental del congreso, reunido en Filadelfia, que vestía uniforme militar, a parte de ser un palmo más alto que el segundo en talla, medía 1,90 m, mucho para aquella época. En realidad, es que Washington era el único que contaba con una acreditada experiencia militar que junto a su condición de virginiano y por tanto ciudadano de la colonia más rica, imprescindible para que la rebelión tuviera éxito. Aquí no solo tenemos una espada, sino dos, una que se muestra en the Smithsonian’s National Museum of American History, que data de 1778 y que se asegura fue portada por Washington en la batalla de Yorktown y otra, más antigua, comprada por Washington en 1770 y usada en los días cruciales de 1776, durante el cruce del rio Delaware.

Esos sables, y las otras espadas medievales descritas arriba, tienen la misma función que las antiguas reliquias religiosas, venerados, expuestos y, a veces, robados, para sentir el poder de poseerlos. La espada o el sable son símbolos de poder y de violencia, pero fascina su presencia en nuestro tiempo, testigos de guerras y proclamaciones, sobrevivieron a aquellos a los que dieron prestancia y mando y, a veces, juegan un papel en los acontecimientos políticos de diferentes épocas. Parece como si estuviesen cargados de “mana”, palabra polinesia que describe la fuerza sobrenatural que un objeto puede poseer. Buscaban los científicos nazis infructuosamente un objeto, el sagrado Grial, que según Himmler daría a los nazis una fuerza irresistible. Himmler personalmente se embarcó en una misión fallida para encontrar el Santo Grial en 1940, visitando la abadía de Montserrat en Cataluña. Presumiblemente, fue guiado por la creencia de que Montserrat era la verdadera ‘Montsalvat’, ubicación del Grial en una ópera artúrica del compositor favorito de Hitler, Richard Wagner. Esta ópera, Parsifal, se basaba en un poema medieval alemán llamado Parzival, escrito por un caballero llamado Wolfram von Eschenbach. Este poema ya había sido una inspiración para otro buscador del Grial en el régimen nazi: Otto Rahn, que además buscaba el martillo de Thor. Abajo podéis ver una foto de Himmler en su visita a Motserrat.  Foto del Bundesarchiv publicada en National Geographic

Paseo cuadragésimo séptimo. La ampliación de los círculos vitales.

Gasolina

Tenía yo quince años recién cumplidos. Mi mundo era mi casa, mi barrio, mi instituto, mis amigos; un mundo que se podía transitar perfectamente a pie. Conocía los diferentes olores al pasar por las pescaderías, las panaderías, la tiendecilla del zapatero remendón que me daba clases de solfeo, el aroma de las ollas, cociendo en los fogones, el hedor de las alcantarillas, el tufo que salía envuelto en el aire, que subía de entre las rejillas de ventilación del metro y levantaba las faldas de las mujeres, si le pasaban por encima.  Familiares para mi eran las formas de los edificios, los semáforos, los carteles, los monumentos. Mis ojos sabían de la luz, en cada época del año; el esplendor de las mañanas de primavera, el ocra de las tardes de verano, el azul del cielo casi siempre, el gris plomizo de los contados días de lluvia, el azul oscuro de las noches de otoño. Como la palma de mi mano, reconocía yo cada recodo del camino, adivinando la escena que me esperaba a la vuelta de la esquina. Sabía por dónde ir los días de lluvia para evitar los charcos, me anticipaba a la corriente de aire que siempre me despeinaba en el mismo lugar. Contemplaba tranquilo el paso de la gente, mientras, el traqueteo de las tartanas, las bocinas de los coches, conducidos por hombres impacientes, las voces de los que se paraban a charlar con conocidos o los que ofrecían sus productos o sus servicios a viva voz, formaban un fondo sonoro perfectamente reconocible.

En ese pequeño mundo corrió mi existencia hasta ese día de enero, pero, a partir de entonces, todo cambió. Yo podría decir que, ese mundo que era el mío, se expandió casi sin darme cuenta, y todo simplemente porque decidí romper mi hucha y comprarme algo insólito, bueno, insólito para mí y para mis padres, que no se lo esperaban. -con el dinero de mi hucha me compre una moto. ¿Qué? – dijo mi madre, cuando se lo expliqué. Bueno, tampoco se lo expliqué, le pedí simplemente que me diese algo para cubrir mi moto, porque no quería dejarla en la calle sin protección. Desde un primer momento le tuve un cariño casi paternal a esta máquina de 49 centímetros cúbicos. Para que se me entienda, daré marcha atrás en mi relato. A las seis de la tarde del día trece de enero de 1966, me encontraba yo en la plaza del Conde del Valle de Súchil, en el barrio de Arapiles del distrito de Chamberí. Yo no sabía entonces que esta plaza estaba construida sobre lo que antiguamente, durante los años 1804 y 1884, fue el cementerio General del Norte. Si lo hubiera sabido, no me hubiese importado, porque yo iba allí por algo importante.

En realidad, debo explicar algo sobre esa plaza, porque ha sido importante para mi de muchas maneras. De muy pequeño, apenas me atreví a cruzar la calle de San Bernardo junto con unos amigos de la escuela, más aguerridos que yo, fue para jugar en las obras de la plaza. Corrían finales de los años cincuenta. Recuerdo esas obras que formaban una especie de trincheras con abundante munición en forma de pequeñas piedras y trozos de ladrillo, y en ellas formábamos unas escaramuzas bélicas de mucho cuidado. Tirábamos piedras a modo de granadas de mano o disparábamos chinas con tirachinas hechos por nosotros mismos y guardados secretamente, para que no fuesen confiscados por los padres o los profesores. Este juego tenía su peligro y a más de uno nos produjo chichones o descalabraduras que, si presentaban muy mala pinta, tenían que ser tratadas en el ambulatorio de Alberto Aguilera.  Sonrío ahora, mientras escribo, porque mucho más tarde, a esta misma plaza, he venido para nutrir mi biblioteca de libros comprados en la librería Marcial Pons, lo que son las cosas.

Volvamos a aquel 13 de enero. Yo estoy esperando a un chico, amigo de un amigo, que nunca he visto con anterioridad. El vive en la plaza, pero no sé exactamente en qué edificio. En el bolsillo llevo dieciocho billetes de cien pesetas, el precio convenido. Como ropa de abrigo llevo mi chaquetón azul marino, que me compré en las rebajas de enero del Corte Inglés y unos guantes grises de lana. Ni que decir tiene que ni siquiera me ha pasado por la cabeza la posibilidad de pedir prestado un casco protector. De repente, veo una moto que baja de Arapiles en mi dirección, llevada por un chico un poco mayor que yo, de unos 15 o 16 años, supongo. El equipaje se detiene junto al bordillo, a mi lado. Yo solo tengo ojos para la moto. Es roja, como casi todas las Derbi 49 cc, con una franja blanca a los lados del depósito. El chico habla rápido y me muestra como funciona todo; los frenos, el pedal de arranque, el embrague. Me da unos consejos sobre como tratar el acelerador al arrancar y muchas cosas más, que yo oigo, pero apenas entiendo. De mecánica no tengo yo ni idea. Lo que quiero es subirme y “volar”. Al fin me da instrucciones para la prueba y me subo a la moto, que está en marcha, embrago, introduzco la primera y desembrago algo brusco, pero la maquinita me perdona y echa a rodar, conmigo encima. Perfilamos Arapiles, tuerzo a la derecha y me encuentro por primera vez metido dentro de ese río caudaloso que es el trafico de la tarde. Acelero y voy metiendo los cambios sin problema – rediez- pienso – he nacido para motero-. Al frente encuentro mi primer semáforo en rojo y empiezo a frenar, freno, pero se me cala la moto y tengo que intentar ponerla en marcha, antes de que el semáforo se ponga verde. Tengo un camión detrás y coches a los lados. Me bajo, saco el pedal del arranque y le doy dos pisotones seguidos, y la Derbi se pone en marcha. – ¡Qué alivio! – Ahora girar a la izquierda por San Bernardo arriba y directo hasta Quevedo. Girar en la plaza es un lio; la moto repiquetea entre mis piernas por efecto de los adoquines y yo voy dándole golpes de gas para que no se cale en medio de la plaza. Tengo que llevar el pie en el freno y las manos listas para apretar el embrague o el freno o las dos cosas a la vez. Me concentro y completo el giro. Voy camino de Fernando el Católico, me he propuesto llegar a mi academia por si hay alguien por allí que me pueda ver, algún profesor o el mismo portero. Necesito un testigo de mi hazaña, si puede ser una chica, mejor.

Por el rabillo del ojo veo a mi izquierda los billares. Está lleno de gente, tienen que verme, alguien tiene que mirar a la calle y decir: -Mira, por ahí va Martín en moto- Sería fenomenal. Mañana lo sabría toda la academia y yo estaría en el centro, el primer motero de la promoción, ahí es nada. De pronto la veo en frente de mí, va a cruzar la calle, Susi, con su melena larga, morena, y flequillo corto. Lleva un chaquetón negro con un vestido de cuello de cisne muy corto, cuya falda apenas llega a la rodilla, medias gruesas y botas altas. Al cruzar, mira con una mirada serena, neutral, para asegurarse de que no hay peligro, pero al reconocerme, su cara explota en una sonrisa ancha que se vuelve risa ruidosa. Me paro y le digo, – ¿te vienes a dar una vuelta? Ella me mira sonriente e indecisa. Sus claros ojos color miel, casi amarillos, sus cejas bien dibujadas, forman una interrogación, pero se acerca a mi y siento como se sujeta en mis hombros, mientras, arreglándose la minifalda, se monta a horcajadas buscando el apoyapié con sus zapatos de tacón. Siento como su peso se hace notar en la Derbi, miro fugazmente a mi izquierda y giro el acelerador, lo que no produce precisamente un acelerón, pero la moto echa a rodar poco a poco y pronto nos sumimos en el flujo del tráfico. Susi se sujeta primero en mis hombros, pero según vamos avanzando y voy cogiendo curvas, baja las manos hasta la cintura y se agarra con fuerza.

Hemos bajado hasta la Glorieta de San Bernardo y seguimos, calle de San Bernardo abajo. La calle en cuesta pronunciada, y dejo que la moto se deslice por la pendiente. Voy en paralelo con un taxi, nunca he ido tan rápido, pienso. En Noviciado, al final de la cuesta, se para el rio metálico, todo son luces rojas, los pilotos de los frenos de todos los vehículos que tengo delante, y freno. Freno pisando la palanca del freno de pie, y me doy cuenta que no responde de la misma forma que lo hacía antes, en el llano de la plaza de Quevedo, cuando iba yo solo en la moto. Seguimos deslizándonos a gran velocidad. Me aferro al freno de mano y logro reducir la velocidad lo suficiente para planificar por dónde me voy a meter cuando llegue a los coches parados, al autobús y a una vespa con sidecar que forman barrera ante nuestro equipaje. Susi me aprieta tanto que casi no me deja respirar, elijo meterme por la derecha, entre el bordillo y el autobús. Tengo el espacio justo para entrar con el manillar y consigo hacerlo, tocando levemente con el retrovisor izquierdo de la moto la carrocería del autobús. La varilla del retrovisor se dobla, el espejo salta  y los pedacitos caen sobre el asfalto y sobre la manga izquierda de mi abrigo. Un hombre vestido con un mono azul de mecánico me increpa: -¡Gilipollas! ¡Niñato! Yo ni le miro, voy concentrado en llegar al semáforo, que en ese momento cambia a verde y puedo acelerar, sin llegar a parar del todo, algo que no habría alcanzado a hacer si no llega a cambiar a verde en ese momento y, cualquiera sabe lo que hubiera podido suceder en ese caso, si alguien cruza la calle al tiempo, un niño, una señora mayor, un perro, ¡Qué sé yo! Yo sudo por dentro.

Vamos camino de la Gran Vía. Susi no ha comprendido bien la situación en la que estuvimos metidos, el peligro corrido. Ella sigue hablando y riendo. Ni siquiera se dio cuenta de la rotura del retrovisor. Los exabruptos del hombre del mono no sonaban raros, porque nuestra generación estaba muy acostumbrada ya a ser tratada de niñatos y malhechores, en el momento que estorbábamos lo más mínimo o que osábamos introducirnos en el mundo de los mayores. Giramos a la derecha en el cruce entre San Bernardo y la Gran Vía y bajamos hacia la Plaza de España. Ya voy acostumbrándome a como se comporta la moto con dos encima. Ya voy con más cuidado, tratando de anticiparme a lo que ocurre a mi alrededor. Echo de menos el retrovisor y me veo obligado a girar la cabeza continuamente cuando tengo que adelantar algún vehículo que para, un taxi que deja o recoge pasajeros, la furgoneta de un repartidor, un autobús.

En la Plaza de España paro en el semáforo y aprovecho para tratar de encender las luces, se ha hecho de noche. Por suerte, es una construcción sencilla y lo encuentro rápido, aún sin que el chico me hubiese mostrado cómo hacerlo. Ya con luces, tomamos la cuesta camino de la Moncloa. Ahora nuestro peso se hace sentir en la velocidad de la moto. Pero se ha portado bien. Apenas se ha calado una vez y por mi culpa. Los frenos funcionan, pero hay que planificar y saber cuando hay que empezar a frenar, no es lo mismo ir solo que llevar a una chica, que seguro pesa más que yo. Es enero, pero yo sudo como en verano, le grito a Susi que dónde quiere que la deje y ella me responde que en Arapiles, en su casa. El resto del camino voy con cuidado y llegamos a su portal sin problemas, como si no hubiese hecho otra cosa en mi vida que llevar Derbis por las calles de Madrid. Al bajar Susi se arregla la falda y antes de entrar al portal se vuelve hacia a mi y me dice –Hasta mañana, Martín- me ha gustado mucho el paseo-. Yo la veo entrar en el portal iluminado y prosigo mi marcha hacia la Plaza del Conde de Súchil, donde el dueño de la moto me estará esperando. Desde que me subí a la Derbi han pasado unos veinte minutos.

El me esperaba, cara preocupada o de fastidio o las dos cosas a la vez, pero su voz no parecía enojada. – Bueno, ¿qué te parece? – me dijo, y yo -Bien, me la quedo-. Hicimos el trato de manera rápida y supongo ilegal. El me dio los papeles de la moto y yo le di mis dieciocho billetes de cien, que el contó minuciosamente. Me dio una cadena y un candado con su llave y un recibo, que traía ya escrito de casa y yo le dije adiós y emprendí la marcha a casa, a vuelo de pájaro unos cien metros, poco más en moto. Había ya un par de motos aparcadas a unos metros de mi portal, en batería, y yo puse la mía de la misma forma. Eché el candado y me quedé mirando a mi primera máquina, la que abriría mi mundo en círculos cada vez más amplios. Ahora solo faltaba el detalle de contárselo a mis padres, completamente inconscientes de lo que había hecho yo durante esta media hora.

Tenía para pensar mi exposición de hechos cien escalones y mi cerebro trabajaba a un ritmo vertiginoso. Me paré ante la puerta de nuestro piso para componerme la ropa y aplacar un poco mi cabellera, ya bastante larga, que el viento había puesto en absoluto desorden. Al fin abrí la puerta y grité, quizás demasiado alto: -Mamá, ya estoy en casa- ¿tenemos por casualidad una lona en casa? – ¿Qué dices? – la voz venía de la cocina. -Una lona, mamá- Un pequeño silencio, durante el cual yo podía imaginar la cara de mi madre, los ojos entrecerrados, el ceño fruncido. -¿Para que quieres tú una lona, Martín?- Ahora soy yo el que infringe una pausa a nuestro diálogo. -mejor me acompañas, que quiero enseñarte una cosa- digo muy rápido, y me arrepiento de mis palabras en el acto de pronunciarlas, pero ya es tarde. Mi madre sale de la cocina y se viene hacia mi por el pasillo, oigo sus pasos y sé que viene preocupada, interrogante. Cuando entra en el comedor, donde yo estoy, se va secando las manos en el delantal. Su rostro me viene diciendo que necesita una explicación. Yo siento que mis mejillas queman, seguro que están rojas como sendos tomates, la boca seca, pero no hay vuelta atrás, tengo que explicar todo y cabalgar sobre la tormenta que se avecina.

-Mira, mamá-, – quiero enseñarte algo. Ella me mira atentamente, midiéndome de la cabeza a los pies, como buscando encontrar lo que quiero enseñarle. -Acompáñame abajo- está cerca, nada más salir del portal-. Su cara muestra ahora confusión, pero se desata el delantal y lo deja doblado encima del respaldo de una silla, se alisa el vestido, se toca ligeramente el pelo y se dirige al recibidor para ponerse su abrigo. Me mira, como diciendo, vamos y me dice: -Tú dirás-. Bajamos las escaleras en silencio, pero al llegar al primer piso, ella se detiene y me mira atentamente. – No habrás hecho alguna locura, ¿verdad? – Que últimamente estás muy loco, Martín. -No, mamá, de verdad, es algo que yo deseaba hace mucho tiempo y no es nada malo-. Salimos a la calle por el portal un tanto señorial de paredes cubiertas de mármol y suelo brillante a la luz de las lamparillas. El ir y venir de la gente, el ruido de la plaza, daba un marco de normalidad a mis palabras, que quedaban entremezcladas con todos los sonidos a nuestro alrededor.

-¡Ahí está! – dije ufano – es la roja- Ella no sabía hacia dónde mirar al principio, porque no tenía idea de lo que yo quería mostrarle. -Esa de ahí, la roja-. Nos separaban dos pasos de mi moto. Ahora, al verla de nuevo, sentí como si siempre hubiese estado ahí, esperándome, ¡era mía, mía, mi moto!. Nunca olvidaré la cara de sorpresa que puso mi madre. La boca quedo abierta, como en medio de una palabra que se ha quedado helada. El mentón caído, los ojos fijos en la pequeña Derbi. Sentí que todos los ruidos alrededor nuestro cesaban, que todo ocurría al ralentí. Fue cuestión de segundos, pero pudieron ser años. Al fin giró su cabeza hasta mí, que me había quedado parado detrás de ella, mientras nos acercábamos a la moto, y, con una voz nueva para mí, me dijo – es una broma, ¿verdad, hijo? – Si hubiese sido una broma, habría terminado allí, como en el día de los Santos Inocentes. Nos habríamos reído, me habría abrazado y me habría dado un cachete cariñoso en la cara, diciendo: -Este Martín, ¡siempre bromeando! Pero no era broma y esto seguiría de alguna manera, tendría algunas consecuencias. Yo quería tenerla de mi parte para cuando viniese mi padre. Con ella como cómplice todo se arreglaría, pero, con ella en contra, sería imposible. No me podía imaginar lo que podría pasar. No lo había pensado, cuando rompí la hucha y decidí comprarle la moto a ese chico. ¿Qué hacer?

Azaroso, le di muchas razones para explicar por qué era una buena idea, ya, una necesidad, comprar una moto. Ella me miraba sacudiendo su cabeza lentamente, mirando alternativamente la moto, la gente que pasaba sin saber que allí se estaba decidiendo algo muy importante en la vida de un joven peludo, a la moto, a mis zapatos… Al fin me miró atentamente, sin sonreír, como casi siempre hacía cuando hablábamos, seria, muy seria y me dijo: – Ya veremos lo que dice tu padre. Tu comprenderás que una cosa así no se puede hacer sin permiso de tus padres. Yo quiero hablar con ese chico y con sus padres. Mientras hablaba, yo sentía una flojedad muy rara en las piernas, un calor terrible en las mejillas y una sensación muy rara en el estómago. Y en eso, aparece mi padre en escena, le veo venir calle arriba, ya en la plaza, la sonrisa en los labios al descubrirnos y una leve interrogación marcada en sus cejas. Le veo acercarse y la sensación en mis piernas aumenta. Tengo la boca seca. No sé que cara poner, si sonreír o estar muy serio o mirar a otro lado.

Mi madre le explica todo en unos segundos. Claro, conciso y sin adjetivos innecesarios, pura información. Yo, solo tengo ojos para la cara de mi padre, que alterna su mirada entre la moto, mi madre y este nudo de nervios que soy yo. Y, para mi sorpresa, él simplemente pone cara de circunstancias, como diciendo, -bueno, pues ya está, ahora a lo importante. – ¿Y este trato anda?- me suelta de sopetón. Y yo sonrío y afirmo con la cabeza y me oigo decir: – ¡Qué si anda! ¡Va como una exhalación! – Mi padre no puede aguantar la risa y me dice, -menos lobos, -con que ande ya va bien. Y ahora, que piensas hacer con ella, ¿dónde la vas a tener? Habrá que darla de alta en el seguro, digo yo. Bueno, ahora vamos arriba que hay que cenar, o ¿es que esta noche no se cena? Mi madre sacudió la cabeza y puso los ojos en blanco como respuesta, echándole una última mirada a mi Derbi, como culpándola de todos los males que pudieran venir.

Yo cené con apetito y bajé dos veces al portal, a ver que la moto seguía allí y, cada vez que bajaba y la veía, me alegraba. Dormí tarde pero profundo, seguramente por el cansancio producido por todas las emociones vividas esa tarde noche, y a la mañana siguiente me levanté sin que nadie me despertase, desayune rápido y bajé la escalera silbando, lo que me valió la cara de desapruebo de la portera, que a esa hora, ya estaba limpiando el portal, aunque yo la saludé con mi mejor sonrisa. Nunca he salido tan ufano a la calle como ese día. Me paré un momento a contemplar mi montura y, abriendo el candado con parsimonia, empecé a sacarla de entre las otras motos y llevarla al bordillo para arrancar. Recordé de memoria las explicaciones del chico y arranqué a la tercera. Con el motor en marcha y ese peculiar olor a gasolina, que ahora me parecía el mejor perfume, un sol espléndido mañanero que ya se anunciaba sobre el tejado de las casas de enfrente, me introduje en el caudal del rio metálico que circundaba la plaza, camino de mi academia.

Por el camino, concentrado en el tráfico, me dio tiempo a pensar en cómo sería mi entrada apoteósica. Me imaginaba que todos mis compañeros y compañeras estarían a la puerta de la academia y yo llegaría allí y todos me verían llegar y se juntarían a mi alrededor como moscas alrededor de una caca de perro. Pero, la verdad, es que madrugué demasiado y cuando llegue solo me vio Teresita, que pasó por mi lado cuando estaba subiendo la moto a la acera y, miro por el rabillo del ojo, esforzándose por aparentar indiferente. Al menos, eso es lo que yo pensaba. No es lo mismo llegar en moto que enseñársela a todos los que van viniendo, así que, le puse el candado y me subí a la academia. Al salir ya sería otra cosa, me decía yo a mi mismo, un poco decepcionado por la llegada.

Al fin me acostumbre. Sí, era el primer chico de la academia que tenía moto propia, No fui nunca el primero en nada, pero ahora sí. Tampoco era nada del otro mundo, tener una moto, pero me daba una libertad hasta ahora insólita para mí. Nunca olvidaré la primera excursión que hice solo. Fue a Cercedilla. Yo ya había estado allí en verano, pero ahora fui yo solo en primavera. Un domingo madrugué y me hice el macuto. Un macuto verde, que había comprado en el rastro con su cantimplora de aluminio y todo. Me hice unos bocadillos con el pan que había quedado del día anterior, y metí dos naranjas y un plátano. La cantimplora la llené de agua. Busque mi cámara de fotografiar, intentando no despertar a mis padres, que dormían a pierna suelta esta mañana de domingo. Dejé una nota, típico en mí, diciendo donde iba y que vendría ya tarde para la cena. Si les hubiese preguntado si podía ir, me hubiesen dado un buen sermón y puede ser que hubieran dicho que no, por eso, era mejor dejar una nota y explicarme al regresar.

Era una mañana fresquita. Yo llevaba mi chaquetón azul como abrigo y un gorro de lana a modo de pasamontañas. Yo tenía un gorro así ya con solo dos años y tengo una foto en la que voy en moto en un carrusel y llevo una gorra igual que esta que llevaba yo, camino de Cercedilla. Los pies los llevaba yo calzados mis botines ingleses de media caña y las manos iban precariamente protegidas por unos guantes de punto. Enfilé Alberto Aguilera abajo y me paré en la gasolinera a echar gasolina para el viaje. Le entraron cuatro litros y salí con el deposito lleno, Ya era un gasto diario, echar gasolina, y mi paga seguiría siendo la misma durante muchos meses. Me esperaban unos sesenta kilómetros por carretera, yo pensaba que sería cuestión de hora y media o dos horas, lo más. Mientras transitaba por la ciudad, seguía el flujo del tráfico sin problemas, pero, al salir a la carretera, me di cuenta de la diferencia que hay de potencia entre un locomotor y cualquier otro vehículo, porque, aunque yo llevaba el acelerador a tope, me iban pasando todos, sin ninguna excepción. Bueno, sí, una excepción, algún que otro ciclista, pero hasta esos me costaba pasar.

Me pasaban autobuses, camiones, turismos y motos de todas clases. Yo iba a pegado a mi derecha, pero alguna vez, por esquivar una piedra o cualquier obstáculo en la cuneta, me salía un poco hacia la izquierda y era recibido con una cacofonía de cláxones. Algún que otro me gritaba, si llevaba la ventanilla abierta o si se la abría el copiloto, algún “piropo”: -¡gilipollas! ¡niñato! ¡a la derecha, coño! Aferrado al manillar, yo miraba hacia adelante, trataba de ir pegado a la cuneta, tan a la derecha como me atrevía, para no salirme del asfalto, porque, cuando lo hacía, la moto daba unos botes muy poco agradables. El viaje se me hacía largo, inconcebiblemente largo, los brazos cansados, las manos doloridas y muy frías, los pies fríos, como si fuese descalzo.

Al pasar por Alpedrete, sentí que la moto perdía potencia y estabilidad. Me fui hacia la cuneta y me detuve, y al bajarme vi que la rueda de atrás estaba pinchada. Un calor inmenso invadió todo mi cuerpo. Toqué la goma, como esperándome un milagro. No llevaba nada, para arreglarlo, ni una simple bomba de aire, para no hablar de parches o cualquier tipo de herramienta. Iluso de mí, pensaba que las máquinas eran “perpetuum mobile” y solo había que echar gasolina. Y, ahora, ¿qué hago? Di unas cuantas vueltas alrededor de la Derbi, que para el que me pudiera ver, parecería una especie de ritual y al fin, me senté en una piedra a la orilla de la cuneta, con la vista fija en la rueda pinchada, mientras el rio metálico seguía su cauce, subiendo la cuesta, entre ronroneos de motor, y cubierto por una nube de gases, malolientes y más o menos transparentes. Me quité el macuto y saqué de él mi merienda. Yo comenzaba a pensar en lo que debería hacer, pero mis pensamientos abarcaban desde la posibilidad de encontrar un teléfono hasta la posibilidad de arreglar el pinchazo y seguir el viaje, pero no sabía por donde empezar. El teléfono podía esperar, porque en casa sabían que iba a regresar a la tarde y no me esperaban justo ahora. Lo del pinchazo era más difícil, porque no sabía por dónde empezar. ¡Si supiese dónde hay una gasolinera o un taller mecánico! Pero los talleres estarán todos cerrados, creo yo, pensaba. Y la gasolinera, no me he fijado si he pasado alguna recientemente y más adelante, subiendo la cuesta, no sé. ¿Qué hacer?

Estaba yo en mis cavilaciones, cuando sentí que un vehículo reducía marcha y a continuación se metía en la cuneta y frenaba a un metro de mi moto. Era un Citroën 11 ligero, como el de mi tío, pero este que se paró era de color granate y no negro, como en el que yo había viajado tantas veces. Del coche salió una mujer joven, morena, con el pelo bastante corto. Llevaba pantalones negros y un jersey marrón. En las manos llevaba guantes de esos de conducir. Se acercó a mí y me espetó: ¿Pinchazo, eh? ¡Vaya sitio, también! Anda, ven que te llevo a la estación de servicio y ya veremos que dicen. Yo miraba a la chica y sin mediar palabra recogí mi macuto, y me fui hacia el coche, mirando atentamente a mi moto, como indeciso, pero feliz de empezar con la posibilidad de una solución. La chica conducía silenciosa, me miró y sonrió, seguro que pensando que yo era un pardillo inútil. Al poco rato paramos, calculo que, a dos kilómetros de la moto, y ella se bajó y se fue directa hacia la vidriera de la entrada, tras la cual se veía a un hombre con mono verde, ocupado en algo. Ella no me dijo que le acompañase, pero yo me bajé y me dirigí hacia la vidriera, y antes de llegar, ya salía la chica con otro hombre con mono verde. Este señor era mayor, calvo y bajito. Se movía con gran soltura y se dirigió hacia mi y me dijo: -Anda, súbete a la DKW y vamos a recoger tu moto. Yo le seguí sin mediar palabra. La chica se quedó en la estación de servicio y se dirigió a la pequeña cafetería que había en el mismo edificio.

Al llegar a mi moto la vi a distancia y me pareció más pequeña y más vieja de lo que yo pensaba. El hombre paro tras la moto y me dijo que le ayudase a subirla a la furgoneta. La subimos, por suerte el hombre bajito era muy fuerte, y la amarramos con unas cuerdas, para asegurarla al cajón. Al llegar todo fue muy rápido. Le ayudé de nuevo, esta vez a bajar la moto y el se la llevo al taller. A mí me dijo que me fuese a la cafetería. Allí encontré a la chica que me preguntó qué quería tomar y le dije que un refresco. Yo echaba cuentas. ¿Tendría dinero suficiente para pagar? No había pensado en la posibilidad de necesitar mucho dinero y me quedaban cincuenta duros para gasolina y nada más, después de haber llenado el depósito en Madrid. Me sentía molesto, pero a la vez contento de no estar en la cuneta. Ella me empezó a hacer preguntas y yo a contestar como pude. La verdad es que no sabía que decir cuando ella me preguntó a dónde me dirigía. A Cercedilla, sí, pero ¿a qué? Pues, no sé, por ir a algún sitio, por probar “mis alas”, por el amor a la aventura. Una pequeña gran aventura, para un chico que nunca había viajado solo. Yo tenía ya hambre y me habría comido mis bocadillos si no estuviese en el bar, pero aquí me aguantaba, hasta que ella me preguntó si quería comer algo, y yo la dije que sí. Pensaba yo que mi deuda crecía todo el tiempo, ya habríamos pasado los límites de mi pequeña fortuna.

Ella me contó que era profesora de literatura en la universidad y me preguntó que si a mi me gustaba la literatura. Ahí dio en el clavo, ¡literatura! Mi asignatura favorita, mi pasatiempo preferido. Claro, que me gustaba la literatura. Y le conté con pelos y señales mi trayecto entre las estanterías de las bibliotecas, los escaparates de las librerías y los estantes de nuestra casa y, sobre todo, los salones de mis familiares, escrutados por mí, buscando libres que leer. Le dije que aprendí a leer muy pronto y que siempre les leía en alto a mis primitos. Los cuentos que había por casa y los de todos mis familiares y amigos de mis padres, los devoré con avidez y en la escuela abrí mis perspectivas con la ayuda de fantásticos profesores, amantes, como yo de la literatura. Mi “vicio” por leer llegaba a preocupar a mis padres, que decían que tenía que salir más a la calle a jugar con mis amigos, aunque yo pensaba que ya jugaba yo lo bastante, prueba de ello eran mis rodillas, siempre con costras, testigos de mil caídas.

Mientras íbamos hablando, iba yo recordando aquel día en que devoré tantos libros que me sumergí en la literatura para siempre. Además, ese mismo día estuve a punto de morir. Sí, parece un cuento, pero es verdad. Se casaba mi primo, y fuimos a hacer no se qué en el piso, para dejarlo todo bien preparado para su vuelta de viaje de luna de miel. Un piso nuevo, recién construido, en un barrio nuevo, relativamente cercano al viejo Madrid. Todos los muebles nuevos, así como las lámparas, las alfombras, los utensilios de cocina. A mí solo me interesaba la estantería de los libros. En primer lugar, la biblioteca en miniatura que descubrí. Eran los crisolines, los minúsculos libritos (6,5 centímetros de base y ocho de alto) en los que la editorial Aguilar había editado todo tipo de títulos, sobre todo, clásicos- desde 1946; uno al año, excepcionalmente, dos. Ya en 1966, la minúscula biblioteca tenía muchos títulos interesantes, alguno de ellos verdaderamente excepcionales para aquellos tiempos. Todos estaban numerados y colocados por fechas y no por apellidos de los escritores o por títulos.  El primero era El alma de Cervantes, de Agustín Herrera García. Ley a Unamuno, la edición bilingüe de los Cantares Gallegos de Rosalía de Castro, Benavente, los Sainetes de Arniches…leía y leía sin parar, cerré la puerta para que no me molestasen con sus trajines…poco a poco me iba quedando como adormilado, me dolía la cabeza, pero yo creía que era porque se me cansaba la vista de tanto leer en las miniaturas. Me desvanecí. Después me contaron que había estado a punto de morir por las inhalaciones de barniz fresco proveniente de los muebles del salón, que, cerrado herméticamente conmigo adentro, funcionaba cual cámara de gas.

Recuerdo la nauseas y el mal cuerpo que tuve al despertar, pero llevaba en mis bolsillos cuatro miniaturas, para leerlas tranquilamente en mi casa. Se las devolvería antes de que regresasen de su viaje de bodas, había pensado. Cuando regresaron me trajeron a casa toda la colección y me dijeron que la leyera con tranquilidad y así lo hice. Fue esta mi primera biblioteca, que con los años iría creciendo y desbordando los límites de mi pequeña estantería y, desbocada, colonizando el resto de la casa.

Y, ya puestos a contar, le conté como mi primer profesor de lengua, don Agapito, nos había introducido a Jules Verne y como desde entonces se había despertado mi espíritu viajero y aventurero, que yo ahora, con mi humilde Derbi, soñaba en poner en práctica. “Veinte mil leguas de viaje submarino” fue el primer libro que nos leyó él, con su bonita voz de locutor de radio. Les siguió “Viaje al centro de la Tierra” y “La vuelta al mundo en ochenta días” y ya, por mí mismo leí “Miguel Strogoff”, “De la Tierra a la Luna” y “La isla misteriosa”. Por el momento, le dije, estaba leyendo “Los hijos del capitán Grant”. Ella me miraba sonriendo, mientras yo le iba explicando mi relación con la literatura. Le dije que había leído ya el Quijote tres veces y que no podía dejar de reírme a carcajadas con algunas de sus aventuras, así cómo yo disfrutaba leyendo el Lazarillo de Tormes o El Buscón de Quevedo. No es que solo leyese libros; leía también tebeos, todos los que me caían en las manos, y los guardaba como oro en paño. De pronto, el hombre bajito se nos acercó y me dijo: – ya está lista tu moto. Le he cambiado la recámara y te he puesto una cubierta nueva, que estaba rajada-. Me ruboricé, trague saliva y me oí decir: – solo tengo doscientas cincuenta pesetas- tendré que llamar a casa, perdone usted-. La chica me miraba con una sonrisa en los labios y me puso una mano en el hombro diciendo, al tiempo que sacudía levemente la cabeza, dijo: -no te preocupes, Martín-. Yo ya me había presentado. Concha, se llamaba ella, Conchita, podía llamarla yo, dijo. – Este señor es mi tío y tú no nos debes nada. No te preocupes. Pero tienes que prometerme una cosa: Tienes que venir a visitarme a la facultad, porque quiero presentarte a unos amigos, que estarán encantados en conocerte. Me dio un fuerte abrazo. Yo le dí un apretón de manos a Luis, el tío de Conchita y me sorprendió la fuerza y la aspereza de su mano.

No subí a Cercedilla. Mi primera aventura, el ensanche de mi circulo se quedó ahí, en una estación de servicio cerca de Alpedrete, me bastaba con los que había vivido y quería llegar de vuelta a casa. A esta hora había poco trafico en dirección a Madrid y yo circulaba más relajado que a la ida. Entré por la Moncloa y paré un rato en el Parque del Oeste a comer mis bocadillos. Me quedaba bien de tiempo para llegar a casa. Necesitaba pensar, digerir mi aventura. Han pasado casi sesenta años de esos acontecimientos. La moto sucumbió tras una caída, un robo y falta de cuidados. Persistió mi amor por la literatura y mi amistad con Conchita. Abajo podéis ver a un pequeño martín, vestido como para ir de aventura, en un carrusel. Mi apertura de circulo también resultó ser una especie de carrusel. En otra foto me veis vestido con el atuendo que llevaba yo en mi primer viaje. La foto está tomada por Reyes en 1966.

Paseo cuadragésimo sexto. La venganza de Tycho Brahe.

Por mucho que nos demos la vuelta, siempre tendremos el culo detrás. Así dice un dicho sueco y yo lo aprovecho aquí para explicar cómo todo, al fin, tiene una cara B, la fachada y la trastienda, todo importante e inevitable. La otra cara de la moneda de mi experiencia como paciente la he experimentado hoy y de una manera brusca y un tanto dramática.

Loaba yo hace unos días la actitud, la destreza, el bien hacer y la profesionalidad de todos los trabajadores de la Sanidad Pública sueca y con razón. Mi experiencia fue muy positiva y todo transcurrió de una manera agradable y muy placentera, dentro de lo que cabe, claro, que no es nada recomendable pasar por el bisturí, si se puede evitar, claro. Bueno, pues no es todo oro lo que reluce, no. Tras la operación viene un periodo posoperatorio y ahí empezaron mis pequeños problemas. Y yo, que soy dado a las cavilaciones y que no puedo dejar de comparar lo que me ocurre con cosillas de la historia, empecé a pensar y pensar.

Como quizás os acordaréis, me operaron en Landskrona, una ciudad costera al norte de Lund, famosa por su ciudadela, construida en el siglo XVI y por la isla que se divisa desde su costa, la isla de Ven o Hven, según se diga en sueco o en danés. Esta isla esta ubicada entre las costas de Suecia y Dinamarca, en su día una isla danesa que, en la historia de la ciencia, destaca por haber sido el lugar donde un hombre singular, el noble danés Tycho Brahe, construyó sus observatorios, Uraniborg y Stjerneborg , ahora en su casi totalidad destruidos. En mi faceta de navegante, una de mis excursiones preferidas, consiste en salir de mi puerto en Malmö, costeando hasta llegar a Landskrona y, navegando en dirección noroeste, dirigirme a Ven y circundarla, hasta llegar a una pequeña bahía y atracar en su pequeño puerto, para desde allí, alquilar una bicicleta y hacerme la isla a fuerza de pedalear por sus empinadas cuestas, tomar algunas fotos y, finalmente, almorzar en una posada al lado del mar, y regresar a mi puerto en Malmö al anochecer.  

Como profesor, he llevado a cientos de estudiantes a visitar la isla por el interés histórico y científico que representa y, mientras les hablo de la isla y de su famoso propietario, suelo contar como una anécdota, la forma en que murió. Siempre al explicarlo, veo sonrisas dibujadas en los rostros de mis estudiantes, animados por mi relato, un tanto irrespetuoso. Vayamos por partes. ¿Quién era este Tycho Brahe y porqué es tan famoso? Tycho Ottesen Brahe, nacido el 14 de diciembre de 1546 en el castillo de Knutstorp en Escania, entonces parte de Dinamarca, falleció el 24 de octubre de 1601 en Praga. Nació y creció dentro de una familia poderosa en un tiempo marcado por los descubrimientos geográficos y la creciente curiosidad científica. Cuando solo contaba 13 años, mientras estudiaba en la Universidad de Copenhague, Tycho Brahe presenció el eclipse solar del 21 de agosto de 1560 y quedó fascinado al darse cuenta de que podía predecirse. Esto lo llevó a dedicar su tiempo libre, sus noches, al estudio del firmamento, mientras que sus días estaban dedicados a otras disciplinas académicas, principalmente la filosofía y la retórica. A pesar de las expectativas de su familia noble de que Tycho Brahe siguiera una carrera que le capacitara para la política, como alto funcionario y no como astrónomo, una actividad que se veía como un pasatiempo y que no le garantizaría una posición sólida en la sociedad.

En agosto de 1563, los planetas Júpiter y Saturno estaban muy cerca uno del otro en el cielo. Cuando Tycho Brahe comparó lo que veía con los datos de las tablas publicadas, encontró grandes discrepancias. Evidentemente, la astronomía necesitaba reformas y se requerían instrumentos más precisos. La demanda de instrumentos de navegación en esa época generó un gran interés en datos de medición confiables. Esto finalmente llevó a que el interés de Tycho Brahe por la astronomía ganara la aprobación de su familia, que comenzó a comprender que esta actividad tenía futuro, permitiéndole dedicarse a su pasatiempo a tiempo completo. A todo esto, el joven Tycho, que tenía muy mala leche, todo hay que decirlo, y se pegaba a menudo con sus compañeros de facultad y con quién encontrase por el camino y le cayera gordo, en un duelo de espadas en Rostock en 1566, tuvo tan mala suerte que perdió parte de su nariz por un corte en la cara. Viéndose desfigurado, mandó hacer una prótesis para ocultar la deformidad, la famosa “nariz de oro”, probablemente fabricada con una aleación de plata y cobre, con el propósito de imitar el color de la piel y que se mantenía en su lugar con una pomada que se aplicaba sobre la piel a forma de engrudo.

Para retener a Tycho Brahe en Dinamarca, el rey Federico II le concedió la isla de Hven y le proporcionó fondos para construir un observatorio. Brahe mandó construir Uraniborg y Stjerneborg, ubicados cerca, los cuales se convirtieron en un centro de investigación astronómica destacado en su época. Brahe revolucionó la ciencia astronómica al introducir medidas precisas de las órbitas de estrellas, planetas y cometas. En su libro “De Nova Stella”, pudo demostrar, entre otras cosas, que una nueva estrella que observó en la constelación de Casiopea en 1572 se encontraba a una distancia mayor de la Tierra que la Luna, lo cual fue una sensación en su época, ya que se creía que las esferas superiores eran perfectas y no podían cambiar. Con esto, no solo acuñó el término “nova”, sino que también, como resultaría, se unió al exclusivo grupo que había presenciado una supernova. Después de la estrella de Kepler en 1604, no se ha observado ninguna supernova en nuestra galaxia.

Sin embargo, aun esforzándose el rey danés por mantener al astrónomo dentro del reino, surgieron desacuerdos entre Tycho y la corte danesa en 1597, lo que llevó a Tycho a abandonar Dinamarca. Se exilió en Praga y fue designado astrónomo imperial por el emperador Rodolfo II. El emperador le otorgó el castillo de Benátky como residencia. Tycho llevó consigo su prensa de imprimir y sus instrumentos, y continuó con sus observaciones. Nombró a Johannes Kepler como su asistente, quien se trasladó a Benátky en 1600. Los dos astrónomos habían trabajado juntos menos de un año cuando Tycho falleció. Kepler posteriormente compiló las observaciones de Tycho Brahe y, basándose en ellas, llegó a conclusiones que llevaron el conocimiento de nuestro sistema planetario a un nuevo nivel.

Sus datos de medición mostraron que la antigua concepción geocéntrica del mundo, es decir, con la Tierra en el centro, no podía ser correcta. Tycho Brahe llegó a sus propias conclusiones a partir de esto, pero manteniendo en su modelo a la Tierra en el centro, con el Sol y la Luna girando alrededor de ella y los demás planetas orbitando alrededor del Sol. Su argumento era que, con una concepción heliocéntrica del mundo, las estrellas deberían moverse aparentemente en una elipse a lo largo del año, lo cual no se observaba. Desconocía que la distancia a las estrellas era tan grande que no podía ser observada con su método de medición. Tampoco su modelo concordaba especialmente bien con los datos de medición, sino que fue solo cuando Johannes Kepler, después de la muerte de Brahe, colocó al Sol en el centro y abandonó las órbitas planetarias circulares, que pudo desarrollar un modelo que concordara con los datos de medición. Esto dio origen a nuestra concepción heliocéntrica del mundo o de nuestra galaxia en particular, es decir, con el Sol en el centro y órbitas planetarias elípticas. Después de la muerte de Tycho Brahe, Kepler tomó sus datos de medición y construyó sus teorías sobre ellos.

Creo que os he dado una idea de la importancia de Tycho Brahe para la ciencia, sobre todo su importancia para abrir nuevos caminos para la interpretación de las observaciones astronómicas, pero os daré también algunos datos para que también comprendáis como era este noble latifundista en otras facetas de su rica personalidad, concretamente la química y la medicina. Ya desde joven, Tycho Brahe adoptó una postura escéptica hacia la disciplina dominante de la época en química, la alquimia, y se interesó más por lo que se llamaba espagírica (de las palabras griegas spaein = separar y ageirein = unir), es decir, la elaboración de medicamentos mediante procesos químicos. Tycho Brahe fue un gran seguidor de Paracelso, el médico suizo del siglo XVI que desafió las antiguas ideas de los cuatro humores corporales y fue el primero en utilizar sustancias inorgánicas y compuestos para tratar enfermedades. Tycho llamaba a la química “la astronomía terrestre” y consideraba que la química y la astronomía debían estudiarse de manera paralela para ser comprendidas en su pleno contexto.

Durante toda su vida, Tycho fue extremadamente reservado con sus preparaciones quimico-medicinales, pero después de su muerte, su colección de recetas fue entregada al rey Christian IV de Dinamarca y rápidamente llegó a hacerse sumamente popular. El nombre de Tycho se convirtió en una especie de “megamarca” de la época y probablemente se utilizó no solo para vender sus propias preparaciones. Uno de los productos más vendidos fue la mezcla de hierbas llamada “Species Tycho Brahe”, que aún aparecía en la farmacopea danesa en la década de 1920. Una receta de “Species Tycho Brahe” fue dispensada en la farmacia de Nexø tan tarde como en 1971. Este preparado se consideraba febrífugo y sudorífico, pero dado la cantidad relativamente grande de aloe en la composición, se puede sospechar que su principal efecto era laxante, lo que probablemente se consideraba que expulsaba lo malo del cuerpo. Bueno, pues a lo que íbamos, que es la relación de este Tycho Brahe con mis complicaciones posoperatorias.

Tycho Brahe enfermó después de una cena en casa de su amigo Peter Vok von Rosenberg en Praga. Según lo que Kepler ha contado, no quiso abandonar la mesa para vaciar la vejiga, ya que eso sería considerado una falta de etiqueta. Por la noche, sufrió retención urinaria con intensos dolores (!qué me lo digan a mi!). Tras once días de enfermedad, falleció el 24 de octubre de 1601. Fue enterrado en la Iglesia de Týn en Praga. La causa de su muerte podría haber sido uremia y/o una infección en el tracto urinario. Se dice que Brahe padecía de prostatitis, lo cual pudo haber contribuido a su problema. También, todo hay que decirlo, se sospecho ya en su tiempo que el astrónomo-químico-médico hubiera sido envenenado con arsénico y mercurio.

En una de las aperturas de la tumba, en 1901, se tomaron pelos del bigote de Brahe y, al analizarlos en la década de los 90 en Dinamarca, se detectaron niveles muy elevados de mercurio y también de plomo. Un análisis posterior en la Universidad de Lund también mostró un aumento en los niveles de mercurio. Se ha especulado que podría haber sido un envenenamiento intencional y que Johannes Kepler o alguien en la familia de Brahe podría haber tenido motivos para cometer un asesinato. Igualmente lógico podría ser que el propio Brahe se hubiese tratado con algún compuesto basado en el mercurio para paliar los síntomas de su prostatitis y se le hubiese ida la mano con el mercurio y el arsénico. Bueno, de cualquier manera, lo que es seguro es que murió por retención de orina y aquí dejamos por un momento al astrónomo danés para seguir con el hilo de las caras B.

Mis problemas comenzaron al otro día de llegar a casa. Me costaba trabajo orinar, me escocía, y me quedaba siempre la sensación de no haber vaciado completamente la vejiga. El problema se fue agravando y el día 23, víspera de Nochebuena, ya no podía orinar de ninguna manera y sentía una desazón constante. Sudaba frío y tiritaba como una hoja de abedul en el viento de otoño. Al fin me vi obligado a solicitar ayuda a la por mi, sobre manera alabada Sanidad Pública, y aquí empieza mi descubrimiento de la cara B. Primero hago una llamada al 1177, que es el número al que se llama para consultar y ser reubicado a donde sea menester, según las características del problema que uno tenga. Larga espera tras la que me comunican que estoy en una cola con 72 pacientes delante. Espero, tirito, sudo, voy al baño, espero, tirito. “Su lugar en la cola es ahora…71”- dice una voz melodiosa, cuando ha pasado un cuarto de hora. Maldita sea, no aguanto más. Todo está cerrado, ambulatorios, tanto públicos como particulares, ¿Qué hacer? Mi compañera no aguanta más y llama al 112, una ambulancia va camino de mi casa. Son ya las doce y media, estamos ya en el 24 de diciembre.

Como puedo, me visto y me preparo. Llegan a la puerta dos señores vestidos de paramédicos con sendos macutos. No veo camilla por ninguna parte. Tampoco me importa lo de la camilla, porque no puedo estar ni tumbado, ni sentado ni de pie. Me duele tanto todo, me escuece, me enloquece. Ahora empiezan a preguntarme que me pasa y yo se lo explico. Se quedan perplejos, se rascan la cabeza, se miran, como consultándose que hacer. Mi compañera les dice que tienen que llevarme a cuidados intensivos rápidamente y ellos contestan que nuestra escalera interior, la que lleva desde la entrada a una antesala de la cocina en el segundo piso, una escalera de caracol de madera, es demasiado angosta. Les digo que no se preocupen, que ya bajo yo y lo hago apoyado en mi compañera. Fuera está nevado y hace un frío que pela. La ambulancia no puede llegar hasta la puerta porque es zona libre de tráfico y tengo que caminar unos cincuenta metros hasta donde se encuentra la ambulancia. Siento que me transportan de mala gana, como si mi enfermedad no fuse lo suficientemente importante, me siento como un impostor. Llegamos al hospital.

Ahora sí, me suben a una camilla y me llevan por los corredores fuertemente iluminados hasta una habitación abierta en la que hay una especie de quiosco acristalado con una joven dentro, profundamente sumida en su trabajo con la computadora. Uno de los paramédicos me pregunta por mi numero personal: año, mes y día de nacimiento, más cuatro cifras de control, siempre se pregunta para confirmar quién es el paciente, y yo, claro se lo doy, y el hombre de amarillo mira su papel, levanta las cejas, se pone las manos sobre la mandíbula y exclama: “! ¡No eres la persona que fuimos a buscar!” (pausa). Suena mi teléfono y una señora del 112 le pregunta a mi compañera ¿por qué yo no estaba en casa cuando me vinieron a buscar en la ambulancia? Yo le contesto desde mi camilla que, porque yo estoy en el hospital ya, y he llegado aquí con ¡UNA AMBULANCIA! Grito y ya no dejo de gritar. Alguien ha enviado dos ambulancias a mi domicilio, una de ellas con los datos de otra persona. No es que me importe, en este momento, lo que yo quiero es que alguien me ayude, porque siento que me muero. Grito, gimo, muevo la cabeza de aquí para allá, pero la señorita del quiosco no me digna una mirada.

Desde mi camilla veo pasar personal médico de distintas categorías. Todos parecen muy ocupados o van escuchando algo por sus auriculares. Mi compañera se dirige a la cristalera y llama la atención de la joven que, al fin, me echa un vistazo desde lejos y al rato se acerca a mi camilla. Aquí empiezo a contarle todas mis cuitas lo mejor que puedo y ella me dice muy tranquila: “voy a buscar un aparato de ultra sonido y enseguida sabremos si retienes orina.” Al rato regresa y me dice: “Qué raro, no encuentro el aparato, no está aquí. Hace un rato lo vi aquí, pero ahora no está.” En mi rostro se dibujaba una interrogación y en mis labios iba de camino a escapar una interjección de esas gordas. Otra joven hizo su entrada en escena y expresó con otras palabras lo que la primera ya había confirmado, el aparato había desaparecido por arte de Birlibirloque. Yo ya me hacía cuentas de que en unos minutos mi vejiga explotaría y pensaba que, en esto seguramente, el astrónomo danés tendría algo que ver. El estaría en su tumba pensando que, esto que me pasaba, me estaba bien empleado, por haberme hecho el gracioso a su costa, cuando hablaba de él a mis estudiantes. Y, desesperado, me dirigía al astrónomo a viva voz, diciendo: “No lo volveré a hacer, Tycho, ya sé lo que duele esto. No lo volveré a hacer, te lo prometo”. Parece que le valió con este juramento, para que todo cambiase para mi, desde ese momento, positivamente.

Al rato llegaron las dos jóvenes, una morena y una rubia, empujando un carrito que portaba un aparato y algunos frasquitos y otras menudencias. Me desnudaron y untaron mis partes más privadas con una gelatina fría, y empezaron a mover el aparato, como se hace con las embarazadas. Yo ya casi esperaba que me dijesen: “es un niño”, pero lo que dijo la enfermera de la cristalera fue: “un litro”. ¿Un litro? – dije yo. “Sí, es muchísimo” – dijo la enfermera rubia. “Ahora mismo te vaciaremos y te pondremos un catéter, y trataremos de que te vea el cirujano de guardia lo antes posible”. Ni corta ni perezosa empezó a preparar dos jeringuillas y me explicó que iba a ponerme dos inyecciones de anestesia local en un lugar que yo tengo reservado para usos íntimos y para vaciar la vejiga. Tras introducirme un tubito por semejante parte, me empezaron a adiestrar en el uso de este aparatito; cómo aplicarlo, cómo cambiar las bolsitas, cómo limpiarlo etc. Además, dejaron un folleto con toda clase de información y, ya aliviado en gran manera me dejaron a esperar al cirujano.

Yo me quedé en la camilla, pensativo, pero sintiéndome ahora un hombre libre, tras expulsar ese maldito litro de mi vejiga. Dentro de unas horas habíamos planeado ir a casa de mi suegra a pasar la noche de Nochebuena, si es que el cirujano tenía la bondad de venir antes de que amaneciese o de que volviese a oscurecer, cosa que sucedería pocas horas más tarde, ya que nos encontramos en el solsticio de invierno y los días tienen a penas unas cuantas horas de luz. Pero al fin llegó el esperado cirujano, hombre joven y jovial, de rasgos asiáticos y habla fluida y rápida que, en un periquete, nos explicó cual era la causa de mis problemas. Resulta que, según él, la operación que me hicieron en Landskrona me causo una hemorragia que se concentro en el pene y el escroto, causando una inflamación que acabo cerrando el desagüe de la uretra, impidiendo la salida de la orina. Igualito, igualito, que lo que le ocurrió al “pobre” Tycho Brahe. “Nada, nada” – dijo el joven cirujano – “un poco de penicilina, el catéter una semana y a correr”. Correr, correr – pensé yo, no voy a correr, pero volveré a mis paseos, a ver si llego al quincuagésimo antes del día de San Silvestre. Moraleja: no te mofes de los males de otros, si no quieres sufrirlos tú. Aquí os dejo y regreso a la cama, que tengo ganas de dormir. Bueno, y de lo de la cara B, ¿qué? Pues que un sistema nunca es mejor de lo que lo son sus partes más débiles. Un fallo como el del 112, que mandó una ambulancia a un lugar equivocado, dejando a un menesteroso en la cuneta, que no sabemos quién pueda ser, y unos sanitarios que solo reaccionan cuando el paciente grita como el cerdito de San Antón en el momento de la matanza, deslucen un poco la idea de efectividad y profesionalismo que quise dar en mi entrada anterior. Si el final es bueno, todo es bueno. Pelillos a la mar y a vivir que son dos días. Ya hubiese querido Tycho Brahe tener una atención médica parecida a la que me dispensaron ayer. Ahí abajo os dejo una vista al pequeño puerto en la isla de Ven al que suelo navegar en los veranos. !Felices Fiestas!

Paseo cuadragésimo quinto. La salud ante todo.

Ayer no caminé mucho. Llegó el momento de verme en un quirófano por primera vez; nada serio, pero necesario. Los hospitales son lugares muy especiales, todo un mundo de ilusiones, alegrías, tristezas, vida y muerte. Son templos a la vida y antesala de la sepultura al mismo tiempo. Están ahí, algunos en edificios vetustos, llenos de solera e historia, otros modernos, algunos emplazados en lugares privilegiados, con vistas al mar. Pensándolo bien, gran parte de nuestra vida, mejor aún, momentos cruciales de nuestra vida trascurren por sus grandes recibidores, pasillos y salas. Yo he visto nacer a mis hijos y he despedido a mis parientes en esas pequeñas salas silenciosas, llenas de aparatos, tubos y grifos, iluminadas por lámparas de neón y humanizadas con flores, perfumadas con desinfectantes.

Esta mi nueva experiencia como paciente de cirugía ha sido verdaderamente memorable. Me atrevería a decir que me he acercado a esta institución de la misma manera en que tomamos un higo chumbo de la chumbera: despacio, con cuidado de no lastimarnos con los pinchos, para encontrar dentro una fruta sabrosa. Los hospitales imponen. En la entrada se acortan los pasos y se avanza al ralentí, la voz se adelgaza en la taquilla, la sala de espera acongoja. Se siguen os pasillos, la B, la C, izquierda, derecha, una puerta y, al fin, el primer contacto con el personal sanitario. Ahí está el dulzor, el buen sabor de la visita, el dejarse llevar por profesionales empáticos. Tal ha sido mi sensación durante todo este procedimiento, supuestamente doloroso, que les he enviado una carta de agradecimiento. Nada de libro de reclamaciones, allí deberían tener un libro de felicitaciones y agradecimientos. Comparto el contenido:

“Me dirijo a ustedes con un profundo sentido de gratitud y aprecio por la excelente atención médica que recibí durante mi reciente experiencia en su unidad de cirugía. Quisiera expresar mi reconocimiento a todo el personal, desde los médicos y cirujanos hasta las enfermeras y el personal de apoyo, por el excepcional cuidado que brindaron durante mi estancia. Desde el momento en que ingresé al hospital hasta mi salida, experimenté un nivel de profesionalismo y compasión que superó mis expectativas. La amabilidad y la paciencia que mostraron contribuyeron significativamente a mi bienestar emocional durante un momento que, de por sí, ya era desafiante.Los médicos y cirujanos demostraron un nivel de competencia y habilidad impresionante. Su enfoque cuidadoso y sus explicaciones claras antes y después del procedimiento brindaron una sensación de confianza y seguridad.

Estoy agradecido por el esfuerzo y la dedicación que ponen en su trabajo, lo que se refleja claramente en los resultados positivos que he experimentado. El personal de enfermería desempeñó un papel crucial en mi recuperación. Su atención constante, empatía y disposición para abordar mis inquietudes fueron fundamentales para mi comodidad y bienestar general. Cada miembro del equipo contribuyó a crear un ambiente de apoyo que hizo que mi experiencia en la unidad de cirugía fuera lo más llevadera posible. Además, quiero reconocer a todo el personal administrativo y de apoyo por su eficiencia y amabilidad. Cada interacción con ustedes fue cordial y profesional, lo cual fue reconfortante en un momento en el que cada pequeño detalle cuenta. En resumen, estoy profundamente agradecido por el excepcional nivel de atención y el esfuerzo dedicado de todos en la Unidad de Cirugía del Hospital de Landskrona. Su trabajo no solo ha tenido un impacto positivo en mi vida, sino que también ha reforzado mi confianza en el sistema de salud. Les estoy agradecido a todos por su dedicación y servicio excepcionales. Su compromiso con el cuidado del paciente es verdaderamente admirable, y estoy agradecido de haber sido beneficiario de su experiencia y profesionalismo.

Con sincero agradecimiento,”

Y reitero aquí, “compasión”, karuṇā en sánscrito y pāḷi, que es un concepto central y una cualidad fundamental, en el contexto budista, y se refiere a la capacidad de sentir empatía y comprensión profunda hacia el sufrimiento de los demás, así como el deseo activo de aliviar ese sufrimiento. Una forma de amor que no espera recompensa alguna ni contrapartida, y que llega a superar al mismo ágape. Me viene a la memoria mi segundo encuentro con el Dalai Lama. Mis estudiantes le preguntaron: “Santidad, ¿que nos recomienda para vivir una buena vida?” y el les contestó simplemente: “Compasión”.

Si nos ponemos a pensar cómo puede ser posible que, tanta gente que trabaja en estos centros, pueda alcanzar estos altos niveles de compasión y profesionalismo, debemos, como casi siempre, recurrir a la historia. Me operaron de una hernia en Landskrona, pero yo voy a explicar un poco la historia del hospital universitario de Lund, que es lo mío. Recordemos que hasta 1658 Lund pertenecía a Dinamarca.

La historia de las instituciones públicas de atención médica comienza con los hospitales medievales, especialmente destinados a los leprosos. El término “hospital” se utilizó en Suecia y Dinamarca hasta aproximadamente 1930. Además de los hospitales, desde el siglo XVII existían un pequeño número de instituciones especializadas: la casa del soldado para los soldados retirados, la casa de los niños para los huérfanos y niños desamparados, la casa de corrección para vagabundos y pequeños delincuentes, y en el siglo XVIII también la casa de hilar para mujeres vagabundas y criminales. A principios del siglo XIX, había 26 hospitales en el país (Suecia), y de estos, cuatro estaban en Escania: Malmö, Landskrona, Helsingborg y Kristianstad. Los hospitales de las ciudades tenían una ubicación periférica desde la Edad Media, pero luego los terrenos comenzaron a tener una ubicación cada vez más céntrica. Estas instituciones estaban bajo el control del gobierno y atendían a personas crónicamente enfermas, ancianas o con enfermedades mentales.[1]

En la misma época, existía un número igual de “lasarett”, siendo el primero en Skåne establecido en Lund desde la década de 1760. El primer hospital público sueco fue el Serafimerlasarettet en Estocolmo, que abrió sus puertas en 1752. A diferencia de los hospitales, los lasarett no solo se centraban en la atención de mantenimiento de la vida, sino que aquí se esperaba, en el mejor de los casos, una mejora en la condición de los pacientes o al menos algún alivio en el sufrimiento. Y, ¿por qué se denominan ese tipo de hospitales lasarett? Pues, parece, según el historiador Dick Harrison, que se debe a una confusión con el nombre de una isla en la laguna veneciana que se conocía con la denominación de Santa María de Nazaret en donde se estableció aquí una estación de cuarentena para enfermos de peste en el año 1423; hoy en día, la instalación se llama Lazzaretto Vecchio (El antiguo lazzareto). Originalmente, el hospital se llamaba nazaretto, debido al nombre de la isla, pero debido a la confusión con el santo de la lepra, Lázaro, se cambió la letra inicial n por una l.[2]

Aquí, en Lund, se fundó la primera lasarett el 10 de octubre de 1765, según la carta de privilegio que adjunto aquí abajo firmada por el rey Adolfo Federico, padre de Gustavo III y abuelo del desterrado Gustavo IV Adolfo. Desde el primer momento la universidad estaba implicada y dos de sus catedráticos pertenecían al comité fundador. Ver también los poderes concedidos a ambos catedráticos por el canciller pro-rector de la universidad, al fin de la entrada. Un edificio se había construido tras la renovación y acomodamiento de un edificio anterior, asignado al jefe de caballerizas. siguiendo los planos aprobados por el rey en 1743.

Afortunadamente se conservan en las fuentes los vestigios de los primeros pacientes de esta lasarett, cuya razón de ser no era solo cuidar sino curar. Entre el 24 de agosto de 1768 y el 2 de marzo de 1769 se trataron allí solamente ocho pacientes. El primer paciente fue un criado con una pierna rota, para el que se construyo “una pierna de madera con correas de cuero” y “un instrumento, aplicable a las roturas de miembros, que se conserva entre los inventarios de lasarett.” El tratamiento se basaba en la anamnesis y los medicamentos empleados eran la quinina para la malaria, el mercurio para la sífilis, el opio para los dolores, los calambres y para dormir y también, como no, las sangrías, con o sin sanguijuelas. Cerveza y vino contra la raquitis, enema de alcanfor contra la enteritis. Pero, aquí entro yo, la hernia se operaba, he, así que a mi me hubiesen operado entonces como ahora. La cirugía había avanzado en esa época bastante, en cuanto a amputaciones y extracción de ganglios etc. Aún no se tenía una anestesia efectiva y se usaba el alcohol o simplemente se sujetaba al paciente, o las dos cosas a la vez. Yo estoy muy agradecido a William Morton, que en 1846 operó por primera vez a un paciente usando éter. La verdad es que no recuerdo nada de lo que pasó después que el anestesista me pusiese una inyección y la enfermera me incitara a respirar hondo en una mascarilla.

Algo muy importante era entonces como ahora la economía. Estas instituciones eran estatales o municipales, pero su financiación se hacía dividiendo los costes entre diferentes estamentos: la iglesia, la nobleza, la burguesía y el campesinado, en Lund, naturalmente, la universidad. Por tanto, en la junta directora de lasarett podemos ver a sacerdotes, nobles, burgueses, campesinos y catedráticos. La economía era y es siempre central y los costes continuamente crecientes. Por eso me pregunto ¿cómo algunos partidos pueden intentar, y de hecho, hacer recortes? Si los costes de edificios, material y personal crecen continuamente y la población también crece y, lo que agrava también la cosa, envejece, ¿cómo se pueden hacer recortes, sin deteriorar el sistema? Suecia destina a la atención médica alrededor del 11% al 12% del Producto Interno Bruto según cifras de 2022. España dedica de un 9% a un 10% a la salud. Estos dos países tienen unos sistemas sanitarios de muy buena calidad. El sueco lo he vivido en “propias carnes” y el español también, aunque en menos manera y puedo garantizar que los dos funcionan y muy bien.

No, no se puede, no se debe recortar en sanidad. Es lo único que hace nuestras sociedades humanas y la que nos garantiza un bienestar sostenible. Sin salud no hay bienestar. Si hay que recortar, recorten en armamento, suban los impuestos o las dos cosas a la vez. Yo sé que la salud no tiene precio. Por tanto, dejo ahí un símbolo del amor en chino, amor y compasión y no guerra y odio. Faites l’amour, pas la guerre!


[1] Åman, Anders: Om den offentliga vården. Byggnader och verksamheter vid svenska vårdinstitutioner under 1800- och 1900-talen. En arkitekturhistorisk undersökning (1976).

[2] https://www.svd.se/a/On9RPb/senmedeltida-felsagning-ordets-ursprung

Paseo cuadragésimo cuarto. Por los pelos.

Hoy paso durante mi paseo, como tantas veces, ante la casa de entramado de madera en Stora Gråbrödersgatan (Calle mayor de los franciscanos), lugar donde se escribió el primer bestseller internacional sueco. El autor de esa obra era el humanista, romántico, profesor y obispo Essaias Tegnér, también conocido por su alias Bodwar Bjarke. En esta casa de labor, de la que hoy solo queda un pequeño edificio, el profesor de treinta y ocho años escribió su gran epopeya, “La saga de Frithiof”, entre 1820 y 1825. Cuando finalmente se imprimió, se convirtió en la obra más leída hasta ese momento de un autor sueco. “La saga de Frithiof” se tradujo al danés, inglés, estonio, finlandés, francés, islandés, italiano, croata, latín, bajo alemán, neerlandés, noruego, ruso, alemán y húngaro. En español existe la versión “La saga de Fridtjof el valiente y otras sagas islandesas” en traducción de Santiago Ibáñez Lluch, que por cierto también ha traducido y presentado Gesta Danorum de Saxo. En Suecia, se publicaron 60 ediciones hasta finales del siglo XIX. La obra fue el libro más leído del siglo XIX y un exitoso éxito de exportación que sentó las bases para la fiebre vikinga que estalló en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Es sorprendente cómo Tegnér ha desaparecido de la enseñanza en las escuelas suecas. Solía yo usar el Museo Tegnér en mi enseñanza de historia, entre otras cosas, para explicar el surgimiento del nacionalismo sueco, el goticismo, etc., pero algunos de mis colegas consideraban que el conocimiento sobre Tegnér era innecesario.

De regreso a Lund, vengo cargado de vestigios del fin del antiguo régimen a nivel internacional, y las repercusiones que esto tuvo en Suecia y en España. Durante el viaje de vuelta me entretuve en pensar en cómo se vivirían esos acontecimientos en Escania y me imagino a los próceres locales en Lund, en sus reuniones al calor de una estufa, con una pipa de espuma de mar en la mano y una humeante taza de café o quizás una copa de coñac en la mesa. Las noticias llegaban de la corte puntualmente y con solo unos días de retraso. La información estaba sin duda filtrada por los “hombres de 1809”, los que estaban detrás de la abdicación de Gustavo Adolfo, los podríamos llamar “los afrancesados”, que, directamente después del golpe de estado de 1809, innegablemente una consecuencia de la derrota en la guerra finlandesa, hicieron todo lo que estaba en su poder para denigrar la política del depuesto Gustavo IV Adolfo durante los años de guerra.

Aquí en Lund, el desterrado rey era profundamente impopular por su política anti – napoleónica. Se abría una grieta entre Estocolmo y la Escania conquistada poco más de cien años antes y arracada de Dinamarca. Aquí en Lund se comprendía la posición tomada por la antigua metrópolis, de amistad y apoyo a la política de Napoleón, y no se comprendía la actitud del monarca sueco. Cuando la noticia de la muerte de Napoleón llega a Lund a finales de agosto de 1821, afecta al mismo centro del culto al emperador en Suecia.

Gran parte del cuerpo docente de la universidad de Lund se reunía durante las primeras décadas del siglo XIX en su club “Härbärget”(el alberge) para tomar toddy, la bebida de moda entonces, hecha con brandy o ron, azúcar y agua caliente, y condimentada con clavo y canela. En este club informal se participaba en charlas sobre política y literatura, siempre atendidos por la dueña del hostal Helena Sandgren, conocida como la Bella Helena, una mujer que había conocido días mejores pero que ahora había decidido dedicarse al cuidado de una brillante pero extraviada congregación de académicos que se habían quedado atrapados en la ciudad universitaria de Lund y personalidades tan variopintas como el maestro de esgrima y padre de la gimnasia sueca Pehr Henrik Ling, del que ya he contado algo en otra entrada.

El líder indiscutido era Esaias Tegnér, quien en esta compañía tenía un selecto grupo de oyentes para sus obras. Tegnér, nombrado catedrático de griego en 1812, tenía ya fama como poeta y retorico elocuente, que no ocultaba su admiración por Napoleón, aunque sabía que eso no caía bien en los círculos del poder político del momento. Las conversaciones en el salón de la Bella Elena tenían por tanto un toque de clandestinidad, que las hacía aún más interesantes. Christopher Isac Heurlin, un profesor que dejó Lund por Växjö en 1816, que es la principal fuente de nuestro conocimiento sobre esas reuniones, escribe en sus memorias sobre sus experiencias en Härbärget: “Napoleón era nuestro héroe. Seguíamos con atención y comentábamos sus campañas…Era natural que desaprobáramos profundamente la política de Suecia en 1812 y, en ese sentido, teníamos la opinión pública de nuestro lado. La caída de Napoleón en 1814 nos entristeció profundamente”. No es de extrañar que, al comienzo de los cien días, el grupo lo celebrase., su héroe había logrado escapar de su jaula de oro en Elba y pronto recuperaría todo su poder, presumían los seguidores en Lund. Seguimos aquí el relato de Heurlin:

“Una tarde de marzo (de 1815), el profesor Cederschiöld llegó desde Malmö y nos contó la gran noticia de que Napoleón había desembarcado en el sur de Francia. Esto provocó una gran algarabía entre nosotros. Ese mismo día, se esperaba que llegara el correo alemán a Lund. Acordamos reunirnos en “Härbärget” a las 8 para conocer la tan esperada gran noticia…Nos sentamos en una espera inquieta. A las 11 de la noche escuchamos la corneta del correo, inmediatamente caímos sobre los periódicos…en grandes títulos se podía leer: “Napoleón en el sur de Francia”. Se llenaron los vasos y antes de seguir leyendo, los vaciamos, con fuertes vítores, un brindis por Napoleón… Tegnér escribió versos.” Hasta aquí el testimonio de Heurlin. Así, entre toddy y toddy, Tegnér escribió sus versos dedicados al emperador caído, que regresaba a ocupar su sitio en la historia, como él y sus amigos académicos deseaban. Mi traducción rudimentaria:

El águila despertada (Den vaknade örnen)

Su ala estaba herida, su ojo cerrado,

dormía en su isla rocosa.

Creíamos que el poderoso dormía para morir.

Mira ahora, ha despertado. Alrededor de la tierra y del mar,

extiende su vuelo real.

Como la noche, despliega las alas de tormenta,

y lleva los truenos del relámpago.

El terror vuela alrededor del ejército de cuervos,

pequeñas aves rapaces, cuidaos, el vengador está cerca,

pone fin a su división.

Sentado tan cómodamente en los restos de Europa,

y picoteando trozo tras trozo.

En la cháchara de tonterías aquí y allá,

que el mundo era libre y que el cuervo era blanco,

era vuestro eterno grito.

Bien, ahora defendeos, es el momento,

veamos si ganáis alguna vez.

Desde los cielos vendrá él, hijo de hazañas,

y el espacio mundial se llenará con el estruendo de sus alas,

y la garra será como el anillo de la tierra.

Vuela águila real, como solías hacerlo antes,

tu vuelo triunfal, vuela aún,

que los insignificantes tiemblen en el trono otra vez,

y quien haya recibido alas para volar, estire aún

hacia el sol, hacia el sol, su camino.

La definitiva caída del héroe de los profesores de Lund se recibe lógicamente con pesar y amargura en Härberget. Tras su derrota en Waterloo, el emperador cae prisionero y los ingleses le llevan a Santa Elena. el 15 de octubre de 1815, Napoleón desembarca en la isla de Santa Elena en medio del Atlántico, un remoto lugar de residencia que nunca abandonaría con vida, esta vez sin grandes honores ni un gran séquito, un prisionero de guerra y poco más.  A Tegnér estos hechos le producen una gran pena y cae a partir de ahí en una profunda depresión, cuya expresión lírica se convierte en el poema misántropo “Nyåret 1816” (El Año Nuevo de 1816), donde el profesor-escritor y más tarde obispo muestra su desprecio por la nueva Europa, nacida de las cenizas del imperio. Él se esperaba tanto de ese nuevo mundo napoleónico que llegó a sentir un vacío emocional tan grande que le llevará, dicen algunos, a la locura. Yo no me atrevería a afirmar que ese fuese el origen de la enfermedad psíquica que sufriría a partir de 1817, pero su reacción puede estar en relación con una enfermedad latente. Leamos aquí la desesperación que sentía a raíz de la muerte de Napoleón en esta traducción mía de su poema El Año Nuevo de 1816:

 La verdad permanece; sin embargo, me parece absurdo

que predique, desde el manicomio.

La palma de la paz se convirtió en nuestro árbol genealógico al final,

bajo su protección, las naciones viven en paz.

El orden entra, y los impuestos salen,

y de regalo obtenemos la fe cristiana.

El comercio es libre y cada negocio legítimo,

y en cada fiesta de coronación hay libre consumo.

Ciertamente, la humanidad parece ser un lisiado, pero eso

se debe a la enfermedad inglesa.

El enano es cortés; Su Majestad

piensa en usarlo como bufón de la corte.

El destierro se declara, a su petición,

Un logro, al que llaman honor.

¡Hola! La religión es jesuita,

los derechos humanos, jacobinos,

el mundo es libre, y el cuervo es blanco,

¡viva el Papa y el Diablo!

Quiero viajar a Alemania para aprender

a escribir sonetos en honor a la época.

Bienvenido, Año Nuevo, con oscuridad y asesinato,

y mentira y estupidez y ostentación.

Espero que fusiles nuestra tierra,

una bala puede serle útil.

Está inquieta, como muchos otros,

pero todo se calmará si le disparan en la frente.

Podríamos afirmar que los amigos del Härberget no estaban tampoco demasiado contentos con la elección de Jean Baptiste Bernadotte, sobre todo a partir de 1813, cuando se vio claramente que Bernadotte estaba dispuesto a sumarse a los enemigos de Napoleón. En el poema podemos leer alusiones al entonces todavía príncipe heredero, a los ingleses, a los jacobinos (franceses y suecos) a las alianzas en contra del emperador. Algunos de ellos, especialmente Tegnér y Ling, se dedicaron a buscar en la historia de Suecia inspiración para una regeneración tanto ética como económica y cultural. Desde su organización, Götiska Förbundet (Asociación Gótica), trataban de “recuperar Finlandia desde dentro de las fronteras de Suecia”, lo que significaba trabajar para construir una nación más culta, más rica y más justa. Esta Asociación Gótica es muy interesante, muy anticipada a sus tiempos, opino yo, y merece ser tratada con profundidad en una próxima entrada.

Aunque no lo parezca, mi intención hoy no era en absoluto ni presentar la obra literaria de Tégner, ni la influencia política de Napoleón en Escania, no, lo que yo me puse a pensar al pasar por la casa de Tegnér eran los pelos del catedrático poeta y de sus amigos. Eso es, el peinado que todos lucen en los retratos. Porque, salta a la vista, todos siguen una moda especifica, la moda Titus. Y, es preguntaréis quizás, ¿qué es esa moda y como llego a Suecia y a España?

Todo comenzó en Paris y se debe en parte a la revolución francesa, aunque esta moda tiene que ver con el teatro y muy concretamente con un actor que fue muy relevante en su época, el incomparable François-Joseph Talma. Nacido en 1763, el mismo año en que nació Jean Baptist Bernadotte y por tanto seis años mayor que Napoleón, se fue a Londres a los 13 años para aprender el oficio de dentista, que su padre ya practicaba en la capital del Reino Unido. Sin embargo, su futuro se vería más influenciado por el descubrimiento del teatro isabelino que por la profesión de su padre. En Inglaterra, actuó como aficionado en pequeñas representaciones. Al regresar a Francia en 1785, se estableció de todos modos como dentista. Talma se inscribió en la fundación de la École Royale de Déclamation en 1786, y abandonando la profesión de dentista. Debuta en la Comédie-Française en 1787 en “Mahomet” y luego interpreta a Bruto y “La Mort de César”, tragedias de Voltaire. Es en esos papeles que Napoleón lo conoce y, como gran entusiasta del teatro, hace amistad con el actor. En el papel de Bruto ya luce Telma un peinado corto, cardado o rizado en el flequillo, que llama la atención del público y sobre todo de Napoleón. Al regresar de la expedición a Egipto en 1799, Bonaparte se corta el cabello al estilo de Talma, y sus soldados lo empieza a apodar “Le petit tondu” (El pequeño rapado) y no se contenta con ser el único “tondu” pues impone a todo su ejército abandonar los cabellos largos y las pelucas a favor del corte a la Titus. Diciendo “todos” queremos decir casi todos, pues varios de sus mariscales se resisten a cortar sus cabellos largos. Bessières por ejemplo mantuvo su coleta, larga y delgada, que parecía una auténtica coleta de prusiano. Lannes también se negó a sacrificar su coleta como también lo hizo Augerau. Aquí hacemos un pequeño paréntesis para llegar a la coletilla que lucen los toreros. Parece ser que esta, de pelo natural, se llevaba para proteger la nuca de los golpes en las caídas, pero también cayó, como las francesas, en 1805, siendo sustituida por la moña que llevan hoy día.

Hasta la Revolución Francesa en Francia, los hombres llevaban pelucas que se empolvaban con polvo de arroz o almidón. Para esta operación, se utilizaban batas especiales y era costumbre cubrir el rostro con un cono de papel grueso, un gran engorro, vamos. Este tipo de peinado era característico de la aristocracia durante el Antiguo Régimen, razón por la cual este tipo de atuendo desapareció con la Revolución para evitar llamar demasiado la atención y correr el riesgo de perder la cabeza bajo la guillotina. Se optó entonces por el cabello natural, que se llevaba bastante largo, como se puede ver en los primeros retratos de Napoleón y de sus generales y mariscales al principio de sus carreras.  

Curiosamente este corte de pelo sigue siendo actual en Inglaterra, donde los mods siguen vivos y coleando, siempre regresando en nuevas generaciones. Si nos fijamos en el peinado de los Beatles en los comienzos de los 60, se parecía mucho al Titus de Talma. Los políticos de la era napoleónica, los filósofos, académicos, las clases medias, de toda Europa, cambiaron rápidamente su corte de pelo y su atuendo. Los pantalones largos sustituyeron los de media calza (culottes) en la vestimenta de los republicanos y pronto de todos los europeos. Si comparamos con la época de los 60 del siglo pasado veremos que el pelo a lo Titus que popularizaron de nuevo los Beatles, pronto fue emulado por jóvenes y menos jóvenes. Miremos viejas fotos de Felipe Gonzalez y Alfonso Guerra, por ejemplo, o de un seguro servidor en la misma época, y veremos que, cada uno de nosotros, a nuestra manera, también tratábamos de seguir la moda. Y, ¿os habéis dado cuenta del peinado del nuevo presidente argentino? Abajo pongo algunas fotografías para ilustrar lo que aquí cuento. Hasta una foto de mi loca juventud, cuando yo berreaba en un conjunto musical en Salamanca. Por último, el mismo Talma en su papel como Nero.

Paseo cuadragésimo tercero. Dos monumentos, tres hombres y una mujer, una corona y un cuento de hadas, todo a la sombra del palacio real de Estocolmo.

A la entrada del palacio real de Estocolmo hay dos monumentos, Uno de ellos es un obelisco el otro una estatua ecuestre. Estos dos monumentos nos cuentan una historia que tiene mucho de cuento de hadas, me explicaré.

Se rumoreaba por Estocolmo que el rey Gustavo no estaba interesado por las mujeres. Casado a los veinte años con la princesa Sofía Magdalena de Dinamarca, no tuvo descendencia hasta 1778, once años tras su matrimonio, lo que se había convertido en una constante preocupación en la corte. Finalmente, cuando nació el primogénito, tras la muerte de un primer vástago que le precedió, se rumoreaba que el autentico padre de la criatura era el jefe de cuadras de palacio. Corrían por la ciudad caricaturas bastante explicitas. Fredric Munck, que así se llamaba el jefe de cuadras de palacio, relató de puño y letra como ayudó al rey a producir un heredero al trono, pues el rey no tenía ni idea de esas cosas, se dice. Según el, les llegó a colocar en la posición correcta para copular en el lecho real, porque el rey no atinaba. Explica Munck que Gustavo III padecía de una malformación en el pene que le dificultaba al copular, mientras que a su vez la reina era tan “estrecha” que sentía terribles dolores durante la penetración. Hoy pensaríamos quizás que se trataba de una vaginitis en el caso de la reina, en cuanto al pene real, no tenemos idea de que malformación pudiera tratarse, en todo caso, tenemos solo las afirmaciones de Munck. El caso es que, según este Munck, el simplemente les ayudó a copular, como ya lo había hecho tres años antes la doncella de la reina Anne-Sofie Ramström, que, por cierto, era la amante de Munck, con la que tuvo tres hijos.

¿Vamos a creer la versión de Munck? Tenemos por otra parte una gran cantidad de fuentes qu nos pueden servir como indicios de que la concepción de el pequeño Gustavo tenia algo, al menos, de peculiar. El hermano menor de Gustavo, el príncipe Carlos, trató de forzar a Munck para que este reconociese la paternidad del príncipe, algo que Munck siempre negó. En cuanto a una supuesta relación con la reina, sabemos que esta ordenó que se le retiraran las pensiones que ella le había concedido, a el y a su madre, al saber que Munck había iniciado una relación amorosa con una prima ballerina del Teatro Real, la por entonces famosísima Giovanna Bassi. Hay un dicho sueco que dice: Ingen rök utan eld” (no hay humo sin fuego), aquí dejamos las especulaciones y seguimos el relato, que hoy va ser un pelín largo.  

Al hermano de Gustavo III, el príncipe Carlos, le habría venido como anillo al dedo, poder probar que la paternidad de Gustavo Adolfo era de Munck. De hecho, trató de todas las maneras posibles de obligar al jefe de cuadras a admitir que era el padre del nuevo príncipe, pero este se negó rotundamente y fue recompensado por los reyes que le nombraron conde y gobernador en Uppsala. Este señor tiene una trayectoria vital tan interesante que merece una entrada propia, que pronto le dedicaré, pero ahora le dejamos a su suerte mientras nos dedicamos a explicar detalladamente lo que nos cuentan los dos monumentos de la entrada del palacio de Estocolmo.

Este relato nos va a llevar al 14 de julio de 1789, el asalto a la bastilla. Dos jóvenes soldados comienzan ese día sendas carreras que los llevarán en volandas a lo más alto de la sociedad. No son pastores, ni obreros, aunque no pertenecen de ninguna manera a las élites del antiguo régimen. Tanto el uno como el otro pertenecen a la periferia francesa; un navarro y un corso. El uno, hijo de un notario en la pequeña ciudad navarra de Pau, poco dado a los estudios, grande y robusto, de espíritu aventurero, nació en 1763, sus padres, Henri Bernadotte y Jeanne Saint Jean. Muchos dirían de él que era bastante borde, pendenciero y abusón, un chico alto y recio con muy mal genio y de carácter inquieto. Su lengua era la lenga d´`òc y toda su vida hablaría el francés con un fuerte acento bearnés. Con 17 años se alista Jean Baptiste como voluntario en el regimiento Royal-la-Marine y al estallar la revolución lleva ya los galones de sargento, el más alto rango al que podía aspirar un soldado que no fuera noble. La carrera de este joven, llamémosle ya por su nombre Jean Baptiste, es tan alucinante que ya en 1794 ha alcanzado el grado de general de división, todo esto sin pisar Paris, que conocería por primera vez en 1797.

Dejamos al navarro y nos vamos a Córcega, a Ajaccio concretamente, donde el 15 de agosto de 1769 nace el pequeño Napoleone. El padre, Carlos Buonaparte, era un abogado de considerable reputación y su madre Letizia Ramolini, una mujer destacada por su belleza y fortaleza mental. En la guerra de independencia tomaron el partido independentista, luchando con las armas por evitar la dominación francesa. Trataré de poneros al tanto de lo que ocurría en la pequeña isla mediterránea al nacer el pequeño Napoleone. La isla, había pertenecido a Aragón de 1296 a 1434 quedando bajo Génova hasta que Francia la adquirió en 1768, pero eso era en el papel. En realidad, la isla era muy difícil de gobernar desde tiempos remotos y entre 1755 y 1769 se rigió por la primera constitución moderna, según los criterios ilustrados. El padre de la constitución, Pasquale Paoli, quien lideró la independiente minirrepública corsa entre 1755 y 1769, no se ajusta en absoluto al estereotipo del corso. Paoli era un ilustrado altamente educado que, además de su lengua materna corsa, hablaba con fluidez italiano, francés e inglés. En su tiempo libre, leía obras de Dante, Racine, Pope y Swift, así como filósofos como Montesquieu y Maquiavelo. El filósofo ginebrino Jean Jaques Rousseau participó, a petición de los corsos, en la redacción de la nueva constitución. De esta constitución se hicieron eco los medios de la época y su conocimiento se propagó entre los ambientes ilustrados de toda Europa y de América, especialmente entre los colonos ingleses insurrectos que formarán, influenciados por ella, los Estados Unidos y su Constitución.

El hermano mayor de Napoleone, Giuseppe, que como sabéis llegó a ser rey de España, nació por tanto en una Córcega independiente. Los padres eran partidarios de la republica y lucharon por defenderla. Al finalizar la guerra, el padre de Napoleone habría preferido exiliarse junto con Paoli, pero sus familiares lo disuadieron de dar ese paso, y posteriormente se reconcilió con el partido vencedor, siendo protegido y patrocinado por el gobernador francés de Córcega, el Conde de Marbœuff. A Napoleone y le seguirían once hermanos más, aunque solo seis, tres varones y dos hembras sobrevivieron la niñez. Con solo 30 años enviudó Leticia, que tendría grandes dificultades para mantener dignamente a la familia y ofrecerle una educación acorde a su cuna, pues la familia pertenecía a la pequeña nobleza de la isla.

Seguiremos ahora al joven Napoleone. Ya a los siete años fue enviado a Francia e ingresó en la escuela militar de Brienne, sin hablar una palabra de francés, pero se hizo pronto respetar por su carácter. El muchacho era claramente superior a sus compañeros en matemáticas y en todas las asignaturas relevantes para un futuro militar, pero los altivos cachorros de aristócratas trataban de burlaban de él poniéndole motes. A su amigo Bourienne, le confeso que “haría todo el daño que pudiese a los franceses”; se sentía pues marginado y discriminado por su origen. Ya en París, tras pasar por la escuela superior del ejército, recibió su primer despacho como subteniente en el regimiento de artillería La Fere en Valance, en 1785, tenía entonces solo dieciséis años. Estando en Valence, Buonaparte compitió de forma anónima por un premio ofrecido por la Academia de Lyon a la mejor respuesta a la pregunta: “¿Cuáles son los principios e instituciones mediante los cuales la humanidad puede elevarse a la mayor felicidad?” Ganó el premio, pero desconocemos el contenido de su ensayo. Talleyrand, mucho tiempo después, obtuvo el manuscrito y, pensando en complacer a su soberano, se lo llevó. Este ojeó dos o tres páginas y lo arrojó al fuego. Es probable que el tratado del entonces teniente estuviera lleno de opiniones que al Emperador le resultaba conveniente olvidar.

En Valence, encontró a los oficiales de su regimiento divididos, al igual que todo el mundo en ese momento, en dos facciones: los amantes de la Monarquía Francesa y aquellos que deseaban su derrocamiento. Él se alineó abiertamente con estos últimos. “Si hubiera sido general”, dijo Napoleón años más tarde, “podría haberme adherido al rey; siendo subalterno, me uní a los patriotas”.

La carrera de Napoleón no fue tan rápida como la de Jean Baptiste Bernadotte. A principios de 1792, ascendió a capitán de artillería (sin asignación). De Bourienne describe como el joven oficial sin puesto fijo va deambulando ociosamente por París, comiendo a crédito en restaurantes y haciendo planes como que él y su compañero de escuela alquilaran algunas casas e intentaran ganar algo de dinero subarrendándolas en apartamentos. Me le imagino sentado en el café Procope, en la rue de l’Ancienne-Comédie, 12, lugar donde suelo ir siempre que voy a París y que por cierto conserva uno de sus famosos sombreros, que se dice tuvo que dejar en prenda por no poder pagar la cena. Tenía eljoven oficial una novia riquísima, hija de un comerciante de sedas y banquero de Marsella, Desirée Clary, a la que tendremos ocasión de regresar más adelante. Hasta la caída de Robespierre, solo había sido un espectador de la Revolución; no pasó mucho tiempo antes de que las circunstancias lo llamaran a desempeñar un papel importante.

Buonaparte se encontraba en Córcega en 1791 para ver a su madre. Tenía permiso para viajar a la isla, pero se quedó allí pasado el permiso y le quitaron el sueldo. Había acondicionado una pequeña sala de lectura en la parte superior de la casa como la más tranquila, y pasaba las mañanas estudiando sus libros de historia y geografía, siempre preparándose, siempre alerta. Las noches las pasaba entre su familia y antiguos conocidos. Paoli, que conocía bien a Napoleón, hizo todo lo posible para reclutarlo para su causa; solía darle palmadas en la espalda al joven militar y decirle que era “uno de los hombres de Plutarco”. Pero Napoleón estaba convencido de que Córcega era un país demasiado pequeño para mantener su independencia, y estaba condenado a caer bajo el dominio de Francia o Inglaterra y que sus intereses se verían mejor servidos al adherirse a la primera. Por lo tanto, resistió todas las ofertas de Paoli y ofreció su espada al servicio de Pasquale Salicetti. Se le encomendó a Napoleone el mando de un batallón de la Guardia Nacional. El gobierno inglés comenzó a reforzar a Paoli, y la causa del partido francés parecía desesperada por el momento y el joven oficial dejó la isla. Los Buonaparte, incluido Napoleone, fueron desterrados de Córcega en otoño de 1793, y su madre y hermanas se refugiaron primero en Niza y luego en Marsella, donde durante algún tiempo sufrieron todas las incomodidades del exilio y la pobreza.

Llegó de regreso a Francia y ese mismo otoño de 1793, en Toulon, se destacó militarmente por primera vez, y también fue allí donde conoció a Paul Barras, líder político del Directorio entre 1795 y 1799, un contacto que resultaría crucial para su carrera continua. Bonaparte fue nombrado brigadier general en diciembre del mismo año y coincidió en estar en París en octubre de 1795 cuando Barras y el gobierno necesitaban a alguien que pudiera sofocar la sublevación realista de vendimiario.

Como tantas veces más tarde en su carrera, Napoleón supo entonces aprovechar la ocasión y actuar de manera rápida y eficaz. Limpió las calles de París de realistas con sus cañones y fue llamado Général Vendémiaire por los partidarios del gobierno. El ambicioso oficial de Córcega había salido del anonimato. También hay que decir que la revolución había allanado el camino para el joven oficial, porque de los 56 cadetes nobles que se graduaron con Napoleón, 51 había abandonado Francia.

Como agradecimiento por su ayuda, Napoleón fue nombrado jefe del ejército italiano. La campaña en Italia de 1796-1797 se convirtió en una larga serie de victorias, y saqueos. Dinero, obras de arte y otros activos fueron enviados en interminables caravanas al gobierno en París. Austria se vio obligada a la paz en los términos que puso Napoleón y él se convirtió en el gran héroe de Francia. Dejemos a Napoleón (ahora dejo ya de llamarle por su nombre de pila) y vamos a ver como se conocieron los dos protagonistas de esta entrada. La primera conversación entre Bernadotte y Napoleón se convirtió en un enfrentamiento y lucha por el poder a niveles superiores, donde ambos señores se estudiaron fríamente. Bernadotte era seis años mayor y había sido ascendido a general de división dos años antes que Napoleón, basando su mérito en campañas y campos de batalla. El nombramiento de Napoleón como jefe del ejército fue político, opinaba Bernadotte, y se basó en su masacre de civiles en las calles de París. Desde el principio, ambos generales se vieron mutuamente como rivales y competidores. Para complicar más la cosa, Bernadotte se casó en 1798 con Desirée Clary, la antigua novia de Napoleón, que como sabemos prefirió casarse con la amante de su amigo y protector Paul Barras, la bella viuda Josephine Beauharnais en 1796. A Desirée la volveremos a encontrar en el patio del palacio de Estocolmo muchos años más tarde.

Bien, saltémonos gran parte de las guerras napoleónicas para llegar a donde nos proponemos. Para eso tenemos que regresar al pequeño príncipe Gustavo, huérfano de padre desde el 29 de marzo de 1792, que heredó el trono con 13 años. Este joven rey, odiaba todo lo que tuviera que ver con la revolución al mismo tiempo que conservaba la enemistad ancestral de Suecia contra Dinamarca y Rusia. Como una consecuencia lógica de la enemistad del monarca sueco con Francia, se firmó una coalición con Gran Bretaña, para neutralizar el bloqueo continental iniciado por Francia contra Gran Bretaña. La reacción de Napoleón fue enviar tropas a Dinamarca bajo las órdenes de Jean Baptiste Bernadotte.  Hay dos sucesos importantes que abren los acontecimientos que llevaron al ya Gustavo Adolfo IV de Suecia a abdicar y a Jean Baptiste Bernadotte a ocupar el trono vacante de Suecia. La historia es alucinante y en ella veremos personas y acontecimientos que revelarán una estrecha relación con…señoras y señores…aunque no se lo crean, con España.

Ponemos el punto de mira en 1807.  El 1 de julio de ese mismo año, el ya emperador Napoleón y el zar Alejandro I se encuentran en una balsa anclada en medio del río Niemen, el río fronterizo entre la Alemania conquistada y el imperio ruso. El ejército de conscripción altamente entrenado de Napoleón aplasta toda resistencia en Europa, y las fuerzas del zar acaban de ser derrotadas en la batalla de Friedland. El emperador y el zar firman el tratado conocido como el Tratado de Tilsit, tratado que parece ser una premonición del que firmaron Alemania y la Unión Soviética el 23 de agosto de 1939, el llamado Pacto Ribbentrop-Mólotov. Como en este último, en Tilsit hubo una parte secreta por la que Francia y Rusia se repartían el poder.  Napoleón propone una división geopolítica del continente. Si el zar Alejandro permite que Napoleón tenga control en Europa central y occidental, Napoleón no intervendrá en las acciones de Rusia en el norte y sur. Aquí entra Finlandia y por tanto Suecia.

Finlandia representaba desde la edad media la tercera parte del territorio sueco y, a principios del 1800, la cuarta parte de su población. Götaland, Svealand, Norrland y Finland, eran las cuatro regiones que componían el reino de Suecia. Desde la formación del reino independiente de Suecia en 1523 las guerras con Rusia fueron constantes. Todos los reyes suecos se habían visto involucrados en conflictos con Rusia, casi siempre originados por problemas relacionados con la demarcación de las fronteras, sobre todo de las zonas costeras y de los puertos para la exportación. En febrero de 1808 comenzó el ataque ruso a Finlandía. Desde finales del verano de 1808, quedó claro que la superioridad rusa era abrumadora. Las tropas suecas tuvieron que retirarse a la península sueca. En la primavera de 1809, los rusos avanzaron hasta el territorio sueco y amenazaron incluso a Estocolmo durante un tiempo. En agosto de 1809, se iniciaron negociaciones con el zar Alejandro y el 17 de septiembre se pudo firmar un tratado de paz. Además de las cesiones de tierras, la Guerra Finlandesa resultó como siempre sucede en las guerras, en pérdidas humanas muy significativas. Miles de soldados suecos murieron, congelaron hasta la muerte o sucumbieron a enfermedades. Una consecuencia completamente diferente de la guerra y sus consecuencias catastróficas para Suecia fue que el rey sueco Gustavo IV Adolfo se vio obligado a abdicar y el país adoptó una nueva forma de gobierno

Al sur de Suecia, los acontecimientos nos llevan a Dinamarca, que ha sido atacada por Gran Bretaña para evitar que su flota cayera en manos de los franceses. Previamente Dinamarca había entrado en guerra contra Suecia, su eterno enemigo, y contaba con la ayuda de Francia. Al mismo tiempo, el 9 de febrero de 1808, Bernadotte fue informado de que Rusia había obtenido la aprobación de Napoleón para atacar Finlandia. Para ayudar a forzar a la rebelde Suecia en la nueva Europa francesa, se planificó un ataque contra Escania, la región donde vivo yo. Las tropas, en total 30,000 hombres, entre los cuales se encontraba un importante contingente español compuesto por 13 355 hombres, 3088 caballos y 25 cañones, comandado por el marqués de La Romana. Llegan a Dinamarca a el 15 de marzo de 1808 para defender el país contra los ingleses y los suecos. Toda la operación va comandada por Jean Baptist Bernadotte escoltado por cazadores españoles del Regimiento de Zamora a caballo. La situación era confusa. El rey Cristián VII, había viajado a Holstein para ayudar a sus tropas contra la invasión francesa, pero falleció allí el 13 de marzo. Federico VI, el nuevo rey, ofreció una cena en el palacio de Amalienborg. Según el plan, un ejército hispano-danés bajo mando francés invadiría Suecia desde el sur. Bernadotte le había asegurado a Napoleón que podría llegar a Estocolmo durante la primavera.

Pero los acontecimientos en España hicieron que el destacamento español se encontrase incómodo estando bajo mando francés y sabiendo que, en España, a partir del dos de mayo se estaba luchando contra el aliado forzado. Con el apoyo de Gran Bretaña, según la máxima de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos, se preparaba para regresar a España. En agosto de 1808 se precipitaron los acontecimientos de tal manera que una escuadra inglesa, supuestamente enviada inicialmente a Gotemburgo para ayudar a los suecos en su guerra por Finlandia, paso a Dinamarca a recoger a los españoles y transportarles hasta Santander. El plan se puso en marcha el día 9 de agosto, tomando marqués de la Romana Nyborg con sus 8779 hombres. El comandante de la ciudad, el barón Gyldenkrone, sólo contaba con 1000 soldados y se rindió sin luchar. En el puerto había 44 pesqueros, el bergantín Fama y dos balandras, la Soormen y la Laurwing. Tomaron el control de los barcos y de las baterías de cañones y embarcaron para Langeland. España había de esta manera declarado la guerra a Dinamarca, la antes aliada. El escritor danés Hans Christian Andersen escribiría en sus memorias el recuerdo tan grato que le habían producido estos soldados españoles:

“Pero el recuerdo que más claramente se me quedó grabado en la memoria, avivándose cada vez que de ello se habla, es la llegada de los españoles a Fionia en 1808. Dinamarca se había aliado con Napoleón, a quien Suecia había declarado la guerra, y antes de que se pudiera uno dar cuenta, teníamos en Fionia un ejército francés y tropas auxiliares españolas para marchar a Suecia bajo el mando del Mariscal Bernardotte, Príncipe de Pantecorvo. No tendría yo entonces más de tres años, pero todavía me acuerdo muy bien de aquellos hombres oscuros que iban por la calle haciendo estrépito y de los cañones que disparaban en la plaza y delante del obispado; veía a los soldados extranjeros tirados por las aceras y encima de haces de paja en la iglesia medio derruida de los Franciscanos. Ardió el castillo de Kolding y Pantecorvo (Jean Baptiste Bernadotte) vino a Odense, donde estaban su esposa y su hijo Oscar. En las escuelas de toda la comarca se habían improvisado puestos de guardia; se decía misa en los campos, bajo los árboles grandes, y al borde de los caminos. Se comentaba que los soldados franceses eran altaneros, los españoles, en cambio, bondadosos y amables; se tenían un profundo odio los unos a los otros; los pobrecillos españoles eran los que daban más lástima. Un día un soldado español me cogió en brazos y me puso en los labios una medalla de plata que llevaba en el pecho desnudo. Recuerdo que mi madre se enfadó, porque era cosa de católicos, dijo, pero a mí me gustó la medalla y el hombre extranjero que bailaba conmigo en brazos besándome y llorando ¡seguro que él también tenía hijos en España! Vi cómo llevaban a uno de sus compañeros al cadalso por haber dado muerte a un francés. Muchos años más tarde, recordando estos hechos, escribí mi pequeño poema «El soldado», que ha adquirido gran popularidad en Alemania por la traducción de Chamisso que se recoge en Canciones de soldados como original alemán.”[1]

La mayoría de los españoles lograron regresar a España, no sin antes pasar con la ayuda de los ingleses a Gotemburgo, donde esperarían la llegada de 37 buques españoles que les llevarían de regreso a España, llegando a Santander el 9 de octubre. Ya he contado en otra entrada la aventura del soldado Panduro, así que en Dinamarca quedan aún hoy recuerdos vivos de aquellos españoles que fueron a conquistar Suecia y regresaron a su país para liberarlo de los “aliados” franceses. Secuelas de esos acontecimientos quedaron hasta nuestros días, pues,  el cabildo granadino de Huéscar decidió el 11 de noviembre de 1809 declarar la guerra a Dinamarca, aunque pronto se olvidó, quedando los documentos enterrados entre legajos hasta que alguien los descubrió y en 1981 el ayuntamiento de Huéscar celebró un acto con representación política de ambos países para firmar la paz. [2]

Me he entretenido un poco más de lo que pensaba con esto de las tropas españolas en Dinamarca, que es una historia muy interesante que da para mucho, pero ahora regreso a Jean-Baptist, Napoleón y Gustavo Adolfo, que es a lo que iba yo en un principio. Concentrando el relato: La guerra de Finlandia le fue muy mal a Suecia, que perdió una cuarta parte de su territorio y una tercera parte de su población. A consecuencia de estos acontecimientos, los nobles suecos iniciaron una revuelta contra su monarca, Gustavo Adolfo, al que retiramos ya de la atención de esta entrada, porque desapareció completamente de la escena política tras su abdicación obligada. A este desgraciado monarca le echaban la culpa de la pérdida de Finlandia. El trono sueco quedaba vacante, aunque el tío de Gustavo Adolfo, Carlos, hermano de Gustavo III, anciano y sin hijos, subió al trono como Carlos XIII, de forma interina.

Los partidarios de reformar el gobierno se apresuraron a redactar una constitución, siguiendo los principios de la división de poderes, recortando las atribuciones del monarca y resaltando el papel a jugar por el parlamento. No teniendo descendencia el rey interino, y tras muchas deliberaciones, se ofreció la corona a un príncipe danés, Carlos Augusto, que fue elegido como heredero el 18 de julio de 1809.  El 28 de mayo del año siguiente murió el príncipe heredero de manera fulminante y sospechosa para algunos, que echaron la culpa al antiguo gran amigo de Gustavo III, Axel von Fersen, el único sobreviviente importante del antiguo régimen y por tanto considerado como enemigo de la constitución y del nuevo orden. Axdel von Fersen.

El 20 de junio, durante el entierro de Carlos Augusto, cuando el cortejo fúnebre con el ataúd del príncipe se acercó a la capital, von Fersen, en su calidad de mariscal del reino, se presentó para guiar según el protocolo la procesión hacia Estocolmo. Sin embargo, en la ciudad prevalecía un ambiente hostil, abundaba el aguardiente gratuito y la gente estaba ebria. Cuando la procesión llegó a Estocolmo, el mariscal del reino iba en su carruaje de gala abierto, justo delante del coche fúnebre. El pesado carruaje era tirado por seis caballos blancos con arneses rojos y herrajes dorados.

Al pasar por el barrio popular de Söder, la multitud comenzó a gritar y escupir hacia el carruaje abierto de Fersen. Pronto comenzaron a arrojarse piedras y otros proyectiles a través de las ventanas del carruaje y, sin que interviniesen los soldados presentes que le escoltaban, fue arrastrado fuera de su carruaje de mariscal del reino y golpeado brutalmente. Buscó refugio en un edificio en Stora Nygatan, una fonda, pero fue arrastrado nuevamente hasta la calle, donde continuó la paliza. Le arrancaron la ropa, y finalmente le patearon hasta romperle la caja torácica. Todo esto ocurrió frente a soldados de la Guardia de Corps de Svea que estaban allí para mantener el orden. No se ha llegado nunca a aclarar el motivo de la pasividad de los soldados, ante este linchamiento. Se ha querido explicar que se había iniciado una campaña contra él y contra su hermana, la condesa Piper, a la que se culpaba del supuesto envenenamiento del pretendiente, aunque se sabe que la muerte le llegó a este como consecuencia de un ictus. En realidad, muerto Axel von Fersen, quedaba el terreno libre para los partidarios de una constitución al modelo de la corsa, la francesa y la americana, y la mayor representación de las clases emergentes en la sociedad sueca.

El trono de Suecia seguía sin encontrar heredero. El gobierno sueco pensó que, para elegir un nuevo heredero a la corona, había que consultar al hombre más poderoso de esa época, pues, cualquier decisión que no tuviese su aprobación, estaba condenada a fracasar. Creían los mandatarios suecos que había que preguntarle directamente y , el rey interino escribió una carta personal al emperador preguntándole por su opinión, aunque una parte del gobierno había ya elegido al hermano del fallecido príncipe, Fredrik Christian como sucesor al trono de Suecia. Como correo se envía al joven teniente Carl Otto Mörner, que al llegar a parís y dejar la misiva ante Napoleón, ni corto ni perezoso, se dirige a casa de Jean Baptist Bernadotte, para pedirle que se presente como candidato al trono de Suecia y, aprovechando la ocasión del matrimonio de Napoleón con la princesa austriaca Marie-Louise, reitera la misma petición el ministro plenipotenciario sueco en Paris, el conde Wrede. Por este Wrede conocemos al detalle los hechos, ya que escribió todo lo acontecido, según el lo percibió, en una carta dirigida al ministro de asuntos exteriores suecos. En ese momento no se conocía si Napoleón aprobaba la propuesta o no.

Las opiniones estaban muy divididas en el parlamento sueco que se reunió en agosto de 1810 en Örebro, evitando Estocolmo, tan revuelto tras la muerte de Axel von Fersen. Los que apoyaban a Bernadotte decían que era una forma de acercarse a Napoleón y obtener su ayuda para intentar recobrar Finlandia, aunque, formalmente Francia y Rusia seguían por el momento siendo aliados. En su contra, los políticos que rechazaban al mariscal francés, ponían como razones su desconocimiento de Suecia, su cultura y lengua, su condición de católico y, quizás lo más importante: la posibilidad de que Inglaterra reaccionase declarando la guerra a Suecia. Y, de pronto, aparece el 10 de agosto en Örebro un comerciante francés, Jean Antoine Fournier, que había sido anteriormente cónsul francés en Gotemburgo, que dice representar a Jean Baptist Bernadotte ante el parlamento sueco. Este señor no lleva ni carta, ni documento alguno que lo acredite, solamente un pequeño estuche para palillos de dientes con los retratos pintados de Desirée y Oscar, esposa e hijo del mariscal.

Fournier explica que el príncipe de Monte Corvo, Jean Baptiste, se postula como pretendiente y ofrece para ello un plan que a los suecos les resultaría difícil rechazar.  Lo más importante: un préstamo de ocho millones de francos con una renta del 4% a ingresar inmediatamente para saldar las deudas de Suecia, que había quedado en banca rota a consecuencia de la guerra con Rusia y la perdida de toda forma de subsidios por parte de Francia o Inglaterra. La segunda razón es también económica pues se trataba de liquidar las perdidas sufridas por los comerciantes suecos en el mercado francés. Con estas razones quedaron los parlamentarios suecos muy conformes y el 20 de octubre de 1810 ponía Bernadotte el pie en tierra sueca, en el puerto de Helsingborg, tras haberse convertido al protestantismo en la iglesia danesa de Helsinore, la única condición importante que se le impuso por el parlamento sueco. A partir de ahí, cambió su nombre por el de Karl Johan y fue adoptado por Carlos XIII, para sucederle tras su muerte.

La causa más importante para la elección de Bernadotte fue sin duda, aparte de las condiciones económicas, la posibilidad de encontrar un aliado en Francia. Importaba por tanto la opinión de Napoleón, en cuanto a la ascensión de su antiguo compañero de armas al trono de Suecia. Napoleón había repartido coronas soberanas a diestro y siniestro entre sus hermanos y cuñados, también entre sus más valiosos generales. Para él no era nada nuevo. Además, dio a entender que la elección de Bernadotte no iba en contra de sus deseos. La lealtad de Bernadotte a su emperador se daba por descontada, pero los próximos acontecimientos cambiarían completamente la situación. Bernadotte, comprendió poco a poco que la época napoleónica estaba a punto de concluir y eligió un nuevo rumbo para si y para su nueva patria.

La guerra de la independencia en España, la malograda invasión de Rusia y el cansancio que las constantes guerras, con sus consiguientes levas, estaba produciendo en el pueblo francés, hizo que el astuto Bernadotte, con su gran olfato para reconocer el origen del poder, cambió de rumbo. Originalmente, aunque no lo confesaba abiertamente, confiaba en poder remplazar a Napoleón como jefe de estado francés, cuando este se viese obligado a abdicar, algo que parecía a punto de llegar en 1812. Pronto abandonó también la idea de asociarse con Francia para recuperar Finlandia combatiendo a Rusia. En secreto eligió otro objeto por conquistar, quitándole a Dinamarca, asociada con Francia, la vecina Noruega, un trueque posible pero que necesitaba de la caída de Napoleón para poder conseguirse.  El 9 de julio de 1813 se reunió Bernadotte con el zar Alexander y el rey Fredrik Wilhelm de Prusia en el Palacio de Trachenberg en Silesia y escribieron un protocolo por el cual se comprometían a formar un gran ejercito compuesto por en total más de medio millón de soldados, de los cuales 158 000 estarían dentro del llamado Ejército del Norte, comandado por Bernadotte y formado por tropas rusas, prusianas y suecas. En Leipzig, en la batalla del mismo nombre, sufrió Napoleón su primera gran derrota frente a la coalición, perdiendo en la batalla 360 000 soldados.

Frenado Napoleón en Leipzig, aprovechó Bernadotte para lanzar su ejército contra Dinamarca que no pudo hacerle frente y, tras la paz de Kiel el 15 de enero de 1814, Bernadotte había conseguido su propósito, Norge quedaba en su mano. Pero…al mismo tiempo perdió la oportunidad de suceder a Napoleón como emperador de Francia, pues su retraso hizo que fueran las fuerzas prusianas y austriacas de Blücher  y Schwarzenberg las que tomasen París. El 6 de abril, finalmente, abdicó Napoleón y el conde de Provenza, el hermano de Luis XVI que salvó la vida eligiendo otro camino a la libertad, cuando Axel von Fersen intentó salvar a la familia real, se coronó como rey de Francia con el nombre de Luis XVII. La monarquía quedaba así restaurada y la era napoleónica veía su fin. El 30 de abril abandonó Bernadotte París para nunca más regresar. En 1818, tras la muerte de Carlos XIII,  Bernadotte fue coronado como rey de Suecia primero y más tarde el mismo año como rey de Noruega. Quedaban así Suecia y Noruega, unidas bajo el mismo monarca, hasta la disolución de es unión en 1905.

Termino esta larga entrada con algunas notas sobre la que muy a su pesar fue reina de Suecia, Desirée Clary, esposa de Bernadotte y hermana de Julia, la esposa de José Bonaparte. Desirée amaba su vida parisina y tras llegar a Suecia siguiendo a su esposo en compañía de su hijo Oscar, nacido en 1799, quedó profundamente decepcionada de Suecia, de la que decía detestar su clima y su gente. En el verano de 1811, Desirée dejó Suecia y se fue directamente a París, dejando aquí su hijo y marido. Desirée no regresaría a Suecia hasta 1823 y lo haría de la mano de la prometida de su hijo Josephine of Leuchtenberg, y se quedaría aquí el resto de su vida. Falleció en 1860. De esta reina se cuentan tantas anécdotas que merecería una entrada especial, un día de estos.

En fín, suma summarum: los monumentos a los que me refería al comienzo de la entrada, eran el obelisco de 30 metros de altura que se encuentra a la entrada del palacio real de Estocolmo, ofrecido a los ciudadanos de Estocolmo conmemorando una de las muchas paces (y guerras) con Rusia y la estatua ecuestre de Karl XIV Johan, rey de Suecia y Noruega desde 1818 a 1844. Un rey que abdicó, un oficinista navarro que llegó a rey, un joven corso que reino subyugó a toda Europa (casi), una mujer que fue novia de un futuro emperador y casó con un rey, pero que no quería vivir en su nuevo país, unos soldados españoles llevados por los bandazos de la historia a Dinamarca y devueltos a España por el que se suponía era su enemigo, en fin, todo esto me ha dado pie a escribir esta larguísima entrada. Si habéis llegado hasta el final y queréis más, pronto me atreveré con otra. Me voy a Lund, que aquí hace mucho frío.   Abajo podéis ver el monumento nonmemorativo del desembarco del mariscal francés Jean Baptiste Bernadotte en el puerto de Helsingborg. La foto la tomé el verano pasado y muestra un sol que posiblemente no lucía así el 20 de octubre de 1810, cunado el futuro rey de Suecia llegó a su nueva patria.


[1] Hans Christian Andersen. El cuento de mi vida sin literatura https://www.epedagogia.com.br/materialbibliotecaonine/491El-Cuento-de-Mi-Vida.pdf

[2] https://www.diariosur.es/costadelsol/daneses-costasol-guerra-granada-dinamarca-historia-20221122180021-nt.html

Paseo cuadragésimo segundo. Los tres jinetes en Djurgården.

Mirando desde mi balcón la ondeante bandera de la embajada de España, busco en la memoria lecturas antiguas sobre hechos relacionados con el lugar, Djurgården, la embajada española y el rey sueco Gustavo III. Para empezar, creo que será preciso presentar a este gran defensor de las artes y las letras, amante de la historia y gran tejedor de conjuras varias, cuya fantasía a veces le jugaba malas pasadas, el incomparable Gustavo III, pero como siempre, comienzo con un repaso de la historia previa, hasta llegar a la propia presentación de este peculiar monarca, pues nació este rey en un país que iba de camino a encontrar un modelo moderno de monarquía constitucional.

Al morir Carlos XII sin dejar sucesor natural, el 30 de noviembre de 1718, abatido por un balazo mientras dirigía el asedio a la fortaleza noruega de Fredriksten, el trono pasó a su hermana Ulrika Eleonora, que para heredarlo, aceptó ser formalmente elegida como regente por el parlamento, abandonando así la monarquía hereditaria que Gustavo Vasa había impuesto con casi 200 años de anterioridad.Ulrika Eleonora quería compartir la regencia con su esposo, Federico de Hessen, pero este planteamiento fue rechazado por el parlamento. Finalmente abdicó Ulrika Eleonora en Federico en 1720 y Suecia pasó a ser de hecho una monarquía constitucional. Ulrika Eleonora y Federico no tuvieron hijos en su matrimonio, aunque federico fue padre de cuatro hijos con su amante Hedvig Taube.

A la muerte de Fredrik en 1751 eligió el parlamento sueco a Adolfo Federico de Holstein-Gottorp, tio materno de la zarina Katarina la Grande, casado con Luisa Ulrika de Prusia, hija de Federico el Grande. Aquí vemos ante nosotros familias reales muy al tanto de las nuevas ideas propuestas por la ilustración. A Adolfo Federico le parecía conveniente adaptarse a la vida de rey constitucional, dedicándose a sus actividades lúdicas, sobre todo a la ebanistería. Luisa Ulrika, huja de un despota ilustrado, quería más poder factico para sus hijos, dos de los cuales subirían con el tiempo al trono sueco. El mayor de ellos, Gustavo, nacido en 1746, fue objeto de la absoluta dedicación de su madre, Luisa Ulrika, siempre inspirada en el absolutismo ilustrado de su padre Federico el Grande.

Al pequeño Gustavo le encantaba la historia, el teatro y el arte. A los diez años fue apartado de su primer tutor, Carlos Gustavo Tessin, una persona altamente culta y un artista y arquitecto de gran talla. Su nuevo tutor le introduciría en ideas lejanas a la constitucionalidad, más próximas a las ideas de la madre. En otra entrada profundizaré en la adolescencia de Gustavo, pero por ahora, me permito dar un salto en el tiempo hasta el otoño de 1770, cuando el príncipe Gustavo viaja a Paris para profundizar en sus estudios y familiarizarse con la corte de Luis XV. El teatro y sobre  todo la ópera fue siempre la principal afición de Gustavo y en medio de una representación de la ópera de  Paris, en compañía de sus más íntimos amigos, recibió la noticia de la muerte de su padre, se dice que a causa de una indigestión de bollos de nata (fastlagsbullar) a fines de febrero de 1771.

De vuelta en Estocolmo, con el respaldo del rey francés y el apoyo de algunos militares, comenzó a planificar un golpe de estado, que finalmente daría y tras el cual se erigiría en monarca absoluto, dejando a un lado al parlamento y finalizando el periodo que en Suecia se denomina La Era de la Libertad (Frihetstiden). Aquí me paro un poco para hacerme una taza de café en la maquinita que han puesto a mi disposición en el hotel y a rebobinar un poco la historia, para explicar que, a la vez que el príncipe se encontraba en Paris, también estaba allí el que sería siempre su mejor amigo, el apuesto militar Axel von Fersen que, con solo 15 años alcanzaba el grado de teniente en el real regimiento de la Royal-Bavière. Este militar, aventurero y cortesano, será más adelante una pieza importante en el puzle de la guerra de secesión americana y de la propia revolución francesa.

Al paso de un coche de caballos bajo mi balcón, con el repicar con sordina del trote sobre la nieve, me parece ver en la colina que lleva a la embajada de España, tres siluetas de jinetes: Carlos, Axel y el embajador español, Ignacio María del Corral y Aguirre. ¡Qué bien sienta un café, así a media mañana!

Bueno, pues ahora voy a intentar entrelazar estas tres personalidades y ver qué tienen en común y cual fue su significancia en los acontecimientos que cambiaron la historia de América y de Europa, desde 1772 a 1793, coincidiendo con el reinado de Carlos III de Suecia. Comienzo con Axel von Fersen que, presentado en corte, entablo una relación de amistad con el futuro Luis XVI y su esposa, Marie Antonieta, sobre todo con la última, que se supone fue su amante. En 1778 Axel von Fersen ascendió a coronel y marchó con un pequeño contingente pagado por su padre a América del norte, donde los colonos habían comenzado la guerra de secesión contra el Reino Unido en 1775, Guerra de la Independencia, que finalizaría con la derrota británica en la batalla de Yorktown, 1781, y la consiguiente firma del Tratado de París el 3 de septiembre de 1783 que reconocería la independencia de las 13 colonias inglesas en Norteamérica.

El papel de Axel von Versen fue el de consejero ayudante del conde de Rochambeau, jefe de la expedición francesa que apoyaba a los rebeldes. Como tal participó a diario como traductor-interprete entre Rochambeau y Georg Washington, porque este último no hablaba francés, al igual que Rochambeau ignoraba la lengua de Shakespeare, y nuestro Axel era un verdadero políglota. Contribuyo al renombre de Von Fersen su heroica participación en la batalla de Yorktown.

Quizás menos conocida que la francesa, pero no por tal menos importante, fue la ayuda española a los ciudadanos de las trece Colonias con dinero, armas, munición, mantas y vestuario, y finalmente con ayuda militar directa. Tal como reconoció el propio George Washington, sin la ayuda de España no hubiera sido posible su triunfo. Carlos III y su ministro Floridablanca diseñaron un discreto plan de ayuda que interesaba la estrategia en diversos frentes: libertad para los navíos americanos que hostigaban a los barcos ingleses recalaran libremente en los puertos del Misisipi controlados por España, envío de fuertes remesas de dinero para la causa independentista de las Trece Colonias y envío de amas, pertrechos y vestuario,  siendo indispensable la ayuda de la flota española y de sus posiciones en Norteamérica, que incluían el control de La Florida, La Luisiana y el Misisipi.

Seguimos los pasos de Axel von Fersen, que ya en Suecia, acompañó a Carlos III en un Grand Tour que los llevó a Italia, octubre 1783- agosto 1784, en el que el rey viajaba incógnito. Durante una inspección de tropas en Finlandia, a principios del verano de 1783, el rey cayó de su caballo y se fracturó el brazo. Oficialmente, de cara a sus súbditos, Gustav III partió hacia Italia para tratar su brazo en las cálidas aguas termales de Pisa. Sin embargo, el propósito principal de su estancia en el extranjero era que el rey buscaba la oportunidad de reunirse con varias figuras políticas clave, especialmente con el emperador José II de Austria.

Gustav III necesitaba aliados para liberarse de la presión danesa y rusa. En Austria veía a una gran potencia que podría entrar en conflicto con Catalina la Grande y, con suerte, brindar apoyo a los planes suecos de atacar Noruega. Pero a primera vista, no había mucho que indicara que el emperador José II estaría interesado.Fueron recibidos por donde pasaban por los regentes locales e incluso el mismo papa, que les invitó a pasar la navidad en el Vaticano. Este viaje se planificó con gran esmero en cada detalle. Para que el viaje recibiera la menor atención posible, la partida se llevó a cabo en etapas. El primer equipo liderado por el escultor Sergel, salió de Estocolmo el 23 de septiembre. El rey, que se hacía llamar “el conde de Haga” durante el viaje, partió el 27 en compañía de su amigo Axel von Fersen, recién venido de París tras su aventura americana.

Un mes después, el 28 de octubre, la mayor parte del grupo se reunió en Verona, donde los viajeros suecos fueron invitados, entre otras cosas, a una corrida de toros en el anfiteatro romano. El anfitrión fue Fernando Carlos de Habsburgo, duque de Módena. Cuando el grupo llegó a Pisa unos días después, hicieron una visita al gran duque de Toscana, Leopoldo I. Sergel iba apuntando y dibujando bocetos de todo lo que iban viendo. Carlos III lo admiraba todo y vivía seguramente los días más felices de su vida, rodeado de todas las antigüedades, aunque cualquier intención de conseguir con el viaje algún que otro tratado ventajoso para Suecia, resultó imposible.

El 24 de noviembre llegaron a Florencia, donde el monarca y su séquito pasaron un mes asistiendo a óperas y adquiriendo obras de arte. El Museo de los Uffizi fue visitado en varias ocasiones (seguramente sin tener que guardar cola, como yo). En la misma ciudad, el rey se encontró con el príncipe británico y pretendiente al trono Carlos Eduardo Estuardo, que estaba alcoholizado y abandonado por su esposa Luisa de Stolberg-Geldern, y le otorgó una pensión anual sueca. Durante su estancia en Florencia, el gobernante sueco también recibió la visita del emperador José II. Este encuentro fue de etiqueta y se describió como cortés pero frío. No se sabe a ciencia cierta lo que trataron en su conversación.

En la víspera de Navidad de 1783, los suecos llegaron puntualmente a Roma y presenciaron la misa solemne en la Basílica de San Pedro. Luego se celebró una reunión en el Vaticano con el papa Pío VI, quien elogió la libertad religiosa sueca. Algo que Carlos III había permitido entre otras cosas para que las delegaciones francesa, española y austriaca pudieran tener misas abiertas al público en sus residencias. Gustavo III, que no olvidó la lamentable situación de “Bonnie Prince Charlie”, le pidió al Papa que concediera el divorcio al príncipe. En Roma, el rey también visitó el convento de Santa Brígida y vio en la Capilla Sixtina libros que habían pertenecido a la ex reina Cristina, muchos de los cuales, como su colección de estatuas romanas, se pueden contemplar en el Prado.

El 31 de enero, el séquito llegó a Nápoles, la capital del Reino de Nápoles. En ese momento, gobernaba el rey Fernando IV de Borbón, hijo de Carlos III de España, casado con una hermana de María Antonieta. Nápoles les agasajó con una intensa vida social con caza, representaciones teatrales y operísticas, mascaradas y otros eventos. Las mascaradas era algo que Carlos III se llevó a Suecia y fue precisamente en una mascarada de carnaval donde un atentado quebró su vida diez años más tarde.  Sentado en una silla de manos, pues cojeaba del pie izquierdo desde su nacimiento, por una incidencia en el parto, pudo ascender al Vesubio. Las ciudades en ruinas de Pompeya y Herculano estaban siendo excavadas en ese momento. Las ciudades habían adquirido fama mundial y habían dado origen a un nuevo estilo artístico y arquitectónico. Gustavo III compró un modelo del Templo de Isis en Pompeya. El artista francés Louis Jean Desprez creó más tarde el Templo de Psique en el parque de Estocolmo llamado Hagaparken, una obra muy inspirada en el modelo pompeyano.

En marzo del mismo año, el grupo regresó a Roma. En ese momento, el rey y Sergel visitaron las ruinas antiguas en Frascati y Tívoli. En esta ocasión, adquirieron la escultura de Endimión, recién descubierta entre las ruinas de Tívoli.  El 1 de mayo, el grupo se dispersó para dirigirse a Venecia. Allí, la visita coincidió con el carnaval anual de una semana, con festividades y góndolas decoradas, un espectáculo que como sabemos complacía al monarca sueco.

A mediados de mayo, comenzó el viaje de regreso a Francia, donde los suecos se detuvieron hasta el 20 de julio de 1784. A finales de julio, Gustavo III subió a bordo de un barco en Warnemünde que lo llevaría de vuelta a Suecia. El 2 de agosto llegó a Estocolmo. Las antiguas esculturas adquiridas durante el viaje y transportadas a Suecia formaron la base del museo de arte público más antiguo de Suecia, el Museo de Antigüedades de Gustavo III, ubicado en una de las alas del Palacio Real de Estocolmo que está abierto para visitas particulares.

Y en esto que viene el diplomático español Ignacio María del Corral y Aguirre a Estocolmo y se aloja en la mansión que el rey ha puesto a la disposición de la legación española en Estocolmo, el la isla de Djurgården, donde estoy ahora mismo escribiendo esta entrada. Este diplomático vasco, nacido en Estambul en 1740 es un hombre culto y políglota. Se doctoró en derecho en Salamanca a los 19 años y pasó a la carrera diplomática en 1780, y como tal fue enviado a Dinamarca en 1781 y más tarde a Suecia, donde llegó en diciembre de 1785 donde se quedaría hasta junio de 1793, asistiendo al entierro del monarca con el que tanto tenía en común.

Tenemos ahora a los tres reunidos: Carlos III, Axel von Fersen y el enviado especial, Ignacio del Corral. Ahora nos falta la ocasión para que estos tres den un paso adelante en la historia y se queden a un palmo de cambiar los derroteros del futuro, nuestro presente. Algo se está cociendo poco a poco en Francia a partir de la supuesta victoria que debió suponer, la derrota del Reino Unido y la independencia de las colonias americanas. En realidad, esa victoria para Francia resultó ser altamente pírrica, pues se alcanzo al precio de conducir a Francia a la banca rota, justo lo mismo que le había ocurrido a Gran Bretaña tras su victoria en la guerra de los siete años, victoria, pero a costa de verse obligada a subir los impuestos, lo que condujo a la revuelta de los que tenían que pagarlos, los colonos de América.

En Francia la incapacidad de financiar adecuadamente la deuda pública, dieron lugar a una depresión económica, desempleo y altos precios de los alimentos. Como consecuencia y para paliar el efecto empobrecedor de la guerra se pretendió aumentar la base de tributación en contra de los intereses de las élites hasta ese momento exentas de pagar impuestos. Para conseguir su consentimiento se convocaron los Estados Generales que estaban formados por los representantes de cada estamento. Estos estaban separados a la hora de deliberar, y tenían solo un voto por estamento. La convocatoria de 1789, tras no haberse convocado desde 1614, fue un motivo de preocupación para la oposición, que consideraba que era un intento, por parte de la monarquía, de manipular la asamblea a su antojo. Estaba en juego la idea de soberanía nacional, es decir, admitir que el conjunto de los diputados de los Estados Generales representaba la voluntad de la nación.

En los Estados generales estaban representados el clero (Primer Estado), la nobleza (Segundo Estado) y el resto de la población (Tercer Estado, principalmente la burguesía y el campesinado). Pero, en lugar de solucionar el problema económico del gobierno, provocó el estallido de la que se llamó revolución francesa. No es mi intención profundizar en estos acontecimientos, porque ya hay muchos que lo han hecho antes y queda poco por decir, aunque quizás algo por analizar, creo yo. Bueno, pues lo interesante es como esta revolución va a afectar a nuestros tres amigos y cuales son sus proyectos para enfrentar el nuevo reto.

Gustavo III había comenzado una serie de reformas importantes que tenían como objeto modernizar la actividad del estado. Bajo su gobierno, el rey implementó una serie de reformas en el espíritu de la Ilustración: libertad religiosa, cierta libertad económica, restricción de la pena de muerte y abolición de la tortura. Pero al mismo tiempo, en 1789, el mismo año en que comenzó la Revolución Francesa, Gustavo III aprobó una enmienda constitucional que le otorgaba aún más poder. Desde entonces, se volvió prácticamente un monarca absoluto, un déspota ilustrado. Esto no fue bien recibido por la nobleza, que consideraba que ya había perdido gran parte de su influencia durante el gobierno de Gustavo III. Tras una guerra que muchos veían innecesaria y costosa contra Rusia entre 1788 y 1790, el descontento contra Gustav III comenzó a extenderse por todo el país. Los periódicos de la época, burlando la censura, transmitían el descontento a sus lectores, en más de 4000 mil ejemplares diarios, leídos y releídos en cafeterías como la de Sundberg, en la que paré ayer.

Desde el primer momento en que quedó claro que el poder del rey quedaba recortado, y más adelante, cuando el rey cayo en manos de los revolucionarios y en la practica se vio confinado en Paris, Gustavo planificó una intervención internacional con la ayuda de Rusia, su eterna rival (hasta nuestros días, Austria y España. Después de que la guerra sueco-rusa se hubiera concluido mediante el Tratado de Värälä en agosto de 1790, su interés se centró en los intentos de detener el desarrollo revolucionario y devolver a la monarquía francesa su posición. Hasta su muerte en 1792, Gustav III estuvo activamente involucrado en acciones internacionales contra Francia. Un aliado importante en este sentido fue Rusia bajo Catalina II. Sin embargo, Catalina la Grande lo mantenía a raya con promesas ambiguas que nunca se cumplían. El rey también escribió cartas a Carlos IV de España en busca de apoyo financiero y para consolidar la demanda de que él mismo sería el comandante supremo de la acción militar, como en una posible invasión sueco-rusa en Normandía.

Carlos IV de España y Gustavo III de Suecia coincidían en las ganas de aplastar la revolución francesa. Ignacio del Corral había sido enviado durante el reinado de Carlos III pero mantenía la confianza del nuevo rey, gracias a sus buenas relaciones con el rey sueco. Para Axel von Fersen, la revolución francesa le tocaba en lo más íntimo, porque le unía una gran amistad con el rey francés y con la reina, con la que mantenía relaciones amorosas, ampliamente conocidas. Mientras se veía la manera de actuar por la fuerza contra las tropas jacobinas, los tres jinetes en Djurgården preparaban un golpe de efecto: la liberación de la familia real francesa y su salida de Francia. De haberse logrado, posiblemente la historia hubiese tomado otros derroteros, ¡quién sabe! No es que yo sea muy aficionado a la historia contrafactual, pero admitid que es un poco divertido imaginar lo que hubiese podido ocurrir.

Axel von Fersen, que estaba en Paris tratando de mantener informado al rey sueco de los acontecimientos en la corte francesa, dejó el lunes 20 de junio, a eso de las seis de la tarde a la pareja real francesa, a la que visitaba casi todos los días y marchó de palacio.  Nada indicaba que fuera a ocurrir algo extraño esa noche, pero quedaban solo unas horas antes de la fuga de la pareja real.

Inicialmente, se pensó en salir de la agitada y revolucionaria capital hacia otro lugar dentro de Francia, pero en 1791 comenzaron a planificar la huida al extranjero para fortalecer el poder real con apoyo tanto nacional como de otras naciones. Axel von Fersen, Carlos III e Ignacio del Corral estaban naturalmente al tanto. En su confinamiento, la familia real se preparaba esa noche para dejar el palacio de Las Tullerias, sin ser descubiertos.

A las once y cuarto de la misma noche de la fuga, el jefe de la Guardia Nacional, el general Lafayette, jefe de Axel von Fersen en la expedición francesa en América, ordenó que su carruaje diera dos vueltas alrededor de las Tullerías para cerciorarse en persona de que todo estaba bajo control. A esa misma hora los hijos del rey, somnolientos, comenzaron a ser llevados hacia el carruaje en el que iban a comenzar su viaje hacia Luxemburgo y la libertad. El plan era llegar al bastión realista de Montmédy, y desde allí lanzar una contrarrevolución. En Montmédy, Luis XVI se reuniría con el marqués de Bouillé, general en jefe de las tropas del Mosa, Sarre y Mosela, que había coorganizado el itinerario de la escapada.

A pesar de que todo estaba preparado hasta el más mínimo detalle, con un itinerario seguro hasta la frontera, pequeños contratiempos, mala suerte e incomprensibles antojos de María Antonieta, retrasaron la fuga. Húsares enviados para acompañar a la familia real en el último tramo, no llegaron a tiempo y el retraso hizo que, al ser descubierta la fuga, a las siete de la mañana del 21 de junio, se enviase un contingente armado que llevaba un retraso de siete horas, suficientes, si todo hubiese salido como lo planificó Axel von Fersen. La noche del 21 de junio, fueron descubiertos ya en Varennes, muy cerca de la frontera. Para entonces Axel von Fersen se había puesto a salvo y el hermano del rey, el conde de Provenza, que eligió una ruta directa hasta Bruselas y regresaría a Francia como Luis XVIII en 1814, tras la caída de Napoleón.

Gustavo III, que había viajado hasta Aquisgrán para encontrarse con la familia real francesa y Axel von Fersen, tuvo que regresar a Estocolmo decepcionado. El fracaso de la operación eclipsaba su proyecto de erigirse en el papel de salvador de la monarquía francesa y restaurador del orden internacional. Para Ignacio del Corral también supuso un desencanto importante y pienso que las conversaciones de los tres jinetes en Djurgården, a partir del verano del verano de 1791, no serían tan animadas como antes, pero Gustavo III mantenía la esperanza de una confederación europea contra los jacobinos, que organizaría un ataque contra Francia con él mismo como líder. Sus aspiraciones de desempeñar un papel en la política mundial se unieron con la consideración de que, como recompensa, obtendría beneficios económicos. Recordemos aquí que Suecia había recibido subsidios de Francia hasta 1789, y que tras la revolución, estos habían sido cortados de golpe. En octubre de 1791, firmó una alianza de amistad y defensa con Rusia, mediante la cual Suecia recibiría subsidios rusos. Después de eso, elaboró un plan para un desembarco sueco-ruso en Normandía, pero no pudo encontrar interés en el asunto entre los príncipes europeos.

Quizás fueron sus planes de una nueva guerra, para que Suecia no estaba preparada, los que animaron a un grupo de militares y aristócratas a planificar el magnicidio. El 16 de marzo, en medio de un baile de disfraces, un capitán arruinado por la decisión real de cambiar de un plumazo el valor de la moneda, disparo por la espalda, a quemarropa su pistola contra el rey, dejándole malherido y causándole una muerte lenta y penosa, que concluyó el 29 de marzo, cuando su cuerpo sucumbió a una severa septicemia. La revolución planificada no se llegó a producir. El magnicida fue condenado a muerte y ejecutado y estuvo encerrado el las cuevas de Sten Sture, donde ayer paré a comer. Ignacio del Corral dejó Estocolmo y se trasladó a las Provincias Unidas como ministro plenipotenciario en junio de 1793. Su carrera diplomática le llevaría a Bramen y Venecia, para acabar en Constantinopla, también como ministro plenipotenciario, ciudad en la que falleció el 16 de mayo de 1805.

Después del asesinato de Gustav III, la corona fue heredada por su hijo Gustav IV Adolf, quien nombró a Axel von Fersen como canciller del reino. Nos queda un jinete cabalgando por la colina de Djurgården. La revolución francesa se descompuso ensangrentada y en julio de 1793 caía finalmente Robespierre. Desde su decapitación, Francia se vio obligada a luchar por su existencia como país independiente, rodeada de enemigos. Hay una pareja de amigos que van haciendo carrera durante esas guerras. Un joven hidalgo corso y un chusquero navarro. Mi próxima entrada tratará de estos dos personajes y su relación con Suecia y España. Abajo podéis verme a la entrada del palacio real sueco. También podéis ver la colina de Djurgården que puedo ver desde mi balcón, con la rojigualda ondeando al viento, donde yo, en mi fantasía, ubico a los tres jinetes: Gustavo, Axel e Ignacio.

Paseo cuadragésimo primero. De Djurgården hasta el sótano de Sten Sture. Paseo histórico por Estocolmo, una fría mañana de diciembre.

Mi hijo Martín me ha encontrado un alojamiento en Estocolmo, perfecto para mis paseos y para mi interés por la historia. Estoy en Djurgården, un jardín real que se abrió al publico plebeyo a mediados del siglo XVIII y en eso se parece al Retiro de Madrid, abierto desde 1767. Desde el balcón de mi habitación puedo ver dos de las más famosas atracciones; el viejo parque de atracciones Gröna Lund y el restaurante Hasselbacken, este último famoso por sus exquisitas patatas. Si miro al frente, veo ondear la bandera rojigualda desde su mástil, en el jardín del palacio del príncipe Carlos, un edificio amarillo, encaramado en una pequeña colina, con vistas a todo Djurgården. A la izquierda de la embajada puedo ver un edificio destinado a museo biológico, cuya apariencia recuerda un salón regio de tiempo de los vikingos. A mi izquierda puedo ver el salón de exposiciones Liljevalchs, con el Museo Nórdico a continuación. Pero hoy no quiero caminar por aquí, por este precioso lugar que hoy aparece cubierto por una gruesa capa de nieve blanca, quiero ir al centro, o a los centros, o a las islas centrales, porque Estocolmo se extiende por varias islas y Djurgården es una de ellas.

La sensación de encontrarme en un lugar histórico se realza cuando veo pasar delante de mi ventana un coche de caballos particular, tirado por dos caballos, abierto (¡con este frío!) con una pareja sentada y bien abrigada, deslizándose casi sin ruido, quitando las alegres campanillas que anuncian su paso. Termino de desayunar y salgo bien abrigado a someterme al viento frío del norte. No es que haga mucho frío, pero los diez grados bajo cero se ven aumentados por los efectos del viento y, antes de llegar al pequeño muelle, que tengo a las espaldas del hotel, mi barba, mis pestañas y hasta los pelillos de la nariz, se han congelado. Al poco llega el ferri que en unos 20 minutos me llevará hacia la isla central, primero al museo de arte moderno y la facultad de arte, y desde allí, pasando por mi querido velero af Chapman, donde normalmente suelo alojarme en Estocolmo, llego al puente de la reina y de allí, pasando entre el palacio real y el parlamento, comienzo mi paseo por el casco antiguo (Gamlastan).

Al pasar el pórtico que lleva a la entrada del parlamento, edificio vetusto, construido entre el 1895 y el 1904, se entra a una especie de patio abierto, en donde no será raro encontrar alguno de los 349 miembros electos, o incluso alguno de los 23 ministros y ministras que forman el actual gobierno de la nación. Yo me adentro en este mundillo del poder y salgo a una calle bastante traficada, que separa palacio y parlamento de las antiguas casas del barrio viejo. Voy camino de Österlånggatan, calle que atraviesa todo Gamlastan hasta la Plaza del Hierro (Järntorget, lugar donde antiguamente se pesaban las barras de hierro antes de ser cargadas en los barcos para ser transportadas a toda Europa. El hierro era el producto más estratégico que poseía el país en el siglo XVII. Muchos de los edificios que atraviesan la calle son de los siglos XVII y XVIII. Todos están piadosamente conservados y, si dejamos por un momento de prestar atención a la espesa corriente de gente de todos los países que lentamente se mueve en zigzag, podríamos creer que nos hemos transportado a tiempos remotos. De las calles adyacentes nos llama la atención los nombres, parecidos a los nombres del Madrid de los Austrias: Callejón del pozo (Brunngränd), Callejón de doña Gunilla (Fru Gunillas gränd), Callejón del tenedor (Gaffelgränd), Callejón del cuervo (Kråkgränd), Callejón del capitán Carlos (Skeppar Karls gränd) etc. Algunos de estos callejones son verdaderamente estrechos, tan estrechos que yo cabía a duras penas, cuando mi cuerpo alcanzó su hasta ahora máxima anchura. Mårten Trotzigs gränd (Callejón de Martín Trotzig) es el más estrecho de todos y allí se llega girando a la izquierda en la plaza del Hierro.

Antes de llegar allí, me paro en el café.repostería Sundberg, que lleva en el mismo local desde 1793 (volveré a ese año), aunque el dueño abrió este café en otros locales, (donde ahora se encuentran los almacenes de Nordiska Kompaniet) ya en el año 1785. Al entrar en este café, siento que en cualquier momento podría ver entrar al poeta y trovador Bellman, fumando su pipa de espuma de mar. Pido uno de esos pasteles que cuesta tanto elegir, entre otras decenas, no quiero equivocarme. Pido una cerveza, porque hace poco que tomé café y he visto una cerveza sueca que me gusta en la estantería detrás del mostrador. Me abro paso entre el gentío que parece ocupar todas las silla y divanes de terciopelo rojo y madera pintada de blanco y dorado y encuentro, miraculosamente, un rincón para mi al fondo. Desde aquí puedo ver todo el local y la gente que lo ocupa. Forasteros todos, como yo, muchos extranjeros de todos los países. Parece una reunión de la ONU.

Ahora salgo de Sundberg y me topo con el restaurante Den Gyldene Freden. Este restaurante es aún más antiguo que Sundberg, y está en el mismo local desde 1722, siendo por tanto uno de los más antiguos restaurantes del mundo que aún continúan su actividad en los mismos locales. En la actualidad, este restaurante es propiedad de la Real Academia Sueca, la que otorga los premios Nobel de literatura y allí comen sus miembros los jueves, lo más típico: garbanzos con jamón, cerveza fría y ponche caliente, de postre siempre panqueque con nata y confitura de fresas. El restaurante está cerrado a estas horas y yo sigo mi camino pasando el Callejón de Martín Trotzig hasta llegar a la Plaza Mayor, que hoy alberga un gran mercado navideño. En el centro de la plaza, oculto por los tenderetes del mercadillo, hay un monumento que recuerda la gran matanza que tuvo lugar aquí desde el 7 al 9 de noviembre de 1520 El Baño de Sangre de Estocolmo (Stockholms blodbad) y que fue el punto de partida para la disolución de la unión de países nórdicos bajo una dinastía danesa (Kalmarunionen), vigente desde 1397 y rota el 6 de junio de 1523, fecha que se considera como el origen de la nación sueca y que se celebra todos los años como día nacional.

Si me atrevo a levantar la cabeza y arriesgarme a resbalar en la corteza helada de la nieve, veo a mi izquierda, hacia el sur, un grupo de casas del siglo XVII de vivos colores y estilo holandés. Todas ellas han sido colonizadas por pizzerías italianas y están llenas de turistas, que parecen creer que Carbonara es algo típico sueco. El paseo me ha abierto el apetito pero yo dejo la plaza y, pasando las casas holandesas, me dirijo a un lugar que por suerte pocos conocen. Voy a el sótano de Sten Sture. Es un lugar difícil de encontrar, porque está oculto tras el portal de una casa de vecinos, y hay que bajar por unos toscos escalones, no aptos para viejos o niños, hasta llegar a un pequeño mostrador, pedir la consumición y seguir hacia abajo, en lo que parece la cueva de Pedro Botero, o, ¿por qué no? Las Cuevas de Sésamo en Madrid. El que haya estado en estas últimas, sabe a lo que me refiero, pero debe saber que Sten Sture tiene una historia de más de 700 años y que en sus entrañas pasó la última noche el magnicida Jakob Johan Anckarström, la noche del 26 al 27 de abril 1792, antes de ser llevado al patíbulo condenado a muerte por el asesinato del rey Gustavo III, perpetrado en la ópera, durante el baile de máscaras el 16 de marzo del mismo año.

Abajo, en el fondo de la cueva de Sten Sture, me pongo a pensar, mientras viene la comida, en el asesinato del rey sueco en 1792. Se podría pensar que este asesinato tenía algo que ver con la revolución francesa, pero, aunque Gustavo III estaba muy involucrado en todo lo relativo a la oposición contra los jacobinos, su muerte se debía a cuestiones económicas. A Anckarström no le movió la furia revolucionaria, sino algo mucho más prosaico. El asesinato de Gustav III estaba relacionado en parte con el hecho de que Suecia tenía dos monedas, riksdaler riksgälds, emitidas por la Oficina Nacional de Deuda Pública, y riksdaler banco, emitidas por el Banco Nacional. Los riksdaler banco podían ser canjeados por plata, mientras que los riksdaler riksgälds eran solo billetes de papel con muy poco valor. Para corregir el valor de los billetes de riksgäld, el rey instó al parlamento a que todos los que habían prestado en banco fueran pagados con billetes de riksgäld. Esto significaba que aquellos que habían prestado dinero en banco de repente perdieron una gran cantidad de dinero. Uno de ellos fue el capitán retirado Johan Anckarström. Se enfadó tanto con la decisión que algunas semanas después tomó sus pistolas, entró en el baile de máscaras en la ópera de Estocolmo y disparó al rey por la espalda. En los interrogatorios en la Corte Suprema de Svea, Anckarström afirmó que la decisión del rey de devaluar el valor del capital que él había prestado fue la razón por la que asesinó al rey. Aquí lo dejo hoy. Me como mi ensalada de gambas y me bebo mi cervecita y dentro de poco saldré a la fría calle a continuar mi paseo, que aún queda un buen trecho y mucho que contar. Algunas fotos de mi paseo de esta mañana por Estocolmo, desde Djurgården hasta la cueva de Sten Sture. Mañana, dios dirá.

Cuadragésimo paseo. En busca de la esencia de Folkhemmet (el hogar del pueblo).

A veces mis paseos encuentran otros derroteros, lejanos a Lund e incluso ajenos a la historia local. Esta vez, un día frío de diciembre, me han llevado a Estocolmo. No, no he ido a Estocolmo caminando, ni yo sería capaz de emprender tamaña empresa a 10 grados bajo cero y con la nieve hasta los tobillos. Yo cogí el tren, que es lo más normal que se puede hacer, para ir a Estocolmo en diciembre. En cuatro horas estoy en la estación central y desde allí puedo caminar a mi antojo por esa bellísima ciudad que muchos llaman la Venecia del Báltico. Yo vivo en Lund, una ciudad que amo y que he aprendido a conocer calle a calle, casi piedra a piedra, y a la que siempre regresaré, pero Estocolmo tiene también un lugar privilegiado en el corazón de este azotacalles.  

Saliendo de la estación se embulle el caminante en la vibrante vida cotidiana de la ciudad, en un lunes cualquiera. El que viene de Lund observa el ir y venir de la gente y descubre que el paso al que va es mucho más lento que el de los viandantes locales. Las aceras están llenas de gente muy centrada en sus asuntos. Parece que todos van camino de algo muy importante y urgente. El paseante que viene de Lund piensa que “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente” y trata de seguir el ritmo impuesto por los transeúntes locales intentando a la vez contemplar todo lo que de nuevo e interesante ofrece la ciudad. Cada edificio cuenta una historia, cada calle una leyenda, cada barrio una epopeya.

Hoy el paseo me lleva hacia Djurgården. Comienzo el paseo en Vasagatan y camino totalmente concentrado en seguir el ritmo impuesto por la masa humana que avanza por esta calle céntrica. Giro a la derecha por Kungsgatan (Calle del Rey) hasta llegar a Hötorget (Plaza de la Paja) y al llegar allí me tomo un respiro, mirando los puestos, otrora de frutas y verduras, ahora de mercadillo ambulante. Miro a mi alrededor y admiro la Casa de los conciertos (Konserthuset)  un edificio Art Deco de 1926, de un azul intenso y penetrante, con sus guiños clásicos y un interesante grupo escultórico a la entrada. Al otro lado de la plaza un edificio más moderno, acristalado, transparente Kulturhuset (La Casa de la Cultura) que al caer la tarde se llenará de gente entregada a actividades varias. Salgo de nuevo a Kungsgatan y la corriente humana me lleva hasta Sveavägen. Un día normal habría girado a la izquierda por unas razones que explicaré más tarde, pero hoy sigo calle abajo, pasando los puentes, tratando de olvidar que aquí murió definitivamente la ingenuidad sueca, por una bala asesina, a la salida de un cine una medianoche de febrero en 1986.

Llegando al final de la calle, entro en Birger Jarl, la Serrano de Estocolmo. Aunque el viento del norte clava mil agujas de cristal en mis mejillas, la calle está llena de viandantes. Aquí el ritmo es más sosegado, pues los escaparates de las tiendas chic reclaman la atención de muchos transeúntes. Los edificios emanan bienestar económico, aunque algunos parecen apuntalados por gigantescas grúas que contrastan con el aire decimonónico que se respira en la calle. Están limpiando los tejados, los balcones y salientes de las casas de los lingotes de hielo que amenazan con caer a la acera y propiciar una masacre entre los peatones. Por fin llego hasta el cruce hacia el parque  Berzelli y giro a la izquierda por la acera derecha, la del muelle, de Strandvägen. Los antiguos barcos amarrados, que sirven de hogar a muchos artistas, comparten amarre con los ferry que llevan a las islas del archipiélago o simplemente ayudan a cruzar la ría al que no quiere dar vueltas andando como yo.

Los que nos aventuramos por el largo muelle helado vamos despacio, el que no va haciendo jogging, que también los hay. Se ve que muchos de nosotros somos forasteros, algunos de muy lejanos países. No es difícil escuchar conversaciones en español, inglés, francés, japonés o chino. Es como una variopinta corriente pelegrinando hacia el puente que nos lleva a la isla de Djurgården (antiguo real parque zoológico) donde se encuentran muchas atracciones turísticas y culturales. A la derecha, tras cruzar el puente, encontramos Nordiska museet (El Museo Nórdico) edificio majestuoso dedicado a la historia del pueblo sueco y su cultura. Aquí al lado encontraremos también Skansen (museo histórico al aire libre), Gröna Lund (Parque de atracciones), el museo dedicado al galeón Wasa y Liljevach (famosa galería de arte). Encaramada en la cima de una pequeña colina, dominándolo todo, la embajada española, cuya bandera ondeante a los vientos nórdicos, es perfectamente apreciable desde cualquier punto de la isla.

Nordiska museet es el lugar que he decidido visitar esta mañana de diciembre. El museo está abierto todos los días del año, por tanto, no importa que hoy sea lunes. Nada más entrar se respira solemnidad y sosiego al subir la majestuosa escalinata que nos lleva al mostrador circular que recibe a los visitantes, aligerando sus cuentas bancarias con el precio de la entrada. Ya con mi marca/sello bien visible en el pecho, que acredita mi condición de visitante, me desplazo a mi antojo por este gigantesco museo que preside una descomunal estatua de Gustav Vasa, el padre de la nación sueca, según la tradición vigente. Hoy tengo dos objetivos claros, dos exposiciones temporales que no quiero perderme. La primera es la dedicada al escritor August Strindberg, quizás el autor sueco mejor conocido internacionalmente, el segundo es la reconstrucción hasta el ultimo detalle de un piso de una familia de clase obrera de los años cincuenta, Folkhemslägenheten.

El concepto “Folkhem” es altamente político. Se remonta a una metáfora utilizada en 1928 por el líder socialdemócrata, el primer ministro sueco Per Albin Hansson , en un discurso emitido por radio, que describía “el hogar común de los suecos” Det Svenska Folkhemmet”. Para comprender tanto el concepto “Folkhemmet” en si como la exposición que visito, es preciso traducir en parte ese discurso:

El “folkhemstal” al que te refieres probablemente sea el discurso de Albin Hansson sobre el “folkhemmet” en sueco. “Folkhemmet” se traduce comúnmente como “el hogar del pueblo” en español. Sin embargo, ten en cuenta que algunas expresiones y matices específicos pueden variar en la traducción. A continuación, te proporciono una traducción general al español:

“Hoy me dirijo a ustedes para hablar sobre un concepto que considero fundamental para el bienestar de nuestra sociedad: el ‘folkhemmet’, o lo que podríamos llamar ‘el hogar del pueblo’. En estos tiempos de cambio y desafíos, es crucial construir un hogar que ofrezca seguridad, justicia y oportunidades para todos.

En el ‘folkhemmet’, nos esforzamos por crear una sociedad basada en la solidaridad, donde cada individuo tenga acceso a servicios de calidad, independientemente de su origen o situación económica. Buscamos construir un lugar donde la igualdad y la justicia sean los pilares que sostienen nuestras instituciones.

Recordemos que la fortaleza de una nación reside en el bienestar de su pueblo. Al construir el ‘folkhemmet’, estamos trabajando juntos para garantizar que cada persona tenga un lugar digno en nuestra sociedad, donde se respeten sus derechos y se le brinden oportunidades para alcanzar su máximo potencial. Sigamos construyendo juntos este hogar del pueblo, donde la colaboración y la empatía sean los cimientos de nuestra comunidad. En el ‘folkhemmet’, encontramos fuerza en nuestra diversidad y trabajamos hacia un futuro más justo y próspero para todos.”

Los que escucharon directamente este discurso eran privilegiados, ya que la radio fue lanzada en Suecia en 1925 y los afortunados que podían permitirse el lujo de tener un aparato estaban obligados a pagar una licencia que no todos los hogares podían costear.  Había un abismo entre el lujo que podía costearse la clase media sueca, los que vivían en los esplendidos edificios de los nuevos barrios, como la calle Birger Jarl o Strandvägen, construidos a finales del siglo XIX y comienzos del XX por nuevos ricos provenientes de las boyantes industrias o las casas comerciales, y los trabajadores, que vivían hacinados en viviendas insalubres, en los antiguos barrios de la ciudad. Gente venida de fuera, buscando trabajo en el siempre creciente Estocolmo. Los pocos trabajadores que escucharon el discurso quedaron seguramente ilusionados con el mensaje, que cuajó de tal manera en la clase trabajadora, que el partido socialdemócrata, al que pertenecía Per Albin, llegó a confundirse con el pueblo sueco. Folkhemmet y socialdemocracia fueron sinónimos equivalentes a justicia social y bienestar.

A partir de 1930, y la exposición modernista de Estocolmo, el “funkis” o funcionalismo en la construcción y decoración de los hogares, ganó terreno, convirtiéndose en una corriente político-artística que hacía de la función la consigna de la época. Había que construir mucho, rápido, barato y funcional. Luz, ventilación, calefacción, comodidades hasta entonces reservadas para los ricos, serían a partir de ahora asequibles a cualquier familia trabajadora.  Es este el predicamento de la exposición, el hogar acogedor, el futuro alcanzable, un lugar de descanso y asueto para el que ha contribuido al bien de todos con su trabajo, en la oficina, en la fábrica o en la tienda. Folkhemmet, el hogar del pueblo, para el pueblo sueco.

Yo llegue a Suecia cuando esto que aquí se expone era una realidad. Es tan fácil reconocerlo porque las viviendas seguían unas pautas de construcción tan estrictas en su funcionalidad que se asemejaban unas a otras hasta confundirse. Impecables en sus detalles, robustas, pero a la vez ligeras, con luminosos espacios fáciles de mantener limpios y en orden. Luz, aire fresco, calefacción suficiente, cuidados programados, basuras invisibles, espacios verdes entre los edificios, lugares para juegos infantiles, guarderías, escuelas, bibliotecas, tiendas de comestibles y servicios sociales a un tiro de piedra, peatonales y libres de tráfico con aparcamientos bien dimensionados. Esta es la realidad a la que yo llegué en 1970, alojándome en un piso muy parecido, casi idéntico, al que se expone en el museo. Después me mudé a un piso propio de las mismas características, un piso de HSB en Helsingborg, HSB son las siglas de “Hyresgästernas Sparkasse- och Byggnadsförening” (Asociación de Ahorro y Construcción para Inquilinos), la cual fue fundada en 1923 para que los inquilinos de casas de alquiler pudieran asociarse y construir en cooperativa hogares propios. Al final del año, la asociación contaba con 245 miembros, hoy sigue existiendo y tiene más de 650 000 socios, lo que representa más de millón y medio de usuarios, entre los que me encuentro.

Esta organización merece que le dedique algunas líneas. Fundada en 1923, como ya explico arriba, se dedicó a tratar de subsanar la carencia de viviendas dignas, que en los años 30 del siglo pasado se agravó por culpa de la crisis económica, que siguió a la caída de Wall Street. Alrededor del 25 por ciento de los trabajadores suecos estaban desempleados, y el mercado laboral estaba marcado por conflictos constantes. En ese contexto, surgió una voluntad de transformar la antigua Suecia empobrecida en una sociedad más moderna. Fue entonces cuando se sentaron las bases para la política social de la vivienda, abriendo paso a un movimiento popular en busca de mejores y más salubres viviendas, a un coste soportable, donde HSB rápidamente asumió el papel de líder. La idea era adquirir terrenos comunitarios, municipales o estatales, a un precio moderado y construir en cooperativa. Primero el que pensaba adquirir una vivienda, ahorraba para una entrada en el mismo HSB, que hacia de banco y, construida la casa abonaba la entrada, cuyo importe financiaba en parte la construcción, quedando este pequeño capital como bien traspasable, que el podía revender a precio de mercado, cuando decidiera cambiar de domicilio.

En toda esta transformación había una idea concreta para solucionar un problema tangible: la falta de reproducción generacional: las mujeres suecas no parían hijos en suficiente medida, para frenar la caída en picado de la población sueca. En 1934, Alva y Gunnar Myrdal publicaron su influyente libro “Crisis en la cuestión demográfica” (Kris i befolkningsfrågan), que arrojó más luz sobre la falta de viviendas en las ciudades y los problemas que esto generaba. El matrimonio Myrdal sostenía, por ejemplo, que esta era una de las razones por las cuales nacían tan pocos niños en Suecia.

Estas ideas dieron lugar a un informe estatal sobre vivienda social. En ese informe, se presentó una propuesta para lo que se llamó “barnrikehus”, es decir, viviendas construidas específicamente para familias numerosas y bajos ingresos. HSB participó en esta iniciativa construyendo viviendas para familias con tres o más hijos a partir de 1935 en adelante. Para asegurarse de la calidad de los materiales y la necesaria fluidez en el suministro de los mismos, HSB adquirió industrias para su producción, desde canteras a fábricas de productos de madera, alicatado, sanitarios etc. pudiendo abastecerse sin problemas y a un buen precio.

Llegados ya a los finales de la década de los 40, la idea de HSB traspasó la barrera de clases y trascendió a las clases medias, ofreciendo alternativas atractivas también para los más acomodados. Ahora el jefe podía vivir en un piso construido por HSB al igual que sus empleados. Los hijos del político o el director podían compartir pupitre con los del ingeniero o el soldador. Se construía una idea de cooperación entre clases (Klassamarbete) que sería la quintaesencia del modelo sueco. Cuando yo llegue a Suecia, el modelo había alcanzado su máximo apogeo y yo llegue a vivir su lento declive. En los ochenta, las consignas que habían proclamado el modelo sueco: cooperación, solidaridad, colectividad y responsabilidad social, se fueron cambiando por: realización personal, libre comercio, competitividad y seguridad. El modelo se desinfló, pero la idea de HSB sigue vigente, aunque en la actualidad es un proyecto de clase media. Folkhemmet existe hoy solamente como etiqueta para una época en la historia sueca. El nuevo partido de extrema derecha, filo-fascista Sveriedemokraterna (Los demócratas de Suecia) se vanaglorian de ser sus últimos defensores. Para sus votantes, que añora tiempos pasados, cuando Suecia disfrutaba de la ventaja de haber permanecido neutral durante la segunda guerra mundial y, por tanto, mantener su capacidad de producción de materias primas y productos estratégicos integra y, de esta manera poder abastecer los mercados de los países que la guerra destruyó y trataban de reconstruir, es una época de ensueño. Dicen que entonces el país era “puro”, léase sin inmigrantes, aunque olvidan que la propia necesidad de mantener la producción y sobre todo de aumentarla, fue importando grandes contingentes de obreros de los países destruidos por la guerra: Italia, Grecia, Turquía, Yugoslavia etc. Sobre el modelo sueco he escrito e impartido conferencias y con seguridad volveré a hacerlo cuando se de la ocasión. Ahora os dejo y sigo mis paseos por la capital sueca. Ya os iré contando. Abajo podéis ver a un servidor convertido en parte de la exposición sobre Folkhemmet

Trigésimo noveno paseo. La nieve de ayer y de hoy,

Estaba yo sumido en uno de mis sueños, que últimamente son de lo más interesantes, todo hay que decirlo. Tan interesantes son, que empiezo a hacerme a la idea de que, al igual que Immanuel Swedenborg, pronto escribiré un “libro de los sueños”. Bueno, a lo que íbamos, estaba yo sumido en uno de mis sueños, cunado me percaté de que algo había ocurrido a mi alrededor. Dejé a regañadientes el sueño, pensando ilusamente que podría volver a el en otra ocasión, y me levanté de la cama sigilosamente para no despertar a mi compañera. Casi de puntillas me deslicé hacía la ventana, porque parecía que, lo que fuere, habría pasado en el jardín. Subí la persiana y descubrí el misterio: había caído la primera nevada del año.

La nieve para mi ha sido siempre algo especial, un premonitor de alegrías, una antesala de placeres, un espectáculo esencialmente espiritual. Ese manto blanco que va cubriendo todo silenciosamente, prestando belleza uniformadora a la cotidiana parafernalia urbana, esa tregua que ralentiza el tráfico y dificulta la marcha de los viandantes, ese fenómeno tan poco frecuente en Madrid, siempre me encantó. Recuerdo claramente la visión de grupos de jóvenes que marchaban alegres con sus esquíes camino de la estación, gorros de colores, botas con gruesas suelas, riendo y conversando, anticipando las sensaciones que iban a vivir en Cercedilla. A mí me los explicaba mi madre, porque yo no estuve nunca en Cercedilla en invierno. La nieve la veía desde la ventana, las raras veces que caía, y me apresuraba a bajar a la calle para hacer bolitas, las manos y las mejillas rojas, los guantes de lana mojados e inservibles, pero feliz y exaltado. Cuando caía la nieve en hora de clase, todos dejábamos de escuchar al profesor o de leer en nuestros libros, para mirar por la ventana como el patio se revestía de blanco, esperando nuestra avalancha.

La nevada más intensa que recuerdo de mi niñez es la de febrero de 1963. Nevó varias veces sobre Madrid y la temperatura llegó a bajar hasta los diez grados bajo cero. A mi ese año me salieron sabañones en las orejas. ¡Ay, cómo picaban! Yo llevaba un pasamontaña con orejeras, pero lo llevaba siempre desabrochado y, como había nevado tanto, que se podía improvisar un trineo con un tablón y deslizarse por una montaña compuesta por arena y gravilla almacenada para una obra enfrente de casa, yo me pasaba todo el tiempo libre subiendo la cuesta y deslizándome con el tablón, sin preocuparme el frío, sudoroso y como en trance. Pagué con el picor de los sabañones.

Aquí en Suecia me recibió la nieve ese nueve de abril en que llegué a Helsingborg, en sandalias, vaqueros y con una camiseta reforzada con una camisa de manga corta “para el frío”. Desde entonces me ha acompañado todos los inviernos, unos más y otros menos, pero siempre ha nevado, sobre todo en enero y febrero. Conducir por la nieve es algo que todavía me fascina, aunque requiere de toda la atención al volante. Curiosamente ocurren menos accidentes importantes en la nieve, seguramente porque el trafico transcurre más lento y la gente va más atenta al tráfico. Yo sigo con mi costumbre de cuando era pequeño de aprovechar cuando nieva para salir y sentirla. Mis paseos se alargan, porque quiero verlo todo; las calles, los parques, los lagos helados.

La Noche Vieja de 1978 empezó a nevar en Lund a las nueve de la noche, envolviendo todas las celebraciones, los cohetes y los brindis, en un espeso manto blanco, y a la mañana siguiente, cuando bajé a recoger el periódico, en mi casita de dos pisos, no pude abrir la puerta. La nieve llegaba al balcón del segundo piso y tuve que salir por allí. Mi barrio había desaparecido, sepultado bajo la nieve. El viento huracanado había creado montañas de nieve, bajo la cuales cientos de vehículos, coches, bicicletas etc. permanecían ocultos. Los vecinos andábamos por los tejados sin saber que hacer. Era tan difícil orientarse que un vecino se perdió camino de la tienda de comestibles y tuvimos que salir formando una cadena a rescatarle. Parece broma, pero es verdad. Mi coche pereció triturado por una quitanieves, una niña vecina me trajo la matricula para que me lo creyese, porque no daba crédito. El seguro me indemnizó rápidamente, así que yo pude traer mi nuevo coche y aparcarlo en un sitio bastante limpio de nieve. Por tanto, era yo el único que podía salir a hacer recados, porque no había otro medio de locomoción y el maquinista se negó a seguir quitando nieve, porque no sabía lo que había debajo. Yo iba a la tienda a comprar lo necesario, pero las existencias dejaron de llegar y todo se acabó, quitando alguna patata pocha. En los caseríos tenían que tirar la leche porque no llegaban los camiones a recogerla, parturientas tenían que ser transportadas en helicóptero o en vehículos del ejército, los bomberos no podían salir con sus camiones.  En fin, un caos. Pero para mis hijos, una experiencia inolvidable. La nieve construyo lazos de amistad entre los vecinos que aún duran.

Salgo hoy a caminar y a disfrutar de la nieve. En Lund no estamos tan acostumbrados a las navidades blancas, así que disfrutamos de ellas cuando vienen. No sabemos si este año será una de esas pocas navidades de postal, pero aprovecharemos mientras dure este temporal. Os dejo con algunas fotos de mi paseo de hoy.

Trigésimo octavo paseo. Al caer la noche.

Mis paseos transcurren ahora casi siempre en la penumbra del amanecer tardío o la oscuridad cerrada de la tarde. Si salgo a caminar antes de las ocho y media de la mañana, mis paseos me adentran entre los velos que ocultan el paisaje, que poco a poco se va abriendo a mi alrededor, dejando al descubierto los pálidos colores del invierno. Si salgo por la tarde, a partir de las tres, el mismo proceso ocurre a la inversa, hasta llegar a un punto en que la más absoluta oscuridad, a duras penas, se ve quebrada por alguna lucecilla en la lejanía. El invierno en Lund es tan oscuro como el verano es luminoso, excepto cuando un blanco manto cubre las calles y los caminos, ilumina los arboles pelados y pone un manto blanco sobre los abetos; entonces la blancura de la nieve lo ilumina todo, amortigua mis pasos y me acoge en su mullida blancura.

Andar en la oscuridad, por caminos poco traficados y calles desiertas, despierta en mi la imaginación. Puedo pensar en aquellos antiguos habitantes de la ciudad que, con un farolillo en la mano, se aventuraban en la noche. Sabemos que la oscuridad no era ni deseada ni buscada. El que salía de su casa lo hacía por necesidad y procuraba darse prisa para llegar a casa a salvo. El miedo acompañaba al viandante, el miedo a lo desconocido, lo oculto en la noche, la violencia de lo desconocido, el riesgo ignoto. Al cobijo de veintisiete iglesias, en esta ciudad de 40 hectáreas, estaban las tumbas de los antepasados, queridos pero temidos. En la fantasía del viandante, se escondían malhechores de toda clase en las tinieblas. El viandante apretaba el paso y se encomendaba a Dios, murmurando oraciones, solicitando amparo.

Me he adentrado en los archivos buscando el rastro de la noche. Buscaba comprender la forma en que los antiguos moradores de mi ciudad se acercaban al misterio de la oscuridad. Hasta cierto punto es fácil encontrar material, sobre todo del siglo XVI en adelante. Se pueden estudiar las disposiciones hechas por el consistorio de la ciudad y por las reales cancillerías, danesas hasta el 1658 y suecas a partir de esa fecha. A petición de los residentes, se dictaron reglas y proclamaciones para asegurar la tranquilidad y el buen sueño en las largas noches de invierno. Se inquietaban los moradores de Lund principalmente por dos cosas muy importantes para ellos: la primera era la peligrosidad de los incendios, que amenazaba a diario las combustibles casas de madera y adobe, por el fuego de los fogones, antorchas y hogares. La segunda causa de preocupación era el riesgo de ser victima de un ataque en la oscuridad, perpetrado por algún malhechor oculto en las tinieblas. Y es que, en Lund, estas dos cosas eran bastante frecuentes. Los incendios tenían lugar durante todo el año pero especialmente durante los meses de otoño e invierno, cuando el frío y la oscuridad obligaban a encender hogueras y antorchas. Durante esos meses aumentaban también los casos de violencia, hurtos y atracos.

Para encontrar una forma de paliar los efectos nocivos de la oscuridad, los consistorios, idearon un sistema de guardias en las que los ciudadanos de pleno derecho estaban obligados a, siguiendo un sistema rotativo, participar en la seguridad de la ciudad, como guardafuegos y/o vigilantes. Me viene a la memoria el cuadro de Rembrandt “La ronda de noche”, pues, habiendo botaneado entre las fuentes del consistorio, encuentro una organización que se le asemeja. Se reunían ante la casa consistorial y uno de los tenientes de alcalde pasaba revista a eso de las ocho y media. Si alguno de los llamados para ese día no se encontraba presente, se le iba a buscar. A las nueve estaban ya las seis parejas de guardias distribuidos en sus distritos y los dos trompeteros-pregoneros se encontraban ya en la torre sur de la catedral en los soportales del ultimo piso dispuestos a tocar su trompeta y echar el primer pregón, el de las nueve, que traducido sonaba así, tras el toque de trompeta:

“Ahora cae el día, y la noche se derrama, perdona por el milagro de Jesús, nuestros pecados, oh Dios compasivo!  Protege la casa del rey y a todos los hombres de esta tierra, del poder y la violencia del enemigo.” Si el guardián de la torre descubría un incendio desde su altura, encendía una linterna roja que situaba en dirección al incendio y tocaba su trompeta, una señal si el incendio estaba al este, dos si era al norte, tres al oeste y cuatro señales si el incendio era en dirección sur. De esta manera, los bomberos podrían saber hacia dónde dirigirse. Además hacía sonar la campana mayor de la catedral, y el repique se intensificaría si el fuego aumentaba y viceversa.

Cada hora traía su pregón, desde las nueve de la noche a las cuatro de la madrugada, siendo esta ultima una especie de despertador general, por el cual la vida en la ciudad se despertaba para recibir un nuevo día. ¿Cómo podían dormir con los gritos y los trompetazos? Supongo que uno se acostumbra a todo, pero oír la trompeta y escuchar el pregón debía tranquilizar a los moradores, pues era señal de que todo transcurría en paz y sosiego, sin incendios ni altercados. Aquí me viene a la memoria algo relacionado con estos trompetazos, algo que yo viví hace algunos años y que nos puede dar una idea del efecto que podía tener en los ciudadanos el sonido de esa trompeta. Para eso nos iremos a la ciudad de Ystad, una ciudad que recomiendo al todo aquel que visite Suecia.

Ystad es una ciudad medieval del sur de Suecia, donde curiosamente se conserva hasta nuestros días la costumbre de tener a un señor encaramado en la torre de la principal iglesia y desde allí tocar las horas. Este trompetero (lurblåsare) no echa pregones, se limita a hacer sonar su vetusto instrumento. Cada noche durante todo el año, desde las diez y cuarto de la noche hasta la una de la madrugada, suena una señal larga y apagada, un tanto inquietante, sobre el centro de Ystad. Toca una vez cada cuarto y repite el toque en los cuatro puntos cardinales. Es el Guardián de la Torre en la torre de la iglesia de Santa María que proclama que todo está tranquilo en la ciudad, según una tradición centenaria. La función del Guardián de la Torre solía ser advertir a los habitantes de Ystad sobre visitantes indeseados por tierra o mar, o si comenzaba un incendio. Ystad es una ciudad costera que por cierto mantenía estrechos lazos de cooperación y amistad con Cádiz. Ya hemos metido la relación con España en el relato.

Llegamos a la ciudad mi compañera y yo con motivo de una conferencia y nos alojamos en un hotel que antaño había sido una industria cervecera y destilería de aguardientes. Nos fuimos a acostar bastante temprano, pues queríamos estar descansados a la mañana siguiente. De pronto sentimos un trompetazo seguido de otro y otro y finalmente de uno que se nos antojó más fuerte que los anteriores, como si estuviese tocando desde nuestro balcón. Nos sobresaltamos un poco, pero al fin pude recordar que esta costumbre existía en la ciudad, pero no sabía que seguían practicándola. Sentimos dos más, pero a la tercera ya nos habíamos dormido, tranquilos y con la certeza que estábamos a salvo de incendios o piratas. En Lund se oyeron por última vez las trompetas de los guardianes de la torre la Noche Vieja del 1904. Abajo un dibujo que representa al guardián de la torre de la catedral de Lund en su última sesión, la Noche Vieja de 1904, inmortadelizado por H. Erlandsson. El famoso cuadro de Rembrandt y una foto tomada por mí a eso de las cuatro de la tarde, hace un par de semanas.

Trigésimo séptimo paseo. Memorias olfativas.

Recuerdo otras tardes de noviembre. Tardes frías y grises en las que yo caminaba, cruzando el Madrid de los Austrias, por sus calles estrechas, llenas de historia, hasta la casa de tita Antonia. Me viene a la memoria el recuerdo del olor a ensaimada que salía de la pequeña pastelería que había en la calle del Espejo. El placer de comer una ensaimada, mientras voy caminando por calles casi desiertas, con el cuello del abrigo subido y sin quitarme los guantes de lana, es tan real, que me sorprende. También recuerdo con añoranza el olor de las castañas y los boniatos asándose en la pequeña estufa de la castañera, y el calorcito que emanaba del cucurucho de papel de periódico en que nos daban envuelto el manjar. Aromas del invierno, perfumes que recuerdan mi niñez.

Hoy, aquí en Lund, a miles de kilómetros de la calle del Espejo, vuelvo a sentir una sensación parecida, al pasar por una pastelería en el centro de la ciudad. Es otro olor, pero igualmente reconocible, el olor a “gatos de Lucía” (lussekatter), un bollo típico sueco que se come el día de Santa Lucía, el 13 de diciembre, pero que ya se empiezan a vender en las bollerías. El olor de estos bollos está marcado por el azafrán, condimento que le da el aroma y el color. A partir del primer domingo de Adviento, ese aroma estará acompañado de otro, aún más penetrante, el del vino caliente sueco (glögg), parecido al “vi negre calent” catalán y condimentado con jengibre, cardamomo y clavo, que se bebe durante todo el mes de diciembre (ya en noviembre se empieza a probar) y que es obligado en todo hogar sueco y todo puesto de trabajo, por pequeño que sea.

Memorias olfativas no me faltan; el croissant y la baguette en las mañanas de Paris, el fish and chips en las tardes de Windsor, el olor a café En el Sacher Café de Viena, el pescaito frito por la Plaza de San Juan de Dios en Cádiz, los pinchos de cordero asándose en la plaza de Djemaa el-Finaa en Marrakesh, Moules Frites en Bruselas…Podría seguir contando hasta navidad, porque recuerdo todos esos aromas junto a muchos detalles de mi paso por cada lugar que he visitado. No tengo ningún olor preferido, todos me son igualmente recordables y me traen miles de recuerdos. Ahora se trata de la navidad. ¿Qué olores me recuerdan a las navidades de mi niñez? Como ya dije antes, las castañas y los boniatos asados, junto al olor característico de las estufas, pero también el turrón, la resina del abeto, la cera de las velas, el turrón, el mazapán, el anís y el arroz con leche con su canela y su cáscara de limón…y mucho, mucho más, recuerdo hasta el olor de las panderetas grandes y las zambombas…se me olvidaba; el olor de los pavos, pájaros gigantes, paseándose en manada por las calles o transportados en gigantescas jaulas.

Hay olores que han desaparecido de “mis” ciudades y que ya solamente se puede sentir en lugares muy especiales. Por ejemplo, el olor de las vaquerías madrileñas, a veces sitas en bajos, donde por los ventanucos se podían ver las vacas en la oscuridad del sótano, Emanaba de allí un olor característico y no muy agradable, pero que le daba un carácter especial al lugar. Recuerdo como iba yo con una lechera metálica a comprar la leche y como al cocerla subía gran cantidad de nata, que yo me comía con azúcar. En la década de los cincuenta, existían en la Madrid unas 20.000 vacas, todas provenientes del Valle del Pas, en Cantabria, distribuidas en más de 800 vaquerías. De ellas, unas 600 eran al tiempo lecherías. Las lecherías-vaquerías siguieron funcionando hasta el 30 de junio de 1965, fecha en que finalmente se prohibiría en Madrid por cuestiones sanitarias la venta de leche fresca. Curiosamente el mismo año en que se prohibió en Suecia. Aquí en Lund, al menos a las afueras, en mi vecindad, se puede ver algún caballo, cabalgado por alguna joven amazona, y se puede pasar cerca de las cuadras y recordar.   

En esta tarde de noviembre, los recuerdos se amontonan en mi cabeza. ¿Será por el efecto de la iluminación de Navidad? Seguramente, o por el color azul profundo del cielo al anochecer, o por la cálida luz que emana por los ventanales de la catedral. Será por eso, que mis memorias olfativas se despiertan. Abajo, la catedral al anochecer.

Trigésimo sexto paseo. Aves que se van, aves que se quedan.

En noviembre, los pájaros nos abandonan. Todos no, pero los trashumantes, los que pueden elegir dónde pasar el invierno, Aquí se quedan, los fijos, los de siempre: cuervos, estorninos, urracas, pinzones, jilgueros, petirrojos, gorriones y muchos más, que a veces nos visitan en el jardín de invierno, y las palomas, claro. Grullas, cigüeñas, golondrinas, gansos, patos y muchos más, prefieren dejarnos por un tiempo y volar al calorcito del sur.

En mis paseos otoñales oigo pasar grupos de gansos que se chillan entre si consignas, quién sabe para qué. Sus voces desafinadas parecen a veces gritos humanos. Arman un jaleo terrible. A los gansos y a los patos les gusta volar de noche, para evitar a los halcones y gavilanes, que les acechan de día. La grulla extremeña anida aquí en verano. Su llegada anuncia el buen tiempo, por eso se la recibe con tanto cariño. Imaginarse ese viaje por los aires durante semanas a una velocidad de aproximadamente 50 kilómetros por hora, es algo que siempre me fascinó.

¿Quién ni ha soñado con volar? Seguro que todos lo hemos hecho alguna vez, y yo, en mi caso, muchas veces. He nacido por suerte en un mundo en que volar, al nacer yo, ya llevaba más de cincuenta años siendo realidad para muchos. Al principio eran solo unos cuantos privilegiados los que podían acceder a este sueño, pero con el tiempo y sobre todo tras la segunda guerra mundial, se convertiría en una actividad bastante común para casi todos los europeos y americanos, y para las clases acomodadas de todos los países. Yo tardé bastante en utilizar los vuelos charter, que ya habían empezado a proliferar, cuando las compañías de aviación de todo el mundo compraron DC3 americanos, excedentes de la segunda guerra mundial. En uno de esos DC3 aterrizaron en el aeropuerto de Palma de Mallorca los primeros turistas charter suecos en 1956.

Todos mis viajes y desplazamientos hasta el 1972 habían sido con transportes terrestres o marítimos. En Madrid, el metro y el tranvía, el trolebús y algunas veces el autobús azul de dos pisos. Con la bicicleta disfrutaba más y, cuando ya me compré mi pequeña Derbi, me aventuraba hasta los pueblos limítrofes, llegando alguna vez hasta Toledo, Ávila y Segovia, amén de Cercedilla, que era mi lugar favorito para las excursiones. Viajé al norte de África por tren y barco y me adentré hasta el Sahara en camioneta. A Suecia llegué desde Paris en tren, saliendo de una Gare du Nord bañada en sol, hasta llegar a la estación de Helsingborg cubierta por un espeso manto blanco de nieve. Con un Renault Dauphine color limón, que compré por mil coronas (ciento diez euros más o menos) me adentré en Suecia, llegando hasta Gävle, muy al norte, y visité todos los lugares de interés en unos meses. Siempre mirando hacia el cielo, soñando con volar como los pájaros, pero sin dejar el asfalto, el cemento y la gravilla.

Fue una noche de fiesta, cuando un amigo islandés me introdujo al mundo de la aviación. Me contó sus experiencias en Islandia, su tierra natal, donde él había aprendido a volar. Sus relatos eran tan detallados, tan emocionantes que yo, que nunca había pensado en pilotar un avión, empecé a pensar que podía ser algo asequible. Tenía yo todavía esa edad en la que todo todavía parece posible, en que la omnipotencia invade los pensamientos y el futuro aun solo se vislumbra como posibilidades. Y por suerte, la universidad de Lund tenía un aeropuerto para su club académico de aviación en Eslöv, mi primer destino como profesor, y allí me dirigí una mañana de primavera, a preguntar, decía yo, pero fue más que eso. Ese día empezó mi aventura aérea: ¡In excelsis Martín!

Sin apenas pensármelo dos veces, firmé todos los papeles que había que firmar y dejé una señal par el coste del curso de principiante. Pensaba yo que empezaríamos con algo de teoría, ya que me dieron un lote de libros importantes sobre mecánica aeronáutica, meteorología, normativas y reglamentaciones de la aviación, radiocomunicación y algunas cosas más, pero no. El señor que me estaba atendiendo, que era el único que se veía en todo el edificio de oficinas y hangares del aeropuerto, me dijo de pronto: “Tendrás tu primera lección hoy, tienes suerte, porque el chico que tenía hora nos ha llamado para decir que está resfriado y no puede venir, así que, si estas dispuesto, vamos al aparato.” Caminamos unos minutos hasta llegar al avión, un Piper Comanche blanco del 1960, le escuche decir, “un avión muy útil para la enseñanza, facilísimo de volar, ya verás”. Me decía el que sería mi profesor, por lo que se veía. Él era un hombre alto, de paso ligero y rostro jovial. Llevaba en una mano un manojo de llaves y, en la otra mano, una carpeta, que me cedió nada más subir a avión. El se sentó a mi derecha en el aparato de doble comando. Me pidió que abriese la carpeta y leyese atentamente lo que ponía en la primera hoja. Yo miré el papel como quien lee por primera vez un menú en japonés. Lo que estaba leyendo era una lista de chequeo para antes del despegue. Una lista larga y muy pormenorizada, en la que todos los momentos que hay que realizar para despegar y volar con seguridad están detallados, para que se hagan minuciosa y ordenadamente antes de dejar tierra. Más tarde, me contaría mi profesor, que esta checklist no se impuso como obligatoria hasta 1935 cuando, a raíz de un accidente con un Boeing B-17 Wrigth en Ohio, se descubrió que los pilotos se habían olvidado de desactivar los seguros de ráfaga.

Mi primera sensación al entrar en la cabina fue que era muy pequeña. Íbamos sentados, hombro con hombro, pero nos pusimos sendos auriculares para poder conversar entre nosotros y por la radio. El profesor me dijo que fuese leyendo la lista, y yo le obedecí: Documentación, leí, y el me contesto “A bordo” mostrándome una carpeta con tapas de plástico. Compensador, leí, y él contestó “Neutral”. Controles, “Libres”, a todo esto, él me indicaba con las manos donde mirar para cerciorarme de lo que él iba contestando. Carburador: “Off”. Mezcla: “Cortada”. Magnetos: “Off”. Equipos eléctricos: “Off”. Bateria: “On”, Flaps: “Dawn” (se usa el inglés también en la comunicación interior).Y así sucesivamente, una lista larguísima. Me di cuenta que uno no se sentaba a los mandos y salía rápido volando, como lo hacía yo en mi coche. Aquí me percaté de que la paciencia, la meticulosidad y la exactitud era necesaria. “Ahí arriba” me dijo “no hay marginal para fallos”. Cuando ya íbamos llegando al final de la lista, me dijo que pusiese los pies en los pedales que controlan el movimiento del timón y que sujetase la palanca (tenía una palanca cómo los aviones antiguos, no un volante) que controla los flaps, los frenos, sobre los pedales. Y, de pronto, el avión empezó a moverse en carreteo o taxi, cómo se suele decir, rodando por tierra, en este caso por el césped de la pista.

Colocado ya el aparato con el morro apuntando hacia el final de la pista, a unos 800 metros, mi profesor aceleró y el aparato empezó a rodar muy rápido, dando diminutos saltos sobre las pequeñas irregularidades de la pista de hierba y acelerando cada vez más. De repente, el sonido de la hélice, cambio de tono, como si le hubiesen puesto una sordina y el aparato se elevó sobre la pista, dejando atrás la granja que hay al fondo, y que siempre me daría mucho miedo, cuando empecé a volar solo, pensar en que no lograría aumentar la velocidad a tiempo y me incrustaría en sus paredes de piedra.  Ya arriba, sobre la pequeña ciudad, sobre los campos, que se extendían ante mí, con el lago, que se veía desde la cabina, tan cercano, mi profesor me dejó llevar los mandos, y por primera vez sentí el poder de controlar un avión en el aire; subir, bajar y girar a mi antojo. Es difícil explicar la sensación, pero la recomiendo de corazón.

Ya en tierra, tras repasar la lista de nuevo a la inversa, nos dirigimos hacia la oficina. Ahora era yo el que llevaba las llaves y la carpeta. Antes de entrar miré hacia atrás para ver a “mi” avión, que me pareció el aparato más bonito del mundo. Desde aquel día, durante muchos años, ese avión fue mi amigo, hasta que empecé a volar en un Cesna. Pero eso es ya otro relato. No me preguntéis que echo más de menos en invierno, ¿volar o navegar? Diría que navegar, porque volar dejé de hacerlo hace ya mucho tiempo, por falta de tiempo y ahora, porque me costaría un dineral, solo en certificados médicos, para poder volar.  Todo tiene su tiempo, y recuerdo con mucha nostalgia aquellos años en que yo, a mi manera, trataba torpemente de emular a las aves. Miro al cielo y veo pasar las aves camino del sur, bajo la vista y evito pisar un charco en el que se refleja el cielo.

Page 6 of 7

Powered by WordPress & Theme by Anders Norén